Orar con el Evangelio (Mc. 10, 46-52)

*   DOMINGO XXX. T.O. –B – (Octubre 25 de 09)

*   Para ir a Jesús, a veces, necesitamos intermediarios.
En el evangelio, los que actúan entre Jesús y el ciego
tienen una doble actitud. Por un lado, le regañaban
para que no molestase a Jesús;  por otro lado le dicen:
“Ánimo, levántate que te llama”.
    Momento culminante de fe del ciego:
   Da un salto, deja el manto y se acerca a Jesús”
    Deja, todo lo que le impide ir a Jesús…
*  ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA POR TI?
*   Maestro que pueda ver…
*  TU FE TE HA SALVADO”
*  Quedó curado… y  siguió a Jesús…               

ORACIÓN
   * A ti levantamos nuestros ojos, Padre Dios.
A ti elevamos nuestro  corazón
A ti encomendamos  nuestro ser, nuestra vida entera. 

*  Como los ojos del niñ@ pequeño que están pendientes
del padre y de la madre, así están nuestros ojos puestos en ti, Señor,
esperando tu amor, recibiendo la vida, seguros del perdón de quien ama. 

* Muchas veces somos como el ciego del camino:
 tenemos los ojos cerrados a la luz  que nos impide  ver lo bello
que hay a nuestro  alrededor.  
 

-Señor, nos ciegan tantas cosas:
es la vida con sus luces de colores;
es la comodidad y el deseo irresistible de placer;
es el dinero con sus cadenas que nos aprisionan.
Llega a nosotros cada día
ese mundo calculado y sin piedad de la propaganda.
Llega a nosotros cada día ese mundo de lo fácil,
de lo cómodo, …
y nos dejamos atrapar porque estamos ciegos.

* Señor, ábrenos  los ojos a tu vida.
Enséñanos a descubrir y a mirar
las cosas bellas que has puesto en nuestra vida.
Enséñanos  a ver lo bueno y bello 
que has puesto en las personas que viven
 a nuestro lado.
Queremos ver el mundo con ojos limpios.
Queremos abrir nuestros ojos a la luz de tu evangelio.
Queremos mirar la vida de frente y con sentido. 
 
Queremos que la fe sea antorcha en nuestro camino.
Queremos  verte y queremos  aprender
que la vida, el dolor y la muerte, sin tu luz son caos.

-Queremos poner los ojos en las cosas
y buscar en ellas tus huellas.
Señor, enséñame a ver.
Porque el pecado es tiniebla densa.
Señor, limpia nuestros ojos y nuestro corazón
para que podamos ver desde dentro.
¡SEÑOR!, ten misericordia de nosotros.
¡QUÉ VEAMOS!. AMÉN
                          
                     
Z U R I Ñ E