José María Castillo, teólogo
Teología sin censura
Dos indicaciones previas: 1) Tengo el blog algo abandonado. Y pido disculpas por ello. El motivo principal está en que, como es sabido, la Universidad de Granada me ha concedido el Doctorado Honoris Causa. Y eso me ha obligado a tener que escribir el discurso de investidura. 2) Además, mañana tengo que viajar a Italia donde tendré varias conferencias. Espero recuperar, a partir del día 22, la normalidad de mis actividades. Agradezco a quienes me han felicitado por la distinción que la Universidad me ha concedido.
Hablar de la humanidad de Jesús no es sólo referirse a su sensibilidad o benignidad. Ni, por supuesto, se trata únicamente de afirmar su naturaleza humana. Desde el punto de vista de la teología cristiana, lo más importante, que hay que decir sobre la humanidad de Jesús, es que en ella encontramos el único medio, que tenemos los seres humanos, para conocer a Dios. De tal forma que es precisamente en la condición humana de Jesús donde podemos conocer quién es Dios y cómo es Dios. Más aún, es en la entrañable humanidad de Jesús donde comprendemos la profunda y desconcertante humanidad de Dios.
Para entender lo que acabo de decir, lo primero es tener claro lo que significa la trascendencia de Dios. Por definición, Dios es el Trascendente, es decir, trasciende todo cuanto pertenece a la capacidad humana. O sea, Dios está más allá del límite último de nuestra posibilidad de conocer, es decir, está fuera del campo inmanente de la nuestra capacidad de conocimiento. Por eso lo propio de Dios es la trascendencia, mientras que lo propio del ser humano es la inmanencia.