"Crear fraternidad es crear Evangelio". La plaza de la Puerta del Sol de Madrid (y las calles aledañas) estaba a rebosar. Y, de pronto, antes de las doce se hizo el silencio. Un silencio profundo, casi de oración. Y al rato, estalló el silencio en un grito: "El pueblo unido jamás será vencido". Y así, repetidamente. Gritos y silencios. Silencios y gritos. En un clima de fiesta y de ilusión.