DOMINGO XXXIV. T.O. -A-

ORAR  CON  EL  EVANGELIO

            Celebramos hoy, la gran fiesta de CRISTO REY. Esta fiesta, con el Evangelio de Mt. 25, remata el sentido de los 2 Domingos anteriores finales del año Litúrgico: “LA ESPERA VIGILANTE”, el saber esperar de modo activo y responsable mientras llega el día final del encuentro con el Señor. 

           El Reinado de Cristo es el triunfo sobre la muerte, precisamente cuando muere en la Cruz. Cristo, nuestro Rey y Pastor con su resurrección, es nuestro Rey Salvador.

            Señor, nos hablas del  “juicio final” y nos das como criterio de vida el AMOR:
“Os aseguro,
nos dice, que lo que hicisteis con uno de estos humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”…

            Escucho dentro de mí esta parábola, como dicha para mí.
Escuchar la voz de los pobres y marginados, no taparme los oídos. Dejar que resuene lo que ellos dicen… seguro que entonces, hay una “buena noticia” para mí…

            Ver, si mis entrañas son de misericordia; ante qué se mueven y conmueven.
            Ver, si destilan ternura…

             Poner a los pobres al lado: en esta Oración y en otras. Dejarlos entrar en mi corazón.

             Sentirme salvado, amado, agraciado. No tengo que ganar mi salvación…Dios me ha salvado gratuitamente… para llevar la liberación a otros.
            Revivo en mi oración, encuentros que he tenido de una manera u otra con pobres y marginados… Esto me lleva a ORAR con el Evangelio, sí, para luego salir, para encontrarme, para darme, para compartir, para hacernos comunión…
            Esto voy sintiendo en mi oración, Cristo, Rey y Salvador nuestro…
            Y luego, dejarme “juzgar”  por Dios. Dejar que su Palabra penetre en mí, me queme, me abra, me purifique, me despierte… Y me hago estas preguntas:
            * ¿Hasta que punto soy capaz de ver a Cristo en el prójimo?…
            * ¿Desde mi puesto de responsabilidad, grande o pequeña, adopto una actitud de SERVICIO o de DOMINIO’…

             Tu reino, Señor, se hace presente: Cuando se fomenta la justicia
            Y es respetada la libertad.
            Cuando todos somos hijos tuyos, y vivimos como hermanos:
            La amistad, la justicia, la paciencia, la acogida, la escucha y el perdón.

             Tu reinado viene a nosotros, siempre que el pueblo dispone de sustento,
            Vivienda, trabajo y sanidad.
            Tú nos enseñas, JESÚS, a vivir con dignidad la vida y a festejarla en la fraternidad.

             En tu reino, no caben privilegios. Eres REY DE LOS SENCILLOS, y a Ti te queremos
  
           imitar, viviendo como Tú quieres: En Paz, justicia, fiesta y fraternidad.
           
Así llegará tu Reino,  a nuestras casas, pueblo, ciudad; a nuestra Parroquia,
            comunidades, a toda la humanidad. Reino en el que  nosotros tenemos que trabajar,
 
           esperando tu venida, en la que nos juzgarás, si hemos sabido. AMAR.
            QUE VENGA TU REINO, SEÑOR. AMÉN.                                                                                  
 

                                                           Z U R I Ñ E