El obispo de Córdoba le ha declarado la guerra a la Unesco. Monseñor Fernández se suma así a grandes personalidades de la política mundial como el presidente Reagan, la primera ministra británica Thatcher, o el senador McCarthy. Cuando abandonaron la Unesco en 1984 lo hicieron con el argumento de que aquello era un nido de rojos.
Monseñor no es un dechado de perspicacia en materias terrenales o estratégicas; por ejemplo, prefirió la gran caja andaluza rota, antes que roja, aunque acabó poniendo Cajasur en manos de un ateo.
Su inquina contra los homosexuales es un perfecto despropósito. Este obispo, empeñado en salir en los titulares, aunque sea bien, se atreve a pontificar sobre el amor, el placer y el sexo. Tarea quizá excesiva para un célibe.