Domingo 28º ordinario 14 de octubre – Koinonía

Sab 7,7-11: Con la sabiduría, me vinieron los bienes
Salmo 89:
 Toda nuestra vida será alegría y júbilo
Heb 4,12-13:
 La palabra de Dios, juzga los deseos del corazón
Mc 10,17-30:
 Vende lo que tienes y sígueme

Vende lo que tienes y sígueme

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»Él replico: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.» Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: /»Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.» A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!» Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡que difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.» Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús se les quedo mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.» Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más- casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura, vida eterna.»

COMENTARIO LITÚRGICO

La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, expresa la preferencia de la Sabiduría frente a todos los bienes de la tierra. El sabio pone en la plegaria de Salomón la superioridad de los valores espirituales sobre los materiales, supeditándolos todos al don de la sabiduría y la prudencia para el gobierno de su pueblo.

En el texto de la carta a los hebreos, el autor, al describir la fuerza transformadora de la Palabra de Dios, se hace eco de hondas raíces veterotestamentarias. En efecto, ya Isaías 42,9 había comparado la Palabra de Dios con la espada, y Jeremías la había presentado como una realidad operante por sí misma (Jer 23,29).

La íntima acción salvadora de la Palabra en la persona oyente es descrita en el texto diciendo que es “penetrante… hasta el punto donde se dividen alma y espíritu”. Allí, en el santuario de la intimidad del corazón de la persona, de la comunidad oyente activa de esa voz salvadora que le muestra caminos de liberación, allí, donde reside la voluntad y la decisión de aceptarla o de rechazarla, donde anida lo más denso del ser humano: sus intereses, sus afectos, su libertad, es hasta donde la Palabra llega cuestionante, incisiva, liberadora, transformante. Por eso, el autor de la carta coloca intencionadamente las palabras “corazón, deseos, intenciones”, como abarcando en estas categorías la integralidad humana. Dios y su Palabra, “más íntimo que yo mismo”, en expresión de San Agustín, conoce hasta los secretos más recónditos del corazón. El más absoluto misterio humano está patente ante sus ojos. Por eso, la Palabra es juez imparcial, que conoce amando lo que ocurre en la conducta humana y en el corazón de hombres y mujeres.

La imagen del camino es central en el evangelio de Marcos (cf Mc 10, 17). Estamos ante el tema del seguimiento de Jesús. En ese sentido va la pregunta de aquel que únicamente Mateo llama «el joven rico» (19, 22); para Marcos (y Lucas) parece tratarse más bien de una persona mayor que pregunta: ¿cómo heredar la vida? (cf Mc 10,17).

Jesús comienza por remitir a Dios; su bondad está al inicio de todo. Esto equivale a resumir la primera tabla de los mandamientos. En seguida enuncia explícitamente los correspondientes a la segunda tabla, con un añadido importante (que sólo se encuentra en Marcos): «no seas injusto» (v. 19). La frase es algo así como un sumario del listado que se recuerda. Se trata de la condición mínima que se plantea al creyente. Con sencillez el rico dice que todo eso lo ha observado (cf v. 20), no hay nada de arrogante en esta afirmación. Ésa era la convicción de los sabios de la época: la ley puede ser cumplida plenamente.

Pero seguir a Jesús espera algo más. Con afecto lo invita Jesús a ser uno de los suyos. No sólo debe abandonar la riqueza, hay que entregarla a los pobres, a los necesitados. Esto lo pondrá en condiciones de seguirlo (cf v. 21). No basta respetar la justicia en nuestras actitudes personales, hay que ir a la raíz del mal, al fundamento de la injusticia: el ansia de acumular riqueza. Pero, dejar sus posesiones, le resultó una exigencia muy dura al preguntante; como muchos de nosotros prefirió una vida creyente resignada a una cómoda mediocridad (cf v. 22). «Creer sí, pero no tanto». Profesar la fe en Dios, aunque negándonos a poner en práctica su voluntad. Jesús aprovecha la ocasión para poner las cosas en claro con sus discípulos: el apego al dinero y al poder es una dificultad mayor para entrar en el Reino (cf v. 23). La comparación que sigue es severa; algunos han querido suavizarla, pretendiendo -por ejemplo- que había en la ciudad unas puertas pequeñas llamadas «agujas»… y que bastaba entonces al camello agacharse para poder entrar por ese ojo de aguja…

Los discípulos, en cambio, entendieron bien el mensaje. El asunto se les presenta poco menos que imposible. Pasar por el ojo de una aguja significa poner su confianza en Dios y no en las riquezas. No es fácil ni personalmente ni como Iglesia aceptar este planteamiento, siguiendo a los discípulos nos preguntamos -con pretendido realismo-: “entonces, ¿quién se podrá salvar?» (cf v. 26). El dinero da seguridad, nos permite ser eficaces, decimos. El Señor recuerda que nuestra capacidad de creer solamente en Dios es una gracia (cf v. 27).

Como comunidad de discípulos, como Iglesia, debemos renunciar a la seguridad que da el dinero y el poder. Eso es tener el «espíritu de sabiduría» (Sab 7,7), aceptar que ella sea nuestra luz (cf v. 10). A la sabiduría nos lleva la palabra de Dios, cuyo filo corta nuestras ataduras a todo prestigio mundano. Ante ella nada queda oculto, todas nuestras complicidades aparecen con claridad (cf Hb 4,12-13). Como creyentes, como Iglesia, ¿seremos capaces de pasar por el ojo de una aguja?

Una lectura ecológica del evangelio de hoy

El mundo, la humanidad, se encuentra hoy, también, ante el desafío de tener pasar «por el ojo de una aguja» si quiere conseguir… no ya la vida eterna celestial, sino simplemente la supervivencia terrestre.

Es un «ojo de aguja» nuevo. Nunca nos habíamos visto en esta situación. Siempre, desde siempre –es decir, desde que el homo et mulier sapientes aparecimos sobre esta tierra–, el ser humano percibió la tierra como ilimitada, inagotable, cuasi infinita, capaz de absorber impasible nuestro proyecto de desarrollo continuo, infinito.

Pero hace sólo cinco siglos (Magallanes, 1522) se dio cuenta de que la tierra no era una superficie plana infinita, sino una superficie esférica, cerrada sobre sí misma, y por tanto, necesariamente limitada. Y ha sido sólo al final del pasado siglo XX cuando ha descubierto que su proyecto humano de desarrollo podría topar con «los límites de la Tierra». Así lo proclamó proféticamente, en solitario, el famoso libro del Club de Roma «Los límites del crecimiento», de 1972, que no fue escuchado. Pero su profecía fue confirmada y ratificada al filo del cambio del siglo (1992, «Más allá de los límites del crecimiento»), al denunciar que estábamos en peligro de sobrepasarnos («overshot») más allá de la capacidad del planeta para absorber y regenerar los recursos que consumimos. Ese peligro ya se hizo realidad oficialmente el 23 de septiembre de 2008: los científicos que siguen el estado del Planeta, especialmente la Global Foot Print Network han hablado del «Día del sobrepasamiento», el «Earth Overshoot Day», día en el que calculan que hemos sobrepasado su capacidad de reposición de los recursos en un año. En este momento estamos necesitando más de una Tierra para atender a nuestra subsistencia…

El Informe de Desarrollo Humano del PNUD 2007-2008 confirmó la denuncia, y, de otra manera y con otros datos, confirmó que, si toda la humanidad adoptara el nivel de vida de EEUU o Europa, necesitaríamos 9 planetas (pág. 48 de la edición en español).

Despidámonos pues de la «vida eterna» para la Humanidad. El planeta seguirá, sí, pues ha pasado crisis semejantes, y aunque la vida terrestre sea diezmada, el planeta seguirá, pero seguirá… sin nosotros. Ésta en la que estamos ya hace tiempo es la «sexta gran extinción». La anterior, la quinta, de hace 65 millones de años, por efecto de un meteorito según las actuales hipótesis, causó la desaparición de los dinosaurios. La sexta, la presente, actualmente en curso acelerado, está causada concretamente por una especie biológica, la nuestra, que ha llegado a convertirse en fuerza geológica. Parece que va a ser una crisis profunda, que se llevará consigo a dos tercios de las especies actuales (entre ellas la causante). Nada de «vida eterna», pues, sino la condena a «una muerte anunciada», y con carácter de inminencia.

Pero… «sólo una cosa tienes que hacer si quieres todavía alcanzar»… una prolongación de la vida: abandona el «sistema» que te lleva a la muerte, centrado obsesivamente en el enriquecimiento material, ciego a los costes ecológicos, y pasa a adoptar un nuevo estilo de vida, un nuevo paradigma, una nueva forma de mirar al planeta, comprendiendo que eres Tierra y dependes de ella, y que en vez de vivir de espaldas a ella y en guerra contra ella, debes vivir en amistad y en relación cariñosa y simbiótica con ella.

Se ha dicho frecuentemente en los últimos tiempos que el cristianismo ha tenido un «punto ciego» en el aspecto ecológico, que todo nuestro patrimonio simbólico de los tres grandes monoteísmos está construido, no sólo «de espaldas a la naturaleza» (nos consideramos no naturales sino sobrenaturales), sino en buena parte también «contra la naturaleza», como sus dueños y dominadores, «por derecho divino» incluso… Afortunadamente, la encíclica del Papa Francisco Laudato si’, ha significado un buen paso en sentido contrario. No podemos borrar nuestra historia pasada, ni nuestra realidad actual, pero al menos acabamos de dar un primer signo de conversión desde la cúpula misma de la institución. Como dice la encíclica, no se trata sólo de cuidar la naturaleza, sino de toda otra forma de pensar, una nueva cultura, una revolución mental: una ecología integral, una reconversión ecocéntrica de todo.

Y también una revolución teológica: la de dejar de pensar que la ecología no tiene que ver con la vida cristiana, ni con la vida espiritual… y pasar a pensar que respetar la vida, cultivarla, reverenciarla, sentirla como nuestra placenta, nuestro hogar, nuestra hermana madre Tierra… tiene que formar parte, por derecho propio, del hecho de ser cristiano, como forma parte del hecho de ser ser humano.

La Agenda Latinoamericana’2010 (latinoamericana.org/index2010.html) ya planteó la necesidad de afrontar a fondo el tema de nuestra «conversión ecológica», y el de la «re-conversión ecológica» del cristianismo (incluida nuestra teología, nuestras creencias y nuestra espiritualidad). Todos los cristianos/as deberíamos insistir en nuestras comunidades en estudiar este tema, el tema «planetariamente más urgente»… Sus textos y materiales pastorales pueden ser tomados de su archivo (servicioskoinonia.org/agenda/archivo); ofrece también sugerencias para organizar grupos de estudio, materiales para la educación popular, textos y reflexiones para organizar en nuestras comunidades una reflexión profunda sobre el tema en su página complementaria: latinoamericana.org/2010/info

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 92, «Por el ojo de una aguja», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:https://radialistas.net/92-por-el-ojo-de-una-aguja

El ideal del matrimonio – Fray Marcos

(Gn 2,18-24) «No está bien que el hombre esté sólo.»

(Heb 2,9-11) “El santificador y los santificados proceden todos del mismo”.

(Mc 10, 2-16)»Al principio Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará…»

 Darse totalmente sería el ideal del matrimonio. Pero si el compañero me obliga al servilismo, debo reconocer mi limitación y evitar que me deshumanice.

Sigue el evangelio en el contexto de la subida a Jerusalén y la instrucción a los discípulos. La pregunta de los fariseos, tal como la formula Mc, no es verosímil ya que el divorcio estaba admitido por todos. Lo que se discutía eran los motivos que podían justificar un divorcio. En el texto paralelo de Mt dice: “¿Es lícito repudiar a la mujer por cualquier motivo?” Esto sí tiene sentido, porque lo que buscaban los fariseos era meter a Jesús en la discusión de escuela.

No podemos hablar de matrimonio sin hablar de sexualidad; y no podemos hablar de sexualidad sin hablar del amor y de la familia. Son los cuatro pilares del templo donde puede desarrollarse una verdadera humanidad. En las materias que más pueden afectar al progreso de lo específicamente humano, debemos aprovechar al máximo los últimos conocimientos de las ciencias humanas y no quedarnos anclados en visiones arcaicas, por muy espirituales que parezcan.  Tampoco en esta materia hay verdades absolutas.

El matrimonio es el estado natural de un ser humano adulto. En el matrimonio se despliega el instinto más potente del hombre. Todo ser humano es por su misma naturaleza sexuado. Bien entendido que la sexualidad es algo mucho más profundo que unos atributos biológicos externos, pene o pecho. ¡Cuánto sufrimiento se hubiera evitado y se puede evitar aún si se tuviera esto en cuenta! La sexualidad es una actitud vital instintiva que lleva al individuo a sentirse varón o mujer y le permite desplegar la naturaleza característica de cada sexo.

La base fundamental de un matrimonio está en una adecuada sexualidad. Un verdadero matrimonio debe sacar todo el jugo posible de esa tendencia, humanizándola al máximo. La capacidad humana consiste en la posibilidad de darse al otro y ayudarle a ser él, sintiendo que en ese darse encuentra su propia plenitud. En esta posibilidad de humanización no hay límites. Es verdad que tampoco los hay al utilizar la sexualidad para deshumanizarse. La línea divisoria es tan sutil que la mayoría de los seres humanos no llegan a percibirla.

La diferencia está no en los actos en sí, sino en la actitud de cada persona. Siempre que se busca por encima de todo el bien del otro y es expresión de verdadero amor, la sexualidad humaniza a ambos. Siempre que se busca en primer lugar el placer personal, utilizando al otro como instrumento, es deshumanizadora. El matrimonio no es una patente de corso, en el cual todo está permitido. Estoy convencido de que hay más abusos sexuales dentro del matrimonio que fuera de él, pero he tenido que dejar de decirlo porque escandalizaba.

Hoy no tiene sentido hablar de matrimonio y sexualidad sin dejar claro lo que es el amor. Si una relación de pareja no está fundamentada en el verdadero amor, no tiene nada de humana. Pero lo realmente complicado es aquilatar lo que queremos decir cuando hablamos de amor. Se trata de una palabra tan manoseada que es imposible adivinar lo que queremos decir con ella en cada caso. Al más refinado de los egoísmos, que es aprovecharse de lo más íntimo del otro, también le llamamos amor. No es fácil descubrir lo que significa el amor.

El único enemigo del amor es el egoísmo. El afán de buscar en todo el beneficio propio y personal arruina toda posibilidad de unas relaciones verdaderamente humanas. Esta búsqueda del otro para satisfacer las necesidades de mi ego anula todas las posibilidades de una relación de pareja. Desde la perspectiva hedonista, la pareja estará fundamentada en lo que el otro me aporta, nunca en lo que yo puedo darle. La consecuencia es nefasta: las parejas solo se mantienen mientras se consiga un equilibrio de intereses mutuos.

Esta es la razón por la que más de la mitad de los matrimonios se rompen, sin contar los que hoy ni siquiera se plantean la unión estable sino que se conforman con sacar en cada instante el mayor provecho de cualquier relación personal. Desde estas perspectivas, por mucho que sea lo que una persona me está dando, en cualquier momento puedo descubrir a otra que me puede dar más. Ya no tendré motivos para seguir con la primera. También puede darse el caso de encontrar otra persona que, dándome lo mismo, me exige menos.

El amor consiste en desplegar la capacidad de darse sin esperar nada a cambio. No tiene más límites que los que ponga el que ama. Aquel a quien se ama no puede poner los límites. Pero la superación del falso yo y el descubrimiento de mi auténtico ser es limitado y debo reconocerlo sin ambages. Debemos tomar conciencia clara de cuál es la diferencia entre el servicio y el servilismo. Jesús dijo que tan letal es el someter al otro como dejarse someter. Si la pareja ha superado mi capacidad de aguante, debo evitar que me someta y aniquile.

Desde nuestro punto de vista cristiano, tenemos un despiste monumental sobre lo que es el sacramento. Para que haya sacramento no basta con ser creyente e ir a la iglesia. Es imprescindible el mutuo y auténtico amor. Con esas tres palabras, que he subrayado, estamos acotando hasta extremos increíbles la posibilidad real del sacramento. Un verdadero amor es algo que no debemos dar por supuesto. El amor no es puro instinto, no es pasión, no es interés, no es simple amistad, no es el deseo de que otro me quiera. Todas esas realidades son positivas, pero no son suficientes para el logro de mayor humanidad.

Cuando decimos que el matrimonio es indisoluble nos estamos refiriendo a una unión fundamentada en un amor auténtico, que puede darse entre creyentes o no creyentes. Puede haber verdadero amor humano-divino aunque no se crea explícitamente en Dios, o no se pertenezca a una religión. Es impensable un auténtico amor si está condicionado a un limitado espacio de tiempo. Un verdadero amor es indestructible. Si he elegido una persona para volcarme con todo lo que soy y así desplegar mi humanidad, nada me podrá detener.

El divorcio, entendido como ruptura del sacramento, es una palabra vacía de contenido para el creyente. La Iglesia hace muy bien en no darle cabida en su vocabulario. No es tan difícil de comprender. Solo si hay verdadero amor hay sacramento. La mejor prueba de que no existió auténtico amor es que en un momento determinado se termina. Es frecuente oír hablar de un amor que se acabó. Ese amor, que ha terminado, ha sido siempre un falso amor, es decir, egoísmo que solo pretendía el provecho personal interesado y egoísta.

Los seres humanos nos podemos equivocar, incluso en materia tan importante como esta. ¿Qué pasa cuando dos personas creyeron que había verdadero amor y en el fondo no había más que interés recíproco? Hay que reconocer sin ambages que no hubo sacramento. Por eso la Iglesia solo reconoce la nulidad, es decir, una declaración de que no hubo verdadero sacramento. Y no hacer falta un proceso judicial para demostrarlo. Es muy sencillo: si en un momento determinado no hay amor, nunca hubo verdadero amor y no hubo sacramento.

Es muy corriente confundir el sacramento con el rito externo. Un sacramento es el resultado de la unión de un signo con una realidad significada. En este sacramento el signo son las palabras que se dicen mutuamente los contrayentes. Lo significado es el verdadero amor. Si no hay amor el signo, que no significa nada, no es más que un garabato sin sentido. Puede haber verdadero amor sin sacramento. No puede haber sacramento sin auténtico amor. ¿Qué es lo que nos interesa, que se quieran de verdad o la apariencia del rito externo?

El domingo pasado decíamos que en Dios todos estamos identificados. Lo que intenta el sacramento es que descubramos esta realidad y la vivamos de manera especial con la persona que elegimos para compartir nuestra vida. Esta es la razón por la que el matrimonio se ha considerado sacramento, es decir, signo del Amor que es Dios desplegado entre dos seres humanos. Podíamos identificarnos con cualquiera, pero elegimos una persona y, en esa relación especial con ella, pretendemos desplegar toda nuestra capacidad de amar.

 

 

Urteko 27. igandea – Domingo 27º T.O. José A. Pagola

B (Markos 10,2-16)

Evangelio del 7/octubre/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

GIZONEZKOAREN BOTEREAREN AURKA

Fariseuek galdera bat egin diote Jesusi, probatzeko. Oraingo honetan ez da garrantzirik gabea. Galileako emakumeei asko sufriarazten dien gertaera da, eta lege-maisuen eskola desberdinen jarraitzaileen artean eztabaida biziak eragiten dituena: «Zilegi al du senarrak andreari dibortzio-agiria ematea?».

Kontua ez da gaur egun ezagutzen dugun dibortzioa, baizik eta gizonezkoak kontrolatu ohi zuen ezkontza barruko emakume juduak bizi ohi zuen egoera. Moisesen legearen arabera, senarrak hautsi zezakeen ezkontza-hitzarmena, andrea etxetik ateraraziz. Andreak, aldiz, orotan senarraren mendeko, ezin egin zuen halakorik.

Guztiak harritu dira Jesusen erantzunaz. Jesus ez da nahasi lege-maisuen eztabaiden munduan. Jainkoaren hasierako egitasmoa bilatzera gonbidatu ditu, lege eta arau guztien gainetik dagoen hura bilatzera. Lege «matxista» hau, zehazki, gizonezkoen «bihotz-gogorkeriagatik» sartu da judu-herrian, haiek kontrolatzen baitituzte emakumeak eta mendean hartzen.

Gizakiaren jatorrizko misterioan sakondu nahi du Jesusek. «Gizon eta emakume» kreatu ditu Jainkoak. Elkarren pareko kreatu ditu biak. Ez du kreatu gizonezkoa andrearen gain boterea emanez. Ez du kreatu emakumea gizonezkoaren mendeko. Gizon-emakumeen artean ez da eman behar bietako inoren mendetasunik.

Gizakiaren jatorrizko egitura honetan oinarrituz, legeak ezarria duen oro baino harago doan ikusmoldea agertu du Jesusek ezkontzaz. Emakumea eta gizonezkoa «haragi bakarra izateko» elkartuko dira, bizitza partekatu bat hasteko, bataren eta bestearen buru-eskaintzaz, eta ezarpenik eta mendetasunik gabe.

Giza maitasunaren goreneko adierazpena da Jesusentzat ezkontza-egitasmo hau. Gizonezkoak ez du inolako eskumenik emaztea kontrolatzeko, haren jabe izango balitz bezala. Emakumeak ezin onartu du bere burua senarraren mendeko. Jainkoak berak erakartzen ditu elkarrekin bizitzera maitasun aske eta doakoaz. Biribilki konkluditu du Jesusek: «Jainkoa batu duena, ez dezala banatu gizonezkoak».

Jarrera honekin, errotik suntsitu du Jesusek patriarkatuaren oinarria, molde guztietakoa: gizonezkoak emakumearen gain kontrola, mendetasuna eta ezarpena izatearena. Ez ezkontzan soilik, baita beste edozein erakunde herritar edo erlijiosotan ere.

Jesusen mezua entzun beharra dugu. Ezin irekitzen ahal diegu biderik Jainkoaren erreinuari eta haren zuzentasunari, patriarkatuaren aurka aktiboki borroka egin gabe. Noiz erreakzionatu behar dugu Elizan, indar ebanjelikoaz, gizonezkoak emakumearen kontra ari duen horrenbesteko abusu, indarkeria eta oldarraren kontra? Noiz ekin behar diogu emakumea defendatzeari gizonezkoaren «bihotz-gogorkeriaren» kontra?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

B (Markos 10,2-16)

Evangelio del 7/octubre/2018

CONTRA EL PODER DEL VARÓN

Los fariseos plantean a Jesús una pregunta para ponerlo a prueba. Esta vez no es una cuestión sin importancia, sino un hecho que hace sufrir mucho a las mujeres de Galilea y es motivo de vivas discusiones entre los seguidores de diversas escuelas rabínicas: «¿Le es lícito al marido separarse de su mujer?».

No se trata del divorcio moderno que conocemos hoy, sino de la situación en que vivía la mujer judía dentro del matrimonio, controlado absolutamente por el varón. Según la Ley de Moisés, el marido podía romper el contrato matrimonial y expulsar de casa a su esposa. La mujer, por el contrario, sometida en todo al varón, no podía hacer lo mismo.

La respuesta de Jesús sorprende a todos. No entra en las discusiones de los rabinos. Invita a descubrir el proyecto original de Dios, que está por encima de leyes y normas. Esta ley «machista», en concreto, se ha impuesto en el pueblo judío por la dureza del corazón de los varones, que controlan a las mujeres y las someten a su voluntad.

Jesús ahonda en el misterio original del ser humano. Dios «los creó varón y mujer». Los dos han sido creados en igualdad. Dios no ha creado al varón con poder sobre la mujer. No ha creado a la mujer sometida al varón. Entre varones y mujeres no ha de haber dominación por parte de nadie.

Desde esta estructura original del ser humano, Jesús ofrece una visión del matrimonio que va más allá de todo lo establecido por la Ley. Mujeres y varones se unirán para «ser una sola carne» e iniciar una vida compartida en la mutua entrega, sin imposición ni sumisión.

Este proyecto matrimonial es para Jesús la suprema expresión del amor humano. El varón no tiene derecho alguno a controlar a la mujer como si fuera su dueño. La mujer no ha de aceptar vivir sometida al varón. Es Dios mismo quien los atrae a vivir unidos por un amor libre y gratuito. Jesús concluye de manera rotunda: «Lo que Dios unió que no lo separe el hombre».

Con esta posición, Jesús está destruyendo de raíz el fundamento del patriarcado bajo todas sus formas de control, sometimiento e imposición del varón sobre la mujer. No solo en el matrimonio, sino en cualquier institución civil o religiosa.

Hemos de escuchar el mensaje de Jesús. No es posible abrir caminos al reino de Dios y su justicia sin luchar activamente contra el patriarcado. ¿Cuándo reaccionaremos en la Iglesia con energía evangélica contra tanto abuso, violencia y agresión del varón sobre la mujer? ¿Cuándo defenderemos a la mujer de la «dureza de corazón» de los varones?

José Antonio Pagola

Domingo 27º ordinario 7 de octubre – Koinonía

Gén 2,18-24: Y serán los dos uno solo
Salmo 127: Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida
Heb 2,9-11: El santificador y el santificado tienen el mismo origen
Mc 10,2-16: Lo que Dios unió, no lo separe el hombre

 Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?» Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?» Contestaron: «Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.» Jesús les dijo: «Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios «los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne». De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.» En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.» Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.» Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

COMENTARIO LITÚRGICO

En la primera lectura nos encontramos con el segundo relato de la creación, que está centrado en la creación del hombre y de la mujer, ambos formados de tierra y aliento divino. Los dos son hechura de Dios, y por lo tanto deberían ser iguales, a pesar de su diversidad. La relación perfecta entre los dos no está garantizada ni escrita en su sangre: es una conquista de la libertad que ellos deben construir. Un proyecto de unidad que compromete la responsabilidad de cada uno.

El autor de la carta a los hebreos nos dice que la pasión y la muerte de Jesús no son fines en sí mismos, sino solamente un camino hacia la resurrección y la salvación plena. Los cristianos no nos podemos quedar contemplando al crucificado del viernes santo, construyendo nuestra vida desde el dolor, el sufrimiento y la muerte. La misma epístola nos dice que el propio Jesús “en los días de su vida mortal presentó, con gritos y lágrimas, oraciones y súplicas, al que lo podía salvar de la muerte”. Esto quiere decir que él mismo luchó por encontrar una alternativa que no estaba sujeta a su voluntad, sino a hacer la voluntad del Padre. Estamos en hora de superar todo tipo de devoción que se queda en la contemplación de los sufrimientos y dolores de Jesús y construir nuestra vida cristiana desde la esperanza que nos ofrece la resurrección.

En el evangelio, los fariseos ponen a prueba a Jesús preguntándole qué piensa sobre el divorcio y si era lícito repudiar a una mujer. La respuesta de Jesús es significativa cuando caemos en cuenta de que, tanto en el judaísmo como en el mundo greco-romano, el repudio era algo muy corriente y estaba regulado por la ley. Si Jesús respondía que no era lícito, estaba contra la ley de Moisés. Por eso les devuelve la pregunta y les dice que la ley de Moisés es provisional y que ahora se han inaugurado los tiempos de la plenitud en los que la vida se construye desde un orden social nuevo, en el que hombre y mujer forman parte de la armonía y el equilibrio de la creación.

La novedad de esta afirmación de Jesús saltaba a la vista; con su interpretación desautorizaba no sólo las opiniones de los maestros de la ley –que pensaban que a una mujer se le podía repudiar incluso por una cosa tan insignificante como dejar quemar la comida–, sino que relativizaba incluso la misma motivación de la ley de Moisés. Además, tiraba por tierra las pretensiones de superioridad de los fariseos, que despreciaban a la mujer, como despreciaban a los niños, a los pobres, a los enfermos, al pueblo. Nuevamente, al defender a la mujer, Jesús se ponía de parte de los rechazados, los marginados, los ‘sin derechos’.

Pero como los discípulos en esto compartían las mismas ideas de los fariseos, no entendieron y, ya en casa, le preguntaron sobre lo que acababa de pasar. Jesús no les explicó mucho más; simplemente les amplió las consecuencias de aquello: «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra la primera; y lo mismo la mujer: si repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

El segundo episodio de nuestro evangelio nos presenta un altercado de Jesús con sus discípulos porque ellos no permiten que los niños se acerquen a Jesús para que él los bendiga. Los discípulos pensaban que un verdadero maestro no se debía entretener con niños porque perdía autoridad y credibilidad. Decididamente algo no era claro en ellos. No acababan de asimilar las actitudes de Jesús ni los criterios del Reino. Y Jesús se enojó con ellos; su paciencia también tenía límites y si algo no toleraba era el desprecio hacia los marginados. Y les dijo con mucha energía: dejen que los niños se me acerquen. ¿Con qué derecho se lo impiden, cuando el Padre ha decidido que su Reinado sea precisamente en favor de ellos? ¿No entienden todavía que en el Reino de Dios las cosas se entienden totalmente al contrario que en esta sociedad nuestra?

Los niños que no pueden reclamar méritos, carecen de privilegios y no tienen poder, son ejemplo para los discípulos: por estar desprovistos de cualquier ambición o pretensión egoísta, pueden acoger el Reino de Dios como un don gratuito. «De los que son como ellos es el Reino de Dios», dice Jesús.

Es necesario que nuestra experiencia cristiana sea verdaderamente una realidad de acogida y de amor para todos aquellos que son excluidos por los sistemas injustos e inhumanos que imperan en la sociedad. Nuestra tarea fundamental es incluir a todos aquellos que la sociedad ha desechado porque no se ajustan al modelo de ser humano que se han propuesto. Si nos reconocemos como verdaderos seguidores de Jesús, es necesario comenzar a trabajar por la humanidad que a los débiles de este mundo se les ha arrebatado.

Una nota crítica:

Para este tema del evangelio, que centrará hoy la homilía de este domingo en muchas comunidades cristianas, el divorcio, la liturgia propone como primera lectura el relato de la creación del hombre y de la mujer, del libro del Génesis, lógicamente. Por ser de la Biblia, por ser del relato de la creación… todo pareciera dar a suponer que contiene en sí mismo el fundamento religioso último y máximo de la visión cristiana del matrimonio. Probablemente, en muchas homilías, el relato bíblico se constituirá en la referencia totalizante y suprema, y se querrá sacar de ella el fundamento integral de la postura actual de la Iglesia sobre el matrimonio. ¿No será eso «fundamentalismo»?

Hoy ya sabemos que el relato de la «creación» no es un relato histórico, ni mucho menos científico; más aún: no tiene nada que decir ante lo que la ciencia nos dice hoy sobre el origen de la Tierra, de la Vida, de nuestra especie humana o incluso sobre nuestra sexualidad. El relato no es histórico, no hay que entenderlo como una narración de algo que realmente ocurrió… hoy nadie sostiene lo contrario. En las catequesis bíblicas solemos decir ahora que tenemos que «tratar de captar lo que los autores bíblicos querían decir…», que no era lo que la mera letra dice… En realidad, no se trata ni de eso siquiera, porque los autores bíblicos no escribían para nosotros, ni estaban pensando en un mensaje distinto de lo que leemos. Los autores querían decir lo que efectivamente escribieron; somos nosotros los que, al no poder aceptar lo que leemos, nos imaginamos que ellos querían decir otra cosa diferente que la que escribieron. Mejor ser sinceros.

La verdad es que no deberíamos abandonar una postura de profunda humildad en este campo, porque los cristianos, durante casi toda nuestra historia, hasta hace unos cien años –algo más para los protestantes– hemos estado pensando lo contrario de esto que ahora decimos. Hemos estado pensando que eran textos históricos, que había que entender al pie de la letra y que había que creerlos ciegamente, y que su contenido era real, e incluso un contenid «más que científico, que estaba por encima de la ciencia» (la ciencia no podría contradecirlos): porque eran textos directamente divinos, revelados, y por tanto dogmáticamente ciertos, indubitables. Hace poco más de 100 años, el Pontificio Instituto Bíblico (Piazza della Pilotta, Roma), la máxima autoridad oficial católico-romana, condenó taxativamente a quienes pusieran en duda el «carácter histórico» de los once primeros capítulos del Génesis… Y en todo el conjunto de la Iglesia se pensaba así, desafiando arrogantemente a la ciencia. Sin comentarios.

Durante siglos, durante más de un milenio, el texto del relato de la creación que hoy leemos ha sido utilizado para justificar directa o indirectamente el androcentrismo, o sea, la inferioridad de la mujer, creada «en segundo lugar», y «de una costilla de Adán». Más aún: durante más de dos mil años –y todavía hoy, para la mayor parte de la civilización occidental– este texto ha justificado el antropocentrismo, el mirar y entender la realidad toda como puesta al servicio de este ser diferente, superior a todos los demás, «sobre-natural», que sería el ser humano, poniéndolo todo bajo «el valor absoluto de la persona humana», a cuyo servicio y bajo cuyo dominio habría puesto Dios «toda la creación», con el mandato de explotar omnímodamente la naturaleza: «crezcan y multiplíquense, y dominen la Tierra»… (todavía no conocían siquiera el sistema solar, no digamos nuestra galaxia…).

Desde hace medio siglo un coro reciente y creciente de científicos y humanistas achacan a los textos bíblicos la minusvaloración y el desprecio que la tradición cultural occidental ha sentido y ejercido sobre la naturaleza, hasta provocar la actual crisis ambiental que nos ha puesto al borde del colapso.

Viene todo esto a decir que hoy no podemos deducir directamente de los textos bíblicos nuestra visión de los problemas humanos –matrimonio y divorcio, pero también homosexualidad, matrimonio homosexual, la nueva relación entre los sexos…–, como si la construcción de nuestra visión moral y humana dependiera de unos textos que en buena parte contienen (supuestamente) las experiencias religiosas de unos pueblos nómadas del desierto hace más de tres mil años…

Sería bueno que los oyentes de las homilías supieran discernir con sentido crítico la dosis de fundamentalismo que algunas de nuestras construcciones morales clásicas pueden contener. Sería todavía mejor que los predicadores de las homilías incorporaran a sus contenidos esta visión crítica y esta superación del fundamentalismo. Debemos salir del bibliocentrismo: no podemos vivir encerrados en un libro, con toda nuestra perspectiva, categorías y normas sometidas al limitado alcance cultural de un libro de hace varios milenios… Si queremos buscar las palabras más profundas que puedan iluminarnos, debemos buscarlas también y sobre todo en la Realidad, en la Naturaleza, en el libro del cosmos, de la Vida y de nuestra propia misteriosa naturaleza…

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 71, «Lo que Dios ha unido», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/71-lo-que-dios-ha-unido

Todos son de los nuestros – Fray Marcos

(Nm 11,25-29) ¡Ojalá todo el pueblo recibiera el Espíritu del Señor!

(Sant 5,1-6) Ahora, vosotros los ricos, llorad y lamentaos…

(Mc 9,38-48) El que no está contra nosotros, está a favor nuestro.

 

Todos son de los nuestros. Aunque no actúen ni piensen como nosotros, están identificados con la divinidad igual que cada uno de nosotros.

El texto de hoy es continuación inmediata del que leímos el domingo pasado. Es Juan el que, sin hacer mucho caso a lo que acaba de decir Jesús, salta con una cuestión al margen de lo que se viene tratando en el evangelio. Este texto tiene un significado aún más profundo si recordamos que en este mismo capítulo (Mc 9,14-29), justo antes del episodio que hemos leído el domingo pasado, se cuenta que los discípulos no pudieron expulsar un demonio.

Una vez más Jesús tiene que corregir su afán de superioridad. Siguen empeñados en ser ellos los que controlen el naciente movimiento en torno a Jesús. Con el pretexto de celo, buscan afianzar privilegios. Seguramente se trata de un problema planteado ya en la primitiva comunidad donde se escribe el evangelio. El resto de lo que hemos leído no es un discurso, sino una colección de dichos que pueden remontarse a Jesús.

No es de los nuestros. El texto griego dice: “porque no nos siguen a nosotros”. Este pequeño matiz podría abrirnos una perspectiva nueva en la interpretación. Solo pronunciar esta frase supone alguna clase de exclusión y una falta de compresión del evangelio. Todo lo que nos hace diferentes como individuos es accidental y anecdótico. Unirnos a un grupo con la intención de ser superiores y más fuertes es un egoísmo amplificado.

Muchas veces me habéis oído hablar de las contradicciones del evangelio; pues hoy lo vemos con toda claridad. (Mt 12,30) dice exactamente lo contrario de lo que acabamos de oír a Mc: “El que no está con nosotros está en contra nuestra y el que con nosotros no recoge, desparrama.” En Lc encontramos las dos fórmulas, (10,50) y (11,23); así que no hay manera de desempatar. Además, estas palabras de Jesús están en contradicción con lo que él mismo dice en (Mt 7,22): “No hemos profetizado en tu nombre, y no hemos expulsado muchos demonios… Yo les responderé: No os conozco de nada, apartaros de mí, malvados”.

La contradicción es aparente. El mensaje de Jesús no se puede meter en conceptos. La razón necesita crear opuestos para poder explicar la realidad. Solo puede entender lo que es el frío en contraposición con lo que es el calor. Entenderá lo que es el color blanco solo cuando tenga la idea de negro. La luz solo se puede comprender si tenemos en cuenta la oscuridad. Para poder afirmar algo como verdadero tenemos que considerar lo opuesto como falso. En el orden espiritual las contradicciones quedan superadas en la unidad.

“El que no está conmigo está contra mí” se refiere a que la pertenencia al Reino es una opción personal, no es lo natural, no viene dada por el ADN. Hay que hacer un verdadero esfuerzo por descubrirlo y entrar en él. Recordad las frases del evangelio: “El reino de los cielos padece violencia y solo los esforzados lo arrebatan”; y “estrecha y angosta es la senda que lleva a la vida y pocos dan con ella”. Para entrar en el reino es imprescindible un proceso. Hay que nacer de nuevo, y para ello es preciso morir a lo terreno.

“El que no está contra nosotros está a favor nuestro” quiere decir que del Reino no se excluye a nadie. Todo el que busca el bien del hombre está a favor del Reino que predica Jesús. Solo queda fuera el egoísta que rechaza al hombre. La posesión diabólica era el paradigma de toda opresión. Expulsar demonios era el paradigma de toda liberación. En contra de todos los movimientos religiosos de la época, saduceos, fariseos, Qumrán, etc., Jesús anuncia un Dios que es amor y que no excluye a nadie, ni siquiera a los pecadores.

La pretensión de exclusividad ha hecho polvo las mejores iniciativas religiosas de todos los tiempos. Considerar absoluta cualquier idea de Dios como si fuera definiti­va es la mejor manera de entrar en el integrismo, fanatismo e intransigen­cia. Monopolizar a Dios es negarlo. Poner límites a su amor es ridiculizarlo. Nuestra religión ha ido más lejos que ninguna otra en esa pretensión de verdades absolutas y excluyentes. Recordad: fuera de la Iglesia no hay salvación. Fuera de la Iglesia hay salvación. A veces, más que dentro de ella.

En un ocasión en que no los recibieron en Samaría, Santiago y Juan dicen a Jesús: ¿Quieres que mandemos bajar fuego del cielo para que les destruya? Jesús les reprendió; pero algunas traducciones añaden: no sabéis de qué espíritu sois. Seguimos sin enterarnos del espíritu de Jesús. Seguimos pretendiendo defender a Dios sin darnos cuenta de que estamos defendiendo nuestros intereses más rastreros. No se trata simplemente de tolerar lo malo que hay en los otros. Se trata de apreciar todo lo que hay en los demás de bueno.

Entre el episodio de la primera lectura y el que nos narra el evangelio hay doce siglos de distancia, pero la actitud es idéntica. Desde que se escribió el evangelio hasta hoy han pasado veinte siglos, y aún no nos hemos movido ni un milímetro. Seguimos esgrimiendo el “no es de los nuestros”. Todo aquel que se atreve a disentir, todo el que piense o actúe de modo diferente sigue excluido. Incluso arremetemos contra todo el que se atreve a pensar.

El espíritu de Jesús va mucho más allá de lo que abarca el cristianismo oficial. Se ha acuñado una frase últimamente: “patrimonio de la humanidad”, que se podía aplicar a Jesús sin restricción alguna: Cristo no es de la Iglesia. En realidad, el mensaje de Jesús no se puede encerrar en ninguna iglesia o institución religiosa. Jesús intentó que todas las religiones, incluida la suya, descubriesen que el único objetivo de todas ellas es hacer seres cada vez más humanos. Cualquier religión que no tenga esa meta es simplemente falsa.

De la misma manera que la mente racional creó el yo individual para garantizar la subsistencia biológica, el ser humano ha ido creando guetos y grupos que potencian ese objetivo de mayor seguridad. Desde la familia a la nación todas las instituciones tienen como objetivo que nos sintamos más seguros gracias a ese egoísmo amplificado. La socialización ha sido un medio muy adecuado para el progreso humano y debe seguir siéndolo, pero puede convertirse en el mayor enemigo del hombre si se utiliza para ir contra los demás.

Tenemos que decirlo con toda claridad. Para los seres humanos ha sido mucho más nefasta la idolatría teísta que el ateísmo. Las mayores barbaridades de la historia se han cometido en nombre de dios. Es un ídolo el dios que hace diferencia entre buenos y malos. Es un ídolo el dios que depende de lo que nosotros hagamos para estar de nuestra parte o en contra nuestra. Claro que ese dios nos tranquiliza porque, si él hace eso, está más que justificado que nosotros estemos a favor de los nuestros y en contra de los que no lo son.

Que en el evangelio de Mc la causa de Jesús no coincida con la causa del grupo de los doce es un toque de atención para los cristianos de todos los tiempos. Jesús no es monopolio de nadie. Todo el que está a favor del hombre está con Jesús. Todo el que trabaja por la justicia, por la paz, por la libertad, es cristiano. Nada de lo que hace a los hombres más humanos es ajeno a un seguidor de Jesús. Es inquietante que todas las grandes religiones monoteístas hayan sido y siguen siendo causa de las mayores divisiones y guerras.

 

Meditación

Aunque alguien se empeñe en estar en contra nuestra,

nosotros nunca debemos estar contra nadie.

Mi actitud no debe depender de la actitud del otro.

Si aún me cuesta aceptar al otro tal cual es,

es señal de que aún no he comprendido el evangelio.

Estoy esperando que cambie él para sentirme yo bien.

¿Puedo imaginarme que Dios hiciera conmigo lo mismo?

 

Urteko 26. igandea – Domingo 26º T.O. José A. Pagola

B (Markos 9,30-37)

Evangelio del 23/septiembre/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

INORK EZ DU JESUSEN ESKLUSIBARIK

Harrigarria da pasadizoa. Problema batekin hurbildu zaizkio ikasleak Jesusi. Oraingoan, ez da Pedro taldearen bozemailea, baizik Joan, lehen postuen bila dabiltzan bi anaietarik bat. Oraingo honetan, Jesusen esklusiba eta haren egintza askatzailearen monopolioa ikasleen taldeak izan ditzan nahi du.

Kezka hau dute. Exorzista bat, taldekoa ez dena, deabruak botatzen ari da Jesusen izenean. Ikasleak ez dira pozten jendea sendaturik eta gizatasun handiagoko bizitza egiten ahal duela ikusteaz. Soilik, beren taldearen izen handia dute gogoan. Horregatik, errotik moztu nahi izan dute exorzista haren jarduera. Hau dute arrazoi bakarra: «Ez da gutakoa».

Ikasleek jakindakotzat eman dute: Jesusen izenean eta haren indar sendatzaileaz jardun ahal izateko, beraien taldekoa izan behar du batek. Ezin aipa dezake inork ere Jesusen izena, ezta mundua gizatasun handiagokoa egiteko lan egin ere, Elizako kide izan gabe. Horrela ote da egiaz? Zer dio Jesusek?

Biribilki erantzun die Jesusek: «Ez iezaiozue eragotzi». Jesusen izena eta indar gizatargarria garrantzizkoagoak dira ikasleen talde koxkorra baino. On da Jesusek dakarren salbazioa zabaltzea ezarritako Eliza baino harago, eta jendeari gizatasun handiagoz bizitzen laguntzea. Jokabide hori ez litzateke hartu behar sekula konpetentzia desleialtzat.

Bere jarraitzaileen artean hautsi egin nahi luke Jesusek tentazio sektario oro. Ez du eratu bere taldea mesiastar salbazioa kontrolatzeko. Jesus ez da eskola itxi bateko lege-maisu, baizik eta guztiei eskainia den salbazioaren Profeta. On egiteko hots egina den toki guztietan sostengatu behar du Elizak haren Izena.

Jesusek ez du nahi bere jarraitzaileek hitz egin dezaten gureez eta gure ez direnez, barnekoez eta kanpokoez, beraren izenean jardun dezaketenez eta ez dezaketenez. Beste bat du bere ikusmoldea: «Gure kontra ez dagoena, gure alde dago».

Gaur egungo gizartean gizon-emakume asko ari da mundua zuzenago eta gizatarrago egin nahiz, Elizako kide izan gabe. Batzuk ez dira fededun ere, baina Jainkoaren erreinuari eta haren zuzenbideari bideak irekitzen ari dira. Gutakoak dira. Poza behar diegu agertu, errezeloz begiratu ordez. Sostengua behar diegu eskaini, deskalifikatu ordez.

Oker handia da Elizan bizi eta alde guztietan etsaigoa eta gaiztakeria ikustea; pentsatuz, gizagaixo baten moduan, gu geu bakarrik garela Jesusen Espirituaren eramaile. Jesusek ez liguke horrelakorik onetsiko. Aitzitik, era gizatarrean bizi eta pobreenez eta premia handiagoenez kezkatuz bizi direnen lankide izatera gonbidatzen gaitu.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

B (Markos 9,30-37)

Evangelio del 23/septiembre/2018

NADIE TIENE LA EXCLUSIVA DE JESÚS

La escena es sorprendente. Los discípulos se acercan a Jesús con un problema. Esta vez, el portador del grupo no es Pedro, sino Juan, uno de los dos hermanos que andan buscando los primeros puestos. Ahora pretende que el grupo de discípulos tenga la exclusiva de Jesús y el monopolio de su acción liberadora.

Vienen preocupados. Un exorcista no integrado en el grupo está echando demonios en nombre de Jesús. Los discípulos no se alegran de que la gente quede curada y pueda iniciar una vida más humana. Solo piensan en el prestigio de su propio grupo. Por eso han tratado de cortar de raíz su actuación. Esta es su única razón:«No es de los nuestros».

Los discípulos dan por supuesto que, para actuar en nombre de Jesús y con su fuerza curadora, es necesario ser miembro de su grupo. Nadie puede apelar a Jesús y trabajar por un mundo más humano sin formar parte de la Iglesia. ¿Es realmente así? ¿Qué piensa Jesús?

Sus primeras palabras son rotundas: «No se lo impidáis». El nombre de Jesús y su fuerza humanizadora son más importantes que el pequeño grupo de sus discípulos. Es bueno que la salvación que trae Jesús se extienda más allá de la Iglesia establecida y ayude a las gentes a vivir de manera más humana. Nadie ha de verla como una competencia desleal.

Jesús rompe toda tentación sectaria en sus seguidores. No ha constituido su grupo para controlar su salvación mesiánica. No es rabino de una escuela cerrada, sino Profeta de una salvación abierta a todos. Su Iglesia ha de apoyar su Nombre allí donde es invocado para hacer el bien.

No quiere Jesús que entre sus seguidores se hable de los que son nuestros y de los que no lo son, los de dentro y los de fuera, los que pueden actuar en su nombre y los que no pueden hacerlo. Su modo de ver las cosas es diferente: «El que no está contra nosotros está a favor nuestro».

En la sociedad actual hay muchos hombres y mujeres que trabajan por un mundo más justo y humano sin pertenecer a la Iglesia. Algunos ni son creyentes, pero están abriendo caminos al reino de Dios y su justicia. Son de los nuestros. Hemos de alegrarnos en vez de mirarlos con resentimiento. Hemos de apoyarlos en vez de descalificar.

Es un error vivir en la Iglesia viendo en todas partes hostilidad y maldad, creyendo ingenuamente que solo nosotros somos portadores del Espíritu de Jesús. Él no nos aprobaría. Nos invita a colaborar con alegría con todos los que viven de manera humana y se preocupan de los más pobres y necesitados.

José Antonio Pagola

Domingo 26º ordinario 30 de septiembre – Koinonía

Nm 11,25-29: ¡Ojalá todo el pueblo sea profeta!
Salmo 18:
 Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón
Sant 5,1-6:
 Su riqueza está corrompida
Mc 9,38-43.47-48:
 El que no está contra ustedes, está a su favor

El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Si tu mano te hace caer, córtatela

«En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.» Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Y, además, el que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al infierno. Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos la infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.»

COMENTARIO LITÚRGICO

Una clave de comprensión para las lecturas de este domingo: «Nadie puede ser excluido del servicio que se realiza en nombre de Dios».

En medio de las tradiciones del pueblo israelita por el desierto, el libro de los Números nos presenta el relato del «reparto» del espíritu de Moisés, entre setenta miembros del pueblo. La intención es que Moisés no tenga que llevar la carga solo. Con esta decisión de Yavé, la responsabilidad queda repartida: cada uno de quienes han recibido «parte» del espíritu que estaba en Moisés debería ser profeta en el pueblo. Ahora bien, tendríamos que atenernos al contexto para intuir qué características implicaba la tarea de estos personajes.

El capítulo 11 del libro de los Números nos da cuenta de las etapas de la marcha por el desierto. La narración se centra en una dificultad: el pueblo lleva varios meses comiendo maná y ya está hastiado: «tenemos el alma seca» (v. 6), «no vemos más que maná» (v. 6b), y con esto viene la tentación de añorar el tiempo de abundancia de comida en Egipto. Por aquí podemos intuir la grave dificultad en que se halla Moisés: ¿cómo hacer para que el pueblo no siga añorando en Egipto? El desierto es el gran desafío. Detrás está Egipto, con su abundancia, pero también con su esclavitud. Hacia delante está la promesa de una tierra, una libertad, una vida digna, pero que hay que conquistar a precio de privaciones, sacrificios, esfuerzos.

El relato causa admiración porque Yavé monta en cólera… Es un recurso literario para introducir la preocupación de Moisés, que se expresa en una bella oración de intercesión por el pueblo. La solución que plantea Yavé es la adecuada: reunir setenta representantes del pueblo para repartir entre ellos el espíritu que estaba en Moisés; de esa manera la dirección, orientación y concientización del pueblo sería obligación de muchos y no sólo de Moisés.

El espíritu que se dona a todas estas personas viene a ser, entonces, profético; es decir, está en función de profetizar. Hay que asumir que esta actividad profética está orientada a ayudar al pueblo a tomar más y más conciencia del plan de Dios con ellos, a entender lo que hay realmente detrás: Egipto y su abundancia de comida, pero con su esclavitud, que es lo contrario al plan divino, y lo que está por delante: un desierto inevitable, desafiante, mortal, pero, al fin y al cabo, un medio que es necesario asumir para poder llegar a la tierra de la libertad, tierra de promisión. A cualquier persona del pueblo que, entendiendo las cosas así, «catequizara» a sus hermanos en este sentido, había que verlo como profeta «autorizado», no porque hubiera estado necesariamente en la tienda del encuentro, sino por estar en comunión con el ideal de Yavé.

Ese parece ser el caso de Eldad y Medad. Ellos no estuvieron en el momento del reparto del espíritu y sin embargo estaban profetizando. Viene la reacción de Josué. No entiende todavía que todo el que influya de manera positiva en la conciencia del ser hermano, debe ser considerado profeta, y por eso aconseja a Moisés que lo prohíba (v. 28). Por su parte, Moisés ha captado muy bien que, en el trabajo de liberación del pueblo, todos tienen una gran tarea, y responde a Josué con palabras aparentemente duras, que en definitiva buscan abrir la conciencia de su ayudante: «ojalá todo el pueblo fuera profeta» (v. 29); ojalá cada uno asumiera con verdadero empeño la tarea de concientizarse y concientizar a su semejante, a su prójimo, ¿no es eso justamente lo que Dios quiere y espera? A Josué pues, no le preocupaba mucho la necesidad de que cada miembro del pueblo tuviera una conciencia bien formada para continuar hacia adelante por el desierto; le preocupaba más defender lo «oficial», lo «autorizado» por Dios en la tienda del encuentro, es decir lo «instituido», la defensa de «los derechos de Dios».

En la misma línea, nos presenta el evangelio de Marcos para este domingo, una situación semejante con los discípulos de Jesús. Apenas transmitida por Jesús la lección sobre quién es el mayor (Mc 9,33-37), se produce un incidente que tiene que ver con la exclusividad de los miembros del grupo seguidor de Jesús. Juan cuenta a Jesús que han impedido a un hombre expulsar demonios en su nombre, porque no se trataba de uno de los miembros del grupo (v. 38). No hay una pregunta –cómo hacer en casos semejantes, qué posición asumir, etc.–. La respuesta de Jesús es sabia, «nadie que obre un milagro en mi nombre puede después hablar mal de mí» (v. 39), y «el que no está contra nosotros, está con nosotros». En la tarea de construcción del Reino nadie tiene la exclusiva. Tal vez los discípulos no tenían claro o no recordaban que su pertenencia al grupo de Jesús fue un don de pura gratuidad; ninguno de ellos presentó ante Jesús un concurso de méritos para ser elegido; fue Jesús quien se presentó ante ellos, se les atravesó a cada uno en su camino y los llamó, aun a sabiendas de que no eran ni los mejores, ni lo más representativo de su sociedad. En ese sentido también otros y otras pueden seguir siendo llamados. En cada hombre y en cada mujer Dios ha sembrado las semillas del bien; cómo y cuándo esas semillas comienzan a germinar y dar frutos, es decisión de cada uno.

A veces nos parecemos a Juan y al resto de discípulos, nos ponemos celosos de quienes sin pertenecer a la institución hacen obras mejores que las nuestras. Y sale inevitablemente la frase: «pero ése o ésa es de tal o cual religión, o de tal o cual grupo…». Anteponemos a la vocación universal de hacer el bien y a la práctica del amor, unos intereses mezquinos y unos criterios de autoridad y de exclusividad que no son los de Jesús (cf. Mc 9,39)

El diálogo de Jesús con sus discípulos refleja la situación de la comunidad para la cual Marcos escribe su evangelio. Una comunidad quizás muy consciente de lo que eran las exclusiones, pero al mismo tiempo en peligro de ser exclusivista, con una excusa quizás aparentemente sana: «ser o no ser de los nuestros», «ser o no ser del camino», «estar o no estar en el proceso…», y en fin otras talanqueras que pretendidamente intentan justificarse con la excusa de defender la «pureza» de la fe o del «credo» o del «orden» o, en definitiva, de «defender los derechos» de Dios.

Pues bien, cuando se cae en el extremo de «defender» a Dios, o los «derechos» de Dios, lo que se logra en definitiva es minimizar a Dios, ponerlo en ridículo ante el mundo, y la consecuencia más inmediata, la que previó Jesús y quizás la que ya se veía en la primera comunidad, era la del escándalo a los más pequeños. A Jesús le preocupan los «pequeños», no sólo los menores de edad, sino los que apenas empiezan a intuir la dinámica del Reino con la subsiguiente imagen de Dios que él propone.

Con todo, a través de los siglos, los peligros de la comunidad primitiva se convirtieron en hechos reales: cuántos creyentes promotores del bien, de la justicia y de la paz fueron excluidos sólo porque «no eran de los nuestros»… Cuántos Josués y Juanes se han empeñado todavía en «defender» una pretendida «exclusividad» que, por supuesto, nadie posee, con lo cual lo que logran es escandalizar a muchos, haciéndoles creer que Dios es tan pequeño, que puede reducirse a los estrechos límites de un grupo o de una institución.

Si logramos tomar conciencia de que Dios es más grande que un grupo o una institución y que en ningún momento nuestra vocación es la de defender unos supuestos «derechos de Dios», sino simplemente «servir», ponernos en función de construir el Reino con y desde las múltiples posibilidades que ello implica dada la insondable riqueza del mismo espíritu, entonces jamás se nos ocurrirá pensar si éste o aquél es o no es «de los nuestros», sino mejor… ¡como cooperar más y mejor con aquél o aquélla que tan bien está luchando por construir aquí la Utopía (el Reino)!

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 63, «Una piedra de molino», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:https://radialistas.net/63-una-piedra-de-molino

El primero y el último – Fray Marcos

(Sab 2,17-20)  «Acechemos al justo que nos resulta incómodo…»

(Sant 3,16-4,3) «La sabiduría que viene de arriba, ante todo es pura…»

(Mc 9,29-37 «Quien quiera ser primero, que sea el último y el servidor de todos.

 

 

Solo el servicio al débil me hace plenamente humano. Ser el primero en nuestro auténtico ser nos lleva a ser los últimos en nuestro falso ser.

El tema principal que leemos hoy es el mismo que leímos al final del domingo pasado y que no comentamos. Jesús atraviesa Galilea camino de Jerusalén, donde le espera la Cruz. El evangelio nos dice expresamente que quería pasar desapercibido, porque ahora está dedicado a la instrucción de sus discípulos. Esa nueva enseñanza tiene como centro la cruz. Trata de convencerles de que no ha venido a desplegar un mesianismo de poder sino de servicio a los demás, pero no lo consigue. Todos siguen pensando en su propia gloria.

Este segundo anuncio de la pasión es prácticamente repetición del primero. No deja lugar a dudas sobre lo que Jesús quiere transmitir. Los discípulos siguen sin comprender, a pesar de que ya el domingo pasado nos decía que se lo explicaba “con toda claridad”. Si les daba miedo preguntar es porque algo intuían que no les gustaba. Esa indicación nos muestra que, más que no comprender, es que no querían entender, porque la muerte ignominiosa de Jesús significaba el fin de sus pretensiones mesiánicas. Hasta que no llegue la experiencia pascual seguirán sin entender la parte más original del mensaje.

¿De qué discutíais por el camino? Jesús quiere que saquen a la luz sus íntimos sentimientos, pero guardan silencio porque saben que no están de acuerdo con lo que Jesús viene enseñándoles. Entre ellos siguen en la dinámica de la búsqueda del dominio y del poder. Tenemos que recordar que en aquella cultura el rango de las personas se tomaba muy a pecho y era la clave de todas las relaciones sociales.

Quien quiera ser el primero que sea el último y el servidor de todos”. Exactamente el mismo mensaje del domingo pasado. Y lo encontraremos una vez más en el episodio de la madre de los Zebedeos, pidiendo a Jesús los primeros puestos para sus hijos. No nos pide Jesús que no pretendamos ser más; al contrario, nos anima a ser los primeros, pero por un camino muy distinto al que nosotros nos apuntamos. Debemos aspirar a ser todos no sólo “primeros”, sino “únicos”. En esa posibilidad estriba la grandeza del ser humano.

Dios no quiere que renunciemos a nada. A veces los cristianos hemos dado a los de fuera la impresión de que para ser Él grande, Dios quería empequeñecidos. Jesús dice: ¿Quieres ser el primero? Muy bien. ¡Ojalá todos estuvieran en esa dinámica! Pero no lo conseguirás machacando a los demás, sino poniéndote a su servicio. Cuanto más sirvas, más señor serás. Cuanto menos domines, mayor humanidad. La sabiduría me hará ver que el bien espiritual (el mío y el del otro) está por encima del material. Si me pongo en esta perspectiva nunca haré daño al otro buscando un interés egoísta a costa de los demás.

Acercando a un niño lo abrazó y dijo. No es fácil descubrir el sentido y la conexión con lo que antecede. En tiempos de Jesús los niños no contaban, eran utilizados como pequeños esclavos. Por otra parte la palabra griega “paidion” que emplea el texto es un diminutivo de “pais”, que ya significa niño y también criado y esclavo. En algún códice utiliza el artículo determinado, que indicaría “el chiquillo”, no uno cualquiera. Sería el pequeño esclavo, el chico de los recados. En el contexto de la narración sería el chico de los recados de la casa donde estaban o que el grupo tenía a su disposición. Aquí descubrimos la relación con el texto anterior. El niño estaría en la escala más baja de los que se dedican a servir.

El que acoge a un niño como éste, me acoge a mí. No se trata de manifestar cariño o protección al débil sino de identificarse con él. Al abrazarle, Jesús está manifestando que él y el muchacho forman una unidad, y que si quieren estar cerca de él tienen que identificarse con el insignificante muchacho de los recados, es decir, hacerse servidor de todos. Uno de los significados del verbo griego es preferir. Sería: el que prefiere ser como este niño me prefiere a mí. El que no cuenta, el utilizado por todos pero sirve a los demás, ese es el que ha entendido el mensaje de Jesús y le sigue de verdad.

Y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Este paso es muy importante: acoger a Jesús es acoger al Padre. Identificarse con Jesús es identificarse con Dios. La esencia del mensaje de Jesús consiste en esta identificación. Repito, el mensaje no consiste en que debemos acoger y proteger a los débiles. Se trata de identificarnos con el más pequeño de los esclavos que sirven sin que se lo reconozcan ni le paguen por ello. Esa actitud es la que mantiene Jesús, reflejando la actitud de Dios para con todos.

Después de dos mil años seguimos sin enterarnos. Y además, como los discípulos, preferimos que no nos aclaren las cosas; porque intuimos que no iban a responder a nuestras expectativas. Ni como individuos ni como grupo (comunidad o Iglesia) hemos aceptado el mensaje del evangelio. La mayoría de nosotros seguimos luchando por el  poder que nos permita utilizar a los demás en beneficio propio. Siguen siendo inmensa minoría los que ponen su vida al servicio de los demás y les ayudan a vivir sin esperar nada a cambio.

Hay dos maneras de servir: una es la del que voluntariamente se somete al poderoso para conseguir su favor y aprovechar de alguna manera su poderío. Esto no es servicio sino servidumbre, y lejos de hacer más humana a una persona la envilece. Esta actitud es muy criticada por Jesús. En torno a todo poder despótico pulula siempre una banda de aduladores que hacen posible el despotismo. La diaconía que se desarrolló en la primitiva Iglesia significaba, en su acepción civil, “servir a la mesa”. En cristiano indicaba el servicio a los más necesitados por los que no tenían obligación de hacerlo. Este servicio es el que humaniza.

Si es la esencia del mensaje ¿Por qué ha fracasado estrepitosamente? El domingo dijimos que no podía conocer a Jesús si no me conocía a mí mismo. Dando un paso más decimos hoy que, sin ese conocimiento, es imposible llegar a ser auténtico cristiano. Ahora bien, como llegar a conocerse a sí mismo es muy difícil, la iglesia trató de racionalizar el mensaje con razones externas. Resumiendo mucho, tal vez demasiado, podíamos resumirlo en dos: 1ª Es la voluntad de Dios. 2º Si lo cumples, Dios te premiará, si no lo cumples, te castigará.

A la 1ª hay que decir: esa pretensión es tan etérea y difusa que, con la mayor facilidad, se puede tergiversar y deteriorar sin que tengamos posibilidad de advertirlo. Por otra parte ¿Quién me asegura que esas exigencias son la voluntad de Dios? La 2ª es aún más burda. Bastaría caer en la cuenta de que es la misma técnica que utilizamos los seres humanos para domesticar a los animales: palo o zanahoria. ¡Cómo hemos podido llegar a pensar que Dios nos tiene que tratar como animales para que alcancemos nuestra meta!

Haríamos bien en superar la idea de un Dios antropomórfico con cualidades humanas y motivaciones exactamente iguales a las nuestras. Como no nos han conducido por el camino del conocimiento de nosotros mismos y el Dios que nos habían propuesto es absurdo, los cristianos nos hemos quedado con el culo al aire. Ni somos capaces de descubrir las exigencias del evangelio en lo hondo de nuestro propio ser, ni encontramos razones externas suficientes para que nos motiven. Hemos quedado en la inopia.

 

Meditación

Si me doy a los demás hasta consumirme,

¿Dónde colocaré los adornos (la gloria) que pretendo alcanzar?

Si estoy pensando en mí mismo cuando me doy al otro,

¿Qué clase de entrega estoy llevando a cabo?

En la medida que sirva a los demás sin esperar nada a cambio,

en esa medida me estaré acercando al ideal cristiano.

 

 

 

 

 

 

Urteko 25. igandea – Domingo 25º T.O. José A. Pagola

B (Markos 9,30-37)

Evangelio del 23/septiembre/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

ZERGATIK GARA AHAZTEN HARTAZ?

Jerusalemerako bidean, ikasleei irakaspena ematen jarraitu du Jesusek, espero dion zoriaz. Beste behin esan die gizon-emakumeen esku utziko dutela eta hauek hilko, baina Jainkoak piztuko. Markosek dio «ezin ziotela ulertu baina beldurra ematen ziela galdetzeak». Ez da gauza zaila, hitz hauetan garai guztietako kristauen pobretasuna sumatzea. Ezin ulertu dugu Jesus, eta beldurra ematen digu haren mezuan sakontzeak.

Kafarnaumera iristean, Jesusek galdetu die: «Zein hika-mika zenuten bidean?». Eta ikasleak isilik. Lotsa dira. Markosek esaten digu, beren artean handiena zein ote zen zutela eztabaida, bidean. Benetan, lotsatzekoa da Gurutziltzatuko dutena halako ikasleez inguratua ikustea: halako handinahi zoroa bizi dutenez. Eta zein dugu gaur egun eztabaidagai Elizan, Jesusi jarraiki gabiltzala?

Etxera iristean, irakaspen bat eman nahi die Jesusek. Premiazkoa dute. Hona Jesusen lehen hitzak: «Lehena izan nahi duena, izan bedi guztien artean azkena eta guztien zerbitzaria». Jesusi jarraituz doan taldean, gailendu eta besteak baino handiago izan nahi duenak, azkena behar du izan, guztietan azkena; horrela ikusi ahal izango du zein premia duten, horrela izan ahalko da guztien zerbitzari.

Egiazko handitasuna zerbitzari izatean datza. Jesusentzat, lehena ez da garrantzizko kargua duen bat, baizik eta gainerakoen zerbitzari eta laguntzaile bizi dena. Lehenak,, Elizan, ez dira hierarkak, baizik jende xume hori, bidean aurkitzen duenari lagunduz bizi den hori. Ez ginateke horretaz ahaztu behar.

Jesusen ustez, guztiak besteengan pentsatuz bizi diren pertsonen gune izan beharko luke Elizak. Gure behar handiena lukeen jendeari adi bizi garen elkarte. Ez da Jesusen ameskeria. Harentzat hain garrantzizkoa da hori, non etsenplu bizi bat emango baitie.

Eseri eta dei egin die ikasleei. Gero, haur bat hurbildu eta guztien artean ezarri du, arreta harengan ipin dezaten. Apostolutar Elizaren erdian haur horrek egon beharko luke beti, jende ahul eta ezinduaren sinbolo: sostengu, babes eta arreta-premia dutenen sinbolo. Ez luke egon behar kanpoan, Jesusen Elizaren atarian. Gure arretaren xede izan behar luke.

Ondoren, haurra besarkatu du Jesusek. Ikasleek hori beti gogoan izan dezaten nahi du: ahulekin bat eginik. Eta esan die: «Haur hau bezalako bat nire izenean onartzen duenak, ni neu onartzen nau, eta ni neu onartzen nauenak, ni neu bidali nauena onartzen du».

Begi-bistakoa da Jesusen irakaspena: Jainkoa onartzeko bidea, haren Seme Jesus onartzea da: jende xume, babesgabe, behartsu eta ezinduagan presente dagoen Jesus onartzea. Zergatik gara ahazten horretaz? Zer dugu Elizaren erdian, jada ez badago Jesus txiki direnekin bat egina?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

B (Markos 9,30-37)

Evangelio del 23/septiembre/2018

¿POR QUÉ LO OLVIDAMOS?

Camino de Jerusalén, Jesús sigue instruyendo a sus discípulos sobre el final que le espera. Insiste una vez más en que será entregado en manos de los hombres y estos lo matarán, pero Dios lo resucitará. Marcos dice que «no entendían lo que quería decir, pero les daba miedo preguntarle». No es difícil adivinar en estas palabras la pobreza de muchos cristianos de todos los tiempos. No entendemos a Jesús y nos da miedo ahondar en su mensaje.

Al llegar a Cafarnaún, Jesús les pregunta: «¿De qué discutíais por el camino?». Los discípulos se callan. Están avergonzados. Marcos nos dice que, por el camino, habían discutido sobre quién era el más importante. Ciertamente es vergonzoso ver a Jesús, que camina hacia la cruz, acompañado de cerca por un grupo de discípulos llenos de estúpidas ambiciones. ¿De qué discutimos hoy en la Iglesia mientras decimos seguir a Jesús?

Una vez en casa, Jesús se dispone a darles una enseñanza. La necesitan. Estas son sus primeras palabras:«Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos». En el grupo que sigue a Jesús, el que quiera sobresalir y ser más que los demás ha de ponerse el último, detrás de todos; así podrá ver qué es lo que necesitan y podrá ser servidor de todos.

La verdadera grandeza consiste en servir. Para Jesús, el primero no es el que ocupa un cargo de importancia, sino quien vive sirviendo y ayudando a los demás. Los primeros en la Iglesia no son los jerarcas, sino esas personas sencillas que viven ayudando a quienes encuentran en su camino. No hemos de olvidarlo.

Para Jesús, su Iglesia debería ser un espacio donde todos piensan en los demás. Una comunidad donde estemos atentos a quien más nos pueda necesitar. No es sueño de Jesús. Para él es tan importante que les va a poner un ejemplo gráfico.

Se sienta y llama a sus discípulos. Luego acerca un niño y lo pone en medio de todos para que fijen su atención en él. En el centro de la Iglesia apostólica ha de estar siempre ese niño, símbolo de las personas débiles y desvalidas: los necesitados de acogida, apoyo y defensa. No han de estar fuera, lejos de la Iglesia de Jesús. Han de ocupar el centro de nuestra atención.

Luego Jesús abraza al niño. Quiere que los discípulos lo recuerden siempre así: identificado con los débiles. Mientras tanto les dice: «El que acoge a un niño como este en mi nombre a mí me acoge, y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado».

La enseñanza de Jesús es clara: el camino para acoger a Dios es acoger a su Hijo Jesús presente en los pequeños, los indefensos, los pobres y desvalidos. ¿Por qué lo olvidamos tanto? ¿Qué es lo que hay en el centro de la Iglesia si ya no está ese Jesús identificado con los pequeños?

José Antonio Pagola

 

Domingo 25º ordinario 23 de septiembre – Koinonía

Sab 2,12.17-20: Lo condenaremos a muerte
Salmo 53: El Señor sostiene la vida
Sant 3,16–4,3: Los que trabajan por la paz siembran la paz
Marcos 9, 30-37: El Hijo del hombre va a ser entregado

El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?» Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

COMENTARIO LITÚRGICO

El libro de la Sabiduría recoge la experiencia de los profetas de Israel y nos presenta a la persona «justa» como modelo de sabiduría. El modelo de piedad no lo constituye la persona que hace sacrificios abundantes o que sigue con elegancia y delicadeza todos los pormenores de los ritos litúrgicos. La persona ideal es la que vive la justicia y muestra con sus obras que es posible realizar la voluntad de Dios en este mundo. Pero, aunque éste es el camino auténtico y querido por Dios, no por ello se puede realizar con simplicidad. La oposición no se hace esperar, incluso al interior de la familia o del círculo de amigos. El que tome el camino de la justicia, pronto se dará cuenta que hará el viaje en compañía de pocas personas.

La carta de Santiago nos da una explicación tan sencilla como eficaz de la causa de los conflictos en la comunidad cristiana: la ambición. En efecto, nadie roba, ni asesina, ni arruina la vida ajena, si no está movido por algún tipo de ambición. El deseo de ser más fuerte que los demás, de tener más capacidad económica, de asegurarse esta vida y la otra, no son sino manifestaciones de la ambición. El problema, es que las personas que piensan así, comienzan a ver al resto del mundo como un obstáculo a eliminar o como un puente sobre el cual pasar. Pero, el problema de tales conductas, animadas y patrocinadas por la sociedad, radica en que se constituyen en ideales de vida, incluso de personas que se proclaman como cristianos. La carta de Santiago nos invita a poner todas esas ideas a contraluz y a pasarlas por el inequívoco tamiz del evangelio. La codicia de dinero, prestigio y poder nos puede conducir por un camino sin regreso y nos puede alejar del cristianismo de manera irreversible, aunque nos sigamos considerando cristianos y vayamos a misa todos los días.

En el evangelio de Marcos, el «camino» representa el itinerario de formación de un buen discípulo. Jesús no quiere un grupo de fanáticos que le entonen vivas, sino un grupo de personas responsables capaces de asumir un proyecto. Por esta razón, sus esfuerzos se concentran en la enseñanza de sus seguidores. Pero, la instrucción parte de los desaciertos y de las respuestas erráticas que ellos van dando a lo largo del trayecto hacia Jerusalén.

Jesús debe superar el miedo cultural que invade a sus discípulos y que les impide dirigirse a su «Maestro» con toda confianza. Para esto utiliza una estrategia pedagógica ingeniosa: toma pie en la discusión de los discípulos que estaban concentrados no en su enseñanza, sino en la repartición de los cargos burocráticos de un hipotético gobierno, y reconduce la discusión mediante un ejemplo tomado de la vida diaria. El «niño» era una de las criaturas más insignificantes de la cultura antigua. Por su edad, no estaba en condiciones de participar en la guerra, ni en la política ni en la vida religiosa. Jesús coloca a uno de los pequeños en medio, y muestra cómo el presente y el futuro de la comunidad está en colocar en el centro no las propias ambiciones, sino las personas más postergadas y simples. Sólo así se revierte el sistema social de valores. Y sólo así, la comunidad es una alternativa ante el «mundo», que ya sabe poner en el centro a las personas adineradas. La novedad de Jesús consiste en hacer grande lo pequeño, lo doméstico e insignificante.

Eso que Jesús revelaba –con una paradoja– era muy serio: Jesús identificaba su propia suerte y la de Dios con la suerte de los niños, los que no tienen derechos ni quién mire por ellos, los últimos, los despreciados, los no tenidos en cuenta. Porque en realidad todo él se identificaba con ellos: se había puesto de su lado, había asumido su causa como propia. Por eso decía que todo servicio hecho a ellos se le hacía a él mismo y, en definitiva, al Dios Padre de todos. Nuevamente ponía la jerarquía de valores de la sociedad al revés o, mejor, al derecho, «como Dios manda». Una sociedad que mira sólo por los de arriba –o en la que las decisiones que se toman sólo miran a favorecer a los que están arriba– no está en el orden que Dios quiere, no garantiza ni la Utopía ni la Vida.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 36, «Tan pequeño como Mingo», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:https://radialistas.net/36-tan-pequeno-como-mingo