Domingo 34º (B) «CRISTO REY» Fray Marcos

(Dn 7,13-14) “Yo vi una especie de hombre… A él se le dio poder, honor y reino.”

(Ap 1,5-8) “nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios su Padre.”

(Jn 18,33-37) “Soy rey. Yo para eso he nacido: para ser testigo de la verdad”.

  • Serás rey de ti mismo si despliegas las exigencias de tu verdadero ser.

Es muy importante que tengamos una pequeña idea del momento y el por qué motivo se instituyó esta fiesta. Fue Pío XI en 1925, cuando la Iglesia estaba perdiendo su poder y su prestigio acosada por la modernidad. Con esta fiesta se intentó recuperar el terreno perdido ante un mundo secular, laicista y descreído. En la encíclica se dan las razones para instituir la fiesta: “recuperar el reinado de Cristo y de su Iglesia”. Para un Papa de aquella época, era inaceptable que las naciones hicieran sus leyes al margen de la Iglesia.

Ha sido para mí una gran alegría y esperanza el descubrir en una homilía sobre esta fiesta del papa Francisco, una visión mucho más de acuerdo con el evangelio. Pio XI habla de recuperar el poder de Cristo y de su Iglesia. El papa Francisco habla, una y otra vez, de Jesús poniéndose al servicio de los más desfavorecidos. No se trata de un cambio de lenguaje sino de la superación de la idea de poder en el que la Iglesia ha vivido durante tantos siglos. El cambio debía ser aceptado y promovido por todos los cristianos.

El contexto del evangelio que hemos leído, es el proceso ante Pilato, a continuación de las negaciones de Pedro, donde queda claro, que Pedro ni fue rey de sí mismo ni fue sincero. Es muy poco probable que el diálogo sea histórico, pero nos está transmitiendo lo que una comunidad muy avanzada de finales del s. I pensaba sobre Jesús. Dos breves frases puestas en boca de Jesús nos pueden dar la pauta de reflexión: “mi Reino no es de este mundo” y “yo para eso he venido, para ser testigo de la verdad.

¿Qué significa un Reino, que no es de este mundo? Se trata de una expresión que no podemos “comprender” porque todos los conceptos que podemos utilizar son de este mundo. ¿En qué estamos pensando los cristianos cuando, después de estas palabras, nombramos a Cristo rey, no solo del mundo sino del universo? Con el evangelio en la mano no es fácil justificar el poder absoluto que la Iglesia ha ejercido durante siglos.

Tal vez encontremos una pista en la otra frase: “he venido para ser testigo de la verdad”. Pero solo si no entendemos la verdad como verdad lógica (adecuación de una formulación racional a la realidad) sino entendiéndola como verdad ontológica, es decir, como la adecuación de un ser a lo que debe ser según su naturaleza. Jesús siendo auténtico, siendo verdad, es verdadero Rey. Pero lo que le pide su verdadero ser (Dios) es ponerse al servicio de todo aquel que le necesite, no imponer nada a los demás.

No se trata de morir por defender una doctrina. Se trata de morir por el hombre. Se trata de dar testimonio de lo que es el hombre en su verdadera realidad. El “Hijo de hombre” (único título que Jesús se aplica a sí mismo), nos da la clave para entender lo que pensaba de sí mismo. Se considera el hombre auténtico, el modelo de hombre, el hombre acabado, el hombre verdad. Su intención es que todos lleguen a identificarse con él. Jesús es la referencia para el que quiera manifestar la verdadera calidad humana.

Poco después del párrafo que hemos leído, Pilato saca afuera a Jesús, después de ser azotado, y dice a la multitud: “Este es el hombre”. Jesús no solo es el modelo de hombre, sino que exige a sus seguidores que demuestren con su vida, que responden al modelo que ven en él. Jesús dice: “soy rey”, no: soy el rey. Indicando así que todo el que se identifique con él, será también rey. Esa es la meta que Dios quiere para todos los seres humanos. Rey de poder solo puede haber uno. Reyes servidores debemos ser todos. No se trata de que un hombre reine sobre otro, sino de un Reino donde todos se sientan reyes.

Cuando los hebreos (nómadas) entran en contacto con la gente que vivía en ciudades, descubren las ventajas de aquella estructura social y piden a Dios un rey. Esto fue interpretado por los profetas como una traición (el único rey de Israel es Dios); pero al final tienen que ceder. El rey era el que cuidaba de una ciudad o un pequeño grupo de pueblos. Tenía la responsabilidad de que hubiera orden en las relaciones sociales. Les defendía de los enemigos, se preocupaba de los alimentos, impartía justicia… El Mesías esperado siempre respondió a esta dinámica materialista. Los primeros cristianos no pudieron aceptar un cambio tan radical como el que Jesús les proponía y siguieron con el Mesías glorioso.

Solo en este contexto podemos entender la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios. Sin embargo, el contenido que él le da, es más profundo. En tiempo de Jesús, el futuro Reino de Dios se entendía como una victoria del pueblo judío sobre los gentiles y una victoria de los buenos sobre los malos. Jesús predica un Reino de Dios muy distinto; un Reino del que nadie va a quedar excluido, y del que forman parte las prostitu­tas, los pecadores, los marginados. También los gentiles están llamados, pero muchos judíos se quedarán fuera. El Reino que Jesús anuncia no tiene nada que ver con las expectativas de los judíos de la época. Por desgracia tampoco tiene nada que ver con las expectativas de los cristianos hoy.

Hay otros datos que pueden darnos luz. Jesús, en el desierto, percibió el poder como una tentación: “Te daré todo el poder de estos reinos y su gloria”. En Jn, después de la multiplicación de los panes, la multitud quiere proclamarle rey, pero él se escapa a la montaña, él solo. Toda la predicación de Jesús gira entorno al “Reino”; pero no se trata de un reino suyo, sino de “el Reino de Dios”. Jesús nunca se propuso él mismo como objeto de su predicación. Es un error confundir el “reino de Dios” con el reino de Jesús. Mayor disparate es querer identificarlo con el poder de la Iglesia, que es lo que pretendió la fiesta.

La característica fundamental del Reino predicado por Jesús es que ya está aquí, aunque no se identifica con las realidades mundanas. No hay que esperar a un tiempo escatológico, sino que ha comenzado ya. «No se dirá, está aquí o está allá, porque mirad: el reino de Dios está dentro de vosotros”. No se trata de preparar un reino para Dios, se trata de un reino que es Dios. Cuando decimos “reina la paz”, no estamos diciendo que la paz tenga un reino. Se trata de hacer presente a Dios entre nosotros, siendo lo que tenemos que ser. No es un reino de personas físicas, sino de actitudes vitales.

¿Es éste el sentido que le damos a la fiesta? Cualquier connotación que el título tenga con el poder, tergiversa el mensaje de Jesús. Una corona de oro en la cabeza y un cetro de brillantes en las manos de Jesús, son mucho más denigrantes que la corona de espinas y la caña que le pusieron los soldados. Si no nos damos cuenta de esto, es que estamos proyectando sobre Dios y sobre Jesús nuestros propios anhelos de poder. Ni el “Dios todopoderoso” ni el “Cristo del Gran Poder” tienen absolutamente nada que ver con el evangelio. El Dios de Jesús es el “Abba”, padre y madre que cuida de nosotros.

Hace unos domingos nos decía Jesús que el que quiera ser primero, sea el último y el que quiera ser grande, sea el servidor. Ese afán de identificar a Jesús con el poder y la gloria, ¿no será una manera de justificar nuestro afán de poder y de estar por encima de los demás? Nuestro yo, creado y sostenido por la razón, no ve más futuro que potenciarse al máximo. Como no nos gusta lo que dice Jesús, tratamos por todos los medios de hacerle decir lo que a nosotros nos interesa. Eso es lo que siempre hemos hecho con la Escritura.

Meditación

Jesús está hablando de la autenticidad de su ser,

Falso es todo aquello que aparenta ser lo que no es.

Ser Verdad es ser lo que somos sin falsearlo.

El objetivo de tu vida, es descubrir tu verdadero ser

 y manifestarlo en todo momento.

Urteko 34. igandea – Domingo 34º T.O. José A. Pagola

B (Joan 18,32-37)

Evangelio del 25/noviembre/2018

por Coordinador – Mario González Jurado  

 

GAUZA ERABAKIGARRIA

Jesusen kontrako auzia, Jerusalemera etortzean, Pilako bizi ohi zen jauregian burutu zen segur aski. Han daude 30. urteko apirilaren goiz batean akusatu babesgabe bat, Jesus izenekoa, eta Erromako inperio-sistema boteretsuaren ordezkari bat.

Joanen ebanjelioak bien arteko hizketa dakar. Izatez, galdaketa bat baino gehiago, Jesusen hitzaldi bat dela ematen du, ebanjelariarentzat axola handiko diren gai batzuk argitzeko. Halako une batean, aldarrikapen ospetsu hau egin du Jesusek: «Honetarako jaioa naiz ni eta honetarako etorria mundura: egiaren lekuko izatera. Egiarena den orok entzuten du nire ahotsa».

Baieztapen honek Jesusen ibilbide profetikoa definitzen duen oinarrizko ezaugarria adierazten du: Jainkoaren egian bizitzeko Jesusek agertu duen gogoa. Jesusek, egia esan ez ezik, egia bilatzen du, eta, soilik, bere seme-alaba guztientzat mundu gizakoiago bat nahi duen Jainkoaren egia da.

Horregatik hitz egiten du Jesusek aginpidez, baina sasi-agintekeriarik gabe. Egiati mintzo da, baina dogmatismorik gabe. Ez da mintzo beren egia ezarri nahi izaten duten fanatikoak bezala. Ezta, hartan sinetsi gabe, derrigor defendatzen duten funtzionarioak bezala ere. Ez da sentitzen Jesus egiaren zaindari, baizik lekuko.

Jesusek ez du hartu Jainkoaren egia propagandatzat. Ez du hartu bere probetxurako, baizik eta behartsuen defentsarako. Ezin jasan du gezurra edo zuzengabekeria ezkutatzea. Ezin jasan du manipulazioa. Jesus, horrela, «ahotsik gabekoen ahots, eta ahots ozenegia dutenen aurkako ahots» (Jon Sobrino) bihurtu da.

Inoiz baino beharrezkoagoa da ahots hau, krisialdi ekonomiko larri batek harrapatua duen gizarte honetan. Egia ezkutatzea, finantza-botereen jardueraren eta halako horien eskakizunen mende jokatzen duten politikoen oinarri sendoenetako bat da. Krisialdia gezurretan biziarazi nahi digute.

Ahalegin guztia egiten dute, krisialdia bereziki eragin dutenen erantzukizuna ezkutatzeko, eta era zitalean egiten diote ezikusiarena biktima ahulenen eta babesgabeenen sufrimenduari. Premia larrikoa da krisialdi hau gizakoi egitea, arretaren zentrotzat sufritzen dutenen egia hartuz, lehen-lehenengo arreta halakoen egoerari, gero eta larriagoari, eskainiz.

Guztiei eskatzen ahal zaien lehen egia da hori, gizatasun gabeko izan nahi ez badugu. Beste guztien aurreko datua da. Ezin ohitu gara gizarte-zokoratzera eta jenderik ahulena jotzen duen etsipenera. Jesusi jarraitu nahi diogunok entzun beharra dugu haren ahotsa eta, senez bezala, azkenak diren alde jaiki beharra. «Egiarena den orok entzuten du nire ahotsa».

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

LO DECISIVO

El juicio contra Jesús tuvo lugar probablemente en el palacio en el que residía Pilato cuando acudía a Jerusalén. Allí se encuentran una mañana de abril del año 30 un reo indefenso llamado Jesús y el representante del poderoso sistema imperial de Roma.

El evangelio de Juan relata el diálogo entre ambos. En realidad, más que un interrogatorio parece un discurso de Jesús para esclarecer algunos temas que interesan mucho al evangelista. En un determinado momento, Jesús hace esta solemne proclamación: «Yo para esto nací y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que pertenece a la verdad escucha mi voz».

Esta afirmación recoge un rasgo básico que define la trayectoria profética de Jesús: su voluntad de vivir en la verdad de Dios. Jesús no solo dice la verdad, sino que busca la verdad, y solo la verdad de un Dios que quiere un mundo más humano para todos sus hijos.

Por eso Jesús habla con autoridad, pero sin falsos autoritarismos. Habla con sinceridad, pero sin dogmatismos. No habla como los fanáticos, que tratan de imponer su verdad. Tampoco como los funcionarios, que la defienden por obligación, aunque no crean en ella. No se siente nunca guardián de la verdad, sino testigo.

Jesús no convierte la verdad de Dios en propaganda. No la utiliza en provecho propio, sino en defensa de los pobres. No tolera la mentira o el encubrimiento de las injusticias. No soporta las manipulaciones. Jesús se convierte así en «voz de los sin voz, y voz contra los que tienen demasiada voz» (Jon Sobrino).

Esta voz es más necesaria que nunca en esta sociedad atrapada en una grave crisis económica. La ocultación de la verdad es uno de los más firmes presupuestos de la actuación de los poderes financieros y de la gestación política sometida a sus exigencias. Se nos quiere hacer vivir la crisis en la mentira.

Se hace todo lo posible para ocultar la responsabilidad de los principales causantes de la crisis y se ignora de manera perversa el sufrimiento de las víctimas más débiles e indefensas. Es urgente humanizar la crisis poniendo en el centro de atención la verdad de los que sufren y la atención prioritaria a su situación cada vez más grave.

Es la primera verdad exigible a todos si no queremos ser inhumanos. El primer dato previo a todo. No podemos acostumbrarnos a la exclusión social y la desesperanza en que están cayendo los más débiles. Quienes seguimos a Jesús hemos de escuchar su voz y salir instintivamente en defensa de los últimos. Quien es de la verdad escucha su voz.

José Antonio Pagola

 

Domingo 34º ordinario 25 de noviembre – Koinonía

 

Dn 7,13-14: Su dominio es eterno
Salmo 92: El Señor reina vestido de majestad
Ap 1,5-8: Él hizo de nosotros un reino de su Padre
Jn 18,33b-37: Tú lo dices: ¡Soy rey!

Juan 18, 33b-37

Tú lo dices: soy rey

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?» Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» Jesús le contestó:

«Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.» Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?» Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»

COMENTARIO LITÚRGICO

Problemática pastoral concreta de la festividad de Cristo Rey

Vamos a comenzar removiendo obstáculos, porque hay problemas respecto a los posibles significados de esta fiesta. Veamos algunos:

  1. a) El origen de esta fiesta

Esta fiesta fue establecida en un contexto anterior al Vaticano II, en 1925, por Pío XI, y con un espíritu muy cercano al de cristiandad, cuando el Vaticano expresaba claramente su deseo de que el cristianismo fuera la religión oficial de los Estados cristianos. Al confesar a Cristo como Rey universal se quería con ello vehicular el deseo de que también la Iglesia fuese testigo y participante ya aquí en la tierra de esa realeza: una realeza de Cristo reconocida, redundaba inevitablemente en una Iglesia respetada, favorecida por el Estado, con alto estatus en la sociedad, fuerte y organizada, que, aunque no podía ya revestirse de poder político, al menos podía participar de él por una relación estrecha y armoniosa con los poderes públicos. Durante mucho tiempo, el título de «Cristo Rey», el «reinado social del Corazón de Jesús»… incluyeron esos aspectos de auto-encumbramiento de la Iglesia, olvidando que la práctica de Jesús de Nazaret fue muy distinta, incluso totalmente contraria.

  1. b) El concepto de Reino monárquico.

El Reino, las monarquías, no son hoy día la forma más frecuente de organización sociopolítica. La mayor parte de los países son repúblicas, de diferentes rostros, y los reinos o monarquías que persisten, ya no lo son en su forma clásica, sino en adaptaciones a la cultura política actual (por ejemplo las monarquías «parlamentarias») que niegan en el fondo la esencia misma de lo que era un «reino» (pues ahora «el rey reina pero no gobierna»… ya no es lo que fue).

Aun siendo conscientes de la limitación inevitable que todo lenguaje teológico tiene por su misma naturaleza analógica, figurada, simbólica, apofática… cada vez más se viene insistiendo en que la palabra «reino» no sería ya la más adecuada para expresar la utopía bíblico-mesiánica del «Reinado de Dios» del que hablaron los profetas y Jesús, porque a la altura actual de la historia, la palabra «Reino» ya no expresa una forma de organización sociopolítica deseable para los humanos. Cada vez se evidencia más la dificultad de hablar de Dios (y de Cristo) como «rey», y de su proyecto escatológico como un «reino». ¿Estamos seguros de que un reino, una monarquía, puede ser hoy una analogía del “Reino de Dios” realizado? La realización del reino de Dios, ¿no exigiría la superación de muchos aspectos de lo que es una monarquía, un “reino”? ¿Acaso una comunidad cristiana puede ser comparada con un «reino», con una «monarquía»? ¿Y una familia?

Pablo Suess propuso hace tiempo la expresión «democracia participativa del RD»… para corregir la evocación que el término clásico Reino conlleva. Es bueno aludir con frecuencia a esa insuficiencia de la expresión clásica, para hacer caer en la cuenta a los oyentes, y para liberar al significado (el Reino mismo, la Utopía de Jesús) de las limitaciones del significante (una palabra no completamente adecuada, Reino, malkuta).

En vez de hablar del «Reino» de Dios, puede ser mejor hablar del Proyecto, de la Utopía de Dios…: queremos «construir la Democracia de Dios, o la Biocracia… cósmica, pluralista, inclusiva, y por eso, amorosa, encarnación viva del Dios de los mil rostros, colores, géneros, culturas, etnias, sentidos…».

  1. c) Connotación de género en la palabra «Reino».

Es útil saber que en el ámbito de la teología feminista anglófona se rechaza también la expresión (God’s Kingdom), a causa de su machismo larvado (kingdom alude directamente a king, no a queen…). En castellano no tenemos ese problema en esta expresión, pero el saber que existe en lenguas vecinas es bueno y nos ayuda a prevenirlo también en otras áreas del discurso.

Los grandes temas de la fiesta de hoy y de la semana

Hay varios grandes temas que podrían servir para orientar la reflexión de la homilía o la reflexión del círculo bíblico o la comunidad cristiana en torno a los textos de este domingo. Habrá que elegir entre ellos. Aquí sólo los apuntamos:

  1. a) El Reino de Dios, como contenido del mensaje de Jesús.

Jesús nunca se proclamó Rey: nada más lejos de Él. Lo que Jesús hizo fue ponerse al servicio total del Reino, de forma que éste fue el centro mismo de su predicación y de su vida, la Causa por la que dio la vida. Importa pues hacer honor a la identidad verdadera de Jesús: Él no fue rey, ni lo quiso ser nunca, por mucho que algunos cristianos crean que llamándolo así lo honran… La intención puede ser buena, pero el título que de hecho se le atribuye no podría ser de su agrado.

Jesús habló del Reino, fue su servidor y su mensajero, pero sus seguidores se olvidaron del Reino. y lo constituyeron a él como el Reino mismo, como el Rey… El mensaje fue sustituido por el mensajero. Jesús nos indicaba el Reino, como la Causa por la que estaba apasionado y por la que dio su vida, y un buen grupo de seguidores se olvidaron de esa causa, y se enamoraron de Jesús. Es preciso volver a Jesús, y su Causa…

Para hablar concretamente del Reino es bueno reparar en el texto del prefacio de esta fiesta, que da una «descripción» muy plástica de su contenido. Esa idea fue recogida en el conocido estribillo del Salmo 71 del compositor Manzano, que dice: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia… es Paz… es Gracia… es amor, ¡venga a nosotros tu Reino, Señor». Bien glosada, y debidamente justificada esa perspectiva teológica, puede ser un buen guión para la homilía. Y no debería faltar ese canto en la celebración de hoy.

  1. b) La relación entre cristocentrismo y reinocentrismo.

Una cierta interpretación de esta fiesta –muy común por lo demás en el cristianismo en general– propicia un cristocentrismo exagerado, absoluto, que no hace justicia a la verdad de la revelación, al mensaje real de Jesús, a lo que Jesús realmente dijo, no a lo que después dijeron que había dicho. Importa pues pastoralmente discernir una «correcta jerarquía de valores», que la teología de la liberación fue la primera que dio en llamar «reinocentrismo», con tal fuerza de persuasión, que no hay teología ni espiritualidad honesta que se puedan resistir.

  1. c) El mesianismo de Jesús.

La aclamación o la espera de Jesús como Rey se dio en el contexto del mesianismo: se esperaba un liberador. Hoy la postración es tal que ni siquiera se espera nada, pudiendo hacer de la aclamación de Jesús como Rey algo bien alejado de lo que el mesías supuso realmente para los que lo esperaron.

  1. d) La dimensión escatológica: el final de los tiempos, nuestro ineludible caminar en la historia, el «juicio final»…

El final del año litúrgico nos hace tematizar en nuestra reflexión el final mismo de la historia, y el final también de nuestras vidas personales. Pero ya en un contexto mental diferente, en el que sabemos que nuestra aventura humana no es la razón del cosmos, que el mundo no acabará el día que Dios decida acabar el ciclo de la humanidad y pasar a la vida eterna, y que no se trata de que estemos aquí para una prueba que se verificará en el día del juicio final, tras lo cual iríamos al cielo o al infierno…

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 100 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El juicio de las naciones». El audio, el guion y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/100-el-juicio-de-las-naciones/

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 89 (5 minutos de entrevista con Jesús que vuelve a la Tierra), titulado «¿Fin del mundo?», relacionado con el escenario en el que transcurre la imagen del evangelio de este domingo; puede ser recogido en:https://radialistas.net/89-fin-del-mundo/

Escatología – Fray Marcos

(Dn 12,1-13) «Entonces se salvará tu pueblo, todos los inscritos en el libro.»

(He 10,11-18) “Donde hay perdón, no hay ofrenda por los pecados.”

(Mc 13,24-32) «Cuando veáis suceder esto, sabed que él esta cerca, a la puerta.»

Lo que fui y lo que soy, es lo que siempre seré. Mi tarea es descubrirlo

Estamos en el capítulo 13 de Mc, dedicado todo él al discurso escatológico. Este capítulo hace de puente entre la vida de Jesús y la Pasión. Los tres sinópticos relatan un discurso parecido, lo cual hace suponer que algo tiene que ver con el Jesús histórico. Pero las diferencias entre ellos son tan grandes que presupone también una elaboración de las primeras comunidades. Es imposible saber hasta qué punto Jesús hizo suyas esas ideas.

Estamos ante una manera de hablar que no nos dice nada hoy. No se trata solo del lenguaje como en otras ocasiones. Aquí son las ideas las que están trasnochadas y no admiten ninguna traducción a un lenguaje actual. Tanto en el AT como en el NT, el pueblo de Dios está volcado sobre el porvenir. Israel se encuentra siempre en tensión hacia la salvación que ha de venir y nunca llega. Desde Abrahán, a quien Dios dice: «sal de tu tierra», pasando por el éxodo hacia la tierra prometida y terminando por la espera del Mesías definitivo, Israel vivió siempre esperando que Dios les diera lo que echaba en falta.

Los profetas se encargaron de mantener viva esta expectativa de salvación futura y total. En principio, el día de esa salvación debía ser un día de alegría, de felicidad, de luz; pero a causa de las infidelidades los profetas empiezan a anunciarlo como día de sufrimiento, de tinieblas. Será el día de Yahvé (dies irae dies illa) en que castigará a los infieles y salvará al resto. Pero ni siquiera este mito fue original del judaísmo. La idea del premio y el castigo por parte de Dios ya existía en muchas culturas y religiones circundantes.

La apocalíptica es una actitud vital y un género literario. La palabra significa “desvelar”. Escudriña el futuro partiendo de la palabra de Dios. Nace en los ambientes sapienciales y desciende del profetismo. Desarrolla una visión pesimista del mundo, que no tiene arreglo; por eso tiene que ser destruido y sustituido por otro de nueva creación. Invita no a cambiar el mundo sino a evitarlo. El mundo futuro no tendrá ninguna relación con el presente. El objetivo es alentar a la gente en tiempo de crisis para que aguante el chaparrón.

 Escatología, procede de la palabra griega «esjatón», que significa “lo último”. Su origen es también la palabra de Dios y su objetivo descubrir lo que va a suceder al final de los tiempos, pero no por curiosidad sino para acrecentar la confianza. El futuro está en manos de Dios y llegará como progresión del presente, que también está en manos de Dios y es positivo a pesar de todo. Este mundo no será consumido sino consumado. Dios salvará un día definitiva­mente, pero esa salvación ya ha comenzado aquí y ahora.

Para la escatología, Dios es el dueño absoluto del universo y de la historia. El hombre puede malograr la creación, pero no puede volver a enderezarla. Solo Dios puede salvarla. Al superar la idea del dios intervencionista se nos plantea un dilema: por una parte sabemos que Dios no tiene pasado ni futuro, sino que está en la eternidad. Por otro lado, el hombre no puede entender nada que no esté en el tiempo y el espacio. Meter a Dios en el tiempo para poderlo entender es un disparate. Sacar al hombre del tiempo y el espacio, es imposible.

En tiempo de Jesús se creía que esa intervención definitiva iba a ser inminente. En este ambiente se desarrolla la predica­ción de Juan Bautista y de Jesús. También en la primera comunidad cristiana se vivió esta espera de la llegada inmediata de la parusía. Solamente en los últimos escritos del NT es ya patente un cambio de actitud. Al no llegar el fin, se empieza a vivir la tensión entre la espera del fin y la necesidad de preocuparse de la vida presente. Se sigue esperando el fin, pero la comunidad se prepara para la permanen­cia.

Hasta aquí hemos intentado explicar la salvación desde una visión mítica que ha durado miles y miles de años. Ahora vamos a situarnos en el nuevo paradigma en el que nos movemos hoy y desde el que comprendemos el mundo. Sabemos con absoluta certeza que no puede haber conciencia individual sin la base de un cerebro sano y activado. ¿Cómo podemos seguir aceptando una salvación para cuando no quede ni una sola neurona operativa? ¡Piensa! Y piensa por tu cuenta, no sigas tragándote el pienso que otro ha preparado para ti, no sin antes haberte puesto orejeras para que la realidad no te espante.

Hoy sabemos que el tiempo y el espacio son productos de la mente. ¿Qué sentido puede tener el hablar de tiempo y espacio cuando ya no haya mente? Hablar de un cielo o infierno más allá de este mundo no tiene ningún sentido. Hablar de un “día del juicio”, cuando no haya tiempo ni espacio, es un contrasentido. No hay inconveniente en seguir empleando ese lenguaje, pero sin olvidar que se trata de un lenguaje simbólico y no de realidades objetivas. En el lenguaje corriente seguimos diciendo: al salir el sol. Pero todos sabemos que no sale.

No esperes más a salir de una mitología que nos ha mantenido pasmados durante tanto tiempo. Ni Dios tiene que cambiar nada ni Jesús tiene que volver al final de los tiempos a rematar su obra. Esperar que el bien triunfe sobre el mal supone no solo que existe el mal y el bien (maniqueísmo), sino que sabemos perfectamente lo que es bueno y lo que es malo y pretendemos, como en el caso de Adán y Eva, ser nosotros los que decidamos.

Todos los seres humanos que han vivido una experiencia cumbre han experimentado la verdadera salvación que consiste en una conciencia clara de lo que son. Para alcanzar esa plenitud no se necesita ningún añadido a lo que ya es el hombre ni quitarle nada de lo que tiene. Desde esta perspectiva no necesitaríamos un Ser supremo que nos quite lo que no nos gusta y nos dé todo aquello que creemos necesitar y no tenemos. Tú lo eres todo. Estás ya en la plenitud de ser y puedes vivir lo absoluto que hay en ti.

No tienes que esperar ninguna salvación que te vendan de fuera, porque ahora mismo estás absolutamente salvado. La plenitud está en ti y estás ya totalmente en ella. Solo tienes que tomar conciencia de lo que eres y vivirlo. Todo está en ti en el momento presente. Nadie te puede añadir nada ni quitar nada de lo que te es esencial. En ningún momento futuro tendrás más posibilidades de ser tú mismo que en este precioso instante. Eres ya uno con todo en el instante presente y no hay ningún otro instante que pueda añadir nada a lo que ya eres. Ni Dios puede añadir nada porque se te ha dado Él.

Todo miedo y ansiedad debe desaparecer de tu vida, porque todas tus expectativas están ya cumplidas y sin ninguna limitación posible. Si echas en falta algo es que aún estás en tu falso ser y pesa más lo accidental que lo esencial. Ningún tiempo pasado fue mejor y ningún tiempo futuro puede ser mejor que el ahora. Lo que te ha pasado, lo que te pasa y lo que te pasará es lo mejor que te puede pasar. Deja de dar valor a las circunstancias positivas y deja de temer las adversas. Descubre lo que eres en esencia y vívelo.

Todo el que te prometa una salvación para mañana o para después de tu muerte te está engañando. Si alguien te convence de que eres una mierda y tiene que venir alguien a sacarte de tus miserias, te está engañando. Aquí y ahora puedes descubrir en ti una absoluta plenitud y alcanzar la felicidad sin límites. No esperes a mañana porque mañana estarás en las mismas condiciones y volverás a decir lo mismo. Muchos seres humanos lo han conseguido a través de la historia. ¿Por qué no lo vas a conseguir tú.

 

Meditación

La realidad que todos vemos por igual

está diciendo cosas distintas a cada uno.

El ser humano tiene que aprender a ver

mucho más de lo que le entra por los ojos.

La verdadera realidad hay que descubrirla.

 

Urteko 33. igandea – Domingo 33º T.O. José A. Pagola

 

Urteko 33. igandea – Domingo 33º T.O. José A. Pagola

Foto

B (Markos 13,24-32)

Evangelio del 18/noviembre/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

INORK EZ DU EGUN HAREN BERRI

Hizkuntza apokaliptikoa, munduaren azkenaz irudi eta baliabide sinbolikoez eraikia den hori, aspaldiko urteetan baino hobeto ezagutzera iritsi gara. Jesusen esperantzazko mezua entzuteko modua ematen digu horrek gaur egun, jendearen bihotzean estutasuna eta izua ereiteko tentazioan erori gabe.

Gizakiak lurrean bizi duen historia zirraragarriak bere azkena joko du egun batean. Horixe da Jesusen konbentzimendu irmoa. Horixe da gaur egungo zientziaren aurreikuspena ere. Mundua ez da betiko. Bizitza hau bukatuko da. Zertan geldituko dira gure borrokak eta lanak, gure ahaleginak eta ametsak?

Neurritsu mintzatu da Jesus. Ez du elikatu nahi inolako jakin-min gaixotirik. Errotik moztu du kalkuluekin, datekin edo epeekin espekulatzeko edozein ahalegin. «Inork ez daki, ez eguna, ez ordua…, Aitak soilik». Inolako psikosirik ez azkenaren inguruan. Esku onetan dago mundua. Ez goaz kaosera. Fida gaitezke Jainkoaz, geure Kreatzaile eta Aitaz.

Erabateko konfiantza honetatik, bere esperantza adierazi du Jesusek: oraingo kreazio hau bukatuko da, baina kreazio berri bati lekua uzteko izango da, erdigunetzat Kristo berpiztua izango duen kreazio berri bati. Sinestekoa al da horrelako gauza handios bat? Hitz egin al genezake horrela ezer gertatu aurretik?

Guztiek uler ditzaketen irudietara jo du Jesusek. Gaur egun lurra argitzen eta bizitza posible egiten duten eguzkia eta ilargia itzaliko dira egun batean. Mundua ilun geldituko da. Gizadiaren historia ere itzaliko ote da? Horrela bukatuko ote dira gure esperantzak ere?

Markosen bertsioaren arabera, gau horren baitan ikusi ahal izango da «Gizonaren Semea», hau da, Kristo berpiztua, «aginte eta aintza handiz» etorriko baita. Dena argituko du haren argi salbatzaileak. Hura izango da mundu berriaren erdigune, betiko eraberritua izango den gizadiaren hasiera.

Badaki Jesusek ez dela gauza erraza beraren hitzetan sinestea. Nola proba dezake gauzak horrela gertatuko direla? Xumetasun harrigarri batez, bizitza udaberri bailitzan bizitzera gonbidatu gaitu. Guztiek ezagutzen dute esperientzia: neguan hila zirudien bizitza esnatzen hasten da; pikondoaren adarretan hosto txiki berriak jaiotzen dira. Guztiek dakite uda hurbil dela.

Orain ezagutzen dugun bizitza hau udaberria bezalako da. Artean ezin dugu uztarik bildu. Ezin eskuratu dugu behin betiko lorpenik. Baina badira bizitza ernetzen ari delako seinale txiki batzuk. Mundu hobeago baten alde egindako gure ahaleginak ez dira alferrik galduko. Inork ez du egun haren berri, baina etorriko da Jesus. Hura etortzearekin argituko da fededunek Jainkoa deitzen dugun errealitatearen azken misterioa. Gure historia liluragarri hau bere betera iritsiko da.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

B (Markos 13,24-32)

Evangelio del 18/noviembre/2018

NADIE SABE EL DÍA

El mejor conocimiento del lenguaje apocalíptico, construido de imágenes y recursos simbólicos para hablar del fin del mundo, nos permite hoy escuchar el mensaje esperanzador de Jesús sin caer en la tentación de sembrar angustia y terror en las conciencias.

Un día, la historia apasionante del ser humano sobre la tierra llegará a su final. Esta es la convicción firme de Jesús. Esta es también la previsión de la ciencia actual. El mundo no es eterno. Esta vida terminará. ¿Qué va a ser de nuestras luchas y trabajos, de nuestros esfuerzos y aspiraciones?

Jesús habla con sobriedad. No quiere alimentar ninguna curiosidad morbosa. Corta de raíz cualquier intento de especular con cálculos, fechas o plazos. «Nadie sabe el día o la hora…, solo el Padre». Nada de psicosis ante el final. El mundo está en buenas manos. No caminamos hacia el caos. Podemos confiar en Dios, nuestro Creador y Padre.

Desde esta confianza total, Jesús expone su esperanza: la creación actual terminará, pero será para dejar paso a una nueva creación, que tendrá por centro a Cristo resucitado. ¿Es posible creer algo tan grandioso? ¿Podemos hablar así antes de que nada haya ocurrido?

Jesús recurre a imágenes que todos pueden entender. Un día el sol y la luna que hoy iluminan la tierra y hacen posible la vida se apagarán. El mundo quedará a oscuras. ¿Se apagará también la historia de la humanidad? ¿Terminarán así nuestras esperanzas?

Según la versión de Marcos, en medio de esa noche se podrá ver al «Hijo del hombre», es decir, a Cristo resucitado, que vendrá «con gran poder y gloria». Su luz salvadora lo iluminará todo. Él será el centro de un mundo nuevo, el principio de una humanidad renovada para siempre.

Jesús sabe que no es fácil creer en sus palabras. ¿Cómo puede probar que las cosas sucederán así? Con una sencillez sorprendente invita a vivir esta vida como una primavera. Todos conocen la experiencia: la vida que parecía muerta durante el invierno comienza a despertar; en las ramas de la higuera brotan de nuevo pequeñas hojas. Todos saben que el verano está cerca.

Esta vida que ahora conocemos es como la primavera. Todavía no es posible cosechar. No podemos obtener logros definitivos. Pero hay pequeños signos de que la vida está en gestación. Nuestros esfuerzos por un mundo mejor no se perderán. Nadie sabe el día, pero Jesús vendrá. Con su venida se desvelará el misterio último de la realidad, que los creyentes llamamos Dios. Nuestra historia apasionante llegará a su plenitud.

José Antonio Pagola

 

Domingo 33º ordinario 18 de noviembre – Koinonía

Dn 12,1-3: Por aquel tiempo se salvará tu pueblo
Salmo 15: Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Heb 10,11-14.18: Cristo ofreció un solo sacrificio
Mc 13,24-32:  Reunirá a sus elegidos

Marcos 13, 24-32

Reunirá a los elegidos de los cuatro vientos.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

COMENTARIO LITÚRGICO

Cercanos ya al final del año litúrgico, la liturgia de hoy nos presenta a través de la lectura del libro de Daniel y del evangelio, textos relativos al final de los tiempos. En efecto, el pasaje de Daniel anuncia la intervención de Dios a favor de sus fieles a través de Miguel, el ángel encargado de proteger a su pueblo. Estas palabras de Daniel hay que enmarcarlas en el marco amplio de todo el libro cuyo género y estilo corresponden a la corriente apocalíptica bastante popularizada a finales del período veterotestamentario. Todo el libro de Daniel es un llamado a la esperanza, característica principal de toda la literatura apocalíptica. No se trata tanto de una revelación especial de lo que sucederá al final de los tiempos, cuanto la utilización de imágenes que invitan a mantener viva la esperanza, a no sucumbir ante la idea de una dominación absoluta de un determinado imperio. El texto que leemos hoy es subversivo para la época, pues invita al rechazo del señorío absoluto de los opresores griegos de aquel entonces que a punta de violencia se hacían ver como dueños absolutos de las personas, del tiempo y de la historia.

Por su parte el evangelio nos presenta una mínima parte del «discurso escatológico» según san Marcos. Un poco antes de comenzar la narración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, los tres sinópticos nos presentan palabras de Jesús cargadas de sabor escatológico.

El pasaje de hoy hay que leerlo a la luz de todo el capítulo 13. Es más, conviene que en casa o en el grupo lo leamos completo y, de ser posible, leamos también el discurso escatológico de Mateo y de Lucas, eso nos ayudará a ver mucho mejor las semejanzas y las diferencias entre los tres y, por otro lado, nos facilitará una mejor comprensión del sentido y finalidad que cada uno quiso darle a esta sección.

Tengamos en cuenta que en ningún momento hablan los evangelistas del «fin del mundo», en sentido estricto, esa es una interpretación equivocada que no ha traído los mejores resultados ni a la fe del creyente ni a su compromiso con el prójimo y con la historia. No es éste, con palabras sacadas de aquí y de allá, el «fundamento» bíblico o teológico de las «postrimerías del hombre» de que nos hablaba el «catecismo del padre Astete», o de los «novísimos» que nos enseñaba la teología… O, por lo menos, no se debe reducir a eso.

Jesús no predica el fin del mundo, ése no era su interés. Las imágenes de una conmoción cósmica descrita como estrellas que caen, sol y luna que se oscurecen, etc., son una forma veterotestamentaria de describir la caída de algún rey o de una nación opresora. Para los antiguos, el sol y la luna eran representaciones de divinidades paganas (cf. Dt 4,19-20; Jr 8,2; Ez 8,16), mientras que los demás astros y lo que ellos llamaban «potencias del cielo», representaban a los jefes que se sentían hijos de esas divinidades y en su nombre oprimían a los pueblos, sintiéndose ellos también como seres divinos (Is 14,12-14; 24,21; Dn 8,10). Pues bien, en línea con el Primer Testamento, Jesús no pretende describir la caída de un imperio o cosa por el estilo, para él lo más importante es anunciar los efectos liberadores de su evangelio; y es que el evangelio de Jesús debe propiciar, en efecto, el resquebrajamiento de todos los sistemas injustos que de uno u otro modo se van erigiendo como astros en el firmamento humano.

Jesús es consciente y sabe que la única forma de rescatar, redireccionar el rumbo de la historia por los horizontes queridos por el Padre y su justicia, es haciendo caer los sistemas que a lo largo de la historia intentan suplantar el proyecto de la justicia querido por Dios, con un proyecto propio, disfrazado de vida pero que en realidad es de muerte. Esta tarea la debe realizar el discípulo, el que ha aceptado a Jesús y su proyecto. Recordemos la intencionalidad teológica y catequética de Marcos: a Jesús, el Mesías (cuyo «secret o» se mantiene a lo largo de todo el evangelio), sólo se le puede conocer siguiéndolo; y bien, el seguimiento implica no sólo ir detrás de él, implica, además, tomar el lugar de él, asumir su propuesta como propia y luchar hasta el final por su realización.

Discípulas y discípulos están entonces comprometidos en ese final de los sistemas injustos cuya desaparición causa no miedo, sino alegría, aquella alegría que sienten los oprimidos cuando son liberados. Ésa debiera de ser nuestra preocupación constante y el punto para discernir si en efecto nuestras tareas de evangelización y nuestro compromiso con la transformación de lo injusto en relaciones de justicia está causando de veras el efecto que debe tener el evangelio, o si simplemente estamos ahí a merced de las corrientes del momento esperando quizás que se cumpla lo que no ni siquiera pasó por la mente de Jesús.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 105, «Dos moneditas de cobre», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El audio, el guión y su comentario, pueden ser tomados de aquí:https://radialistas.net/1o5-un-cielo-nuevo-y-una-nueva-tierra/

El planteamiento ordinario del fin del mundo dentro de las religiones –al menos, ciertamente, dentro del judeocristianismo–, ha adolecido de nuestro típico antropocentrismo: el fin del mundo se equiparará, exactamente, a lo que pasará al plan de la «historia de la salvación» (humana) por parte de Dios… Aunque lo consideramos como «el fin del mundo», en realidad es el final «de nuestro pequeño mundo», del pequeño mundo de nuestra religión, que cree que ella misma ocupa todo el escenario, toda la realidad… Así, consideramos que los dos grandes protagonistas de la realidad somos, exclusivamente, Dios y nosotros, y que el mundo va a acabar cuando Dios decida que acabe nuestra aventura humana en su/nuestra «historia de salvación. En esa perspectiva queda totalmente olvidado el mundo mismo, o sea, la realidad cósmica, el cosmos…

Para salir al paso de esta forma inconsciente de antropocentrismo, un correctivo más eficaz de lo que pensamos puede ser la visualización de sencillos videos disponibles en la red (muy accesibles en la red) sobre el dinamismo físico del cosmos. Se puede «preguntar», por ejemplo, en la barra de búsqueda de YouTube, por «placas tectónicas dentro de mil años», «futuro de la tierra» … y dejarse llevar por las opciones y enlaces. Hay documentales muy buenos, y de base científica, para ver que estamos en un planeta, dependiente de una estrella que, como todas, nacen, crecen y mueren, y nuestro Sol está hacia la mitad de su vida calculable. El cosmos también tiene algo que ver con el fin del mundo; no es una cuestión simplemente religiosa.

La viuda pobre – Fray Marcos

(I Re 17,10-16) La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará.

(Heb 9,24-28) Él se ha manifestado una sola vez en el momento culminante…

(Mc 12,41-44) Os aseguro que esa pobre viuda ha echado más que nadie.

 

Solo la actitud interna es expresión válida de una auténtica espiritualidad

Nos encontramos en los últimos versículos del capítulo 12. Jesús, una vez más, enseña. A pesar de que el episodio que acabamos de leer se reduce a cuatro versículos, tiene una profundidad enorme. Es el mejor resumen que se puede hacer del evangelio. La simplicidad del relato esconde el más profundo mensaje de Jesús: Toda la parafernalia religiosa externa no tiene ningún valor espiritual; lo único que importa es el interior de cada persona. Muy probablemente el relato fue en su origen una parábola que se convirtió en relato real.

Este simple relato deja clara la crítica de Jesús a la religión de su tiempo. Señala la diferencia entre religión y religiosidad; entre cumplimiento y vivencia; entre rito y experiencia de Dios. Hoy seguimos dando más importancia a lo externo que a una actitud interior. A la religión sigue interesándole más que seamos fieles a doctrina, ritos y normas. Seguimos estando más pendientes de lo que hacemos o dejamos de hacer que de nuestra actitud vital.

Queda claro el talante de Jesús. Hoy le hubiéramos dicho a la viuda: no seas tonta; no des esas monedas a los sacerdotes; tienen más que tú. Utilízalas para comer. Pero Jesús, que acaba de criticar los trapicheos del tempo, descubre la riqueza espiritual que manifiesta la viuda y reconoce que a ella sí le sirve ese modo de actuar, porque es reflejo de su actitud con Dios. Alejada de todo cálculo, se deja llevar por el sentimiento religioso más genuino.

Muchos ricos echaban cantidad. Las monedas se depositaban en una especie de embudos enormes en forma de bocina, colocados a lo largo del muro. La amplia boca de las bocinas de bronce permitía lanzar las monedas desde una distancia considerable. Los ricos podían oír con orgullo el sonido de sus monedas al chocar con el metal. Lo que echó la viuda fueron dos monedas del más bajo valor. Hoy serían dos céntimos, cantidad ridícula.

Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. El comienzo “en verdad os digo” indica que lo que sigue es muy importante. La idea de que Dios mira más el corazón que las apariencias no es nueva en la religiosidad judía; se encuentra en muchos comentarios del AT. Jesús profundiza en la idea y se la propone a los discípulos como ejemplo de actitud religiosa. Esta es la originalidad de la propuesta de Jesús.

Dio todo lo que tenía para vivir. Para captar toda la fuerza de esta frase final, debemos tener en cuenta que en griego “bios” significa no sólo vida, sino también modo de vida, recursos, sustento; sería el conjunto de bienes imprescindibles para la subsistencia. Hoy nosotros podíamos emplear otros términos: “víveres” o “sustento”. Dio todo lo que constituía su posibilidad de vivir. Equivaldría a poner su vida en manos de Dios.

Jesús ya había llevado a cabo la “purificación del templo”. Sabemos su opinión sobre la manera como se gestionaba el culto y su crítica al expolio de los pobres, en nombre de Dios, para que los jefes religiosos vivieran como reyes. De hecho, el templo era el centro económico de todo el país. Esa economía estaba basada en la obligación de ofrecer sacrificios y de dar al templo el diezmo de todo lo que cosechaban, además de proponer encarecidamente donativos voluntarios. El Dios liberador, convertido en el dios opresor.

En contra de lo que solemos pensar, el evangelio nos está diciendo que el principal valor de la limosna no es socorrer una necesidad perentoria de otra persona, sino mostrar una verdadera actitud religiosa. La limosna de la viuda, a pesar de su insignificancia, demuestra una actitud de total confianza en Dios y de total disponibilidad. En nuestra relación con Dios no sirven de nada las apariencias. La sinceridad es la única base para que la religiosidad sea efectiva. No podemos engañar a Dios ni debemos engañarnos con acciones calculadas.

No se trata directamente de generosidad, sino de desprendimiento. Lo que el evangelio deja claro es que el egoísmo y el amor son dos platillos de la misma balanza, no puede subir uno si el otro no baja. Nuestro error consiste en creer que podemos ser generosos sin dejar de ser egoístas. Lo que Jesús descubre en la viuda pobre es que, al dar todo lo que tenía, el platillo del ego bajó a cero; con lo que el platillo del amor había subido hasta el infinito. Si mi limosna no disminuye mi egoísmo, no tiene valor espiritual.

El evangelio de hoy ni cuestiona ni entra a valorar la limosna desde el punto de vista del necesitado, porque lo que la viuda echó en el cepillo no iba a solucionar ninguna necesidad. Se trata de valorar la limosna desde el punto de vista del que la hace. Es una perspectiva que solemos olvidar y por eso nuestros donativos terminan valorándose según la repercusión bienhechora que tengan en los destinatarios de la limosna. Es un error.

La limosna de la que hoy se habla no es la que salva al que la recibe, sino la que salva al que la da. La diferencia es tan sutil que corremos el riesgo de hablar hoy de tanta necesidad acuciante que podemos encontrar en nuestro mundo y, por tanto, de la necesidad de hacer limosna para remediar esas necesidades extremas. Hoy no se trata de eso. Se trata de dilucidar dónde ponemos nuestra confianza. Podemos ponerla en la seguridad que dan las posesiones o en Dios que no nos va a dar ninguna seguridad.       

La motivación de la limosna no debe ser remediar la necesidad de otro, sino el manifestar el desapego de las cosas materiales y afianzar nuestra confianza en lo que vale de verdad. La cuantía de la limosna en sí no tiene ninguna importancia; solo tendrá valor espiritual si el hacerla supone privarme de algo. Dar de lo que nos sobra puede aliviar la carencia de otro, pero no tener ningún valor religioso para mí. Mi limosna valdrá solo cuando me duela.

El que recibe una limosna puede estar necesitado de lo que recibe; en ese caso, la limosna ha cumplido un objetivo social. Ese objetivo no es lo esencial. El que recibe una limosna puede aceptarla como una lotería sin descubrir la calidad humana del que se la ha dado. O puede darse cuenta de que la actitud del otro le está invitando a ser también él más humano. Si esto segundo no sucede es que la limosna, como acto religioso, ha fallado para el que la recibe. Alcanzar este último objetivo depende de la manera de hacerla.

El que la da puede dar de lo que le sobra; o puede ser que se prive de algo que necesita. En el primer caso podía demostrar la renuncia al afán de acaparar y buscar en las riquezas la única seguridad que me tranquiliza. En el segundo, entramos en una dinámica religiosa. Un necesitado podría dar una limosna al que no la necesita. En ese caso, el objetivo religioso del que la da se cumple. Sin tener esto en cuenta con frecuencia dejamos de dar una limosna, porque pensamos que no va a utilizarse para remediar una necesidad perentoria.

Solo cuando das lo último que te queda demuestras que confías absolutamente. El primer céntimo no indica nada; el último lo expresa todo. Decía S. Ambrosio: Dios no se fija tanto en lo que damos cuanto en lo que reservamos para nosotros. Un famoso escritor actual dijo en una ocasión: solo se gana lo que se da; lo que se guarda se pierde. La viuda, al renunciar a la más pequeña seguridad, pone de manifiesto la verdadera pobreza.

 

Meditación

No importa que sea insignificante lo que des.

Su valor está en lo más íntimo de la persona.

Mi escala de valores debe cambiar.

Debo dejar de valorar lo que se ve,

para empezar a valorar en mí y en los demás

lo que me hace más humano y más cristiano.

Urteko 32. igandea – Domingo 32º T.O. José A. Pagola

B (Markos 12,38-44)

Evangelio del 11/noviembre/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

 

ELIZAKO GAUZARIK HOBENA

Gaurko ebanjelioko pasadizo bien arteko kontrastea ezin gogorragoa da. Lehenengoan, Jesusek jendeari gidari erlijiosoen aurrean azti bizitzeko esan dio: «Kontuz lege-maisuekin!», horien portaera kaltegarri gerta dakizueke. Bigarrenean, ikasleei dei egin die emakume alargun pobrearen keinuari erreparatzeko: jende xumeak Ebanjelioa nola bizi erakusten ahal die.

Harrigarria da Jesusek darabilen hizkuntza gogorra eta segura, lege-maisuen erlijiotasun faltsua agirian jartzeko. Ezin jasan du haien harrokeria eta nabarmenkeria-irrika. Modu nabarmenean nahi dute jantzi eta jendeak begirunez agurtu ditzan, gainerakoak baino handiago direla agertzeko, beren agintea ezarri eta jendea dominatzeko.

Beren harrotasun apartsua elikatzeko baliatzen dira erlijioaz. «Errezo luzeak» egiten dituzte jendeari zirrara eragiteko. Ez dute elkarterik sortzen, guztien gain ematen baitute beren burua. Azken batean, beren burua dute soilik gogoan. Jende ahulaz probetxu ateraz bizi dira, halakoaren zerbitzari izan ordez.

Markosek ez ditu jaso Jesusen hitzak, suntsitu izan aurretik Tenpluan ziren lege-maisuak kondenatzeko, baizik eta idazten dien kristau-elkarteak jakinaren gainean ipintzeko. Gidari erlijiosoek elkartearen zerbitzari izan behar dute. Eta ez beste ezer. Horretaz ahazten badira, arrisku gerta daitezke guztientzat. Erreakzionatu egin behar da, kalterik egin ez dezaten.

Bigarren pasadizoan, Jesus eseria dago Tenplu aurrean dagoen eskaintzen kutxaren aitzinean. Aberats asko ari da garrantzizko diru-kantitatea botatzen: Tenpluaren sostengu dira. Halako batean emakume bat hurbildu da. Jesusek ikusi du kobrezko bi txanpon bota dituela. Alargun pobre bat da, bizitzan tratu txarrak jasana, bakarrik eta baliabiderik gabe bizi dena. Segur aski, eskale bizi da Tenpluaren inguruan.

Hunkiturik, ikasleei dei egin die Jesusek presaka. Ezin ahaztuko dute emakume honen keinua, zeren eta, premia jasaten duelarik, «bizitzeko zuen guztia bota baitu». Lege-maisuak erlijiotik probetxua ateraz bizi diren bitartean, dena eman du emakume honek besteentzat, konfiantza guztia Jainkoagan ezarriz.

Honen keinuak egiazko erlijioaren bihotza agertu digu: konfiantza handia Jainkoagan, doakotasun harrigarria, eskuzabaltasuna eta maitasun solidarioa, xumetasuna eta egia. Ez dugu ezagutzen emakume honen izena, ezta aurpegia ere. Hau dakigu soilik: bere Elizako geroko gidarientzat eredua ikusi duela Jesusek emakume honengan.

Gaur egun ere, Elizako gauzarik hobena dira fede xumeko hainbat eta hainbat gizon-emakume. Ez dute idatziko libururik, ezta sermoirik egingo, baina horiek diote eusten bizirik Jesusen Ebanjelioari gure artean. Horiengandik behar dugu ikasi apaizek eta gotzainek.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

B (Markos 12,38-44)

Evangelio del 11/noviembre/2018

LO MEJOR DE LA IGLESIA

El contraste entre las dos escenas no puede ser más fuerte. En la primera, Jesús pone a la gente en guardia frente a los dirigentes religiosos: «¡Cuidado con los maestros de la Ley!», su comportamiento puede hacer mucho daño. En la segunda llama a sus discípulos para que tomen nota del gesto de una viuda pobre: la gente sencilla les podrá enseñar a vivir el Evangelio.

Es sorprendente el lenguaje duro y certero que emplea Jesús para desenmascarar la falsa religiosidad de los escribas. No puede soportar su vanidad y su afán de ostentación. Buscan vestir de modo especial y ser saludados con reverencia para sobresalir sobre los demás, imponerse y dominar.

La religión les sirve para alimentar su fatuidad. Hacen «largos rezos» para impresionar. No crean comunidad, pues se colocan por encima de todos. En el fondo solo piensan en sí mismos. Viven aprovechándose de las personas débiles, a las que deberían servir.

Marcos no recoge las palabras de Jesús para condenar a los escribas que había en el Templo de Jerusalén antes de su destrucción, sino para poner en guardia a las comunidades cristianas para las que escribe. Los dirigentes religiosos han de ser servidores de la comunidad. Nada más. Si lo olvidan, son un peligro para todos. Hay que reaccionar para que no hagan daño.

En la segunda escena, Jesús está sentado frente al arca de las ofrendas. Muchos ricos van echando cantidades importantes: son los que sostienen el Templo. De pronto se acerca una mujer. Jesús observa que echa dos moneditas de cobre. Es una viuda pobre, maltratada por la vida, sola y sin recursos. Probablemente vive mendigando junto al Templo.

Conmovido, Jesús llama rápidamente a sus discípulos. No han de olvidar el gesto de esta mujer, pues, aunque está pasando necesidad, «ha echado de lo que necesitaba, todo lo que tenía para vivir». Mientras los maestros viven aprovechándose de la religión, esta mujer se desprende por los demás, confiando totalmente en Dios.

Su gesto nos descubre el corazón de la verdadera religión: confianza grande en Dios, gratuidad sorprendente, generosidad y amor solidario, sencillez y verdad. No conocemos el nombre de esta mujer ni su rostro. Solo sabemos que Jesús vio en ella un modelo para los futuros dirigentes de su Iglesia.

También hoy tantas mujeres y hombres de fe sencilla y corazón generoso son lo mejor que tenemos en la Iglesia. No escriben libros ni pronuncian sermones, pero son los que mantienen vivo entre nosotros el Evangelio de Jesús. De ellos hemos de aprender los presbíteros y los obispos.

José Antonio Pagola

 

Domingo 32º ordinario 11 de noviembre – Koinonía

1Re 17,10-16: La viuda hizo un pan y se lo dio a Elías
Salmo 145: Alaba, alma mía, al Señor
Heb 9,24-28: Cristo se ha ofrecido una sola vez
Mc 12,38-44: Esa pobre viuda ha echado más que nadie

Marcos 12, 38-44

Esa pobre viuda ha echado más que nadie.

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.» Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a los discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

COMENTARIO LITÚRGICO

La primera lectura tomada de 1Re nos presenta el caso de una viuda que comparte lo poco y único que tiene con el profeta Elías. El pasaje está ambientado en una sequía que el mismo profeta había pedido a Yavé para Israel. Ante una situación tan extrema, todo el mundo evita gastar lo poco que tiene como una forma de mantenerse aferrado a la vida. Eso es lo que ha hecho esta viuda. Sin embargo, se ve «obligada» por el profeta a compartir con él aquello que solamente le proporcionará unas horas más de vida. Este gesto de la viuda tiene un final feliz: no faltó harina en la tinaja ni aceite en la jarra. Significa esto que cuando se comparte con generosidad lo poco que se tiene, parece que se multiplicara, y esa es una de las características principales del pobre. Donde más disponibilidad hay para compartir, donde más desprendimiento uno encuentra es entre los pobres; con toda razón se puede decir que los pobres nos evangelizan. Con razón están ellos en primer lugar en el corazón de Dios, no sólo porque es Él lo único que a ellos les queda, sino porque entre ellos, los signos de la presencia de Dios son más visibles; son ellos por medio de los cuales Dios se hace ver con mayor claridad en el mundo; ellos son el sacramento de Dios en el mundo y el testimonio permanente de cuán lejos estamos del proyecto de solidaridad y de la igualdad querido por Dios.

Nos encontramos en el reino del Norte. El país está pasando por una de las etapas más difíciles de su historia: la dinastía de Omrí ha ido dejando el país en la miseria; el último de los monarcas de esa monarquía, Ahab, gobierna veintidós años (nunca un largo gobierno es benéfico para ninguna institución, más frecuentemente termina por arruinarla), y también él ha hecho su aporte al desastre nacional: se casó con una extranjera: Jezabel, hija de Et-Baal, rey de Sidón, y acabó por adorar y rendir culto a Baal (1Re 16,29-31). Es fácil entonces imaginar el ambiente del reino en todos sus ámbitos: político, económico, social y religioso. El autor bíblico lo simboliza en una sequía que el profeta hace venir sobre Israel. En esa situación de extrema urgencia, el profeta hará ver que sólo Yavé es la salvación para el pueblo, y que esa salvación de la que está urgido el pueblo Dios la realizará con y desde los desheredados, con los pobres. En el Segundo Testamento vamos a encontrar esta misma realidad: Dios actuado en medio de los pobres, y con los pobres llama a la construcción de un orden de cosas distinto en donde los pobres parece que fueran los únicos capaces de aportar.

El evangelio de hoy nos presenta dos perícopas: la primera, todavía en conexión con la del domingo anterior sobre la declaración del mandamiento más importante o, mejor, los dos mandamientos más importantes. Jesús previene a sus discípulos para que no repitan el modo de ser de los escribas que se las dan de mucho cuando en su interior no existe ni amor a Dios ni al prójimo, sólo amor a sí mismos.

La segunda perícopa está más en consonancia con la primera lectura del primer libro de los Reyes. El dar implica renuncia, desprenderse no de lo que abunda y sobra, sino desde la misma escasez.

A Jesús, que observa cómo los fieles van pasando a depositar su ofrenda para el tesoro del templo, no lo ha impresionado, como al común de los observadores, la cantidad que cada rico ha depositado en el cofre de las ofrendas; sus criterios y parámetros de juicio son completamente diferentes a los criterios mercantilistas y economicistas que se basan en la cantidad, en el binomio inversión ganancia (costo beneficio se diría hoy).

A partir de esta imagen Jesús instruye a sus discípulos y en definitiva alecciona hoy a las iglesias. Esa viuda que a duras penas sobrevive, objeto de la caridad y del recibir, se mete a pesar de todo en la fila para dar, no desde lo que le sobra, y sin intención alguna de aparentar, todo lo contrario: lo haría con cierto disimulo para que nadie viera la «cantidad» que depositó. Aún si pensáramos que ella también deposita lo que tiene con el fin de ser retribuida, y lo más seguro es que así fue porque ya la falsa religión había alienado su conciencia, aún admitiendo eso, no deja ser un caso aleccionador que Jesús no deja pasar por alto. Mientras los demás teniendo ya suficiente para vivir desean tener mucho más, para lo cual realizan la inversión que sea, esta mujer echa lo único que tiene y seguro lo ha hecho con amor, con toda seguridad no se atreve a pedirle a Dios le multiplique esa mínima cantidad, tal vez su único «interés» es que Dios no le falte con aquello con lo cual sobrevive.

Desde la óptica de Jesús, esta pobre viuda, representación de lo más pobre entre los pobres, salió del templo justificada; fue quien recibió un mayor don a cambio de su desprendimiento: la gracia divina, mas desde la óptica de un donante rico, esta mujer tendría muy poca, casi ninguna recompensa.

El reino que Jesús proclama no puede regirse por los mismos criterios de personas como los dirigentes de Israel; el reino se construye desde los criterios de la calidad y disponibilidad para aportar desde una genuina generosidad, desde las propias carencias, no desde lo superfluo.

Se necesita discernir continuamente nuestro comportamiento y actitudes con aquellas personas que dan generosas ofrendas a nuestros centros religiosos comparado con aquellos que ofrecen poco o definitivamente no tienen nada qué ofrecer, ¿quiénes son los de mayor objeto de nuestra «consideración» y aprecio? Seamos sinceros en esto y reconozcamos con humildad que las más de las veces nos sentimos muy a gusto con aquellos que dan más, que tienen más y mejores medios; y el evangelio… ¿dónde está?

La viuda del evangelio que hoy escuchamos simboliza aquella porción del Israel empobrecido, que entró en la dinámica de Jesús, que está dispuesto a dar, a darse, a entregarse con lo que tiene a la causa del reino del Padre. Esos que dedican tiempo desinteresadamente en nuestras obras nos evangelizan con su generosidad, y especialmente ellas que no escatiman nada para que la obra del reino continúe su marcha, ¿captan esas personas nuestra atención como aquella viuda a Jesús, y nos dejamos interpelar realmente por ellas?

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 51 («Dos moneditas de cobre», de la serie «Un tal Jesús») de los hnos. López Vigil. El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:https://radialistas.net/51-dos-moneditas-de-cobre/ 

 

 

El primero de los mandamientos – Fray Marcos

(Dt 6,2-6) “Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma…”

(Heb 7,23-28) Él no necesita ofrecer sacrificios cada día, porque lo hizo una vez…

(Mc 12,28-34) «¿Qué mandamiento es el primero de todos?

 

Dios no es un ser que ama, sino ‘agape’ que nos unifica en Él

Hoy cambiamos de escenario. Jesús lleva ya unos días en Jerusalén. Ha realizado ya la purificación del templo; ha discutido con los jefes de los sacerdotes, maestros de la ley y ancianos sobre su autoridad para hacer tales cosas; con los fariseos y herodianos sobre el pago del tributo al cesar; con los saduceos sobre la resurrección. Las discusiones que los rabinos sostienen con Jesús no presuponen hostilidad especial contra él; más bien podrían indicar una valoración muy importante de la persona. El letrado que se acerca hoy a Jesús no demuestra ninguna agresividad, sino interés por la opinión del Rabí.

La pregunta tiene sentido, porque en la Torá se contabilizaban 613 preceptos. Para muchos rabinos todos los mandamientos tenían la misma importancia, porque eran mandatos de Dios y había que cumplirlos solo por estar mandados. Para algunos el mandamiento más importante era el cumplimiento del sábado. Para otros el amor a Dios era lo primero. Aunque Jesús responde recitando la “shemá” (Dt 6,4-5), Jesús da un salto muy importante en la interpretación porque une ese texto, que hablaba sólo del amor a Dios, con otro que se encuentra en Lv (19,18) que habla del amor al prójimo. No solo los pone al mismo nivel, sino que termina haciendo de los dos mandamientos uno sólo.

El amor a Dios fue un salto de gigante sobre el temor a Dios amo poderoso y dueño de todo. En el AT el amor a Dios era absoluto, “sobre todas las cosas”. El amor al prójimo era relativo, “como a ti mismo”. Según la Tora, era perfectamente compatible un amor a Dios y un desprecio absoluto, no solo a los extranjeros sino también a amplios sectores de la propia sociedad judía a quienes creían rechazados por el mismo Dios. En Lc preguntan a Jesús ¿quién es mi prójimo? y contestó con la parábola del buen Samaritano.

Según Jesús la palabra mandamiento tiene que dar un cambio radical y significar algo distinto cuando la aplicamos a Dios. Dios no manda nada. Dios no hace leyes sino que pone en la esencia de cada criatura el plano, la hoja de ruta para llegar a su plenitud. Dios no “quiere” nada de nosotros ni para para nosotros. Su “voluntad” es la más alta posibilidad de la criatura, no algo añadido desde fuera después de haberla creado.

En Jn los dos mandamientos se convierten  en uno solo: “que os améis unos a otros como yo os he amado”. Jesús no dice que le amemos a él ni que amemos a Dios ni que amemos al prójimo como a nosotros mismos, sino que amemos a los demás como él nos ha amado a nosotros. El cambio es radical. Aún no nos hemos dado cuenta de esta novedad. Dios no es un ser separado de mí, al que debo amar, sino el amor que me permite sentirme uno con el otro y con el universo. Debemos cambiar nuestra idea de Dios para descubrir qué es amarle.

Dios es “agape”, don absoluto, infinito y total que unifica en esencia todo lo creado. Es puro don, pura gracia que se nos da y nos capacita para darnos. En nosotros el amor es una cualidad que podemos tener o no tener. En Dios el amor es su misma esencia. Si dejara de amar se destruiría. Juan dice: «El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó». Esa realidad es el fundamento de toda vida espiritual. Es la misma esencia de Dios en la base de nuestra propia existencia. En Dios todo es UNO.

El amor cristiano sería “caritas”, la síntesis del eros humano y el “agape” divino que nos permite una singular relación con los demás. Se trata de una posibilidad específicamente humana. El amor-Dios y nuestro amor no son grados distintos de la misma realidad, sino realidades sustancialmente distintas. Dios no se puede relacionar con las criaturas como lo hacemos nosotros, porque no está fuera de ninguna de ellas. Nosotros podemos relacionarnos con las demás criaturas pero no con Dios porque es nuestro ser. Vivir el ser de Dios en nosotros nos permite identificarnos con los demás, es decir, amarlos.

Una vez más el lenguaje nos juega una mala pasada. La palabra “amor” es una de las más manoseadas del lenguaje. Al más refinado de los egoísmos, que es aprovecharse de otro en lo que tiene de más íntimo, también le llamamos amor. Hablar con propiedad de Dios-Amor-Unidad es imposible. Nuestro lenguaje es para andar por casa. Al emplearlo para hablar de lo divino se convierte en trampa que pretende ir más allá de lo que puede expresar. Intentar llegar a Dios con nuestros conceptos es inútil. La manera de trascender el lenguaje es la vivencia. Solo la intuición puede llevarnos más allá del discurso.

El AMOR es la punta de lanza de la evolu­ción. En realidad, el camino hacia el amor empezó en las primeras millonési­mas de segundo después del Big-Bang, cuando las partículas primigenias se unieron para formar unidades superiores. Esta tendencia de la materia a integrarse en entidades más complejas lleva en sí la posibilidad de perfección casi infinita. La aparición de la vida fue un gran salto hacia esa capacidad de unidad. La vida consigue unificar billones de células. No sabemos qué es la vida biológica, pero sabemos que tiene unos efectos sorprendentes. Dios es la Vida que unifica todo.

Llegada la inteligencia y superada la pura racionalidad, el ser humano está capacitado para alcanzar una unidad que no es la del egoísmo individual. Un conocimiento más profundo y una voluntad que se adhiere a lo mejor hacen posible una nueva forma de acercamien­to entre seres que pueden llegar a un grado increíble de unidad, aunque no sea física. Descubierta esa unidad, surge lo específicamente humano. Esta capacidad de salir de la individualidad e identificarme con Dios y con el otro, es lo que llamamos amor.

Este amor es consecuencia de un conocimiento, pero no racional. Es inútil que nos empeñemos en explicar por qué debemos amar a los demás. Este amor solo llegará después de haber experimentado la presencia en nosotros del Amor que es Dios. Lo mismo que llamamos vida a la fuerza que mantiene unidas a todas las células de un viviente, podemos llamar AMOR a la energía que mantiene unidos a todos los seres de la creación. Si descubro que la base de todo ser es lo divino, descubriré la “razón” del verdadero amor.

Todos los místicos de todas las religiones, de todos los tiempos, han llegado a la misma vivencia y nos hablan de la indecible felicidad de sentirse uno con el Todo y fuera del tiempo. Esa sensación de integración total es la máxima experiencia que puede tener un ser humano. Una vez llegado a ese estado, el ser humano no tiene nada que esperar. Fijaros hasta qué punto demostramos nuestro despiste cuando seguimos llamando “buen cristiano” al que va a misa, confiesa y comulga, solo porque tiene asegurada la otra vida. Ser cristiano no es el objetivo último del hombre, solo un medio para llegar a amar.

No debo comerme el coco tratando de averiguar si amo a Dios. Lo que tengo que examinar es hasta qué punto estoy dispuesto a darme a los demás. Solo eso cuenta a la hora de la verdad. El amor teórico, el amor que no se manifiesta en obras y actitudes concretas, es una falacia. Ya lo decía Jn en su primera carta: Si alguno dice que ama a Dios, a quien no ve, y no ama a su prójimo, a quien ve, es un embustero y la verdad no está en él. Pero es imprescindible que nos examinemos bien. No debemos confundir amor con instinto. Si apartamos de nuestro amor a una sola persona, todo lo demás es egoísmo.

Meditación

El amor planteado desde la razón no tiene sentido,

Tampoco entendido como mandamiento y precepto.

Aprender a amar es la tarea más importante para el ser humano.

Ser más humano es ser capaz de amar más.

Lo que no te lleven a esa meta, será tarea inútil.