Orar con el Evangelio

 DOMINGO  XXII DEL T.O. – A – (Mt. 16, 21-27). Agosto 31 – 2008

Tú, Señor, dijiste: "Quien quiera guardar su vida, la perderá; y quien la gaste y dé por mí, la recobrará".
A pesar de todo, tenemos miedo a gastar la vida y entregarla sin reservas.
Un tremendo instinto de conservación nos lleva al egoismo.
Señor, nos da miedo gastar la vida. Sin embargo, Tú nos diste la vida para gastarla.
No podemos reservárnosla en un estéril egoísmo.
Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no nos paguen; y ¡cuánto nos cuesta esto!.
Gastar la vida es hacer un favor a quien nada puede darnos a cambio. Ya lo sé, Señor, pero…
Gastar la vida es arriesgarse incluso al inevitable fracaso, es "quemar las naves" a favor del prójimo.

Somos antorchas, y sólo tenemos sentido cuando nos quemamos; sólo entonces seremos luz.
Líbranos de las cobardías, las que nos hacen eludir el sacrificio y buscar seguridad.
Gastar la vida no es algo que se haga con gestos sonoros, ya lo sabemos, pero…
La vida se entrega sencillamente, sin publicidad,
como sale el agua de la fuente, como el sudor humilde del sembrador.
Enséññanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible porque detrás de lo imposible, está TU GRACIA Y TU
PRESENCIA, JESÚS DE NAZARET.
Señor, el futuro es un enigma, nuestro camino se pierde a veces en la "niebla"; con todo, queremos seguir dándonos, porque Tú estás esperándonos en la noche, ante tanta necesidad humana.
Evíanos tu Espíritu para que nos inspire a pensar como Dios, a actuar como Tú, JESÚS DE NAZARET,  de lo contrario no te podremos seguir. Porque Tú nos dices:
"EL QUE QUIERA VENIRSE CONMIGO QUE SE NIEGUE A SÍ MISMO, QUE CARGUE CON SU CRUZ Y ME SIGA".
                                                                                        Zuriñe