Los jóvenes españoles están en apuros porque la opinión que tienen de los hombres públicos es "deplorable". Tampoco se libran de la quema los eclesiásticos católicos, que están incluso peor valorados que los parlamentarios. Iglesia, grandes empresas, Sindicatos, Corona y Parlamento del Estado son, por este orden, las instituciones que merecen menos confianza.