El evangelio del domingo pasado (Mt 25, 31-46) llama “benditos de mi Padre Dios” (bienaventurados) a los que saben compartir la vida con los demás: dan de comer al hambriento, acogen al exilado, ayudan al enfermo y al encarcelado.
Por el contrario, los malditos del fuego eterno (¡no malditos de Dios!) a los que se cierran en sí mismo y no acogen al pobre, no comparten la vida con el exilado y el desnudo, no visitan y acompañan al enfermo y al encarcelado.
Desde ese fondo se entienden estas bendiciones y maldiciones (bienaventuranzas y malaventuranzas) del hombre moderno, del siglo XXI.
Gracias, Pedro, por tu aportación. Lean y opinen los amigos del blog.
BENDICIONES DEL SIGLOS XXI Leer más









