“EL MERCADO ESTÁ HIPOSTASIADO, QUIÉN LO DESHIPOSTATIZARÁ…”

PEPE LAGUNA, pepe.laguna@yahoo.es

ECLESALIA, 29/05/12.- Parece que “el mercado” no está satisfecho con los recortes que viernes sí, viernes también, perpetra el gobierno español. Y enfadado nos castiga subiendo primas de riesgo y desfondando índices bursátiles.

“El mercado” se nos presenta como un monstruo capaz de oír y ver, y con poder para premiar o castigar. Definitivamente, el mercado está hipostasiado.

En román paladino, hipostasiar viene a ser algo así como arrancar las raíces históricas de un hecho o una institución hasta convertirlos en entes autónomos liberados de contingencias espaciotemporales. A filósofos y teólogos el término no les resultará extraño. Aquel niño nacido de una joven judía en un rincón de Palestina en el siglo primero de nuestra era, fue hipostasiado por san Juan cuando, en el prólogo de su evangelio, queda convertido en el Logos preexistente que estaba junto a Dios desde el principio de los tiempos. Leer más

FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, 3 de Junio, Mt. 28, 16-20

LA REALIDAD ES TRINITARIA

Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

Bien podría decirse que el «ritmo» último de lo Real es trinitario: donación – acogida – movimiento que lo hace posible. Podemos apreciarlo en sus diversas manifestaciones. Y es lo que ocurre, por ejemplo, en el respirar: recibimos y entregamos gracias al movimiento que lo posibilita.

En realidad, lo que llamamos «tres momentos» son una sola y única realidad. Y así podemos percibirlo en todos los niveles de la realidad: un misterio de recibirse y entregarse, en el mismo movimiento.

En este sentido, me parece sabia la intuición del maestro Raimon Panikkar, cuando hablaba de la «realidad cosmoteándrica». Cosmos, humanidad y divinidad constituyen los «tres momentos», la «triple dimensión» de la Realidad Una. De tal manera que no puede darse el uno sin el otro. Hasta ahí llega el Abrazo no-dual.

En la tradición cristiana, si evitamos la trampa del dualismo mental, podremos «leer» el misterio de la Trinidad como expresión de la Realidad Una y, a la vez, diferente. Es decir, Trinidad sería otra forma de hablar de No-dualidad.

En el símbolo trinitario, el Padre es Darse, el Hijo es recibirse y el Espíritu es el Dinamismo que hace posible tanto la entrega como la acogida. Pero ese gran símbolo cristiano no se refiere a «tres personas individuales» –la trampa consistió precisamente en traducir «persona» por «individuo»- sino a la Realidad toda.

En el misterio de la Trinidad no queda nada fuera. De ahí la sabiduría de la «intuición cosmoteándrica»: el «Padre» evoca la Fuente originante, que es puro darse en permanencia y «vaciarse» en el «Hijo», que es toda la realidad recibida (humana y material), en cuanto «formas» en las que se «vuelca» constantemente aquella Fuente. El «Espíritu» es el Aliento que, sin separación, une ambas «fases» de ese movimiento atemporal y eterno.

En ese sentido, puede hablarse de Dios como de un «éx-tasis» permanente. Más que sustantivo, Dios es verbo: un puro Darse y Recibirse, en el que todo (todos) está (estamos) incluido(s).

«Hijos en el Hijo», como señala la teología paulina, todos nosotros formamos parte de ese movimiento trinitario. Recibiéndonos constantemente, acertamos también en la medida en que nos entregamos. Por el contrario, cuando nos cerramos a la entrega, en un movimiento de apropiación. Y es eso mismo lo que envenena nuestra vida.

Lo que recibimos sin amarrarlo hace crecer nuestro espacio interior, hasta convertimos en cauce por el que fluye la Vida, el Espíritu.

Cuando, por el contrario, nos aferramos a las cosas, a las ideas, a la propia imagen, bloqueamos el proceso mismo, y nos situamos en contra de la «corriente trinitaria» de la Realidad.

Aprender a silenciarnos –meditar- no es otra cosa que adiestrarnos en el arte de recibirnos y de entregarnos, de acoger y de soltar.

Quizás por ello la (habitualmente) «primera» práctica meditativa no es otra que la respiración consciente. En la medida en que atendemos conscientemente la respiración, la mente se acalla, se va produciendo la unificación entre mente, cuerpo y presente, a la vez que se abre una espaciosidad interior, en la que reconocemos nuestra identidad más profunda.

Pero en esa misma práctica aprendemos que la Realidad entera participa de ese mismo movimiento respiratorio de recibirse y entregarse. Y lo que hacemos, aunque sea con distracciones, durante el tiempo de la práctica va a ir, progresivamente, «contagiando» el resto de nuestra vida y haciendo que vivamos cada vez más dentro de ese «movimiento trinitario».

El Misterio de la Trinidad –como todo misterio, por lo demás- no quiere ser una «información» para nuestra mente, que rápidamente lo convierte en una creencia objetivada (y a Dios, en tres «objetos» separados), sino una evocación que busca trascender la mente y una invitación para vivir conscientemente conectados a la Entraña misma de lo Real, sin ningún tipo de separación.

En esa conexión, se produce una experiencia unificadora: simultáneamente, nos anclamos en nuestra verdadera identidad, y nos sentimos unidos a todo lo que es. En la medida en que nos dejamos alcanzar por esa experiencia y vivimos conectados a ella, estamos participando conscientemente del Misterio de la Trinidad.

Estamos habitados, o quizás mejor constituidos, por una espaciosidad interior, atemporal e ilimitada, a la que podemos acceder de una manera inmediata y directa. No necesitamos buscarla, porque ya la somos. No la podemos pensar ni delimitar porque no es un objeto mental. Y solo cuando la somos, la conocemos. Es en ella donde se abraza todo el misterio de lo Real.

Al acceder a ella, reconocemos nuestra identidad profunda. No somos el yo que nuestra mente piensa –y que es únicamente una «idea del yo»-; no somos la suma de nuestros pensamientos, recuerdos, proyectos, sensaciones, sentimientos, deseos, necesidades, miedos, anhelos, aspiraciones…

No somos el yo que «reacciona» según lo que le llega del exterior o desde el propio psiquismo. Somos aquella misma Espaciosidad, dentro de la cual todo lo que acabo de nombrar son solo objetos que contiene y a través de los cuales, en este momento, se expresa.

Pero quería insistir en el hecho de que, si perdemos el contacto o bloqueamos esa espaciosidad con nuestras necesidades, nuestros miedos o nuestros pensamientos reductores, nos veremos encerrados en el laberinto de una falsa identidad, un auténtico callejón sin salida.

Algo parecido ocurre cuando nombramos o nos referimos a esa Realidad como «Dios». Dios es el nombre que las religiones dan a esa Espaciosidad que nos habita y constituye, por lo que nuestro fondo último no es distinto del Principio divino.

Ahora bien, si yo «ocupo» esa espaciosidad ilimitada con los nombres que mi mente le atribuye, con mis ideas o creencias religiosas en torno a Dios, y las absolutizo, puede suceder que mis palabras sobre Dios me impidan dejarle espacio.

De ese modo, estaré tan lleno u «ocupado» por mis creencias que no dejaré espacio para que Dios sea en mí. Me habré quedado con la palabra «Dios» –e incluso podré creerme muy «religioso»-, pero habré desconectado de la experiencia.

Creo que es esto lo que ocurre cuando personas religiosas hacen daño en nombre de Dios: no actúan desde Dios –aunque lo proclamen-, sino desde «su» idea o caricatura de Dios.

Cuando dejamos a Dios ser Dios en nosotros, de ahí no puede brotar otra cosa que no sea unificación y unidad, ecuanimidad y bondad.

En esa Espaciosidad interior que somos, nos reconocemos –junto con todos los seres- «bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Mateo lo percibió así, aunque lo restringió a un rito particular.

Estar «bautizados» en la Trinidad no es otra cosa estar insertos en ese movimiento universal de interrelación de todo, regido por el Darse y Recibirse en permanencia.

Es la Unidad a la que se refiere Jesús, como «En-manuel»: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Todos estamos en todos, en la Espaciosidad una y compartida, en la que se desarrolla el despliegue trinitario.

Y en esa Espaciosidad que somos, cada cual vamos encontrando nuestro camino, el camino inédito al que se refería el poeta León Felipe:

«Nadie fue ayer
ni va hoy,
ni irá mañana
hacia Dios
por este mismo camino
que yo voy.
Para cada hombre guarda
un rayo nuevo de luz el sol…
y un camino virgen Dios».

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

HIRUTASUN GUZTIZ SANTUA, 2012ko Ekainaren 3a, Mt. 28, 16-20

ADISKIDERIK HOBENA

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jainko hirukoitzari dagokion kristau-fedearen muinean bada funtsezko den baieztapen bat. Jainkoa ez da izaki ilun eta barneraezina, bere baitan era egoistan hesitua. Maitasuna da Jainkoa, eta Maitasuna soilik. Kristauek sinesten dugu ezen errealitatearen azken misterioan, den guztiari zentzua eta izatasuna emanez, ez dagoela Maitasuna baizik.

Jesusek ez du idatzi inolako trataturik Jainkoaz. Behin ere ez da ageri Galileako jendeari Jainkoaz dotrina irakasten. Jesusentzat, Jainkoa ez da kontzeptu bat, ez da teoria eder bat, ez da definizio ikusgarri bat. Gizakiaren Adiskiderik hobena da Jainkoa.

Ikertzaileek ez dute dudarik ebanjelioetan ageri den datu batez. Jesusi Jainkoaz hitz egiten entzuten zionak eta haren izenean jarduten ikusten zuenak, Jainkoa Berri Ona dela sentitzen zuen. Jesusek Jainkoaz esaten diona zerbait berri eta zerbait on iruditzen zaio. Jainkoaz entzun dezakeen albisterik onena iruditzen zaio Jesusek komunikatzen eta kutsatzen duen esperientzia. Zergatik?

Agian, hau da jendeak sumatzen duen lehenengo gauza: gizon-emakume guztien Jainkoa dela, eta ez tenpluan haren aurrean agertzeko duin direla pentsatzen dutenena bakarrik. Jainkoa ez dago leku sakratu bati lotua. Ez da erlijio bakar batena ere. Ez da Jerusalemera erromes joan ohi den jende jainkozalearena ere. Jesusen arabera, «onen eta gaiztoen gainera aterarazten du eguzkia». Jainkoak ez du inor, ez baztertzen ez bereizten. Jesusek denak gonbidatzen ditu Jainkoagan konfiantza izatera: «Otoitz egitean esazue: Aita!»

Jesusekin aurkituz doaz ezen Jainkoa ez dela harengana merezimenduz beterik hurbiltzen direnena soilik. Halakoei baino lehen, erremediorik gabeko bekatari direla pentsatuz, erruki eske doazkionei entzuten die. Jesusen arabera, galdurik bizi direnen bila ibili ohi da Jainkoa beti. Horregatik sentitzen da Jesus hain adiskide bekatarien aurrean. Horregatik esaten die bera «galdua zenaren bila etorri dela eta hura salbatzera».

Konturatu da ere jendea Jainkoa ez dela jakintsuena eta adituena soilik. Jesusek eskerrak eman dizkio Aitari, gustuko duelako adituentzat ezkutuko diren gauzak xumeei agertzea. Jainkoak arazo gutxiago izan ohi du herri xumearekin konpontzeko, dena dakitela uste duten jakintsuekin baino.

Baina Jesusen bizierak, Jainkoaren izenean gaixoen sufrimena arintzera emanak, espiritu gaiztoak harturik zituenak askatzera, lepradunak marjinaziotik libratzera, bekatariei eta prostituituei barkazioa eskaintzera emana zen Jesusen bizierak… sentiarazi zion jendeari konbentzimendu hau: alegia, gizakiaren Adiskiderik hobena bezala ikusten zuela Jainkoa Jesusek, soilik gure ongia bilatzen duena bezala, soilik kalte egiten digunaren kontra jartzen dena bezala. Jesusen jarraitzaileek ez zuten sekula dudarik izan honetaz: Jainko gizon egina eta Jesusengan agertua Maitasuna dela eta soilik Maitasuna gizon-emakume guztientzat.

Cáritas Navarra: «La Iglesia no va a permitir que se resientan los más pobres»

«La inmensa mayoría» del presupuesto de Cáritas procede de donaciones, socios o herencias.

Somos la institución que me parece que más está respondiendo a la situación de pobreza . El director de Cáritas Diocesana de Pamplona y Tudela, Ángel Iriarte, se ha mostrado hoy convencido de que, «suceda lo que suceda» con el pago del IBI por parte de la Iglesia, ésta «no va a permitir que se resientan los más pobres».

 

EL DESPILFARRO DE LA PASCUA

GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@euskalnet.net

ECLESALIA.

Es más necesario que nunca recordar que el vínculo de las primeras comunidades cristianas se fraguaba en la fraternidad y en practicar (no solo predicar) la misma fe en todas partes. Los que tenían responsabilidades no se consideraban una autoridad sobre nadie, sino servidores. Solo cuando la Iglesia se va institucionalizando a causa de su crecimiento es cuando se acrecientan los conflictos; cosa muy humana, pero que en el caso de la mayoría de las comunidades católicas occidentales la cosa ha desbarrado hasta convertir a sus cúpulas en organismos alejados del mandato principal del Señor, como le gustaba a Lucas llamar a Jesucristo. Leer más

Las comunidades posconciliares ¿como serán los templos del futuro?

Redes Cristianas

Sergio Bergman Preside la sinagoga de calle Libertad. Egresado de Farmacia y Bioquímica y cuenta con estudios de posgrado en Educación,Ciencias Judaicas y Literatura rabínica

Rafael Braun Doctor en Filosofía y Licenciado en Teología. Fue director de Criterio y actualmente es miembro del consejo asesor de la revista. Rector de la Iglesia de Santa Catalina y miembro de la Academia Nacional de Periodismo

Comunidades del futuro
¿Dios fuera de los templos? –Una conferencia del rabino Sergio Bergman, el presbítero Rafael Braun y un comentario del padre Belderrain hablan de nuevas búsquedas de Dios que recuperan lo institucional ya no desde una aproximación teista de la fe.
En argentino desde 1983 hay un incremento sostenido y muy importante del número de personas que se consideran religiosas, particularmente en la década que va del ‘84 al ‘94. Leer más

Manifiesto de la Iglesia de Base de Madrid: Por una Iglesia pobre, libre y solidaria

Reclaman la autofinanciación de la Iglesia y la supresión de las dos casillas del IRPF.  Exlpresan la inquietud y el malestar que, como cristianos, nos está produciendo el insólito espectáculo de ver como nuestro país se empobrece y los ajustes caen especialmente sobre los más débiles mientras la Iglesia Católica es la única instancia a la que no llegan los recortes, la única (salvo las grandes empresas, bancos y demás.

Hacia un nuevo cristianismo

JOSÉ ARREGI
DEIA

Todo se mueve y se renueva. Se mueve el sol, la luna y la tierra, el átomo y la estrella. Se mueve el aire, el agua, la llama, la hoja. Se mueve la sangre, el corazón, el cuerpo, el alma. Todo se mueve, nada se repite. Todo es calma y danza, quietud en movimiento. Lo que no se mueve se muere, pero incluso en lo que muere todo se mueve. Se mueve el Espíritu de Dios, energía del amor, verdor de la Vida. Se mueve Dios, el Misterio que todo lo mueve y lo impulsa al amor y la belleza. Déjate llevar.

Hace 2.500 años, un profeta lleno de fervor, de poesía y esperanza, animaba a unos pobres judíos desterrados en Babilonia, actual Irak: “No recordéis las cosas pasadas, no penséis en lo antiguo. Voy a hacer algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?” (Isaías 43,19). La liberación es posible. La esperanza es posible. Otro mundo es posible, además de necesario. Abre los ojos: ya está brotando, ¿no lo notas? Leer más

DOMINGO DE PENTECOSTES, 27 de Mayo, Jn. 20, 19-23

EL ESPÍRITU ESTÁ  EN TODOS NOSOTROS POR IGUAL

El Espíritu os guiará hasta la verdad plena.

FRAY MARCOS
FE ADULTA

La fiesta de Pentecostés está encuadrada en la pascua, más aún, es la culminación de todo el tiempo pascual. Las primeras comunidades tenían claro que todo lo que estaba pasando en ellas era obra del Espíritu. Todo lo que había realizado el Espíritu en Jesús, lo estaba realizando ahora en cada uno de ellos. Todo esto queda reflejado en la idea de Pentecostés. Es el símbolo de la acción espectacular de Espíritu a través de Jesús.

También para cada uno de nosotros, celebrar la Pascua significa descubrir la presencia en nosotros del Espíritu, que debe llevar a cabo la misma obra que en Jesús y en los primeros cristianos.

Ninguno de los aspectos pascuales debemos considerarlos como aconteci­mientos históricos ocurridos en Jesús. Todos ellos expresan realidades que no pueden ser objeto de historia, sino solo de fe. No son fenómenos constatables por los sentidos; son realidades de otro plano y por lo tanto no pueden ser percibidas por nuestros sentidos.

Si las descubrimos y vivimos, sus efectos sí son históricos en nosotros. Cuando empleamos conceptos y palabras, únicamente adecuadas para expresar realidades terrenas, empieza el conflicto. Ni podemos expresarlas bien ni pueden ser objeto de nuestro conocimiento racional. A estas verdades solo se puede acceder por la experiencia interior.

Creo que todos admitiréis la extrema dificultad que supone ponernos a hablar del Espíritu Santo. Es como querer sujetar el viento o congelar la vida en una imagen. ¡No hay manera! De todas formas, siempre que hablamos de Dios, hablamos del Espíritu, porque Dios es Espíritu.

Pentecostés era una fiesta judía que conmemoraba la alianza del Sinaí (Ley), y que se celebraba a los cincuenta días de la Pascua. Nosotros celebramos hoy la venida del Espíritu, también a los cincuenta días de la Pascua. Queremos significar con ello que el fundamento de la nueva comunidad no es la “Ley” sino el “Espíritu”.

Tanto el “ruah” hebreo como el “pneuma” griego, significan, en primer lugar, viento. La raíz de esta palabra en todas las lenguas semíticas es rwh que significa el espacio atmosférico existente entre el cielo y la tierra, que puede estar en calma o en movimiento. Significaría el ambiente vi­tal del que los seres vivos beben la vida.

En estas culturas el signo de vida era la respiración. Ruah vino a significar soplo vital. Cuando Dios modela al hombre de barro, le sopla en la nariz el hálito de vida. En el evangelio que hemos leído hoy, Jesús exhala su aliento para comunicar el Espíritu.

Para ellos todos los seres participaban de la vida. La misma tierra era concebida como un ser vivo, el viento era su respiración. Su comparación con la vida, sigue siendo el mejor camino para intentar comprender lo que significa “Espíritu”; No sabemos qué es la vida, pero vivimos.

No es tan corriente como suele creerse el uso específicamente teológico del término «ruah» (espíritu). Solamente en 20 pasajes de las 389 veces que aparece en el AT, podemos encontrar este sentido.

En los textos más antiguos se habla del espíritu de Dios que capacita puntualmente a alguna persona, para llevar a cabo una misión concreta que salva al pueblo de algún peligro. Con la monarquía el Espíritu se convierte en un don permanente para el monarca (ungido). De aquí se pasa a hablar del Mesías como portador del Espíritu. Solo después del exilio, se habla también del don del espíritu a todo el pueblo.

En el NT, «espíritu» tiene un significado fluctuante, hasta cierto punto, todavía judío. El mismo término «ruah» se presta a asumir un significado figurado o simbólico. Solamente en algunos textos de Juan parece tener el significado de una persona distinta de Dios o de Jesús. «Os mandaré otro consolador.»

El NT no determina con precisión la relación de la obra salvífica de Jesús con la obra del Espíritu Santo No está claro si el Pneuma es una entidad personal o no. Jesús nace del Espíritu Santo, baja sobre él en el bautismo, es conducido por él al desierto, etc. A pesar de todo, no podemos pensar en un Jesús teledirigido por otra entidad desde fuera de él.

Según el NT, Cristo y el Espíritu desempeñan evidentemente la misma función. Dios es llamado Pneuma; y el mismo Cristo en algunas ocasiones. En unos relatos lo promete, en otros lo comunica. Unas veces les dice que la fuerza del Espíritu Santo está siempre con ellos, en otros dice que no les dejará desamparados, que él mismo estará siempre con ellos.

Hoy sabemos que el Espíritu Santo no es más que el mismo Dios bajo el aspecto de energía, fuerza, motor de toda Vida. Por lo tanto, forma parte de nosotros mismos y no tiene que venir de ninguna parte. Está en mí, antes de que yo mismo empezara a existir. Es el fundamento de mi ser y la causa de todas mis posibilidades de crecer en el orden espiritual. Nada puedo hacer sin él y nunca estaré privado de su presencia.

Ni siquiera es necesario el calificativo de Santo, porque eso supone que hay espíritus malignos, y esto para nosotros no tiene mucho sentido. Todas las oraciones encaminadas a pedir la venida del Espíritu, nacen de una ignorancia de lo que queremos significar con ese término. Lo que tenemos que hacer es tomar conciencia de su presencia y dejarle actuar en nosotros.

Está siempre en nosotros, pero no somos conscientes de ello y como Dios no puede violentar ninguna naturaleza, en realidad es como si no existiera para nosotros. Un ejemplo puede ilustrar esta idea. En una semilla, hay vida, pero en estado latente. Si no coloco la bellota en unas condiciones adecuadas, nunca se convertirá en un roble. Para que la vida que hay en ella se desarrolle, necesita una tierra, una humedad y una temperatura adecuada. Pero una vez que se encuentra en las condiciones adecuadas, es ella la que germina; es ella la que, desde dentro, desarrolla el árbol que llevaba en potencia.

Dios (Espíritu) es el mismo en todos y tiene que empujar hacia la misma meta. Pero como cada uno está en un “lugar” diferente, y a veces muy diverso, el camino que nos obliga a recorrer, será siempre distinto. Son pues los caminos los que distinguen a los que se dejan mover por el Espíritu, y no la meta hacia la que se dirigen. El labrador, el médico, el sacerdote tienen que tener el mismo objetivo vital si están movidos por el mismo Espíritu. Pero su tarea es completamente diferente.

¿Cuál es la meta a la que empuja el Espíritu? Este es el nudo gordiano de la cuestión. Una mayor humanidad es la manifestación de esa presencia del Espíritu. La mayor preocupación por los demás, es la mejor muestra de que uno se está dejando llevar por él. En cualquier persona que manifieste amor está el Espíritu.

Si Dios está en cada uno de nosotros a través del ser, está total y absolutamente como lo que es, simple y a la vez, absoluto. No hay manera de imaginar que pueda estar más en uno que en otro. En toda criatura se ha derramado todo el Espíritu.

En la posesión del Espíritu, no hay diferencia entre el campesino, el maestro, el sacerdote o el obispo. Esgrimir el Espíritu como garantía de autoridad, es la mejor prueba de que uno no se ha enterado de lo que tiene dentro. Porque tiene la fuerza del Espíritu, el campesino será responsable y solícito en su trabajo y con su familia. En nombre del mismo Espíritu, el obispo desempeñará las tareas propias de su cargo.

Siempre que queremos imponernos a los demás con cualquier clase de violencia, incluida la pretensión de hablar en nombre de Dios, estamos dejándonos llevar, no del Espíritu, sino de nuestro espíritu raquítico.

La presencia de Dios en nosotros, nos mueve a parecernos a Él. Pero si tenemos una falsa idea de Dios, nos metemos por un callejón sin salida. Con una idea de Dios que es poder, señorío y mando, que premia y castiga, intentaremos repetir esas cualidades en nosotros en nombre de Dios.

El intento de ser como Dios en el relato de la torre de Babel, queda contrarrestado en este relato que nos habla de reunir y unificar lo que era diverso. El único lenguaje que todo el mundo entiende es el amor. Si descubrimos el Dios de Jesús que es amor y don total, intentaremos repetir en nosotros ese Dios, amando, reconciliando y sirviendo a los demás.

Esta es la diferencia abismal entre seguir al Espíritu del que nos habla el evangelio, o seguir lo que nos dicta nuestro propio espíritu en nombre de un falso dios. Todas las religiones han caído en esta trampa.

Dios llega a nosotros desde lo hondo del ser, y acomodándose totalmente a la manera de ser de cada uno. Por eso la presencia del Espíritu nunca lleva a la uniformidad, sino que potencia la pluralidad. Pablo lo vio con claridad meridiana: formamos un solo cuerpo, pero cada uno es un miembro con una función diferente e igualmente útil para el todo.

Si no tenemos esto en cuenta, caeremos en la trampa de hacer clones en vez de personas. Esa uniformidad pretendida por los superiores en nombre del Espíritu, no tiene nada de evangélica, porque, lo que se intenta es que todos piensen y actúen como el superior. Si todos tocaran el mismo instrumento y la misma nota, no habría nunca sinfonía. Sólo la armonía de muchos sonidos diferentes nos lleva a disfrutar de la música.

Meditación-contemplación

El Espíritu es la clave de la VIDA.
Mi verdadero se es lo que hay de Dios en mí.
Dios en mí está como Espíritu que se me da.
Es el único y total Don de Dios a cada criatura.

………….

Desde nuestro ser aparente (lo que creemos ser),
debemos dar el salto a nuestra verdadera realidad.
Desde la parte reflejada del espejo,
tenemos que dar el salto al ser reflejado.

…………….

Mi verdadero ser y el ser de Dios no son dos realidades separadas
aunque yo sigo siendo yo y Dios sigue siendo Dios.
Para la razón es algo incomprensible.
Para el místico es la cosa más simple del mundo.
¡Inténtalo!

…………….

Fray Marcos

 

PENTEKOSTE EGUNA, Jn. 20, 19-23, Maiatzaren 27a

HARTU ESPIRITUA

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Apurka-apurka, ikasten ari gara nola bizi barnetasunik gabe. Jada ez dugu harreman-beharrik geure baitako gunerik hobenarekin. Aski dugu denbora pasa bizitzearekin. Konforme gara arimarik gabe funtzionatzearekin eta janaritzat ogia bakarrik izatearekin. Ez dugu arriskatu nahi egiaren bila. Zatoz, Espiritu Santua, eta libra gaitzazu barnea hutsik izatetik.

Jada badakigu sustrairik gabe eta helmugarik gabe bizitzen. Aski dugu kanpotik programa gaitzaten uztearekin. Etengabe gara mugitzen eta higitzen, baina ez dakigu ez zer nahi dugun, ez nora goazen. Gero eta informazio handiagoa dugu, baina inoiz baino galduago sentitzen gara. Zatoz, Espiritu Santua, eta libra gaitzazu noraezean ibiltzetik.

Esateko, bost axola ditugu existentziaren arazo handiak. Ez dugu axola argirik gabe gelditzea bizitzari aurre egiteko. Eszetipkoago bihurtu gara; alabaina, ahulago eta segurtasunik gabeago ere bai. Adimentsu nahi dugu izan eta argi. Zergatik ez dugu topatzen sosegurik eta bakerik? Zergatik gaitu horrenbeste bisitatzen tristurak? Zatoz, Espiritu Santua, eta libra gaitzazu barne-ilunetik.

Gehiago nahi dugu bizi, hobeto, denbora luzeago; alabaina, zer bizitzeko? Ondo sentitu nahi dugu geure burua, hobeto; alabaina, zer sentitzeko? Bizitza biziki nola gozatuko gabiltza, etekina nola aterako; alabaina, ez gara konformatzen ondo pasatzearekin bakarrik. Gura duguna egiten dugu. Esateko, ez da guretzat, ez debekurik, ez alor eragotzirik. Zer dela eta nahi izaten dugu beste zerbait? Zatoz, Espiritu Santua, eta irakats iezaguzu nola bizi.

Aski eta burujabe nahi dugu izan; alabaina, gero eta bakarrago sentitzen gara. Bizi beharra sentitzen dugu eta geure mundutxoan hesitzen gara: batzuetan hain aspergarria! Maita gaitzaten sentitzen dugu; alabaina, ez gara gauza harreman bizi eta adiskidetsuak eragiteko. Sexuari «maitasuna» deitzen diogu eta plazerari «zoriona»; alabaina, nork ase dezake gure egarria? Zatoz, Espiritu Santua, eta irakats iezaguzu maitatzen.

Gure bizitzan ez da jada Jainkoarentzat lekurik. Haren presentzia itorik gelditu da gure barnean edo itxura galdurik. Zaratak hartu digu barnea, jada ezin entzun dugu haren ahotsa. Hamaika desio eta sentipenetan murgildurik, ezin sumatu dugu haren hurbiltasuna. Harekin ez beste guztiekin dakigu hitz egiten. Misterioari atzea emanik bizitzen ikasi dugu. Zatoz, Espiritu Santua, eta irakats iezaguzu nola sinetsi.

Fededun eta fedegabe, fede txikiko eta fede okerreko, horrela goaz erromes askotan bizitzan aurrera. Espiritu Santuaren kristau-jai honetan, guztioi diosku Jesusek behin batean bere ikasleei esan zien hura, gainera hats eginez: «Har ezazue Espiritu Santua». Gure bizitza gaixoaren sostengu eta fede ahularen arnasa den Espiritu hori, berak bakarrik dakien bidetik sar daiteke gu baitan.