La excesiva proliferación de los santos, con sus devociones, sus intercesiones, y sus especialidades

He metido dos entregas entre el primer punto que escribí y el que debía de ser el segundo, es decir éste. Pero vuelvo a acometer mi plan. Y escribiré, con esa metodología que me ayuda a ser claro, corto y sintético. Ahí va:
Los santos. Es verdad de que en la Iglesia de Roma comenzó el culto a los mártires. Pero era, además de comprensible, una ayuda en el fervor para asumir los riesgos que el mero hecho de ser cristiano conllevaba. Los enterramientos en las catacumbas servían, literalmente, de mesas más que sacrificiales, pues el sacrificio ya se había consumado en el anfiteatro, o en cualquier rincón o encrucijada. Se trataba, más bien, de mesas eucarísticas, es decir, de una gozosa acción de gracias por hermanos miembros de la comunidad que había ganado la palma y el laurel del martirio. Una manera muy entrañable, de tener en cuenta, como hacemos nosotros, a sus queridos, y venerados, difuntos. Leer más

El fantasma populista

Enviado a la página web de Redes Cristianas

ECLESALIA.-  Hablar de un fantasma populista es aludir a una realidad inexistente, pero en la que uno cree y le causa miedo como si existiera. Muy fuerte debe ser el miedo de este fantasma cuando notables escritores se vienen ocupando de él.
Lo interesante del fantasma populista es que está sirviendo de test para ver quiénes, con puntería desacertada, se han alineado para dispararle. Son de gente que lucen de “progresistas”, que maldicen incluso de desafueros, retóricas y engaños perpetrados dentro de nuestro sistema democrático, pero sin consentir que otros ciudadanos, desde abajo y sin abdicar del sistema, se atrevan a señalar lacras y omisiones del mismo sistema y se unan en nuevos partidos para hacer cumplir simplemente lo que ordena nuestra Constitución. Leer más

15º DOMINGO T.O., «SEMBRAR» José A. Pagola

SEMBRAR

Escrito por  José Antonio Pagola
ECLESALIA

Mt 13, 1-23

Al terminar el relato de la parábola del sembrador, Jesús hace esta llamada: «El que tenga oídos para oír, que oiga». Se nos pide que prestemos mucha atención a la parábola. Pero, ¿en qué hemos de reflexionar? ¿En el sembrador? ¿En la semilla? ¿En los diferentes terrenos?

Tradicionalmente, los cristianos nos hemos fijado casi exclusivamente en los terrenos en que cae la semilla, para revisar cuál es nuestra actitud al escuchar el Evangelio. Sin embargo es importante prestar atención al sembrador y a su modo de sembrar.

Es lo primero que dice el relato: «Salió el sembrador a sembrar«. Lo hace con una confianza sorprendente. Siembra de manera abundante. La semilla cae y cae por todas partes, incluso donde parece difícil que la semilla pueda germinar. Así lo hacían los campesinos de Galilea, que sembraban incluso al borde de los caminos y en terrenos pedregosos.

A la gente no le es difícil identificar al sembrador. Así siembra Jesús su mensaje. Lo ven salir todas las mañanas a anunciar la Buena Noticia de Dios. Siembra su Palabra entre la gente sencilla que lo acoge, y también entre los escribas y fariseos que lo rechazan. Nunca se desalienta. Su siembra no será estéril.

Desbordados por una fuerte crisis religiosa, podemos pensar que el Evangelio ha perdido su fuerza original y que el mensaje de Jesús ya no tiene garra para atraer la atención del hombre o la mujer de hoy. Ciertamente, no es el momento de «cosechar» éxitos llamativos, sino de aprender a sembrar sin desalentarnos, con más humildad y verdad.

No es el Evangelio el que ha perdido fuerza humanizadora, somos nosotros los que lo estamos anunciando con una fe débil y vacilante. No es Jesús el que ha perdido poder de atracción. Somos nosotros los que lo desvirtuamos con nuestras incoherencias y contradicciones.

El Papa Francisco dice que, cuando un cristiano no vive una adhesión fuerte a Jesús, «pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie».

Evangelizar no es propagar una doctrina, sino hacer presente en medio de la sociedad y en el corazón de las personas la fuerza humanizadora y salvadora de Jesús. Y esto no se puede hacer de cualquier manera. Lo más decisivo no es el número de predicadores, catequistas y enseñantes de religión, sino la calidad evangélica que podamos irradiar los cristianos. ¿Qué contagiamos? ¿Indiferencia o fe convencida? ¿Mediocridad o pasión por una vida más humana?

¡Ni son hippies, ni corruptos, ni quieren emigrar!

Editorial Redes Cristianas

Cuenta la historia que,  allá por la década de los sesenta del pasado siglo,  San Francisco (California) se convirtió en la meca de la juventud americana. Desencantada con los valores y la moral estándar  surgida de la Segunda Guerra Mundial y harta de la interminable guerra del Vietnam, comenzó a reunirse en comunas en el distrito Haight-Ashbury no solo para fumar marihuana, tocar guitarra, consumir LSD y escuchar Leer más

PARA SER LA IGLESIA DE PEDRO Y PABLO

Fe Adulta

Un mirada global a la historia de la Iglesia enseguida nos hace caer en la cuenta de la enorme influencia que a lo largo de los siglos tuvo la iglesia jerárquica en la civilización y cultura occidental, sobre todo a lo largo de la edad media, ejerciendo un poder omnímodo en casi todos los campos de la actividad humana y particularmente política, aportando justificación sagrada a toda clase de comportamientos éticos, morales, jurídicos, filosóficos y políticos. Era como una teocracia o gobierno de Dios, cuya representación visible en el mundo es el Papa de Roma que aun hoy es el monarca del Vaticano así como cabeza de la Iglesia Católica.

A medida que la Iglesia fue adquiriendo poder político, influencia social y rodeándose de privilegios, fue alejándose del Evangelio e hipotecando su compromiso con la construcción del Reino de Dios. Cada vez era más vista por el pueblo como pegada y plegada al poder, al lado de los poderosos y de la riqueza, influyente socialmente y cada vez más alejada del pueblo y temida, conservadora en los doctrinal y ávida de conservar intactos sus privilegios. Leer más

LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, ¿UNA ANCIANA MORIBUNDA?

JUAN JOSÉ TAMAYO, teólogo, juanjotamayo@gmail.com

ECLESALIA, 04/07/14.- “Efectivamente, las figuras relevantes de la Teología de la Liberación (TL) son personas ancianas y, como tal, como la expresión de lo que fue, está muy está anciana, si no es que ya está muerta… Hoy en día no está más el tema de la teología de la liberación, que había sido planteada con una base sociológica que no cuadraba con la base teológica”.

No, no son afirmaciones estas de sectores lefebvristas, neoconservadores o integristas, ni de la Congregación para la Doctrina de la Fe, tan propensa a desacreditar las tendencias teológicas que no coinciden con la teología romana. Han sido pronunciadas por monseñor Carlos Aguiar Retes, todopoderoso presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), y difundidas por la Agencia Católica de Información ZENIT. Las ha hecho en un momento tan significativo como el encuentro del CELAM con el papa Francisco, cuando el Vaticano está dando muestras de acercamiento a dicha teología. Leer más

El Episcopado brasileño aboga por una «Iglesia consoladora, samaritana, profética, servicial y maternal»

«Todo cristiano laico y laica tiene un papel decisivo también en la Iglesia». Sin entrar a hacer juicios de valor, nadie puede negar que las cosas en la Iglesia Católica están cambiando y que el espíritu de Francisco es una realidad cada vez más palpable. Desde que fue elegido Obispo de Roma, como él mismo se presenta, ha incidido en la necesidad de que la Iglesia sea más participativa y se escuche la voz de la gente para poder marcar caminos que sean fruto de un mayor consenso.

14º DOMINGO T.O., «LA SIMPLICIDAD DE DIOS NOS ASUSTA», Fray Mateo

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Mt 11, 25-30

En el evangelio de hoy hay tres párrafos bien definidas. El primero se refiere a Dios. El segundo, a la interdependencia total entre Jesús y Dios. El tercero, hace referencia a la relación entre nosotros y Jesús. Los tres manifiestan aspectos esenciales del mensaje de Jesús. Los dos primeras se encuentran también en Lc, pero en el contexto del éxito de los 72 y la intervención del Espíritu que llenó de alegría a Jesús. Aunque no sean palabras del mismo Jesús, se trata de una tradición muy antigua que refleja un conocimiento muy profundo de su persona. En la primera comunidad cristiana todos eran sencillos. ¿Qué hubiera dicho Jesús de la Iglesia después de Constantino?

«Te doy gracias, Padre, porque…» Lo importante no es la acción de gracias en sí sino el motivo. Los radicales contrastes del lenguaje semítico nos despistan. Jesús no puede afirmar que Dios da a algunos lo que niega a otros. Lo que quiere decir es que, el Dios de Jesús no puede ser aceptado más que por la gente sencilla y sin prejuicios. Los engreídos, los soberbios, los sabios tienen capacidad para crearse su propio Dios. Los «sabios y entendidos» eran los especialistas de la Ley. Su pretendido conocimiento de Dios les daba derecho a sentirse seguros, poseedores de la verdad. No tenían nada que aprender, pero eran los únicos que podían enseñar. Con prepotencia imponían toda clase de normas y preceptos insoportables para la gente normal.

¿Quiénes eran los sencillos? «El «nepios» griego tiene muchos significados, pero todos van en la misma dirección: infantil, niño, menor de edad, incapaz de hablar; y también: tonto, infeliz, ingenuo, débil. En todos descubrimos la ausencia de cálculo, la falta de doblez o segundas intenciones. Para la élite religiosa, los sencillos eran unos malditos, porque no conocían la Ley, y por lo tanto no podían cumplirla. Los sencillos eran los «sin voz», «la gente de la tierra» a quienes los rabinos despreciaban. En tiempo de Jesús, solo los dirigentes podían opinar, los demás tenían la obligación de escuchar.

Estas cosas son las experiencias de Dios que Jesús vivió y que les quiere transmitir. No se trata de conocimiento sino de experiencia profunda. «Todo me lo ha entregado mi Padre…» Ese conocimiento de Dios no es fruto del esfuerzo humano, sino puro don; aunque no se niegue a nadie. El error de nuestra teología, fue creer que conocíamos a Jesús porque conocíamos a Dios; si Jesús era Dios, ya sabíamos lo que era Jesús. El texto nos dice que la única manera de conocer a Dios es aproximarnos a Jesús.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré. La imagen del yugo se aplicaba a la Ley, que, tal como la imponían los fariseos, era ciertamente insoportable. El hombre desaparecía bajo el peso de más de 600 preceptos y 5.000 prescripciones. Para los fariseos, la Ley era lo único absoluto. Jesús dice lo contrario: «El sábado está hecho para el hombre, no el hombre para el sábado». La principal tarea de Jesús es liberar al hombre de las ataduras religiosas; de las que sufrían los judíos de su tiempo y de las que sufren hoy los cristianos.

Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Jesús libera de los yugos y las cargas que oprimen al hombre y le impiden ser Él. No propone una vida sin esfuerzo; eso sería engañar al ser humano que tiene experiencia de lo difícil que es la existencia. Sin esfuerzo no hay verdadera vida humana. Si desaparecieran todas las dificultades, no podríamos avanzar hacia ninguna meta. No es el trabajo exigente lo que malogra una vida, sino los esfuerzos que no llevan a ninguna plenitud. Todo lo que hagamos a favor del hombre se convertirá en felicidad porque traerá plenitud y felicidad.

Jesús propone un «yugo» pero no de opresión que vaya contra el hombre, sino para desplegar todas sus posibilidades de ser más humano. Jesús quiere ayudar al ser humano a desplegar su ser sin opresiones. El yugo y la carga serían, como el peso de las alas para el ave. Claro que las alas tienen su peso, pero si se lo quitas, ¿con qué volará? El motor de un avión es una tremenda carga, pero gracias a ese peso el avión vuela. Nuestras limitaciones son las que nos permiten avanzar en el camino hacia una meta que está más allá de lo que somos como simples animales.

Lo que acabamos de leer es, sin duda, evangelio (buena noticia). No hemos hecho mucho caso a este mensaje. En cuanto pasaron los primeros siglos de cristianismo, se olvidó totalmente este evangelio, y se recuperó «el sentido común». Nunca más se ha reconocido que Dios se pueda revelar a la gente sencilla. Es tan sorprendente lo que nos acaba de decir Jesús, que no nos lo hemos creído nunca. ¡Qué sabe Jesús de lo que significa ser cristiano! Sin embargo, Dios no comparte con el hombre los secretos del conocimiento, sino su misma Vida. La revelación no consiste en más conocimiento, sino en más Vida.

Si Dios se revela a la gente sencilla, ¿Qué cauces encontramos en nuestra institución para que esa revelación sea escuchada? ¿No estamos haciendo el ridículo cuando seguimos siendo guiados por los «sabios y entendidos» que se escuchan más a sí mismos que a Dios? A todos los niveles estamos en manos de expertos. En religión la dependencia es absoluta, hasta el punto de prohibirnos pensar por nuestra cuenta. Recordad la frase del catecismo: «doctores tiene la Iglesia que os sabrán responder».

Jesús no propone una religión menos exigente. Esto sería tergiversar el mensaje. Jesús no quiere saber nada de religiones. Propone una manera de vivir la cercanía de Dios, tal como él la vivió. Esa Vida profunda, es la que puede dar sentido a la existencia, tanto del listo como del tonto, tanto del sabio como del ignorante, tanto del rico como del pobre. Todo lo que nos lleve a plenitud, será ligero. Este camino de sencillez no es fácil.

Los cansados y agobiados eran los que intentaban cumplir la Ley, pero fracasaban en el intento. De esas conciencias atormentadas abusaban los eruditos para someterlos y oprimirlos. Nada ha cambiado desde entonces. Los entendidos de todos los tiempos siguen abusando de los que no lo son y tratando de convencerles de que tienen que hacerles caso en nombre de Dios. Pío IX dijo: «solo hay dos clases de cristianos, los que tienen el derecho de mandar y los que tienen la obligación de obedecer». Hoy ningún jerarca repetiría esas palabras, pero en la práctica, todos actúan desde esa perspectiva.

Ahora solo nos queda revisar nuestra religión y ver en qué medida separamos la fe de la vida, la experiencia del conocimiento, el amor del culto, la conciencia de la moralidad, y así sucesivamente. Los predicadores seguimos imponiendo pesadas fardos sobre las espaldas de los fieles. Nuestro anuncio no es liberador. Seguimos confiando más en los conocimientos teológicos, en el cumplimiento de unas normas morales y en la práctica de unos ritos, que en la sencillez de sabernos en Dios. Seguimos proponiendo como meta, la «Ley» de Dios, no la Vida de Dios.

Hace décadas que se está hablando de la crisis de nuestras instituciones. Pero la crisis de la Iglesia no es una crisis doctrinal. Es una crisis de vivencia. La gran carencia de nuestra comunidad hoy es la falta de experiencia interior. Por eso nunca se podrá superar insistiendo en la doctrina, por medio de la condena a los que se atreven a discrepar de la doctrina oficial o con documentos que tratan de zanjar cuestiones discutidas. Lo que hay que enseñar a los cristianos es a vivir la experiencia del Dios de Jesús. Solo ahí encontraremos la liberación de toda opresión. Solo teniendo la misma vivencia de Jesús, descubriremos la libertad necesaria para ser nosotros mismos.

Meditación-contemplación

Venid a mí todos, dice Jesús.

Él conoce a Dios y él nos lo puede revelar.

Debemos superar todo prejuicio

y aceptar ese Dios como el único que puede liberarnos.

………

Todo dios, que venga de otra parte

o que nos hayamos fabricado nosotros, será opresor.

Mientras más agobiados nos sintamos,

más necesitaremos al Dios de Jesús.

………..

Ese Dios de Jesús, sencillo y cercano

solo puede ser aceptado desde la sencillez.

Dios solo se puede dar como simplicidad.

Dios solo cabe en un corazón simple y sencillo.

……….

Fray Marcos

 

14. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «JESUSEN HIRU DE – TRES LLAMADAS DE JESÚS» José A. Pagola

JESUSEN HIRU DEI

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 02/07/14 Mateoren ebanjelioak Jesusen hiru dei jaso ditu. Haren jarraitzaileok arretaz entzun beharrekoak. Izan ere, eraldatzen ahal baitute gure elkarteetako sektore batzuetan arnasten den giroa, etsipen, neke, asperraldizko giroa.

«Zatozte nigana nekaturik eta larri bizi zaren guztiok. Nik neuk lasaituko zaituztet». Hauxe da lehenengo deia. Erlijioa zama astun bezala bizi dutenentzat da. Ez dira gutxi beren kontzientziak estuturik dituen kristauak. Ez dira bekatari handi. Soil-soilik, honela hezi dituzte: beren bekatua beti begi aurrean izateko, eta ez dute ezagutzen Jainkoaren etengabeko barkazioaren poza. Jesusekin topo egiten badute, arindurik sentituko dira.

Bada beste kristau-talde bat ere: erlijioa, ahitua den tradizio bezala bizi duena. Jesusekin topo egiten badute, Jainkoarekin gustura bizitzen ikasiko dute. Gaur ezagutzen ez duten barne poza aurkituko dute. Jesusi jarraituko diote, ez obligazioz, baizik hark erakartzen dituelako.

«Hartu nire uztarria, eraman erraza baita eta arina nire zama». Hauxe da bigarren deia. Jesusek ez du inor estutzen. Aitzitik, gugan den alderik hobena liberatu egiten du; izan ere, bizitza gizakoiago, duinago eta sanoago eginez bizitzea proposatzen digu. Ez da erraza bizitzeko hori baino era biziago bat aurkitzea.

Jesusek liberatu egiten gaitu ikaratik eta estutasunetik, eta ez ditu eragiten; gure askatasuna hazarazi egiten du, eta ez gure morroi-mirabetza; konfiantza esnatzen du gu baitan, eta ez tristura; maitasunerantz erakartzen gaitu, eta ez lege eta arauetarantz. On eginez bizitzeko gonbita egiten digu.

«Ikasi nigandik, bihotzez otzana eta apala naizela, eta izango duzue atsedenik». Hauxe da hirugarren deia. Bera bezala bizitzen ikasi behar dugu Jesusengandik. Jesus ez datorkigu geure bizitza korapilatzera. Argiago eta xumeago bihurtzen du, umilago eta sanoago. Atsedena eskaintzen digu. Ez die sekula proposatzen bere ikasleei berak bizi izan ez duen ezer. Berari jarraitu, berak egin duen bide beretik jarraitzeko eskatzen digu. Horregatik, ondo asko ezagut ditzake gure zailtasunak eta ahaleginak; horregatik, barka ditzake gure trakeskeriak eta erroreak, beti ere jaikitzeko animoa emanez.

Honetara bildu behar ditugu geure ahaleginak: Jesusekin bizi-harremanak eragitera, arnasa-, atseden- eta bake-premia duten hainbat eta hainbat gizon-emakumerengan. Tristura sentitzen dut ikustean, hain juxtu ere erlijioa ulertzeko eta bizitzeko erak daramala aski jende, kasik ezinbestean, Jesusengan konfiantzarik ez izateko esperientziara. Gogora datorkit hainbat eta hainbat jende, Elizaren barnean nahiz kanpoan, «galdurik» bizi dena, zein ate jo ez dakiela. Badakit, Jesus izan litekeela albiste handia halako jendearentzat.

14 Tiempo ordinario (A)

TRES LLAMADAS DE JESÚS

Mateo 11, 25-30

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 02/07/14.- El evangelio de Mateo ha recogido tres llamadas de Jesús que hemos de escuchar con atención sus seguidores, pues pueden transformar el clima de desaliento, cansancio y aburrimiento que a veces se respira en alguno sectores de nuestras comunidades.

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados. Yo os aliviaré”. Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que viven su religión como una carga pesada. No son pocos los cristianos que viven agobiados por su conciencia. No son grandes pecadores. Sencillamente, han sido educados para tener siempre presente su pecado y no conocen la alegría del perdón contínuo de Dios. Si se encuentran con Jesús, se sentirán aliviados.

Hay también cristianos cansados de vivir su religión como una tradición gastada. Si se encuentran con Jesús, aprenderán a vivir a gusto con Dios. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús, no por obligación sino por atracción.

“Cargad con mi yugo porque es llevadero y mi carga ligera”. Es la segunda llamada. Jesús no agobia a nadie. Al contrario, libera lo mejor que hay en nosotros pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana. No es fácil encontrar un modo más apasionante de vivir.

Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia las leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien.

“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso”.

Es la tercera llamada. Hemos de aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica nuestra vida. La hace más clara y más sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso. No propone nunca a sus seguidores algo que él no haya vivido. Nos invita a seguirlo por el mismo camino que él ha recorrido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.

Hemos de centrar nuestros esfuerzos en promover un contacto más vital con Jesús en tantos hombres y mujeres necesitados de aliento, descanso y paz. Me entristece ver que es precisamente su modo de entender y de vivir la religión lo que conduce a no pocos, casi inevitablemente, a no conocer la experiencia de confiar en Jesús. Pienso en tantas personas que, dentro y fuera de la Iglesia, viven “perdidos”, (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).