Jesús en nuestra crisis

Miro a Jesús de Nazaret en medio de esta crisis que no cesa de agravarse. No porque piense que él –y mucho menos la fe cristiana– sea la única alternativa, ni siquiera necesariamente la mejor. Simplemente, cada uno tiene sus raíces, y las mías están en Jesús, a él le quiero y le sigo. Pero las raíces nos conducen a lo más profundo, al agua y el humus que a todos nos nutren, al Fondo sin nombre, a la Misericordia sin fondo, donde somos Uno.

Miro, pues, a Jesús, en esta crisis global que padecemos, y en todas las crisis profundas que padece nuestro pobre corazón. En él busco más que en ningún otro aquel “gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos”. En él exploro chispitas de luz que permiten vislumbrar otro mundo posible y dar pasitos hacia él. Leer más

LA IGLESIA QUE QUEREMOS

FE ADULTA

El testimonio de vida, los escritos y la partida hace un mes del que fue arzobispo de Milán durante 22 años y cardenal Carlo María Martini son una buena oportunidad para que los creyentes en Jesús reflexionemos sobre la relación entre la fe y la Iglesia. Al mencionar el término «Iglesia» no me refiero solo a la «católica» ni a las que tienen mayor número de bautizados, seguidores o adeptos, sino a todas aquellas que tienen su origen en Jesús de Nazaret y lo reconocen como hijo de Dios.

Martini fue un excelente pastor de la Iglesia de Milán. Fue también el hombre que cultivó el diálogo con otros intelectuales, como el agnóstico Umberto Ecco. Al día siguiente de su muerte, el diario Corriere della Sera de Milán publicó una entrevista hecha a Martini pocos días antes, en la que se lamentaba de que la Iglesia se hubiera quedado atrasada por 200 años. Y se preguntaba: «¿Cómo puede ser que no se mueva? ¿Tenemos miedo? ¿Miedo en lugar de coraje? Sin embargo, la fe es el fundamento de la Iglesia». Leer más

La Iglesia en Portugal denuncia los duros recortes del Gobierno

Los obispos y Justicia y Paz reclaman “equidad” en la distribución de los sacrificios. Protestas en la calle en Portugal contra los recortes por la crisis.
En muy pocos días, desde varios ámbitos de la Iglesia portuguesa, se ha llamado la atención al Gobierno por las consecuencias dramáticas de sus medidas de austeridad. Fundamentalmente, por su último plan, consistente en subir las cotizaciones de los trabajadores a la Seguridad Social, hasta el punto de que, en la práctica, sus sueldos bajarían hasta en un 7%.

Cien organizaciones lanzan una campaña por la escuela laica, pública y sin religión

Respaldan el manifiesto Redes Cristianas, Europa Laica, CEOAPA, Sindicato de Estudiantes, Club Amigos de la UNESCO y varios partidos y sindicatos
“Una sociedad secularizada y democrática no debería permitir la regresión al pasado de un Estado confesional católico y, por lo tanto, la pervivencia, incluso el aumento, de una enseñanza sometida al dogmatismo religioso”. Este es uno de los principios con los que hoy se ha presentado en Madrid la campaña nacional ‘Por una escuela pública y laica. ¡Religión fuera de la escuela!’.

26 DOMINGO T.O., 30 de septiembre de 2012

LA TRAMPA DEL FANATISMO

Mc 9, 38-48

Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

Quiero empezar este comentario con una cita, un tanto extensa, del escritor israelí Amos Oz que, en un librito titulado Contra el fanatismo (Debolsillo, Barcelona 2005), escribe:

«La semilla del fanatismo siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo» (p.22).

«La esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser. El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Liberarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe. Quiere mejorar tus hábitos alimenticios, lograr que dejes de beber o de votar. El fanático se desvive por uno. Una de dos: o nos echa los brazos al cuello porque nos quiere de verdad o se nos lanza a la yugular si demostramos ser unos irredentos. En cualquier caso, topográficamente hablando, echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular es casi el mismo gesto. De una forma u otra, el fanático está más interesado en el otro que en sí mismo por la sencillísima razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto» (p.28-29).

Daba en el clavo también el físico Andréi Sajarov cuando decía que «la intolerancia es la angustia de no tener razón».

Tanto la intolerancia como el fanatismo ponen de relieve la propia inseguridad. Un yo psicológico no suficientemente integrado –debido, probablemente, a la falta de «apego seguro» en un adecuado contacto materno- se verá necesitado de «seguridades absolutas», que sostengan su precaria e inestable sensación de identidad. Por ello mismo, se verá incapaz de tolerar la discrepancia, por lo que tenderá a descalificar, juzgar, condenar (o empeñarse en «convertir») a quien no piense como él. Porque percibe toda diferencia como amenaza.

Esta amenaza es la que se esconde detrás de las palabras de Juan: «No es de los nuestros». Efectivamente, son «los otros» los percibidos como amenaza: porque al pensar diferente o adoptar un comportamiento distinto al propio, nos hacen ver que el nuestro no es el valor «absoluto», sino otro más al lado de tantos. Y esto es lo que una personalidad insegura se ve incapaz de tolerar, por la angustia que le genera la falta de seguridades «absolutas».

En esa necesidad de «seguridades absolutas», podemos detectar dos factores: uno sociocultural (evolutivo) y otro psicológico.

Por lo que se refiere al primero, parece claro que, en el estadio mítico de consciencia, el etnocentrismo es un valor incuestionable: el propio grupo es visto como poseedor de la verdad y del bien, y no hay nada que justifique la crítica al grupo ni la toma de distancia con respecto a él. En ese nivel de consciencia, lo que prima es la «cohesión», derivada del asentimiento ciego a las normas grupales, que da como resultado la concepción del propio grupo como un «rebaño». ¡Y ya sabemos de los riesgos que corría quien se atrevía a salirse del rebaño…!

En este estadio de consciencia, la seguridad del individuo corría pareja a la pertenencia al grupo. De un modo inconsciente, en aras de aquella seguridad, se sacrificaba cualquier discrepancia, porque se había renunciado al derecho a pensar por uno mismo: ¡todo fuera por la sensación de seguridad que aportaba la «homogeneidad»!

Conclusión: a una persona que está instalada en el nivel mítico de consciencia no se le puede pedir tolerancia para quien discrepa; su «nivel de consciencia» no se lo permite, ya que en ese nivel la discrepancia (como la libertad o la autonomía) no es reconocida como valor; ni siquiera puede verse como tal.

Desde el punto de vista psicológico, la cuestión de la intolerancia y el fanatismo se halla también vinculada con la seguridad. La seguridad –y, asociado a ella, el control- constituye una necesidad básica del ser humano. Mientras la persona no ha hecho experiencia de una seguridad firme que le sostiene, la buscará fuera de sí –proyectándola en un líder, un grupo o una institución-, o la situará en sus ideas, creencias o convicciones.

Cuando eso se produce, el sujeto inseguro no podrá tolerar que tal líder, grupo o institución sean puestos en cuestión; así como tampoco podrá permitir que sus ideas, creencias o convicciones sean criticadas. Le va en ello su propia estabilidad.

Por eso, a una persona con un yo psicológico tan frágil tampoco se le puede pedir tolerancia. Su pánico a la inseguridad se lo hace imposible. Con una ironía añadida: la persona que padece eso tipo de inseguridad que le hace ser fanática presume de seguridad e incluso de «verdad». Hasta el punto de que, para ella, quienes plantean una postura diferente son personas «a convertir», en la línea de lo expresado por Amos Oz.

La «salida» del fanatismo parece requerir, por tanto, una doble condición: por un lado, el paso del nivel de consciencia mítico a otro racional; y, por otro, experimentar una fuente de seguridad que se encuentra más allá de la mente (de sus ideas o creencias).

Es probable que, para que esto último pueda darse, sea necesario un trabajo psicológico, que otorgue a la persona una sensación interna de consistencia y de autonomía. Quien es capaz de «hacer pie» en sí mismo, relativiza también el carácter absoluto que había atribuido a las ideas y, a la vez, permite a los otros ser diferentes, sin que la diferencia sea vista como amenaza.

En la medida en que la persona pueda ir creciendo en esa sensación de confianza interna, que le hace ser autónoma, podrá abrirse a otra experiencia más honda: ya no buscará la seguridad en «objetos» (ideas, creencias…), sino en el Fondo mismo de lo Real, experimentado de un modo directo.

Quiero decir que, cuando somos capaces de acallar la mente, no evitar nada y permanecer en silencio, se nos regalará la experiencia de una seguridad de fondo, que se percibe de un modo directo, inmediato y autoevidente. Una seguridad de fondo que no es otra cosa que la misma y única Realidad, que nos sostiene y nos constituye en todo momento. Cuando eso se experimenta, se obtiene el regalo de la Libertad sin límites y de la Plenitud.

Y por retomar la queja de Juan con la que iniciaba este comentario: ¿quiénes son «los nuestros»?

Etnias, tribus, nacionalismos, religiones e ideologías de todo tipo han tendido a definir con claridad los límites que marcaban el propio «territorio», impidiendo que «los otros» se adentraran en él.

En el caso de las religiones, se ha ido incluso más lejos, al atribuir a Dios la demarcación de aquellas presuntas fronteras. Así se ha hablado de «pueblo elegido», «única religión verdadera», «única salvación»…

Frente a tal arrogancia (inconsciente e ignorante), quizás venga bien terminar con el chiste que el propio Amos Oz recoge en su libro.

«Alguien se sienta en la terraza de un café junto a un anciano, que resultó ser el mismísimo Dios. Al enterarse, se dirige a él con una pregunta que le había acompañado siempre: «Querido Dios, por favor, dime de una vez por todas: ¿qué fe es la correcta? ¿La católica romana, la protestante, tal vez la judía o acaso la musulmana? ¿Qué fe es la correcta?». Y Dios dice en esta historia: «Si te digo la verdad, hijo, no soy religioso, nunca lo he sido, ni siquiera estoy interesado en la religión»» (p.89).

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

La dimensión de lo profundo: el espíritu y la espiritualidad

Koinonía

Redes Cristianas

El ser humano no posee solamente exterioridad, que es su expresión corporal. Ni solo interioridad, que es su universo psíquico interior. Está dotado también de profundidad, que es su dimensión espiritual.
El espíritu no es una parte del ser humano al lado de otras. Es el ser humano entero, que por su conciencia se descubre perteneciendo a un Todo y como porción integrante de él.

Por el espíritu tenemos la capacidad de ir más allá de las meras apariencias, de lo que vemos, escuchamos, pensamos y amamos. Podemos aprehender el otro lado de las cosas, su profundidad. Las cosas no son solo ‘cosas’. El espíritu capta en ellas símbolos y metáforas de otra realidad, presente en ellas pero no circunscrita a ellas, pues las desborda por todos los lados. Ellas recuerdan, apuntan y remiten a otra dimensión, que llamamos profundidad. Leer más

La jerarquía abandona Codés

por Rafael Corres- Jueves, 27 de Septiembre de 2012

DIARIO DE NOTICIAS DE NAVARRA

EL domingo 9 de septiembre, terminó un año más la Novena a Nuestra Señora de Codés, de gran convocatoria en los pueblos de la zona, aunque venida a menos, muy a menos por los efectos devastadores de la secularización y el tradicionalismo proverbial de los responsables del santuario. Durante los ocho días anteriores, «leyó» la misa y la novena un anciano sacerdote de la residencia de Viana, a quien, una y otra tarde, alguien recogía para llevarlo a la Basílica. D. José Luis: todo buena voluntad, pero con todos los años y las ideas del siglo pasado a sus espaldas, renqueante y lector inaudible de toda la misa. El domingo presidió la misa un sacerdote congoleño, que aterrizó en Codés sin ninguna presentación y (me temo) sin ninguna preparación ni adaptación. Ha llegado para quedarse y para atender a varios pueblos de la zona. El sacerdote congoleño, alto, fuerte, con pinta de jugador de baloncesto, con un castellano aceptable, pero con una mentalidad y teología (me temo otra vez) muy alejadas de nuestros pueblos. Leer más

En España nos crecen los pobres

El País

Hoy, en España, 12 millones de personas viven en vulnerabilidad. La mayor dificultad que tenemos para entender el impresionante aumento de la pobreza es pensar que la pobreza es producto de la crisis. No lo es. Los altos niveles de pobreza en España han sido una constante en nuestra historia. Antes de la debacle financiera, más del 19% de la población ya vivía en situación de pobreza, unas cifras incomprensibles con el nivel de crecimiento económico que había.

Pero, si estábamos tan bien ¿por qué no disminuyó la pobreza?

Nuestros mecanismos de inclusión social son precarios. En tiempos de bonanza, España estaba 10 puntos abajo en gasto social frente al resto de Europa. En época de crisis, cuando el resto de los países de la región también han bajado sus cuotas, nos hemos quedado a una distancia de más de 5 puntos. Leer más

La Policía dispersa la concentración del 25S frente al Congreso, que se salda con 27 detenidos

Al menos 27 personas han sido detenidas y 66 han resultado heridas en la concentración de protesta del 25S alrededor del Congreso en la que se han producido cargas policiales. En varias cargas que se han producido entre las 21.00 y las 21.30 horas, la Policía ha disuelto la concentración y los manifestantes se han dispersado por el Paseo del Prado. A las 21.30 horas en la plaza de Neptuno de la capital quedaba un grupo de manifestantes que protagonizaba una sentada.

26 DOMINGO T.O, NORK EZ DU JESUSEN ESKLUSIBARIK-NADIE TIENE LA EXCLUSIVA DE JESÚS

Marcos 9, 38-43.45.47-48

NORK EZ DU JESUSEN ESKLUSIBARIK

José Antonio Pagola. vgentza@euskalnet.net
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Harrigarria da pasadizoa. Problema batekin hurbildu zaizkio ikasleak Jesusi. Oraingoan, ez da Pedro taldearen bozemailea, baizik Joan, lehen postuen bila dabiltzan bi anaietarik bat. Oraingo honetan, Jesusen esklusiba eta haren egintza askatzailearen monopolioa ikasleen taldeak izan ditzan nahi du.

Kezka hau dute. Exorzista bat, taldekoa ez dena, deabruak botatzen ari da Jesusen izenean. Ikasleak ez dira pozten jendea sendaturik ikusteaz eta gizatasun handiagoko bizitza egin ahal izateaz. Soilik, beren taldearen izen handia dute gogoan. Horregatik, errotik moztu nahi izan dute exorzista haren jarduera. Hau dute arrazoi bakarra: «ez da gutakoa».

Ikasleak jakindakotzat eman dute hau: Jesusen izenean eta haren indar sendatzaileaz jardun ahal izateko, beren taldekoa izan behar du. Ezin aipa dezake inork ere Jesusen izena, ezta mundua gizatasun handiagokoa egiteko lan egin ere, Elizako kide izan gabe. Horrela ote egiaz? Zer dio Jesusek?

Biribilki erantzun die Jesusek: «Ez iezaiozue eragotzi». Jesusen Izena eta indar gizatargarria garrantzizkoagoak dira ikasleen talde koxkorra baino. On da Jesusek dakarren salbazioa zabaltzea eraikitako Eliza baino harago, eta jendeari gizatasun handiagoz bizitzen laguntzea. Jokabide hori ez litzateke hartu behar sekula konpetentzia desleialtzat.

Bere jarraitzaileen artean hautsi egin nahi luke Jesusek tentazio sektario oro. Ez du eratu bere taldea mesiastar salbazio kontrolatzeko. Jesus ez da eskola itxi bateko lege-maisu, baizik guztiei eskainia den salbazioaren Profeta. On egiteko hots egina den toki guztietan sostengatu behar du Elizak haren Izena.

Jesusek ez du nahi bere jarraitzaileek hitz egin dezaten gureez eta gure ez direnez, barnekoez eta kanpokoez, bere izenean jardun dezaketenez eta ez dezaketenez. Beste bat du bere ikusmoldea: «Gure kontra ez dagoena, gure alde dago».

Gizarte modernoan gizon-emakume asko ari da mundua zuzenago eta gizatarrago egin nahiz, Elizako kide izan gabe. Batzuk ez dira fededun ere, baina Jainkoaren erreinuari eta haren zuzenbideari bideak irekin ari zaizkie. Gutakoak dira. Maitasuna behar diegu agertu, errezeloz begiratu ordez. Sostengua behar diegu eskaini, deskalifikatu ordez.

Oker handia da Elizan bizitzea, alde guztietan etsaigoa eta gaiztakeria ikusiz; pentsatuz, gizagaixo baten moduan, gu geu bakarrik garela Jesusen Espirituaren eramaile. Jesusek ez liguke horrelakorik onetsiko. Aitzitik, ebanjelioaren arabera bizi eta pobreenez eta premia handiagoa dutenez kezkatzen direnekin lankide izatera gonbidatuko gintuzke.

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

ECLESALIA, 26/09/12.- La escena es sorprendente. Los discípulos se acercan a Jesús con un problema. Esta vez, el portador del grupo no es Pedro, sino Juan, uno de los dos hermanos que andan buscando los primeros puestos. Ahora pretende que el grupo de discípulos tenga la exclusiva de Jesús y el monopolio de su acción liberadora.

Vienen preocupados. Un exorcista, no integrado en el grupo, está echando demonios en nombre de Jesús. Los discípulos no se alegran de que la gente quede curada y pueda iniciar una vida más humana. Solo piensan en el prestigio de su propio grupo. Por eso, han tratado de cortar de raíz su actuación. Esta es su única razón: «no es de los nuestros».

Los discípulos dan por supuesto que, para actuar en nombre de Jesús y con su fuerza curadora, es necesario ser miembro de su grupo. Nadie puede apelar a Jesús y trabajar por un mundo más humano, sin formar parte de la Iglesia. ¿Es realmente así? ¿Qué piensa Jesús?

Sus primeras palabras son rotundas: «No se lo impidáis». El Nombre de Jesús y su fuerza humanizadora son más importantes que el pequeño grupo de sus discípulos. Es bueno que la salvación que trae Jesús se extienda más allá de la Iglesia establecida y ayude a las gentes a vivir de manera más humana. Nadie ha de verla como una competencia desleal.

Jesús rompe toda tentación sectaria en sus seguidores. No ha constituido su grupo para controlar su salvación mesiánica. No es rabino de una escuela cerrada sino Profeta de una salvación abierta a todos. Su Iglesia ha de apoyar su Nombre allí donde es invocado para hacer el bien.

No quiere Jesús que entre sus seguidores se hable de los que son nuestros y de los que no lo son, los de dentro y los de fuera, los que pueden actuar en su nombre y los que no pueden hacerlo. Su modo de ver las cosas es diferente: «El que no está contra nosotros está a favor nuestro».

En la sociedad moderna hay muchos hombres y mujeres que trabajan por un mundo más justo y humano sin pertenecer a la Iglesia. Algunos ni son creyentes, pero están abriendo caminos al reino de Dios y su justicia. Son de los nuestros. Hemos de alegrarnos en vez de mirarlos con resentimiento. Los hemos de apoyar en vez de descalificar.

Es un error vivir en la Iglesia viendo en todas partes hostilidad y maldad, creyendo ingenuamente que solo nosotros somos portadores del Espíritu de Jesús. El no nos aprobaría. Nos invitaría a colaborar con alegría con todos los que viven de manera evangélica y se preocupan de los más pobres y necesitados.