El Vaticano dictamina que el ‘Jesús’ de Pagola no contiene herejías

“La Congregación Romana para la Doctrina de la Fe reconoce que mi libro no contiene ninguna proposición contraria a la fe”. Con esta contundente sencillez, el sacerdote José Antonio Pagola, ex vicario de la diócesis de San Sebastián, comunica a sus miles de lectores que el libro Jesús. Aproximación histórica está libre de herejía. Llevaba cinco años esperando esa resolución, en un proceso inquisitorial abierto a instancias de la Conferencia Episcopal Española (CEE).

Comunicado ante le día de la mujer trabajadora

Comunicado de HOAC-JOC. Celebramos nuevamente el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. En esta fecha recordamos a tantas mujeres anónimas que han construido nuestra historia, muchas veces con sangre y sacrificio. Mujeres que han entregado su vida para que la situación de la mujer y de la sociedad avanzara en pro de la justicia, la igualdad, la paz y el desarrollo.

 

Tareas para el próximo sucesor de Pedro

Miradas cristianas

En mi opinión, cuando se habla de reformas de la Iglesia hay que distinguir, en primer lugar, entre reformas más urgentes y menos urgentes (que pueden no coincidir con las que más nos gustarían a nosotros). En segundo lugar hay que distinguir también entre reformas que requerirán tiempo (quizás mucho) y otras que parecen ser de factura inmediata, con sólo que un papa lo quiera. Teniendo esto presente esbozaré el siguiente programa. Leer más

Dos bloques consolidados

Religión Digital.- La historia se repite. Como casi siempre, los «partidos» (cordadas) en la Iglesia están activos y se consolidan dos bloques. Uno, liderado por el partido romano o curial, que aglutina a los curiales. Al final, los italianos Sodano, Re y Bertone, enfrentado a muerte durante el papado de Ratzinger, se vuelven a unir. Para seguir controlando la Curia y, por lo tanto, el Gobierno de la Iglesia.

Por el otro, lado el bloque de los «pastoralistas». Este último bloque, capitaneado por los americanos y los alemanes, cobra cada vez mayor protagonismo. Y no agacha la cabeza ante la Curia. Entre otras cosas, porque la Curia está absolutamente desacreditada, después del Vatileaks y de todo lo que ha pasado.

IV DOMINGO DE CUARESMA, 10 de Marzo de 2013, Lc 15, 1-32

EL PADRE USURPA EL ROL DE LA MADRE

JOSÉ ENRIQUE GALARRETA
FE ADULTA
Lc 15, 1-32

El evangelio de hoy nos ofrece la oportunidad de meditar la perla de las Parábolas de Jesús. Vamos a hacerlo a fondo. En primer lugar, ofrecemos unas notas al texto de la parábola que ayuden a su comprensión.

El contexto es la murmuración de los «justos». Estamos ante la mayor revolución de Jesús: que no te quiere Dios porque eres bueno, sino porque le necesitas.

El hijo menor se marcha. En esto consiste el pecado: preferir el mal engañados por su apariencia de bien. En el fondo «marcharse lejos del Padre». Y a esto conduce el pecado: a echar a perder la vida, a hacer del hombre algo miserable. Se arrepiente sólo por hambre: en casa estaba mucho mejor. No conoce a su padre: cree que tiene que convencerle para que le perdone. (Por eso se fue, porque no le conocía).

El padre no perdona, no razona, simplemente, se lleva un alegrón indecible. Y no piensa más que en celebrar, en tirar la casa por la ventana. «Porque ha vuelto a la vida».

El hijo mayor es «justo», cumple bien con sus obligaciones, respeta a su padre, pero no se alegra de que haya vuelto su hermano. «Aunque hable las lenguas de los ángeles, si no tengo amor, no soy nada». «No te das cuenta de que eres feliz, de que estás en casa, de que es tuyo todo lo de tu padre» «pero nuestra alegría no era completa, porque faltaba tu hermano»…

Diríamos que no hay nada que comentar, que no hay más que leer, admirar, y dejarse penetrar de la Palabra. Y es lo que debemos hacer: releer una y otra vez el texto evangélico y dejar que el Espíritu de Jesús nos vaya invadiendo. Sin embargo, es tanto el contenido y tan revolucionario, que necesariamente debemos explicarlo un poco.

Ante todo, Jesús es el mejor narrador de todos los tiempos. Es el Maestro de los maestros al inventar narraciones para hablar de Dios. Jesús es el que sabe hablar de Dios, porque le conoce. Jesús es el que sabe hablar del hombre, porque le conoce.

Lo primero que se nos ofrece es sin duda una preciosa definición del pecado y de la conversión.

¿Qué hay en la casa del padre? Trabajo, cariño, responsabilidad, sentirse bien, tener alimento, ser alguien, ser hijo.

¿Qué hay lejos de la casa del Padre? Engaño, apariencia de felicidad, todo insatisfactorio y perecedero. El hijo pequeño ha cometido un grave error. Le ha parecido que hay cosas mejores que trabajar en la Casa del Padre. Es una definición del pecado: un grave error, sentirse atraído por algo que, a la larga, te va a decepcionar, te va a hacer desgraciado. Y sobre todo, no ser nadie, haber perdido la dignidad y la identidad.

¿Por qué quiere el hijo volver? Por hambre. Porque se acuerda de que en casa de su Padre se estaba mucho mejor. Ni siquiera por su Padre, ni por cariño. Porque se acuerda de lo bien que estaba en su casa.

Hasta aquí, Jesús nos ofrece todo un tratado de sicología del pecado y de la conversión. El pecado es error: pensamos que fuera de la Ley de Dios se está mejor. Buscamos la felicidad fuera de lo que Dios propone. Debilidad y error que conduce al ser humano a la indignidad y a la pérdida de identidad.

Pero el mensaje es mucho más amplio y profundo: el mensaje básico no es el hijo, sino el padre. El mayor de los errores del hijo es que no conoce a su padre. Piensa que tendrá que rogarle, que convencerle, que quizá consiga ser admitido como un criado… ¡Qué sorpresa, cuando empieza a recitar su cantinela «padre, he pecado contra el cielo y contra ti…» y se da cuenta de que su padre ni le escucha, sino que grita de alegría a todo el mundo, que traigan buena ropa, que maten el ternero, porque mi hijo ha vuelto!

Quizá hayamos olvidado que la parábola es paradójica. Tuvo que sonar muy mal ante aquel auditorio acostumbrado a que el «Paterfamilias» fuese ante todo «el amo», el que imparte justicia, el conservador de la hacienda. Para todos los oyentes, el que tiene razón es el hijo mayor, que es trabajador, fiel a su casa, justo. La misericordia esperable sería que el hijo que vuelve fuese admitido en casa como peón… por pura bondad. Entonces podríamos hablar de un padre justo y misericordioso… Pero el padre de la parábola es mucho más que eso.

Ese padre que destroza la herencia, perjudica los intereses del hermano justo y trata al hijo pequeño «como si no hubiese pasado nada» (y todavía mejor) no es un buen ejemplo para el orden ni para la educación de los hijos ni para el mantenimiento de la estabilidad de la hacienda familiar. El padre de esta parábola usurpa el rol de la madre, que debería estar ahí para interceder por el hijo descarriado; pero no hace falta, porque el padre no es el paterfamilias justo sino la madre emocionada por el regreso del hijo.

La parábola se inscribe pues junto a las otras en que el mensaje radica precisamente en «Dios no hace justicia», como los viñadores de la última hora o la invitación al banquete, y a los hechos de Jesús en que prefiere a los pecadores antes que a los justos. Los pecadores que se acercan a Jesús son acogidos inmediatamente, aunque no hagan nada por «merecer» el perdón, como la mujer adúltera.

Lo esencial en la parábola es sin duda que el hijo es restituido a su condición de hijo sin ningún mérito propio; solamente porque el Padre está deseando hacerlo así. En cuanto el hijo da pie para ello, recibe la plenitud del cariño del padre: no tiene más que acercarse, aunque sea sólo por hambre, y encontrará al Padre feliz de recuperarle como hijo.

Y éste es el secreto: no se trata de perdonar cosas pasadas y decir que no tienen importancia, sino de recuperarle como hijo. No estamos ante un tribunal «blando» que quita importancia a los errores o maldades anteriores. Esto deformaría esencialmente la imagen del padre. Se trata de que no estamos ante un tribunal, sino ante el estupendo milagro de que el cariño del Padre ha recuperado a un hijo.

Ha recuperado a un solo hijo. Al otro hijo no parece poder recuperarlo ni el cariño del padre: seguirá viviendo en el árido reino de la justicia. No olvidemos que estas parábolas las provocan los fariseos y escribas que murmuran porque Jesús acoge a los publicanos y pecadores que acuden en masa a Él.

Demasiadas veces seguimos viendo a Dios como Amo y como Juez. Jesús ha revelado lo más íntimo de Dios con otras imágenes: médico y papá.

Demasiadas veces seguimos pensando en nuestros pecados como delitos, ofensas cometidas contra Dios. Jesús ha revelado lo más íntimo del pecado: enfermedad y error.

Demasiadas veces hemos concebido esta vida como un lugar en que hemos de pasarlo lo mejor posible dentro de las molestas restricciones que nos imponen las leyes del Amo, esperando resignadamente la catástrofe final de la muerte. Jesús ha revelado que esta vida es trabajar por los hermanos esperando la vuelta a Casa, donde todo llegará a su plenitud (es decir, a la normalidad).

Dios es papá, que nos quiere porque es Él así, no porque seamos maravillosos. Las madres no quieren a sus hijos porque sean guapos. Les quieren, sin más. Así es Dios: nos quiere, sin más. La madre enseña al hijo lo que es bueno, informa, corrige, cura… No se trata de delitos, ni de perdones, ni de leyes. Se trata de que quiere la felicidad del hijo. Si el hijo hace mal, la madre no se indigna, se apena. Si el hijo «vuelve», la madre no perdona, se lleva un alegrón.

Jesús no ha pagado al eterno padre la deuda de nuestros pecados. Porque no hay deuda, sino enfermedades, porque el Padre no necesita ser pagado de nada, porque la Salvación no es iniciativa de Jesús, sino del Padre, porque Jesús no es el bueno que apacigua al juez, sino el Hijo en quien resplandece toda la bondad del Padre. Ya es hora de que cambiemos de religión, y nos fiemos de una vez de la Buena Noticia.

Y si alguien cree que esta manera de entender a Jesús es permisiva, que ancha es Castilla, que no hay que preocuparse por los pecados… es que no se ha enterado de nada. Porque nada hay más exigente que el amor. Porque todas las leyes y obligaciones del mundo se quedan pequeñas y ridículas ante la exigencia que supone el querer, porque la madre hace mil veces más que aquello a lo que está obligada, y lo hace disfrutando, y cuanto más tiene que esforzarse más disfruta, porque el amor sólo se satisface dando y esforzándose.

Y ésa es la vida y la religión a la que Jesús llama, infinitamente más exigente que todos los preceptos, infinitamente más satisfactoria que todos los premios, infinitamente más humana y más divina, porque Jesús conoce a Dios y al hombre, y ha establecido una relación entre ellos objetiva, no basada en lo que nosotros nos imaginamos de Dios y del hombre, sino en lo que Dios y el hombre son en realidad.

En resumen, un cristiano se define por haber aceptado la misión: ¿quieres trabajar en las cosas de tu padre? Decir que sí es vivir como hijo, metiéndose en todos los líos de los demás hijos, porque eso, los hijos, son «las cosas de mi padre». Si alguien piensa que esto es permisivo, hablamos diferente idioma.

Así que hemos dado con una hermosa descripción de «El Reino». El Reino es «estar en las cosas de mi padre». Y de aquí surge una sana, sencilla y comprometedora teología de la ecología y de la solidaridad, tan lejana de esas teologías trinitarias y cristológicas tan presuntuosas como estériles.

José Enrique Galarreta

El Pacto de las Catacumbas

Magnífico y evangélico este pacto de las catacumbas de estos cerca de 40 obispos, liderados por Helder Cámara. Gestos como éstos se echan muy en falta en los pastores de hoy, tan preocupados por otras cosas…
(Redacción de Redes Cristianas)

Un grupo de obispos durante el Concilio Vaticano II, en 1965, reunidos en la catacumba de Santa Domitila, suscribieron el Pacto de las Catacumbas, con el liderazgo de Dom Hélder Câmara, en un intento valeroso de tratar de reflejar mejor la Iglesia de Jesús, comunidad de los creyentes. Leer más

Dios no ha escogido a Ratzinger

Redacción de Atrio,

Seguimos en ATRIO publicando los artículos que nos parece más interesante que sean reproducidos aquí. O por provenir de medios más desconocidos o por su especial interés para ser comentados y discutidos en ATRIO. El actual proviene del coordinador de KOINONÍA, donde ha sido reproducido ahora aunque había sido publicado inmediatamente después de la elección de Benedicto XVI. Estamos de acuerdo en que, siguiendo el pensamiento del joven teólogo Ratzinger, hay que rechazar el difundido error blasfemo de atribuir al mismo Dios la elección histórica de los papas.

Dios no ha escogido a Ratzinger (28 abril 2005)

José María Vigil Leer más

¿QUÉ SENTIDO TIENE LA ORACIÓN DE PETICIÓN?

FE ADULTA
A la atención de Fray Marcos.

Buenos días. Todas las semanas leo tus comentarios al Evangelio del domingo, con los que sintonizo plenamente. Después de leer el correspondiente al día 3 de marzo, ha vuelto a surgir en mí el tema de la oración, que cíclicamente me cuestiono. Y por eso me tomo la libertad de consultarte.

Como bien dices en tu comentario: «…Resulta que Dios, por ser «acto puro», por estar haciéndolo todo en todo instante, no puede hacer nada en concreto. No puede empezar a hacer nada, porque una acción es enriquecimiento del ser que actúa, y si Dios pudiera ser más, antes no sería Dios. Tampoco puede dejar de hacer nada de lo que está haciendo, porque perdería algo y dejaría de ser Dios…» Leer más

GARIZUMAKO IV. IGANDEA, BETI BESOSAK ZABALIK-CON LOS BRAZOS SIEMPRE ABIERTOS

BETI BESOAK ZABALIK
Lukas 15, 1-3. 11- 32

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Hainbat jenderentzat, ez gutxirentzat, Jainko beste edozer gauza da, bizitzan poza ezartzeko gai izatea izan ezik. Hura gogora ekartzeak oroitzapen txarrak ekarri ohi dizkio: izaki mehatxari eta zorrotz baten ideia sortzen dio, bizitza are gogaikarriago, deserosoago eta arriskutsuago bihurtzen dion ideia.

Pixkana, hura alde batera utziz joan izan dira. Fedea halakoen baitan «hertsaturik» gelditu da. Gaur egun, ez dakite sinesten duten ala ez. Jainkoagana nola jo ezinik gelditu dira. Batzuek gogoan dute oraino «seme hondatzailearen parabola», baina ez dute entzun sekula beren bihotzean.

Aita da parabola horretako benetako protagonista. Bi bider errepikatzen du poz-oihu hau: «Ene seme hau hila nuen eta piztu zait; galdua nuen eta aurkitu dugu». Oihu honek agertzen du zer duen bihotzean aita honek.

Aita honi ez dio axola bere ohorea, ez bere probetxua, ezta bere semeari ematen dioten tratua ere. Ez darabil inoiz ere hizkuntza morala. Soilik, bere semearen bizia du gogoan: ez dadila suntsitu, ez dezala jarraitu hilik, ez dadila bizi galdurik bizi-poza ezagutu gabe.

Xeheki deskribatu du kontakizunak aitaren eta sutondoa utzi zuen semearen topo egitea. Artean urrun zela, goseak eta lur joa «ikusi zuen» aitak etortzen, eta hondo-hondoraino «hunkitu zen». Begiratu on hau, onbera eta errukitsu hau, da salbatzen gaituena. Jainkoak bakarrik begiratzen digu horrela.

Bat-batean, «korrika hasi zen». Ez da izan semea etxera itzuli dena. Aita da korrika irten eta haren besarkada bila joan dena, semeak berak baino su handiagoz. «Besarkatu eta musuka hasi zitzaion». Horrela ari da Jainkoa beti. Besoak zabalik doa beragana itzultzen direnengana.

Semeak bere aitorpena hasi du: luzaroan prestatu du bere bihotzean. Aitak, ordea, eten egin dio, umilazioa ez luzatzeko. Ez dio ezarri inolako zigorrik, ez dio eskatu inolako ordain-erriturik, ez dio ipini inolako baldintzarik etxean sartzeko. Jainkoak bakarrik onartzen eta babesten ditu horrela bekatariak.

Soilik, semearen duintasuna du aitak gogoan. Presaka jokatu beharra du. Jantzirik hobena ekartzeko agindu du, seme-eraztuna eta etxean sartzeko oinetakoak ekartzeko. Harrera hori egin diote beraren omenez ospatuko duten jai-otorduan. Aitagandik urruti ezin gozatu izan duen bizitza duin eta zoriontsua ezagutu behar du semeak aitaren ondoan.

Parabola hau kanpotik entzungo duenak, ez du ezer ulertuko. Bizitzan bide egiten jarraituko du Jainkoa gabe. Aldiz, bere bihotzean entzungo duenak, agian, negar egingo du pozez eta esker onez. Lehenengo aldiz sentituko du bizitzaren azken misterioan badela Norbait, onartzen gaituena eta barkatzen, soil-soilik poza opa digulako.

4 Cuaresma (C) Lucas 15, 1-3. 11- 32

CON LOS BRAZOS SIEMPRE ABIERTOS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 06/03/13.- Para no pocos, Dios es cualquier cosa menos alguien capaz de poner alegría en su vida. Pensar en él les trae malos recuerdos: en su interior se despierta la idea de un ser amenazador y exigente, que hace la vida más fastidiosa, incómoda y peligrosa.

Poco a poco han prescindido de él. La fe ha quedado «reprimida» en su interior. Hoy no saben si creen o no creen. Se han quedado sin caminos hacia Dios. Algunos recuerdan todavía «la parábola del hijo pródigo», pero nunca la han escuchado en su corazón.

El verdadero protagonista de esa parábola es el padre. Por dos veces repite el mismo grito de alegría: «Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado». Este grito revela lo que hay en su corazón de padre.

A este padre no le preocupa su honor, sus intereses, ni el trato que le dan sus hijos. No emplea nunca un lenguaje moral. Solo piensa en la vida de su hijo: que no quede destruido, que no siga muerto, que no viva perdido sin conocer la alegría de la vida.

El relato describe con todo detalle el encuentro sorprendente del padre con el hijo que abandonó el hogar. Estando todavía lejos, el padre «lo vio» venir hambriento y humillado, y «se conmovió» hasta las entrañas. Esta mirada buena, llena de bondad y compasión es la que nos salva. Solo Dios nos mira así.

Enseguida «echa a correr». No es el hijo quien vuelve a casa. Es el padre el que sale corriendo y busca el abrazo con más ardor que su mismo hijo. «Se le echó al cuello y se puso a besarlo». Así está siempre Dios. Corriendo con los brazos abiertos hacia quienes vuelven a él.

El hijo comienza su confesión: la ha preparado largamente en su interior. El padre le interrumpe para ahorrarle más humillaciones. No le impone castigo alguno, no le exige ningún rito de expiación; no le pone condición alguna para acogerlo en casa. Sólo Dios acoge y protege así a los pecadores.

El padre solo piensa en la dignidad de su hijo. Hay que actuar de prisa. Manda traer el mejor vestido, el anillo de hijo y las sandalias para entrar en casa. Así será recibido en un banquete que se celebra en su honor. El hijo ha de conocer junto a su padre la vida digna y dichosa que no ha podido disfrutar lejos de él.

Quien oiga esta parábola desde fuera, no entenderá nada. Seguirá caminando por la vida sin Dios. Quien la escuche en su corazón, tal vez llorará de alegría y agradecimiento. Sentirá por vez primera que en el misterio último de la vida hay Alguien que nos acoge y nos perdona porque solo quiere nuestra alegría. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).