Domingo 02 de Febrero de 2025 – Presentación del Señor C Koinonía

Malaquías 3,1-4

Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis

Así dice el Señor: «Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar -dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.»

Hebreos 2,14-18

Tenía que parecerse en todo a sus hermanos

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaba la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.

Lucas 2,22-40

Mis ojos han visto a tu Salvador

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

 

En el libro de Nehemías se nos cuenta de una lectura pública y solemne del libro de la ley de Dios, el que nosotros los cristianos llamamos Pentateuco y en cambio los judíos designan como «Torá», Ley. Estamos a finales del siglo V AC, los judíos hace pocos años que han regresado del destierro en Babilonia y a duras penas han logrado reconstruir el templo, las murallas de la ciudad, sus propias casas. Les hace falta urgentemente una norma de vida, una especie de «constitución» por medio de la cual puedan regirse en todos los aspectos de la vida personal, social y religiosa. Esdras, un líder carismático, respetado por todos y considerado levita y escriba, es decir, sacerdote y maestro, les da esa ley, esa constitución que necesitan, proclamando solemnemente, ante todo el pueblo reunido, la santa Ley de Dios. Ya vimos como respondió la gente: comprometiéndose a cumplirla y guardarla, llorando sus infidelidades y, a instancias de sus líderes, celebrando una fiesta nacional: la fiesta de la promulgación de la Ley divina. Desde ese remoto día, quinientos años antes de Jesucristo, hasta hoy, los judíos ordenan sus vidas según los mandatos de la Torá o Pentateuco.

El texto de Lc 4, 14ss era un texto sin relevancia en la vida práctica de la comunidad cristiana hasta hace sólo 50 años, un texto olvidado, como tantos otros que hoy nos parecen fundamentales. Fue la teología latinoamericana la que puso de relieve este texto como capital, después del Concilio Vaticano II. Lucas lo pone al inicio de la vida pública de Jesús. Puede que no corresponda a algo que aconteciera realmente al principio (Juan, de hecho, pone otros pasajes como comienzo de su evangelio), pero lo fue en su significación. O sea, tal vez no ocurrieron las cosas así (y no es posible saberlo históricamente), pero Lucas tiene razón cuando sitúa esta escena en su evangelio como un inicio programático que contiene ya, en germen, simbólicamente, toda su misión.

Jesús, sin duda, tuvo que interpretar muchas veces su propia vida con estos textos proféticos de Isaías. Parece obvio que Jesús vio su vida como el cumplimiento, como la prolongación de aquel anuncio profético de la “Buena Noticia para los pobres”. La misión de Jesús es el anuncio de la Buena Noticia de la Liberación. La «ev-angelización» («eu-angelo» = buena noticia) no es más que una forma de la liberación, la «liberación por la palabra».

 

Las aplicaciones son muchas, y bastante directas:

-La misión cristiana hoy, continuando la misión de Jesús, tiene que ser… eso mismo, o sea: «continuación de la misión de Jesús», en sentido literal y directo. Ser cristiano, en efecto, será «vivir y luchar por la Causa de Jesús», sentirse llamado a proclamar la Buena Noticia de la Liberación, entendiéndolo en su literalidad más material también: la «Buena Noticia» tiene que ser «buena» y tiene que ser «noticia». No se puede sustituir semánticamente por el «catecismo» o la «doctrina». Jesús no vino a enseñar «la doctrina»; la «evangelización» de Jesús no fue una «catequesis eclesiástico-pastoral»…

-La misión de Jesús no puede pretender ser neutral, «de centro», «para todos sin distinción», no inclinada ni para los ricos ni para los pobres… como pretenden tantas veces quienes confunden la Iglesia con una especie de anticipo piadoso de la Cruz Roja… Lo peor que podría decirse del evangelio es que fuese neutral, que no se pronuncia, que no opta por los pobres… La peor ideología sería la que ideologiza el evangelio de Jesús diciendo que es neutro e indiferente a los problemas humanos, sociales, económicos y políticos, porque se referiría sólo a «lo espiritual»…

-Puede ser bueno recordar una vez más: Jesús está lejos de la beneficencia y del asistencialismo… No se trata de «hacer caridad» a los pobres, sino de inaugurar el orden nuevo integral, el único que permite hablar de una liberación real… Es importante caer en la cuenta de que muchas veces que se habla de opción “preferencial” por los pobres se está claramente en una mentalidad asistencial, muy alejada del espíritu de Lc 4, 14ss.

-La palabra evangelizadora, o es activa y práctica en la praxis de liberación, o es anti-evangelizadora. La palabra evangelizadora no es palabra de teoría abstracta. Es una palabra que hace referencia a la realidad y la confronta con el proyecto de Dios. «Evangelizar es liberar por la palabra» (Nolan). Una palabra que no entra en la historia, que no se pronuncia, que se mantiene por encima de ella o en las nubes, que no moviliza, no sacude, no provoca solidaridad (ni suscita enemigos)… no es heredera de la «pasión» del Hijo de Dios.

 

Algunos recursos para trabajar catequéticamente este evangelio y este tema:

– Albert NOLAN, dominico sudafricano, tiene unas páginas muy bellas sobre el texto de Lucas de hoy, en su libro ¿Quién es este hombre? Jesús antes del cristianismo, Sal Terrae 1981, capítulo 6 sobre «El Reino de Dios» (pág. 75-83 en nuestra edición). El libro puede recogerse en la Biblioteca de Koinonía: http://servicioskoinonia.org/biblioteca

– Los hermanos LÓPEZ VIGIL, en su obra Un tal Jesús dramatizan este texto de Lucas en su capítulo 22, resultando ser un material pastoral excelente sobre el que montar una sesión de estudio bíblico. Los jóvenes pueden incluso representarlo teatralmente o como teatro leído. El «discurso» que los autores, noveladamente, ponen en boca de Jesús tiene una elaboración teológica muy fina. La interpretación que proponen al «Hoy se cumple esta Escritura» («hoy nos ponemos en marcha») es muy sugerente. En su libro, del mismo título (Lógez Ediciones, Salamanca, 2ª ed. de 1984, pág. 153-160), ofrecen un bello y atinado comentario a este episodio en su capítulo 22. El audio, guión y el comentario pueden ser tomados también de la red, en https://radialistas.net/22-la-buena-noticia/ Toda la serie está disponible en internet.

– La serie Otro Dios es posible, de los mismos autores, tiene un capítulo, el 26, titulado «¿El Reino en la tierra?», que puede ser trabajado en torno a este tema. Su texto y audio pueden ser recogidos en: https://radialistas.net/22-jesus-moreno/ También esta serie está toda ella disponbile en internet.

 

 

JESÚS EN NAZARET (1ª PARTE) José Luis Sicre

FE ADULTA

Domingo 3º. Ciclo C.

Después de celebrar las tres epifanías (a los magos, en el Jordán, en Caná), volvemos al evangelio de Lucas. Cuando lo escribió tomó como punto de partida el de Marcos. Incluso lo copió a veces al pie de la letra. Pero, en bastantes ocasiones, lo cambia y completa. Uno de los casos más curioso de cambio y añadido lo tenemos en el evangelio de este domingo. La liturgia ha complicado las cosas al unir dos textos muy distintos: la introducción de Lucas a su evangelio (1,1-4) y la actuación de Jesús en Nazaret (4,14-21). Quien pretenda tratar los dos temas en la homilía puede provocar que sus oyentes terminen con la cabeza caliente y los pies fríos. Aconsejaría limitarse al segundo. Dejo para el final el comentario a la introducción.

Actuación de Jesús en Nazaret (Lc 4,14-21)

Marcos cuenta que Jesús, cuando metieron en la cárcel a Juan Bautista, se dirigió a Galilea y proclamaba: “Se ha cumplido el plazo y está cerca el reinado de Dios. Convertíos y creed la buena noticia”.

Lucas también dice que Jesús se dirigió a Galilea y predicaba en las sinagogas, pero no dice qué predicaba. Las primeras palabras públicas las pronunciará en la sinagoga de Nazaret, y no hablan del plazo que se ha cumplido ni de la cercanía del reinado de Dios; tampoco piden la conversión y la fe.

El reinado de Dios no está cerca, se ha hecho presente en Jesús

Lo primero que hace Jesús es leer un texto de Isaías que pretende consolar a los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos. Son imágenes que no debemos interpretar al pie de la letra. No se trata de ciegos físicos ni de presos. Este texto, escrito probablemente en el siglo VI o V a.C., describe la triste situación en la que se encontraba por entonces el pueblo de Israel, sometido al imperio persa. Una situación bastante parecida a la de los judíos del tiempo de Jesús, sometidos al imperio romano. Los presentes en la sinagoga de Nazaret podían verse reflejados perfectamente en esas palabras del libro de Isaías. Pero lo importante es lo que Jesús añade: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

Cuando se comparan las primeras palabras de Jesús en Marcos y Lucas se advierte una interesante diferencia. En Marcos, lo esencial es el reinado de Dios y la actitud que debemos adoptar ante su cercanía (convertirnos y creer). En Lucas, la fuerza recae en el personaje sobre el que Dios ha enviado su Espíritu: Jesús. No se trata de que el reinado de Dios esté cerca, se ha hecho ya presente en Jesús.

¿Qué se cumple hoy?

El texto de Isaías se puede interpretar, a la ligera, como si el personaje del que habla (para nosotros, Jesús) fuese a llevar a cabo la mejora social de los pobres, la liberación de los cautivos, la curación de los ciegos, la libertad de los oprimidos. Sin embargo, el texto no pone el énfasis en la acción, sino en el anuncio. La traducción litúrgica usa tres veces el verbo “anunciar” (en griego sería una vez “evangelizar” y dos “anunciar”). Este matiz es importante, porque coincide con lo que hizo Jesús. Es cierto que curó a algún ciego, pero no liberó de los romanos ni mejoró la situación económica de los pobres. Lo que hizo fue “anunciar el año de gracia del Señor”, hablar de un Dios Padre, que nos ama incluso cuando las circunstancias de nuestra vida siguen siendo muy duras.

Un optimismo desafiante

La liturgia ha dividido el relato de Lucas en dos domingos. Con ello, nos quedamos sin saber cómo reaccionará el auditorio a lo que ha dicho Jesús. La sabremos el próximo domingo. Lo que hoy debe quedarnos claro es el profundo optimismo del mensaje de Isaías, que, al mismo tiempo, supone un desafío para nuestra fe. ¿Se ha cumplido realmente esa Escritura que anuncia la mejora y la salvación a pobres, ciegos, cautivos y oprimidos? Una rápida lectura del periódico bastaría para ponerlo en duda. Cuando Lucas escribió su evangelio, cuarenta o cincuenta años después de la muerte de Jesús, también tendría motivos para dudar de esta promesa. Sin embargo, no lo hizo. Jesús había cumplido su misión de anunciar el año de gracia del Señor, había traído esperanza y consuelo. Había motivo más que suficiente para creer que esa palabra se había cumplido y se siguen cumpliendo hoy.

La 1ª lectura (Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10)

La escena se sitúa en la segunda mitad el siglo V a.C., en tiempos de Esdras, y representa una gran novedad. Hasta entonces, quienes hablaban en público eran los profetas. Ahora se lee el libro de la Ley de Moisés (quizá alguna parte del Deuteronomio). El texto une dos formas distintas de lectura:

La primera, solemne, tiene a Esdras de protagonista: se sitúa en un púlpito, la gente se pone en pie, Esdras bendice al Señor y todos adoran.

La segunda, más sencilla: “Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura”. Esta segunda forma coincide con lo que hace Jesús en Nazaret.

La introducción al evangelio (Lc 1,1-4)

Ya que el ciclo C está dedicado al evangelio de Lucas, se recoge el prólogo, en el que Lucas ofrece cuatro datos esenciales: a) por qué escribe la obra; b) a quién la dedica; c) qué método usa; d) qué pretende. [La traducción litúrgica ha cambiado el orden, colocando el primer lugar al destinatario].

Justificación. Llama la atención la referencia a esos muchos que emprendieron la tarea de contar lo sucedido. Si Lucas escribe en la década de los años 80-90, ¿quiénes son esos muchos? Podemos citar con seguridad el evangelio de Marcos, que usará como punto de partida, y el documento con dichos de Jesús conocido como «fuente Q». También otra serie de documentos menores, fragmentarios, utilizados por Lucas en la redacción de su evangelio. Más importante es que los califica de «testigos oculares», convertidos más tarde en «servidores de la Palabra».

Destinatario. ¿Quién es Teófilo? Normalmente se ha pensado en un pagano convertido al cristianismo, de buena posición social y económica, dispuesto a costear los gastos que suponen viajes, investigación y redacción de la obra. Otros no ven claro que se trate de un pagano convertido; podría ser un judío.

Método. Volviendo a los precursores, Lucas no se siente satisfecho con su labor. Encuentra que no han escrito «desde el principio», «todo», «exactamente» y «por orden». Estas cuatro deficiencias son las que pretende mejorar. En un breve resumen, podemos decir que

«desde el principio» lo lleva a comenzar por la infancia;

«todo», a incluir en el relato de Marcos la gran aportación de los Dichos de Jesús (Q) y de otras tradiciones que él ha descubierto;

«exactamente», a situar los hechos en su contexto histórico preciso: censo de Quirino (2,1-2), actividad de Juan Bautista (3,1-2);

«por orden», a componer la obra de forma coherente, cuidando al mismo tiempo su calidad literaria.

Finalidad. Se indica claramente: «para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido». Esto sugiere que Teófilo ha sido «catequizado» solo oralmente. La obra de Lucas servirá para dar autoridad y solidez a esa enseñanza, confirmando y ampliando lo aprendido anteriormente. Este dato es fundamental para no extrañarse de ciertas «incongruencias» de Lucas. Por ejemplo, en 5,3 habla de Simón como si fuera conocido para el lector, aunque es la primera vez que lo nombra. De hecho, un lector que ya ha sido catequizado sabe muy bien quién es Simón Pedro.

Quien desee completar estas ideas puede consultar J. L. Sicre, El evangelio de Lucas. Una imagen distinta de Jesús. Verbo Divino. Estella 2021, pp. 63-67.

José Luis Sicre

LOS RIESGOS DEL MESIANISMO

III Domingo del TO

26 de enero

Lc 1, 1-4. 4, 14-21

De entrada, el discurso programático con el que Lucas resume la actividad de Jesús suena como “evangelio” (en griego: eu-angélion = buena nueva, buena noticia). Resuena como un mensaje de sanación, liberación y vida para los pobres y para quienes padecen cualquier tipo de opresión. Según el mismo, Jesús aparece como alguien que sale al encuentro de la persona en la situación en la que esta se encuentra, respondiendo a su necesidad concreta.

Tal como se realizó en la propia persona de Jesús, constituye una práctica modélica marcada por la compasión, entendida como poner amor donde hay dolor, y basada en una consciencia clara -aunque no conceptualizada en estos términos- de no-separación. Por decirlo brevemente: la llamada “regla de oro”, presente en todas las tradiciones sapienciales e igualmente en los textos evangélicos –“no hagas a nadie lo que no quisieras que te hicieran a ti” o “trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”-, más allá de cualquier formulación con la que se revista, se asienta en la certeza profunda de que todo otro es no-otro de mí.

Así se presentaba, en su origen, el llamado mesianismo cristiano. Sin embargo, no hay mesianismo sin riesgos graves, que fácilmente lo hacen derivar hacia el autoritarismo, el moralismo, la imposición e incluso el narcisismo. Y eso ocurre cada vez que, desconectada de la Fuente -siempre limpia, humilde y desapropiada-, la persona lo vive en beneficio propio, sea para autoafirmarse en la creencia de poseer la verdad, sea para situarse en un plano de supuesta superioridad moral, sea para sostener una imagen idealizada de sí misma. En cualquiera de sus formas, el principio de compasión ha sido pervertido por el egocentrismo, y el mesianismo desemboca irremediablemente en el fanatismo.

Enrique Martínez Lozano

 

DOMINGO   III   (C) Fray Marcos

(Neh 8,2-10) Esdras leyó el libro de la ley y todo el pueblo estaba atento.

(1 Cor 12,12-30) Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro

(Lc 4,14-21) El Espíritu está sobre mí. Enviado para dar la buena noticia.

Las expectativas de sus paisanos eran materiales. Lo que Jesús propone no les interesa en absoluto.

Este ciclo (C) toca leer el evangelio de Lucas, que empieza con un paralelismo de la infancia entre el Bautista y Jesús en los dos primeros capítulos. A partir de aquí, se olvida de todo lo dicho y comienza solemnemente su evangelio: “En el año quince del gobierno de Tiberio Cesar … vino la palabra de Dios sobre Juan. Después del bautismo y las tentaciones, propone un nuevo comienzo con un resumen: Regresó a Galilea con la fuerza del Espíritu, enseñaba en las sinagogas y su fama se extendió.

No es la primera vez que entra en una sinagoga pues dice: “como era su costumbre”. Y “haz aquí lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm. El texto de Isaías es el punto de partida. Pero más importante aún que la cita, es la omisión voluntaria de la última parte que decía: “… y un día de venganza para nuestro Dios” (estaba expresamente prohibido añadir o quitar un ápice del texto). Los que escuchaban se dieron cuenta de la omisión. Atreverse a rectificar la Escritura era inaceptable.

Isaías habla en metáforas, no de curación física. Jesús se niega a entrar en la dinámica que ellos esperan. Este relato es el mejor resumen de toda la vida pública de Jesús. Mientras atendía a sus necesidades materiales, grandes aplausos. Cuando intenta haceres ver que su mensaje consiste en darse a los demás, absoluto fracaso. Hace muy bien Lucas en ponerlo como principio de todo su evangelio.

No comenta un texto de la Torá, que era lo más sagrado para el judaísmo sino un texto profético. El fundamento de la predicación de Jesús se encuentra más en los profetas que en el Pentateuco. Para los primeros cristianos, estaba claro que el mismo Espíritu que ha inspirado la Escritura, unge a Jesús a ir mucho más allá de ella, superando el carácter absoluto que le habían dado los rabinos. Ninguna teología, ninguna norma tiene valor absoluto. Es hombre debe estar siempre abierto al futuro.

Al aplicarse a sí mismo el texto, está declarando su condición de “Ungido”. Seguramente es esta pretensión la que provoca la reacción de sus vecinos, que le conocían de toda la vida y sabían quién era su padre y su madre. En otras muchas partes de los evangelios se apunta a la misma idea: La mayor cercanía a la persona se convierte en el mayor obstáculo para poder aceptar lo que es. Para un judío era impensable que alguien se atreviera a cambiar la idea de Dios de la Escritura.

Partiendo de Isaías, Jesús anuncia su novedoso mensaje. A las promesas de unos tiempos mesiánicos por parte de Isaías, contrapone Jesús los hechos: “hoy se cumple esta Escritura”. Toda la Biblia está basada en una promesa de liberación. No debemos entender literalmente el mensaje, y seguir esperando lo que ya nos han dado. Dios no nos libera, Dios es la liberación. Yo solamente debo tomar conciencia de ello.

La libertad es el estado natural del ser humano. La “buena noticia” de Jesús va dirigida a todos los que padecen cualquier clase de sometimiento, por eso tiene que consistir en una liberación. No debemos caer en una demagogia barata. La enumeración que hace Isaías no deja lugar a dudas. En nombre del evangelio no se puede predicar la simple liberación material, pero tampoco podemos conformarnos con una salvación espiritual, desentendiéndonos de las esclavitudes materiales.

Oprimir a alguien o desentenderse del oprimido, es negar el Dios de Jesús. El Dios de Jesús no es el aliado de unos pocos. No es el Dios de los buenos, de los piadosos ni de los sabios; es, sobre todo, el Dios de los marginados, de los excluidos, de los enfermos y tarados, de los pecadores. Solo estaremos de parte Dios, si estamos con ellos. Una religión, compatible con cualquier clase de exclusión, es idolátrica.  “id y contarle a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan…

Hoy el ser humano busca con ahínco la liberación de las opresiones externas, pero descuida la liberación interior que es la verdadera. Jesús habla de liberarse antes de liberar. En el evangelio de Juan, está muy claro que tan grave es oprimir como dejarse oprimir. El ser humano puede permanecer libre, a pesar de sometimientos externos, hay una parte de su ser que nadie puede doblegar. La primera obligación del hombre es no dejarse esclavizar y el primer derecho, verse libre de toda opresión.

¿Cómo conseguirlo? El evangelio nos lo acaba de decir: “Jesús volvió a Galilea con la fuera del Espíritu”. Ahí está la clave. Solo el Espíritu nos puede capacitar para cumplir la misión más importante que tenemos como seres humanos. Tanto en el AT como en el NT, ungir era capacitar para una misión. Pablo nos lo dice con claridad meridiana: Si todos hemos bebido de una mismo Espíritu, seremos capaces de superar el individualismo, y entraremos en la dinámica de pertenencia a un mismo cuerpo.

La idea de que todos formamos un solo cuerpo es genial. Ninguna explicación teológica puede decirnos más que esta imagen. La idea de que somos individuos con intereses contrapuestos es tan demencial como pensar que una parte de nuestro cuerpo pueda ir en contra de otra parte del mismo cuerpo. Cuando esto sucede le llamamos cáncer. El individualismo solo puede ser superado por la unidad del Espíritu.

Pablo nos invita a aceptarnos los unos a los otros como diferen­tes. Esa diversidad es precisamente la base de cualquier organismo. Sin ella los seres vivos superiores serían inviables. Una de las exigencias más difíciles de nuestra condición de criaturas, consistiría en aceptar al otro como diferente, encontrando en esa diferencia no una amenaza sino una riqueza. Es fácil aceptar que estamos en la dinámica opuesta. Seguimos empeñados en rechazar y aniquilar al que no es como nosotros.

Lo único que predicó Jesús fue el amor, la unidad. Eso supone la superación de todo egoísmo y toda conciencia de individuali­dad. Los conocimientos científicos adquiridos en estos dos últimos siglos vienen en nuestra ayuda. Somos parte del universo, somos parte de la vida. Si seguimos buscando el sentido de nuestra existencia en la individualidad terminaremos todos locos. El sentido está en la totalidad, que no es algo separado de mi individualidad, sino su propio constitutivo esencial.

El Espíritu no es más que Dios presente en lo más hondo de nuestro ser. Eso que hay de divino en nosotros es nuestro verdadero ser. Todo lo demás, no solo es accidental, transitorio y caduco, sino que terminará por desaparecer. No tiene sentido que sigamos potenciando aquello de lo que tenemos que despegarnos. Querer poner el sentido a mi existencia en lo caduco, es ir en contra de nuestra naturaleza más íntima

Urteko 3. igandea – C — José A. Pagola

LEHEN BEGIRATUA-LA PRIMERA MIRADA

Lehen begiratua ez dio egin Jesusek pertsonen bekatuari, baizik eta berauen bizia desegiten duen sufrimenari. Jesusen bihotza ukitzen duen lehenengo gauza ez da bekatua, baizik eta gizon-emakumeak jasaten ari diren oinazea, zapalkuntza eta umilazioa. Gure bekaturik handiena, izan ere, gainerakoen sufrimenari bihotza ixtea da, soilik norberaren ongizateaz arduratzeko.

Jesusek sentitu du «sufritzen ari direnez kezkatzen den Jainkoaren Espirituak gantzutu duela». Espiritu hori da eragiten diona bere bizitza guztia besteak liberatzeari, arintzeari, saneatzeari, barkatzeari emanik bizitzera: «Jaunaren Espiritua nigan dago, berak gantzutu bainau. Berak bidali nau pobreei Berri Ona ematera, gatibuei askatasuna iragartzera eta itsuei ikusmena, zapalduei askatasuna ematera, Jaunaren grazia-urtea hots egitera».

Kristauek ez dute beti bere egin Jesusen egitarau hau. Kristau-teologiak arreta handiagoa eskaini izan dio sorkarien bekatuari berauen sufrimenduari baino. Johann Baptist Metz teologo ezagunak askotan salatu izan du tokialdatze larri hau: «Salbazioaren kristau-doktrinak gehiegi dramatizatu izan du bekatuaren problema; bitartean erlatibizatu egin du sufrimenduaren arazoa». Halaxe da. Giza oinazearen kezka askotan moteldu egin da, bekatuaren erospenari eskainitako arretaren mesedetan.

Kristauok ez dugu sinesten edozein Jainkorengan, baizik eta giza sufrimenduari arreta eskaintzen dion Jainkoagan. «Begiak itxirik bizitzearen mistikaren» aurrean, Ekialdeko espiritualitateak bere-bere duen jarrera horren aurrean, batez ere barnekoari eskaintzen baitio arreta, Jesusi jarraitzen dionak beste mistika bat lantzeko deia jaso du: «begiak irekita bizitzearen mistika» eta erantzukizun bete-betearen espiritualitatea, sufritzen ari direnen oinazeari kasu eginez.

Benetan espirituala den kristaua –Espirituak gantzutua–, Jesus bezala, babesgabeen eta umiliatuen artean topatu ohi da. Nabari zaion ezaugarria ez da, hainbeste, Izaki goren-gorenarekin bizi duen barne komunikazioa, baizik eta izakirik pobreenak eta baztertuenak direnengana bidali duen Jainko Aitari dion maitasuna. Martini kardinalak gogarazi digun bezala, globalizazio-aldi hauetan, kristautasunak globalizatu beharra du Lurreko pobreen sufrimenari eskainitako arreta.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

LA PRIMERA MIRADA

La primera mirada de Jesús no se dirige al pecado de las personas, sino al sufrimiento que arruina sus vidas. Lo primero que toca su corazón no es el pecado, sino el dolor, la opresión y la humillación que padecen hombres y mujeres. Nuestro mayor pecado consiste precisamente en cerrarnos al sufrimiento de los demás para pensar solo en el propio bienestar.

Jesús se siente «ungido por el Espíritu» de un Dios que se preocupa de los que sufren. Es ese Espíritu el que lo empuja a dedicar su vida entera a liberar, aliviar, sanar, perdonar: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista, para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor».

Este programa de Jesús no ha sido siempre el de los cristianos. La teología cristiana ha dirigido más su atención al pecado de las criaturas que a su sufrimiento. El conocido teólogo Johann Baptist Metz ha denunciado repetidamente este grave desplazamiento: «La doctrina cristiana de la salvación ha dramatizado demasiado el problema del pecado, mientras ha relativizado el problema del sufrimiento». Es así. Muchas veces la preocupación por el dolor humano ha quedado atenuada por la atención a la redención del pecado.

Los cristianos no creemos en cualquier Dios, sino en el Dios atento al sufrimiento humano. Frente a la «mística de ojos cerrados», propia de la espiritualidad del Oriente, volcada sobre todo en la atención a lo interior, el que sigue a Jesús se siente llamado a cultivar una «mística de ojos abiertos» y una espiritualidad de responsabilidad absoluta para atender al dolor de los que sufren.

Al cristiano verdaderamente espiritual –«ungido por el Espíritu»– se le encuentra, lo mismo que a Jesús, junto a los desvalidos y humillados. Lo que le caracteriza no es tanto la comunicación íntima con el Ser supremo cuanto el amor a un Dios Padre que lo envía hacia los seres más pobres y abandonados. Como ha recordado el cardenal Martini, en estos tiempos de globalización, el cristianismo ha de globalizar la atención al sufrimiento de los pobres de la Tierra.

José Antonio Pagola

Domingo 3º T.O. Ciclo -C- Koinonía

Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10

Leían el libro de la Ley, explicando el sentido

En aquellos días, el sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era mediados del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley.

Esdras, el escriba, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -pues se hallaba en un puesto elevado- y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «Amén, amén.»

Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.

Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero: «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis.»

Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley. Y añadieron: «Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.»

1Corintios 12, 12-30

Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro

Hermanos: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

El cuerpo tiene muchos miembros, no uno sólo.

Si el pie dijera: «No soy mano, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el oído dijera: «No soy ojo, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿cómo oiría? Si el cuerpo entero fuera oído, ¿cómo olería? Pues bien, Dios distribuyó el cuerpo y cada uno de los miembros como él quiso.

Si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo.

El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito.» Más aún, los miembros que parecen mas débiles son más necesarios. Los que nos parecen despreciables, los apreciamos más. Los menos decentes, los tratamos con más decoro. Porque los miembros más decentes no lo necesitan.

Ahora bien, Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los que menos valían.

Así, no hay divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros.

Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos se felicitan.

Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.

Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas.

¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan?

Lucas 1, 1-4; 4, 14-21

Hoy se cumple esta Escritura

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendio por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.

Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista.

Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.”

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oir.”

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS: 

En el libro de Nehemías se nos cuenta de una lectura pública y solemne del libro de la ley de Dios, el que nosotros los cristianos llamamos Pentateuco y en cambio los judíos designan como «Torá», Ley. Estamos a finales del siglo V AC, los judíos hace pocos años que han regresado del destierro en Babilonia y a duras penas han logrado reconstruir el templo, las murallas de la ciudad, sus propias casas. Les hace falta urgentemente una norma de vida, una especie de «constitución» por medio de la cual puedan regirse en todos los aspectos de la vida personal, social y religiosa. Esdras, un líder carismático, respetado por todos y considerado levita y escriba, es decir, sacerdote y maestro, les da esa ley, esa constitución que necesitan, proclamando solemnemente, ante todo el pueblo reunido, la santa Ley de Dios. Ya vimos como respondió la gente: comprometiéndose a cumplirla y guardarla, llorando sus infidelidades y, a instancias de sus líderes, celebrando una fiesta nacional: la fiesta de la promulgación de la Ley divina. Desde ese remoto día, quinientos años antes de Jesucristo, hasta hoy, los judíos ordenan sus vidas según los mandatos de la Torá o Pentateuco.

El texto de Lc 4, 14ss era un texto sin relevancia en la vida práctica de la comunidad cristiana hasta hace sólo 50 años, un texto olvidado, como tantos otros que hoy nos parecen fundamentales. Fue la teología latinoamericana la que puso de relieve este texto como capital, después del Concilio Vaticano II. Lucas lo pone al inicio de la vida pública de Jesús. Puede que no corresponda a algo que aconteciera realmente al principio (Juan, de hecho, pone otros pasajes como comienzo de su evangelio), pero lo fue en su significación. O sea, tal vez no ocurrieron las cosas así (y no es posible saberlo históricamente), pero Lucas tiene razón cuando sitúa esta escena en su evangelio como un inicio programático que contiene ya, en germen, simbólicamente, toda su misión.

Jesús, sin duda, tuvo que interpretar muchas veces su propia vida con estos textos proféticos de Isaías. Parece obvio que Jesús vio su vida como el cumplimiento, como la prolongación de aquel anuncio profético de la “Buena Noticia para los pobres”. La misión de Jesús es el anuncio de la Buena Noticia de la Liberación. La «ev-angelización» («eu-angelo» = buena noticia) no es más que una forma de la liberación, la «liberación por la palabra».

Las aplicaciones son muchas, y bastante directas:

-La misión cristiana hoy, continuando la misión de Jesús, tiene que ser… eso mismo, o sea: «continuación de la misión de Jesús», en sentido literal y directo. Ser cristiano, en efecto, será «vivir y luchar por la Causa de Jesús», sentirse llamado a proclamar la Buena Noticia de la Liberación, entendiéndolo en su literalidad más material también: la «Buena Noticia» tiene que ser «buena» y tiene que ser «noticia». No se puede sustituir semánticamente por el «catecismo» o la «doctrina». Jesús no vino a enseñar «la doctrina»; la «evangelización» de Jesús no fue una «catequesis eclesiástico-pastoral»…

-La misión de Jesús no puede pretender ser neutral, «de centro», «para todos sin distinción», no inclinada ni para los ricos ni para los pobres… como pretenden tantas veces quienes confunden la Iglesia con una especie de anticipo piadoso de la Cruz Roja… Lo peor que podría decirse del evangelio es que fuese neutral, que no se pronuncia, que no opta por los pobres… La peor ideología sería la que ideologiza el evangelio de Jesús diciendo que es neutro e indiferente a los problemas humanos, sociales, económicos y políticos, porque se referiría sólo a «lo espiritual»…

-Puede ser bueno recordar una vez más: Jesús está lejos de la beneficencia y del asistencialismo… No se trata de «hacer caridad» a los pobres, sino de inaugurar el orden nuevo integral, el único que permite hablar de una liberación real… Es importante caer en la cuenta de que muchas veces que se habla de opción “preferencial” por los pobres se está claramente en una mentalidad asistencial, muy alejada del espíritu de Lc 4, 14ss.

-La palabra evangelizadora, o es activa y práctica en la praxis de liberación, o es anti-evangelizadora. La palabra evangelizadora no es palabra de teoría abstracta. Es una palabra que hace referencia a la realidad y la confronta con el proyecto de Dios. «Evangelizar es liberar por la palabra» (Nolan). Una palabra que no entra en la historia, que no se pronuncia, que se mantiene por encima de ella o en las nubes, que no moviliza, no sacude, no provoca solidaridad (ni suscita enemigos)… no es heredera de la «pasión» del Hijo de Dios.

 

Algunos recursos para trabajar catequéticamente este evangelio y este tema:

– Albert NOLAN, dominico sudafricano, tiene unas páginas muy bellas sobre el texto de Lucas de hoy, en su libro ¿Quién es este hombre? Jesús antes del cristianismo, Sal Terrae 1981, capítulo 6 sobre «El Reino de Dios» (pág. 75-83 en nuestra edición). El libro puede recogerse en la Biblioteca de Koinonía: http://servicioskoinonia.org/biblioteca

– Los hermanos LÓPEZ VIGIL, en su obra Un tal Jesús dramatizan este texto de Lucas en su capítulo 22, resultando ser un material pastoral excelente sobre el que montar una sesión de estudio bíblico. Los jóvenes pueden incluso representarlo teatralmente o como teatro leído. El «discurso» que los autores, noveladamente, ponen en boca de Jesús tiene una elaboración teológica muy fina. La interpretación que proponen al «Hoy se cumple esta Escritura» («hoy nos ponemos en marcha») es muy sugerente. En su libro, del mismo título (Lógez Ediciones, Salamanca, 2ª ed. de 1984, pág. 153-160), ofrecen un bello y atinado comentario a este episodio en su capítulo 22. El audio, guión y el comentario pueden ser tomados también de la red, en https://radialistas.net/22-la-buena-noticia/ Toda la serie está disponible en internet.

– La serie Otro Dios es posible, de los mismos autores, tiene un capítulo, el 26, titulado «¿El Reino en la tierra?», que puede ser trabajado en torno a este tema. Su texto y audio pueden ser recogidos en: https://radialistas.net/22-jesus-moreno/ También esta serie está toda ella disponbile en internet.

Domingo 2º del Tiempo Ordinario. Ciclo C. Fe Adulta

TRES LECTORES PARA UNA BODA

Para la mayoría de los católicos, sólo hay una fiesta de Epifanía, la del 6 de enero: la manifestación de Jesús a los paganos, representados por los magos de oriente. Sin embargo, desde antiguo se celebran otras dos: la manifestación de Jesús en el bautismo (que recordamos el domingo pasado) y su manifestación en las bodas de Caná. Este relato, muy conocido, se presta a tres lecturas complementarias.

El cristiano sencillo y benévolo

El relato no le plantea problemas, le gusta. Le gusta que lo primero que hace Jesús en su vida pública no sea irse al desierto a ser tentado por Satanás (como cuentan Mateo, Marcos y Lucas) sino asistir a una boda, con los cinco discípulos que ya le acompañan. Le gusta que esté presente su madre y le divierte la pelea entre madre e hijo, porque él, por mucho que proteste, termina haciendo lo que ella quiere. Aunque hay que reconocer que exagera, porque seiscientos litros de vino son demasiados litros; además, de excelente calidad, como afirma asombrado el mayordomo. El lector sencillo está de acuerdo en que este milagro revela la gloria de Jesús y comprende que los discípulos creyesen en él. Lo único que no le gusta del todo es que al final no vuelva a mencionar a la madre de Jesús, que es, en realidad, quien lo obligó a hacer el milagro.

El creyente crítico

Está básicamente de acuerdo con el cristiano sencillo, pero le gustaría que el evangelista hubiera tratado con más detalle algunas cuestiones. ¿Por qué no llama a María por su nombre y se limita a hablar de “la madre de Jesús”? ¿Quiénes son los que se casan y por qué han invitado a la boda a ella, a Jesús y a sus amigos? Caná está muy cerca de Nazaret, a doce kilómetros, pero los de Caná dicen que “de Nazaret no puede salir nada bueno”. Debe de ser una familia especial, en buenas relaciones con los nazarenos, al menos con la familia de Jesús; y ser muy rica, porque en la casa hay seis tinajas de unos cien litros cada una (¿para qué querrán tanta agua?) y en la boda cuenta con un mayordomo y sirvientes. En cuanto a la falta de vino, le extraña que sea María quien se da cuenta, no el mayordomo; y que ella quiera que la gente siga bebiendo y fuerce a Jesús a resolver el problema. Una mujer sensata preferiría que bebiesen agua. Lo de la conversión del agua en vino prefiere no pensarlo demasiado. Algunos químicos dicen que eso es imposible, a pesar de que muchas bodegas los hacen continuamente. ¿Y cómo se enteran los discípulos de que Jesús ha hecho el milagro? ¿Lo ha contado el mayordomo? El evangelio termina diciendo que sus discípulos creyeron en él, pero no dice nada del mayordomo, ni del novio (la novia no tiene voz ni voto) ni de los invitados, que se bebieron el vino. ¿También ellos creyeron en Jesús? Al final, el creyente crítico se lía la manta a la cabeza, acepta el milagro y le pide a Dios que aumente su fe en Jesús, como hizo con los discípulos.

El pedante, conocedor del Antiguo Testamento

Comparte la fe del cristiano sencillo y comprende las preguntas del creyente crítico, a las que intenta ofrecer alguna respuesta.

Empezando por el principio, los evangelios no son biografía de Jesús, no pretenden contar con detalle todo lo que hizo y dijo. Lo que consideran secundario lo omiten tranquilamente. ¿Qué más da que el novio se llamase Isaac o Zacarías, fuera sobrino de María o amigo de José, que ya habría muerto porque no asiste a la boda?

A María no la llama por su nombre, sino por su título de “madre de Jesús”, igual que “la madre del rey” era el mayor título de una mujer en el reino de Judá. Y destaca, con cierto humor, su papel fundamental en este primer milagro de Jesús. A su petición, él responde mala manera, poniendo una excusa de tipo teológico: “todavía no ha llegado mi hora”. Pero a María le traen sin cuidado los planes de Dios y la hora de Jesús cuando está en juego que unas personas lo pasen mal. Y está tan convencida de que Jesús terminará haciendo lo que ella quiere que así se lo dice a los criados.

Juan es el único evangelista que pone a María al pie de la cruz, el único que menciona las palabras de Jesús: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, “Ahí tienes a tu madre”. De ese modo, abre y cierra la vida pública de Jesús con la figura de María. Cuando pensamos en lo que hace en la boda de Caná, debemos reconocer que Jesús nos dejó en buenas manos.

Pero es también muy importante el simbolismo de la boda y del vino.

Para los autores bíblicos, el matrimonio es la mejor imagen para simbolizar la relación de Dios con su pueblo. Precisamente porque no es perfecto, porque se pasa del entusiasmo al cansancio, se dan momentos buenos y malos, entrega total y mentiras, el matrimonio refleja muy bien la relación de Dios con Israel. Una relación tan plagada de traiciones por parte del pueblo que terminó con el divorcio y el repudio por parte de Dios (simbolizado por la destrucción de Jerusalén y la deportación a Babilonia). Pero el Dios del Antiguo Testamento podía permitirse el lujo, en contra de su propia ley, de volver a casarse con la repudiada. Es lo que promete en un texto de Isaías:

“Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor;
como a esposa de juventud, repudiada –dice tu Dios–.

La primera lectura, tomada también del libro de Isaías, recoge este tema en la segunda parte. Para el evangelista, la presencia de Jesús en una boda simboliza la boda definitiva entre Dios e Israel, la que abre una nueva etapa de amor y fidelidad inquebrantables.

En cuanto al simbolismo del vino, otro texto del libro de Isaías habría venido como anillo al dedo:

“El Señor de los ejércitos prepara para todos los pueblos en este monte
un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera;
manjares enjundiosos, vinos generosos”.

Este es el vino bueno que trae Jesús, mucho mejor que el antiguo. Además, este banquete no se celebra en un pueblecito de Galilea, con pocos invitados. Es un banquete para todos los pueblos. Con ello se amplía la visión. Boda y banquete simbolizan lo que Jesús viene a traer e Israel y a la humanidad: una nueva relación con Dios, marcada por la alegría y la felicidad.

Tercera epifanía

El final del evangelio justifica por qué se habla de una tercera manifestación de Jesús. “Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.” Ahora no es la estrella, ni la voz del cielo, sino Jesús mismo, quien manifiesta su gloria y hace que los discípulos crean en él. Al final del cuarto evangelio se dice: “Todo esto ha sido escrito para que creáis que Jesús es el Hijo de Dios y creyendo en él tengáis la vida eterna”. En la boda de Caná se pone la primera piedra de esa fe que nos salva.

José Luis Sicre

NOVEDAD, FRESCOR Y VIDA

Enrique Martínez Lozano

II Domingo del TO

Jn 2, 1-11

Parece probable que el llamado “relato de las bodas de Caná” hubiera sido, en su origen, una parábola con un objetivo claro: mostrar la persona y el mensaje de Jesús como novedad, fuente de vida y de alegría (a eso apunta la metáfora del «vino bueno»), frente a una religión ritualista y rutinaria, víctima de su propia normativa (simbolizada en el «agua de las purificaciones»).

Se trata de un proceso que se repite una y otra vez, y que puede resumirse en una palabra: esclerotización. Todo lo humano, incluso lo que parecía más vivo y novedoso en su momento, tiende a esclerotizarse, a medida que se institucionaliza y desconecta de la intuición original. El frescor primero se agosta en un proceso de rutinarización.

Si eso tiende a ocurrir con todo lo humano -en cualquier ámbito de nuestra existencia-, solo cabe un antídoto: mantener, de manera consciente, el contacto o la conexión con el Fondo o la Fuente que nos hace ser y que, lejos de cualquier idea de separación, constituye nada menos que nuestra identidad.

Todo lo recibido de fuera y, más en general, todo lo aprendido, antes o después, quedará convertido en “doctrina”, letra muerta incapaz de dar vida. Olvidada o incluso negada la intuición original, quedarán únicamente “mapas” que quisieron ser orientativos y creencias que prometieron lo que no podían dar.

La vida -con su sabor a novedad, frescor y alegría- no viene de la mano de mapas ni de creencias, sino de la conexión consciente con la propia Vida, el Fondo y la Fuente que nos renueva de manera incesante, en la experiencia sentida de que justamente eso es lo que somos en profundidad.

Enrique Martínez Lozano

 

DOMINGO  2º (Boda de Caná) (C) Fray Marcos

(Is 62,1-5) «Como un joven con su novia, así te desposa el que te construyo”.

(1Cor 12,4-11) Diversas funciones pero un mismo Dios que obra todo en todos

(Jn 2,1-12) «En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos…»

El agua-Ley se convierte en Vino-Vida. En adelante, cumplir la ley sin entrega a los demás será inútil.

Celebramos la tercera de las manifestaciones de Jesús que durante siglos se celebraban el día de Epifanía. El evangelio que hemos leído, entendido literalmente, no tiene ni pies ni cabeza. Es absurdo que Jesús saque de la chistera un regalo para los novios. No, como todos los “milagros” narrados por este evangelista Juan, se trata de un signo que nos llevan a realidades profundas y decisivas para nuestra verdadera trasformación interior.

Es impensable que el mayordomo no hubiera previsto el vino suficiente, cuando era su principal cometido. Es difícil de entender que fuera una invitada la que se diera cuenta y se preocupara por solucionar el problema. Tampoco es lógico que sea Jesús el que soluciones el problema. No es normal que en una casa particular hubiera seis tinajas de  cien litros, dedicadas a las purificaciones. No tiene sentido que el maestresalas increpe al novio por haber dado el vino malo al principio. Era él, quien ordenaba qué vino se servía.

El relato no es una crónica de lo sucedido. Es fruto de una minuciosa y larga elaboración. No nos dice ni quienes eran los novios ni que relación tienen con Jesús. Lo que normalmente llamamos “el milagro” pasa casi desapercibido. Ni siquiera nos dice cuándo se convierte el agua en vino. Sería imposible separar lo que pudo suceder realmente, de los símbolos que envuelven el relato. Lo que hoy nos cuenta este evangelio, es teología. La clave para entenderlo es el trasfondo, la “hora” de la glorificación de Jesús en la cruz.

La boda era desde Oseas, el signo más empleado por los profetas para designar la alianza de Dios con su pueblo. La idea de Dios novio y el pueblo novia se repite una y otra vez en el AT. La boda lleva inseparablemente unida la idea de banquete; símbolo de tiempos mesiánicos. El vino era un elemento inseparable del banquete. En el AT, era signo del amor de Dios a su pueblo. La abundancia de vino era la mejor señal del favor de Dios.

      La Mujer es un misterio en este relato. Nos aporta un poco de luz la segunda carta del Tarot: la Sacerdotisa. Un mujer madura, pero en plenas facultades que simboliza lo nuevo, la sabiduría. María no le llama hijo, ni Jesús le llama Madre. María, símbolo de la Alianza que está ya caducada. Jesús y los discípulos son el nuevo pueblo, que están allí de paso. Es completamente inverosímil que María pidiera a Jesús un milagro y menos aún que adelantara la hora de hacerlo. La hora para Juan es siempre la hora de la muerte de Jesús.

El vino es símbolo del amor entre el esposo y la esposa. En la boda, (Antigua Alianza) no existe relación de amor entre Dios y el pueblo. La Madre, por pertenecer a la boda se da cuenta de la falta. María representa al Israel fiel que espera en el Mesías. Jesús nace del verdadero Israel y va a dar cumplimiento a las promesas. El primer paso es mostrarle la carencia: «No tienen vino». No se dirige al presidente, ni al novio. Se dirige a Jesús, que para Juan es el único que puede aportar la salvación que Israel necesita y espera.

Jesús invita a su madre a desenten­derse del problema. No les toca a ellos intervenir en la alianza caducada. Está indicando la necesidad de romper con el pasado. Ella espera que el Mesías arregle lo ya existente, pero Jesús le hacer ver que aquella realidad no se puede rehabilitar. Jesús aporta una novedad radical. Juan está haciendo referencia a la «hora» (la cruz). Jesús invita a la esperanza, pero la realización no va a ser inmediata. El vino nuevo depende de aquella hora. Anunciar la hora significa que la salvación está cerca.

“Haced lo que él os diga”. Solo en el contexto de la Alianza, la frase puede cargarse de sentido.  El pueblo en el Sinaí había pronunciado la misma frase: «Haremos todo lo que dice el Señor». También el Faraón dice a los servidores: haced  lo que él (José) os diga. Se ve con claridad que el trasfondo del relato y lo que quiere significar. Como en el AT, el secreto de las relaciones con Dios está en descubrir su voluntad y cumplirla.

Las tinajas estaban allí colocadas, inmóviles. Se ve el carácter simbólico que van a tener en el relato. El número 6 es signo de lo incompleto. El número de la perfección era el 7. Es el número de las fiestas que relata este evangelio. La séptima será la Pascua. Eran de piedra, como las tablas de la ley. La ley es inmisericorde, sin amor. La ley (imposible de cumplir) es la causa del pecado (falta de amor-vino). Jesús les hace tomar conciencia de que están vacías; es decir que el sistema de purificación en que confiaban era ineficaz.

Jesús ofrece la verdadera salvación, pero ésta no va a depender de ninguna ley, (tinajas). El agua se convertirá en vino fuera de ellas. «Habían sacado el agua». La nueva purificación no se hará con agua que limpia el exterior, sino con vino que penetra dentro y transforma el interior del hombre. Solo después de beberlo se da cuenta el mayordomo de lo bueno que es. Esta presencia de Dios dentro de uno, es la oferta original de Jesús.

Lo que sacan los criados de las tinajas, es agua. El mayordomo (clase dirigente) no se enteró de la falta de vino. Significa que los jefes se despreocupan de la situación del pueblo. Les parece normal que no se experimente el amor de Dios, porque esa es la base de su poder. No conoce el don mesiánico, los sirvientes sí. El vino-amor como don del Espíritu, es el que, de verdad, purifica, lo único que puede salvar definitivamente.

El vino es de calidad. “Kalos” indica siempre excelencia. El maestresala reconoce que el vino nuevo es superior al que tenían antes. Pero le parece irracional que lo nuevo sea mejor que lo antiguo. Por ello protesta. Lo antiguo debe ser siempre lo mejor. Esta actitud es la que impidió a los jefes religiosos aceptar el mensaje de Jesús. Para ellos la situación pasada era ya definitiva. Toda novedad debe ser integrada en el pasado o aniquilada.

El último versículo es la clave para la interpretación de todo el relato. Nos habla del “primer signo” de una serie que se va a desarrollar durante todo el evangelio. Además, como signo, va a servir de prototi­po y pauta de interpretación para los que seguirán. El objetivo de todos los signos es siempre el mismo: manifestar “su gloria”. Ya sabemos que la única gloria que Jesús admite es el amor de Dios manifestado en él. La gloria de Dios consiste en la nueva relación con el hombre, haciéndole hijo, capaz de amar como Él ama.

Dios se manifiesta en todos los acontecimientos que nos invitan a vivir. Dios no quiere que renunciemos a nada de lo que es verdaderamente humano. Dios quiere que vivamos lo divino en lo que es cotidiano y normal. La idea del sufrimiento y la renuncia como exigencia divina es antievangélica. El mensaje para nosotros hoy es muy simple, pero demoledor. Ni ritos ni abluciones pueden purificar al ser humano. Solo cuando saboree el vino-amor, quedará todo él limpio y purificado. Cuando descubramos a Dios dentro de nosotros seremos capaces de vivir la inmensa alegría que nace de la unidad-amor. Que nadie te engañe. El mejor vino está sin escanciar, está escondido en el centro de ti.

Urteko bigarren igandea – C José A. Pagola

Urteko bigarren igandea – C (Joan 2,1-11)

ALAITASUNA ETA MAITASUNA – ALEGRÍA Y AMOR

Joan ebanjelariaren arabera, Jesusek zeinuak egiten ziharduen, beragan ezkutuan zegoen misterioa ezagutarazteko eta bere baitan zekarren indar salbatzailea onartzera gonbidatzeko. Zein izan zen lehen zeinua?, zer da Jesusengan aurkitu behar dugun lehen gauza?

Ebanjelaria Galileako Kanan ospatutako ezteiez mintzo da; mendiko herrixka bat da Kanaan, Nazaretetik hamabost kilometrora. Alabaina, pasadizoak izaera argiro sinbolikoa du. Ez emazteak ez senarrak dute aurpegirik: ez dira mintzo, ez dira ari. Garrantzizko pertsona bakarra «gonbidatu» bat da, Jesus du izena.

Ezteiak Galilean, landa-jendearen artean, festarik esperoena izaten zen eta gogokoena. Hainbat egunetan lagun egiten zieten familiartekoek eta adiskideek ezkonberriei, elkarrekin janez eta edanez, ezteietako dantzak eginez eta maitasun-kantak abestuz. Bat-batean, Jesusen amak oharpen izugarri bat egin dio bere semeari: «ez zaie gelditzen ardorik». Nolatan jarraituko dute kantari eta dantzari?

Ardoa ezinbestekoa da ezteietan. Jende harentzat, gainera, maitasunaren eta alaitasunaren sinbolo esanguratsuena zen ardoa. Tradizioak zioen: «Ardoak bihotza alaitzen du». Hala abesten zion andregaiak bere maiteari maitasun-kanta eder batez: «Zure maitasuna hobea da ardoa baino». Zer izan daiteke eztei bat alaitasunik eta maitasunik gabe?, zer ospa daiteke bihotz tristeaz eta maitasun gabeaz?

Etxearen ezkaratzean «harrizko sei ontzi daude». Handiak dira. «Han jarriak dira», nahita. Garbiketarako «ura» gorde ohi da haietan. Landa-jende haren jaiera edo debozio erlijiosoa adierazten dute, Jainkoaren aurrean «garbi» bizi nahi baitute. Jesusek ura ardo bihurtu du. Beraren esku hartzeak maitasuna eta alaitasuna sartuko ditu erlijio hartan. Hori izan du bere lehen ekarpena.

Nolatan gabiltza Jesusi jarraitu nahian alaitasuna eta maitasuna zaindu gabe?, zer izan daiteke Elizan eta munduan alaitasuna eta maitasuna baino garrantzizkorik?, noiz arte gorde ahal izango dugu «harrizko ontzietan» fede triste eta aspergarri bat?, zertako dira gure ahalegin guztiak, geure erlijioan maitasuna sartzeko gai ez bagara? Ezer ez tristeagorik kristau-elkarte batez hau esatea baino: «Ez zaie ardorik gelditzen».

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2 Tiempo ordinario – C (Juan 2,1-11)

ALEGRÍA Y AMOR

Según el evangelista Juan, Jesús fue realizando signos para dar a conocer el misterio encerrado en su persona y para invitar a la gente a acoger la fuerza salvadora que traía consigo. ¿Cuál fue el primer signo?, ¿qué es lo primero que hemos de encontrar en Jesús?

El evangelista habla de una boda en Caná de Galilea, una pequeña aldea de montaña, a quince kilómetros de Nazaret. Sin embargo, la escena tiene un carácter claramente simbólico. Ni la esposa ni el esposo tienen rostro: no hablan ni actúan. El único importante es un «invitado» que se llama Jesús.

Las bodas eran en Galilea la fiesta más esperada y querida entre las gentes del campo. Durante varios días, familiares y amigos acompañaban a los novios comiendo y bebiendo con ellos, bailando danzas de boda y cantando canciones de amor. De pronto, la madre de Jesús le hace notar algo terrible: «no les queda vino». ¿Cómo van a seguir cantando y bailando?

El vino es indispensable en una boda. Para aquellas gentes, el vino era, además, el símbolo más expresivo del amor y la alegría. Lo decía la tradición: «El vino alegra el corazón». Lo cantaba la novia a su amado en un precioso canto de amor: «Tus amores son mejores que el vino». ¿Qué puede ser una boda sin alegría y sin amor?, ¿qué se puede celebrar con el corazón triste y vacío de amor?

En el patio de la casa hay «seis tinajas de piedra». Son enormes. Están «colocadas allí», de manera fija. En ellas se guarda el «agua» para las purificaciones. Representan la piedad religiosa de aquellos campesinos que tratan de vivir «puros» ante Dios. Jesús transforma el agua en vino. Su intervención va a introducir amor y alegría en aquella religión. Esta es su primera aportación.

¿Cómo podemos pretender seguir a Jesús sin cuidar más entre nosotros la alegría y el amor?, ¿qué puede haber más importante que esto en la Iglesia y en el mundo?, ¿hasta cuándo podremos conservar en «tinajas de piedra» una fe triste y aburrida?, ¿para qué sirven todos nuestros esfuerzos, si no somos capaces de introducir amor en nuestra religión? Nada puede ser más triste que decir de una comunidad cristiana: «No les queda vino».

José Antonio Pagola

Domingo 2º del T.O. Koinonía

Ciclo C

Isaías 62, 1-5

La alegría que encuentra el esposo con su esposa,

Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré,

hasta que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamee como antorcha.

Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria;

te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor.

Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios.

Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»;

a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada»,

porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido.

Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó;

la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.

1Corintios 12, 4-11

El mismo y único Espíritu reparte a cada uno como a él le parece

Hermanos: Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.

En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu.

Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A éste le han concedido hacer milagros; a aquél, profetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, la diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas.

El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a él le parece.

Juan 2, 1-11

En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.»

Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»

Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.

Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.»

Y las llenaron hasta arriba.

Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»

Ellos se lo llevaron.

El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»

Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

La vida de Jesús se desarrolló dentro de la normalidad propia del ambiente cultural y la religiosidad de un judío del primer siglo de nuestra era. Los discípulos descubren a Jesús como un hombre normal, en un ambiente normal y sin ningún tipo de manifestaciones espectaculares o ni siquiera extraordinarias. Esta realidad de una vida normal en Jesús, hace que entre los discípulos y él no haya ningún tipo de distanciamiento, antes por el contrario, una vida verdaderamente humana como la de Jesús, hace que su experiencia del Dios sea más creíble y mucho más accesible a la conciencia y a la vida de los que le escuchan y le siguen. La actitud de Jesús, sin ningún tipo de pretensión, va revelando una nueva imagen y un nuevo concepto de Dios. Dios ha dejado de ser ese ser extraño y lejano, que atemoriza al ser humano, y toma la característica del Dios original de Israel, el Dios que camina con su pueblo.

Para la lógica del evangelio de Juan, el Banquete es un tema fundamental en la teología del evangelio de Juan. La teología del banquete se abre con la misión de Jesús en Caná de Galilea, y se cierra con la última Cena, fundamento de la Eucaristía. El Banquete es por tanto un signo mesiánico, donde se anuncia la llegada del Reino y se presenta a Jesús, Soberano del Reino. Es un símbolo fundamental que explica en la cotidianidad la presencia del Reino en medio de la historia.

Las «bodas de Caná» están en el imaginario de los primeros cristianos y de todo la Iglesia a lo largo de la historia, por ese hecho inolvidable: en lo mejor de la boda, el vino se acaba. ¿Cómo es posible que no se haya previsto esta parte en la fiesta? La acción de Jesús de Nazaret frente a la falta de vino, hará que este relato de las bodas de Caná, quede inmortalizado en la simbología cristiana.

El milagro de las bodas en Caná de Galilea, no es simplemente por la falta de vino. El asunto es otro: el relato tiene que ser entendido en perspectiva de Reino, en dinámica de tiempo mesiánico. El texto indica, que había allí en un lugar de la casa, unas tinajas de piedra vacías, seis en total. El texto hace énfasis en que están vacías. Son tinajas destinadas para contener el agua de la purificación ritual de los creyentes judíos. Pero están secas. Este símbolo, indica la sequedad en que se encuentra el modelo religioso judío. En la visión de los cristianos primeros, que acabaron separándose del judaísmo, la ley judía, antes que ayudar, terminó dificultando la relación de Dios con su pueblo. Les resultaba una ley vacía, sin sentido, que sólo generaba cargas y no posibilitaba la libertad y la alegría. Las tinajas, destinadas a la purificación, eran un símbolo que dominaba la ley antigua. Ese modelo de ley creaba con Dios una relación difícil y frágil, mediatizada por ritos fríos y carentes de sentidos.

No se dice sin embargo que las tinajas estuvieran con agua. Son llenadas cuando Jesús lo ordena. Al estar llenas, las tinajas que no prestaban ya ningún servicio, más bien estorbaban en la vida normal de la gente, permiten una nueva manifestación del proyecto de Jesús: el agua está convertida en vino. ¿Qué nos indica ese signo? La ritualidad, el legalismo, la norma fría y vacía, es trasformada en vino, símbolo de la alegría, del gozo mesiánico, de la fiesta de la llegada del tiempo nuevo del Reino de Dios. Tenemos que acabar en nuestra vida y en la vida comunitaria, con los sistemas religiosos deshumanizantes, para lograr entrar en la dinámica liberadora, incluyente y festiva que Jesús inauguró.

¿Complicada esta interpretación? Efectivamente, es complicada, con la complicación que brota de un texto sofisticado, muy elaborado, con toda una trastienda de alusiones veladas y crípticos mensajes. Leer, proclamar, comentar el evangelio de Juan como si se tratara de una simple y llana historieta de unas bodas, en las que además Jesús funda el sacramento del matrimonio, sin más complicaciones… resultaría una lectura fácil y cómoda, pero sería profundamente carente de veracidad. Aunque sea más laborioso y menos grato, es mejor tratar a nuestros oyentes como adultos, y no ahorrarles la complejidad de unos textos que interpretados directamente a la letra nos llevarían solamente por caminos de fundamentalismo.

Les ofrecemos, para concluir, el soneto de Pedro Casaldáliga sobre las bodas de Caná:

«No tienen vino»

La verdad es que no tenemos vino.

Nos sobran las tinajas, y la fiesta

se enturbia para todos, porque el sino

es común y la sola sala es ésta.

Nos falta la alegría compartida.

Rotas las alas, sueltos los chacales,

hemos cegado el curso de la vida

entre los varios pueblos comensales.

¡Sangre nuestra y de Dios, vino completo,

embriáganos de Ti para ese reto

de ser iguales en la alteridad.

 

Uva pisada en nuestra dura historia,

vino final bebido a plena gloria

en la bodega de la Trinidad!

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 17 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «Los novios de Caná». El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/17-los-novios-de-cana/

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 31, que se titula «¿Dios hace milagros?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre la simbología mítica de la fiesta de la Epifanía. Su guión y su audio puede recogerse en https://radialistas.net/31-dios-hace-milagros/ Es importante consultar la información complementaria que la serie ofrece a esta entrevista nº 31, disponible en el enlace final de la entrevista. Hay varios otros varios guiones con temas relacionados, que también pueden ayudar a un debate-catequesis donde sea oportuno (véase el índice).

 

Jaunaren Bataioa – C José A. Pagola

Lukas 3,15-16.21-22

 EZ ITO MAITASUN SOLIDARIOA-NO AHOGAR EL AMOR SOLIDARIO

Maitasuna gizarteari zinezko bizia ematen dion energia da. Zibilizazio orotan daude bizia, egia eta zuzentasuna sortzen duten energiak, eta heriotza, gezurra eta duintasun-eza eragiten duten energiak. Ez da izaten erraza horrelakorik sumatzea, baina bizi-bulkada guztien erroan egon ohi da beti maitasuna.

Horregatik, gizarte batean maitasuna itotzen denean, itotzen ari da denbora berean gizatasun-hazkundera, eta bizia zabaltzera eraman ohi duen dinamika ere. Horra zergatik den garrantzizkoa maitasuna sozialki babestea, eta suntsi dezakeen ororen kontra borroka egitea.

Maitasuna errotik hiltzeko era bat jendea manipulatzea da. Gaur egungo gizartean ozenki aldarrikatzen dira pertsonaren eskubideak, baina gero jendea errendimendua ateratzearen mende gelditzen da, onura ateratzearen eta ongizatea garatzearen mende. Horrela gertatzen da orduan Herbet Marcuse pentsalari estatubatuarrak «askatasunaren eutanasia» deitu zuena. Gero eta pertsona gehiago dago «askatasun eroso, patxadako, arrazoizko, demokratiko» ez dena bizi ohi duena. Ondo bizi ohi da jendea, baina nola egiazko askatasuna hala maitasuna ezagutu gabe.

Beste arrisku bat maitasunarentzat funtzionalismoa da. Efikaziaren gizartean garrantzizkoa ez da pertsona bera, baizik betetzen duen egitekoa. Indibiduoa erraz gelditzen da engranajearen puska material huts izatera mugatua: lanean langile bat da; kontsumoan bezero bat; ospitalean ohe-zenbaki bat… Gizarte honetan, gauzak dira funtzionatzen dutenak; pertsona arteko harremanak hiltzen ari dira,

Maitasuna itotzeko beste era bat axolarik eza da. Gizarte modernoaren funtzionamenduak gizabanakoak nor bere probetxuari begira jartzen ditu. Gainerakoak «abstrakzio» huts dira. Ikerketak eta estatistikak argitaratzen dira; hondo-hondoan pertsona jakin batzuen sufrimendua gordetzen dutenak dira. Ez dugu gauza erraza geure burua erantzule sentitzea. Administrazio publikoa da problema horiez arduratu behar duena.

Zer egiten ahal dugu gutako bakoitzak? Hainbat maitasun-ezaren formen aurrean, Bataiatzaileak bistako jarrera iradoki du: «Bi tunika dituenak banatu ditzala horrelako ezer ez duenarekin; eta zer jana duenak egin dezala gauza bera». Zer egin genezake? Gauza sinplea: partekatu daukaguna premian bizi direnekin.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Bautismo del Señor – C (Lucas 3,15-16.21-22)

Evangelio del 12 / Ene / 2025

Publicado el 06/ Ene/ 2025

por Coordinador – Mario González Jurado

evangelio, Pagola

NO AHOGAR EL AMOR SOLIDARIO

El amor es la energía que da verdadera vida a la sociedad. En toda civilización hay fuerzas que generan vida, verdad y justicia, y fuerzas que provocan muerte, mentira e indignidad. No siempre es fácil detectarlo, pero en la raíz de todo impulso de vida está siempre el amor.

Por eso, cuando en una sociedad se ahoga el amor, se está ahogando al mismo tiempo la dinámica que lleva al crecimiento humano y a la expansión de la vida. De ahí la importancia de cuidar socialmente el amor y de luchar contra todo aquello que puede destruirlo.

Una forma de matar de raíz el amor es la manipulación de las personas. En la sociedad actual se proclaman en voz alta los derechos de la persona, pero luego los individuos son sacrificados al rendimiento, la utilidad o el desarrollo del bienestar. Se produce entonces lo que el pensador norteamericano Herbet Marcuse llamaba «la eutanasia de la libertad». Cada vez hay más personas que viven una «no libertad confortable, cómoda, razonable, democrática». Se vive bien, pero sin conocer la verdadera libertad ni el amor.

Otro riesgo para el amor es el funcionalismo. En la sociedad de la eficacia lo importante no son las personas, sino la función que ejercen. El individuo queda fácilmente reducido a una pieza del engranaje: en el trabajo es un empleado; en el consumo, un cliente; en la política, un voto; en el hospital, un número de cama… En esta sociedad, las cosas funcionan; las relaciones entre las personas mueren.

Otro modo frecuente de ahogar el amor es la indiferencia. El funcionamiento de la sociedad moderna concentra a los individuos en sus propios intereses. Los demás son una «abstracción». Se publican estudios y estadísticas tras los cuales se oculta el sufrimiento de las personas concretas. No es fácil sentirnos responsables. Es la administración pública la que se ha de ocupar de esos problemas.

¿Qué podemos hacer cada uno? Frente a tantas formas de desamor, el Bautista sugiere una postura clara: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida haga lo mismo». ¿Qué podemos hacer? Sencillamente compartir más lo que tenemos con aquellos que viven en necesidad.

José Antonio Pagola