Un lugar para un papa emérito

Redacción de Atrio, 25-Febrero-2013

Al empezar esta semana en que se va a culminar el hecho insólito de que que se declare en la Iglesia Católica la Sede Vacante, sin que haya precedido la muerte previa del Papa, dejamos constancia en nuestra página del comentario de un filósofo italiano, Paolo Flores D’Arcais, que en el año 2000 sostuvo un contraste público muy famoso con el cardenal Ratzinger. De él habla con respeto, pero poniendo de relieve el profundo significado que implica su gesto de renuncia. Gesto que Ratizinger acaba de definir consecuencia de una invitación de Dios a “subir al monte“.

El gesto de Ratzinger es de un coraje tal que muchísimos purpurados y poderosos monseñores de la curia lo consideran más bien temeridad

El Papa asegura que se dedicará a “la oración” en su último Ángelus
El Papa anuncia su renuncia el próximo 28 de febrero por razones de salud

PAOLO FLORES D´ARCAIS 24 FEB 2013 Leer más

Renuncia del papa y la Iglesia que queremos

Editorial Redes Cristianas

Para la renuncia de Benedicto XVI a la Sede de Pedro no tenemos más que palabras de felicitación. Felicitación para el mismo Ratzinger, porque este gesto, hecho desde el poder absoluto que ostenta –aunque haya sido forzado por la debilidad que impone una edad avanzada o por la oposición de “los monseñores” de la curia romana–, es suficientemente elocuente como para servir de ejemplo a otros mandatarios que –a pesar del engaño, la corrupción y su mala gestión contra el pueblo– siguen impasiblemente aferrados a la silla del poder. Leer más

Los sacerdotes vascos piden que un nuevo Concilio permita el acceso de la mujer al sacerdocio

En carta abierta del Foro de Curas de Bizkaia al prefecto Müller,  exigen que no se condena a los partidarios del sacerdocio femenino y que se indulte a los sancionados. Reclamamos la armonización del Magisterio de la Iglesia con el “sensus fidelium” y con la investigación teológica. Lamentamos que a lo largo de estos últimos decenios se haya olvidado la línea propositiva abierta por Juan XXIII.

Los obispos alemanes autorizan la píldora del día después en caso de violación

La Conferencia Episcopal Alemana aprobó este jueves la prescripción de la llamada «píldora del día después» en hospitales católicos para mujeres víctimas de violación, tras el escándalo en torno a una joven que no fue atendida en dos clínicas de Colonia tras sufrir abusos sexuales. Piden para las víctimas “atención médica, psicológica y espiritual”. Sólo es legítima para evitar la fecundación, no para eliminar un óvulo ya fecundado.

El Papa muestra el camino del servicio

José Ignacio Calleja 
En Opinión, El Correo-Bilbao

La renuncia de Benedicto XVI al Papado ha sonado en el mundo occidental y “cristiano” con el eco de lo imposible que rompe con una historia milenaria. Que luego no es exactamente así, – es una posibilidad cierta -, pero ha sonado con el eco de lo inesperado, si no de lo imposible. Y la verdad es que en el catolicismo siempre hemos jugado con la esperanza de que Ratzinger no repitiera el final agónico de Juan Pablo II. A muchos católicos no nos convenció en absoluto aquel final de su papado. Ni por la Iglesia, ni por la persona del Papa. Pero nadie creía, todavía, que Benedicto XVI estuviera física y espiritualmente tan al límite de sus fuerzas como para renunciar. Leer más

2º DOMINGO DE CUARESMA, 24 de Febrero de 2013, Lc 9, 28-36

QUIÉN ES JESÚS

Escrito por José Enrique Galarreta

FE ADULTA

Lc 9, 28-36

El texto de la transfiguración presenta paralelos en Mateo y Marcos, y falta completamente en Juan (uno de los tres testigos del hecho). Sobre el relato de un suceso, se ha montado una gran teofanía y una profesión de fe en Jesús.

Jesús se retiraba a menudo a orar al monte. Algunas veces se llevaba consigo a los discípulos, sobre todo a los más íntimos, como volveremos a ver en Getsemaní. Quizá en esos momentos Jesús les parecía a los discípulos transfigurado, como evidentemente lleno de Dios al que oraba… Sobre un suceso de ese tipo se ha construido el texto.

Parece claro que, sobre un relato histórico, se ha redactado una escenificación de la fe de los apóstoles en Jesús, presentada además con todos los signos de las «Teofanías» o manifestaciones de Dios en el Antiguo Testamento. El monte, Moisés y Elías, la nube, la voz, el resplandor de la Gloria del Señor, las mismas manifestaciones e incluso los mismos personajes que acompañan la revelación de Yahvé en el Sinaí, que en el AT. significan la presencia de la divinidad, y también las mismas palabras que acompañan la manifestación del Espíritu en el Jordán: «Este es mi Hijo… escuchadle».

Llama la atención la semejanza de estos recursos con los utilizados en el bautismo en el Jordán, e incluso en la Ascensión. El «suceso» tiene una profunda relación con el evangelio del domingo pasado (la cuarentena en el monte) y con la última noche de Jesús, la del Huerto de los Olivos. Estamos ante uno de los «discernimientos» de Jesús, que se producen en los momentos más cruciales de su vida. Ante las elecciones más determinantes de su vida, Jesús se prepara refugiándose en la oración: en la cuarentena del monte, Jesús tiene que optar por volverse a su carpintería de Nazaret o lanzarse a una vida de Profeta sanador y predicador ambulante; en Getsemaní, Jesús tiene que elegir entre esperar a los que lo van a detener o escaparse perdiéndose en la noche. En el relato de hoy, Jesús se enfrenta a la decisión de subir a Jerusalén, donde sabe que le espera la muerte. En los tres casos, se refugia en la oración.

Pero el mensaje es claro: Jesús está a punto de tomar la decisión más grave de su vida: subir a Jerusalén. Mientras se limite a ser el profeta rural, al que sigue mucha gente en Galilea, producirá más o menos inquietudes. Pero si se atreve a predicar en Jerusalén, y más aún en el Templo, su enseñanza será una confrontación directa con las autoridades de Israel. Jesús sabe que esto puede llevarle a la muerte, pero afrontará ese riesgo porque considera que su misión es ofrecer La Buena Noticia a Israel en el mismo Templo. Y será rechazado y crucificado.

El evangelista sabe todo esto, sabe que Jesús sube a Jerusalén a morir, y prepara la pasión y la muerte con una Teofanía, para mostrar que ése que va a morir no es un falso profeta fracasado sino el Hijo rechazado por Israel.

El relato es por tanto fuertemente teológico y simbólico, aprovechando una escena sin duda real: las largas noches de oración que le costó a Jesús tomar esa decisión, acompañado – mal, como siempre – por sus discípulos más íntimos.

Y los personajes hablan con Jesús acerca de su muerte. No es casual este tema de conversación. Estamos en el capítulo 9 de Lucas, y muy poco después (9.51) Jesús se dirige ya a Jerusalén, habiendo anunciado su pasión en 9,43. Se trata por tanto de prevenir la crisis de fe que sobrevendrá con la muerte en cruz. Se trata de anunciar que el que va a morir en la cruz es el Hijo Predilecto, que aunque sus enemigos parecen poder con él, «Dios estaba con Él» (Hechos 10,38)

Por otra parte, no deja de ser sorprendente, casi cómico, que Pedro diga lo bien que se está allí, mientras Jesús, Moisés y Elías están hablando de su próxima muerte en Jerusalén. Una vez más, los evangelistas no disimulan la escasa comprensión de los doce.

La Revelación de quién es Jesús lleva consigo nuestra propia revelación. Quién es Él lleva consigo saber quién soy yo, quiénes somos nosotros. Y la revelación es paralela: Jesús es el Hijo, el Enviado. Yo soy el hijo, el enviado. La Iglesia somos los hijos, los enviados. Todos los humanos deben saber que son hijos, y para eso necesitan que los que lo saben sean enviados.

Jesús, el Hijo Enviado, está aquí para cambiar el mundo; cambiarlo desde dentro a fuera, naturalmente. El Reino de Dios es que todos sean hijos, lo sepan, vivan así: la gloria de Dios son sus hijos. El resplandor de la gloria de Dios no son lucecitas de neón sino la bondad, la fortaleza, la misericordia… de sus hijos. La gloria de un padre no es una lápida ni una condecoración ni una ceremonia: la gloria de un padre son muchos hijos adultos, logrados, realizados, felices… Ese es el Reino. Que se enteren todos de que ese mundo es posible, que se vaya realizando ese reino, desde dentro, como crecen las semillas, como actúa la levadura, es la Misión: a esa misión es enviado Jesús, a esa misión estamos enviados.

La primera misión de la iglesia, de nosotros la iglesia, es ser el reino, hacer visible el reino, hacerlo convincente, atrayente. La alta eclesiología suele afirmar pomposamente que la iglesia es el Reino de Dios en la tierra. Se equivoca: eso no es una definición sino una vocación, una misión: nosotros la iglesia nos hemos comprometido por el bautismo a esforzarnos por ser el reino, es decir, a vivir según los criterios y valores de Jesús… para que el reino sea creíble, atrayente.

Esa misión tropieza con la cruz, que fue y es una realidad, y es y fue un símbolo. El reino de Dios se construye haciendo y haciéndose violencia. Violencia por parte de las luces despistantes de otros reinos que atraen de modo más seductor e inmediato. Violencia por parte de los que sirven a otros reinos o a otros dioses… El reino de Dios se construye con esfuerzo. A Jesús le costó cruz.

Pero en el crucificado también vemos al hombre lleno del Espíritu. Y en el Resucitado vemos qué reino es verdadero.

La Cuaresma, la vida, el monte. Van ya dos montes en estos dos domingos de Cuaresma: el monte de la tentación vencida por la fuerza del Espíritu; el monte de la Revelación en el que se habla de la cruz. Nos faltan otros dos: el monte calvario, en que la cruz será escándalo y revelación; y el monte de la Ascensión, que será antes que nada el Monte de la Misión.

Y no podemos menos que recordar las palabras de Isaías (2)

«Sucederá en días futuros que el Monte de la Casa de Yahvé se asentará en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones y acudirán pueblos numerosos y dirán: Venid, subamos al monte de Yahvé, a la casa del Dios de Jacob, para que Él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos»

Que son, insistamos una y otra vez, preciosas palabras simbólicas. Todas las palabras que hemos usado acerca de la transfiguración de Jesús y de la transfiguración de nuestra vida son simbólicas, son verdaderas como símbolos. Los excesos de algunas teologías consisten a veces en entender los símbolos como realidades, estar persuadidos de que están contemplando cara a cara el rostro de Dios, creer que Jesús caminaba por Galilea despidiendo resplandores. Nuestro conocimiento de Dios es lo que conocemos de Jesús de Nazaret, aquel hombre que se cansaba, dudaba, sentía tentaciones y se sintió desamparado de su Padre. Nuestra fe confiesa que ese hombre es el Hijo.

José Enrique Galarreta

 

La elección de un nuevo papa y el Espíritu Santo

Ivone Gebara
Escritora, filósofa e teóloga
Adital

Después de la encomiable actitud del anciano Benedicto XVI renunciando al gobierno de la Iglesia Católica Romana se sucedieron entrevistas con algunos obispos y sacerdotes en estaciones de radio y televisión en todo el país. Sin duda un evento de tanta importancia para la Iglesia Católica Romana es noticia y conduce a predicciones, elucubraciones de variados tipos, sobre todo de sospechas, intrigas y conflictos entre los muros del Vaticano que habrían acelerado la decisión del Papa. Leer más

GARIZUMAKO II. IGANDEA, JESUSI ENTZUN-ESCUCHAR A JESÚS

JESUSI ENTZUN
Lk. 9, 28 – 36

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 20/02/13. Aldi guztietako kristauek sentitu izan dute tradizioz «Jaunaren Antzaldatzea» deitu izan den eszenaren lilura. Alabaina, kultura modernoko garenoi ez zaigu gauza erraza gertatzen kontakizun horren esanahia atzematea; alegia, «teofania»ri edo Jainkoaren errebelazioari dagozkion irudiez eta baliabide literarioez idatzia dagoen horri.

Halaz guztiz, Lukas ebanjelariak xehetasun batzuk itsatsi ditu; jende askorentzat arrotz eta itxurarik gabeko gertatzen den pasadizo horren mezua errealismo handiagoz aurkitzen laguntzen diguten xehetasunak dira. Hasieratik adierazi digu Lukasek, Jesus, hurbilenak dituen ikasleekin, mendi baten puntara igo dela, soilik «otoitz egitera», eta ez antzaldaketa bat ikustera.

Jesus otoitzean ari dela gertatu da dena: «otoitzean ari zela,haren aurpegiaren itxura aldatu zen». Jesusek, sakon bere baitan bildurik, onartu du Aitaren presentzia, eta aurpegia aldatu zaio. Haren nortasun sakonena eta ezkutukoena den hartan zerbait atzeman dute ikasleek. Haren eguneroko bizitzan ezin atzeman izan duten zerbait.

Jesusen jarraitzaileen bizitzan ez dira falta distira- eta ziurtasun-momentuak ere, poz- eta argi-uneak ere. Ez dakigu zer gertatu zen mendi haren puntan, baina badakigu otoitzean eta isiltasunean posible dela zerbait sumatzea, fedetik, Jesusen nortasun ezkutuko horretan. Otoitz hori liburuetan lortu ez daitekeen ezagupenaren iturria da,

Lukasek dio ikasleak doi-doi jabetu zirela ezertaz, zeren «logale baitziren», eta soilik «esnatzean» atzeman baitzuten zer edo zer. Pedrok dakien guztia, egoera hartan oso ondo sentitzen dela da eta ez lukeela nahi esperientzia hura bukatzea. Lukasek dio «ez zekiela zer esaten ari zen».

Horregatik, ahots batekin eta agindu nagusi batekin bukatzen da eszena. Ikasleak hodei batek harrapatu ditu. Izutu egin dira, zeren gertaera hark gainez egin baitie. Baina hodei hartatik ahots hau irten da: «Hau ene Semea da, nik hautatua. Entzuiozue». Entzutea izan behar du ikasleak bere lehen jarrera.

Gaur egungo kristauek premia gorrikoa dugu geure erlijioa «barneratzea», baldin eta geure fedea biziberritu nahi badugu. Ez da aski Ebanjelioa entzutea modu zabarrean, ohikeriazkoan eta higatuan, aditzeko batere gogorik gabe. Ez da aski soilik ulertzeaz kezkatua den arrazoizko entzute hutsa ere.

Jesus biziari entzun behar diogu, geure izatearen barruenean bizi den horri. Guztiok, predikari eta herri fededunak, teologo eta irakurleek: guztiok dugu Jainkoaren Berri Ona entzun beharra, ez azaletik, baizik geure barnetik. Haren hitzak geure burutik bihotzera jaisten utzi beharra dugu. Gure fedea indartsuagoa izango litzateke, gozagarriagoa, kutsagarriagoa.

2 Cuaresma (C) Lucas 9,28-36

ESCUCHAR A JESÚS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 20/02/13.- Los cristianos de todos los tiempos se han sentido atraídos por la escena llamada tradicionalmente «La transfiguración del Señor». Sin embargo, a los que pertenecemos a la cultura moderna no se nos hace fácil penetrar en el significado de un relato redactado con imágenes y recursos literarios, propios de una «teofanía» o revelación de Dios.

Sin embargo, el evangelista Lucas ha introducido detalles que nos permiten descubrir con más realismo el mensaje de un episodio que a muchos les resulta hoy extraño e inverosímil. Desde el comienzo nos indica que Jesús sube con sus discípulos más cercanos a lo alto de una montaña sencillamente «para orar», no para contemplar una transfiguración.

Todo sucede durante la oración de Jesús: «mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió». Jesús, recogido profundamente, acoge la presencia de su Padre, y su rostro cambia. Los discípulos perciben algo de su identidad más profunda y escondida. Algo que no pueden captar en la vida ordinaria de cada día.

En la vida de los seguidores de Jesús no faltan momentos de claridad y certeza, de alegría y de luz. Ignoramos lo que sucedió en lo alto de aquella montaña, pero sabemos que en la oración y el silencio es posible vislumbrar, desde la fe, algo de la identidad oculta de Jesús. Esta oración es fuente de un conocimiento que no es posible obtener de los libros.

Lucas dice que los discípulos apenas se enteran de nada, pues «se caían de sueño» y solo «al espabilarse», captaron algo. Pedro solo sabe que allí se está muy bien y que esa experiencia no debería terminar nunca. Lucas dice que «no sabía lo que decía».

Por eso, la escena culmina con una voz y un mandato solemne. Los discípulos se ven envueltos en una nube. Se asustan pues todo aquello los sobrepasa. Sin embargo, de aquella nube sale una voz: «Este es mi Hijo, el escogido. Escuchadle». La escucha ha de ser la primera actitud de los discípulos.

Los cristianos de hoy necesitamos urgentemente «interiorizar» nuestra religión si queremos reavivar nuestra fe. No basta oír el Evangelio de manera distraída, rutinaria y gastada, sin deseo alguno de escuchar. No basta tampoco una escucha inteligente preocupada solo de entender.

Necesitamos escuchar a Jesús vivo en lo más íntimo de nuestro ser. Todos, predicadores y pueblo fiel, teólogos y lectores, necesitamos escuchar su Buena Noticia de Dios, no desde fuera sino desde dentro. Dejar que sus palabras desciendan de nuestras cabezas hasta el corazón. Nuestra fe sería más fuerte, más gozosa, más contagiosa. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

J. Ratzinter ( 1). Teólogo, obispo, papa

No por esperada, su dimisión ha sido menos sorprendente. Ha sido, sin duda, un gesto de lucidez y valentía, un gesto coherente, de evangelio.
Conozco un poco su teología y obra eclesial desde al año 1968, cuando leí su Introducción al Cristianismo. Todavía hace unos meses me han ofrecido la traducción castellana de sus escritos sobre Escatología, cosa que desgraciadamente no podré hacer. Leer más

El problema no es el “papa”, el problema es el “papado”

Entre los numerosos comentarios, que lógicamente está suscitando la noticia de la dimisión del papa Benedicto XVI, echo de menos una reflexión que, a mi manera de ver, me parece la más importante, la más urgente, la que más puede (y debería) influir en el futuro de la Iglesia y su posible influencia en bien de este mundo tan atormentado en que vivimos.

Me refiero a la reflexión que distingue entre los que es y representa la persona del “papa”, por una parte, y lo que es y representa la institución del “papado”, por otra. Leer más