Reforma de los seminarios: «Los obispos se están poniendo las pilas, pero unos cargan más rápido y otros más lento»

Religión Digital

El plan de profunda reforma y obligado cumplimiento de los seminarios españoles que los obispos se trajeron debajo del brazo tras la histórica cumbre con el Papa en el Vaticano de noviembre de 2023 ya se sabe que no se va a cumplir dentro de los límites impuestos en su día, que marcaban como fecha tope para su implementación el año 2026

En Roma han decidido levantar el pie del acelerador, asumir que no se cumplirán los plazos y apoyar la tarea del actual obispo de Segovia, Jesús Vidal Chamorro, quien fue nombrado por indicación expresa del Papa coordinador de para la implementación de esta reforma Leer más (José Lorenzo)

Pensadores de la esperanza

Atrio.

Surfeando por Internet esta mañana, me encuentro con este  magnífico artículo de Manolo Fraijó. Lo he leído pausadamente, con disfrute creciente al ir relacionando tan vitalmente la experiencia y lo escrito sobre la esperanza de estos dos pensadores, Ernst Bloch y Jurgen Moltman. Veo que en ATRIO no hay nada publicado de Fraijó, aunque sí sobre su magnífica Filosofía de la Religión. Pero le publiqué varios arículos en Iglesia Viva cuando era directar. Por cierto, uno sobre la teología de Hans Küng, su maestro y amigo, en plena restauración de Juan Pablo II, me valió la única tarjeta amarilla propinada por mi arzobispo. Hoy le publico este artículo con la esperanza de que sea más leído y comentado que en Religión Digital. AD. Leer más (Manuel Fraijó)

Francisco: «La Iglesia necesita pastores, religiosos, misioneros, esposos que sepan decir ‘sí’ al Señor con confianza y esperanza»

Francisco, a los jóvenes: «Vuestra vida no es un ‘mientras tanto’. Vosotros sois el ahora de Dios»

«La Iglesia necesita pastores, religiosos, misioneros, esposos que sepan decir ‘sí’ al Señor con confianza y esperanza. La vocación nunca es un tesoro que permanece encerrado en el corazón, sino que crece y se fortalece en la comunidad que cree, ama y espera»

«Los miembros adultos de la Iglesia, especialmente los pastores, estamos llamados a acoger, discernir y acompañar el camino vocacional de las nuevas generaciones. Y vosotros, jóvenes, estáis llamados a ser protagonistas, o mejor dicho, coprotagonistas con el Espíritu Santo» Leer más…

Mi lectura del Documento final del Sínodo (2024): “Sin la implicación de los obispos, esto no va adelante”

Religión Digital

Invitado por el Instituto Diocesano de Teología y Pastoral de Bilbao (IDTP) he tenido la oportunidad de ofrecer el pasado 13 de marzo de 2025 mi lectura implicativa del Documento final del Sínodo sobre la sinodalidad (2024).

He realizado tal lectura a partir de cuatro referencias que indico en primer lugar. A la luz -y a las sombras- de tales referencias, he formulado, en un momento posterior, diez sugerencias.

1.- Cuatro referencias 

Las cuatro referencias que están presentes en mi lectura implicativa del Documento final del Sínodo (2024) son, en primer lugar, la Asamblea Diocesana, celebrada en la iglesia local de Bilbao de 1984 a 1987. En segundo lugar, la existencia -durante aquellos años- de un liderazgo episcopal y gubernativo proactivos. A estas dos primeras referencias añado, en tercer lugar, la presencia en nuestros días de tres “hechos mayores” que creo que tenemos delante y con los que nos estamos confrontando de una u otra manera. Y, en cuarto lugar, la apuesta por, al menos, seis estrategias pastorales, no todas igualmente válidas.Mi lectura documento final Sínodo-Jesús Martínez Gordo

RUPTURA DE LA TREGUA EN GAZA: GENOCIDIO Y VIOLENCIA

Redes Cristianas

Durante el mes sagrado del Ramadán, cuando el sol se oculta y las familias palestinas deberían romper el ayuno con esperanza, el cielo de Gaza se tiñe de fuego y la ciudad, de más escombros. La tregua, apenas un hilo tenue de respiro, ha sido brutalmente rota. En solo unos días, más de 350 muertos, sin contar los centenares de heridos que no alcanzan a llegar a un hospital porque la ayuda humanitaria es bloqueada sistemáticamente. Gaza se desangra mientras el mundo calla.

Esta masacre no es accidental, no es un daño colateral. Tiene nombres y apellidos: Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, condenado por crímenes de lesa humanidad por la Corte Penal Internacional. Un dirigente que, para desviar la atención de sus propios casos de corrupción, sacrifica vidas inocentes, bajo la bandera de un sionismo convertido en maquinaria de muerte. Lo apadrina Donald Trump, verdadero rostro del necropoder, condenado por corrupción en su propio país, que ha invertido más de 14 mil millones de dólares en alimentar la maquinaria bélica en Gaza, perpetuando una limpieza étnica evidente.Ruptura de la tregua-Por Raquel

DÉJALA TODAVÍA ESTE AÑO –  Fidel Aizpurúa

FE ADULTA

El evangelio siempre nos ofrece pistas de actuación para nuestra vida. Es un pozo inagotable de sugerencias. Basta con estar un poco atentos a lo que se nos dice.

El pasaje de este domingo nos habla de lo que se llama la impaciencia mesiánica. ¿Qué es eso? Es la actitud de quien quiere poner las cosas en orden, su orden, azuzado por el fuego religioso. La del que quiere que todos tengan la misma visión moral de las cosas que él. La actitud de quien no quiere comprender que los caminos en la vida son diversos y pretende que todos vayan a un solo ritmo, al que él marca. Es, en definitiva una actitud avasalladora e intolerante.

El texto dice con el ejemplo de la higuera improductiva: DÉJALA TODA ESTE AÑO. Dale otra oportunidad, espera un poco más, no seas impaciente porque puede que tenga otro ritmo y el fruto llegue más tarde.

Un camino de conversión cuaresmal sería convertirse a la paciencia, no ser tan impacientes que resultemos avasalladores o, peor todavía, fanáticos. ¿Cómo ser crecientemente pacientes?

  • Piensa en tus fallos: si ves la viga en tu ojo, serás más comedido a la hora de denunciar la mota en el ojo del otro.
  • Respeta el ritmo del que va más lento: no es más humano el más eficaz, sino aquel que es más cuidadoso y amable.
  • Colabora siempre, a pesar de todo: da una segunda oportunidad y una tercera. Colaborar es medicina saludable para la impaciencia.

Dice la FT 239 del Papa Francisco (tenemos para él un recuerdo en estas horas difíciles para él) que «Si leemos otros textos del Nuevo Testamento, podemos advertir que de hecho las comunidades primitivas, inmersas en un mundo pagano desbordado de corrupción y desviaciones, vivían un sentido de paciencia, tolerancia, comprensión. Algunos textos son muy claros al respecto: se invita a reprender a los adversarios con dulzura (cf. 2 Tm 2,25). O se exhorta: «Que no injurien a nadie ni sean agresivos, sino amables, demostrando una gran humildad con todo el mundo. Porque nosotros también antes […] éramos detestables» (Tt 3,2-3). El libro de los Hechos de los Apóstoles afirma que los discípulos, perseguidos por algunas autoridades, «gozaban de la estima de todo el pueblo» (2,47; cf. 4,21.33; 5,13)».

Vamos a terminar con un poema (a veces los poetas dicen las cosas de manera tan profunda que nos conmueven). Es del poeta José Jiménez Lozano, ya fallecido:

Diez años esperó que el árbol seco
floreciera de nuevo.
Diez años con el hacha aguzada y temblorosa,
pero el árbol sólo exhibía sus desnudos brazos,
la percha de la urraca y de los cuervos.
Cortóle al fin, y,
de repente, vio su corazón verde,
borbotón de savia; un año más,
y hubiera florecido.

DOMINGO 3º DE CUARESMA (C) – Fray Marcos

(Lc 13,1-9)

Dios no castiga, pero tampoco premia. Esta es la mejor noticia que nos podían dar.

El mensaje de hoy es muy sencillo de formular, pero muy difícil de asimilar. Con demasiada frecuencia seguimos oyendo la fatídica expresión: ¡Castigo de Dios! El domingo pasado decíamos que no teníamos que esperar ningún premio de Dios. Hoy se nos aclara que no tenemos que temer ningún castigo. “el Dios que premia a los buenos y castiga a los malos”.

Es un Dios que interviene en la historia a favor del pueblo oprimido. Así lo creían ellos, desde una visión mítica de la historia. No es Dios sino los seres humanos quienes podemos alcanzar la salvación. Esto es muy importante. Somos nosotros los responsables de que la humanidad camine hacia una liberación o que siga hundiendo en la miseria a humanos.

“Yo soy el que soy”. Estamos ante la intuición más sublime de toda la Biblia. Dios no tiene nombre, simplemente, ES. Todos sabemos que el discurso sobre Dios es siempre analógico, es decir: sencillamente inadecuado, y solo “sequndum quid” acertado. A la hora de la verdad, lo olvidamos y defendemos esos conceptos como si fuera la realidad de Dios.

El evangelio de hoy nos plantea el eterno problema, ¿Es el mal consecuencia del un pecado? Así lo creían los judíos del tiempo de Jesús y así lo siguen creyendo la mayoría de los cristianos de hoy. Desde una visión mágica de Dios, se creía que todo lo que sucedía era fruto de su voluntad. Los males se consideraban castigos y los bienes premios.

Incluso la lectura de Pablo que hemos leído se pude interpretar en esa dirección. Jesús se declara completamente en contra de esa manera de pensar. Está claro en el evangelio de hoy, pero lo encontramos en otros muchos pasajes; el más claro, el del ciego de nacimiento en el evangelio de Jn, donde preguntan a Jesús, ¿Quién peco, éste o sus padres?

Debemos dejar de interpretar como actuación de Dios lo que no son más que fuerzas de la naturaleza o consecuencia de atropellos humanos. Ninguna desgracia que nos alcance debemos atribuirla a un castigo de Dios; de la misma manera que no podemos creer que somos buenos porque las cosas nos salen bien. El evangelio de hoy no puede ser más claro, pero como decíamos el domingo pasado, estamos incapacitados para oír lo que nos dice.

 Si no os convertís, todos pereceréis. La expresión no traduce adecuadamente el griego metanohte, que significa cambiar de mentalidad. No dice Jesús que los que murieron no eran pecadores, sino que todos somos pecadores y tenemos que cambiar de rumbo. Sin una toma de conciencia de que el camino que llevamos termina en el abismo, nunca lo evitaremos. Si soy yo el que camino hacia el abismo, solo yo podrá evitar el precipicio.

La parábola de la higuera es clara. El tiempo para dar fruto es limitado. Dios es don incondicional, pero no puede suplir lo que tengo que hacer yo. Tengo una tarea asignada; si no la llevo a cabo, la culpa será solo mía. No tiene que venir nadie a premiarme o castigarme. El cumplir la tarea y alcanzar mi plenitud, es el premio, no alcanzarla el castigo.

¿Qué significa dar fruto? ¿En qué consistiría la salvación para nosotros aquí y ahora? Esta es la pregunta que nos debemos plantear. No se trata de hacer o dejar de hacer esto o aquello. La salvación no es alcanzar nada ni conseguir nada. Es tu verdadero ser, ya está en ti, porque ya estás identificado con Dios. Nuestra tarea consiste en descubrir y vivir esa realidad que es tu verdadera salvación. Lo que no sea esta toma de conciencia es mitología.

Garizumako 3. igandea – C – José A. Pagola

Grupos de Jesús

(Lukas 13,1-9)

ZERTAKO GORDE PIKONDO ANTZU BAT? – ¿PARA QUÉ UNA HIGUERA ESTÉRIL?

Jesusek era askotara jokatzen zuen jendeagan Jainkoaganako konbertsioa sustatzeko. Hori zuen egiazko bere grina, bere nekaldia: iritsi da Jainkoaren erreinuaren eta haren zuzentasunaren bila aritzeko garaia, biziera zuzenago eta gizatiarrago bat eraikitzeari ekiteko ordua, berak nahi bezalakoari.

Lukasen ebanjelioaren arabera, Jesusek, behin batean, parabola labur bat jaulki zuen «pikondo antzu» batez. Beraren deiari praktikan kasurik egin gabe entzuten ziotenen jarrera axolagabea desblokeatu nahi zuen. Kontaera laburra da eta gardena.

Jabe batek bere mahastian pikondo bat landatua du. Aspalditik etorri izan da bertara fruitu bila. Baina, urtea joan urtea etorri, pikondok huts egin izan dio. Han dago zut, baina antzu, mahastian.

Jabeak erabaki arrazoizkoena hartu du. Pikondoak ez du fruiturik ematen eta lurraren indarrak alferrik irensten ari da. Arrazoizkoena arbola botatzea da. «Zertako egon behar du hor lurra alferrik jaten?»

Zentzuzko guztien aurka, mahastizainak arbola salbatzeko ahal den guztia egitea proposatu du. Ingurua aitzurtuko dio, behar duen hezetasun guztia izan dezan, ongarria ere botako dio janaritu dadin. Zaintzailearen maitasuna, konfiantza eta ardura direla medio, pikondoa fruitu ematera gonbidatu dute. Erantzungo ote du?

Guri erreakzionatzera eragiteko kontatu du ebanjelariak parabola hau. Zertako pikondo bat pikurik gabe? Zertako bizitza antzu bat eta sormenik gabeko bat? Zertako kristautasun bat Jesusi praktikan jarraitzen ez diona? Zertako Eliza bat Jainkoaren erreinuaz arduratzen ez dena?

Zertako erlijio bat, gure bihotza aldarazten ez duena? Zertako kultu bat konbertsiorik eragiten ez duena eta geure ongizatean lasaitzen eta berresten gaituena praktika eragin gabe? Zergatik arduratu horrenbeste gizartean leku garrantzizko bat «bete nahi izateko», geure bizitza dela medio indar eraldatzaile bat sartzen ez badugu? Zergatik hitz egin Europaren «kristau-sustraiez», ezin bada ikusi Jesusen jarraitzaileen «kristau-fruiturik?»

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Cuaresma – C (Lucas 13,1-9)

por Coordinador – Mario González Jurado

¿PARA QUÉ UNA HIGUERA ESTÉRIL?

Jesús se esforzaba de muchas maneras en despertar en la gente la conversión a Dios. Era su verdadera pasión: ha llegado el momento de buscar el reino de Dios y su justicia, la hora de dedicarnos a construir una vida más justa y humana, tal como la quiere él.

Según el evangelio de Lucas, Jesús pronunció en cierta ocasión una pequeña parábola sobre una «higuera estéril». Quería desbloquear la actitud indiferente de quienes le escuchaban, sin responder prácticamente a su llamada. El relato es breve y claro.

Un propietario tiene plantada en medio de su viña una higuera. Durante mucho tiempo ha venido a buscar fruto en ella. Sin embargo, años tras año, la higuera viene defraudando sus expectativas. Allí sigue, estéril en medio de la viña.

El dueño toma la decisión más sensata. La higuera no produce fruto y está absorbiendo inútilmente las energías del terreno. Lo más razonable es cortarla. «¿Para qué va a ocupar un terreno en balde?».

Contra toda sensatez, el viñador propone hacer todo lo posible para salvarla. Cavará la tierra alrededor de la higuera, para que pueda contar con la humedad necesaria, y le echará estiércol, para que se alimente. Sostenida por el amor, la confianza y la solicitud de su cuidador, la higuera queda invitada a dar fruto. ¿Sabrá responder?

La parábola ha sido contada para provocar nuestra reacción. ¿Para qué una higuera sin higos? ¿Para qué una vida estéril y sin creatividad? ¿Para qué un cristianismo sin seguimiento práctico a Jesús? ¿Para qué una Iglesia sin dedicación al reino de Dios?

¿Para qué una religión que no cambia nuestros corazones? ¿Para qué un culto sin conversión y una práctica que nos tranquiliza y confirma en nuestro bienestar? ¿Para qué preocuparnos tanto de «ocupar» un lugar importante en la sociedad si no introducimos fuerza transformadora con nuestras vidas? ¿Para qué hablar de las «raíces cristianas» de Europa si no es posible ver los «frutos cristianos» de los seguidores de Jesús?

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 3º de Cuaresma-Ciclo C – Koinonía

Análisis

El texto del libro del Éxodo nos presenta una versión -la más conocida, seguramente- de la así llamada vocación de Moisés, que es también la “autopresentación” de Yavé.

Las antiguas opiniones sobre diferentes fuentes hablan de dos antiguas tradiciones que se integran en este texto. Según Gen 4,26 Enosh fue el primero en invocar el nombre de Yavé, sin embargo, acá Moisés no lo conoce por lo que Dios se lo debe revelar. Por otra parte, el nombre del monte es Horeb y no Sinaí, y el suegro de Moisés es Jetró mientras que en 2,18 es Reuel. Así se ha hablado de las diferentes tradiciones a las que históricamente se las llamó Elohista y Yahvista, aunque el tema hoy está en discusión (en especial la antigüedad de éstas, y la existencia del primero).

Muchos elementos podríamos señalar, pero destaquemos solo algunos:

Moisés es llamado, y como es frecuente en los relatos de vocación de la Biblia se sigue un esquema similar: (1) oración y respuesta, v.7 y v.9; (2) promesa de salvación, v. 8 y v.10; (3) encargo, v.16-17 y v.10; (4) objeción, 4,1 y v.10; (5) signo, 4,1-9 y v.12; (6) nueva objeción, 4,10 y v.13; (7) respuesta final de Dios, 4,13-16 y 4,17. Como se ve, parecería que las dos fuentes entremezcladas tienen el mismo esquema. Que se utilice un “relato de vocación” nos pone en el contexto de los profetas, lo que no es ajeno al texto, ya que Moisés debe ser “escuchado” como uno que habla “en nombre de Dios”.

Otro elemento es lo que causa la intervención de Dios: lo que lo motiva es “el clamor”. El grito de dolor no deja a Dios “fuera” de la historia. Desde el clamor de la sangre de Abel, Dios toma partido por “los-que-claman”, los que sufren la opresión e injusticia (Gn 18,21; 19,13; Ex 11,6; 22,22: “no dejaré de oír su clamor”; 1 Sam 9,16; Is 5,7; Sal 9,13). El clamor de su pueblo no le permite “hacer oídos sordos”, y frente a ese dolor es que elige y envía a su elegido “Moisés”.

Finalmente digamos algo sobre el ”nombre” de Dios. Entre los antiguos semitas, el “nombre” es el sentido, es su misma existencia. Que Dios tenga nombre, y distinto del nombre que recibió hasta ahora indica que algo ha cambiado (cambiamos de Dios); este es un Dios que se muestra a partir de la historia, como un Dios que manda a los que elige para dar respuesta a los clamores que lo conmueven y no lo dejan indiferente. ¿Qué significa el nombre de Dios? Podemos preguntarnos qué significó en su origen, y qué significó para los lectores del Éxodo. No es fácil dar respuesta, lo cierto es que parece incluir el verbo “ser”/“estar”: las opiniones más sólidas hoy son tres: “yo soy el que hace ser”, lo que remite a que Dios es creador, aunque no se entiende a qué viene esta confesión de fe en este momento; además de que el reconocimiento de Dios como creador parece más tardío, como en el 2º Isaías, en tiempos del exilio); “yo soy el que soy” en el sentido de resaltar Dios existe, mientras que los dioses-ídolos no existen (en ese sentido parece usarlo Os 1,9), el marco remite en cierto modo a la alianza y la “duplicación” destaca la soberanía de Dios que “hace misericordia con quien hace misericordia” (Ex 33,19), es decir: siempre; finalmente, “yo soy el que estaré” (con ustedes), es el Dios de la presencia salvadora, el que acompaña la historia. Este último por el contexto, y el anterior por el marco son los que nos parecen más probables: Dios garantiza su presencia y se enfrenta con los dioses de Egipto: el clamor de su pueblo por el sufrimiento no puede quedar impune.

La Primera carta de Pablo a los Corintios presenta muchas dificultades cuando pretendemos “ubicarla”. Parece muy desordenada, y no es evidente que todo esté en el lugar que Pablo lo pensó. Sabemos que Pablo contesta preguntas escritas que la comunidad le ha hecho (7,1) y es probable que cada vez que usa “con respecto a” también lo esté haciendo (7,1.25; 8,1; 12,1; 16,1.12). Eso no impide que se hayan introducido en el resto de la carta textos provenientes sea de otras cartas o de nuevas circunstancias que exigieron una reelaboración del escrito por parte del mismo Pablo (esta última es nuestra opinión, pero no es el caso destacarla acá). En principio, entonces, el texto de 1 Cor 10,1-13 pertenece al bloque donde Pablo responde acerca de la carne ofrecida a los ídolos.

La referencia a las figuras (typos) del AT que recuerdan el bautismo y la eucaristía, parecen decir que no se debe creer que por ser partícipes de la comunidad sacramental, no por estar bautizados y tomar parte de la eucaristía tenemos la garantía de no caer (eso sería hacerse un ídolo; ver 11,30). La idolatría es la clave de la unidad (lamentablemente omitida por el texto litúrgico). Los israelitas cayeron, y también nosotros debemos cuidarnos de no caer: “el que crea estar de pie cuide de no caer” es la conclusión y la clave del texto.

El Evangelio se ubica en el “viaje a Jerusalén” donde Lucas presenta muchos textos de su fuente propia, “L”, un poco -aparentemente- desordenados. Sin embargo, el relato presenta una cierta semejanza en la forma con lo que viene diciendo: en 12,51 también había preguntado “creen que…” y su respuesta fue “les aseguro que...” concluyendo con una parábola. En este caso se presenta abruptamente una situación histórica, con una aparente interpretación religiosa. Jesús corrige esa interpretación e incluso presenta otra situación semejante que se prestaría a la misma interpretación. “No, les aseguro” es la corrección que Jesús propone (vv.3.5) para lo cual presenta otra parábola (vv.6-9).

El acontecimiento histórico nos es desconocido. Se han propuesto diferentes hechos, pero ninguno coincide exactamente con este. Es extraño que Flavio Josefo no lo haya narrado siendo, como es, muy poco amigo de Pilato. Pero el debate supone un (o dos) acontecimiento(s) ocurridos realmente. La mezcla de sangre de galileos con la de los sacrificios hace pensar en la fiesta de la Pascua: en esa fecha Pilato y los peregrinos -también los de Galilea- se encuentran en Jerusalén, y los laicos participan de los sacrificios ya que deben llevar a su casa, o lugar de tránsito, el cordero para ser comido en familia. El otro hecho afecta a 18 personas, si el primero es incidental, este es ocasional, en el primero hay un criminal, pero en el segundo hay un hecho casual, lo común de ambos son los muertos y la interpretación que los interlocutores de Jesús hacen del hecho. De la torre de Siloé sabemos de su existencia, y su ampliación. Josefo la narra, pero no cuenta -tampoco- ningún accidente de este tipo. No sabemos si Lc no está pensando o puede estar releyendo la caída de Jerusalén posterior al 70, pero más allá del o los hechos históricos, lo importante es la respuesta a la imagen de Dios que todo esto supone.

Comentario

Jesús nos enseña, en el texto de hoy a aprender a escuchar la voz de Dios en los acontecimientos de la historia. De hecho sus interlocutores también lo hacían, y por eso van a contarle los hechos, pero escuchaban mal, Dios no decía lo que ellos entendían. Es verdad que Dios habla, pero hay que aprender a escucharlo. Dios no nos dice que los muertos de esos acontecimientos drásticos eran pecadores, de hecho todos lo son. Lo que Dios nos dice es que por serlo, debemos convertirnos y dar frutos de conversión. Los frutos son una palabra de Dios para esta etapa de la historia.

Vivimos en sociedades llamadas cristianas. «Occidental y cristiana» se decía, y los frutos fueron torturas, desapariciones, asesinatos, delaciones, miedo, desesperanza… y más todavía: hambre, desocupación, analfabetismo, falta de salud y vivienda, desesperanza… y «por los frutos se conoce el árbol«. Hoy, muchos llamados cristianos siguen viviendo su fe muy lejos de los frutos de amor y justicia que nos pide el Evangelio: participan de mesas de dinero, de la tiranía del mercado, pagan sueldos «estrictamente «justos»” y precisamente bajos, están afiliados a partidos que nada tienen que ver con la Doctrina Social de la Iglesia (¿se puede -por ejemplo- ser cristiano y neo-liberal? ¡ciertamente no!). ¿Y los frutos? Individualismo, hambre, pobreza… Así, por ejemplo, vemos que uno de los problemas que tenemos en América Latina para el reconocimiento “oficial” de nuestros mártires es que quienes los han matado “¡se llaman ellos mismos cristianos!”.

No bastan las palabras. De nada sirve una higuera estéril. Una higuera debe dar higos ya que para eso ha sido plantada. Un pueblo redimido por Cristo, debe edificar, con su vida (y con su muerte si fuera necesario) un Reino que dé frutos de verdad, de justicia y de paz, de libertad, de vida y de esperanza… Estamos lejos, ¡muy lejos! de lograrlo. Es verdad que en decenas de comunidades hay también frutos muy vivos de solidaridad, de paz, de oración, de justicia y de vida, de celebración y de esperanza… y podríamos multiplicar los frutos que vemos en las comunidades; pero todo lo anterior también es cierto. Faltan muchos frutos que dar, falta mucha vida que cosechar y alegría que festejar. El continente de la violencia, de la injusticia y el hambre reclama frutos de los cristianos. Y esos frutos deben darse en la historia. Los acontecimientos cotidianos, de dolor y de muerte, que tan frecuentes vivimos en América Latina nos dan una palabra de Dios, una palabra que debemos aprender a escuchar, que debemos comprender para no creer que Dios dice lo que no está diciendo. Jesús nos enseña la “dinámica del fruto” para aprender a reconocer allí un Dios que sigue hablando y que nos sigue llamando a la conversión. no para una conversión individual y personal, sino que dé frutos para los hermanos, para la historia y para la vida. Y la Cuaresma es tiempo oportuno para empezar a darlos…

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 86 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «La sangre de los galileos». En su página (https://radialistas.net/86-la-sangre-de-los-galileos/) puede recogerse el audio, así como el guión, con un comentario de los autores.

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 79, que se titula «¿Madre de Dios?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=170079 Hay varios otros varios guiones con temas relacionados, que se prestan a un debate-catequesis.

 

 

 

LA ANTICIPACIÓN DEL TRIUNFO DE JESÚS Y DE NUESTRO TRIUNFO / ES HERMOSO ESTAR AQUÍ- Fe Adulta

LA ANTICIPACIÓN DEL TRIUNFO DE JESÚS Y DE NUESTRO TRIUNFO

José Luis Sicre

2ª domingo de Cuaresma. Ciclo C

El domingo 1º de Cuaresma se dedica siempre a las tentaciones de Jesús, y el 2º a la transfiguración. El motivo es fácil de entender: la Cuaresma es etapa de preparación a la Pascua; no sólo a la Semana Santa, entendida como recuerdo de la muerte de Jesús, sino también a su resurrección. Este episodio, que anticipa su triunfo final nos ayuda a enfocar adecuadamente estas semanas.

El contexto: la promesa

Jesús ha anunciado que debe padecer mucho, ser rechazado, morir y resucitar. Ha avisado que quienes quieran seguirle deberán negarse a sí mismos y cargar con la cruz. Pero tendrán su recompensa cuando él vuelva triunfante. Y añade: «Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán antes de ver el reinado de Dios». ¿Se cumplirá esa extraña promesa?

El cumplimiento: la transfiguración

Seis después tiene lugar este extraño episodio. El relato de Lucas podemos dividirlo en dos partes: la subida a la montaña y la visión. Desde un punto de vista litera­rio es una teofanía, una manifestación de Dios, y los evangelistas utilizan los mismos elementos que empleaban los autores del Antiguo Testamento para describirlas. Por eso, antes de analizar cada una de las partes, conviene recordar algunos datos de la famosa teofanía del Sinaí, cuando Dios se revela a Moisés.

La teofanía del Sinaí

Dios no se manifiesta en un espacio cualquiera, sino en un sitio especial, la montaña, a la que no tiene acceso todo el pueblo, sino sólo Moisés, al que a veces acompaña su hermano Aarón (Ex 19,24), o Aarón, Nadab y Abihú junto con los setenta dirigentes de Israel (Ex 24,1). La presen­cia de Dios se expresa mediante la imagen de una densa nube, desde la que habla (Ex 19,9). Es también frecuente que se mencione en este contexto el fuego, el humo y el temblor de la montaña, como símbolo de la gloria y el poder de Dios que se acerca a la tierra. Estos elementos demuestran que los evangelistas no pretenden ofrecer un informe objetivo, “histórico”, de lo ocurrido, sino crear un clima semejante al de las teofanías del Antiguo Testa­mento.

La subida a la montaña

Jesús sólo elige a tres discípu­los, Pedro, Santiago y Juan. Va a ocurrir algo tan grande que no puede ser presen­ciado por todos.

Lucas introduce aquí un cambio pequeño, pero importante. Marcos y Mateo dicen que subieron “a una montaña alta y apartada”; Lucas, que “subieron a la montaña para rezar”. La altura y aislamiento del monte no le interesa, lo importante es que Jesús reza en todas las ocasiones trascendentales de su vida.

La visión

En ella hay cuatro elementos que la hacen avanzar hasta su plenitud.

  1. La transformación del rostro de Jesús. Lucas destaca que el cambio se produce mientras Jesús oraba: “Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.” Es un anticipo de las apariciones de Cristo resucitado, cuando su rostro es difícil de identificar para María Magdalena, los dos de Emaús y los discípulos en el lago.
  2. La aparición de Moisés y Elías. Moisés es el gran mediador entre Dios y su pueblo, el profeta con el que Dios hablaba cara a cara. Elías es el profeta que salva la religión Israel hacia el siglo IX a.C., cuando está a punto de sucumbir por el influjo de la religión cananea. Sin Elías habría caído por tierra toda la obra de Moisés. Por eso los judíos concedían especial importancia a estos dos personajes. El hecho de que se aparezcan ahora a los discípu­los (no a Jesús) es una manera de garantizarles la importancia del personaje al que están siguiendo. No es un hereje ni un loco, no está destruyendo la labor religiosa de siglos, se encuentra en la línea de los antiguos profetas, llevando su obra a plenitud.

En este contexto, las palabras de Pedro proponiendo hacer tres chozas suenan a simple despropósito. Pero son conse­cuencia de lo que ha dicho antes: «qué bien se está aquí». Es preferible quedarse en lo alto del monte a cargar con la cruz y seguir a Jesús hasta la muerte.

  1. Como en el Sinaí, el monte queda cubierto por una nube.
  2. Las palabras de Dios son las mismas que se escucharon en el momento del bautismo, cuando Dios presentaba a Jesús como su siervo. Pero aquí se añade un imperativo: «¡Escuchadle!» La orden se relaciona directamente con las anteriores palabras de Jesús, sobre su propio destino y sobre el seguimiento y la cruz de sus discípulos.

Resumen

La transfiguración supone una enseñanza creciente para los discípulos: 1) al ver transformados su rostro y sus vesti­dos tienen la expe­riencia de que su destino final no es el fracaso, sino la gloria; 2) la aparición de Moisés y Elías confirma que Jesús es el culmen de la historia religiosa de Israel y de la revela­ción de Dios; 3) la voz del cielo les enseña que seguir a Jesús no es una locura, sino lo más conforme al plan de Dios.

La anticipación de nuestro triunfo (Filipenses 3,17-4,1)

A la comunidad de Filipos, igual que a otras fundadas por Pablo, llegaron misioneros cristianos, pero de tendencia radical, judaizante; convencidos de salvarse por observar una serie de normas alimentarias (“su Dios es el vientre”) y por la circuncisión (“se glorían de sus vergüenzas”). En consecuencia, aunque no lo reconozcan, para salvarse no es preciso que Jesús muera por nosotros, y “se comportan como enemigos de la cruz de Cristo”.

Frente a esta postura, los filipenses, seguidores de Pablo, no aspiran a cosas terrenas, aguardan a un salvador, Jesús, que transformará nuestro cuerpo humilde a semejanza del suyo glorioso. Esta promesa de la transformación de nuestro cuerpo es la que ha movido a elegir esta lectura, en paralelo con la del evangelio: la transfiguración de Jesús no solo anticipa su gloria sino también la nuestra.

La teofanía a Abrahán (Gn 15, 5-12. 17-18)

Abrahán, presentado como un pastor seminómada, recibe las dos mayores promesas que puede desear: una descendencia numerosa y una tierra donde asentarse. El texto podemos dividirlo en tres partes: la primera promete una descendencia numerosa como las estrellas; la segunda, la tierra (sin concretar de qué tierra se trata, se supone que la de Canaán); la tercera une los dos temas: la descendencia de Abrahán heredará la tierra (en este caso se le atribuye una extensión fabulosa).

Este relato, que no tiene relación con el evangelio, se ha elegido porque durante la Cuaresma se recuerdan momentos capitales de la Historia de la salvación en el Antiguo Testamento.

El domingo 3º será la vocación de Moisés.

El 4º, la celebración de la primera Pascua.

El 5º, la prJosé Luis Sicre

omesa del nuevo éxodo, de Babilonia.

 

ES HERMOSO ESTAR AQUÍ

Enrique Martínez Lozano

II Domingo de Cuaresma – Lc 9, 28b-36

Soy consciente de que esa afirmación puede sonar como una insolencia o incluso como una afrenta para quien sufre con desesperación, física o psíquicamente. Sé bien que hay momentos en los que, atrapadas por sufrimientos tan insoportables como incomprensibles, las personas pueden verse sumergidas en ideaciones suicidas. Y sé también que quien busca el suicidio lo hace porque tiene la sensación subjetiva de no poder soportar la “carga” de una existencia marcada por la angustia y el sinsentido.

Parece innegable que todo depende de nuestra capacidad de “ver”. Sin duda, nuestro modo de ver puede estar condicionado e incluso cegado por experiencias dolorosas. Algo nos pudo haber sucedido que, conformando incluso la manera de funcionar de nuestro cerebro, hace sumamente difícil mantener una mirada luminosa hacia la realidad en su conjunto. Algo nos puede estar sucediendo ahora que absorbe nuestra energía y nos introduce en la apatía. Todo ello puede impedirnos “ver” con claridad.

Sin embargo, cuando es posible retirar el filtro producido por sufrimientos de todo tipo y nos es dado “ver” lo que somos, lo que aparece es hermosura. Todo sigue siendo lo mismo, pero aparece ahora todo ante nuestros ojos como transfigurado. Y descubrimos que esa hermosura no es algo añadido a la vida, sino su propio resplandor. La vida es hermosa.

Ahora bien, esa hermosura no alimenta el narcisismo -que desearía hacer una “choza” para instalarse cómodamente en ella-, sino que dinamiza y moviliza, como expresión de la propia vida que busca desplegarse fluyendo también a través de nosotros.

 Enrique Martínez Lozano