18º domingo del T.O. Ciclo C – Koinonía

Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23

¿Qué saca el hombre de todos los trabajos?

¡Vanidad de vanidades, dice Qohelet; vanidad de vanidades, todo es vanidad!

Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto,

y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado.

También esto es vanidad y grave desgracia.

Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?

De día su tarea es sufrir y penar, de noche no descansa su mente.

También esto es vanidad.

Salmo responsorial: 89

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna. R.

Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca. R.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos. R.

Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. R.

Colosenses 3, 1-5. 9-11

Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo

Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.

En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría.

No sigáis engañándoos unos a otros.

Despojaos del hombre viejo, con sus obras, y revestios del nuevo, que se va renovando como imagen de su Creador, hasta llegar a conocerlo.

En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres, porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.

Lucas 12, 13-21

Lo que has acumulado, ¿de quién será?

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.»

Él le contestó: «Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?»

Y dijo a la gente: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande

sobrado, su vida no depende de sus bienes.»

Y les propuso una parábola: «Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos:

¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.»

Y se dijo: «Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida.»

Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? «

Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

La 1ª lectura nos enfrenta con preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. El Eclesiastés pertenece a un grupo de libros que llamamos «sapienciales». La “sabiduría” es un amplio concepto que puede englobar desde la habilidad manual de un artesano hasta el arte para desenvolverse en la sociedad, la madurez intelectual… Representa una capacidad de personas y pueblos cuya finalidad es encontrar respuestas a los grandes interrogantes y misterios de la existencia humana.

Podemos calificar de contestatario al autor del Eclesiastés. Es una voz escéptica y crítica, disidente frente a la tradición sapiencial que confía ilimitadamente en las posibilidades de la razón y sabiduría humanas. El sabio Qohélet es un autor por lo menos desconcertante. La pregunta que mueve toda la reflexión de su libro es ésta: “¿Qué provecho saca el ‘ser humano’ de todos sus afanes bajo el sol?” (1,3). Y su respuesta es la famosa frase: «Vanidad de vanidades (se puede traducir también por vaciedad, sin sentido…), todo es vanidad» (1,2.17; 2,1.11.17.20.23.26; 12,8)

Éste parece, en principio, un libro… «poco religioso». ¿Y cómo se nos propone a los cristianos este libro, como Palabra de Dios, con esa respuesta tan materialista, tan poco optimista…? O esta otra afirmación: «la felicidad consiste en comer, beber y disfrutar de todo el trabajo que se hace bajo el sol, durante los días que Dios da al ser humano, pues ésa es su recompensa» (5,17) es como decir vulgarmente «comamos y bebamos, que mañana moriremos».

El autor recorre a lo largo de su libro todas las esferas del ámbito humano: trabajo, riqueza, dolor, alegría, decepciones, religión, justicia, sabiduría, ignorancia, el tiempo, la muerte… buscando respuesta a su pregunta. Hagamos lo que hagamos en nuestra vida –dice–, al final el destino es el mismo para todos los humanos: la muerte, ¿la nada? Es una pregunta seria: ¿qué pintamos aquí, en la tierra?, ¿para qué vivir, trabajar, luchar, amar, pensar…? Breve es nuestra vida sobre la tierra (Sab 2,1), la mayor parte de nuestra vida es fatiga inútil, que pasa aprisa y vuela (Salmo 89, 10). La experiencia humana es como “atrapar vientos”: una tarea inútil y decepcionante. Por mucho que nos afanemos, nada nos vamos a llevar… Viene a nuestra mente aquella otra frase evangélica: “¿De qué le sirve a una persona ganar el mundo entero…?”.

Hasta el tiempo del destierro, el pueblo de Israel, profesaba tradicionalmente una doctrina de retribución colectivista, «tribal»: la bondad o maldad de un individuo tenía repercusiones en el grupo y en los descendientes. Con la experiencia del exilio estas ideas van cambiando: cada persona recibiría en vida la recompensa adecuada a su conducta (2Re 14, 5-6; Jer 31, 29-30; Ez 18, 2-3. 26-27); sin embargo, la experiencia desmentía este principio.

En la época del destierro empezó a aparecer la teoría de la «retribución personal» y del «destino individual». Y después del destierro este problema ocupa un puesto primordial en la reflexión sapiencial, y no les resultó fácil encontrar una respuesta adecuada. El libro de Job refleja vivamente este drama, apuntando distintas soluciones, pero ninguna definitiva ni convincente: Job es invitado a entrar en el misterio de Dios para desde ahí poder relativizar su dolor, su desesperación y pretensiones. Qohelet se hace eco del mismo escándalo y lo amplía: aun suponiendo que el justo siempre recibiera bienes, tal recompensa no es proporcional al esfuerzo que pone el ser humano en conseguirla, pues no da plena satisfacción a sus anhelos. Tanto Job como Qohelet se mueven en el ámbito de retribución intramundana, no atisban nada más allá de la muerte.

No está mal que Qohélet nos recuerde el sabor de las cosas sencillas, el disfrute de las cosas ordinarias, que también son don de Dios. En esto conectaría muy bien con la mentalidad de la postmodernidad: presentista, del carpe diem (aprovecha cada día).

Evangelio: la vida no depende de los bienes

Va en la misma línea sapiencial que la 1ª lectura: el ser humano busca sin descanso la alegría y la felicidad, pero en torno a esta búsqueda planean serios peligros. Uno de ellos: poner la felicidad en la acumulación insaciable de bienes, la codicia.

A Jesús, como Maestro, se le acercan dos hermanos en litigio y le suplican que ponga orden entre ellos, que haga justicia. Jesús responde yendo a la raíz de los problemas, que está en el corazón del ser humano. Para Él es más importante desenmascarar la codicia que nos domina, que hacer valer los derechos de cada uno. Con lo primero, se conseguirá lo segundo.

Sus palabras son magistrales: “eviten toda clase de codicia, porque, aunque uno lo tenga todo, no son sus posesiones las que le dan vida”. Jesús no invita al conformismo. Lo primero es la justicia, querida por Dios, predicada por Jesús: que todos tengan pan, educación, techo… fruto de la comunión, de la solidaridad, nuevo nombre de la justicia: eso es el Reino, la Nueva Humanidad. Pero puede ocurrir que cuando tengamos lo justo, lo que nos corresponde como hijos y hermanos, ambicionemos más. Esta codicia nunca nos permitirá ya descansar. Es muy difícil ya decirse a uno mismo: “Hombre, tienes muchas cosas guardadas para muchos años, descansa, come, bebe, pásalo bien…” normalmente, no hay quien detenga ya el dinamismo de la codicia. Hay que estar alerta. ¿Hasta dónde llegar en la acumulación de bienes?

La codicia de unos pocos o de unos muchos impide el desarrollo de los pueblos. Y llama la atención la medida actual de la codicia en el mundo: según un informe de la OCDE (mayo 2013), el 10% más rico de las sociedades de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tenían 9,5 veces más ingresos que el 10% más pobre en el 2010 respecto al 2007, cuando los ingresos de los ricos eran 9 veces superiores a los de los pobres. Más: la crisis ha acelerado la brecha entre ricos y pobres en los países que integran esa organización. Las desigualdades aumentaron más entre 2007 y 2010 que en los 12 años precedentes.

En los últimos años (2016), tenemos una humanidad  que bate sus records, sumida en la desigualdad mayor de su historia: 85 personas tienen una riqueza equivalente al patrimonio de la mitad pobre de la humanidad.

La palabra de Jesús en el Evangelio de hoy no puede quedar reducida a una consideración de la necesidad personal individual de «no ser avaro o codicioso»… Hoy ha de ser aplicada también a la situación planetaria, de la estructura económica mundial, de un mundo que sigue y sigue acentuando sus diferencias, la desigualdad, la brecha entre pobres y ricos. Todavía hay quienes alimentan recelos respecto al concepto de «pecado estructural»… En definitiva, no hay que discutir de literatura, o de «cuestión de nombres». La teología de la liberación tiene muy claro que el pecado –¡y las virtudes!– pueden ser no sólo personales/individuales, sino también sociales, estructurales. Ya sabemos que las estructuras «no son personas que cometan pecados»; nadie es tan ingenuo que confunda eso. Lo que queremos decir es que el mal, el pecado, con frecuencia se corporifica, toma cuerpo, en las estructuras sociales, de modo que impone la posibilidad y expande la facilidad, la propensión para un tipo de actitudes y de actos perversos, pecaminosos, más allá de las voluntades y las buenas intenciones personales. La Utopía, el Mundo nuevo, el Sumak Kawsay –¡el Reino de Dios!, como la llamaba Jesús–, no estará realizado cuando esté en todos los corazones (personales, individuales), sino cuando tome cuerpo también en estructuras que lo hagan posible, realizable, verificable.

La respuesta cristiana es «vivir como Jesús»: vivir confiados en las manos del Padre/Madre Dios, buscando el Reino-Utopía como lo más principal. «Lo demás vendrá por añadidura». El verdadero enriquecerse es amasar una única fortuna: la del amor, el favorecimiento de la vida, el descentramiento de sí mismo en favor del centramiento en el amor, las buenas obras con los más pequeños y desfavorecidos (Mt 6,19).

En torno a la segunda lectura

La intención de la carta a los cristianos de Colosas es afirmar la supremacía de Jesucristo por encima de toda realidad cósmica, terrena o supraterrena. Algunos pretendían introducir en la comunidad ideas filosóficas sobre el mundo de los poderes angélicos, y unas prácticas ascéticas inspiradas en ritos mágicos y mistéricos que confundían y amenazaban con disolver el misterio de Cristo entre los creyentes. Por eso, en el Himno Cristológico de 1,15-20 se presenta a Jesús como Señor de toda la creación y único salvador del mundo, revelación perfecta de la sabiduría divina, escondida durante siglos, pero revelada ahora en el Hijo, fuente de vida espiritual para el ser humano, de quien recibimos la plenitud. Es un himno, una poesía, poesía religiosa, una «reflexión» libre, un ejercicio creativo de belleza, que da rienda suelta y expresión a una vivencia «religiosa» y, por tanto, afectiva, estética, fruitiva… como tantas otras experiencias humanas. No hay que equivocarse y confundir este género literario con un tratado ontológico-metafísico-dogmático.

En ese contexto de pensamiento, el bautismo introduce al cristiano en la posesión ya presente de la salvación, no como algo conseguido de manera estática, sino en movimiento, en progreso, dinámico, y «en combate». El bautismo nos une a Cristo y nos hace participar de sus riquezas: “fuimos sepultados con Cristo y luego resucitados por haber creído en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos” (2,12). Muertos y resucitados con Cristo debemos buscar lo que Cristo buscó, las cosas de arriba.

Dicho esto, sobre esta segunda lectura, hay que añadir una «nota crítica» para los fieles y los predicadores más críticos. Este fragmento de la carta de Pablo deja un sabor de boca agridulce, pues junto a la atracción espiritual que produce, sus imágenes suscitan una profunda insatisfacción: arriba/abajo, los bienes de arriba/los bienes de abajo, aspirar a los bienes de arriba y no a los de la tierra… Este claro dualismo de fondo, esa «esquizofrenia espiritual» que quiere hacernos creer que estamos en esta tierra (abajo), desterrados, caídos de nuestro verdadero mundo (el mundo de arriba), al que tenemos que volver, en el que seremos de nuevo manifestados en gloria tras nuestra muerte… es una visión de fondo, un «supuesto» que se cuela en las palabras de Pablo como «de rondón», sin siquiera ser mencionado, como una evidencia de fondo que ni siquiera hay que tematizar y discutir… Muchas personas con mentalidad realmente «de hoy», se sienten mal ante estos textos, y muchas veces ni siquiera pueden reaccionar en el nivel consciente, porque no descubren siquiera qué palabras concretas podrían descalificar, pero se siguen sintiendo mal.

Textos que ya van para dos milenios de antigüedad, y que llevan dentro –como una droga escondida no declarada– el platonismo helenista en el que fueran concebidos y expresados, no son buenos para vehicular un mensaje que ha de ser entregado en la rapidez de una liturgia que no permite mayores aclaraciones hermenéuticas. Tal vez mejor sería no abordarlos cuando no van a poder ser bien explicados. Pero en todo caso, los oyentes actuales tienen derecho a que los predicadores inteligentes digan una breve palabra que les tranquilice ante posibles malestares interiores. Pablo, misionero apasionado, sería el primero que hoy se quejaría de que sus palabras no sean purificadas del dualismo platónico que él mismo respiró en su ambiente helenista, un dualismo que hoy es absolutamente inaceptable en nuestra visión moderna y eco-céntrica.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 73 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, titulado «La muerte del viejo avaro». El audio y su guión y su comentario puede ser tomado de aquí: https://radialistas.net/73-la-muerte-del-viejo-avaro/

APRENDIENDO A REZAR-José Luis Sicre / QUIEN BUSCA, ENCUENTRA-Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

APRENDIENDO A REZAR-José Luis Sicre / 

Domingo 17 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

El domingo pasado, el evangelio nos animaba a escuchar a Jesús, como María. Hoy nos anima a hablarle a Dios. Ante una persona importante es fácil quedarse sin palabras, no saber qué decir. Mucho más ante Dios. Quizá por eso, los discípulos no rezan. Pero les suscita curiosidad ver a Jesús rezando. ¿Qué dice? ¿Por qué no les enseña a hablarle a Dios? Este será el tema del evangelio, que recoge dos cuestiones muy distintas: la oración típica del cristiano, y la importancia de ser insistentes en nuestra oración, hasta conseguir que Dios se harte y nos conceda… ¿Qué nos concederá Dios? El tema es tan importante que prescindo de las otras dos lecturas.

Aprendiendo a rezar (Lucas 11, 1-4)

Nota previa: En Lucas faltan dos peticiones que conocemos por Mateo: “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, y “líbranos del mal”. La liturgia traduce “nuestro pan del mañana”; debería traducir, como en la misa, “nuestro pan de cada día”, ya que la fórmula griega es la misma en Mateo y Lucas (to.n a;rton h`mw/n to.n evpiou,sion). Pero existe una discusión muy antigua sobre si epiousion se debe interpretar del alimento cotidiano o como referencia a la eucaristía. Parece que la liturgia se ha inclinado en este caso por la interpretación eucarística.

El “Padre nuestro” es la síntesis de todo lo que Jesús vivió y sintió a propósito de Dios, del mundo y de sus discípulos. En torno a estos temas giran las peticiones (sean siete como en Mateo o cinco como en Lucas).

Frente a un mundo que prescinde de Dios, lo ignora o incluso lo ofende, Jesús propone como primera petición, como ideal supremo del discípulo, el deseo de la gloria de Dios: “santificado sea tu Nombre”; dicho con palabras más claras: “proclámese que Tú eres santo”. Es la vuelta a la experiencia originaria de Isaías en el momento de su vocación, cuando escucha a los serafines proclamar: “Santo, santo, santo, el Señor, Dios del universo” (Is 6). La primera petición se orienta en esa línea profética que sitúa a Dios por encima de todo, exalta su majestad y desea que se proclame su gloria.

Ante un mundo donde con frecuencia predominan el odio, la violencia, la crueldad, que a menudo nos desencanta con sus injusticias, Jesús pide que se instaure el Reinado de Dios, el Reino de la justicia, el amor y la paz. Recoge en esta petición el tema clave de su mensaje (“está cerca el Reinado de Dios”), en el que tantos contemporáneos concentraban la suma felicidad y todas sus esperanzas.

Como tercer centro de interés aparece la comunidad. Ese pequeño grupo de seguidores de Jesús, que necesita día tras día el pan, el perdón, la ayuda de Dios para mantenerse firme. Peticiones que podemos hacer con sentido individual, pero que están concebidas por Jesús de forma comunitaria, y así es como adquieren toda su riqueza.

Cuando uno imagina a ese pequeño grupo en torno a Jesús recorriendo zonas poco pobladas y pobres, comprende sin dificultad esa petición al Padre de que le dé “el pan nuestro de cada día”.

Cuando se recuerdan los fallos de los discípulos, su incapacidad de comprender a Jesús, sus envidias y recelos, adquiere todo sentido la petición: “perdona nuestras ofensas”.

Y pensando en ese grupo que debió soportar el gran escándalo de la muerte y el rechazo del Mesías, la oposición de las autoridades religiosas, se entiende que pida “no caer en la tentación”.

El Padre nuestro nos enseña que la oración cristiana debe ser:

Amplia, porque no podemos limitarnos a nuestros proble­mas; el primer centro de interés debe ser el triunfo de Dios;

Profunda, porque al presentar nuestros problemas no podemos quedarnos en lo superficial y urgente: el pan es importante, pero también el perdón, la fuerza para vivir cristianamente, el vernos libres de toda esclavitud.

Íntima, en un ambiente confiado y filial, ya que nos dirigimos a Dios como “Padre”.

Comunitaria. “Padre nuestro«, danos, perdónanos, etc.

En disposición de perdón.

Necesidad de ser insistentes en la oración (Lucas 11,5-13)

El ejemplo del amigo importuno

En las casas del tiempo de Jesús los niños no duermen en su habitación. De la entrada de la casa a la cocina no se va por un pasillo. No existe luz eléctrica ni linterna. Un solo espacio sirve de todo: cocina y comedor durante el día, dormitorio por la noche. Moverse en la oscuridad supone correr el riesgo de pisar a más de uno y tener que soportar sus quejas y maldiciones.

El “amigo” trae a la memoria un simpático proverbio bíblico: “El que saluda al vecino a voces y de madrugada es como si lo maldijera”. Este amigo no saluda, pide. Y consigue lo que quiere.

Este individuo merecería que le dirigiesen toda la rica gama de improperios que reserva la lengua castellana para personas como él. Sin embargo, Jesús lo pone como modelo. Igual que más tarde, también en el evangelio de Lucas, pondrá como modelo a una viuda que insiste para que un juez inicuo le haga justicia.

La bondad paternal de Dios y un regalo inesperado

En realidad, no haría falta ser tan insistentes, porque Dios, como padre, está siempre dispuesto a dar cosas buenas a sus hijos.

Aquí es donde Lucas introduce un detalle esencial. Las palabras tan conocidas “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá…” se prestan a ser mal entendidas. Como si Dios estuviera dispuesto a dar cualquier cosa que se le pida, desde un puesto de trabajo hasta la salud, pasando por aprobar un examen. Esta interpretación ha provocada muchas crisis de fe y la conciencia diluida de que la oración no sirve para nada.

El evangelio de Mateo, que recoge las mismas palabras, termina diciendo que Dios “dará cosas buenas a los que se las pidan”. La oración de Jesús en el huerto de los olivos demuestra que Dios tiene una idea muy distinta de nosotros, incluso de Jesús, de lo que es bueno y lo que más nos conviene.

Pero las palabras del evangelio de Mateo a Lucas le resultan poco claras y ofrece una versión distinta: “vuestro Padre celestial dará Espíritu Santo a los que se lo piden”. Para Lucas, tanto en el evangelio como en el libro de los Hechos, el Espíritu Santo es el gran motor de la vida de la iglesia. En medio de las dificultades, incluso en los momentos más duros de la vida, la oración insistente conseguirá que Dios nos dé la fuerza, la luz y la alegría de su Espíritu.

 José Luis Sicre

QUIEN BUSCA, ENCUENTRA

Enrique Martínez Lozano

Domingo XVII del TO

Lc  11, 1-13

Existe un dicho oriental, según el cual, “cuando el alumno está preparado, el maestro aparece”, que podría retraducirse de esta manera: Quien vive apertura y docilidad a la vida, sabe leer lo que le ocurre como oportunidad de aprendizaje y crecimiento.

En realidad, aquel dicho equivale al aforismo que el evangelio pone en boca de Jesús: “Quien busca, encuentra”, que podría expresarse también de este otro modo: el Anhelo no defrauda. 

Alguien podría pensar que la experiencia humana parece indicar justo lo contrario: la frustración constituye un elemento habitual en nuestra existencia, hasta el punto de que hay personas que terminan cayendo en la decepción, en la tristeza, en la resignación fatalista o incluso en el hundimiento. Se dan, sin duda, experiencias dolorosas, más o menos traumáticas, que, unidas a otros factores, pueden conducir a ese estado.

No niego la realidad de la frustración, pero tampoco equiparo el deseo con el Anhelo, ni lo que me gusta con lo que necesito.

El deseo nace del yo y busca, prioritariamente, el bien del propio yo (tiene la forma de una flecha curva, que vuelve sobre sí misma). Se halla íntimamente emparentado con la expectativa. Y la expectativa es la madre de la frustración. Por el contrario, el Anhelo -así, con mayúscula- no nace de la mente ni del yo -por más que, luego, nos hagamos conscientes de él-, sino de la misma vida que somos. Se trata de un dinamismo caracterizado por la desapropiación y la gratuidad (tiene forma de flecha recta), que nos impulsa desde dentro. No busca, de entrada, algún bien particular para el yo; tampoco busca que se satisfagan sus deseos. Solo busca favorecer que la vida fluya a través de nuestra persona. Por eso, en la medida en que nos encuentra motivados -preparados, buscando…, por utilizar los términos de los dichos anteriores-, disponibles, dóciles y rendidos a su empuje, nunca defrauda. Es cierto que implica la “muerte” del yo, pero regala la vida.

 

Enrique Martínez Lozano

 

DOMINGO 17 (C) Fray Marcos

(Lc 11,1-13)

Enséñanos a orar. ¿A quién podríamos dirigir hoy esta petición?  

Si Jesús hubiera dado una oración concreta a sus discípulos para que la repitieran, ¿se les habría olvidado con tanta facilidad? Solo dos evangelistas la narran y, además, de manera diferente. No, la oración no se enseña, nace de una actitud vital que tiene que ir más allá de cualquier deseo o preocupación por agradar a un dios que está más allá de las nubes.

¿Alguien se puede creer que lo que hacía Jesús cuando se retiraba a ‘orar’ era repetir oraciones prefabricadas? Los discípulos estaban intrigados por lo que Jesús hacía cuando se quedaba solo. La oración es algo vivo que tiene que salir de lo más hondo del ser.

Hubo un tiempo en que di mucha importancia al Padrenuestro, hasta me lo aprendí en arameo y lo recé muchas veces en la lengua que utilizó Jesús. Pero hoy no lo veo de la misma manera. No deja de ser un rezo más que hay que superar para legar a contemplar.

Para comprender lo que acabo de decir, debemos distinguir entre rezar o pedir, meditar y contemplar. Nos han enseñado, incluso obligado a rezar, pero nadie se ha preocupado de que aprendamos a contemplar. Se trata de una forma de vida y a vivir no se puede aprender

El Padrenuestro intenta trasmitirnos, en el lenguaje religioso de la época, toda la novedad de la experiencia de Jesús. Esto quiere decir que no se sacaron el Padrenuestro de la manga. Cada una de las expresiones que encontramos en él, se encuentran también en el AT.

Entendido literalmente, el Padrenuestro no tiene sentido. Ni Dios es padre en sentido literal; ni está en ningún lugar; ni podemos santificar su nombre, porque no lo tiene; ni tiene que venir su Reino de ninguna parte, porque está siempre en todos y en todo; Ni su voluntad tiene que cumplirse, porque no tiene voluntad alguna. Ni tiene nada que perdonar, mucho menos, puede tomar ejemplo de nosotros para hacerlo; ni podemos imaginar que sea Él el que nos induzca a pecar; ni puede librarnos del mal, porque eso depende solo de nosotros.

No pretendo enseñaros a orar, pero intentaré daros alguna pista. La oración de contemplación surge espontáneamente de lo hondo del ser. Lo difícil es alcanzar las condiciones que la mente necesita para que esto ocurra. Surge con la misma facilidad con que mana el agua de una fuente una vez que se le quitan los estorbos que le impedían salir.

La preparación comienza por el cuerpo. No es nada fácil conseguir que el cuerpo esté relajado, en armonía sin interferencias de los sentidos ni de la mente racional que dispersan nuestra atención. Las técnicas orientales de relajación pueden ser muy útiles para preparar el terreno, siempre que no las confundamos con la verdadera contemplación.

Centrar toda nuestra atención en una llama, repetir un mantra con total atención, o simplemente observar con atención nuestra propia respiración nos puede llevar a una imprescindible concentración. Si soy capad de concentrarme absolutamente en un solo objeto, será muy fácil dar el paso a no pensar en nada. Ahí comienza la contemplación.

Dejar de pensar no es quedar dormidos. Se trata de acallar nuestra capacidad de razonar. Nuestra imaginación está siempre saltando de un pensamiento a otro sin poder evitarlo. Meditar es poner en marcha una facultad que hemos olvidado, la intuición. Sería quedar absolutamente pasivos pero atentos a lo que pasa en lo más hondo de nuestro ser.

Urteko 17. igandea – C – José A. Pagola

(Lukas 11,1-13)

«GURE AITA» – «PADRE NUESTRO»

«Gure Aitaz» esana dago dena. Otoitz bikainetan bikaina da. Jesusek eman digun erregalurik onena. Jainkoari egiteko deirik bikainena. Eta, halaz guztiz, kristauek behin eta berriz errepikaturik, ohikeriazko errezo bihur daiteke, mekanikoki errepikatzen diren hitz bihur daitezke, bihotza Jainkoagana jaso gabe.

Horregatik, on da noizbehinka geldialdi bat egitea, Jesusen bizitza guztia biltzen duen aipatu otoitz hau hausnartzeko. Laster jabetuko gara ezen Jesusen Espirituarekin bizi bagara bakarrik bihurtuko dugula otoitz.

«Gure Aita». Giza bihotzak jariatzen duen lehen oihua da, Jainkoarekiko beldurrez ez, baizik eta beraren maitasun kreatzailean konfiantza osoa duela bizi denean. Oihua, pluralean egina, guztien Aita denari. Deia, haurridetasun unibertsalean sustraitzen gaituena eta gainerako guztien aurrean erantzule egiten gaituena.

«Santu izan bedi zure Izena». Lehen eskari hau ez da bat gehiago. Jesusen otoitz guzti honen arima da, beraren amets gorenena. Jainkoaren «izena», hau da, beraren misterio atzeman ezina, beraren maitasuna eta beraren indar salbatzailea ager daitezela bere aintza betean, beraren ahaltasun betean. Eta hau esanik, ez da jarrera pasibo bat, baizik eta Jesusen amets eta asmo horretan geure bizitza propioaz lankide izateko konpromisotik egina.

«Etor bedi zure erreinua». Ez daitezela errege izan munduan indarkeria eta gorroto suntsitzailea. Izan daitezela errege Jainkoa eta beronen erreinua. Ez daitezela errege izan Lehen Mundua Hirugarrenaren gain, europarrak afrikarren gain, boteretsuak ahulen gain. Ez dadila nagusi izan gizonezkoa emakumearen gain, ezta aberatsa ere pobrearen gain. Nagusitu dadila egia munduaz. Ireki diezaiegula bidea bakeari, barkazioari eta benetako liberazioari.

«Egin bedi zure nahia». Ez dezala topo egin guregan horrenbeste oztopo eta horrenbeste kontrakotasunekin. Gizadi osoak obeditu diezaiola Jainkoaren deiari: bizitzaren hondo-hondotik gonbidatzen baitu gizakia bere egiazko salbaziora. Nire bizitza izan dadila gaur bertan Jainkoaren gogoaren bilatzaile.

«Emaguzu gaur egun honetako ogia». Ogia eta era duinean bizitzeko behar duguna, ez guk bakarrik, baizik eta Lurreko gizon-emakume guztiek behar dutena. Eta gera bedi esana, ez egoismo metatzaile batetik edota kontsumismo axolagabe batetik, baizik eta premian direnekin geurea duguna partekatzeko gogo handiago batetik.

«Barka iezaguzu». Jainkoaren barkazio-beharra du munduak. Gizakiok bizi, barkazio eskatuz eta barkatuz bakarrik bizi gintezke. Barkazio-jarrera irekiz, mendekuari uko egiten diona Jainkoaren antzekoa da, Jainko on eta barkatzailearen antzekoa.

«Ez gaitzazu utzi tentaldian erortzen». Ez gara ari eguneroko tentazio txikiez, baizik eta Jainkoa bertan behera uzteko tentazio handiaz, Jesusen Ebanjelioaz ahaztu eta oker bat hartzeaz. Laguntza eske egindako oihu honek bizirik jarraitzen du gure bizitzan. Jainkoa gurekin dago gaitz ororen aurka.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

«PADRE NUESTRO»

Del Padrenuestro se ha dicho todo. Es la oración por excelencia. El mejor regalo que nos ha dejado Jesús. La invocación más sublime a Dios. Y, sin embargo, repetida una y otra vez por los cristianos puede convertirse en rezo rutinario, palabras que se repiten mecánicamente sin elevar el corazón a Dios.

Por eso es bueno que nos detengamos de vez en cuando a reflexionar sobre esta oración en la que se encierra toda la vida de Jesús. Pronto nos daremos cuenta de que solo la podemos rezar si vivimos con su Espíritu.

«Padre nuestro». Es el primer grito que brota del corazón humano cuando vive habitado no por el temor a Dios, sino por una confianza plena en su amor creador. Un grito en plural al que es Padre de todos. Una invocación que nos arraiga en la fraternidad universal y nos hace responsables ante todos los demás.

«Santificado sea tu Nombre». Esta primera petición no es una más. Es el alma de toda esta oración de Jesús, su aspiración suprema. Que el «nombre» de Dios, es decir, su misterio insondable, su amor y su fuerza salvadora se manifiesten en toda su gloria y su poder. Y esto dicho no en actitud pasiva, sino desde el compromiso de colaborar con nuestra propia vida a esa aspiración de Jesús.

«Venga tu reino». Que no reinen en el mundo la violencia y el odio destructor. Que reine Dios y su justicia. Que no reine el Primer Mundo sobre el Tercero, los europeos sobre los africanos, los poderosos sobre los débiles. Que no domine el varón a la mujer, ni el rico al pobre. Que se adueñe del mundo la verdad. Que se abran caminos a la paz, al perdón y a la verdadera liberación.

«Hágase tu voluntad». Que no encuentre tanto obstáculo y resistencia en nosotros. Que la humanidad entera obedezca a la llamada de Dios, que desde el fondo de la vida invita al ser humano a su verdadera salvación. Que mi vida sea hoy mismo búsqueda de esa voluntad de Dios.

«Danos el pan de cada día». El pan y lo que necesitamos para vivir de manera digna, no solo nosotros, sino todos los hombres y mujeres de la Tierra. Y esto dicho no desde el egoísmo acaparador o el consumismo irresponsable, sino desde la voluntad de compartir más lo nuestro con los necesitados.

«Perdónanos». El mundo necesita el perdón de Dios. Los seres humanos solo podemos vivir pidiendo perdón y perdonando. Quien renuncia a la venganza desde una actitud abierta al perdón se asemeja a Dios, el Padre bueno y perdonador.

«No nos dejes caer en la tentación». No se trata de las pequeñas tentaciones de cada día, sino de la gran tentación de abandonar a Dios, olvidar el Evangelio de Jesús y seguir un camino errado. Este grito de socorro queda resonando en nuestra vida. Dios está con nosotros frente a todo mal.

José Antonio Pagola

17º domingo del T.O. – Koinonía

Génesis 18, 20-32

No se enfade mi Señor, si sigo hablando

En aquellos días, el Señor dijo: «La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.»

Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán.

Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios: «¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?»

El Señor contestó: «Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.»

Abrahán respondió: «Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?»

Respondió el Señor: «No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.»

Abrahán insistió: «Quizá no se encuentren más que cuarenta.»

Le respondió: «En atención a los cuarenta, no lo haré.»

Abrahán siguió: «Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?»

Él respondió: «No lo haré, si encuentro allí treinta.»

Insistió Abrahán: «Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?»

Respondió el Señor: «En atención a los veinte, no la destruiré.»

Abrahán continuo: «Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?»

Contestó el Señor: «En atención a los diez, no la destruiré.»

Salmo responsorial: 137

Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. R.

Daré gracias a tu nombre, por tu misericordia y tu lealtad. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R.

El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio. Cuando camino entre peligros, me conservas la vida; extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo. R.

Y tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R.

Colosenses 2, 12-14

Os dio vida en Cristo, perdonándoos todos los pecados

Hermanos: Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos.

Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados.

Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz.

Lucas 11, 1-13

Pedid y se os dará

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

Él les dijo: «Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.»»

Y les dijo: «Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: «Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.»

Y, desde dentro, el otro le responde: «No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.»

Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues así os digo a vosotros:

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?

¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»

 COMENTARIO A LOS TEXTOS:

Primera lectura

Este texto, continuación del que se leía el domingo pasado, nos muestra a Abraham, padre de la fe y antepasado de Israel, como gran intercesor antes los habitantes de estas ciudades. Muestra una actitud a imitar: apertura y ayuda a los demás. La negociación entre el intercesor y Dios, recuerda el estilo oriental (y muy latinoamericano, también) del regatear. Lo que se busca es acentuar la insistencia intercesora de Abraham y la magnitud del pecado de Sodoma y Gomorra. El texto es el mejor ejemplo de oración como diálogo audaz y comprometido con Dios, en el que vemos a Abraham hablar con el Señor y tratar de convencerlo a partir de su bondad y justicia, pero, al parecer, abusando de su confianza. El estilo y modo de proceder es, obvio, de una mentalidad semítica: poner en juego el honor de Dios, su reputación de justicia pero que muestran la confianza en Dios y la proximidad de los hombres a El. Por otra parte , este texto, puede ser modelo para el tema de la hospitalidad: Al narrar como estos “tres seres” escuchan a Abraham atentamente. Esta “atención” le permite entrar en el misterio. Uno se revela como el Señor (18,10.13.20) y los otros dos como sus ángeles (19,1). La narración, que al principio hablaba tres hombres, adquiere aquí un carácter teofánico y manifiesta el sentido profundo de la hospitalidad.

Segunda lectura

A partir de este texto los cristianos consideraban la pila bautismal como un sepulcro en el que somos sepultados con Cristo; por otra parte, es también como la madre que engendra a la vida; de ahí, el expresivo ritual de la inmersión. Pero el ritual que representa esta muerte y esta resurrección sólo tiene eficacia si corresponde a la fe en Dios que resucitó a Cristo de entre los muertos. Esta expresa, pues, la vinculación entre bautismo y fe. Pecado y muerte, fe y bautismo son correlativos. La inserción al misterio de Cristo acontece en el bautismo, pero se funda en la fe. Haber resucitado significa en realidad vivir en Cristo, como consecuencia de haber obtenido el perdón de los pecados como resultado de la muerte del Señor. Siendo coherente, Pablo dice que “el perdón del pecado es liberación de la ley y de su observancia, porque existe una correspondencia entre Ley, muerte y pecado (cf. Rom 7,7-9). La mejor expresión paulina al respecto se encuentra aquí como imagen. La Ley ha sido clavada en la cruz.

 

Evangelio

La oración forma parte de la vida del pueblo judío. Los piadosos volvían su espíritu a Dios varias veces al día. Jesús aprende, desde el pueblo y su tradición a orar. Como buen judío, aprendió a rezar en la familia y en la sinagoga. En su ministerio, su oración toma adquiere una particularidad: su acercamiento a Dios, “su Abbá”. Lucas lo describe en oración varias ocasiones (3,21; 5,16; 6,12; 9,29). Los exegetas reconocen en Lucas la transmisión más fiel de la oración del Padrenuestro y que es la más breve. Del arameo pasó al griego y así la incluyó Lucas en su narración.

PADRE, SANTIFICADO SEA TU NOMBRE: o sea que Dios sea conocido, dado a conocer, alabado, amado, bendecido, glorificado y agradecido por todas las gentes del mundo. Que el nombre del Señor, o sea el mismo Dios, reciba estimación, amor veneración, y piadosa adoración por todos y cada vez más. Hay que volver a notar el orden de la oración en el Padrenuestro. Primero que Dios sea reverenciado y amado.

VENGA TU REINO: es una oración misionera. Lo que buscan los misioneros es hacer que Dios reine en las gentes de las tierras que ellos están misionando desde sus culturas e idiosincrasia. Y es lo que debemos desear y pedir y buscar todos en todos los tiempos: que reine Dios. Que venga su Reino. Si primero buscamos el Reino de Dios, todo lo demás vendrá por añadidura. Es un deseo de que Dios reine en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestro hogar, en la sociedad, en la nación y en el mundo entero. ¡Y en cuantas naciones y personas todavía no reina!

DANOS EL PAN DE CADA DÍA. Pedimos para cada día el pan, sin afanarnos por el futuro, porque Dios estará también en el futuro y El proveerá. Como el Maná del desierto, el pan de cada día es un don maravilloso de la bondad del Señor. Con esta petición del pan diario le estamos queriendo pedir que nos libre del desempleo o de la demasiada carestía, y de las inundaciones y sequías que acaban con los cultivos, y de las guerrillas que impiden a los campesinos recoger sus cosechas, empleo para el esposo que tiene que mantener una familia, ayudas económicas para esa madre abandonada; protección para el anciano echando a un lado por la sociedad. El corporal y el espiritual. Todos los días los necesitamos, por eso tenemos que pedirlo todos los días.

perdónanos NUESTROS PECADOS, COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN. El perdón es un arte que se consigue con infinitos ejercicios. San Agustín enseña que a algunos no les escucha Dios la oración que le hacen, porque antes no han perdonado a los que los han ofendido, o no le han pedido perdón al Señor por sus pecados. Sin pedirle excusas por los disgustos que le hemos proporcionado, ¿cómo queremos que nos conceda las gracias que le estamos suplicando?. Es un recuerdo muy oportuno para que no se nos vaya a ocurrir nunca la mentirosa idea de creernos buenos. Dios pone una condición para perdonarnos: no podemos obtener perdón del cielo, si no perdonamos en la tierra. El día del Juicio no tendrás disculpas: te juzgarán como hayas juzgado. Te condenarán si no quisiste perdonar a los demás, y te absolverán si supiste perdonar siempre (San Cripriano): El Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan.

ÉL LES DARÁ EL ESPÍRITU SANTO. El objetivo final y el contenido de la oración cristiana es llegar a recibir el Espíritu que es capaz de renovar la faz de la tierra, incluidos nosotros. El Espíritu Santo es la fuerza que viene de lo alto con poder avasallador y aleja los vicios y nos trae muchos buenos pensamientos y deseos. El Espíritu Santo quiere ser nuestro Huésped, y es enviado por el Padre Celestial si se lo pedimos con fe y perseverancia. El Espíritu Santo es el que nos hace comprender las Sagrada Escrituras. El Espíritu Santo cuando viene nos ofrece: orar mejor, arrepentirnos de nuestros pecados y tener deseo de dedicarnos a agradar a Dios.

 

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 47 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su guión y su comentario puede ser tomado de aquí: https://radialistas.net/47-nuestro-pan-de-cada-dia/

 

Domingo 16 TO. C:  José Luis Sicre y Enrique Martínez Lozano

¿AFANARSE O ESCUCHAR?
José Luis Sicre

Domingo 16 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

El domingo pasado, la parábola del buen samaritano terminaba con una invitación a la acción: «Ve, y haz tú lo mismo». Imaginemos que quien tenemos delante no es un pobre hombre apaleado y medio muerto, sino Jesús. Se ha presentado en la casa a mediodía. ¿Qué es más importante: afanarnos por darle bien de comer o sentarnos a escucharle?

Como el evangelio va de invitación a comer, para la primera lectura se ha elegido la famosa escena en la que Abrahán invita a tres personajes misteriosos que llegan a su tienda.

Abrahán invita a comer al Señor (Génesis 18,1-10)

¿Cuántos son los invitados?

Este breve relato ha supuesto uno de los mayores quebraderos de cabeza para los comentaristas del Génesis. Empieza diciendo que el Señor se aparece a Abrahán, pero lo que ve el patriarca son tres hombres.

Al principio se dirige a ellos en singular, como si se tratara de una sola persona (“no pases de largo”), pero luego utiliza el plural (“os lavéis, descanséis, cobréis fuerzas”). El plural se mantiene en las acciones siguientes (“comieron, dijeron”), pero la frase capital, la gran promesa, la pronuncia uno solo.

En resumen, un auténtico rompecabezas, resultado de unir tradiciones distintas. No faltaron comentaristas cristianos que vieron en esta escena un anticipo de la Santísima Trinidad.

Hospitalidad

La ley de hospitalidad es una de las normas fundamentales del código del desierto. El hombre que recorre estepas interminables sin una gota de agua ni poblados donde comprar provisiones, está expuesto a la muerte por sed o inanición. Cuando llega a un campamento de beduinos o de pastores no es un intruso ni un enemigo. Es un huésped digno de atención y respeto, que puede gozar de la hospitalidad durante tres días; cuando se marcha, se le debe protección durante otros tres días (unos 100 kilómetros). Esta ley de hospitalidad es la que pone en práctica Abrahán.

El menú, dos cocineros y un maître.

Abrahán no se limita a hospedar a los visitantes. Entre él y su mujer, con la ayuda también de un criado, organiza un verdadero banquete con un ternero hermoso, cuajada, leche y una hogaza de flor de harina. A diferencia de las comidas actuales, no hay prisa. Pasan horas desde que se invita hasta que se preparan los alimentos y se termina de comer.

La cuenta

Al invitado no se le cobra. Pero el huésped principal paga de forma espléndida: prometiendo que Sara tendrá un hijo. El tema de la fecundidad domina toda la tradición de Abrahán y se cumple a través de muchas vicisitudes y de forma dramática.

Marta invita a comer a Jesús (Lucas 10, 38-42)

El texto del evangelio también se ha prestado a mucho debate. Este relato es exclusivo de Lucas, no se encuentra en Mateo, Marcos ni Juan.

¿Cuántos invitados a comer?

En la historia de Abrahán resultaba difícil saber si los invitados eran uno o tres. El relato de Lucas nos deja en la mayor duda. Jesús siempre iba acompañado, no sólo de los Doce, sino también de muchas mujeres, como afirman expresamente Marcos y Lucas, citando el nombre de algunas de ellas. ¿Los recibe a todos Marta? ¿Se limita a invitar a Jesús? Las palabras “Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio” sugieren que no se trata de un solo invitado. Pero la escena parece tan simbólica que resulta difícil imaginar la habitación abarrotada de gente.

El menú, y una cocinera sin ayudante

No sabemos el número de invitados, pero sí está claro el de cocineras. Aquí no ocurre con en el relato del Génesis, donde Sara amasa y cuece la hogaza, mientras Abrahán colabora corriendo a escoger el ternero, dando órdenes de prepararlo, encargándose de la cuajada y de la leche.

En la casa del evangelio hay también dos personas, Marta y María. Pero María se sienta cómodamente a los pies de Jesús mientras Marta se mata trabajando. ¿Por qué tanto esfuerzo? ¿Porque son muchos los invitados? ¿O porque Marta pretende prepararle a Jesús un banquete tan suculento como el de Abrahán, y le faltan tiempo y manos para el ternero, la hogaza, la cuajada y la leche?

Desgraciadamente, ignoramos el menú. Según algunos comentaristas, las palabras que dirige Jesús a Marta, “sólo una cosa es necesaria” significarían: “un plato basta”, no te metas en más complicaciones.

Dos actitudes

El contraste entre María sentada y Marta agobiada se ha prestado a muchas interpretaciones. Por ejemplo, a defender la supremacía de la vida contemplativa sobre la activa, sin tener en cuenta que esas formas de vida no existían en tiempos de Jesús ni en la iglesia del siglo I. Entre los judíos de la época existían grupos religiosos con tintes monásticos (los esenios de los que habla Flavio Josefo y los terapeutas de los que habla Filón de Alejandría), pero Lucas no presenta a María como modelo de las monjas de clausura frente a Marta, que sería la cristiana casada o la religiosa de vida activa.

El evangelio no contrapone pasividad y trabajo. Jesús no reprocha a Marta que trabaje sino que “andas inquieta y nerviosa con tantas cosas”. Esa inquietud por hacer cosas, agradar y quedar bien, le impide lo más importante: sentarse un rato a charlar tranquilamente con Jesús y escucharle.

Todos tenemos la tendencia a sentirnos protagonistas, incluso en la relación con Dios. Nos atrae más la acción que la oración, hacer y dar que escuchar y recibir. Nos sentimos más importantes. La breve escena de Marta y María nos recuerda que muy a menudo andamos inquietos y nerviosos con demasiadas cosas y olvidamos la importancia primaria del trato con el Señor.

Marta-María y el buen samaritano

Este episodio sigue inmediatamente a la parábola del buen samaritano, que leímos el domingo pasado. Los dos textos son exclusivos del evangelio de Lucas, y pienso que se iluminan mutuamente.

La parábola del buen samaritano es una invitación a la acción a favor de la persona que nos necesita: “ve y haz tú lo mismo”.

Para mantener la acción a favor del prójimo la mejor preparación es sentarse, como María, a escuchar la palabra de Jesús.

José Luis Sicre

a

SOMOS MARTA Y MARÍA

Enrique Martínez Lozano

Domingo XVI del TO – 20 de julio

Lc 10, 38-42

Los humanos solemos ser dados a analizar y juzgar a los demás, mientras descuidamos conocernos a nosotros mismos. Con facilidad y rapidez colocamos etiquetas a los otros, mientras permanecemos lejos de saber cómo somos, por lo que ignoramos que, con mucha frecuencia, lo que percibimos en los demás habita también en nuestro interior.

No sé si Marta y María fueron dos personajes históricos, como tampoco sé si su comportamiento era tan opuesto como el texto -escrito con un evidente interés catequético- quiere poner de relieve. Lo que sé es que en cada una y cada uno de nosotros hay un personaje inquieto y nervioso, movido por la ansiedad, conviviendo con otro que anhela y es capaz de saborear la quietud y la paz del corazón.

Y ambos personajes (pequeños yoes) merecen nuestro respeto y nuestra atención. La inquietud o ansiedad puede ser una manifestación de nuestro niño interior herido, que reclama nuestro cuidado, o puede ser un mecanismo de defensa, es decir, un protector que, con las luces y la información de que disponía, ha tratado y sigue tratando de protegernos o de aliviar nuestro malestar, por lo que merece además nuestra gratitud.

Con ambos habremos de dialogar e integrarlos en nuestro puzle completo. Y podrá darse que, al hacerlo con la parte de anhela la quietud y la paz, terminemos por descubrir que no es solo otro yo más, entre tantos que nos habitan, sino que justamente en él se refleja nuestra identidad profunda, la quietud y la paz que somos, aun en medio de “oleajes” de todo tipo.

Enrique Martínez Lozano

DOMINGO 16 (C) – Fray Marcos

Debemos integrar en nosotros a Marta y a María. Sin la acción, la
contemplación será fatua ilusión. Sin la contemplación, la acción será
programación estéril.

Ya me gustaría tener una mayor capacidad de persuasión, porque vamos a
tratar un teme crucial en toda verdadera espiritualidad. En todos los
tiempos ha habido falsos místicos que se contentaron con meditar sin
preocuparse por los demás. Y en todos los tiempos ha habido una falsa
dedicación a los demás sin una verdadera meditación profunda.

Este relato lo narra solamente el evangelio de Lucas, pero encontraría un
marco más adecuado en el de Juan. En Juan todos los relatos son simbólicos y
es inútil buscar el ellos informaciones históricas de lo que pudo pasar.
Esto pasa con el relato que comentamos.

Para interpretarlo correctamente el primer obstáculo es seguir pensando en
una historia de dos hermanas. El relato es una parábola en toda regla. Marta
y María son personajes que encarnan los dos aspectos de un verdadero
seguimiento de Jesús.

La contemplación y la acción son dos hermanas. Pero además son gemelas, es
decir, nacidas del mismo óvulo y, por lo tanto, idénticas. Pero es que,
además, son siameses, es decir, están unidas por partes esenciales de su
cuerpo. Separarlas sería asesinarlas a las dos. Aunque a través de la
historia del cristianismo se ha intentado separarlas con frecuencia.

No tiene ningún sentido haber sacado de este relato, una distinción entre la
vida contemplativa y la vida activa. Mucho menos si, en vez de distinción,
lo que se pretende es una oposición. Tampoco aparece por ninguna parte la
pretendida superioridad de la vida contemplativa sobre la vida activa. Si
son inseparables no puede haber superioridad.

Tampoco es correcto el interpretar este evangelio como fundamento para
defender un cristianismo a dos velocidades: 1ª los de la vida contemplativa:
2ª los que se dedican a la vida activa. Parece que el primero que levantó
esta falsa liebre fue Orígenes, y durante 18 siglos hemos seguido corriendo
detrás de un señuelo de trapo sin entidad alguna.

Toda contemplación que se quede ensimismada en ella mismo sin empujar a la
acción sería una ensoñación ilusoria. Y toda acción que no tenga su origen
en una auténtica contemplación no pasaría de una programación que en nada
enriquecería a la persona. En ningún caso puede haber una contemplación sin
acción, ni acción sin contemplación

El principal escollo para aceptar esta interpretación es que tenemos una
idea equivocada de la contemplación. Pensamos que contemplar es cosa solo de
místicos que adentran en experiencia sobrehumanas. Este es un error que
tenemos que superar. Todo el que busca descubrir lo esencial de sí mismo en
lo hondo de su ser. Está contemplando.

Estas ideas no son novedosas. Al principio del S. XV, el Maestro Eckhart,
explicando este pasaje del evangelio, lo dejó meridianamente claro. Decía
que Marta aventajaba a María en el seguimiento de Jesús, porque María estaba
aprendiendo, pero Marta estaba poniendo en practica lo que ya había
aprendido. Una intuición que pasó desapercibida durante siglos.

Para terminar una observación muy simple. La contemplación de la que aquí
hablamos no consiste en un mayor conocimiento de las realidades
trascendentes ni de el mensaje de Jesús. Aquí contemplar significa bajar a
lo honde del ser y descubrir nuestra esencia.

Urteko 16. igandea – C – José A. Pagola

(Lukas 10,38-42)

BEHARREZKO GAUZA – UNA COSA NECESARIA

Kasik konturatu gabe, egunean eguneko ekintzak gure izaera modelatzen ari ohi dira. Ez bagara barnearen arabera bizitzeko gai, eguneroko gertaerak tiraka ohi zaizkigu eta alde batera eta bestera eramaten gaituzte, egun bakoitzeko kezka beste horizonterik ez dugularik. Horregatik, on da entzutea emakume eraginkor eta langile hari Jesusek esan zizkion hitzak: «Marta, Marta, gauza askoz ari zara larri eta urduri, eta bakarra da beharrezkoa».

Hainbat eta hainbat zereginek eta kezkak aztoraturik, beharrezkoa izaten dugu noizbehinka atsedenaldi bat hartzea, geure burua berriro bizirik sentitzeko. Gainera, gelditu eta beharrezko sosegua topatu beharra sentitzen dugu, bizitzan «inportantea» den hura berriro gogora ekartzeko.

Oporrek, gainera, eduki berri eta aberasgarri bat edukiko lukete guregan, baldin eta gai izango bagina bi galde xume hauei erantzuteko: zein dira bizitzako gauza txikiak, sosegu, isiltasun eta otoitz faltak bidegabeki handitu dituenak, nigan bizitzeko gozamena bera hiltzeraino?, zein dira gauza inportanteak, denbora gutxi eskaini izan diedanak, horrela nire eguneroko bizitza pobretu dudalarik?

Atsedenaren isiltasunean eta bakean errazago egingo dugu topo geure egia propioarekin; izan ere, gauzak diren bezala ikustera iritsiko gara. Jainkoarekin ere egin dezakegu topo, berarengan aurkitu ahal izateko, ez indarra bakarrik borrokan jarraitu ahal izateko, baita bakearen azken iturburua ere.

Gogora dezagun «neure burua Jainkoaren baitan jartzea» delakoaren esperientzia, Eckhart maisuak hain sakon predikatua eta Dorothee Söllek hain eder komentatua: «Ez dut zertan hesitu neure baitan, sostengaturik bainago. Ez dut zertan lepoan hartu zama, esku onetan bainago. Irten ninteke neure baitatik eta besteri eman neure burua».

Geure atsedena eta geure barne bakea Jainkoagan topatzeko gai garenean, oporra grazia bihurtzen da. Agian, geure bizitza aztoratu eta urdurian lor ditzakegun grazietako handienetakoa.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundara

16 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,38-42)

por Coordinador – Mario González Jurado

UNA COSA NECESARIA

Casi sin darnos cuenta, las actividades de cada día van modelando nuestra manera de ser. Si no somos capaces de vivir desde dentro, los acontecimientos cotidianos tiran de nosotros y nos llevan de un lado para otro, sin otro horizonte que la preocupación de cada día. Por eso es bueno que escuchemos las palabras de Jesús a aquella mujer tan activa y trabajadora: «Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas, y solo una es necesaria».

Agitados por tantas ocupaciones y preocupaciones, necesitamos tomarnos de vez en cuando un tiempo de descanso para sentirnos de nuevo vivos. Pero necesitamos además pararnos y encontrar el sosiego necesario para recordar de nuevo «lo importante» de la vida.

Las vacaciones tendrían para nosotros un contenido nuevo y enriquecedor si fuéramos capaces de responder a estas dos sencillas preguntas: ¿cuáles son las pequeñas cosas de la vida que la falta de sosiego, de silencio y de oración han agrandado indebidamente hasta llegar a matar en mí el gozo de vivir?, ¿cuáles son las cosas importantes a las que he dedicado poco tiempo, empobreciendo así mi vida diaria?

En el silencio y la paz del descanso podemos encontrarnos más fácilmente con nuestra propia verdad, pues volvemos a ver las cosas tal como son. Y podemos también encontrarnos con Dios para descubrir en él no solo la fuerza para seguir luchando, sino también la fuente última de la paz.

Recordemos la experiencia de «abandono en Dios» predicada con tanta hondura por el Maestro Eckhart y tan bellamente comentada por Dorothee Sölle: «No necesito aferrarme a mí, puesto que soy sostenido. No necesito cargar con el peso, porque soy soportado. Puedo salir de mí mismo y entregarme».

Cuando somos capaces de encontrar en Dios nuestro descanso y nuestra paz interior, la vacación se convierte en gracia. Tal vez una de las mayores gracias que podemos recibir en medio de nuestra vida tan agitada y nerviosa.

José Antonio Pagola

16º domingo del T.O. Koinonía

El texto de la primera lectura nos presenta una escena familiar. Abraham, sentado ante la tienda, recibe la visita del Señor. Abraham lo recibe con hospitalidad. Dios lo premia con la fecundidad de Sara.

Tres rasgos fundamentales caracterizan el texto: la fe de Abraham al reconocer al Señor. La hospitalidad con que se recibe al Señor y la familiaridad de Dios con Abraham y su familia. Es un bello ejemplo de la relación y acogida de Dios por el ser humano, la única posible para caminar.

Volvemos a encontrar en la segunda lectura de hoy el pensamiento de Pablo sobre el misterio de Dios y su revelación por medio de la predicación y lo que Pablo aporta a esa revelación por el sufrimiento. Cristo revela la riqueza de Dios en la pobreza de la cruz y el apóstol será el distribuidor de la misma a hombres y mujeres.

Génesis 18, 1-10a

Señor, no pases de largo junto a tu siervo

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: «Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.»

Contestaron: «Bien, haz lo que dices.»

Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: «Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.»

Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron.

Después le dijeron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?»

Contestó: «Aquí, en la tienda.»

Añadió uno: «Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.»

Salmo responsorial: 14

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente

y practica la justicia,

el que tiene intenciones leales

y no calumnia con su lengua. R.

El que no hace mal a su prójimo

ni difama al vecino,

el que considera despreciable al impío

y honra a los que temen al Señor. R.

El que no presta dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

el que así obra nunca fallará. R.

Colosenses 1, 24-28

El misterio escondido desde siglos, revelado ahora a los santos

Hermanos: Ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos.

A éstos ha querido Dios dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria.

Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo.

Lucas 10, 38-42

Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.

Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»

Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»

Un primer comentario al evangelio de hoy:

Lucas nos presenta finalmente una anécdota perteneciente al fondo de las tradiciones recibidas por el evangelista en el círculo de sus discípulos, especialmente mujeres. Marta y María, hermanas de Lázaro, reciben en su casa al Señor.

El caso de Marta y María es aprovechado una vez más por Lucas para resaltar el valor de la escucha de la Palabra de Dios. Sin entrar en la teoría del valor de la contemplación sobre la acción, que se ha querido ver en las dos actitudes opuestas de Marta y María, lo cierto de la anécdota es que el Reino de Dios no puede dejarse distraer por una preocupación demasiado exclusiva por las realidades terrenas. Por otra parte, escuchar la Palabra de Dios es todo, menos ocasional.

Nos encontramos con un cuadro familiar en el que Jesús visita en su casa a unas amigas suyas. Ellas, Marta y María lo reciben en su casa. Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio para atender al huésped, y Jesús la reprende porque anda inquieta “con tantas cosas”… Marta no encuentra la colaboración de nadie. La hermana, en efecto, se ha sentado a los pies de Jesús y está ocupada completamente en la escucha de su palabra.

El Maestro no aprueba el afán, la agitación, la dispersión, el andar en mil direcciones “del ama de casa”. ¿Cuál es, pues, el error de Marta? El no entender que la llegada de Cristo significa, principalmente, la gran ocasión que no hay que perder, y por consiguiente la necesidad de sacrificar lo urgente a lo importante.

Pero el desfase en el comportamiento de Marta resulta, sobre todo, del contraste respecto a la postura asumida por la hermana. María, frente a Jesús, elige “recibirlo”, Marta, por el contrario, toma decididamente el camino del dar, del actuar; María se coloca en el plano del ser y le da la primacía a la escucha.

Marta se precipita a “hacer” y este “hacer” no parte de una escucha atenta de la palabra de Dios, por lo que corre el peligro de convertirse en un estéril girar en el vacío. Marta se limita, a pesar de todas sus buenas intenciones, a acoger a Jesús en su casa. María lo acoge “dentro de sí”, se hace recipiente suyo. Le ofrece hospitalidad en aquel espacio interior, secreto, que ha sido dispuesto por él, y que está reservado para él. Marta ofrece a Jesús cosas, María se ofrece a sí misma.

Según el juicio de Jesús, María ha elegido inmediatamente, “la mejor parte” (que, a pesar de las apariencias, no es la más cómoda: resulta mucho más fácil moverse que “entender la palabra”). Marta, desgraciadamente, que no quiere que falte nada al huésped importante, que pretende llegar a todo, acaba dejando pasar clamorosamente por alto “la única cosa necesaria”. Marta reclama a Jesús, no sabe lo que él prefiere. El problema es precisamente éste: descubrir poco a poco qué es lo que quiere Jesús de mí. Por eso es necesario parar, dejar el ir y venir, y sacar tiempo para escuchar la Palabra de Jesús y comprender cuál es realmente la voluntad de Dios sobre mi vida.

Un segundo comentario al evangelio de hoy:

En el evangelio de Lucas el camino de Jesús a Jerusalén marca una progresiva manifestación del Reino. A medida que avanza va formando a los discípulas y discípulos en actitudes de misericordia, de abandono de las pretensiones de poder, y en la atenta escucha de la Palabra. En ese camino, al igual que los misioneros que han venido anunciando su presencia, Jesús es recibido por dos mujeres en una casa de familia.

Allí se topa con dos actitudes diferentes. Una de total atención y escucha, la otra, de afán por los quehaceres habituales y de distracción. El trajín de la vida cotidiana había atrapado a Marta y, probablemente, la había vuelto sorda a la Palabra de Dios. Ella recibe a Jesús, pero no lo escucha. Aunque Jesús entra a su casa, ella lo deja por puertas. Jesús propone un plan encaminado a formar verdaderos oyentes de la Palabra -auténticos discípulos- que Marta no está dispuesta a atender.

María, al contrario, comprende bien el proyecto de Jesús y rompe con los prejuicios culturales de su época. En lugar de andar atareada con los oficios domésticos “propios de las mujeres” (las “labores propias de su sexo”, como se ha dicho y pensado durante tanto tiempo), se pone “a los pies del Señor para escuchar su palabra”. Este gesto, reservado entonces culturalmente a los discípulos varones, la acredita como discípula.

Marta, al fatigarse con el interminable trabajo de la casa, cuestiona la contradictoria actitud de María e interpela al Maestro para que «ponga a la mujer en su sitio». Jesús le da una respuesta inesperada: felicita a María porque ha acertado en su elección y reprende a Marta por dejarse envolver en las preocupaciones cotidianas sin atender a lo importante. Efectivamente, María ha hecho la mejor opción, la única necesaria para ponerse en el camino de Jesús y ser su discípulo: ha decidido aprender a escuchar la Palabra y se deja interpelar por la presencia del Maestro.

En su camino Jesús va formando, pues, a sus seguidores en las actitudes indispensables para llegar a ser verdaderos discípulos. Una de esas actitudes es la de escuchar atenta y serenamente su Palabra. Actitud que exige romper con el ritmo loco e interminable de la vida cotidiana para ponerse, serena y atentamente, a los pies del Maestro. Esta elección que a los ojos de la eficiencia puede parecer superficial e inútil, es una condición fundamental para llegar a ser un auténtico discípulo.

Nosotros hoy nos enfrentamos a un ritmo de vida más agitado que el de épocas anteriores. Los medios proporcionados por la tecnología para ahorrar tiempo… también multiplican las ocupaciones y acaban haciéndonos caer en un activismo desenfrenado. Y el exceso de preocupaciones nos lleva a olvidarnos de lo fundamental…

Nuestro cristianismo se convierte así en un tímido cumplimiento de algunas obligaciones religiosas, sin espacio para la escucha de la Palabra. Se nos exhorta, se nos bombardea continuamente con mensajes que nos invitan a ser «eficaces, productivos y competitivos»… Pero con Marta y María, Jesús nos interpela y nos llama a respetar la jerarquía de valores y a poner en su sitio la «opción por lo fundamental»: ponernos a sus pies y escuchar su palabra. Jesús nos invita a que nuestro cristianismo sea un verdadero discipulado.

Para aprender la lección del Maestro, debemos formarnos en la escucha atenta de la Palabra en la Biblia y en la vida. La Biblia no puede permanecer guardada en un cajón mientras nosotros nos ahogamos en el interminable torbellino de los quehaceres cotidianos. La Palabra de Dios está hecha para caminar con nosotros paso a paso, día a día, minuto a minuto. Para enseñarnos a vivir en comunidad la solidaridad que hace efectivo aquí y ahora el reinar de Dios. Para ayudarnos a escuchar la Palabra que Dios nos dirige en la difícil realidad de nuestros pueblos: en las inhumanas condiciones de las grandes ciudades, en la soledad y el aislamiento de los campos. Debemos pues optar por las actitudes que nos conviertan en verdaderos discípulos de Jesús y auténticos cristianos.

La espiritualidad latinoamericana tiene muy clara la intrínseca unidad entre «acción y contemplación»: cfr «Espiritualidad de la Liberación», de CASALDALIGA-VIGIL, capítulos «Contemplativos en la liberación», «Santidad política»… (El libro puede ser recogido en la página de Pedro Casaldáliga: http://servicioskoinonia.org/Casaldaliga o en la biblioteca de Koinonía: http://servicioskoinonia.org/biblioteca

Evidentemente, sería malo interpretar el texto en un sentido dualista (o una cosa u otra): «o contemplación y escucha pasiva de la Palabra, por una parte… o, por otra, acción caritativa sin oración ni contemplación». Marta y María no deben ser símbolos de extremos parciales; si lo fueran, la elección no iría por ninguna de ellas en particular, sino por las dos en conjunto. Es lo que nos dice el poeta Casaldáliga con «el difícil todo» que eligió «la otra María»:

EL DIFICIL TODO

Tan sólo mejor

que la mejor parte

que escogió Maria,

el difícil todo.

Acoger el Verbo

dándose al servicio.

Vigilar Su Ausencia,

gritando su nombre.

Descubrir Su rostro

en todos los rostros.

Hacer del silencio

la mayor escucha.

Traducir en actos

las Sagradas Letras.

Combatir amando.

Morir por la vida,

luchando en la paz.

Derribar los troncos

con las viejas armas

quebradas de ira,

forradas de flores.

Cantar sobre el mundo

el Advenimiento

que el mundo reclama

quizá sin saberlo.

El difícil todo

que supo escoger

la otra María…

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 50 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su guión y su comentario puede ser tomado de aquí: http://www.radialistas.net/category/un-tal-jesus

Urteko 15. igandea – C – José A. Pagola

ITZULINGURURIK GABE
Ez dugu ikerketa oso sakonik egin beharrik izaten, geure lasaitasuna asaldatzen diguten pertsonen aurrean hartzen dugun jarrera –autodefentsa, errezeloa eta ihesa? aurkitzeko. Zenbat itzulinguru asmatzen dugun, gogaikarri edo deseroso gertatzen zaigun jendeari iskin egiteko. Nola bizkortzen dugun geure pausajea bere problemekin, nahigabeekin eta ezbeharrekin aspertzen gaituen eta geure atzetik segika datorren jendeak harrapa ez gaitzan.

Esaten ahal litzateke, etengabeko guardia edo zaintza-jarreran bizi garela geure zoriontasuna mehatxatu lezakeen jendeari dagokionezz. Eta gure beharra duten pertsonen aurrean gure ihesa zuzenesteko modu hoberik ez dugunean, beti izaten dugu aukera «oso lanpeturik gaude» delakora jotzeko.

Bai gaurkotasun handia duen «samariarraren parabolak», nor bere egitekora joateko korrika dabiltzan gizonen eta emakumeen gizarte honetan: beren interesen ondoren asaldatzen dira, nork bere eskariak oihukatuz.

Jesusen ustez, «izaki gizatar» izateko era bat bakarrik dago. Eta ez da parabolako apaizarena edo lebitarrarena; hauek premian dagoela ikusi eta «itzulinguru bat egin dute» bidean aurrera egiteko. Bestelakoa da samariarren jokabidea: bizitzan barna begiak eta bihotza zabalik dabil, beraren laguntza behar lukeenaren aurrean gelditzeko prest.

Jesusen hitzak egiati entzuten ditugunean, badakigu deika ari zaigula areriotasuna alde batera utzi eta abegikor eta harreragile bihur gaitezen. Badakigu estu dei egiten digula beste era batean bizitzera, geure bizitzan eremu zabalago bat sortzeko gure beharra dutenentzat. Ezin kukutu edo ezkutatu gara «geure egitekoen» atzean, ezta babestu ere teoria polit batzuetan.

Kristauen anai-arreba artekotasuna ulertu duenak badaki «bide-lagun» garela guztiok; hauskor ikusten ditugunen izaera bera partekatzen dugula; batak bestearen beharra dugula guztiok. Bidean premia duen anaiari edo arrebari arretaz begiratzen dionak gustu edo zapore berri bat aurkitzen dio bizitzari. Jesusen arabera, «betiko bizia izango du ondare».

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

SIN RODEOS
No es necesario un análisis muy profundo para descubrir las actitudes de autodefensa, recelo y evasión que adoptamos ante las personas que pueden turbar nuestra tranquilidad. Cuántos rodeos para evitar a quienes nos resultan molestos o incómodos. Cómo apresuramos el paso para no dejarnos alcanzar por quienes nos agobian con sus problemas, penas y sinsabores.

Se diría que vivimos en actitud de guardia permanente ante quien puede amenazar nuestra felicidad. Y, cuando no encontramos otra manera mejor de justificar nuestra huida ante personas que nos necesitan, siempre podemos recurrir al hecho de que «estamos muy ocupados».

Qué actualidad cobra la «parábola del samaritano» en esta sociedad de hombres y mujeres que corren cada uno a sus ocupaciones, se agitan tras sus propios intereses y gritan cada uno sus propias reivindicaciones.

Según Jesús, solo hay una manera de «ser humano». Y no es la del sacerdote o el levita, que ven al necesitado y «dan un rodeo» para seguir su camino, sino la del samaritano, que camina por la vida con los ojos y el corazón bien abiertos para detenerse ante quien puede necesitar su ayuda.

Cuando escuchamos sinceramente las palabras de Jesús, sabemos que nos está llamando –a pasar de la hostilidad– a la hospitalidad. Sabemos que nos urge a vivir de otra manera, creando en nuestra vida un espacio más amplio para quienes nos necesitan. No podemos escondernos detrás de «nuestras ocupaciones» ni refugiarnos en hermosas teorías.

Quien ha comprendido la fraternidad cristiana sabe que todos somos «compañeros de viaje» que compartimos la misma condición de seres frágiles que nos necesitamos unos a otros. Quien vive atento al hermano necesitado que encuentra en su camino descubre un gusto nuevo a la vida. Según Jesús, «heredará vida eterna».

José Antonio Pagola