Vicente Martínez
FE ADULTA
A la mayoría de los creyentes –y no creyentes también- nos duele hoy el cristianismo, como a Ortega y Gasset le dolía España.
Un cristianismo teológicamente tuneado apenas inaugurada la Factoría Ecclesia en los primeros siglos de nuestra era. Nada digno de escándalo, por otra parte, como se puede apreciar en el censo de todos los Panteones de cuantas Factorías Teístas en el mundo han sido. Conferir nombres y atributos a los dioses era un modo de otorgarse dominio sobre ellos: “Adán puso nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo”, relata el Génesis. Y luego Adán –los hombres- han continuado con esta práctica de nominación y de poder hasta nuestros días.
Y así, el Dios de Todos y de Todo, sujeto de una Espiritualidad y de una Mística ecuménica, se torna objeto de deseo de toda Religión. Pierde entonces su carácter de Patrimonio Universal de la Humanidad y queda sometido a los estrechos límites de una visión cultural castrante de la espiritualidad, aunque por su naturaleza sin fronteras espacio-temporales.