Garizumako 2º igandea / Domingo 2º de Cuaresma – José A. Pagola

-B (Markos 9,2-10)

Evangelio del 25 /Feb /2018

por Coordinador – Mario González Jurado

ASKATU EBANJELIOAREN INDARRA

«Jesusen Antzaldatzearen» kontakizun hau oso herrikoi izan zen hasieratik beretik beraren jarraitzailean artean. Ez da pasadizo bat gehiago. Eszena, sinbolo-izaerako baliabidez berregina, handiosa da. Moisesekin eta Eliasekin hizketan ari dela, aurpegi dirdaitsuz aurkeztu dute Jesus ebanjelariek.

Mendi-gailurrera lagundu dioten hiru ikasleak txunditurik gelditu dira. Zer pentsa ez dakitela. Handiegia da Jesus inguratzen duen misterio hori. Beldurrez zeudela dio Markosek.

Era bitxian amaitu da eszena: «Estali zituen hodei bat eratu zen eta ahots bat atera hodeitik: Hau da ene Seme maitea. Entzuiozue». Jesusen deia entzutetik sortu zen beraren mugimendua. Beraren Hitza, geroago lau idazki laburretan bildua, beste jarraitzaile batzuk eraginez joan zen. Jesusen Ebanjelioa entzutetik bizi da Eliza.

Jesusen mezu honek oztopo handirekin egiten du gaur topo, gure aldiko gizon-emakumeengana iristeko. Praktika erlijiosoa alde batera uztearekin, jende askok utzi dio betiko haren Hitza entzuteari. Jada ez dute entzungo Jesusez hitz egiten, kasu bakanen batean edo era zabarrean ez bada.

Kristau-elkarteetara hurbiltzen direnek berek ere ezin estimatu dute erraz Jesusen Hitza. Haren mezua beste jarduera, ohitura eta irakaspen batzuen artean galdurik gertatzen da. Nekez atzeman daiteke haren funtsezko garrantzia. Jesusen espirituaren araberako ez diren hizkerek eta iruzkinek blokeatzen dute batzuetan Ebanjelioaren indar askatzailea.

Halaz guztiz, gaur egun ere, kristauok gizarteari eskaintzen ahal diogun funtsezko gauza bakarra, Jesusek hots egindako Berri Ona da eta Jainkoaren erreinuaz hark agertu duen egitasmo gizatargarria. Ezin jarraitu dugu beraren Hitzaren indar gizatargarria galgatzen, frenatzen.

Geure elkarteetan garbi, bizi eta ugari korriarazi behar dugu. Iritsi dadila jendearen sukalderaino, ezagutu ahal dezatela beren bizitzarentzat zentzu berri bat bilatzen dutenek, ezagutu ahal dezatela esperantzarik gabe bizi direnek.

Ebanjelioa lagunartean irakurtzen ikasi behar dugu. Ebanjelioaren kontakizunak familiar bihurtzen saiatu behar dugu. Jesusen Berri Onarekin zuzeneko harremanak izan behar ditugu eta ondo-ondokoak. Honetan erabili behar dugu geure energia. Horrela hasiko da gaur Elizak behar duen eraberritzea.

Eliz erakundea mendetan izan duen erakartzeko indarra galtzen ari den honetan, Jesusek, Jainkoaren Seme maiteak, egiaren eta biziaren bila dabiltzanentzat duen erakartzeko indarra aurkitu behar dugu. Urte gutxi barru, konturako gara dena ari zaigula bultzaka, kristautasunaren erdigunean Jesusen Berri Ona leialtasun handiagoz jartzera.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

LIBERAR LA FUERZA DEL EVANGELIO

-B (Markos 9,2-10)

Evangelio del 25 /Feb /2018

Este relato de la «transfiguración de Jesús» fue desde el comienzo muy popular entre sus seguidores. No es un episodio más. La escena, recreada con diversos recursos de carácter simbólico, es grandiosa. Los evangelistas presentan a Jesús con el rostro resplandeciente mientras conversa con Moisés y Elías.

Los tres discípulos que lo han acompañado hasta la cumbre de la montaña quedan sobrecogidos. No saben qué pensar de todo aquello. El misterio que envuelve a Jesús es demasiado grande. Marcos dice que estaban asustados.

La escena culmina de forma extraña: «Se formó una nube que los cubrió y salió de la nube una voz: Este es mi Hijo amado; escuchadlo». El movimiento de Jesús nació escuchando su llamada. Su Palabra, recogida más tarde en cuatro pequeños escritos, fue engendrando nuevos seguidores. La Iglesia vive escuchando su Evangelio.

Este mensaje de Jesús encuentra hoy muchos obstáculos para llegar hasta los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Al abandonar la práctica religiosa, muchos han dejado de escucharlo para siempre. Ya no oirán hablar de Jesús si no es de forma casual o distraída.

Tampoco quienes se acercan a las comunidades cristianas pueden apreciar fácilmente la Palabra de Jesús. Su mensaje se pierde entre otras prácticas, costumbres y doctrinas. Es difícil captar su importancia decisiva. La fuerza liberadora de su Evangelio queda a veces bloqueada por lenguajes y comentarios ajenos a su espíritu.

Sin embargo, también hoy lo único decisivo que puede ofrecer la Iglesia a la sociedad moderna es la Buena Noticia proclamada por Jesús y su proyecto humanizador del reino de Dios. No podemos seguir reteniendo la fuerza humanizadora de su Palabra.

Hemos de hacer que corra limpia, viva y abundante por nuestras comunidades. Que llegue hasta los hogares, que la puedan conocer quienes buscan un sentido nuevo a sus vidas, que la puedan escuchar quienes viven sin esperanza.

Hemos de aprender a leer juntos el Evangelio. Familiarizarnos con los relatos evangélicos. Ponernos en contacto directo e inmediato con la Buena Noticia de Jesús. En esto hemos de gastar las energías. De aquí empezará la renovación que necesita hoy la Iglesia.

Cuando la institución eclesiástica va perdiendo el poder de atracción que ha tenido durante siglos, hemos de descubrir la atracción que tiene Jesús, el Hijo amado de Dios, para quienes buscan verdad y vida. Dentro de pocos años nos daremos cuenta de que todo nos está empujando a poner con más fidelidad su Buena Noticia en el centro del cristianismo.

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 2º de Cuaresma 15 de febrero de 2018 – Koinonia

Gn 22,1-2.9a.10-13.15-18: El sacrificio de nuestro padre Abrahán
Salmo 115: Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida
Rom 8,31b-34: Dios no perdonó a su propio Hijo
Mc 9,2-10: Este es mi Hijo muy amado

Éste es mi Hijo amado

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.» De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.» Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Después del anuncio de la pasión y del llamado al seguimiento, Marcos introduce el relato de la transfiguración (Mc 9,2-8). Algo así como una “Pascua anticipada”, junto a una crucifixión igualmente “anticipada”. Después viene la discusión sobre la resurrección y el retorno de Elías (Mc 9,9-13) y la historia de la sanación del niño mudo (Mc 9,14-29). Según Xavier Pikaza, los tres relatos tejen un tríptico eclesial que vincula la experiencia de oración, la fe sanadora y el anuncio de la pasión y la resurrección. Así la experiencia pascual (transfiguración) está unida a la acción liberadora.

Veamos en primer lugar la fuerza simbólica del relato, y después “ataremos cabos” para resaltar el mensaje para nuestro HOY:

“Seis días” que evocan los “seis días” de la creación, o los “seis años” de trabajo antes del “año sabático”. Es pues, tiempo productivo, de siembra, de actividad, de preparación. En este ambiente sucede la transfiguración. Pudiéramos decir que la transfiguración pertenece a “otro tiempo”, que irrumpe en el “tiempo ordinario”, con el fin de producir un contraste, un desequilibrio, un llamado de atención, una corrección.

“Tres discípulos”: Pedro, Santiago y Juan, en representación de la comunidad discipular conducida por Jesús. La humanidad masculina en camino al encuentro transformador con la divinidad. Quizá por ello más necesitada de la corrección que va a desarrollarse en lo alto del monte.

“Vestidos resplandecientes” para resaltar la transformación, en donde el resplandor y la blancura expresan la profundidad y la integridad del cambio operado. Las primeras comunidades cristianas usaron vestidos blancos recién lavados para simbolizar la nueva vida que se proponían vivir. Los vestidos exteriores son expresión de los profundos cambios en el interior de las personas.

“Tres seres resplandecientes”: Jesús, Moisés y Elías, en representación de la “comunidad celestial” en comunión. También masculina. Quizá por ello, el encuentro de las dos comunidades sólo suman “seis”. La plenitud del “siete” tendrá lugar mediante la inclusión de la comunidad femenina.

“Tres tiendas”, simbolismo del éxodo y del Dios del éxodo, experiencia tribal originaria y fundacional de Israel. El tiempo de las tiendas es también tiempo de alianza tribal, de solidaridad, de igualdad. En la fiesta de las tiendas sukkot cada familia hacía una choza y habitaba en ella, recordando la salida de Egipto.

Tenemos un énfasis en el simbolismo trinitario: 3 seres celestiales (Jesús, Moisés, Elías), 3 discípulos (Pedro, Juan, Santiago), 3 chozas (éxodo); tres veces tres junto con la gloria de Dios. Tres significa comunidad, perfección, plenitud. Es la propuesta comunitaria de Dios para la humanidad a partir del mismo ser trinitario de Dios. Es el proyecto a construir una vez que se regrese a la llanura.

“Nube”, para los pueblos del desierto significa sombra, lluvia, vida, alegría, bendición. Por eso, siempre está relacionada con Dios. Es un signo visible de la presencia y la compañía gratificante de Dios. Así lo fue durante la travesía del pueblo por el desierto, Dios caminaba delante de él señalando el camino. La voz y la nube van junto al pueblo, cuando este decide construir el proyecto de Dios.

“Subir el monte alto”: evocando Horeb-Sión, lugar donde Moisés y Elías se vieron “cara-a-cara” con Dios. Epifanía que revela el proyecto de Dios y que da fuerza y sabiduría para llevarlo a cabo. Ascenso humanizador, en cuanto capacidad y decisión para realizar lo revelado por Dios.

“Descender del monte”: a la llanura, para el encuentro y la transformación humana y social. En el descenso, quienes experimentaron la resurrección, discuten sobre la “resurrección de los muertos”. El monte está relacionado con la resurrección y la llanura con la muerte. Evocación de los orígenes de Israel en las montañas tribales en contraste con las llanuras tributarias e idolátricas. Producir tal contraste es la tarea permanente de quienes “descienden del monte”. De ahí el imperativo a descender.

En el camino a Jerusalén era necesaria la transfiguración. Galilea había mostrado el “éxito” del reino de Dios. La comunidad discipular identificó allí la realización de los tiempos mesiánicos relacionados con los milagros de Jesús y con las multitudes necesitadas. La expectativa judía de un Mesías liberador de la opresión romana estaba siendo respondida. La comunidad discipular aún no salía de estos moldes mesiánicos. Cuando Jesús anuncia su pasión y crucifixión, hay alarma y desconcierto. No se entiende un mesianismo que pase por la cruz. Para “corregir” esta situación vivida por la comunidad post-pascual de Marcos, el relato introduce la transfiguración.

No sabemos cuál sea el contenido materialmente histórico de este relato teológico, ni es importante conocerlo; este relato, como todo el evangelio, no está escrito tanto “para que sepamos” un dato material de la vida de Jesús, sino “para que creamos”, para alimentar nuestra fe subrayando un aspecto de una verdad salvífica (no una verdad física). Para comunicarnos un mensaje espiritual (una verdad profunda), sin que importe la veracidad fáctica del hecho que sirve de símbolo-vehículo para la transmisión de ese mensaje (o sea, aunque como verdad superficial no fuera cierto tal hecho).

Lo que en el sentido profundo se trasmite en el texto es una vivencia fundamental para toda persona humana, que lo fue sin duda también para Jesús: la necesidad de transcender la superficie de las cosas para captar su sentido profundo. En un momento privilegiado de gracia, los discípulos pudieron acceder a una visión más honda de lo que significaba aquél Jesús humilde que les acompañaba “como uno de tantos”. Y eso les dio ánimos y les fortaleció para continuar la “subida a Jerusalén”.

La fe es la que opera esa “transfiguración”; por ella la vida real, tantas veces chata y sin relieve, rutinaria o hasta decepcionante, se “trasfigura”, mostrándonos sus riquezas de sentido, su trasfondo de dimensiones transcendentes, hasta hacernos experimentar incluso que “todo es gracia”, como dijo Bernanos. Ante esa visión transfigurada de la realidad, uno se extasía, sentimos el deseo de detener el tiempo para contemplar y saborear… Pero esos momentos privilegiados, transfigurados, son excepciones; a lo largo del camino hacia Jerusalén hay pocos montes Tabor…

La fe es la que debe suplir y hacer posible en el fondo del corazón la fuerza para subir al monte Tabor, incluso cuando podamos estar más cerca del otro monte, el Calvario… La fe nos puede dar “una visión contemplativa de la realidad”, una visión mayor, penetrante, transfiguradora, anticipadamente escatológica incluso.

Este poema de Casaldáliga que les ofrecemos parece expresar algo semejante.

«Vi un cielo nuevo y una tierra nueva»
Entonces veré el sol con ojos nuevos
y la noche y su aldea reunida;
la garza blanca y sus ocultos huevos,
la piel del río y su secreta vida.

Veré el alma gemela de cada hombre
en la entera verdad de su querencia;
y cada cosa en su primero nombre
y cada nombre en su lograda esencia.

Confluyendo en la paz de Tu mirada,
veré, por fin, la cierta encrucijada
de todos los caminos de la Historia

y el reverso de fiesta de la muerte.
Y saciaré mis ojos en Tu gloria,
para ya siempre más ver, verme y verte.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 68 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:  http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1300068 Puede ser escuchado aquí:  http://www.untaljesus.net/audios/cap68b.mp3

 

Domingo 1º de Cuaresma – Fray Marcos

Sin lucha no puede haber victoria

(Gn 9,8-15) Hago un pacto con vosotros: El diluvio no volverá a destruir los vivientes.

(1 Pe 3,18-22) Aquello fue un símbolo del bautismo que actualmente os salva.

(Mc 1,12-15) Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás.

 

Sin lucha no puede haber victoria. Pedirle a Dios una vida sin problemas es renunciar a desplegar nuestra condición humana.

Durante siglos, hemos puesto en el perdón de Dios la meta de nuestras relaciones con Él. Esta idea de Dios está en las antípodas del evangelio. Jesús nos dice que el perdón es el punto de partida. Nuestro concepto de pecado se basa en el mito de la ruptura. A partir de ahí, la religiosidad consistirá en una recuperación de lo perdido. Hoy tenemos datos para intentar otras explicaciones. Somos fruto de la evolución y seguimos avanzando.

El pecado es una de las experiencias más dolorosas y humillantes del ser humano. Lo que tenemos que superar es una explicación demasiado primitiva de fallo y descubrir un modo de afrontarlo que pueda ser útil para superarlo eficazmente. El mal no tiene nada de misterio. Es consecuencia inevitable de nuestra condición de criaturas limitadas. Una inercia de tres mil millones de años de evolución, que nos empuja hacia el individualismo, no puede ser contrarrestada por unos cientos de miles de años de trayectoria humana.

El primer objetivo de todo ser vivo fue mantener esa vida contra todas las agresiones externas e internas. Esta experiencia se va almacenando en el ADN. Gracias a él la vida no solo se conservó sino que fue alcanzando cotas más altas de perfección, hasta llegar al “homo sapiens”. Su relativa perfección permite al hombre unas relaciones completamente distintas; ahora fundadas en la armonía. Pero permanece el instinto de conservación que le lleva al individualismo. La visión miope tiene que ser superada por un nuevo conocimiento.

Fijaros bien que los tres temas clásicos de la cuaresma son: Oración, ayuno, limosna. En ellos quedan resumidas todas las posibles relaciones humanas: con Dios, con uno mismo, con los demás. La calidad humana del hombre depende de la calidad de sus relaciones. Si no sobrepasan lo puramente instintivo, esas relaciones estarán basadas en un individualismo feroz, buscando el provecho biológico inmediato. Si esas relaciones están basadas en el conocimiento de tu auténtico ser, te llevarán a la armonía con todos los seres.

El hecho de que Mc sea tan breve, siendo el primero que escribió, nos está diciendo que en Mt y Lc se trata de una elaboración progresiva y no de un olvido de los detalles por parte de Mc. También pudiera ser que Mt y Lc encontraran ya el relato ampliado en la fuente Q, anterior a Mc. En todo caso, esas diferencias nos estarían demostrando el carácter simbólico del relato, más allá de las limitaciones de tiempo y lugar. Mc está planteando en tres líneas toda la trayectoria humana de Jesús.

El objetivo del relato es muy distinto en Mt y Lc, y en Mc. Este último no pretende ponernos en guardia sobre las clases de tentaciones que podemos experimentar. En Mc no hay tres tentaciones, porque plantea toda su vida como una constante lucha contra el mal. En el evangelio de Mc no vuelve a aparecer Satanás. Su lugar lo van a ocupar instituciones y personas de carne y hueso, que a través de toda la obra intentarán apartar a Jesús de su misión liberadora. La tentación está siempre a nuestro alrededor.

Inmediatamente. Comienza la lectura de hoy con la anodina frase de siempre “en aquel tiempo”. Es interesante saber que en el versículo anterior nos habló de la bajada del Espíritu sobre Jesús en el bautismo. Es muy significativo que el Espíritu se ponga a trabajar de inmediato. Toda la actuación de Jesús se realiza bajo la fuerza del Espíritu. Este Espíritu no es todavía el “Espíritu Santo” según la idea que nosotros tenemos; se trata de la fuerza de Dios que le capacita para actuar.

El Espíritu le empujó. El verbo griego empleado es “ekballo” = Empujar, echar fuera. No se trata de una amable invitación, sino de una acción que supone una cierta violencia. El Espíritu no abandona a Jesús, pero le arrastra a otro lugar: el desierto. Al recibir el Espíritu en el bautismo, Jesús no queda inmunizado y apartado de la lucha contra el maligno. Como todo hijo de vecino (hijo de hombre), Jesús tiene que debatirse en la vida para alcanzar su plenitud. Precisamente por haber alcanzado la meta como ser humano, está capacitado para marcarnos el camino a nosotros.

Al desierto. El desierto es el lugar teológico de la lucha, de la prueba; y, superada la prueba, del encuentro con Dios. Es imposible comprender todo el simbolismo del desierto para el pueblo judío. La clave de su historia religiosa se encuentra en el desierto. Jesús sufre las mismas tentaciones que Israel, pero las supera. No se trata del desierto físico, sino del símbolo de la lucha. Es muy significativo que todos los evangelios nos hagan ver cómo Jesús encontrará a Satanás en su mismo pueblo.

Se quedó en el desierto cuarenta días. El número cuarenta es otra clave simbólica para entender el relato: 40 días duró el diluvio, 40 años pasó el pueblo judío en el desierto. 40 días estuvo Moisés en el Sinaí. 40 días fueron necesarios para que se conviertan los ninivitas. 40 días camina Elías por el desierto. No se trata de señalar un tiempo cronológico, sino de evocar una serie de acontecimientos salvíficos en la historia del pueblo judío, que quedarán superados por la experiencia de Jesús.

Tentado por Satanás. “Peireo” indica más bien una prueba que hay que superar. No puede haber un aprobado si no hay examen. ‘Satán’ significa el que acusa en el juicio, exactamente lo contrario que ‘paráclito’, el que defiende en un juicio. En Mt y Lc, las tentaciones tienen lugar al final de los cuarenta días de ayuno. En Mc no aparece el ayuno por ninguna parte, y la tentación abarca todo el tiempo que duró el retiro en el desierto. Mc no nos habla de penitencia, sino de lucha.

Estaba entre las fieras. La traducción oficial de “alimañas” condiciona la interpretación. El texto griego y el latino dice: animales salvajes concretos, conocidos por todos. Puede entenderse como que Jesús está en la vida en medio de todas las fuerzas que condicionan al hombre, unas buenas (Espíritu, ángeles), otras malas (Satanás, fieras.) Pero también podría aludir a los tiempos idílicos del paraíso, donde la armonía entre seres humanos y la naturaleza entera era total. Recordemos que el tiempo mesiánico se había anunciado como una etapa de armonía entre hombres, naturaleza y fieras.

Y los ángeles le servían. El verbo que emplea es “diakoneô” que significa servir, pero con un matiz de afecto personal en el servicio. En el NT “diaconía” es un término técnico que expresa la actitud vital de servicio de los seguidores de Jesús. Su primer significado era “servir a la mesa”. Pero aquí este significado iría en contra de todo el sentido del relato, porque indicaría que en vez de ayunar era alimentado por los ángeles. Podría significar las fuerzas del bien, o expresar que Dios estaba de su parte.

Nadie ni nada puede malearnos sustancialmente, ni el pecado de Adán ni nuestros propios pecados. Nuestra tarea consiste en ir descubriendo lo que nos deteriora como seres humanos y lo que nos va construyendo como personas.

 

Meditación

La tentación fundamental es hacer un dios a mi medida,

dejándome llevar por una cómoda idolatría.

El antídoto es el Dios de Jesús,

el Abba que me hace vivir su misma Vida.

Si descubro mi verdadero ser,

surgirá dentro de mí la armonía y la capacidad de amar.

 


Garizumako 1º igandea / Domingo 1º de Cuaresma – José A. Pagola

-B (Markos 1,12-15)

Evangelio del 18 /Feb / 2018

por Coordinador – Mario González Jurado

GATAZKA ETA TENTAZIO ARTEAN

Jesusen jarduera profetikoa kontatzen hasi aurretik, Markosek diosku, Espirituak basamortura eragin ziola. Han gelditu zen berrogei egunez, Satanasi bera tentatu zezan utziz; piztia artean bizi zen, eta aingeruak zerbitzari zituen. Gurutzean hil zuten bitarte guztian Jesusek bizi izandako tentazioen edo proben laburpen dira lerro hauek.

Jesusek ez du bizi izan bizitza erraz eta lasairik. Espirituaren eraginpean bizi izan da, baina bere haragian berean sentitu ditu gaizkiaren indarrak. Bere burua Jainkoaren egitasmoari estu eskaini izanak gatazkak eta tirandurak urratutako bizitza bizitzera eraman dute. Harengandik behar dugu ikasi haren jarraitzaileok probaldian nola bizi.

«Espirituak basamortura eragin dio Jesusi»

Ez du gidatu bizitza erosora. Proben, arriskuen eta tentazioen bidean jarri du. Jainkoaren erreinuaren eta haren zuzentasunaren bila ibiltzera, Jainkoa faltsutu gabe hots egitera, mundua gizatarrago izan dadin saiatzera: arriskutsua da hori guztia beti. Hala izan zen Jesusentzat eta hala izango da haren jarraitzaileentzat.

«Basamortuan berrogei egun egin  zuen»

Basamortua izango da Jesus biziko den parajea. Leku babesgabe eta arrotz hau probaren eta zailtasunen sinbolo da. Funtsezkoaz bizitzen ikasteko lekurik hoberena; aldi berean, arriskutsuena bere indar propio hutsen arabera bizitzera galdua denarentzat.

«Satanasek tentatua»

«Arerioa» esan nahi du Satanasek, Jainkoaren eta erreinuaren alde saiatu nahi dutenen kontra dagoen indarra. Tentaldikoan argitzen da zer den, gu baitan, egiatik edo gezurretik, argitik edo ilunetik, Jainkoari leial izatetik eta injustizian kide izatetik.

Bere bizitza osoan, Jesus adi biziko da «Satanas» agerian jartzeko gorabehera espero gabekoenetan. Behin batean Pedrori egingo dio uko hitz hauekin: «Aldendu hadi nigandik, Satanas; hire pentsaera ez duk Jainkoarena-eta». Jesusek bezala bizi behar dugu probaldia, erne eta azti Jainkoagandik aparta gaitzakeen zernahiri.

«Piztia artean bizi zen eta aingeruak zituen zerbitzari»

Piztia horiek, lurrean bortitzenak diren izaki horiek, Jesus mehatxatuko duten arriskuak iradokitzen dituzte. Aingeruek, berriz, kreazioko hoberenak diren izaki horiek, Jesus bedeinkatzen, zaintzen eta babesten duen Jainkoaren hurbiltasuna iradokitzen dute. Honela biziko da Jesus: «azeri» izena eman dion Antipasengandik bere burua defendituz eta gaueko otoitzean Aitaren indarra bilatuz.

Geure aldi zail hauek, begiak Jesusengan ditugula bizi behar ditugu. Jainkoaren Espirituak digu eragiten basamortura. Krisialdi honetatik, Eliza apalago bat eta Jaunari leialagoa den bat aterako da egunen batean.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

ENTRE CONFLICTOS Y TENTACIONES

-B (Markos 1,12-15)

Evangelio del 18 / Feb / 2018

Antes de comenzar a narrar la actividad profética de Jesús, Marcos nos dice que el Espíritu lo impulsó hacia el desierto. Se quedó allí cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Estas breves líneas son un resumen de las tentaciones o pruebas básicas vividas por Jesús hasta su ejecución en la cruz.

Jesús no ha conocido una vida fácil ni tranquila. Ha vivido impulsado por el Espíritu, pero ha sentido en su propia carne las fuerzas del mal. Su entrega apasionada al proyecto de Dios le ha llevado a vivir una existencia desgarrada por conflictos y tensiones. De él hemos de aprender sus seguidores a vivir en tiempos de prueba.

«El Espíritu empuja a Jesús hacia el desierto»

No lo conduce a una vida cómoda. Lo lleva por caminos de pruebas, riesgos y tentaciones. Buscar el reino de Dios y su justicia, anunciar a Dios sin falsearlo, trabajar por un mundo más humano es siempre arriesgado. Lo fue para Jesús y lo será para sus seguidores.

«Se quedó en el desierto cuarenta días»

El desierto será el escenario por el que transcurrirá la vida de Jesús. Este lugar inhóspito y nada acogedor es símbolo de pruebas y dificultades. El mejor lugar para aprender a vivir de lo esencial, pero también el más peligroso para quien queda abandonado a sus propias fuerzas.

«Tentado por Satanás»

Satanás significa «el adversario, la fuerza hostil a Dios y a quienes trabajan por su reinado. En la tentación se descubre qué hay en nosotros de verdad o de mentira, de luz o de tinieblas, de fidelidad a Dios o de complicidad con la injusticia.

A lo largo de su vida, Jesús se mantendrá vigilante para descubrir a «Satanás» en las circunstancias más inesperadas. Un día rechazará a Pedro con estas palabras: «Apártate de mí, Satanás, porque tus pensamientos no son los de Dios». Los tiempos de prueba los hemos de vivir, como él, atentos a lo que nos puede desviar de Dios.

«Vivía entre alimañas y los ángeles le servían»

Las fieras, lo seres más violentos de la tierra, evocan los peligros que amenazarán a Jesús. Los ángeles, los seres más buenos de la creación, sugieren la cercanía de Dios, que lo bendice, cuida y sostiene. Así vivirá Jesús: defendiéndose de Antipas, al que llama «zorro», y buscando en la oración de la noche la fuerza del Padre.

Hemos de vivir estos tiempos difíciles con los ojos fijos en Jesús. Es el Espíritu de Dios el que nos está empujando hacia el desierto. De esta crisis saldrá un día una Iglesia más humana y más fiel a su Señor.

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 1º de Cuaresma 18 de febrero de 2018 – Koinonia

Gn 9,8-15: El pacto de Dios con Noé
Salmo 24: Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad
1Pe 3,18-22: Actualmente los salva el bautismo
Mc 1,12-15: Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían

Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

La primera lectura, Génesis 9, contiene la «alianza de Dios con Noé». La alianza famosa, la más importante, tendrá lugar más tarde, la alianza con Abraham. La Alianza con Noé pertenece a un segundo plano de “la economía de la salvación”. ¡Nunca más habrá diluvio para destruir la tierra!, le asegura Dios a Noé (Gn 9,11). Y esta promesa va acompañada de un memorial: el arco iris, señal del nuevo pacto entre Dios y la humanidad.

¡El miedo al “diluvio” ha sido quebrado! Ahora tenemos una nueva alianza a partir de una alternativa de vida para todos los seres vivientes. El arca que ha abrigado a la familia se transforma en una gran casa acogedora de la vida, en donde el cuidado con los animales se destaca de una manera especial (Gn 9,1-7). Es la casa de la vida que coloca al ser humano en comunión con la tierra, con la naturaleza, con el cosmos.

El río Jordán, el desierto, y la Galilea son como un mismo “hilo conductor” de un desplazamiento fundamental que da inicio al evangelio de Marcos. Ahí percibimos el movimiento del reino de Dios que nos invita a movilizarnos en búsqueda de nuestros propios “lugares del Reino” donde se concreten y desarrollen nuestras opciones por la vida, por la dignificación de las personas y de las comunidades.

El río Jordán evoca grandes y significativos hechos de la historia de Israel. El más importante, sin duda, cuando Josué y el grupo del desierto atraviesan el río para entrar en la tierra prometida (Jos 3-4). Relato de los orígenes de aquel proyecto de vida igualitaria revelado por Dios a los esclavos fugitivos de Egipto. A partir de esta memoria primordial, Juan el Bautista convoca al pueblo alrededor de una nueva esperanza mesiánica. Allí también acude Jesús, procurando “las aguas de Juan”.

El desierto es muy frecuentemente mediación de discernimiento, formación y maduración en el proyecto de Dios. Jesús es llevado por el Espíritu al desierto, lugar por excelencia donde Israel aprendió a ser pueblo. Sujeto y proyecto anudados alrededor de la memoria del éxodo dando inicio al evangelio de Jesús.

Galilea es el lugar donde Jesús concreta su opción de humanidad y de humanización. Esta geografía es para Jesús el espacio vital del Reino. Es un mar, una tierra y un pueblo abierto a las naciones del entorno. Las fronteras se “cruzan” dando lugar a la inclusión de lo diverso en múltiples “misturas”. Favorabilidad donde madura e irrumpe el kairós del reino de Dios.

El paso del Jordán al desierto, plantea la articulación de movimientos mesiánicos proféticos que tienen en esos lugares, sus fuentes de inspiración y de organización. La confrontación con Satanás, como principio cósmico del mal que Marcos lo vincula con la enfermedad, la marginación y la muerte de los pobres, será para Jesús la definición de su vida por la ruta del reino de Dios. El desierto deja de ser lugar de prueba y penitencia según la tradición judía, para convertirse en lugar de aprendizaje definitivo en la confrontación y el desequilibrio. El Espíritu de Dios lleva a Jesús hasta la memoria fundacional de Israel, donde, venciendo a Satán, la vida se torna en fidelidad hacia Dios y hacia lo humano.

El simbolismo de los “cuarenta” tiene que ver con el trauma del nuevo nacimiento. Los poderes de la historia se hallan enfrentados: Jesús como principio de la humanidad liberada desde Dios, y Satanás, que es signo y causa de la muerte en el mundo. Nos hallamos frente al relato de un nuevo origen. Marcos re-escribe la historia, llevándonos del agua del bautismo a la re-construcción de la humanidad, para decirnos que Jesús está ahí apostando por una opción de vida, dignidad y felicidad humana. Pero Jesús no asume el combate solitario. Está junto con los animales y los ángeles como evocando un nuevo paraíso. El servicio angélico comunica esperanza y porta salvación. Al retomar el “paraíso” para re-iniciar el camino de lo humano, Jesús cuenta con fuerzas naturales y angelicales (la tierra y el cielo) favorables. Jesús se encuentra entre la tentación satánica y el servicio angélico. Es el dilema que permanentemente enfrentaremos. Marcos ha evocado estos poderes como en un espejo para que podamos mirarnos en ellos. Nos ha dicho lo que es tentar y servir, nos ha arraigado en la “historia original”. Ya en la historia concreta esos actores sobrenaturales desaparecen y es cuando Jesús nos enseña a servir, sirviendo a su comunidad discipular.

Obviamente, los cuarenta días del desierto no desaparecen. Duran todo el evangelio, toda la vida. Son paradigma de la contradicción y el desequilibrio que permanentemente atraviesan la historia. En la trama de la vida humana se ha venido a introducir y decidir la trama de pecado y esperanza de todos los vivientes (incluidos los animales, los ángeles y los diablos).

En definitiva, la liturgia nos presenta este evangelio del comienzo del ministerio de Jesús, por paralelo con el comienzo de la cuaresma. La Cuaresma es la vida humana…

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 9 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1100009 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap09b.mp3

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo titulado «Biblia y ecología», el 90, que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en http://emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=180090

Un llamado a la conversión ecológica urgente

La primera lectura de este domingo da pie claramente a introducir el tema ecológico en la liturgia, concretamente en el tema de la conversión. Si el mensaje de este domingo primero de cuaresma lo centramos en la conversión, este texto nos da pie bíblico para incluir la dimensión ecológica en esa conversión hoy necesaria.

Es sabido que, aunque a los tres monoteísmos nos cuesta admitirlo, hoy es voz común en la sociedad que estas «religiones del libro» han tenido y todavía tienen muy poca sensibilidad ecológica. Más aún: la dimensión cultural de la explotación inmisericorde de la naturaleza, vista como mero objeto, como materia que comer o que explotar, cosificada, objetivada como mera despensa de recursos a nuestra disposición, no ha sido una invención humana ajena a lo religioso, sino que se apoya literalmente en las palabras del Génesis (1,26, ¡en el mismísimo primer capítulo de la Biblia!).

Y todo ello por el «antropocentrismo», un error de perspectiva del que la Biblia no nos liberó –sino que confirmó–, por el que nos hemos considerado el centro de la realidad y del cosmos. (Como diría el sofista griego Protágoras: «el ser humano es la medida de todas las cosas»). Puede ser importante recordar el famoso artículo de Lynn White «Raíces históricas de nuestra crisis ecológica» (publicado en la revista Science 155(1967) 1203-1207, accesible en http://latinoamericana.org/2010/info), en el que sostenía la tesis de que el cristianismo es «la religión más antropocéntrica de la historia». Muy grave acusación.

Un concepto nuevo, que especifica bien el del «antropocentrismo» es el del «especismo»: concretamente, resulta que nosotros somos la última especie, somos unos recién venidos al mundo, nos hemos convertido en una auténtica fuerza geológica, y nos consideramos los dueños y los protagonistas, postergando a todas las demás especies, considerándolas además de estatuto biológico y filosófico inferior. (Cfr. Pedro Ribeiro de Oliveira, Agenda Latinoamericana’2010, descargable en http://latinoamericana.org/digital).

La «alianza con Noé» es un pacto con el que, según la tradición recogida en el génesis, Dios quiere comprometerse con toda la humanidad y todo ser vivo, respecto a que no enviará ningún nuevo diluvio que destruya al ser humano ni a la vida sobre la faz de la tierra. El arco iris será su recordatorio para Dios, dice Gn 9,13.

Hoy es necesario otro pacto ecológico, una alianza de paz del ser humano con la naturaleza, para dejar de agredirla y de destruirla, para pasar a una actitud de cuidado y de responsabilidad.

Hay que superar la postura tradicional de «concordismo bíblico», por el que pensamos que todo lo bueno que vayamos descubriendo o madurando… ya estaba previamente en la Biblia, aunque hubiéramos pasado veinte siglos sin percibirlo… La dimensión ecológica que hoy estamos descubriendo no está en la Biblia. Más: en la Biblia están fundamentadas actitudes que hoy nos parecen ecológicamente irresponsables, incluso antiecológicas. La Biblia fue escrita en una época sin perspectiva ecológica, y por eso es que en la liturgia y en el año litúrgico está tan ausente la ecología. Es necesario «forzar» adecuadamente la situación para introducir el tema, por la urgencia del mismo.

En este momento, aumentar la conciencia de la responsabilidad ecológica de la humanidad, sobre todo de cara a la urgencia de evitar el «punto de no retorno» que se aproxima peligrosamente según todos los cálculos, es uno de los deberes máximos del cristiano y de todo simple ser humano consciente. Si la Humanidad no toma urgentemente una nueva actitud, peligra su misma supervivencia. Y aunque cambiemos mañana mismo, los destrozos que hemos causado ya en el planeta resultan irreversibles, y los vamos a pagar caro, durante mucho tiempo.

Es importante que la conversión de que nos habla la cuaresma incluya la conversión ecológica. ¿Por qué no orientar ecológicamente este año toda la cuaresma?

 

Domingo 6º Tiempo ordinario – Fray Marcos

Liberar a los demás es siempre arriesgarse

(Lv 13,1-2.44-46) El sacerdote le declarará impuro de lepra en la cabeza.

(1Cor 10,31-11,1) No deis motivo de escándalo a judíos ni a griegos ni a la Iglesia.

(Mc 1,40-45) Si quieres puedes limpiarme… Lo tocó y dijo: Quiero: queda limpio.

Liberar a los demás es siempre arriesgarse. Siempre que queremos ayudar evitando el compromiso y el riesgo, estamos falseando el amor.

Seguimos en el primer capítulo de Mc. Después de un enunciado general, que resume su habitual manera de actuar, (fue predicando por las sinagogas y expulsando demonios), nos narra la curación de un leproso. El leproso no tiene nombre. Tampoco se habla de tiempo y lugar determinados. Se advierte una falta total de lógica narrativa. Apenas ha pasado un día de la predicación de Jesús y ya le conocen hasta los leprosos que vivían en total aislamiento.

La primera lectura es suficientemente expresiva. La lepra era el motivo más radical de marginación. Lo que se entendía por lepra en la antigüedad no coincide con lo que es hoy esa enfermedad concreta. Más bien se llamaba lepra a toda enfermedad de la piel que se presentara con un aspecto más o menos repugnante. Tanto la lepra como las normas sobre la enfermedad no son originales del judaísmo. Esas normas nos parecen hoy inhumanas, pero debían defenderse de una enfermedad que podía causar estragos en una población.

Se trataba de salvaguardar la vida de la comunidad ante una enfermedad contagiosa y mortal. Sin la garantía de que era Dios el que lo mandaba, no hubiera tenido ningún efecto la prohibición. Por eso todas las normas se presentaban como recibidas de Dios, aunque fueran simplemente profilácticas. En una de las losas donde se encontró escrito el Código de Hammurabi, lo primero que aparece es la figura del rey recibiendo de Dios el escrito.

Se acercó, suplicándole de rodillas: Si quieres puedes limpiarme. Esta actitud indica a la vez valentía, porque se atreve a trasgredir la Ley, pero también el temor a ser rechazado precisamente por eso. Se puede descubrir una complicidad entre el leproso y Jesús. Los dos van más allá de la Ley. Uno por necesidad imperiosa, el otro por convicción profunda.

Sintiendo lástima. La devaluación del significado de la palabra “amor” nos obliga a buscar un concepto más adecuado para expresar esa realidad. En el NT, ‘compasivo’ se dice solo de Dios y de Jesús. La acción de Dios manifestada a través de los sentimientos humanos. La compasión era ya una de las cualidades de Dios en el AT. Jesús la hace suya en toda su trayectoria. Es una demostración de que para llegar a lo divino no hay que destruir lo humano. La compasión es la forma más humana de manifestar el amor.

Le tocó. El significado del verbo griego no es en primer lugar tocar sino sujetar, atar, enlazar. Este significado nos acerca más a la manera de actuar de Jesús. Quiere decir que no solo le tocó un instante, sino que mantuvo esa postura durante un tiempo. Teniendo en cuenta lo que acabamos de decir de la lepra, podemos comprender el profundo significado del gesto, suficiente, por sí mismo, para hacer patente la actitud vital de Jesús. No solo está por encima de la Ley sino que asume el riesgo de contraer la lepra.

Quiero… La simplicidad del diálogo esconde una riqueza de significados: Confianza total del leproso y respuesta que no defrauda. No le pide que le cure, sino que le limpie. Por tres veces se repite el verbo limpiar, verbo que significa también liberar. Nos está lanzando más allá de una simple curación. No solo desaparece la enfermedad, sino que le restituye en su plena condición humana: le devuelve su condición social y su integración religiosa. Vuelve a sentir la amistad de Dios, que era el valor supremo para todo buen judío.

Lo echó fuera… y cuando salió… La segunda parte del relato es de una gran importancia. Se supone que estaban en un lugar apartado del pueblo, sin embargo el texto griego dice literalmente: lo expulsó fuera, y del leproso dice: cuando salió. Una vez más nos está empujando a una comprensión espiritual. Jesús no quiere que continúe junto a él y lo despide inmediatamente; eso sí, con el encargo de no contarlo y de presentarse ante el sacerdote. Una vez más, manifiesta Mc el peligro de que las acciones de Jesús en favor del marginado fueran mal interpretadas.

¡Qué curioso! Jesús acaba de saltarse la Ley a la torera, pero exige al leproso que cumpla lo mandado por Moisés. Hay que estar muy atento para descubrir el significado. Jesús no está nunca contra la Ley, sino contra las injusticias y tropelías que se cometían en nombre de la Ley. Él mismo tuvo que defenderse: “no he venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud”. Jesús se salta la Ley cuando le impide estar a favor del hombre. Presentarse al sacerdote era el único modo que tenía el leproso de recuperar su estatus social.

El evangelio nos dice que las consecuencias de la proclamación, de hecho, fueron nefastas para Jesús. Si había tocado a un leproso, él mismo se había convertido en apestado. Y no podía ya entrar abiertamente en ningún pueblo. Las consecuencias de la divulgación del hecho podían también ser nefastas para el leproso. Era el sacerdote el único que podía declarar puro al contagiado. Los sacerdotes podían ponerle dificultades si tenían conocimiento de cómo se había producido la curación.

La lepra producía exclusión porque la sociedad era incapaz de protegerse de ella por otros medios. Hoy la sociedad sigue creando marginación por la misma razón, no encuentra los cauces adecuados para superar los peligros que algunas conductas sociales suponen para los instalados. No somos todavía capaces de hacer frente a esos peligros con actitudes humanas. A veces se toman medidas para aliviar la situación de los marginados, pero teniendo mucho cuidado de no cambiar la situación que supondría perder privilegios.

Jesús se pone al servicio del hombre sin condiciones. Lo que tenemos que hacer es servir a los demás como hace Jesús. Dios no tiene nada que ver con la injusticia, ni siquiera cuando está amparada por la ley humana o divina. Jesús se salta a la torera la Ley tocando al leproso. Ninguna ley humana, sea religiosa, sea civil, puede tener valor absoluto. Lo único absoluto es el bien del hombre. Pero para la mayoría de los cristianos sigue siendo más importante el cumplimiento de la ley que el acercamiento al marginado.

No creo que haya uno solo de nosotros que no se haya sentido leproso y excluido por Dios. El pecado es la lepra del espíritu, que es mucho más dañina que la del cuerpo. Es un contrasentido que, en nombre de Dios, nos hayan separado de Dios. El evangelio de Jesús es, sobre todo, buena noticia. El Dios de Jesús es Padre porque es Agape. De Él nadie se tiene que sentir apartado. La experiencia de ser aceptado por Dios es el primer paso para no excluir a los demás. Pero si partimos de la idea de un Dios que excluye, encontraremos mil razones para excluir en su nombre. Es lo que hoy seguimos haciendo.

Seguimos aferrados a la idea de que la impureza se contagia, pero el evangelio nos está diciendo que la pureza, el amor, la libertad, la salud, la alegría de vivir, también pueden contagiarse. Este paso tendríamos que dar si de verdad somos cristianos. Seguimos justificando demasiados casos de marginación bajo pretexto de permanecer puros. ¡Cuántas leyes deberíamos saltarnos hoy para ayudar a todos los marginados a reintegrarse en la sociedad y permitirles volver a sentirse seres humanos!

Meditación

El nuevo nombre del amor podría ser hoy compasión.

Todos los que encontramos en nuestro camino

esperan que sepamos hacer nuestros sus padecimientos.

Si fuésemos capaces de compadecernos, vendría el Reino.

Como limitados, necesitamos que los demás nos completen.

Como humanos, debemos volcarnos en los demás.

 

 

 

Urteko 6º igandea / Domingo 6º Tiempo ordinario – José A. Pagola

-B (Markos 1,40-45)

Evangelio del 11 /Feb / 2018

por Coordinador – Mario González Jurado

ZOKORATUEN ADISKIDE

Jesus oso sentibera zen bidean aurkitzen zuen sufrimenaren aurrean: gizartetik bazterturik, erlijioak mespretxaturik edota moralaz edo erlijioaz handiago sentitzen ziren sektoreek ukaturik ikusten zuen jendearen sufrimenaren aurrean.

Barrutik ateratzen zaio hori. Badaki Jainkoak ez duela inor negatiboki bereizten. Ez duela inor baztertzen, ez eskomikatzen. Ez dela jende onarena bakarrik. Guztiak dituela onartzen eta bedeinkatzen. Goizean goiz jaikitzeko ohitura zuen Jesusek, otoitz egiteko. Behin batean egunsentia nola ikusten zuen agertu zuen: «Jende onarentzat eta gaiztoarentzat aterarazten du Jainkoak eguzkia». Horrelakoa da bera.

Horregatik, batzuetan, indarrez eskatzen du gaitzespen guztiak etetea: «Ez juzkatu eta ez zaituztete juzkatuko». Beste batzuetan, parabola laburrak kontatzen ditu eskatzeko, ez dadila hasi inor «garia eta belar txarra» bereizten, guztien epaile gorena bailitzan.

Baina bere jarduera du gauzarik miresgarriena. Bekatariekin, prostitutekin eta gogaikarriekin otorduak egitea izan zen Jesusen ezaugarririk bereziena eta probokatzaileena. Ezohiko gauza zen hori. Inoiz ez zen ikusi Israel herrian «Jainkoaren gizaki» famako bat bekatariekin bizi-bizi jaten eta edaten.

Gidari erlijioso errespetagarrienek ezin jasan izan zuten hori. Oldarkor erreakzionatu zuten: «Horra tripazain eta mozkor bat, bekatarien adiskide bat». Jesusek ez zuen egin horren kontrako defentsarik. Egia zen. Bere hondoaren hondoenean errespetu handia eta adiskidetasun hunkigarria sentitzen zuen gizarteak edo erlijioak zokoratua zuen jendearekiko.

Markosek lepradun baten sendatzea dakar bere kontakizunean, baztertuekiko Jesusek zuen maitasuna azpimarratzeko. Paraje bakarti bat zeharkatzen ari da Jesus. Bat-batean, lepradun bat hurbildu zaio. Lagunik ez du. Bakardadean bizi da. Bere larruan du baztertuaren marka. Guztiengandik aparte bizitzera behartu dute legeek. Pertsona kutsatua da.

Belauniko, erregu apala egin dio Jesusi lepradunak. Zikin dakusa bere burua. Ez dio hitz egin bere gaixotasunaz. Estigma orotatik garbi izan nahi du: «Nahi baduzu, garbi nazakezu». Hunkitu egin da Jesus gizaki hura bere oinetan ikustean, desitxuratua gaixotasuna eta guztien baztertzea direla medio. Beste hainbat estigmatizaturen bakardadea eta etsia irudikatzen ditu gizon horrek. Jesusek «eskua luzatu du» haren larrua ukitu nahiz; «ukitu du» eta diotso: «Nahi dut. Izan zaitez garbi».

Ustezko geure goratasun moraletik gizatalde desberdinen bat (eskekoak, prostituituak, toxikomanoak, hiesdunak, etorkinak, homosexualak…) bereizten dugunean edota elkar bizitzatik baztertzen, geure harrera ona ukatuz, larriki ari gara geure burua urruntzen Jesusengandik.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain


AMIGO DE LOS EXCLUIDOS

-B (Markos 1,40-45)

Evangelio del 11 /Feb / 2018

Jesús era muy sensible al sufrimiento de quienes encontraba en su camino, marginados por la sociedad, olvidados por la religión o rechazados por los sectores que se consideraban superiores moral o religiosamente.

Es algo que le sale de dentro. Sabe que Dios no discrimina a nadie. No rechaza ni excomulga. No es solo de los buenos. A todos acoge y bendice. Jesús tenía la costumbre de levantarse de madrugada para orar. En cierta ocasión desvela cómo contempla el amanecer: «Dios hace salir su sol sobre buenos y malos». Así es él.

Por eso a veces reclama con fuerza que cesen todas las condenas: «No juzguéis y no seréis juzgados». Otras, narra una pequeña parábola para pedir que nadie se dedique a «separar el trigo y la cizaña», como si fuera el juez supremo de todos.

Pero lo más admirable es su actuación. El rasgo más original y provocativo de Jesús fue su costumbre de comer con pecadores, prostitutas y gentes indeseables. El hecho es insólito. Nunca se había visto en Israel a alguien con fama de «hombre de Dios» comiendo y bebiendo animadamente con pecadores.

Los dirigentes religiosos más respetables no lo pudieron soportar. Su reacción fue agresiva: «Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de pecadores». Jesús no se defendió. Era cierto, pues en lo más íntimo de su ser sentía un respeto grande y una amistad conmovedora hacia los rechazados por la sociedad o la religión.

Marcos recoge en su relato la curación de un leproso para destacar esa predilección de Jesús por los excluidos. Jesús está atravesando una región solitaria. De pronto se le acerca un leproso. No viene acompañado por nadie. Vive en la soledad. Lleva en su piel la marca de su exclusión. Las leyes lo condenan a vivir apartado de todos. Es un ser impuro.

De rodillas, el leproso hace a Jesús una súplica humilde. Se siente sucio. No le habla de enfermedad. Solo quiere verse limpio de todo estigma: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús se conmueve al ver a sus pies a aquel ser humano desfigurado por la enfermedad y el abandono de todos. Aquel hombre representa la soledad y la desesperación de tantos estigmatizados. Jesús «extiende su mano» buscando el contacto con su piel, «lo toca» y le dice: «Quiero, queda limpio».

Siempre que discriminamos desde nuestra supuesta superioridad moral a diferentes grupos humanos (vagabundos, prostitutas, toxicómanos, psicóticos, inmigrantes, homosexuales…) y los excluimos de la convivencia negándoles nuestra acogida nos estamos alejando gravemente de Jesús.

José Antonio Pagola

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo 6º Tiempo ordinario 11 de febrero de 2018 – Koinonia

Lev 13,1-2.44-46: El leproso vivirá solo fuera del campamento
Salmo 31: Tú eres mi refugio; me rodeas de cantos de liberación
1Cor 10,31–11,1: Sigan mi ejemplo como yo sigo el de Cristo
Mc 1,40-45: Se le quitó la lepra y quedó limpio

La lepra se le quitó, y quedó limpio

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

En el evangelio de Marcos que hoy leemos, Jesús se encuentra con un leproso arriesgado que se atreve a romper una norma que lo obligaba a permanecer alejado de la ciudad. Esta norma es la que nos recuerda la primera lectura, del Levítico.

En la tradición judía (primera lectura) la enfermedad era interpretada como una maldición divina, un castigo, una consecuencia del pecado de la persona enferma –¡o de su familia!–. Porque entonces se la consideraba contagiosa, la lepra común estaba regulada por una rígida normativa que excluía a la persona afectada de la vida social. (Ha durado muchos siglos la falsa creencia de que la lepra fuese tan fácilmente contagiable). El enfermo de lepra era un muerto en vida, y lo peor era que la enfermedad era considerada normalmente incurable. Los sacerdotes tenían la función de examinar las llagas del enfermo, y en caso de diagnosticarlas efectivamente como síntomas de la presencia de lepra, la persona era declarada «impura», con lo que resultaba condenada a salir de la población, a comenzar a vivir en soledad, a malvivir indignamente, gritando por los caminos «¡impuro, impuro!», para evitar encontrarse con personas sanas a las que poder contagiar. En realidad, todo el sistema normativo religioso generaba una permanente exclusión de personas por motivos de sexo, salud, condición social, edad, religión, nacionalidad.

Este hombre, seguramente cansado de su condición, se acerca a Jesús y se arrodilla, poniendo en él toda su confianza: «si quieres, puedes limpiarme». Jesús, se compadece y le toca, rompiendo no sólo una costumbre, sino una norma religiosa sumamente rígida. Jesús se salta la ley que margina y que excluye a la persona. Jesús pone a la persona por encima de la ley, incluso de la ley religiosa. La religión de Jesús no está contra la vida, sino, al contrario: pone en el centro la vida de las personas. La vida y las personas por encima de la ley, no al revés.

Jesús le pide silencio (es el conocido tema del «secreto mesiánico», que todavía hoy resulta un tanto misterioso), y le envía al sacerdote como signo de su reinclusión en la dinámica social, «para que sirva de testimonio» de que Dios desea y puede actuar aun por encima de las normas, recuperando la vida y la dignidad de sus hijos e hijas. Pero este hombre no hace caso de tal secreto, rompe el silencio, y se pone a pregonar con entusiasmo su experiencia de liberación. No parece servirse de la mediación del sacerdote o de la institución del templo, sino que se auto-incluye y toma la decisión autónoma de divulgar la Buena Noticia. Esto hace que Jesús no pueda ya presentarse en público en las ciudades sino en los lugares apartados, pues al asumir la causa de los excluidos, Jesús se convierte en un excluido más. Sin embargo, allí a las afueras, está brotando la nueva vida y quienes logran descubrirlo van también allí a buscar a Jesús.

Es una página recurrente en los evangelios: Jesús cura, sana a los enfermos. No sólo predica, sino que cura («no es lo mismo predicar que dar trigo», dice el refrán). Palabra y hechos. Decir y hacer. Anuncio y construcción. Teoría y praxis. Liberación integral: espiritual y corporal. Y ésa es su religión: el amor, el amor liberador, por encima de toda ley que aliene. La ley consiste precisamente en amar y liberar, por encima de todo.

La segunda lectura, que sigue, como siempre, un camino independiente frente a la relación entre la primera y la tercera, es un bello texto de Pablo que habla de la integralidad de la espiritualidad. La espiritualidad no es tan «espiritual»; de alguna manera es también «material». Hay que recordar que la palabra «espiritualidad» es una palabra desafortunada. Tenemos que seguir utilizándola por lo muy consagrada que está, pero necesitamos recordar que no podemos aceptar para su sentido etimológico. No queremos ser «espirituales» si ello significara quedarnos con el espíritu y despreciar el cuerpo o la materia.

Pablo está en esa línea: «ya sea que comáis o que bebáis o que hagáis cualquier otra cosa…». No sólo las actividades tradicionalmente tenidas como religiosas, o espirituales, tienen que ver con la espiritualidad, sino también actividades muy materiales, preocupaciones muy humanas, como el comer y beber, o cualquier otra actividad de nuestra vida, pueden, deben ser integradas en el campo de nuestra espiritualidad (que ya no resultará pues «solamente espiritual»). Nuestra vida de fe puede y debe santificar toda nuestra vida humana, en todas sus preocupaciones y trabajos, no sólo cuando tenemos la suerte de poder dedicar nuestro tiempo a actividades «estrictamente religiosas», como podrían ser la oración o el culto.

El Concilio Vaticano II insistió mucho en esto: «todos estamos llamados a la santidad» (cap. V de la Lumen Gentium). No hay unos «profesionales de la santidad» (cap. VI ibid.), algunos que estarían en un supuesto «estado de perfección», mientras los demás tendrían que atender a preocupaciones muy humanas… No. Todos estamos llamados elevar nuestros trabajos, tareas, preocupaciones humanas… «nuestra propia existencia» a la categoría de «culto agradable a Dios» (como dirá Pablo en Rom 12,1-2). Podemos ser muy «espirituales» (con reservas para esta palabra de resabios greco-platónicos) y santificarnos aun en lo más «material» de nuestra vida.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 20 de la serie «Un tal Jesús», titulado «Un leproso en el barrio», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1100020 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap20b.mp3

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, varios capítulos que podrían ser útiles para suscitar un diálogo-debate sobre varios temas suscitados por la lecturas de hoy. Se puede ojear el índice de la serie para escoger uno adecuado para la comunidad, aquí: http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=100

 

Domingo 5º Tiempo ordinario – Fray Marcos

Liberarte y liberar, claves de la vida espiritual

(Job 7,1-7) Mis días corren más que la lanzadera y se consumen sin esperanza.

(1 Cor 9,16-23) ¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!

(Mc 1,29-39) De madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.

Liberarte y liberar, claves de la vida espiritual. Es lo que hizo  Jesús; liberarse por la oración y ayudar a los demás a liberarse.

Recuerda que los evangelios no son crónicas de sucesos. Son teología narrativa. No tiene ninguna importancia que las palabras de Jesús sean exactamente las que él pronunció; ni que los hechos narrados hayan acontecido así. Lo importante es el mensaje que quieren trasmitirnos y que seamos capaces de traducirlo a nuestro lenguaje, siempre relativo, de manera que lo podamos entender hoy. Para ello es imprescindible que nos coloquemos en el ambiente de aquella época y conozcamos las características de aquella cultura.

Seguimos en el primer día de la actuación de Jesús. Mc intenta perfilar a grandes rasgos y con firmes trazos la figura de Jesús. Se trata de un montaje programático para dejar muy clara la manera habitual que tenía Jesús de desarrollar su ministerio. No podemos desligar la perícopa que hemos leído hoy de la del domingo pasado. Ambas forman un todo teológico progresivo, que empieza en la sinagoga y termina orando solo en descampado. Allí consigue reavivar la experiencia de Dios, que le permite hablar y actuar con autoridad.

El paso de la sinagoga a la casa, y después a la calle, nos dice que Jesús lleva la salvación a todos los lugares en donde se desarrolla la vida y a todas las personas que tienen necesidad de liberación. Con toda naturalidad se nos habla de la suegra de Pedro, aunque nunca se hable de la esposa. En aquella sociedad era impensable el estado de soltero, y Jesús nunca cuestionó las normas existentes con relación a la sexualidad, al matrimonio o a la familia. Los cambios que después se produjeron no se pueden vender como mensaje evangélico.

La cogió de la mano y la levantó. La palabra  para decir “estaba postrada”, puede significar enfermedad o muerta; en cualquier caso, falta de vida. También para decir que la levantó, Mc emplea una palabra que puede significar levantar o resucitar. Está claro que Mc quiere dar un doble sentido a las dos palabras, más allá del sentido material.

Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Jesús cura para que la mujer pueda servir. En el mundo griego, el servicio (diakonía) se consideraba una deshumanización. En las primeras comunidades cristianas, era el signo de seguimiento de Jesús. El verbo que se utiliza en griego es “servía a la mesa”. Los cristianos eligieron precisamente la palabra “diakonía” para expresar el nuevo fundamento de las relaciones humanas en la comunidad. El mismo Jesús dirá que no ha venido a ser servido sino a servir.

Al anochecer… Nos está indicando que los que se admiraban de las palabras y obras de Jesús eran judíos y no habían superado la dependencia de la Ley, que era la causa de la opresión. Al ponerse el sol terminaba el sábado y la obligación de descanso. Por lo tanto, ya podían ellos llevar a los enfermos y Jesús curarlos sin faltar al primer precepto de la Ley.

Curó a muchos y expulsó muchos demonios. Todos buscan a Jesús para ser curados. Aquí debemos hacer una profunda reflexión. En todos los evangelios se comienza con un éxito espectacular de la predicación de Jesús. Más tarde se verá que no les interesa nada más que ese beneficio material de ser atendidos en sus necesidades.

Se marcha a descampado y allí se puso a orar. En muchos lugares de los cuatro evangelios se dice lo mismo: «Se levantó de madrugada, se fue a un descampado y allí se puso a orar». «Pasó la noche en oración». «Por la mañana estaba allí sólo».  Es la clave de la vida de Jesús. Realmente necesitaba orar como verdadero ser humano que era. Descubrir lo que era su Abba para él fue la clave de su espiritualidad. Esto solo se puede hacer apartándose del bullicio de la gente y en silencio.

El domingo pasado decía el evangelio que hablaba con autoridad, no como los letrados. La clave está en este descubrimiento continuado de la presencia de Dios en él. A pesar de la absorben­te actividad, encontraba tiempo para estar a solas consigo mismo y cargar las pilas. Los evangelios nos dicen que también iba a la sinagoga y al templo, pero el verdadero encuentro con Dios lo realizaba a solas y en medio de la naturaleza.

¡Todo el mundo te busca! En el relato encontramos tres exageraciones intencionadas: todo el mundo te busca; la población entera; todos los enfermos y poseídos. Los discípulos están en la misma dinámica que la gente. No quieren que su Maestro pierda la ocasión de afianzar su prestigio (poder). Jesús sabía muy bien lo que tenía que hacer: “Vámonos a otra parte”. En el principio del relato se habló por dos veces de su enseñanza. Ahora dice  predicar (de donde viene kerigma, concepto clave de la primera comunidad).

Todos los evangelios empiezan constatando la euforia con que la gente sigue a Jesús. Pero pronto se va apoderando de ellos primero la decepción, después el abandono y finalmente la oposición total. En Jn este proceso se escenifica de manera genial en el capítulo 6, después de la multiplicación de los panes, cuando quieren hacerle rey y terminan abandonándole todos diciendo: “¿quién puede hacerle caso?” El por qué de esta actitud es claro: buscan ser curados, liberados, queridos; no están interesados en curar, servir y amar.

Si tomásemos conciencia de este cambio en la gente comprenderemos dónde falla nuestro cristianismo. La respuesta está en el relato de la curación de la suegra de Pedro. Jesús cura para que seamos capaces de servir. Esto es precisamente lo que no nos gusta. Cuando Jesús va dejando claro que Dios no es un tapagujeros, que su predicación lo que persigue es cambiar las actitudes fundamentales del ser humano y convertirle en libre servidor en vez de opresor, la gente empieza a sentirse incómoda y le abandona sin contemplaciones.

El evangelio no habla de resignación ante cualquier clase de dolor, sea físico, sea psíquico, sea moral. Pero no identifica la salvación con la supresión del dolor. Todo lo contrario, afirma expresamente que la verdadera salvación puede alcanzarla todo hombre a pesar del mal que nos rodea (bienaventuranzas). Siempre que se pueda se debe suprimir, pero la victoria contra el mal no está en suprimirlo sino en evitar que te aniquile.

La solución al problema vital del hombre no puede venir de fuera, la tenemos que encontrar dentro. Solo un conocimiento de lo hondo del ser nos descubrirá lo que somos. El hombre tiene que aceptar sus limitaciones. Pero solo lo conseguirá descubriendo que esas limitaciones no le impiden alcanzar su plenitud. Conocerme a mí mismo es conocer a Dios como fundamento de mi propio ser. Ser fiel a sí mismo es la única manera de ser fiel a Dios.

El fallo del cristianismo fue convertir la buena noticia del evangelio en una religión. Jesús quiso liberar al ser humano de todo lo que le impide ser él mismo, incluida la religión. Jesús nos quiso enseñar cómo ser libres a pesar de los problemas y aunque no se resuelvan. Hay problemas que no tienen solución, pero una vida más humana siempre es posible. El esperar que cambien las circunstancias adversas para sentirme bien es señal de pobre hedonismo.

 

Meditación

No puede haber espiritualidad sin verdadera contemplación.

No se trata de “rezar”, sino de fundirse con el Abba.

Lo que te cambiará será la conexión con lo Absoluto que hay en ti.

El conseguir la conexión puede llevar horas, días o años.

El quedar impregnados de Dios,

es cuestión de un instante.

 

 


 

Urteko 5º igandea / Domingo 5º Tiempo ordinario – José A. Pagola

-B (Markos 1,29-39)

Evangelio del 4 /Feb / 2018

por Coordinador – Mario González Jurado

GURE ETXEKO ATEAN

Kafarnaumgo sinagogan, espiritu gaiztoak hartua den gizon bat sendatu du Jesusek goizean. Orain, ebanjelariak diosku, «sinagogatik» irtenik, Simonen eta Andresen «etxerantz» doala. Adierazpen hau garrantzizkoa da, zeren, Markosen ebanjelioaren baitan, etxe honetan gertatzen denak badu beti irakaspen bat kristau-elkarteentzat.

Judu-erlijioaren leku ofizial den sinagogatik, etxera doa Jesus, non eguneroko bizitza maiteenak dituen pertsonen ondoan bizi ohi baita. Etxe horretan joanen da garatzen Jesusen familia berria. Kristau-elkarteek gogoratu behar dute, ez direla legea bizi den leku erlijioso, baizik eta Jesusen inguruan modu berrian nola bizi ikasten den sutondo.

Etxean sartzean, Simonen amaginarrebaz hitz egin diote ikasleek. Ezin atera izan zaio hura atera, ongietorri egitera, gaixo baitago ohean sukarrez. Jesusek ez du besterik behar izan. Bigarren aldiz hautsiko du larunbata egun berean. Jendearen bizitzak du axola harentzat, eta ez erlijio-betebeharrak. Xeheki deskribatu du kontakizunak gaixo den emakumearekin egin dituen keinu guztiak.

«Hurbildu zitzaion». Beti egin ohi duen lehenengo gauza da: sufritzen ari denagana hurbildu, hari aurpegira hurbiletik begiratu, haren sufrimena partekatu. Gero, «eskutik hartu zuen». Emakumea ukitu du. Ez zaio axola hori egitea debekatzen duen garbitasun-araua. Emakume horrek bere ahalmen sendatzailea senti dezan nahi du. Azkenik, «jaikiarazi zuen», zutik jarraraziz eta beraren duintasuna itzuliz.

Horrela egon ohi da Jesus beti bereen artean: gu jaikiarazteko eskua luzatuz, bizia arnasten digun hurbileko adiskide bezala. Zerbitzari izan nahi du beti Jesusek soil-soilik, eta ez zerbitza dezaten. Horregatik, sendatua izan den emakumea ere guztiei «zerbitzatzen» hasi da; Jesusengandik ikasi du. Jesusen jarraitzaileok elkar onartuz eta elkar zainduz behar dugu bizi.

Alabaina, oker handia izango litzateke pentsatzea, kristau-elkarteak bere kideez bakarrik arduratuz bizi daitekeen familia dela, eta besteen sufrimenaz axolatu gabe. Kontakizunak dio ezen, egun horretan berean, «eguzkia sartzean», larunbata bukatua denean, klase guztietako gaixoak eta gaitzen batek jotakoak daramazkiotela Jesusi.

Buruan ondo sartu beharko genuke kristauek pasadizo hau. Gauaren iluna iristean, populu guztia «pilatu da ate aurrean» beren gaixoekin. Sufritzen ari direnen begiak eta esperantza Jesus dagoen etxeko atearen bila doaz. Orduan bakarrik erakartzen du Elizak sufritzen ari den jendea egiaz: barruan bizitza sendatzen eta sufrimena arintzen ari den Jesus aurkitzen duenean. Gure elkarteen ateetan jende asko ari da sufritzen. Ez dezagula ahantzi.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

A LA PUERTA DE NUESTRA CASA

-B (Markos 1,29-39)

Evangelio del 4 /Feb / 2018

En la sinagoga de Cafarnaún, Jesús ha liberado por la mañana a un hombre poseído por un espíritu maligno. Ahora se nos dice que sale de la «sinagoga» y marcha a la «casa» de Simón y Andrés. La indicación es importante, pues en el evangelio de Marcos lo que sucede en esa casa encierra siempre alguna enseñanza para las comunidades cristianas.

Jesús pasa de la sinagoga, lugar oficial de la religión judía, a la casa, lugar donde se vive la vida cotidiana junto a los seres más queridos. En esa casa se va a ir gestando la nueva familia de Jesús. En las comunidades cristianas hemos de saber que no son un lugar religioso donde se vive de la Ley, sino un hogar donde se aprende a vivir de manera nueva en torno a Jesús.

Al entrar en la casa, los discípulos le hablan de la suegra de Simón. No puede salir a acogerlos, pues está postrada en cama con fiebre. Jesús no necesita de más. De nuevo va a romper el sábado por segunda vez el mismo día. Para él, lo importante es la vida sana de las personas, no las observancias religiosas. El relato describe con todo detalle los gestos de Jesús con la mujer enferma.

«Se acercó». Es lo primero que hace siempre: acercarse a los que sufren, mirar de cerca su rostro y compartir su sufrimiento. Luego «la cogió de la mano»: toca a la enferma, no teme las reglas de pureza que lo prohíben; quiere que la mujer sienta su fuerza curadora. Por fin «la levantó», la puso de pie, le devolvió la dignidad.

Así está siempre Jesús en medio de los suyos: como una mano tendida que nos levanta, como un amigo cercano que nos infunde vida. Jesús solo sabe de servir, no de ser servido. Por eso la mujer curada por él se pone a «servir» a todos. Lo ha aprendido de Jesús. Sus seguidores hemos de vivir acogiéndonos y cuidándonos unos a otros.

Pero sería un error pensar que la comunidad cristiana es una familia que piensa solo en sus propios miembros y vive de espaldas al sufrimiento de los demás. El relato dice que ese mismo día, «al ponerse el sol», cuando ha terminado el sábado, le llevan a Jesús toda clase de enfermos y poseídos por algún mal.

Los seguidores de Jesús hemos de grabar bien esta escena. Al llegar la oscuridad de la noche, la población entera, con sus enfermos, «se agolpa a la puerta». Los ojos y las esperanzas de los que sufren buscan la puerta de esa casa donde está Jesús. La Iglesia solo atrae de verdad cuando la gente que sufre puede descubrir dentro de ella a Jesús curando la vida y aliviando el sufrimiento. A la puerta de nuestras comunidades hay mucha gente sufriendo. No lo olvidemos.

José Antonio Pagola