* DOMINGO XXXII T.O. – A– (NOVIEMBRE 6 de 2011) *
La fidelidad al Señor no es cuestión de unas horas sino de toda la vida, necesitamos proveemos de aceite que nutra la llama de nuestra fe para que la rutina, el aburrimiento, el cansancio y el desencanto no la apaguen. Además de un aceite que es personal para descubrir en nuestro vivir por donde aparece el Señor en medio de lo que parece ser “noche cerrada”.
* ORACIÓN
* Señor, Tú no nos llamas a iluminar las sombras con frágiles lámparas que se apagan por falta de aceite y en la oscuridad nos adormecemos, sin estar alumbrando tu llegada.
* Tú nos ofreces ser luz desde dentro, cuerpos encendidos, para alumbrar en la noche de “soledades”, en los que buscan un futuro, en los que se congregan en comunidad para compartir tu palabra, tu Pan y tu Vino.
* Pero para ello, hay que estar despiet@s, con la lámpara encendida, alimentando la llama con el aceite de la oración, del silencio, de la entrega.
* Tú nos ofreces ser luz del pueblo, llamas encendidas como un Pentecostés de nuestros días, encendid@s con el aceite del Espíritu; así, con la lámpara encendida esperarte en la noche y en el día, siendo luz para todo el que pasa. Sabiendo que Tú eres la LUZ que da ilusión, fuerza y vida.
.* Cristo Jesús, Tú que trajiste la Luz a nuestra tierra oscurecida, guarda encendida nuestra lámpara para que en todo momento que Tú llegas, esté encendida. AMÉN
ZURIÑE