Una de las derivadas de la crisis económica es la de haber reforzado la percepción crítica de la gente corriente respecto de la actividad bancaria y financiera y de los “principios” máximos de la economía. Y, al mismo tiempo, haber instalado en la sociedad una sensación de enorme vulnerabilidad frente a la economía y las finanzas, con una notable comprensión de cualquier recorte.