Domingo 3º de Cuaresma. Ciclo B – José Luis Sicre

El evangelio de la expulsión de los mercaderes del templo la cuentan los cuatro evangelios. Pero, como ocurre a menudo, hay algunas diferencias entre ellos.

Preguntas para un concurso

  1. ¿Cuándo tuvo lugar dicha escena? ¿Al comienzo de la vida de Jesús o al final?
  2. Esta escena ha sido pintada por numerosos artistas, entre ellos el Greco. En todas las representaciones aparece Jesús empuñando un azote de cordeles. Pero, de los cuatro evangelios, sólo uno menciona dicho azote; en los otros tres Jesús no recurre a ese tipo de violencia. ¿De qué evangelio se trata?
  3. Sólo un evangelio dice que Jesús prohibió transportar objetos por la explanada del templo. ¿Cuál?
  4. ¿Qué evangelista cuenta la escena de la forma más breve?
  5. ¿Quién la cuenta con más detalle, incluyendo una discusión con las autoridades judías?

Respuestas

  1. Juan la sitúa al comienzo de la vida de Jesús. Mateo, Marcos y Lucas al final, pocos días antes de morir.
  2. El único que menciona el azote es Juan. Y ninguno dice que Jesús echase a la gente a latigazos.
  3. Esa prohibición sólo se encuentra en Marcos.
  4. El más breve es Lucas.
  5. Juan.

El relato de Juan (Jn 2,13-25)

El concurso anterior no se debe a un capricho. Pretende recordar que los evangelistas no cuentan el hecho histórico tal como ocurrió, sino transmitir un mensaje. Por eso alguno insiste en un detalle, mientras otros lo omiten por no considerarlo adecuado para su auditorio. Lucas, por ejemplo, reduce al mínimo la actitud violenta de Jesús, mientras que Juan la subraya al máximo. El relato de Juan se divide en dos partes: la expulsión de los mercaderes y la breve discusión con los judíos.

Un gesto revolucionario

A nuestra mentalidad moderna le resulta difícil valorar la acción de Jesús, no capta sus repercusiones. Nos ponemos de su parte, sin más, y consideramos unos viles traficantes a los mercaderes del templo, acusándolos de comerciar con lo más sagrado. Pero, desde el punto de vista de un judío piadoso, el problema es más grave. Si no hay vacas ni ovejas, tórtolas ni palomas, ¿qué sacrificios puede ofrecer al Señor? ¿Si no hay cambistas de moneda, cómo pagarán los judíos procedentes del extranjero su tributo al templo? Nuestra respuesta es muy fácil: que no ofrezcan nada, que no paguen tributo, que se limiten a rezar. Esa es la postura de Jesús. A primera vista, coincide con la de algunos de los antiguos profetas y salmistas. Pero Jesús va mucho más lejos, porque usa una violencia inusitada en él. Debemos contemplarlo trenzando el azote, golpeando a vacas y ovejas, volcando las mesas de los cambistas.

Imaginemos la escena en nuestros días. Jesús entra en una catedral o una iglesia. Se fija en todo lo que no tiene nada que ver con una oración puramente espiritual, lo amontona y lo va tirando a la calle: cálices, copones, candelabros, imágenes de santos, confesionarios, bancos…  ¿Cuál sería nuestra reacción? Acusaríamos a Jesús de impedirnos decir misa, poder comulgar, confesarnos, incluso rezar.

Juan intuye la gravedad del problema y añade unas palabras que no aparecen en los otros evangelios: «Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: El celo de tu casa me devora.» El celo por la causa de Dios había impulsado a Fineés a asesinar a un judío y a una moabita; a Matatías, padre de los Macabeos, lo impulsó a asesinar a un funcionario del rey de Siria. El celo no lleva a Jesús a asesinar a nadie, pero sí se manifiesta de forma potente. Algo difícil de comprender en una época como la nuestra, en la que todo está democráticamente permitido. El comentario de Juan no resuelve el problema del judío piadoso, que podría responder: «A mí también me devora el celo de la casa de Dios, pero lo entiendo de forma distinta, ofreciendo en ella sacrificios». Quienes no tendrían respuesta válida serían los comerciantes, a los que no mueve el celo de la casa de Dios sino el afán de ganar dinero.

La reacción de las autoridades

En contra de lo que cabría esperar, las autoridades no envían la policía a detener a Jesús. Se limitan a pedir un signo, un portento, que justifique su conducta. Porque en ciertos ambientes judíos se esperaba del Mesías que, cuando llegase, llevaría a cabo una purificación del templo. Si Jesús es el Mesías, que lo demuestre primero y luego actúe como tal.

La respuesta de Jesús es aparentemente la de un loco: “Destruid este templo y en tres días lo reconstruiré”. El templo de Jerusalén no era como nuestras enormes catedrales, porque no estaba pensado para acoger a los fieles, que se mantenían en la explanada exterior. De todas formas, era un edificio impresionante. Según el tratado Middot medía 50 ms de largo, por 35 de ancho y 50 de alto; para construirlo, ya que era un edificio sagrado, hubo que instruir como albañiles a mil sacerdotes. Comenzado por Herodes el Grande el año 19 a.C., fue consagrado el 10 a.C., pero las obras de embellecimiento no terminaron hasta el 63 d.C. En el año 27 d.C., que es cuando Juan parece datar la escena, se comprende que los judíos digan que ha tardado 46 años en construirse. En tres días es imposible destruirlo y, mucho menos, reconstruirlo.

Curiosamente, Juan no cuenta cómo reaccionaron las autoridades a esta respuesta de Jesús. Pero sí nos dice cómo debemos interpretar esas extrañas palabras. Jesús no se refiere al templo físico, se refiere a su cuerpo. Los judíos pueden destruirlo, pero él lo reedificará.

Cuaresma y resurrección

Esto último explica por qué se ha elegido este evangelio para el tercer domingo. En el segundo, la Transfiguración anticipaba la gloria de Jesús. Hoy, Jesús repite su certeza de resucitar de la muerte. Con ello, la liturgia orienta el sentido de la Cuaresma y de nuestra vida: no termina en el Viernes Santo sino en el Domingo de Resurrección.

Jesús, nuevo templo de Dios

Hay otro detalle importante en el relato de Juan: el templo de Dios es Jesús. Es en él donde Dios habita, no en un edificio de piedra. Situémonos a finales del siglo I. En el año 70 los romanos han destruido el templo de Jerusalén. Se ha repetido la trágica experiencia de seis siglos antes, cuando los destructores del templo fueron los babilonios (año 586 a.C.). Los judíos han aprendido a vivir su fe sin tener un templo, pero lo echan de menos. Ya no tienen un lugar donde ofrecer sus sacrificios, donde subir tres veces al año en peregrinación. Para los judíos que se han hecho cristianos, la situación es distinta. No deben añorar el templo. Jesús es el nuevo templo de Dios, y su muerte el único sacrificio, que él mismo ofreció.

Portentos y sabiduría (1 Corintios 1,22-25)

En la segunda lectura aparece también el tema de los prodigios. Pablo, judío de pura cepa, pero que predicó especialmente en regiones de gran influjo griego, debió enfrentarse a dos problemas muy distintos. A la hora de creer en Cristo, los judíos pedían portentos, milagros (como se ha contado en el evangelio), mientras los griegos querían un mensaje repleto de sabiduría humana. Poder o sabiduría, según qué ambiente. Pero lo que predica Pablo es todo lo contrario: Cristo crucificado. El colmo de la debilidad, el colmo de la estupidez. Ninguna universidad ha dado un doctorado “honoris causa” a Jesús crucificado; lo normal es que retiren el crucifijo. Pero ese Cristo crucificado es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Quien sienta la tentación de considerar el mensaje cristiano una doctrina muy sabia humanamente, digna de ser aceptada y admirada por todos, debe recordar la experiencia tan distinta de Pablo.

El Decálogo: tercer momento de la Historia de la salvación (1ª lectura)

Pensando especialmente en los catecúmenos la primera lectura recuerda el Decálogo. A pesar de su enorme interés, es difícil tratar las tres lecturas en la homilía. Por su estrecha relación con la Cuaresma convendría limitarse a la segunda y al evangelio.

José Luis Sicre

Garizumako 3. igandea – 3º  domingo de Cuaresma-B-José A. Pagola

(Joan 2,13-25)

ZER ERLIJIO DA GURE HAU? – ¿QUÉ RELIGIÓN ES LA NUESTRA?

Ebanjelio guztiek dakarte Jesusen keinu ausart eta probokatzaile baten berri: Jerusalemgo Tenpluan gauzatua. Segur aski ez zen izan oso handiosa. Uso-saltzaile batzuen taldea kolpatu zuen, trukatzaile batzuen mahaiak irauli eta une batzuetan jarduera eteten saiatu zen. Ezin egin izan zuen beste ezer asko gehiago.

Halere, indar profetikoz kutsatutako keinu hura izan zen Jesus atxilotzea eta presaka eraitea eragin zituena. Tenpluari eraso egitea judu-herriaren bihotzari eraso egitea zen: judu-herriaren bizitza erlijioso, sozial eta politikoaren erdiguneari. Ukiezina zen Tenplua. Han bizi zen Israel herriaren Jainkoa. Zer izango zen herriaz beren artean Tenplua ukan gabe?, nolatan biziraun zezaketen Tenplurik gabe?

Jesusentzat, ordea, oztopo eta traba handia zen hura, Jainkoaren erreinua onartu ahal izateko, berak hartzen eta hots egiten zuen bezala. Keinu hark koloka ipini zuen «leku santu» hartatik sustatzen zuten sistema ekonomiko, politiko eta erlijiosoa. Zer zen Tenplu hura?, Jainkoaren erreinuaren eta beronen zuzentasunaren zeinu ala Erromarekin lankide izatearen sinbolo?, otoitz-etxe ala nekazarien hamarrenen eta hasikinen mandio?, Jainkoaren barkazioaren santutegi ala era guztietako zuzengabekerien zuzenespen?

«Merkatu» bat zen hura. «Jainkoaren etxearen» inguruan aberastasuna metatzen zen bitartean, herrixketan bertako seme-alaben miseria haziz zihoan. Ez. Jainkoak ez zuen sekula zuzentzat emango hura bezalako erlijio bat. Behartsuen Jainkoa ezin izan zen errege Tenplu hartatik. Jainkoaren erreinua iristearekin galdua zuen Tenplu hark izateko arrazoi guztia.

Jesusen jarduerak bere jarraitzaile guztiak ipini gaitu erne eta geure buruari galde egitera behartu gaitu: zer erlijio ari gara lantzen eta eragiten geure tenpluetan. Jesusengan arnastua ez bada, bihur daiteke era «santu» bat geure burua Jainkoaren egitasmoari ixteko, Jesusek munduan sustatu nahi zuenari. Lehenengo gauza ez da erlijioa, baizik eta Jainkoaren erreinua.

Zer erlijio da gure hau?, sufritzen ari direnentzat errukia hazaraztekoa ala gure ongizatean lasai bizitzen uzten diguna?, geure probetxu propioa elikatzen duena ala mundu gizatiarrago bat egiteko lan eginarazten diguna? Juduen Tenpluaren antza baldin badu, Jesusek ez du bedeinkatuko.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

¿QUÉ RELIGIÓN ES LA NUESTRA?

Todos los evangelios se hacen eco de un gesto audaz y provocativo de Jesús dentro del recinto del Templo de Jerusalén. Probablemente no fue muy espectacular. Atropelló a un grupo de vendedores de palomas, volcó las mesas de algunos cambistas y trató de interrumpir la actividad durante algunos momentos. No pudo hacer mucho más.

Sin embargo, aquel gesto cargado de fuerza profética fue lo que desencadenó su detención y rápida ejecución. Atacar el Templo era atacar el corazón del pueblo judío: el centro de su vida religiosa, social y política. El Templo era intocable. Allí habitaba el Dios de Israel. ¿Qué sería del pueblo sin su presencia entre ellos?, ¿cómo podrían sobrevivir sin el Templo?

Para Jesús, sin embargo, era el gran obstáculo para acoger el reino de Dios tal como él lo entendía y proclamaba. Su gesto ponía en cuestión el sistema económico, político y religioso sustentado desde aquel «lugar santo». ¿Qué era aquel Templo?, ¿signo del reino de Dios y su justicia o símbolo de colaboración con Roma?, ¿casa de oración o almacén de los diezmos y primicias de los campesinos?, ¿santuario del perdón de Dios o justificación de toda clase de injusticias?

Aquello era un «mercado». Mientras en el entorno de la «casa de Dios» se acumulaba la riqueza, en las aldeas crecía la miseria de sus hijos. No. Dios no legitimaría jamás una religión como aquella. El Dios de los pobres no podía reinar desde aquel Templo. Con la llegada de su reinado perdía su razón de ser.

La actuación de Jesús nos pone en guardia a todos sus seguidores y nos obliga a preguntarnos qué religión estamos cultivando en nuestros templos. Si no está inspirada por Jesús, se puede convertir en una manera «santa» de cerrarnos al proyecto de Dios que Jesús quería impulsar en el mundo. Lo primero no es la religión, sino el reino de Dios.

¿Qué religión es la nuestra?, ¿hace crecer nuestra compasión por los que sufren o nos permite vivir tranquilos en nuestro bienestar?, ¿alimenta nuestros propios intereses o nos pone a trabajar por un mundo más humano? Si se parece a la del Templo judío, Jesús no la bendeciría.

José Antonio Pagola

Domingo 3º de Cuaresma – B – Koinonía

Éxodo 20,1-17

La Ley se dio por medio de Moisés

En aquellos días, el Señor pronunció las siguientes palabras: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mí.

[No te harás ídolos, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y biznietos, cuando me aborrecen. Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos.]

No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso. Fíjate en el sábado para santificarlo.

[Durante seis días trabaja y haz tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que viva en tus ciudades. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra, y el mar y lo que hay en ellos. Y el séptimo día descansó: por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.]

Honra a tu padre y a tu madre: así prolongarás tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás testimonio falso contra tu prójimo. No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.»

Salmo responsorial: 18

Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta / y es descanso del alma; / el precepto del Señor es fiel / e instruye al ignorante. R.

Los mandatos del Señor son rectos / y alegran el corazón; / la norma del Señor es límpida / y da luz a los ojos. R.

La voluntad del Señor es pura / y eternamente estable; / los mandamientos del Señor son verdaderos / y enteramente justos. R.

Más preciosos que el oro, / más que el oro fino; / más dulces que la miel / de un panal que destila. R.

1Corintios 1,22-25

Predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los hombres, pero, para los llamados, sabiduría de Dios

Hermanos: Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados -judíos o griegos-, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Juan 2,13-25

Destruid este templo, y en tres días lo levantaré

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Comentario a los textos:

El evangelio de Juan coloca esta manifestación mesiánica de Jesús al comienzo de su

actividad pública y en el contexto de una fiesta de Pascua en Jerusalén. Para Juan es

muy importante poner a Jesús y a su comunidad en ese marco de la sucesión de las

fiestas judías. Eso lo vemos a lo largo de todo el evangelio, pues no hay ningún

acontecimiento fuera de ese marco. Juan optó por encuadrar toda la actividad pública de

Jesús en el tiempo religioso de los que su propio Evangelio define como “los judíos” (!). Al

organizar la narración en función de una serie de fiestas judías, deja entrever una

construcción ideológica y cultural rica, articulada e intencionada (hoy sabemos que las

cosas no se sucedieron así, sino que se trata de una organización literaria de la narración,

con una intención significativa).

La pascua judía es confrontada por Jesús y su comunidad discipular tres veces en el

evangelio de Juan. Es evidente el simbolismo: con Jesús irrumpe una nueva Alianza (tres

siempre simboliza el nacimiento de algo nuevo). El tiempo del Reino construye una nueva

festividad. El tiempo de las fiestas judías es contrapuesto con un tiempo inusual y

alternativo. El relato centra su interés en la dialéctica entre la estructura simbólica y

temporal del judaísmo, y una estructura nueva alternativa que se quiere afirmar e

institucionalizar.

El simbolismo de la revelación mesiánica de Jesús es sumamente resaltado en la

confrontación con el templo. El relato necesita hacerlo; al fin y al cabo, se está

construyendo y afirmando una nueva identidad. El templo de Jerusalén es el centro de las

instituciones y símbolo de la gloria y el poder de la nación judía (tanto la residente en

Palestina como la que se encuentra en la Diáspora). El evangelio emplea un símbolo

conocido para indicar la presentación mesiánica de Jesús: el “látigo con cuerdas”. Era

proverbial la frase “el látigo del Mesías” para significar la violencia que implica la irrupción

de la era mesiánica. El uso que Jesús hace del “látigo” no deja la menor duda acerca de

su identidad y del proyecto que encarna: con él arroja fuera del templo el ganado que se

vendía para los sacrificios, las ovejas y los bueyes. Sacrificios, como ovejas y bueyes, así

como sus potenciales compradores (sólo los ricos podían ofrecer este tipo de ganado en

el sacrificio) son puestos fuera del horizonte del nuevo proyecto mesiánico-profético.

Al echar todos afuera del templo con sus ovejas y sus bueyes, Jesús declara la

invalidez del culto de los potentados, del que los sacrificios constituían el momento

cumbre. Jesús no denuncia solamente, como habían hecho los profetas, «el culto que

encubre la injusticia», sino que declara infame «el culto que es en sí mismo una

injusticia», por ser medio de explotación, pero sobre todo «por ser legitimación religiosa de

la injusticia y del crimen». No propone una reforma del culto, sino su abolición.

La expulsión de los bueyes tiene que ver con la misma constitución de la sociedad

tributaria-monárquica. El primer rey de Israel se constituyó a partir del “grupo de

campesinos propietarios de bueyes”. No es de extrañar que a partir de entonces,

latifundistas, bueyes y sacrificios en el templo estén articulados en un solo proyecto, y que

se correspondan ideológica y religiosamente. Además, el dios Baal de los agricultores

cananeos se representaba con un buey. La agricultura y la ganadería necesitan su propio

dios y su propio culto. Los latifundistas fueron aliados importantes de Herodes para la

consolidación de su poder, y él, como retribución, mantuvo en forma opulenta al templo.

Así podemos entender por qué el templo estaba lleno de bueyes, si la ideología religiosa

dominante cuyo centro simbólico estaba allí era la justificación principal del sistema social

estratificado y concentrador en Palestina desde la Reforma de Josías.

La expulsión de las ovejas del templo tiene también un rico sentido simbólico. Las

ovejas son figura del pueblo, encerrado en el recinto donde está condenado al sacrificio.

Los dirigentes explotan y asesinan al pueblo –verdadera víctima del culto–, sacrifican y

destruyen al rebaño, a cuya costa viven. Jesús no se propone reformar aquella institución

religiosa propósito por cierto inútil, sino rescatar al pueblo de ella.

Todos los grupos judíos esperaban la utopía del Reino, de forma que la agitación del

primer siglo hizo a muchos pensar que la hora estaba próxima. Para los zelotas era la

hora de tomar las armas contra la ocupación romana para instaurar el reino de Dios en el

cual el templo y su personal ya no estuvieran sujetos a ningún imperio. Los saduceos no

esperaban activamente el Reino y se contentaban con mantener como mejor podían el

culto del templo con la ayuda de las autoridades romanas. Los esenios, como los zelotas,

estaban listos para tomar las armas por el Reino, pero se habían retirado al desierto en

espera del momento oportuno (kairós), considerando que el templo estaba en manos

ilegítimas. Los fariseos también consideraban que para que llegara el Reino había que

acabar con el dominio extranjero y restaurar la autonomía del templo. Sin embargo, no

entraron a ninguna guerrilla y se dedicaron a la más rigurosa observancia de la ley.

A diferencia de los grupos anteriores, la actitud de Jesús y de su comunidad

discipular es de tajante oposición al templo, lo que aparece de una manera mucho más

radicalmente –no sólo como rechazo de un culto de los poderosos– en las acciones contra

los cambistas, a quienes les desparrama las monedas, y contra los vendedores de

palomas, a quienes les ordena quitar de en medio su mercancía.

Los cambistas representaban “el sistema financiero” de la época. Todos los varones

judíos mayores de 21 años estaban obligados a pagar un tributo anual al templo, e

infinidad de donativos en dinero iban a parar al tesoro del templo. Además, en la

antigüedad, los templos, por la inmunidad que les confería su carácter sagrado, eran el

lugar elegido por los pudientes para depositar sus tesoros. El templo de Jerusalén llegó a

ser uno de los mayores bancos de la antigüedad. Pero pagar el tributo y los donativos no

se podía hacer en monedas que llevasen la efigie imperial, considerada idolátrica por los

judíos: el templo acuñaba su propia moneda y los que iban a pagar tenían que cambiar

sus monedas por las del templo. Los cambistas cobraban, naturalmente, su comisión. Al

volcar sus mesas y desparramar sus monedas, Jesús estaba atacando directamente el

tributo al templo y, con él, al sistema económico religioso dominante. El templo es para

Jesús una empresa que explota económicamente al pueblo. De hecho, el culto

proporcionaba enormes riquezas a la ciudad y a los comerciantes, sostenía a la nobleza

sacerdotal, al clero y a los empleados. La acción de Jesús toca, por tanto, un punto

neurálgico: el sistema económico e ideológico que representaba el templo en Israel.

La acción contra los vendedores de palomas es igualmente de enorme impacto

ideológico. Las palomas eran animales sacrificiales de menor importancia, pues con ellas

los pobres ofrecían sus cultos a Dios; sin embargo el hecho de que sus vendedores hayan

sido los únicos a quienes Jesús se dirige y a los que hace responsables de la corrupción

del templo, quiere hacer ver la enorme preocupación de Dios por la suerte de los pobres y

su enojo por quienes hacen negocio con su pobreza. En contraste con las dos acciones

anteriores, Jesús no ejecuta acción alguna, sino que se dirige a los vendedores mismos

acusándolos de explotar a los pobres por medio del culto, del impuesto, y del fraude de lo

sagrado.

El templo es “casa del mercado”, y allí el dios es el dinero. Al llamar a Dios mi Padre,

Jesús no lo identifica con el sistema religioso del templo. La relación con Dios no es

religiosa sino familiar, está en el ámbito de la casa familiar. La relación se desacraliza y se

familiariza. En la casa del Padre ya no puede haber comercio ni explotación, siendo casa-

familia acoge a quien necesite amor, intimidad, confianza, afecto.

Aún, Jesús da un paso más en su confrontación radical con el templo al proponerse

él mismo como santuario de Dios. Frente al poder de Herodes (cuarenta y seis años de

construcción del templo) emerge el poder del resucitado (tres días). En el Reino de Dios

no se requiere templos sino cuerpos vivos. Éstos son los santuarios de Dios, donde brilla

su presencia y su amor, si viven dignamente. Jesús no viene a continuar la línea religiosa

tradicional. Vino a proponer una humanidad restaurada a partir del principio de la ultimidad

de la vida en cuerpos que viven con dignidad. Sobre esta base es posible soñar y

construir otra manera de vivir y otra manera de creer.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 107 de la serie «Un tal Jesús», de

los hnos. López Vigil. El guión, y su comentario bíblico-teológico, pueden ser tomados de

aquí: https://radialistas.net/107-con-el-latigo-en-la-mano/

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 68,

titulado «¿Lugares sagrados», una entrevista a Jesús vuelto a la Tierra acerca de su

visión sobre el Templo. El audio, el guión y unos materiales complementarios pueden

recogerse aquí: https://radialistas.net/68-lugares-sagrados/

También se puede encontrar datos muy interesantes e ilustrativos sobre el Templo de

Jerusalén en el «clásico» libro de Joaquín Jeremías, «Jerusalén en tiempos de Jesús»,

editorial Cristiandad, Madrid 1977 (accesible en internet).

DOMINGO  2º  DE  CUARESMA  (B) – Fray Marcos

(Gn 22,1-18) Por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré…

(Rom 8,31-34) Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?

(Mc 9,1-9) Este es mi hijo amado; escuchadle a él solo.

Deshumanizar a Jesús para divinizarlo ha sido la gran trampa. La divinidad está en su humanidad, no al margen y menos en contra de ella.

En los tres ciclos litúrgicos leemos, el segundo domingo de cuaresma, el relato de la transfiguración. Hoy leemos el de Marcos que es el más breve, aunque hay muy pocas diferencias con los demás sinópticos. Lo difícil para nosotros es dar sentido a este relato. Marcos coloca este episodio entre el primer anuncio de la pasión y el segundo. Hay una intención clara de contrarrestar ese lenguaje duro de la cruz.

Es descabellado que Jesús se dedicara hacer una puesta en escena. Mucho menos que tratara de dar un caramelo a los más íntimos para ayudarles a soportar el trago de la cruz (cosa que no consiguió). Con ello estaría fomentando lo que tanto critica Marcos en todo su evangelio: El poner como objetivo último la gloria; aceptar que lo verdaderamente importante es el triunfo personal, aunque sea a través de la cruz.

La estructura del relato a base de datos del AT, nos advierte de que no se trata de un hecho histórico, sino de teología. No quiere decir que Dios realice un espectáculo de luz y sonido. Son solo experiencias subjetivas que, en un momento determinado, atestiguan la presencia de lo divino en un ser humano. La presencia de lo divino es constante en toda la realidad creada, pero el hombre puede descubrir esa realidad y vivirla de una manera experimental en un momento determinado de su vida.

A Dios nunca podemos acceder por los sentidos. Si en esa experiencia se dan percepciones sensoriales, se trata de fenómenos paranormales. Dios está en cada ser acomodándose a lo que es como criatura, no violentando nada de ese ser. La llegada a la existencia de todo ser, es la consecuencia de la presencia divina en él. Esto no quiere decir que la experiencia de Dios no sea real. Quiere decir que Dios no está nunca en el fenómeno, sino en la esencia. “Si te encuentras al Buda, mátalo”.

Jesús, como ser humano, tuvo que luchar en la vida por descubrir su ser. El relato de hoy quiere decir que habitaba en él lo divino. Seguramente se trate de un relato pascual que se consideró oportuno retrotraer a la vida de Jesús. En los relatos pascuales se insiste en que ese Jesús Vivo, es el mismo que anduvo con ellos por las tierras de Galilea. En la trasfiguración, se dice lo mismo, pero desde el punto de vista contrario. El Jesús que vive con ellos es ya el Cristo glorificado.

El relato, quiere demostrar que lo que descubrieron de Jesús después de su muerte, ya estaba en él durante su vida, aunque no fueron capaces de apreciarlo. Jesús fue siempre lo que nos hace ver el relato, antes de la muerte y después de ella. Lo que hay de divino en Jesús, está en su humanidad, no está añadido a ella. Este mensaje es muy importante a la hora de superar visiones demasiado maniqueas de Jesús.

 Pedro, Santiago y Juan, los únicos a los que Jesús cambió el nombre. Era buena gente, pero un poco duros de mollera. Necesitaron clases de apoyo para poder llegar al nivel de comprensión de los demás. Los tres acompañan a Jesús en el huerto. Los tres son testigos de la resurrección de la hija de Jairo. Pedro acaba de decir a Jesús, que de pasión y muerte, ni hablar. Santiago y Juan van a pedir a Jesús que quieren ser los primeros en su reino. Los tres demuestran que no entendieron el mensaje.

 La montaña alta, la nube, la luz, la voz, el miedo, son todos elementos que aparecen en las teofanías del AT. El monte es una clara referencia al Sinaí. La nube fue signo de que Dios los acompañaba, sobre todo en el desierto. La nube trae agua, sombra, vida. Los vestidos blancos son signo de la divinidad. El hecho de que todos sean símbolos, no disminuye en nada la profundidad del mensaje, al contrario, el lenguaje bíblico asegura la comprensión de los destinatarios que eran todos judíos.

Moisés y Elías, además de ser los testigos de grandes teofanías, representan todo el AT, la Ley y los profetas. Significa que Jesús no se sacó su mensaje de la manga, sino que está en total acuerdo con el AT. Lo que se intenta es manifestar el traspaso del testigo a Jesús. Hasta ahora, La Ley y los profetas eran la clave para descubrir la voluntad de Dios. Ahora, la clave de acceso a Dios será Jesús.

¡Qué bien se está aquí! Para Pedro era mucho mejor lo que estaba viendo y disfrutando que la pasión y muerte, que les había anunciado. Cuando les anuncia por primera vez la pasión, Pedro había dicho a Jesús: ¡Ni hablar! Ahora se encuentra a sus anchas. Manifiesta el mismo afán de gloria que a todos nos invade.

Vamos a hacer tres chozas. Pedro está en la “gloria”, y pretende retener el momento diciendo lo que piensa y manifestando su falta total de comprensión del mensaje de Jesús. Le ha costado subir, pero ahora no quieren bajar. Se habían acercado a Jesús con buena voluntad, pero sin descartar la posibilidad de medrar. Al poner al mismo nivel a los tres personajes, Pedro niega la originalidad de Jesús. No acepta que la Ley y los profetas están superados. La voz corrige la visión de Pedro.

 ¡Escuchadlo! En griego, “akouete autou” significa escuchadle a él solo. A Moisés y Elías los habéis escuchado hasta ahora. Llega el momento de escucharle a él. El AT es el mayor obstáculo para escuchar a Jesús. Hoy lo son los prejuicios que nos han inculcado sobre Jesús. Escuchar, es la actitud del discípulo. En el Éxodo, escuchar a Dios es obedecerle. La Palabra que escuchamos nos arranca de nosotros mismos.

No contéis a nadie… Es la referencia más clara a la experiencia pascual. No tiene sentido hablar de lo que ellos ni estaban buscando ni habían descubierto. No sólo no contaron nada, sino que a ellos mismos se les olvidó. En el capítulo siguiente nos narra la petición de los primeros puestos por parte de Santiago y Juan. Pedro termina negándolo ante una criada. Hechos impensables después de una tal visión.

Lo importante no es que Jesús sea el Hijo amado, sino que cada uno de nosotros somos el hijo amado como si fuéramos únicos. Dios nos está comunicando en cada instante su misma Vida y habla en lo hondo de nuestro ser en todo momento. Esa voz es la que debemos escuchar. No tenemos que aceptar la cruz para alcanzar gloria. No llegamos a la vida a través de la muerte. En la muerte está ya la Vida.

Debemos escuchar a Jesús para poder comprender la Ley y los Profetas, no al revés. Seguimos apegados al AT. El mensaje de Jesús nos viene grande. Como Pedro, lo más que hemos hecho, es ponerlo al mismo nivel que la Ley y los Profetas. El interpretar a Jesús desde el AT nos ha jugado una mala pasada.

Garizumako 2. igandea – 2 Cuaresma-B JOSÉ A. PAGOLA

(Marcos 9,2-10)

JESUSI ENTZUN – ESCUCHAR A JESÚS

Gero eta denbora gutxiago hartzen dugu entzuteko. Ez dakigu nola hurbildu, lasai eta aurreiritzirik gabe, beste baten bihotzera. Ez gara gai gizaki orok komunikatzen ahal digun mezuari harrera egiteko. Geure problema propioetan hesiturik, pertsonen ondotik igarotzen gara, inori ere egiaz entzutera ia-ia gelditu gabe. Ahazten ari zaigu entzuteko artea.

Horregatik, ez da arraroa gertatzen ere, kristauoi, hein batean, ahaztu izana fededun izatea Jesusi entzunez bizitzea dela. Alabaina, entzute horretatik bakarrik jaio ohi da zinezko kristau-fedea.

Markos ebanjelariaren arabera, «antzaldatzearen mendian», ikasleek, beren burua hodei baten itzalak bildurik sentitu eta izutu direnean, soilik hitz hauek entzun dituzte: «Hau ene Seme maitea da: entzun iezaiozue!»

Jesusi hondoraino entzutearen esperientzia mingarria izan daiteke, baina hunkigarria da. Ez da guk geure eskemetatik eta topikoetatik irudikatu genuen hura. Beraren misterioa gure ezagupenaren gainetik dago. Kasik konturatu gabe, gu geure segurtasunetatik, gustu-gustuko ditugunetatik, erauzten dihardu, egiazko bizitza betera erakartzeko.

Noizbait ere, azken egia esaten ari zaigun batekin topo egin dugu. Zertako bizi eta zergatik hil, ondo dakien batekin. Zerbaitek diosku barnetik arrazoi duela. Beraren bizitzan eta beraren mezuan egia nabari dugu.

Entzuten pazientziaz eta egiati irauten badugu, gure bizitza argi berri batez distiratzen hasiko da. Dena klaruago ikusten hasiko gara. Aurkituz joango gara zein den erarik gizatiarrena bizitzako problemei eta heriotzaren misterioari aurre egiteko. Konturatuz joango gara zein errore handiak egin gintzakeen gizakiok eta zein leialtasun-falta handietan eror gintezkeen kristauok.

Gehiago arduratu beharko genuke geure kristau-elkarteetan Jesusi leial entzuteaz. Berari entzuteak mendetako itsutasunez senda gintzake, kasik saihestezin ezin diren etsipen eta koldarkerietatik aska gintzake, adore berri bat eman liezaioke gure fedeari.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ESCUCHAR A JESÚS

Cada vez tenemos menos tiempo para escuchar. No sabemos acercarnos con calma y sin prejuicios al corazón del otro. No acertamos a acoger el mensaje que todo ser humano nos puede comunicar. Encerrados en nuestros propios problemas, pasamos junto a las personas, sin apenas detenernos a escuchar realmente a nadie. Se nos está olvidando el arte de escuchar.

Por eso tampoco resulta tan extraño que a los cristianos se nos haya olvidado, en buena parte, que ser creyente es vivir escuchando a Jesús. Sin embargo, solo desde esta escucha nace la verdadera fe cristiana.

Según el evangelista Marcos, cuando en la «montaña de la transfiguración» los discípulos se asustan al sentirse envueltos por las sombras de una nube, solo escuchan estas palabras: «¡Este es mi Hijo amado: escuchadle a él!».

La experiencia de escuchar a Jesús hasta el fondo puede ser dolorosa, pero es apasionante. No es el que nosotros habíamos imaginado desde nuestros esquemas y tópicos. Su misterio se nos escapa. Casi sin darnos cuenta nos va arrancando de seguridades que nos son muy queridas, para atraernos hacia una vida más auténtica.

Nos encontramos, por fin, con alguien que dice la verdad última. Alguien que sabe para qué vivir y por qué morir. Algo nos dice desde dentro que tiene razón. En su vida y en su mensaje hay verdad.

Si perseveramos en una escucha paciente y sincera, nuestra vida empieza a iluminarse con luz nueva. Comenzamos a verlo todo con más claridad. Vamos descubriendo cuál es la manera más humana de enfrentarnos a los problemas de la vida y al misterio de la muerte. Nos damos cuenta de los grandes errores que podemos cometer los humanos y de las grandes infidelidades de los cristianos.

Hemos de cuidar más en nuestras comunidades cristianas la escucha fiel a Jesús. Escucharle a él nos puede curar de cegueras seculares, nos puede liberar de desalientos y cobardías casi inevitables, puede infundir nuevo vigor a nuestra fe.

José Antonio Pagola

2º DOMINGO DE CUARESMA – KOINONÍA

Génesis 22,1-2.9-13.15-18

El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole: «¡Abrahán!» Él respondió: «Aquí me tienes.» Dios le dijo: «Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio, en uno de los montes que yo te indicaré.»

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: «¡Abrahán, Abrahán!» Él contestó: «Aquí me tienes.» El ángel le ordenó: «No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.»

Abrahán levanto los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: «Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado a tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.»

Salmo responsorial: 115

Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

Tenía fe, aun cuando dije: / «¡Qué desgraciado soy!» / Mucho le cuesta al Señor / la muerte de sus fieles. R.

Señor, yo soy tu siervo, / siervo tuyo, hijo de tu esclava: / rompiste mis cadenas. / Te ofreceré un sacrificio de alabanza, / invocando tu nombre, Señor. R.

Cumpliré al Señor mis votos / en presencia de todo el pueblo, / en el atrio de la casa del Señor, / en medio de ti, Jerusalén. R.

Romanos 8,31b-34

Dios no perdonó a su propio Hijo

Hermanos: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?

Marcos 9,2-10

Éste e mi Hijo amado

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.» De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.» Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

EXPLICACIÓN DE LOS TEXTOS:

Después del anuncio de la pasión y del llamado al seguimiento, Marcos introduce el relato de la transfiguración (Mc 9,2-8). Algo así como una “Pascua anticipada”, junto a una crucifixión igualmente “anticipada”. Después viene la discusión sobre la resurrección y el retorno de Elías (Mc 9,9-13) y la historia de la sanación del niño mudo (Mc 9,14-29). Según Xavier Pikaza, los tres relatos tejen un tríptico eclesial que vincula la experiencia de oración, la fe sanadora y el anuncio de la pasión y la resurrección. Así la experiencia pascual (transfiguración) está unida a la acción liberadora.

Veamos en primer lugar la fuerza simbólica del relato, y después “ataremos cabos” para resaltar el mensaje para nuestro HOY:

“Seis días” que evocan los “seis días” de la creación, o los “seis años” de trabajo antes del “año sabático”. Es pues, tiempo productivo, de siembra, de actividad, de preparación. En este ambiente sucede la transfiguración. Pudiéramos decir que la transfiguración pertenece a “otro tiempo”, que irrumpe en el “tiempo ordinario”, con el fin de producir un contraste, un desequilibrio, un llamado de atención, una corrección.

“Tres discípulos”: Pedro, Santiago y Juan, en representación de la comunidad discipular conducida por Jesús. La humanidad masculina en camino al encuentro transformador con la divinidad. Quizá por ello más necesitada de la corrección que va a desarrollarse en lo alto del monte.

“Vestidos resplandecientes” para resaltar la transformación, en donde el resplandor y la blancura expresan la profundidad y la integridad del cambio operado. Las primeras comunidades cristianas usaron vestidos blancos recién lavados para simbolizar la nueva vida que se proponían vivir. Los vestidos exteriores son expresión de los profundos cambios en el interior de las personas.

“Tres seres resplandecientes”: Jesús, Moisés y Elías, en representación de la “comunidad celestial” en comunión. También masculina. Quizá por ello, el encuentro de las dos comunidades sólo suman “seis”. La plenitud del “siete” tendrá lugar mediante la inclusión de la comunidad femenina.

“Tres tiendas”, simbolismo del éxodo y del Dios del éxodo, experiencia tribal originaria y fundacional de Israel. El tiempo de las tiendas es también tiempo de alianza tribal, de solidaridad, de igualdad. En la fiesta de las tiendas sukkot cada familia hacía una choza y habitaba en ella, recordando la salida de Egipto.

Tenemos un énfasis en el simbolismo trinitario: 3 seres celestiales (Jesús, Moisés, Elías), 3 discípulos (Pedro, Juan, Santiago), 3 chozas (éxodo); tres veces tres junto con la gloria de Dios. Tres significa comunidad, perfección, plenitud. Es la propuesta comunitaria de Dios para la humanidad a partir del mismo ser trinitario de Dios. Es el proyecto a construir una vez que se regrese a la llanura.

“Nube”, para los pueblos del desierto significa sombra, lluvia, vida, alegría, bendición. Por eso, siempre está relacionada con Dios. Es un signo visible de la presencia y la compañía gratificante de Dios. Así lo fue durante la travesía del pueblo por el desierto, Dios caminaba delante de él señalando el camino. La voz y la nube van junto al pueblo, cuando este decide construir el proyecto de Dios.

“Subir el monte alto”: evocando Horeb-Sión, lugar donde Moisés y Elías se vieron “cara-a-cara” con Dios. Epifanía que revela el proyecto de Dios y que da fuerza y sabiduría para llevarlo a cabo. Ascenso humanizador, en cuanto capacidad y decisión para realizar lo revelado por Dios.

“Descender del monte”: a la llanura, para el encuentro y la transformación humana y social. En el descenso, quienes experimentaron la resurrección, discuten sobre la “resurrección de los muertos”. El monte está relacionado con la resurrección y la llanura con la muerte. Evocación de los orígenes de Israel en las montañas tribales en contraste con las llanuras tributarias e idolátricas. Producir tal contraste es la tarea permanente de quienes “descienden del monte”. De ahí el imperativo a descender.

En el camino a Jerusalén era necesaria la transfiguración. Galilea había mostrado el “éxito” del reino de Dios. La comunidad discipular identificó allí la realización de los tiempos mesiánicos relacionados con los milagros de Jesús y con las multitudes necesitadas. La expectativa judía de un Mesías liberador de la opresión romana estaba siendo respondida. La comunidad discipular aún no salía de estos moldes mesiánicos. Cuando Jesús anuncia su pasión y crucifixión, hay alarma y desconcierto. No se entiende un mesianismo que pase por la cruz. Para “corregir” esta situación vivida por la comunidad post-pascual de Marcos, el relato introduce la transfiguración.

 

No sabemos cuál sea el contenido materialmente histórico de este relato teológico, ni es importante conocerlo; este relato, como todo el evangelio, no está escrito tanto “para que sepamos” un dato material de la vida de Jesús, sino “para que creamos”, para alimentar nuestra fe subrayando un aspecto de una verdad salvífica (no una verdad física). Para comunicarnos un mensaje espiritual (una verdad profunda), sin que importe la veracidad fáctica del hecho que sirve de símbolo-vehículo para la transmisión de ese mensaje (o sea, aunque como verdad superficial no fuera cierto tal hecho).

Lo que en el sentido profundo se trasmite en el texto es una vivencia fundamental para toda persona humana, que lo fue sin duda también para Jesús: la necesidad de transcender la superficie de las cosas para captar su sentido profundo. En un momento privilegiado de gracia, los discípulos pudieron acceder a una visión más honda de lo que significaba aquél Jesús humilde que les acompañaba “como uno de tantos”. Y eso les dio ánimos y les fortaleció para continuar la “subida a Jerusalén”.

La fe es la que opera esa “transfiguración”; por ella la vida real, tantas veces chata y sin relieve, rutinaria o hasta decepcionante, se “trasfigura”, mostrándonos sus riquezas de sentido, su trasfondo de dimensiones transcendentes, hasta hacernos experimentar incluso que “todo es gracia”, como dijo Bernanos. Ante esa visión transfigurada de la realidad, uno se extasía, sentimos el deseo de detener el tiempo para contemplar y saborear… Pero esos momentos privilegiados, transfigurados, son excepciones; a lo largo del camino hacia Jerusalén hay pocos montes Tabor…

La fe es la que debe suplir y hacer posible en el fondo del corazón la fuerza para subir al monte Tabor, incluso cuando podamos estar más cerca del otro monte, el Calvario… La fe nos puede dar “una visión contemplativa de la realidad”, una visión mayor, penetrante, transfiguradora, anticipadamente escatológica incluso. Este poema de Casaldáliga que les ofrecemos parece expresar algo semejante.

«Vi un cielo nuevo y una tierra nueva»

Entonces veré el sol con ojos nuevos

y la noche y su aldea reunida;

la garza blanca y sus ocultos huevos,

la piel del río y su secreta vida.

 

Veré el alma gemela de cada hombre

en la entera verdad de su querencia;

y cada cosa en su primero nombre

y cada nombre en su lograda esencia.

Confluyendo en la paz de Tu mirada,

veré, por fin, la cierta encrucijada

de todos los caminos de la Historia

y el reverso de fiesta de la muerte.

Y saciaré mis ojos en Tu gloria,

para ya siempre más ver, verme y verte.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 68 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El audio, el guión, y su comentario bíblico-teológico, pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/68-en-la-cumbre-del-tabor/

 

DOMINGO 1º DE CUARESMA (B) – Fray Marcos

(Gn 9,8-15) Hago un pacto con vosotros: El diluvio no volverá a destruir los vivientes

(1 Pe 3,18-22) “Aquello fue un símbolo del bautismo que actualmente os salva.”

(Mc 1,12-15) Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás.

Jesús no fue al desierto a hacer penitencia sino a meditar. Ni mortificarnos ni pedir perdón por nuestros pecados nos llevará a la plenitud.

Durante siglos, hemos puesto en el perdón de Dios la meta de nuestras relaciones con Él. Esta idea de Dios está en las antípodas del evangelio. Jesús nos dice que el perdón es el punto de partida. Nuestro concepto de pecado se basa en el mito de la ruptura. A partir de ahí, la religiosidad consistirá en una recuperación de lo perdido. Hoy tenemos datos para intentar otras explicaciones. Somos fruto de la evolución y seguimos avanzando.

El pecado es una de las experiencias más dolorosas y humillantes del ser humano. Lo que tenemos que superar es una explicación demasiado primitiva de fallo y descubrir un modo de afrontarlo que pueda ser útil para superarlo eficazmente. El mal no tiene nada de misterio. Es consecuencia inevitable de nuestra condición de criaturas limitadas. Una inercia de tres mil millones de años de evolución, que nos empuja hacia el individualismo, no puede ser contrarrestada por unos cientos de miles de años de trayectoria humana.

El primer objetivo de todo ser vivo, fue mantener esa vida contra todas las agresiones externas e internas. Esta experiencia se va almacenando en el ADN. Gracias a él, la vida no solo se conservó, sino que fue alcanzando cotas más altas de perfección, hasta llegar al “homo sapiens”. Su relativa perfección permite al hombre unas relaciones completamente distintas; ahora fundadas en la armonía. Pero permanece el instinto de conservación que le lleva al individualismo. La visión miope tiene que ser superada por un nuevo conocimiento.

Fijaros bien que los tres temas clásicos de la cuaresma son: Oración, ayuno, limosna. En ellos quedan resumidas todas las posibles relaciones humanas: con Dios, con uno mismo, con los demás. Con las cosas. La calidad humana del hombre depende de la calidad de sus relaciones. Si no sobrepasan lo puramente instintivo, esas relaciones estarán basadas en un individualismo feroz, buscando el provecho biológico inmediato. Si esas relaciones están basadas en el conocimiento de tu auténtico ser, te llevarán a la armonía con todos los seres.

El hecho de que Marcos sea tan breve, siendo el primero que escribió, nos está diciendo que en Mateo y Lucas, se trata de una elaboración progresiva, y no de un olvido de los detalles por parte del primero. También pudiera ser que Mateo y Lucas encontraran ya el relato ampliado en la fuente Q, anterior a Marcos. En todo caso, esas diferencias nos estarían demostrando el carácter simbólico del relato, más allá de las limitaciones de tiempo y lugar. Mc está planteando en tres líneas toda la trayectoria humana de Jesús.

El objetivo del relato es muy distinto en cada uno de los sinópticos. Marcos no pretende ponernos en guardia sobre las clases de tentaciones que podemos experimentar. En él no hay tres tentaciones, porque plantea toda su vida como una constante lucha contra el mal. En el evangelio de Marcos no vuelve a aparecer Satanás. Su lugar lo van a ocupar instituciones y personas de carne y hueso, que a través de toda la obra intentarán apartar a Jesús de su misión liberadora. La tentación está siempre a nuestro alrededor.

Inmediatamente. Comienza la lectura de hoy con la anodina frase de siempre “en aquel tiempo”. Es interesante saber que en el versículo anterior nos habló de la bajada del Espíritu sobre Jesús en el bautismo. Es muy significativo que el Espíritu se ponga a trabajar, de inmediato. Toda la actuación de Jesús se realiza bajo la fuerza del Espíritu. Este Espíritu, no es todavía el “Espíritu Santo” según la idea que se desarrolló en los siglos VI y V; se trata de la fuerza de Dios que le capacita para actuar.

El Espíritu le empujó. El verbo griego empleado es “ekballo” = Empujar, echar fuera. No se trata de una amable invitación, sino de una acción que supone una cierta violencia. El Espíritu no abandona a Jesús, pero le arrastra a otro lugar: el desierto. Al recibir el Espíritu en el bautismo, Jesús no queda inmunizado y apartado de la lucha contra el maligno. Como todo hijo de vecino (hijo de hombre), Jesús tiene que debatirse en la vida para alcanzar su plenitud. Precisamente por haber alcanzado la meta como ser humano, está capacitado para marcarnos el camino a nosotros.

Al desierto. El desierto es el lugar teológico de la lucha, de la prueba; y, superada la prueba, del encuentro con Dios. Es imposible comprender todo el simbolismo del desierto para el pueblo judío. La clave de su historia religiosa se encuentra en el desierto. Jesús sufre las mismas tentaciones que Israel, pero las supera. No se trata del desierto físico, sino del símbolo de la lucha. Es muy significativo que todos los evangelios nos hagan ver cómo Jesús encontrará a Satanás en su mismo pueblo.

Se quedó en el desierto cuarenta días. El número cuarenta es otra clave simbólica para entender el relato: 40 días duró el diluvio, 40 años pasó el pueblo judío en el desierto. 40 días estuvo Moisés en el Sinaí. 40 días fueron necesarios para que se conviertan los ninivitas. 40 días camina Elías por el desierto. No se trata de señalar un tiempo cronológico, sino de evocar una serie de acontecimientos salvíficos en la historia del pueblo judío, que quedarán superados por la experiencia de Jesús.

Tentado por Satanás. “Peireo” indica más bien una prueba que hay que superar. No puede haber un aprobado si no hay examen. ‘Satán’ significa el que acusa en el juicio, exactamente lo contrario que ‘paráclito’, el que defiende en un juicio. En Mateo y Lucas las tentaciones tienen lugar al final de los cuarenta días de ayuno. En Marcos no aparece el ayuno por ninguna parte, y la tentación abarca todo el tiempo que duró el retiro en el desierto. Marcos no nos habla de penitencia, sino de lucha por comprenderse en Dios.

Estaba entre las fieras. La traducción oficial de “alimañas”, condiciona la interpretación. El texto griego y el latino dice: animales salvajes concretos, conocidos por todos. Puede entenderse como que Jesús está en la vida en medio de todas las fuerzas que condicionan al hombre, unas buenas (Espíritu, ángeles), otras malas (Satanás, fieras) Pero también podría aludir a los tiempos idílicos del paraíso, donde la armonía entre seres humanos y la naturaleza entera, será total. Recordemos que el tiempo mesiánico se había anunciado como una etapa de armonía entre hombres, naturaleza y fieras.

Y los ángeles le servían. El verbo que emplea es “diakoneô” que significa servir, pero con un matiz de afecto personal en el servicio. En el NT “diaconía” es un término técnico que expresa la actitud vital de servicio, de los seguidores de Jesús. Su primer significado era, “servir a la mesa”. Pero aquí este significado iría en contra de todo el sentido del relato, porque indicaría que en vez de ayunar era alimentado por los ángeles. Podría significar las fuerzas del bien, o expresar que Dios estaba de su parte.

Nadie ni nada puede malearnos sustancialmente ni el pecado de Adán ni nuestros propios pecados. Nuestra tarea consiste en ir descubriendo lo que nos deteriora como seres humanos y lo que nos va construyendo como personas.

Meditación

La tentación fundamental es hacer un dios a mi medida,

Dejándome llevar por una cómoda idolatría.

El antídoto es el Dios de Jesús,

El Abba que me hace vivir su misma Vida.

Si descubro mi verdadero ser,

surgirá dentro de mí la armonía y la capacidad de amar.

Garizumako 1. igandea – B – José A. Pagola

(Markos 1,12-15)
Evangelio del 18 / Feb / 2024

por Coordinador – Mario González Jurado

ENTZUN BIHOTZ BERRITZEKO DEIA – ESCUCHAR LA LLAMADA A LA CONVERSIÓN

 «Bihotz-berri zaitezte, hurbil da-eta Jainkoaren erreinua». Zer adieraz diezaiokete hitz hauek gure egunotako gizonezko edo emakume bati? Inor ez gaitu erakartzen bihotz-berritzeko dei batek. Berehala etorri ohi zaigu burura zerbait nekagarria eta gozo gutxikoa dela: haustura bat, bizitza deseroso eta atsegin gutxikora eramango gintuzkeena, sakrifizioz eta ukapenez bakarrik betera. Hala al da benetan?

Hasteko, «bihotz-berritu» terminoaz euskaratzen dugun grekozko hitzak «pentsatzeari ematea» esan nahi du, «geure bizitzaren ikusmoldeari berrikusi bat ematea», «ikusmira birdoitzea». Honela har litezke Jesusen hitzak: «Aztertu ez ote duzuen zerbait berrikusi eta birdoitu beharrik zeuen pentsaeran eta jardueran, bete ahal dadin zeuengan Jainkoaren egitasmoa, bizitza gizatiarrago bati dagokionez».

Gauzak horrela badira, berrikusi behar den lehenengo gauza, gure bizitza blokeatzen duen hura da. Bihotz-berritzea «bizitza liberatzea» da, beldurra, egoismoa, tirandura eta esklabotza deseginez, era osasungarrian haziz joatea eragozten diguten horiek. Bakea eta poza sortzen ez dituen bihotz-berritzea ez da zinezkoa. Ez da ari gu Jainkoaren erreinura hurbilarazten.

Ondoren, erroak ondo zaintzen ote ditugun berrikusi behar dugu. Erabaki handiak ez dira ezertarako, iturburua elikatzen ez badugu. Ez digute eskatzen fede goienekorik, ezta bizitza bete-beterik ere; soilik, bizi gaitezela Jainkoak digun maitasunean konfiantza izanez. Bihotz-berritzea ez da buru-belarri santu izaten saiatzea, baizik eta Jainkoaren erreinuari eta haren zuzentasunari harrera eginez bizitzea. Orduan bakarrik hasiko da gugan benetako eraldaketa bat.

Bizitza ez da, inoiz ere, ez betetasuna, ez erabateko arrakasta. Harrera egin beharra diogu «amaigabe izateari», umiliagarri denari, zuzentzea lortzen ez dugunari. Inporta duena, desirari eustea da, etsipenari amore ez ematea. Bihotz-berritzea ez da bekaturik gabe bizitzea, baizik eta barkazioa bizitzen ikastea, harrokeriarik eta tristurarik gabe, izan beharko genukeen eta ez garenagatik sentitutako aseezina elikatu gabe. Hona zer dion Jaunak Isaiasen liburuan: «Bihotz-berritzea eta lasai bizitzea izango duzue zein liberazioa» (30,15).

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 1 Cuaresma –  José A. Pagola

– B (Marcos 1,12-15)
Evangelio del 18 / Feb / 2024

por Coordinador – Mario González Jurado

ESCUCHAR LA LLAMADA A LA CONVERSIÓN

«Convertíos, porque está cerca el reino de Dios». ¿Qué pueden decir estas palabras a un hombre o una mujer de nuestros días? A nadie nos atrae oír una llamada a la conversión. Pensamos enseguida en algo costoso y poco agradable: una ruptura que nos llevaría a una vida poco atractiva y deseable, llena solo de sacrificios y renuncia. ¿Es real mente así?

Para comenzar, el verbo griego que se traduce por «convertirse» significa en realidad «ponerse a pensar», «revisar el enfoque de nuestra vida», «reajustar la perspectiva». Las palabras de Jesús se podrían escuchar así: «Mirad si no tenéis que revisar y reajustar algo en vuestra manera de pensar y de actuar para que se cumpla en vosotros el proyecto de Dios de una vida más humana».

Si esto es así, lo primero que hay que revisar es aquello que bloquea nuestra vida. Convertirnos es «liberar la vida» eliminando miedos, egoísmos, tensiones y esclavitudes que nos impiden crecer de manera sana y armoniosa. La conversión que no produce paz y alegría no es auténtica. No nos está acercando al reino de Dios.

Hemos de revisar luego si cuidamos bien las raíces. Las grandes decisiones no sirven de nada si no alimentamos las fuentes. No se nos pide una fe sublime ni una vida perfecta; solo que vivamos confiando en el amor que Dios nos tiene. Convertirnos no es empeñarnos en ser santos, sino aprender a vivir acogiendo el reino de Dios y su justicia. Solo entonces puede comenzar en nosotros una verdadera transformación.

La vida nunca es plenitud ni éxito total. Hemos de aceptar lo «inacabado», lo que nos humilla, lo que no acertamos a corregir. Lo importante es mantener el deseo, no ceder al desaliento. Convertirnos no es vivir sin pecado, sino aprender a vivir del perdón, sin orgullo ni tristeza, sin alimentar la insatisfacción por lo que deberíamos ser y no somos. Así dice el Señor en el libro de Isaías: «Por la conversión y la calma seréis liberados» (30,15).

José Antonio Pagola

Domingo de la I semana de Cuaresma – Koinonía

Ciclo B

Génesis 9,8-15

El pacto de Dios con Noé salvado del diluvio

Dios dijo a Noé y a sus hijos: «Yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañaron: aves, ganado y fieras; con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Hago un pacto con vosotros: el diluvio no volverá a destruir la vida, ni habrá otro diluvio que devaste la tierra.» Y Dios añadió: «Ésta es la señal del pacto que hago con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las edades: pondré mi arco en el cielo, como señal de mi pacto con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco, y recordaré mi pacto con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir los vivientes.»

Salmo responsorial: 24

Tus sendas, Señor, son mi misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza.

Señor, enséñame tus caminos, / instrúyeme en tus sendas: / haz que camine con lealtad; / enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.

Recuerda, Señor, que tu ternura / y tu misericordia son eternas. / Acuérdate de mí con misericordia, / por tu bondad, Señor. R.

El Señor es bueno y es recto, / y enseña el camino a los pecadores; / hace caminar a los humildes con rectitud, / enseña su camino a los humildes. R.

1Pedro 3,18-22

Actualmente os salva el bautismo

Queridos hermanos: Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conduciros a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Con este Espíritu, fue a proclamar su mensaje a los espíritus encarcelados que en un tiempo habían sido rebeldes, cuando la paciencia de Dios aguardaba en tiempos de Noé, mientras se construía el arca, en la que unos pocos -ocho personas- se salvaron cruzando las aguas. Aquello fue un símbolo del bautismo que actualmente os salva: que no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles, autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

Marcos 1,12-15

Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

 

La primera lectura, Génesis 9, contiene la «alianza de Dios con Noé». La alianza famosa, la más importante, tendrá lugar más tarde, la alianza con Abraham. La Alianza con Noé pertenece a un segundo plano de “la economía de la salvación”. ¡Nunca más habrá diluvio para destruir la tierra!, le asegura Dios a Noé (Gn 9,11). Y esta promesa va acompañada de un memorial: el arco iris, señal del nuevo pacto entre Dios y la humanidad.

¡El miedo al “diluvio” ha sido quebrado! Ahora tenemos una nueva alianza a partir de una alternativa de vida para todos los seres vivientes. El arca que ha abrigado a la familia se transforma en una gran casa acogedora de la vida, en donde el cuidado con los animales se destaca de una manera especial (Gn 9,1-7). Es la casa de la vida que coloca al ser humano en comunión con la tierra, con la naturaleza, con el cosmos.

El río Jordán, el desierto, y la Galilea son como un mismo “hilo conductor” de un desplazamiento fundamental que da inicio al evangelio de Marcos. Ahí percibimos el movimiento del reino de Dios que nos invita a movilizarnos en búsqueda de nuestros propios “lugares del Reino” donde se concreten y desarrollen nuestras opciones por la vida, por la dignificación de las personas y de las comunidades.

El río Jordán evoca grandes y significativos hechos de la historia de Israel. El más importante, sin duda, cuando Josué y el grupo del desierto atraviesan el río para entrar en la tierra prometida (Jos 3-4). Relato de los orígenes de aquel proyecto de vida igualitaria revelado por Dios a los esclavos fugitivos de Egipto. A partir de esta memoria primordial, Juan el Bautista convoca al pueblo alrededor de una nueva esperanza mesiánica. Allí también acude Jesús, procurando “las aguas de Juan”.

El desierto es muy frecuentemente mediación de discernimiento, formación y maduración en el proyecto de Dios. Jesús es llevado por el Espíritu al desierto, lugar por excelencia donde Israel aprendió a ser pueblo. Sujeto y proyecto anudados alrededor de la memoria del éxodo dando inicio al evangelio de Jesús.

Galilea es el lugar donde Jesús concreta su opción de humanidad y de humanización. Esta geografía es para Jesús el espacio vital del Reino. Es un mar, una tierra y un pueblo abierto a las naciones del entorno. Las fronteras se “cruzan” dando lugar a la inclusión de lo diverso en múltiples “misturas”. Favorabilidad donde madura e irrumpe el kairós del reino de Dios.

El paso del Jordán al desierto, plantea la articulación de movimientos mesiánicos proféticos que tienen en esos lugares, sus fuentes de inspiración y de organización. La confrontación con Satanás, como principio cósmico del mal que Marcos lo vincula con la enfermedad, la marginación y la muerte de los pobres, será para Jesús la definición de su vida por la ruta del reino de Dios. El desierto deja de ser lugar de prueba y penitencia según la tradición judía, para convertirse en lugar de aprendizaje definitivo en la confrontación y el desequilibrio. El Espíritu de Dios lleva a Jesús hasta la memoria fundacional de Israel, donde, venciendo a Satán, la vida se torna en fidelidad hacia Dios y hacia lo humano.

El simbolismo de los “cuarenta” tiene que ver con el trauma del nuevo nacimiento. Los poderes de la historia se hallan enfrentados: Jesús como principio de la humanidad liberada desde Dios, y Satanás, que es signo y causa de la muerte en el mundo. Nos hallamos frente al relato de un nuevo origen. Marcos re-escribe la historia, llevándonos del agua del bautismo a la re-construcción de la humanidad, para decirnos que Jesús está ahí apostando por una opción de vida, dignidad y felicidad humana. Pero Jesús no asume el combate solitario. Está junto con los animales y los ángeles como evocando un nuevo paraíso. El servicio angélico comunica esperanza y porta salvación. Al retomar el “paraíso” para re-iniciar el camino de lo humano, Jesús cuenta con fuerzas naturales y angelicales (la tierra y el cielo) favorables. Jesús se encuentra entre la tentación satánica y el servicio angélico. Es el dilema que permanentemente enfrentaremos. Marcos ha evocado estos poderes como en un espejo para que podamos mirarnos en ellos. Nos ha dicho lo que es tentar y servir, nos ha arraigado en la “historia original”. Ya en la historia concreta esos actores sobrenaturales desaparecen y es cuando Jesús nos enseña a servir, sirviendo a su comunidad discipular.

Obviamente, los cuarenta días del desierto no desaparecen. Duran todo el evangelio, toda la vida. Son paradigma de la contradicción y el desequilibrio que permanentemente atraviesan la historia. En la trama de la vida humana se ha venido a introducir y decidir la trama de pecado y esperanza de todos los vivientes (incluidos los animales, los ángeles y los diablos).

En definitiva, la liturgia nos presenta este evangelio del comienzo del ministerio de Jesús, por paralelo con el comienzo de la cuaresma. La Cuaresma es la vida humana…

Un llamado a la conversión ecológica urgente

La primera lectura de este domingo da pie claramente a introducir el tema ecológico en la liturgia, concretamente en el tema de la conversión. Si el mensaje de este domingo primero de cuaresma lo centramos en la conversión, este texto nos da pie bíblico para incluir la dimensión ecológica en esa conversión hoy necesaria.

Es sabido que, aunque a los tres monoteísmos nos cuesta admitirlo, hoy es voz común en la sociedad que estas «religiones del libro» han tenido y todavía tienen muy poca sensibilidad ecológica. Más aún: la dimensión cultural de la explotación inmisericorde de la naturaleza, vista como mero objeto, como materia que comer o que explotar, cosificada, objetivada como mera despensa de recursos a nuestra disposición, no ha sido una invención humana ajena a lo religioso, sino que se apoya literalmente en las palabras del Génesis (1,26, ¡en el mismísimo primer capítulo de la Biblia!).

Y todo ello por el «antropocentrismo», un error de perspectiva del que la Biblia no nos liberó –sino que confirmó–, por el que nos hemos considerado el centro de la realidad y del cosmos. (Como diría el sofista griego Protágoras: «el ser humano es la medida de todas las cosas»). Puede ser importante recordar el famoso artículo de Lynn White «Raíces históricas de nuestra crisis ecológica» (publicado en la revista Science 155(1967) 1203-1207, accesible en http://latinoamericana.org/2010/info), en el que sostenía la tesis de que el cristianismo es «la religión más antropocéntrica de la historia». Muy grave acusación.

Un concepto nuevo, que especifica bien el del «antropocentrismo» es el del «especismo»: concretamente, resulta que nosotros somos la última especie, somos unos recién venidos al mundo, nos hemos convertido en una auténtica fuerza geológica, y nos consideramos los dueños y los protagonistas, postergando a todas las demás especies, considerándolas además de estatuto biológico y filosófico inferior. (Cfr. Pedro Ribeiro de Oliveira, Agenda Latinoamericana’2010, descargable en http://latinoamericana.org/digital).

La «alianza con Noé» es un pacto con el que, según la tradición recogida en el génesis, Dios quiere comprometerse con toda la humanidad y todo ser vivo, respecto a que no enviará ningún nuevo diluvio que destruya al ser humano ni a la vida sobre la faz de la tierra. El arco iris será su recordatorio para Dios, dice Gn 9,13.

Hoy es necesario otro pacto ecológico, una alianza de paz del ser humano con la naturaleza, para dejar de agredirla y de destruirla, para pasar a una actitud de cuidado y de responsabilidad.

Hay que superar la postura tradicional de «concordismo bíblico», por el que pensamos que todo lo bueno que vayamos descubriendo o madurando… ya estaba previamente en la Biblia, aunque hubiéramos pasado veinte siglos sin percibirlo… La dimensión ecológica que hoy estamos descubriendo no está en la Biblia. Más: en la Biblia están fundamentadas actitudes que hoy nos parecen ecológicamente irresponsables, incluso antiecológicas. La Biblia fue escrita en una época sin perspectiva ecológica, y por eso es que en la liturgia y en el año litúrgico está tan ausente la ecología. Es necesario «forzar» adecuadamente la situación para introducir el tema, por la urgencia del mismo.

En este momento, aumentar la conciencia de la responsabilidad ecológica de la humanidad, sobre todo de cara a la urgencia de evitar el «punto de no retorno» que se aproxima peligrosamente según todos los cálculos, es uno de los deberes máximos del cristiano y de todo simple ser humano consciente. Si la Humanidad no toma urgentemente una nueva actitud, peligra su misma supervivencia. Y aunque cambiemos mañana mismo, los destrozos que hemos causado ya en el planeta resultan irreversibles, y los vamos a pagar caro, durante mucho tiempo.

Es importante que la conversión de que nos habla la cuaresma incluya la conversión ecológica. ¿Por qué no orientar ecológicamente este año toda la cuaresma?

MIÉRCOLES DE CENIZA – Fray Marcos

Joel 2,12-18 Convertíos a mí de corazón. Rasgar el corazón no los vestidos

II Cor 5,20-6,2 Ahora es el día de la gracia; ahora es el día de la salvación

Mt 6,1-18 Cuendo hagas limosna no vaya tocando la trompeta por delante

 Ayuno, oración, limosna = relación con tu falso yo, relación con tu verdadero ser, relación con los demás.

Desde tiempo inmemorial las religiones han ayudado a los seres humanos a superar infinidad de traumas, pero, mal entendidas, han desplegado otros muchos de los que nos tenemos que librar. Llevamos siglos intentándolo, pero se nos está haciendo muy difícil conseguirlo. Hoy estamos en un punto crucial. Ha cambiado nuestra manera de comprender el mundo. Conocemos los entresijos del corazón humano. Vamos tomando conciencia de que Dios no puede ser lo que pensábamos. Todo ello nos coloca ante un desafío desconcertante y único.

Dejar a Dios ser Dios sería el primer paso. Salir de la presunción de que sabemos lo que es Dios y lo que espera de nosotros sería el segundo. Dios es parte de mí y no alguien que se coloca en frente y, mucho menos, contra mí. Solo descubriéndole dentro de mí podré acercarme a Él. Nunca me impondrá nada desde fuera. Él es el fundamento de mi ser y ahí debe descubrir lo que soy en profundidad. Para ser realmente lo que soy debo desplegar mis relaciones con mi verdadero ser, con mi falso yo, con el resto de los seres humanos y con la naturaleza.

Debemos dar un cambio radical a la manera de afrontar la cuaresma. El Dios que está encantado de vernos sufrir tiene que ser superado. El Dios que exige vasallaje y está siempre controlando nuestras acciones no es el Dios de Jesús. El Dios que nos castiga con el infierno por no ayunar es un tirano. No nos damos cuenta del ridículo de un Dios que está pendiente de lo que como o dejo de comer. La necesidad de esfuerzo personal para no destrozarnos debemos buscarlo en otra parte. No se trata de una exigencia de un ‘Dios’ externo sino de nuestro propio ser.

Los tres temas clásicos de la cuaresma son en resumen formidable de todas las relaciones posibles del ser humano. Ayuno no significa solo ayunar, sino toda privación voluntaria en orden a superar la trampa del hedonismo. Oración no significa ponerse frente a un Dios que está fuera de nosotros, sino bajar a lo hondo de nuestro ser y descubrir allí lo que realmente somos. Limosna no significa dar a un pobre unas monedas o la ropa que íbamos a titar a la basura, sino el ser capaces de salir de nosotros mismos e ira al otro para ayudarle a ser él mismo.

La motivación de nuestras actitudes no está en Dios ni en sus mandatos sino en la naturaleza de nuestra sicología. Los instintos grabados en nuestro ADN son los que pueden impedir nuestra auténtica realización humana. Pero no son exactamente los instintos, ellos son siempre buenos porque se han desarrollado para garantizar nuestra biología. Es la razón que puede tergiversarlos al pretender como bueno solo el placer o huir del dolor que su despliegue causa. La racionalidad me llevará siempre a buscar la potenciación de mi falso ser, no  tiene idea de lo que soy.

El placer y el dolor son formidables medios que la evolución ha descubierto para garantizar la vida biológica. Nuestra razón puede tergiversarlos convirtiéndolo en fines y buscándolos por si misamos. Aquí encontramos la clave de toda conversión. Buscar el placer o huir del dolor como único objetivo personal es la garantía de fracaso. Una vez que nos hemos sumergido en el desorden, es muy difícil recuperar la armonía perdida. Por eso es preciso el entrenamiento para restaurar el equilibrio.

Esto solo se puede conseguir a base de actos contrarios a los hábitos adquiridos. Si comiendo solo por placer he deteriorado mi salud, tengo que abstenerme de comer cuando no supone ningún desorden y así crear un hábito contrario al contraído. Pero incluso cuando no haya contraído ningún hábito pernicioso es conveniente privarse de algo para mantener el control y superar mi tendencia al hedonismo. En la vida espiritual también es imprescindible el esfuerzo personal para triunfar.

Si mis relaciones con Dios, conmigo mismo y con los demás no son las adecuadas será imposible desplegar mi verdadera humanidad. Tomar conciencia de esta realidad y no hacer sacrificios o penitencia es la verdadera finalidad de la cuaresma. Recordemos que metanoia no es penitencia sino cambio de manera de pensar para superar los errores que pueden hacer fracasar mi propia vida. El objetivo de la cuaresma debe ser acararme y tener mejor conocimiento de mis posibilidades.

 1 rescoldo

 No eres solo ceniza

Busca el rescoldo ardiente que ella esconde.

Avívalo, que se convierta en fuego.

La ceniza lo ha mantenido vivo,

fugo vivo que me mantiene vivo

y a partir de ella lo seguiré cuidando

 2 Dios agape

 Dar el paso del dios fabricado al Dios de Jesús.

No es un dios que premia y castiga.

Ni siquiera es un dios que ama,

Es el amor. El amor es su esencia.

Ágape que nos identifica con Él.

Los discursos no sirven para nada.

No se puede aprehender, hay que vivirlo.

 3 lucha

 Pongo en marcha estrategias concretas

Y me preparo para una lucha a muerte.

Dos fuerzas dentro de mí se contraponen.

Entrenarme para alcanzar la meta

sin ninguna obsesión por ser primero.

Luchar contra las apariencias que me arrastran.

Austeridad, Meditación y entrega.

Ayuno, oración y limosna.

 4 eres ola, eres mar

 Descubro lo que soy en lo más hondo.

No me inquietan mis fallos y fracasos.

Dios sigue siendo el mismo para mí,

pero de nada me sirve si lo ignoro

Ser consciente de lo que soy en Él,

para poder vivirlo.

Descubro lo falso de mi ego y lo abandono

 5 lo eterno y lo efímero

 Que lo oculto de Dios se vuelva transparente.

Que tu ego deje de ser el centro.

Centrarme en Él y aprovechar su hondura.

No dejarme llevar por lo instintivo.

Despliega las posibilidades de infinito,

no te dejes atrapar por lo caduco.

Libérate del yugo de lo efímero

 6 paz

 Sentirme en armonía si ninguna zozobra,

centrado en lo esencial nada puede inquietarme,

no me afecta lo que pueda pasar fuera de mí.

Afrontaré la adversidad con calma

En cualquier circunstancia estaré en paz,

nada podré alterar mi ser profundo.

 Eres ceniza que esconde un gran rescoldo.

 ¡¡¡Avívalo!!!