FE ADULTA
Enrique Martínez Lozano
La mirada del yo no se caracteriza por el asombro ni la admiración, sino más bien por el interés y la comparación. El motivo es que el yo, carente de sustancia propia, únicamente puede vivir apropiándose de algo, con lo que se identifica.
Como vacío que es, su funcionamiento está marcado por la insatisfacción y la necesidad de reconocimiento. Aquélla le hace vivir constantemente proyectado hacia el futuro, cargado de ansiedad, en una expectativa incesante; ésta le lleva a girar sobre sí mismo, en un movimiento egocéntrico, desde el que los otros son fácilmente percibidos como rivales.
En cualquier caso, se halla demasiado atrapado por sus propias necesidades, como para poder vivir la gratuidad, la desapropiación, el asombro, la alegría compartida y el amor desinteresado.