ORAR CON EL EVANGELIO. (Lc. 1, 26 – 38)

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO. B. (Diciembre 18.)

 

La  Iglesia quiere en este Domingo, que contemplemos el importante papel que jugó MARÍA, la madre de JESÚS, en el Adviento de los tiempos pasados, pero también en el actual.


María hace posible con su SÍ incondicional, que la espera del Mesías, del hijo de Dios, sea una realidad. La realidad de Dios para la humanidad. pero el plan de Dios, pasa por nuestra colaboración, que aunque  sea o parezca pequeña, Dios ha querido que sea necesaria, imprescindible.

María, dejó a Dios, que saliese a su paso hasta hacerse ESPERANZA. Dios le revela el misterio oculto.

María pregunta, entra en diálogo. ¿”Cómo será eso”? Y brota su disponibilidad aunque descubre el conflicto.

(“HÁGASE EN MI, SEGÚN TU PALABRA”).
De una vida de sencilla aldeana, Dios la lanza a una vida incomprensible, agitada, aunque rica de afectos, sentimientos y acontecimientos, en los que MARÍA, dará su talla de MUJER Y DE CREYENTE.

La ESPERANZA, implica riesgo: el riesgo que corre el que ama, el riesgo de romper con la autoridad humana, para buscar a Dios.
Para reconocer el misterio de la ESPERANZA, necesitamos disponibilidad que es ponerse en pie, en estado de salir de nosotros/as mismos, salir de la seguridad, para ir a Alguien al Absoluto.

En la instalación, no hay esperanza porque se vive en la ilusión de que no hay conflictos y de que todo está bien como está. No me complico la vida…

La ESPERANZA  nos llevará a complicaciones como a María, Ella conoce el secreto de la esperanza: en su vientre se engendró un Niño. “Ella lo esperó con inefable amor de madre”. Por eso le decimos:

SANTA MARÍA DE LA ESPERANZA, MANTEN EL RITMO DE NUESTRA ESPERA.

 

O R A C I Ó N

 

María, Virgen de la Esperanza. Contágianos tu fuerza, acércanos el Espíritu que llena tu vida. Ayúdanos a vivir con alegría, a pesar de las pruebas y dificultades que encontramos en el seguimiento de tu Hijo.

Que no nos desaliente la lentitud de los cambios y que creamos que es posible otro mundo y otra sociedad.

María, tu creíste y te jugaste la vida. Y no te fue fácil. También pasaste por no entender  las cosas que pasaban, momentos de sufrimiento y soledad. Y saliste adelante.

Nos enseñaste que para dar vida hay que entregar la vida todos los días… Y Dios nos pide que demos lo mejor de nosotros/as para seguir su proyecto del Reino.

Enséñanos a Orar para no perder la esperanza y tener raíces sólidas. Para discernir donde poner los esfuerzos. Y descubrir nuestro lugar de misión.

Enséñanos a Orar para no desalentarnos. Fortalece nuestra esperanza para que sea el motor de nuestra entrega.  Anuda nuestra esperanza en el proyecto del Padre, en la esperanza del REINO. AMÉN

Z U R I Ñ E