JOSE MANUEL BERNAL
RELIGIÓN DIGITAL
La piedad popular ha rodeado la fiesta del Corpus de un brillo especial, de un fervor popular desbordante que ha logrado calar hasta las mismas entrañas de la tradición católica española. Siempre recuerdo aquello de «tres jueves hay en el año que relumbran más que el sol». Uno de los tres es la fiesta del Corpus.
Este halo de grandeza incuestionable y de colorido que rodea a la fiesta me resulta incómodo y merma la soltura con que yo quisiera contemplarla críticamente. Por otra parte, también me merece un gran respeto la autoría de los textos de oración debidos a la pluma del santo dominico fray Tomás de Aquino. La calidad de los mismos salta a la vista. Observo que el santo, al referirse a la fiesta, en la oración colecta de la misa no sólo habla del «corpus», sino de los «misterios de su cuerpo y de su sangre». Es un matiz que en ningún caso podría escapar al olfato teológico del santo dominico. Leer más
Hubo un tiempo en que se creía que el sol era un ser divino. Los antiguos entendían de esa manera a ese «ser» que se escondía cada noche y reaparecía cada nuevo amanecer para llenarles de luz y vida. Muchas culturas así lo pensaban y le dedicaron un verdadero culto. Construyeron templos y elaboraron incluso diversas teologías. Aunque parezca absurdo, mucho de lo que decían y hacían eran fruto de la observación y del sentido común. No hay más que leer el himno a Aton (el disco solar) escrito por el faraón Akhenatón. Está lleno de sensibilidad, y de una profunda espiritualidad.
Los problemas sociales que estamos viviendo en España en estos últimos meses son dramáticos: aumento del número de parados con previsiones (según el Gobierno) de llegar a 6000000 a finales de año.