¿Por qué ahora? ¿Por qué en L’Osservatore?

Benedicto XVI ha conseguido, por primera vez en dos años, volver a "marcar agenda". Una sola frase dentro de un libro, que no puede considerarse magisterio, hace que todo el mundo hable de ello. Sólo se habla de la puerta abierta de la Iglesia a la prevención del sida, y todo son alabanzas.

La jugada ha salido maestra, al menos por el momento: El Papa fulmina de un plumazo cualquier intento por criticar sus medidas contra la pederastia entre los propios cardenales, mejora indubitablemente su imagen ante la sociedad civil -vean las reacciones de la práctica totalidad de los gobiernos o Naciones Unidas- pese a quien pese, sigue siendo un referente mundial.