Javier Aísa. Área internacional de Ipes
La dictadura más oscura del sudeste asiático se llama Myanmar. Es la denominación de Birmania desde 1987, impuesta con el objetivo de expresar una pureza identitaria, que permitiera a las autoridades militares sumar simpatizantes reivindicando un anticolonialismo interesado. En este mes de mayo – aniversario de la catástrofe del ciclón Nargis – a la ineficacia y dejadez del Gobierno en aquella tragedia se ha sumado una nueva vuelta de tuerca en la represión a los opositores. La líder de la Liga Nacional Democrática, Aung San Suu Kyi (premio Nobel de la Paz, Premio Sajarov y Premio Catalunya 2008) ha sido trasladada a la cárcel de Insein, tras suspenderse su arresto domiciliario con un pretexto tramposo. La señora Suu Kyi lleva 13 años y 202 días presa y debía quedar libre el 27 de mayo, según las mismas leyes birmanas. Ahora está siendo juzgada por reclamar la democracia. El propósito de la Junta es prolongar la detención de Kyi con la intención de impedir su posible candidatura en las próximas elecciones de 2010.