Los ingenieros de las almas tienen motivos de preocupación. Hace 15 años, más del 80% de los españoles se declaraban católicos y únicamente poco más del 10% se confesaban no creyentes o ateos. A día de hoy, la tasa de católicos ha caído al 73%, mientras que la cifra de no creyentes supera el 22%.
Eso sí, en medio de ese panorama de apatía espiritual colectiva, se intuye un reforzamiento en las convicciones de quienes se declaran católicos. Una cifra indirecta pero significativa así lo refleja: en el año 2002, menos del 20% pensaba que la Iglesia da respuestas adecuadas a los problemas de la vida familiar; en el 2008, en cambio, esa cifra había crecido en siete puntos y alcanzaba al 26%.