ABENDUALDIKO IV. IGANDEA,2012ko abenduaren 23a, EMAKUME FEDEDUNAK-MUJERES CREYENTES

EMAKUME FEDEDUNAK

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Lk. 1, 39-45/ Jn. 1, 1-18

Jainkoaren deia hartu ondoren, Mesiasen ama izango dela iragarriz, Mariak bideari egin dio, berak bakarrik. Bizitza berria hasi du, Jesus Semearen zerbitzuan. «Presaka» doa, adorez. Bere poza Elisabet lehengusinarekin partekatu beharra sentitzen du eta haren haurdunaldiko azken hilabeteetan hari lagundu beharra.

Bi ama horien topaketa ezohiko eszena da. Gizonezkoak ez daude presente. Bi emakume xume dira, inolako titulurik gabeak, juduen erlijioan inolako nabarmentasunik gabeak. Maria, Jesus alde guztietara berekin daramala, eta Elisabet, profeta-espirituaz betea, apaiz izan gabe bere lehengusina bedeinkatzeko ausardia izan duena.

Maria sartu da Zakariasen etxean, baina ez doa senarragana. Zuzenean, Elisabet agurtzera doa. Ez dakigu zer agur izan zen. Soilik, etxea pozez gainezka jarri zuela agur hark. Mariak bizi duen poza da, aingeruaren agurra entzun duenetik: «Poztu zaitez, graziaz bete hori».

Elisabetek ezin eutsi dio bere ezusteari eta pozari. Mariaren agurra entzun orduko, sabelean daraman haurraren mugimenduak sentitu eta «poz-jauzitzat» hartu ditu. Berehala, Maria bedeinkatu du goraki: «Bedeinkatua zu emakumeen artean eta bedeinkatua zure sabeleko fruitua».

Inoiz ez dio eman lehengusinari Maria izena. Bere misioarekin guztiz bat egina ikusi du: bere Jaunaren ama da. Emakume fededun ikusi du, zeinetan betez joango baitira Jainkoaren asmoak: «Zorionekoa zu sinetsi duzulako».

Gehienik harriarazi duena, Mariaren jokabidea izan da. Ez zaio etorri Mesiasen ama izatearen duintasuna agertzera. Ez da etorri Elisabet zerbitzari hartzeko, baizik bera haren zerbitzari izateko. Elisabet bere onetik aterata dabil harriduraz: «Zein naiz ni neure Jaunaren ama bisitan etor dakidan?»

Hainbat dira Elizaren barnean bakean bizi ez diren emakumeak. Batzuei handitzen ari zaie hoztasun-sentimendua eta ondoeza. Sufritu egiten dute, alor guztietan lehen lankideak izan eta doi-doi hartzen dituzte aintzat Elizaren ibilbideaz pentsatu, erabaki eta eragiteko orduan. Guztioi ari zaigu kalte egiten egoera hau.

Mendetako historiaren zamak, gizonezkoak kontrolatu eta dominatu izan duenak, ez digu uzten jabetzen Elizaren pobretze handi horretaz; alegia, emakumeari presenteago eta eginkorrago egoteko aukerarik ez emateak dakarren pobretzeaz. Guk ez diogu entzuten, baina Jainkoak sustatu ditzake emakume fededunak, profeta-espirituz beteak, poza kutsatuko digutenak eta Elizari gizatasun handiagoko aurpegiera emango diotenak. Bedeinkazio bat izango dira. Jesusi su eta leialtasun handiagoz jarraitzen erakutsiko digute.

MUJERES CREYENTES

Escrito por José Antonio Pagola

Lc 1, 39-45 / Jn 1, 1-18

Después de recibir la llamada de Dios, anunciándole que será madre del Mesías, María se pone en camino sola. Empieza para ella una vida nueva, al servicio de su Hijo Jesús. Marcha «aprisa», con decisión. Siente necesidad de compartir su alegría con su prima Isabel y de ponerse cuanto antes a su servicio en los últimos meses de embarazo.

El encuentro de las dos madres es una escena insólita. No están presentes los varones. Solo dos mujeres sencillas, sin ningún título ni relevancia en la religión judía. María, que lleva consigo a todas partes a Jesús, e Isabel que, llena del espíritu profético, se atreve a bendecir a su prima sin ser sacerdote.

María entra en casa de Zacarías, pero no se dirige a él. Va directamente a saludar a Isabel. Nada sabemos del contenido de su saludo. Solo que aquel saludo llena la casa de una alegría desbordante. Es la alegría que vive María desde que escuchó el saludo del Ángel: «Alégrate, llena de gracia».

Isabel no puede contener su sorpresa y su alegría. En cuanto oye el saludo de María, siente los movimientos de la criatura que lleva en su seno y los interpreta maternalmente como «saltos de alegría». Enseguida, bendice a María «a voz en grito» diciendo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre».

En ningún momento llama a María por su nombre. La contempla totalmente identificada con su misión: es la madre de su Señor. La ve como una mujer creyente en la que se irán cumpliendo los designios de Dios: «Dichosa porque has creído».

Lo que más le sorprende es la actuación de María. No ha venido a mostrar su dignidad de madre del Mesías. No está allí para ser servida sino para servir. Isabel no sale de su asombro. «¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?».

Son bastantes las mujeres que no viven con paz en el interior de la Iglesia. En algunas crece el desafecto y el malestar. Sufren al ver que, a pesar de ser las primeras colaboradoras en muchos campos, apenas se cuenta con ellas para pensar, decidir e impulsar la marcha de la Iglesia. Esta situación nos esta haciendo daño a todos.

El peso de una historia multisecular, controlada y dominada por el varón, nos impide tomar conciencia del empobrecimiento que significa para la Iglesia prescindir de una presencia más eficaz de la mujer. Nosotros no las escuchamos, pero Dios puede suscitar mujeres creyentes, llenas de espíritu profético, que nos contagien alegría y den a la Iglesia un rostro más humano. Serán una bendición. Nos enseñarán a seguir a Jesús con más pasión y fidelidad.

José Antonio Pagola

* ORAR CON EL EVANGELIO.(Lc.1,38-45)

•DOMINGO IV DE ADVIENTO –C- (Diciembre 23 de 2012)

* En el último domingo de Adviento, el 4º, la Liturgia nos invita a poner los ojos en María, la madre de Jesús, la madre del Hijo de Dios.
María aparece como una mujer atenta a las necesidades de los demás y, por ello, es capaz de viajar kms. De Nazaret a Ein Karem para ayudar a su parienta Isabel.
* Lo que hizo posible la encarnación de Dios hará posible su presencia hoy y su revelación a la humanidad. Dios necesita la cooperación humana; Dios nos necesita, que ¡alegría! da saber esto. Estas semanas anteriores en las que descubrimos la necesidad de
cambio y conversión, nos llenan de esperanza y gozo.
Y todo queda plasmado en el adviento de una madre que espera un hijo. María vive en estado de adviento; es la maestra que nos enseña las actitudes necesarias para vivir este tiempo.
* Creer y esperar: “Dichosa tú que has creído”…
* Acompañar y servir. Tras el primer gesto de decir “SÏ”, se puso en camino…
* Saludar y bendecir: Hay muchas maneras de acercarnos a las personas.
El saludo de María trae paz, alegría y bendición de Dios.
* Dios no necesitó para nacer, grandeza, sino humildad, sencillez y pobreza. Nada hay pequeño para Dios, con lo “pequeño” hace cosas “grandes”. Cuando Dios llena una vida, todo se transforma en servicio. Las almas llenas de Dios, llevan la alegría de Dios a todos los rincones de la tierra. Sólo la fe hace presente a Dios en nuestras vidas. Ese es el ejemplo que nos da hoy y siempre María.
* ORACIÓN A MARÍA
* María:
Al conocer la noticia salvadora de Dios, dejas tus cosas y te lanzas a anunciarlo con alegría.
Te venimos a pedir decisión y alegría. Decisión para anunciar el mensaje de dios, para proclamar ante todos sus maravillas, para decir que nos has salvado a tod@s, que sepamos levantar nuestra mirada hacia lo alto.
Te pedimos María alegría para que el mensaje cale, para que al ver nuestro gozo se convenzan de la realidad de la salvación, de que lo que dios promete se cumple.
Queremos en una palabra, ser apóstoles.
María, danos la fuerza necesaria para proclamar el mensaje de nuestro Dios.
Madre, enséñanos a proclamar nuestra fe con nuestro vivir. AMÉN
* * O R A C I Ó N
* Jesús de Nazaret, sí, lo pequeño, lo humilde… Es muchas veces pisoteado por El mundo.
Nuestros ojos son ciegos para ver lo que para Ti, es grande. El servicio, salir de camino, descubrir las necesidades de l@s otr@s y abrirse a ell@s, muchas veces carece de importancia para nosotr@s, parece que estamos fabricad@s para consumir, para triunfar…
* En nuestra tierra, se ponen belenes… pero parece que ya no hay un Belén para que nazcas Tú. Ya no hay una María como tu Madre que mire al Mesías, ni personas de desierto capaces de oír tu voz.
* Vienes en Pan y vino; pero no te comprendemos…
¡Entiéndenos, Jesús de Nazaret!. Vamos cargad@s con la historia de veinte siglos, carecemos de fuerza para levantar a Ti los ojos. ¡Ven a salvarnos, Señor!
Cuando Dios llena una vida, todo se transforma. Jesús de Belén. Jesús de Nazaret, ¡Ven a salvarnos!, te necesitamos. AMÉN

* CONTINUAMOS ORANDO
* Dijo María: “AQUÍ ESTÁ LA ESCLAVA DEL SEÑOR; HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA”
* Señor, nos preparamos para tu nacimiento. Según el relato Bíblico hoy estás de camino hacia Belén. Acuérdate, Señor, de l@s que están de camino hacia su país porque entre nosotr@s no han encontrado trabajo.
* María era una joven intrépida. Viaja sola para encontrarse con su prima Isabel.
Que sepamos nosotr@s también ir donde nos necesitan sin miedos ni timideces.
* María fue una bendición para la casa de Zacarías e Isabel.
Que nuestra presencia, llene de Paz y alegría a l@s que se encuentran con nosotr@s; que sepamos compartir lo poco o mucho que tenemos.
* Señor, tu venida fue motivo de alegría. Que no nos dejemos llevar por los negocios y montajes de estos días que son motivo de tristeza para los que no tienen trabajo o están en situación difícil…
* Ayúdanos a llevar como tu Madre María, alegría, esperanza y Paz, allá donde estemos. AMÉN
Z U R I Ñ E

III DOMINGO DE ADVIENTO, 16 DE DICIEMBRE DE 2012, Lc. 3, 10-18

UN SANTO TRISTE ES UN TRISTE SANTO

Escrito por Fray Marcos

FE ADULTA

Lc 3, 10-18

INTRODUCCIÓN

La primera palabra de la liturgia de este domingo, la antífona de entrada tomada de la segunda lectura, es una invitación a la alegría. Claro que esa alegría no se debe a que llega el turrón y los regalos, sino a que Dios es Emmanuel.

Esa alegría, en el AT, está basada siempre en la salvación que va a llegar. Hoy estamos en condiciones de dar un paso más y descubrir que la salvación ha llegado ya porque Dios ya ha llegado, y con su venida a cada uno de nosotros, nos ha comunicado todo lo que Él mismo es. No tenemos que estar alegres porque Dios está cerca, sino porque Dios está ya en nosotros.

La alegría es como el agua de una fuente, la vemos solo cuando aparece en la superficie, pero antes, ha recorrido un largo camino que nadie puede conocer, a través de las entrañas de la tierra. La alegría no es un objetivo a conseguir directamente. Es más bien la consecuencia de un estado de ánimo que se alcanza después de un proceso. Ese proceso empieza por el conocimiento, es decir una toma de conciencia de mi verdadero ser. Si descubro que Dios forma parte de mi ser, encontraré la absoluta seguridad dentro de mí. Las realidades que vienen de fuera, son secundarias, frente a la realidad divina dentro.

EXPLICACIÓN

¿Qué tenemos que hacer? La pregunta es una prueba de la sinceridad de los que se acercan a Juan. Con cuatro pinceladas marca el Bautista la necesidad de cambiar la manera de pensar y de actuar. Tres versículos antes, llama ‘raza de víboras’ a los que cumplían escrupulosamente con los ritos y las leyes, pero se olvidaban completamente de los demás.

Como Jesús, Juan no quiere saber nada de lo que se cocina en el templo ni del cumplimiento minucioso de las normas legales. La religiosidad que no llega a los demás no es la religiosidad que Dios quiere. En esto coincide totalmente con Jesús.

El Bautista, desde la perspectiva de una religiosidad judía, pide a los que le escuchan una determinada conducta moral para escapar al castigo inminente. Esa conducta no se refiere al cumplimiento de normas legales, como hacían los fariseos (esto es un gran avance sobre la religiosidad oficial) sino a manifestar la preocupación por los demás. En ningún caso hace alusión a la religión, lo que pide a todos es mejorar la convivencia humana.

El evangelio de Jesús propone una motivación más profunda. El objetivo no es escapar a la ira de Dios sino imitarle en la actitud de entrega a los demás. Jesús nos invita a descubrir el amor que es Dios dentro de nosotros y en consecuencia, dedicarnos a obrar conforme a las exigencias de esa presencia.

Para el Bautista, la aceptación de Dios depende de lo que nosotros hagamos. El evangelio nos dice que la aceptación por parte de Dios es el punto de partida, no la meta. Seguir esperando la salvación de Dios, es la mejor prueba de que no la hemos descubierto dentro y seguimos anhelando que nos llegue de fuera.

El poblado estaba en expectación. Una bonita manera de indicar la ansiedad de que alguien les saque de su situación angustiosa. Todos esperaban al ansiado Mesías y la pregunta que se hacen tiene pleno sentido. ¿No será Juan el Mesías? Muchos así lo creyeron, no solo cuando predicaba, sino también mucho después de su muerte.

La explicación que da a continuación (yo no soy el Mesías) no es más que el reflejo de la preocupación de los evangelistas por poner al Bautista en su sitio; es decir, detrás de Jesús. Para ellos no hay discusión posible. Jesús es el Mesías. Juan es solo el precursor.

APLICACIÓN

La seguridad de tener a Dios en mí, no depende de mi perfección. Es anterior a mi propia existencia y depende solo de Él. El no tener esto claro nos hunde en la angustia y terminamos creyendo que solo pueden ser felices los perfectos, porque solo ellos tienen asegurado el amor de Dios. Con esta actitud estamos haciendo un dios a nuestra imagen y semejanza; estamos proyectando sobre Dios nuestra manera de proceder y nos alejamos de las enseñanzas del evangelio que nos dicen exactamente lo contrario.

Dios no forma parte de mi ser para ponerse al servicio de mi contingencia, sino para arrastrar todo lo que soy, a la trascendencia. La vida espiritual no puede consistir en poner el poder de Dios de parte de nuestro falso ser, sino en dejarnos invadir por el ser de Dios y que Él nos arrastre hacia lo absoluto.

La dinámica de nuestra religiosidad actual es absurda. Estamos dispuestos a hacer todos los «sacrificios» y «renuncias» que un falso dios nos exige, con tal de que después cumpla él los deseos de nuestro falso yo.

La verdad es que no hemos aceptado la encarnación ni en Jesús ni en nosotros. No nos interesa para nada el «Emmanuel» (Dios-con-nosotros), sino que Jesús sea Dios y que él, con su poder, potencie nuestro ego. Lo que nos dice la encarnación es que no hay nada que cambiar, Dios está ya en mí y esa realidad es lo más grande que puedo esperar. Ésta tenía que ser la causa de nuestra alegría. Lo tengo ya todo. No tengo que alcanzar nada. No tengo que cambiar nada de mi verdadero ser. Tengo que descubrirlo y vivirlo. Mi falso ser se iría desvaneciendo y mi manera de actuar cambiaría. En Jesús lo hemos visto claro.

Estamos engañados cuando esperamos encontrar la salvación en la satisfacción de deseos referidos a nuestro falso ser. Satisfacer las exigencias de los sentidos, los apetitos, las pasiones, nos proporcionará placer, pero eso nada tiene que ver con la felicidad. En cuanto deje de dar al cuerpo lo que me pide, responderá con dolor y nos hundirá en la miseria. Removemos Roma con Santiago para que Dios no tenga más remedio que darnos la salvación que le pedimos. Muchos, en nombre de la religión, han puesto precio a esa salvación: si haces esto y dejas de hacer lo otro, tienes asegurada la salvación que deseas.

El reconocimiento de Dios, del que hablamos, no es racional ni discursivo, sino vivencial y de experiencia. Ésta es la mayor dificultad que encontramos en nuestro camino hacia la plenitud. Nuestra estructura mental cartesiana, no nos permite valorar otros modos de conocimiento. Estamos aprisionados en la racionalidad que se ha alzado con el santo y la limosna, y nos impide llegar al verdadero conocimiento de nosotros mismos. Así permanecemos engañados creyendo que somos lo que no somos. Pidiendo incluso a Dios, que potencie nuestro falso ser, porque creemos que ahí está nuestra salvación.

La alegría de la que habla la liturgia de hoy, no tiene nada que ver con la ausencia de problemas o con el placer que me puede dar la satisfacción de los sentidos. La alegría no es lo contrario al dolor o al sufrimiento. Las bienaventuranzas lo dejan muy claro. Si fundamento mi alegría en que todo me salga a pedir de boca, estoy entrando en un callejón sin salida. Mi parte caduca y contingente termina fallando siempre. Si me empeño en apoyarme en esa parte de mi ser, el fracaso está asegurado. Cuando el dolor produce tristeza es que no lo estamos asumiendo desde la perspecti¬va de Jesús.

La respuesta que debemos dar hoy a la pregunta: ¿qué debemos hacer?, es muy simple: Compartir. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Tengo que adivinarlo yo. Ni siquiera la respuesta de Juan nos puede tranquilizar, pues en la realización de una serie de obras puede entrar en juego la programación y entonces nos tranquilizará solo en parte. No se trata de hacer esto o dejar de hacer lo otro, sino de fortalecer una actitud que me lleve en cada momento a responder a la necesidad concreta del otro que me necesita. Se trata de que desde el centro de mi ser fluya humanidad en todas las direcciones.

La salvación, hoy como ayer, consiste en un convencimiento vivencial de lo que significa ser humano. No alcanzaré mayor grado de humanidad por ponerme nuevos capisayos (obras buenas, oraciones…), sino por dejar que fluya, desde dentro, mi verdadero ser. No tengo que entrar en la dinámica de una programación para llegar a ser. Tengo que descubrir lo que soy para actuar como lo que realmente soy. Solo sacando fuera lo falso que tengo dentro iré alcanzando paso a paso, mayores cotas de humanidad.

Meditación-contemplación

No preguntes a nadie lo que tienes que hacer,

inmediatamente caerás en una programación.

Descubre tu verdadero ser y ahí encontrarás sus exigencias.

Tu meta tiene que ser alcanzar tu plenitud.

…………………..

Solo podrás crecer como ser humano

si tus relaciones con los demás son cada día más humanas.

No hay otro camino para alcanzar la meta.

Necesitas al otro para ser tú en plenitud.

……………….

Todos los esfuerzos en el ámbito religioso

tienen que terminar en los demás.

Ninguna otra práctica puede tener sentido

si no desemboca en la preocupación por el hermano.

………………..

Fray Marcos

 

III. ABENDUALDIKO IGANDEA, 2012ko abenduaren 16a, Lk. 3, 10-18

ZER EGIN DEZAKEGU?  —  ¿QUÉ PODEMOS HACER?
Lukas 3, 10-18
José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 12/12/12 Jende askoren kontzientzia astindu zuen Joan Bataiatzailearen predikuak. Basamortuko profeta hura ozenki ari zitzaien esaten berek beren bihotzean sentitzen zutena: aldatu beharra zuten, Jainkoagana itzuli beharra, Mesiasi harrera egiteko prestatu beharra. Batzuek harengana jo zuten, galdezka: Zer egin dezakegu?

Ideiak oso garbi ditu Bataiatzaileak. Ez die proposatzen beren bizitzari jarduera erlijioso gehiago ezartzeko. Ez die eskatzen basamortuan gelditzeko ere, penitentzia eginez. Ez die hitz egiten beste agindu batzuez ere. Mesiasi harrera egiteko, premian direnei arretaz begiratu behar zaie.

Ez zaio mihia trabatu Bataiatzaileari, ez teoria handiosetan, ez motibazio sakonetan. Zuzenean, hizkera profetiko garbienean, formula aparta batean laburbildu die guztia: «Bi tunika dituenak bana ditzala ez duenarekin, eta janaririk duenak egin dezala gauza bera». Eta guk, zer egin dezakegu krisia bizi duen gizarte honetan, Kristori harrera egiteko?

Beste ezer baino lehen, zer gertatzen ari den ezagutzen saiatu: informaziorik eza da gu pasibo egotearen arrazoia. Bestetik, ez jasan gezurra esan diezaguten edo egia ezkuta diezaguten. Bere gordintasun osoan ezagutu behar dugu gure artean, modu zuzengabean, sortzen ari den sufrimendua.

Ez da aski aldizka eskuzabal agertzea. Egin dezakegu urratsik, bizitza modu neurritsuagoan bizitzeko. Pixkana geure burua «pobreago bihurtzearen» esperientzia egiten ausartzeko, gaur egungo geure ongizatearen maila murriztuz, esku artean ditugun eta bizitzeko premiazko ez ditugun hainbat eta hainbat gauza partekatuz.

Arreta berezia eskaintzen ahal diegu, gizarteak baztertzearen ondorioz, egoera larrian bizi direnei: etxe gabetzea, beharrezko osasun-arretarik eza, inolako gizarte-sarrerarik eta baliabiderik eza… bizi dutenei, alegia. Senak eraginda bezala jo beharko genuke geroari aurre egin ezinik eta motibazio-faltaz zuloan murgiltzen ari direnen defentsan.

Kristau-elkarteetatik askotariko ekimenak eragin eta garatu ditzakegu babes-gabezia sozial izugarrienean direnen alde: egoera zehazki ezagutu, jendearen mobilizatu inor ere bakarrik ez uzteko, baliabide materialak bildu, posible den laguntza kudeatu…

Krisiak luze joko du. Datozen urteetan aukera izango dugu: geure kontsumismo zoroa gizatar egiteko, biktimen sufrimenduaz sentiberago bihurtzeko, solidaritate praktikoan haziz joateko, krisiaren kudeaketan ageri den erruki-falta salatzeko… Hori izan daiteke Kristori geure bizitzan harrera egiazkoagoa egiteko modua.

3 Adviento (C) Lucas 3, 10-18
¿QUÉ PODEMOS HACER?
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 12/12/12.- La predicación del Bautista sacudió la conciencia de muchos. Aquel profeta del desierto les estaba diciendo en voz alta lo que ellos sentían en su corazón: era necesario cambiar, volver a Dios, prepararse para acoger al Mesías. Algunos se acercaron a él con esta pregunta: ¿Qué podemos hacer?

El Bautista tiene las ideas muy claras. No les propone añadir a su vida nuevas prácticas religiosas. No les pide que se queden en el desierto haciendo penitencia. No les habla de nuevos preceptos. Al Mesías hay que acogerlo mirando atentamente a los necesitados.

No se pierde en teorías sublimes ni en motivaciones profundas. De manera directa, en el más puro estilo profético, lo resume todo en una fórmula genial: “El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, que haga lo mismo”. Y nosotros, ¿qué podemos hacer para acoger a Cristo en medio de esta sociedad en crisis?

Antes que nada, esforzarnos mucho más en conocer lo que está pasando: la falta de información es la primera causa de nuestra pasividad. Por otra parte, no tolerar la mentira o el encubrimiento de la verdad. Tenemos que conocer, en toda su crudeza, el sufrimiento que se está generando de manera injusta entre nosotros.

No basta vivir a golpes de generosidad. Podemos dar pasos hacia una vida más sobria. Atrevernos a hacer la experiencia de “empobrecernos” poco a poco, recortando nuestro actual nivel de bienestar, para compartir con los más necesitados tantas cosas que tenemos y no necesitamos para vivir.

Podemos estar especialmente atentos a quienes han caído en situaciones graves de exclusión social: desahuciados, privados de la debida atención sanitaria, sin ingresos ni recurso social alguno… Hemos de salir instintivamente en defensa de los que se están hundiendo en la impotencia y la falta de motivación para enfrentarse a su futuro.

Desde las comunidades cristianas podemos desarrollar iniciativas diversas para estar cerca de los casos más sangrantes de desamparo social: conocimiento concreto de situaciones, movilización de personas para no dejar solo a nadie, aportación de recursos materiales, gestión de posibles ayudas…

La crisis va a ser larga. En los próximos años se nos va a ofrecer la oportunidad de humanizar nuestro consumismo alocado, hacernos más sensibles al sufrimiento de las víctimas, crecer en solidaridad práctica, contribuir a denunciar la falta de compasión en la gestión de la crisis… Será nuestra manera de acoger con más verdad a Cristo en nuestras vidas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

*ORAR CON EL EVANGELIO.(Lc.3,10-18)

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Lc. 3,10-18)
* DOMINGO 3º ADVIENTO –C- (Diciembre 16)

* La Palabra de Dios nos invita a vivir en una alegría que surge de dentro porque somos capaces de VER como el Señor actúa en nuestra vida.
Difícilmente experimentaremos esta alegría sino vencemos el obstáculo, que se nos presenta en este camino hacia la Navidad, de la ceguera que nos impide hacer esta pregunta: “Entonces ¿qué hacemos?.
Cuando vamos por la vida como “que todo va bien en nosotr@s y que nada debemos cambiar” y que por lo tanto todo debe seguir igual, nos viene muy bien esas palabras primeras del Evangelio: ¿qué debemos hacer? Y cuando un@ pregunta qué debe hacer es porque ha comprendido que debe dar un giro en su vida y emprender un camino nuevo: practicar la justicia, personal y comunitaria.
Juan el bautista nos sitúa ante nuestra verdad y responsabilidad personal. No les habla de prácticas religiosas, todas sus exigencias están referidas a la convivencia, a reconocer la dignidad del otr@, al respeto de los derechos de los demás. Al compartir. El prepara el camino solamente.
* EL SEÑOR ESTA CERCA: es la BUENA NOTICIA QUE ANUNCIA Juan Bautista. Su llamada a la solidaridad no se basa en voluntarismos; acompaña a la certeza de que el Señor llega. “Esto nos llena de esperanza y ALEGRÍA”. “Estad alegres en el Señor”.
Se dice a veces, que los cristian@s no damos muestras de demasiada alegría. Nos tenemos que preguntar, si es así, si no es por falta de fe en la presencia viva del Señor.
* Preparemos pues la venida del Señor que llega por caminos de justicia; celebremos este anuncio que nos llena de alegría.
* ¿Qué haremos para encontrar la Alegría? No es necesario huir del mundo, lo único que se nos pide es vivir con rectitud, poner como meta los otr@s. Seguir las huellas de AQUEL que por salvarnos vino del cielo a un establo… Jesús de Nazaret.

* O R A C I Ó N
* Tu has venido, Señor.
Tu necesitas, así lo has querido, nuestros pies para caminar, nuestras lenguas para hablar, nuestras manos para trabajar. Para hacerte a Ti presente… Dar paz, alegría, justicia y amor al mundo. Eso quieres de nosotr@s.
* Tú amaste al mundo hasta la locura de la entrega total, y cuando te fuiste nos dejaste comprometid@s, dejando tu tesoro en nuestras manos.
Quizá, Señor, nuestro egoísmo ha velado tu rostro…
* Sabemos que tú vienes al mundo siempre que alguien convierte su egoísmo en Amor
Jesús de Nazaret, que tu presencia se haga notar en nuestras palabras, en nuestro caminar, en nuestro compartir, en nuestro rostro, en nuestro vivir. Que sepamos gritar de verdad. ¡ALEGRAOS! ¡EL SEÑOR ESTÁ CERCA! AMÉN

*SEGUIMOS ORANDO CON MARÍA
*MARÍA. Al conocer la noticia salvadora de Dios, dejas tus cosas y te lanzas a anunciarlo con alegría.
Te venimos a pedir decisión y alegría.
Decisión para anunciar el mensaje de Dios, para proclamar ante tod@s sus maravillas, para decir que nos ha salvado a tod@s, que levantemos nuestra mirada hacia lo alto.
Te pedimos alegría para que el mensaje cale, para que al ver nuestro gozo se convenzan de la realidad de la salvación, de que lo que Dios promete se cumple. Queremos en una palabra, ser testigos.
María, danos la fuerza necesaria para proclamar con nuestras vidas el mensaje de nuestro Dios.
El Dios que se nos hace presente. Está cerca. Está con nosotros.
Z U R I Ñ E

* PROFESIÓN DE FE DE ADVIENTO
Yo creo en un niño pobre que nació de noche en una cuadra, arropado sólo por el amor de sus padres y la bondad de la gente más sencilla.
Yo creo en un hombre sin importancia, austero, fiel, compasivo y valiente, que habla con dios como con su Madre, contando cuentos sencillos, y por eso molestó a tanta gente que al final lo mataron, lo mataron los poderosos, los creídos santos.
Yo creo que está vivo más que nadie, y que en Él, más que en nadie, podemos conocer a Dios y sabemos vivir mejor.
Y doy gracias al Padre porque Él nos regaló este Niño
Que nos ha cambiado la vida, y nos ha dado sentido y esperanza.
Yo creo en ese Niño pobre, y me gustaría parecerme a Él. AMÉN
(De E. Galarreta)

II DOMINGO DE ADVIENTO, 9 DE DICIEMBRE DE 2012, Lc. 3, 1-6

Escrito por Fray Marcos

FE ADULTA

Lc 3, 1-6

INTRODUCCIÓN

Las tres figuras de la liturgia de Adviento son: Juan Bautista, Isaías y María. La liturgia de hoy empieza por el primero. La importancia de este personaje está acentuada por el hecho de que hacía, por lo menos, trescientos años que no aparecía un profeta en Israel.

Al narrar Lucas la concepción y el nacimiento de Juan antes de decir casi lo mismo de Jesús, está manifestando lo que este personaje significaba para los cristianos de la época. La idea de precursor inmediato es la clave de todo lo que nos dicen de él.

Los evangelistas destacan la figura de Juan, aunque todos están interesados en resaltar la superioridad de Jesús. Se advierte una cierta polémica en las primeras comunidades, a la hora de dar importancia a Juan. Para los primeros cristianos no tuvo que ser fácil aceptar la influencia del Bautista en la trayectoria de Jesús. El hecho de que Jesús acudiese a Juan para ser bautizado, nos manifiesta que Jesús tomó muy en serio la figura de Juan, y que se sintió atraído e impresionado por su mensaje. Juan tuvo una influencia muy grande en la religiosidad de su época. Relatos extrabíblicos confirman que en el momento del bautismo de Jesús, él era ya muy famoso, mientras que a Jesús aún no le conocía nadie.

CONTEXTO

Es muy importante el comienzo del evangelio de hoy. Estamos en el capítulo 3, y curiosamente se olvida de todo lo anterior. Como si dijera: ahora comienza de verdad el evangelio. Se intenta situar los acontecimientos en unas coordenadas concretas de tiempo y lugar, para dejar claro que no se saca de la manga los relatos. Hay que notar que el «lugar» no es Roma ni Jerusalén sino el desierto. También se quiere significar que la salvación está dirigida a hombres concretos de carne y hueso, y que esa oferta implica, no solo al pueblo judío, sino a todo el orbe conocido: «todos verá la salvación de Dios».

Como buen profeta, Juan descubrió que para hablar de una nueva salvación, nada mejor que recordar el anuncio del gran profeta Isaías. Él anunció una auténtica liberación para su pueblo, precisamente cuando estaba más oprimido en el destierro y sin esperanza de futuro. Juan intenta preparar al pueblo para una nueva liberación, predicando un cambio de actitud en la relación con Dios y con los demás.

El mensaje de Jesús se aparta en gran medida del de Juan. Juan predica un bautismo de conversión, de metanoya, de penitencia. Habla del juicio inminente de Dios, y de la única manera de escapar de ese juicio, su bautismo. No predica un evangelio -buena noticia- sino la ira de Dios, de la que hay que escapar.

No es probable que tuviera conciencia de ser el precursor, tal como lo entendieron los cristianos. Habla de «el que ha de venir» pero se refiere al juez escatológico, en la línea de los antiguos profetas.

Jesús por el contrario, predica una «buena noticia». Dios es Abba, es decir Padre-Madre, que ni amenaza ni condena ni castiga, simplemente hace una oferta de salvación total. Nada negativo debemos temer de Dios. Todo lo que nos viene de Él es positivo. No es el temor, sino el amor lo que tiene que llevarnos hacia Él.

Muchas veces me he preguntado, y me sigo preguntando, por qué, después de veinte siglos, nos encontramos más a gusto con la predicación de Juan que con la de Jesús. ¿Será que el Dios de Jesús no lo podemos utilizar para meter miedo y tener así a la gente sometida?

Hay un aspecto de su doctrina que sí coincide con el mensaje de Jesús. Critica duramente una esperanza basada en la pertenencia a un pueblo o en las promesas hechas a Abrahán, sin que esa pertenencia conlleve compromiso alguno. Para Juan, el recto comportamiento personal es el único medio para escapar al juicio de Dios. Por eso coincide con Jesús en la crítica del ritualismo cultual y la observancia puramente externa de la Ley.

APLICACIÓN

Al ser humano se le ofrecen hoy infinidad de caminos por los que puede desarrollar su existencia. ¿Cuál será el que le lleve a la verdadera salvación? Como decía Pablo, más que nunca necesitamos hoy crecer en sensibili¬dad para apreciar los auténticos valores humanos. Precisamente porque las ofertas engañosas son más variadas y mucho más atrayentes que nunca, es más difícil acertar con el camino adecuado.

Dios no tiene ni pasado ni futuro; no puede «prometer» nada. Dios es la salvación que se da a todos en cada instante. Algunos hombres (profetas) experimentan esa salvación según las condiciones históricas que les ha tocado vivir, y la comunican a los demás como promesa o como realidad. La misma y única salvación de Dios, llega a Abrahán, a Moisés, a Isaías, a Juan o a Jesús, pero cada uno la vive y la expresa según la espiritualidad de su tiempo.

No encontraremos la salvación que Dios quiere hoy para nosotros, si nos limitamos a repetir lo políticamente correcto. Solo desde la experiencia personal podremos descubrir esa salvación. Cuando pretendemos vivir de experiencias ajenas, la fuerza de placer inmediato acaba por desmontar la programación. En la práctica, es lo que nos sucede a la inmensa mayoría de los humanos. El hedonismo es la pauta: lo más cómodo, lo más fácil, lo que menos cuesta, lo que produce más placer inmediato, es lo que motiva nuestra vida.

Más que nunca, nos hace falta una crítica sincera de la escala de valores en la que desarrollamos nuestra existencia. Digo sincera, porque no sirve de nada admitir teóricamente la escala de Jesús y seguir viviendo en el más absoluto hedonismo. Tal vez sea esto el mal de nuestra religión, que se queda en la pura teoría. Hace ya tiempo, un ministro del gobierno, hablando de los problemas del norte de África, decía muy serio: «Es que para los musulmanes, la religión es una forma de vida». Se supone que para los cristianos, no.

Al celebrar una nueva Navidad, podemos experimentar cierta esquizofrenia. Lo que queremos celebrar es una salvación que apunta a la superación del hedonismo, del placer y del egoísmo. Pero lo que vamos a hacer en realidad es intentar que en nuestra casa no falte de nada en estas Navidades. Si no disponemos de los mejores manjares, si no podemos regalar a nuestros seres queridos lo que les apetece, no habrá fiesta. De esta manera, sin darnos cuenta, caemos en la trampa del consumismo. Cuando nuestras «necesidades» podemos satisfacer¬las en el supermercado, ¿qué necesidad tenemos de otra salvación?

En las lecturas bíblicas debemos descubrir una experiencia de salvación. No quiere decir que tengamos que esperar para nosotros la misma salvación que ellos anhelaban. La experien¬cia es siempre intransferible. Si ellos esperaron la salvación que necesitaron en un momento determinado, nosotros tenemos que encontrar la salvación que necesitamos hoy. No esperando que nos venga de fuera, sino descubriendo que está en lo hondo de nuestro ser y tenemos capacidad para sacarla a la superficie. Dios salva siempre. Cristo está viniendo.

El ser humano no puede, de una vez por todas, planificar su salvación trazando un camino claro y directo que le lleve a su plenitud. Su capacidad es limitada. Solo tanteando puede conocer lo que es bueno para él. Nadie puede dispensarse de la obligación de seguir buscando. No solo porque lo exige su propio progreso, sino porque es responsable de que los demás progresen. No se trata de imponer a nadie los propios descubrimientos, sino de proponer nuevas metas para todos. Dios viene a nosotros siempre como nueva salvación. Ninguna de las salvaciones anunciadas por los profetas puede agotar la oferta de Dios.

Es importante la referencia a la justicia, que hace por dos veces Baruc (Bar 5,1-9) y también Pablo (Flp 1,4-11), como camino hacia la paz. El concepto que nosotros tenemos de justicia, es el romano, que era la restitución según la ley de un equilibrio roto. El concepto bíblico de justicia es muy distinto. Se trata de dar a cada uno lo que espera, según el amor.

Normalmente, la paz que buscamos es la imposición de nuestros criterios, sea con astucia, sea por la fuerza. Mientras sigan las injusticias, la paz será una quimera inalcanzable.

Meditación-contemplación

El profeta es una persona que descubre algo importante para su vida,

y que se lo comunica a los demás para que también lo vivan.

No se trata de un conocimiento intelectual, sería un maestro.

Se trata de un descubrimiento de lo que ES.

…………………..

Trata de recordar a los «profetas» que te han ayudado en ese camino hacia tu ser.

Piensa no sólo en los «grandes» sino en los pequeños, pero cercanos.

Siente agradecimiento hacia todos ellos.

Piensa ahora si has descubierto en ti mismo algo interesante.

…………………

Lo que vivió-experimentó Jesús,

ha hecho libres a muchísimas personas.

¿Te está ayudando a ti a alcanzar la libertad?

Ese es el primer objetivo de tu existencia.

…………….

Fray Marcos

 

ABENDUALDIKO II. IGANDEA, 2012ko abenduaren 9a, Lc. 3, 1-6

BIDE BERRIAK URRATU

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 05/12/12.- Jesusi bidea funtsezko moduan urratu zion profetatzat hartu zuten Joan Bataiatzailea lehen kristauek. Horregatik, mendetan barna, dei bizi bihurtu da Bataiatzailea: Jesusi harrera ona egin ahal izateko, bidea prestatzera eragiten digun dei bizia.

Isaias profetagandik jaso duen oihu honetan laburtu du Lukasek Bataiatzailearen mezua: «Prestatu bidea Jaunari». Nola entzun, ordea, oihu hau gaur egungo Elizan? Nola urratu bidea, gaur egungo gizon-emakumeek Jesusekin topo egiteko moduan? Nola egin harrera ona Jesusi geure elkarteetan?

Lehenik eta behin, jabetu beharra dugu ezen harreman biziagoa behar dugula Jesusekin berarekin. Ez da aski erlijio-doktrinaz bakarrik elikatzea. Ezin jarraitu ahal diogu Jesusi, hura abstrakzio bikain huts bihurturik. Harekin bizi-lotura behar dugu, haren bizierak erakar gaitzan utzi beharra, hark Jainkoaz eta gizakiaz duen grinak kutsa gaitzan utzi beharra.

Gizarte moderno honetako «basamortu espiritualean», honela behar dugu hartu eta eratu kristau-elkartea: Jesusen Ebanjelioari harrera ona egiten zaion gune edo leku bezala. Bizi beharra dugu fededunek, fede txikiagokoek, fede eskasekoek eta, are, fedegabeek Jesusen ebanjelio-kontakizunaren inguruan elkartzearen esperientzia. Jesusi aukera eman beharra dugu bere indar gizatarraz gure problemak, krisialdiak, beldurra eta esperantza blai egin ditzan.

Ez genuke ahaztu behar. Ebanjelioetan ez dugu ikasten doktrina akademiko bat Jesusez, mendetan barna ezinbestean zaharkituz joango litzatekeena. Bizitzeko era bat ikasten dugu, aldi guztietan eta kultura guztietan bideragarri izango litzatekeena: Jesusen beraren biziera edo bizitzeko era. Doktrinak ez du bihotza ukitzen, ez du bihotz-berritzen, ez maitemintzen ere; Jesusek bai.

Ebanjelio-kontakizunarekin zuzeneko eta ondoz ondoko esperientziak fede berri batera jaioarazten gaitu, ez «doktrinatze» edo «ikasketa teoriko» baten bidez, baizik Jesusekin bizi-ukipena izanez. Jesusek fedea bizitzen irakasten digu, ez derrigortuz, baizik erakarriz. Kristau-bizitza biziarazten digu, ez eginbeharreko gauza bezala, baizik kutsadura bezala. Ebanjelioaren ukipenean biziz, Jesusen jarraitzaile izatearen geure egiazko nortasuna berreskuratzen dugu.

Ebanjelioetan barna ibiliz, esperimentatzen dugu Berpiztuaren presentzia ikusezin eta isilak gizatasun-ezaugarriak eta ahots jakin bat hartzen dituela. Bat-batean dena da aldatzen: gure bizitzari zentzua, egia eta esperantza ematen dizkion Norbait lagun dugula bizi gintezke. «Ebanjelizazio berriaren» sekretua Jesusekin zuzeneko eta ondoz ondoko ukipenean bizitzean datza. Hura gabe ezinezkoa da fede berri bat sortzea.

2 Adviento (C) Lucas 3, 1-6

ABRIR CAMINOS NUEVOS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

ECLESALIA, 05/12/12.- Los primeros cristianos vieron en la actuación del Bautista al profeta que preparó decisivamente el camino a Jesús. Por eso, a lo largo de los siglos, el Bautista se ha convertido en una llamada que nos sigue urgiendo a preparar caminos que nos permitan acoger a Jesús entre nosotros.

Lucas ha resumido su mensaje con este grito tomado del profeta Isaías: «Preparad el camino del Señor». ¿Cómo escuchar ese grito en la Iglesia de hoy? ¿Cómo abrir caminos para que los hombres y mujeres de nuestro tiempo podamos encontrarnos con él? ¿Cómo acogerlo en nuestras comunidades?

Lo primero es tomar conciencia de que necesitamos un contacto mucho más vivo con su persona. No es posible alimentarse solo de doctrina religiosa. No es posible seguir a un Jesús convertido en una sublime abstracción. Necesitamos sintonizar vitalmente con él, dejarnos atraer por su estilo de vida, contagiarnos de su pasión por Dios y por el ser humano.

En medio del «desierto espiritual» de la sociedad moderna, hemos de entender y configurar la comunidad cristiana como un lugar donde se acoge el Evangelio de Jesús. Vivir la experiencia de reunirnos creyentes, menos creyentes, poco creyentes e, incluso, no creyentes, en torno al relato evangélico de Jesús. Darle a él la oportunidad de que penetre con su fuerza humanizadora en nuestros problemas, crisis, miedos y esperanzas.

No lo hemos de olvidar. En los evangelios no aprendemos doctrina académica sobre Jesús, destinada inevitablemente a envejecer a lo largo de los siglos. Aprendemos un estilo de vivir realizable en todos los tiempos y en todas las culturas: el estilo de vivir de Jesús. La doctrina no toca el corazón, no convierte ni enamora. Jesús sí.

La experiencia directa e inmediata con el relato evangélico nos hace nacer a una fe nueva, no por vía de «adoctrinamiento» o de «aprendizaje teórico», sino por el contacto vital con Jesús. Él nos enseña a vivir la fe, no por obligación sino por atracción. Nos hace vivir la vida cristiana, no como deber sino como contagio. En contacto con el evangelio recuperamos nuestra verdadera identidad de seguidores de Jesús.

Recorriendo los evangelios experimentamos que la presencia invisible y silenciosa del Resucitado adquiere rasgos humanos y recobra voz concreta. De pronto todo cambia: podemos vivir acompañados por Alguien que pone sentido, verdad y esperanza en nuestra existencia. El secreto de la «nueva evangelización» consiste en ponernos en contacto directo e inmediato con Jesús. Sin él no es posible engendrar una fe nueva. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

* ORAR CON EL EVANGLIO:(Lc.3,1-6)

• DOMINGO 2º DE ADVIENTO –C-
(Diciembre 9 de 2013)
• Hemos comenzado un año litúrgico más, un nuevo camino hacia la Navidad.
• Un camino “nuestro” lleno de obstáculos para que pueda realizarse el encuentro de aquel Jesús que es la clave que da sentido a nuestra existencia.
• Hoy surge fuerte y poderosa ante nosotr@s una figura clave en el Adviento, un protagonista: Juan Bautista.
• Él se encuentra con el obstáculo de nuestra sordera, su voz es una llamada al cambio. La salvación viene siempre de una Palabra: de DIOS.
• “La Palabra de Dios vino sobre Juan en el desierto”. Sólo en el desierto donde las personas se ven obligadas a vivir de lo esencial, donde no se puede vivir de apariencias sino en la verdad, ahí, se puede escuchar la llamada de Dios a cambiar el mundo. La llamada, ya escuchada de Isaías y repetida por Juan Bautista, nos invita a entrar en el dinamismo de la conversión, a ponernos de nuevo en camino, a cambiar desde dentro y crecer en lo fundamental, en el amor.
• Esa renovación desde dentro tiene su manifestación externa: “Que se abajen los montes y se rellenen los valles, que se enderece lo torcido y se iguale lo escabroso, que se supriman desigualdades y se acorten distancias para que la salvación pueda llegar a tod@s”
• La Palabra de Dios se hace presente en la historia; en la historia de la humanidad y en cada una de nuestras historias personales y comunitarias.
• La humanidad sigue necesitando de hombres y mujeres que nos ayuden a escuchar la voz de Dios.
• Será Navidad, si al abrir nuestros oídos a la Palabra del Señor nos disponemos a decir: “Que se eleven los baches del subdesarrollo y la pobreza; que desciendan los montes de la injusticia y el egoísmo; que se enderezcan las curvas de la mentira, y la marginación; que se allanen los senderos de la relación entre las personas”.
• Si los caminos se allanan, la salvación de Dios en persona llegará. Viene por los caminos rectos de la humildad, de la Paz, de la pobreza y del Amor. AMÉN

• O R A C I Ó N
• ¡Ven, Señor Jesús!
Han pasado dos mil años y ya ves cómo andamos, Señor.
Un año más, a la espera de tu venida. Un año más, acallando con esperanza y fuerza las voces de l@s que gritan: esto no tiene arreglo.
Un año más nos ponemos en camino y vienen y nos alcanzan desde siglos atrás: Isaías, Juan Bautista, María. Nos acompañan en el camino, nos ayudan a decir, a gritar, a cantar: “VEN, SEÑOR JESÚS, VEN”.
• Isaías nos dice: El desierto reverdecerá, la estepa florecerá…
Animad a l@s desesperanzad@s y cobardes de corazón.
* Escuchamos a Juan, el Precursor: convertíos, ya viene, ya está cerca, preparad el camino al Señor, allanad sus senderos. Juan, nos invita a tomar en serio, a recorrer con austeridad, el camino del ADVIENTO.
* Y aquí está a nuestro lado, ella, MARÍA. Nuestra Señora de la esperanza, que nos
trae la LUZ.
* Lo sabemos, Señor; la tarea del Adviento no es sólo pedir tu venida, es allanar las sendas, es arreglar los caminos. Es encender luces de esperanza.
¡VEN, SEÑOR JESÚS! TE NECESITAMOS.

* SEGUIMOS ORANDO: GRACIAS, SEÑOR
Gracias, Señor,
porque me invitas a allanar los senderos,
a preparar el camino para que vengas.
Gracias, Señor,
porque quieres contar conmigo.
Gracias, Señor,
porque quieres entrar en mi casa
y hacer de ella una morada nueva.
Gracias, Señor,
porque te acuerdas de nosotros
y de mí,
y te pones en el camino
por el que yo voy caminando,
para que te encuentre
porque tú me has encontrado.
Gracias, Señor,
porque vienes,
porque estás,
porque estarás. Gracias, Señor. Amén.

• O R A C I Ó N
• Jesús Del Adviento, humanidad divina. Salvación nuestra:
Nos disponemos a recordar tu venida a nuestro mundo;
Hace tiempo que dijimos sí a tu Reino; pero seguimos resistentes a tu mensaje y a tu vida; necesitamos renovar el bautismo que nos vinculó con el Padre y contigo, necesitamos que tu Espíritu venga en ayuda nuestra para que nos recuerde:
el amor incondicional que nos tienes; despierte en nosotr@s los deseos de justicia, bondad, fraternidad, verdad, paz… AMÉN
• Z U R I Ñ E

I DOMINGO DE ADVIENTO, 02 DE DICIEMBRE DE 2012

ESTAMOS SALVADOS, PERO NO NOS HEMOS ENTERADO TODAVÍA

Lc 21, 25-28 y 34-36

FRAY MARCOS

FE ADULTA

INTRODUCCIÓN

Con el primer Domingo de Adviento, comenzamos el nuevo año litúrgico que es una puesta en escena de los acontecimientos que dieron lugar al cristianismo. De la misma manera que en la vida normal, se inventó el teatro para escenificar las relaciones sociales y así poder comprenderlas mejor, así en el ámbito religioso, escenificamos las experiencias religiosas de nuestros antepasados. Para nosotros la figura clave es Jesús, por eso el año litúrgico se desarrolla en torno a su vida.

No tiene mayor importancia que Jesús haya nacido el 25 de diciembre o en cualquier otro día del año. Como tampoco la tiene que haya nacido en el año 1 ó en el año 5 antes de Cristo. Lo importante es descubrir que la esencia de nuestra religión tuvo su origen en la experiencia humana del hombre Jesús.

Empezamos con los cuatro domingos de Adviento, como preparación para celebrar el momento más importante de ese proceso que terminó en la religión cristiana. No nos debe extrañar la increíble riqueza de los textos litúrgicos de este tiempo de Adviento. Ello se debe a que el pueblo de Israel vivió toda su historia como tiempo de adviento, es decir, como una continua espera.

Pero también el pueblo cristiano, vive las expectativas de la llegada definitiva del Reino de Dios. Por eso, tanto el AT, como el NT, están plagados de textos bellísimos sobre este tema fundamental en toda la Escritura. Nosotros encontramos una dificultad a la hora de entender estos textos, porque están escritos desde unas expectativas completamente diferentes y en un lenguaje extraño. Sin embargo el mensaje es simple: Pase lo que pase, debemos tener total confianza en Dios que salva siempre.

EXPLICACIÓN

Tal vez nos produzca una cierta confusión el hecho de que la liturgia apunta en una doble dirección. Por una parte, nos invita a estar en vela para la venida futura y definitiva de Cristo. Por otra, nos invita a prepararnos a celebrar dignamente la primera venida, es decir, su nacimiento como ser humano. Ambas perspectivas son hoy problemáticas. Celebrar el nacimiento de Jesús como acontecimiento histórico, no servirá de nada si no nos sentimos implicados en lo que significó su propia vida. Entender literalmente la segunda venida, será echar balones fuera por el otro extremo.

Esos dos extremos serán referencias importantes, solo si nos llevan a afrontar adecuadamente el presente. No tiene sentido hablar hoy del fin del mundo ni de catástrofes futuras. Ni siquiera de la «futura venida de Cristo». Lo importante no es que vino, ni que vendrá, sino que viene en este instante. Hablar hoy del futuro en cualquiera aspecto es ponerse fuera de juego y no aceptar el verdadero mensaje de las lecturas. Quedarse en la celebración de un hecho histórico, no cambiará nada en mi vida.

Debe hacernos pensar el hecho de que los Judíos esperaron durante dieciocho siglos la liberación. Y cuando llegó Jesús con su oferta de salvación, la rechazaron porque no era lo que ellos esperaban.

La venida del Mesías no fue suficiente para los judíos, porque no esperaban esa salvación, pero tampoco fue suficiente para los primeros cristianos, también judíos, que siguieron esperando la «segunda venida» en la que sí se realizará la verdadera salvación, porque entonces vendrá «con gran poder y gloria».

Aún hoy, seguimos esperando una salvación a nuestra medida, no la que realmente trajo Jesús, que es la que Dios quiere para nosotros. Si comprendiéramos que Dios ya nos ha dado todo lo que puede darnos, dejaríamos de esperar que Dios venga a «hacer» algo para salvarnos.

A todos nos resulta muy complicado abandonar una manera de ver a Dios que nos da seguridades, que es lo único que nos importa de verdad. Preferimos seguir pensando en el Dios todopoderoso que actúa a capricho, donde quiere, cuando quiere, y desde fuera. Solo requiere de nosotros que cumplamos, también externamente, sus mandamientos.

Desde esta perspectiva nos sentimos forzados a hacer lo que nos parece que le agrada y de otra, a esperar con miedo a que en el momento último nos coja confesados. De esa manera no hay forma de hacer presente el Reino de Dios que está dentro de nosotros. Y además, nos quedamos tan frescos, echando la culpa de que no estemos salvados, a Dios que es demasiado cicatero a la hora de concedernos lo que tanto deseamos.

Dios está viniendo siempre. Si el encuentro no se produce es porque estamos dormidos o, lo que es peor, con la atención puesta en otra parte. La falta de salvación se debe a que nuestras expectativas van en una dirección equivocada. Esperamos actuaciones espectaculares por parte de Dios. Esperamos una salvación que se me conceda como un salvoconducto, y eso no puede funcionar.

Da lo mismo que la esperemos aquí o para el más allá. Lo que depende de mí no lo puede hacer Dios ni lo puede hacer otro hombre. Esta es la causa de nuestro fracaso. Esperamos que otro haga lo que solamente yo puedo hacer.

Dios es la salvación y ya está en mí. Lo que de Dios hay en mí es mi verdadero ser. No tengo que conseguir nada ni cambiar nada en mí. Simplemente tengo que despertar y descubrirlo. Tengo que salir del engaño de creer que soy lo que no soy.

Esta vivencia me descentra de mí mismo y me proyecta hacia los demás; me identifica con todo y con todos. Mi falso ser, mi ego, mi individualidad se disuelve. Esa experiencia de salvación tendrá consecuencias irreversibles en mi comportamiento con los demás y con las cosas, que ahora, hecho el descubrimiento, forman parte de mí mismo. Dios no me salva como recompensa a mis actos. Mis obras serán la consecuencia de la salvación que Dios me da.

En las primeras comunidades cristianas se acuñó una frase, repetida hasta la saciedad en la liturgia: «Marañatha» = ¡Ven, Señor Jesús! Vivieron en la contradicción de una escatología realizada y una escatología futura.

«Ya, pero todavía no». Hay que tener mucho cuidado a la hora de entender estas expresiones. «Ya», por parte de Dios, que nos ha dado ya todo lo que necesitamos para esa salvación. Si no fuera así, se convertiría en un tirano. «Todavía no», por nuestra parte, porque seguimos esperando una salvación a nuestra medida y no hemos descubierto el alcance de la verdadera salvación, que ya poseemos. Aquí radica el sentido del Adviento. Porque «todavía no» estamos salvados, tenemos que tratar de vivir el «ya». Eso nunca lo conseguiremos si nos dormimos en los laureles.

Jesús apunta hacia una salvación muy distinta de la que esperamos. «He venido para que tengan vida y la tengan abundante.» ¿Cuál es la tierra prometida que nosotros esperamos hoy? Como los judíos, ¿esperamos una tierra que mane leche y miel, es decir mayor bienestar material, más riquezas, más seguridades de todo tipo, poder consumir más? Seguimos apegados a lo caduco, a lo transitorio, a lo terreno. Seguimos convencidos de que la felicidad está en el consumo. La liturgia nos propone cuatro domingos para prepararnos. Los comercios adelantan más cada año la oferta de productos navideños…

La confianza, la esperanza, la paz, la ilusión la tengo que mantener aquí y ahora, a pesar de todas las apariencias. No debemos esperar que el mundo cambie para alcanzar la verdadera salvación. Confiar, creer es ya cambiar el mundo. Si no es así, estoy confiando en el ídolo. Siempre tendemos a ver la presencia de Dios en los acontecimientos favorables, y pensar que Dios está alejado de nosotros cuando las cosas no van bien. Esa es la interpretación de la historia que hizo el pueblo judío. Jesús dejó muy claro que Dios está siempre ahí, pero se manifiesta con rotundidad en la cruz, aunque sea difícil descubrirlo.

El Adviento no me invita a mirar hacia fuera: pasado y futuro, sino a mirar hacia dentro. Si consigo que nada de lo que tengo me ate y me desligo de lo que creo ser, aparecerá mondo y lirondo mi verdadero SER. Solo ahí puedo encontrar la auténtica felicidad.

¡Qué nos está pasando! Celebramos con inmensa alegría el nacimiento de una nueva vida, pero seguimos despidiendo a nuestros muertos con un «funeral». Debemos atrevernos a no ver el fin de una vida como un fracaso. Al final del camino, nada de lo que eres en tu esencia, se ha truncado. Eso es lo que se desprende del evangelio. Eso es lo que Jesús predicó y vivió.

Meditación-contemplación

Dios viene, pero no de fuera.
Jesús vuelve, pero no se ha ido.
Hay que superar los conceptos de pasado y de futuro.
Solo así entrarás en la dinámica de una auténtica revelación.

…………….

Dios es siempre el mismo, no puede cambiar.
Está en la historia, y a la vez, más allá de la historia.
Descúbrelo en lo hondo de tu ser y aparecerá a través de ti.
No tienes nada que esperar de fuera.

…………….

No tiene nadie que venir a salvarte.
Tienes que descubrir que estás salvado desde siempre y para siempre.
Lo que te llegue de fuera ni aumenta ni disminuye esa salvación.
Pero puede ayudarte o impedir que la descubras y la vivas.

……………

Fray Marcos

 

ABENDUALDIKO I. IGANDEA 2012ko ABENDUAREN 2a, Luc. 21,25-28. 34-36

HASERREA ETA ESPERANTZA

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Hautsezineko konbentzimendu bat du sostengu, hasieratik beretik, Jesusen jarraitzaileen fedeak: Jainkoak arnasturik, bere behin betiko askapenera bideratua da giza historia. Gizakiaren jasanezineko kontraesanek eta aro guztietan burutzen diren izugarrikeriek ezin suntsi dezakete gure esperantza.

Geure sostengu dugun mundu hau ez da behin betikoa. Egun batean, kreazio osoak agertuko ditu azkenera iritsi delako «seinaleak», gutako inork imajina edo uler ez dezakeen bizi berri eta askatu bati lekua uzteko.

Ebanjelioek jasoa dute Jesusen gogoeta bat aldien azken honetaz. Era paradoxikoan, Jesusek ez du jarri bere arreta momentu hartan gertatuko diren «gertaera kosmikoetan». Bere xedea, horizonte horren aurrean, bere jarraitzaileei argi eta azti bizitzeko estilo bat proposatzea du Jesusek.

Historiaren azkena ez da izango nahas-mahas edo kaos bat, ez da izango bizitza suntsitzea, erabateko heriotza. Argi eta ilun artean, geure bihotzaren deiak entzunez nahiz geure baitan dugun alde hobenari ezentzuna eginez, bide eginez goaz fededunok astiro «Jainkoa» deitzen dugun errealitatearen azken misteriorantz.

Ez genuke bizi behar beldurrak edo larriak jota. «Azken eguna» ez da izango sumindura- edo mendeku-eguna, baizik askapen-eguna. Hitz harrigarri hauekin laburbildu du Lukasek Jesusen pentsaera: «Jaiki zaitezte, jaso burua; hurbil da zuen askapena». Soilik orduan ezagutuko dugu egiaz nola maite duen Jainkoak mundua.

Geure konfiantza indarberritu beharra dugu, bihotza goratu eta esperantza esnatu beharra. Egun batean, finantza-botereek lur joko dute. Boteretsuen zorakeriarenak egingo du. Gerlen, krimenen eta genozidioen biktimak biziko dira. Mundua gizatasun handiagoko egin nahia eta ahalegina ez dira galduko betiko.

Bere jarraitzaileei, beren barnean astindu bat eman nahi die Jesusek. «Zabiltzate kontuz: ez dakizuela burua moteldu». Ez zaiteztela bizi zoroak bezala. Ez zaiteztela bizi azalkeriari eta gehiegikeriari emanik. Eutsi bizirik haserreari. «Bizi beti erne». Ez zabartu. Bizi azti eta erantzukizunez. Ez aspertu. Bizi beti tentsio bizian.

Nola ari gara bizitzen aldi hau, zaila ia guztientzat, estua askorentzat, ankerra ezintasunean murgilduak direnentzat? Erne bizi al gara? Ala lo? Kristau-elkarteetan haserrea eta esperantza arnastu behar ditugu. Eta bakarra da bidea: etsipenean, amorruan eta umilazioan murgildurik, ezer gabe gelditzen ari direnen ondoan bizitzea.

I Adviento (C) Lucas 21,25-28. 34-36

INDIGNACIÓN Y ESPERANZA

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

ECLESALIA, 28/11/12.- Una convicción indestructible sostiene desde sus inicios la fe de los seguidores de Jesús: alentada por Dios, la historia humana se encamina hacia su liberación definitiva. Las contradicciones insoportables del ser humano y los horrores que se cometen en todas las épocas no han de destruir nuestra esperanza.

Este mundo que nos sostiene no es definitivo. Un día la creación entera dará «signos» de que ha llegado a su final para dar paso a una vida nueva y liberada que ninguno de nosotros puede imaginar ni comprender.

Los evangelios recogen el recuerdo de una reflexión de Jesús sobre este final de los tiempos. Paradójicamente, su atención no se concentra en los «acontecimientos cósmicos» que se puedan producir en aquel momento. Su principal objetivo es proponer a sus seguidores un estilo de vivir con lucidez ante ese horizonte.

El final de la historia no es el caos, la destrucción de la vida, la muerte total. Lentamente, en medio de luces y tinieblas, escuchando las llamadas de nuestro corazón o desoyendo lo mejor que hay en nosotros, vamos caminando hacia el misterio último de la realidad que los creyentes llamamos «Dios».

No hemos de vivir atrapados por el miedo o la ansiedad. El «último día» no es un día de ira y de venganza, sino de liberación. Lucas resume el pensamiento de Jesús con estas palabras admirables: «Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación». Solo entonces conoceremos de verdad cómo ama Dios al mundo.

Hemos de reavivar nuestra confianza, levantar el ánimo y despertar la esperanza. Un día los poderes financieros se hundirán. La insensatez de los poderosos se acabará. Las víctimas de tantas guerras, crímenes y genocidios conocerán la vida. Nuestros esfuerzos por un mundo más humano no se perderán para siempre.

Jesús se esfuerza por sacudir las conciencias de sus seguidores. «Tened cuidado: que no se os embote la mente». No viváis como imbéciles. No os dejéis arrastrar por la frivolidad y los excesos. Mantened viva la indignación. «Estad siempre despiertos». No os relajéis. Vivid con lucidez y responsabilidad. No os canséis. Mantened siempre la tensión.

¿Cómo estamos viviendo estos tiempos difíciles para casi todos, angustiosos para muchos, y crueles para quienes se hunden en la impotencia? ¿Estamos despiertos? ¿Vivimos dormidos? Desde las comunidades cristianas hemos de alentar la indignación y la esperanza. Y solo hay un camino: estar junto a los que se están quedando sin nada, hundidos en la desesperanza, la rabia y la humillación.