ARMONÍA CON DIOS, CON LOS HOMBRES Y CON LA NATURALEZA

FE ADULTA

Para estar en armonía con Dios hay que estar
en armonía con los hombres y con la Naturaleza

Marcos 13, 33-37: Dijo Jesús a sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, porque no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o a amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!». Leer más

2º DOMINGO DE ADVIENTO: «UN MENSAJE PARA RECORDARNOS QUE SOMOS VIDA»

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

Mc 1, 1-8

En el evangelio de Marcos no hallamos ninguna referencia al nacimiento ni a la infancia de Jesús. Tras un título cargado de sentido, el relato se abre con la figura del Bautista que, tras la evocación de la profecía de Isaías –aunque, en realidad, luego se mezclan textos de Malaquías (3,1) y del propio Isaías (40,3)-, es presentado como mensajero o precursor.

La primera frase no es sólo el comienzo, sino el título del relato. Y empieza por una palabra que, a quienes conocían la Biblia hebrea, tenía que resultarles sumamente evocadora: «Comienzo» o «principio» parece hacer referencia al inicio del libro del Génesis: «Al principio creó Dios el cielo y la tierra» (1,1). De este modo tan simple, el autor hace un guiño a sus lectores: Jesús es el verdadero comienzo, con él se opera la verdadera creación.

En ese mismo título, el evangelista deja clara la fe de su comunidad en Jesús, «Cristo (o Mesías), Hijo de Dios». Con el primer término, se hace alusión al cumplimiento de las promesas mesiánicas en la persona del Maestro de Nazaret; con el segundo, se lo reconoce en el ámbito de la divinidad, aunque no pueda entenderse en el sentido fuerte que proclamará el Concilio de Nicea.

Paralelamente, Marcos está inventando un nuevo género literario –el «evangelio»- que, a partir de él, aludirá a los escritos sobre Jesús. Hasta ese momento, el término «evangelio» se refería a alguna «buena noticia», particularmente en el campo militar.

Tras el título, el autor inicia el relato presentando la figura de Juan como «precursor» que apunta y señala a Jesús. De hecho, aparece vestido como el gran Elías (2 Re 1,8) y su alimento es el de un nómada.

El desierto era un lugar cargado de connotaciones para el pueblo: lugar de prueba y, al mismo tiempo, de intimidad con Dios, fue el camino de la liberación, desde Egipto hasta la Tierra Prometida. Juan, en el desierto, anuncia el nuevo éxodo, la liberación que va a tener lugar en Jesús: esta es la imagen de fondo con la que juega nuestro autor (imagen, por cierto, que aparecerá también en el cuarto evangelio).

El bautismo era un rito de inmersión, dotado de un simbolismo de muerte/resurrección que han conocido distintas religiones y que hace referencia a un cambio de estado. En la primera comunidad cristiana, el propio Pablo lo retomará cuando hable de la «vida nueva» en Cristo: «Por el bautismo hemos quedado sepultados con Cristo quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo ha resucitado de entre los muertos por el poder del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva» (Rom 6,4).

Pero lo que realmente importa al evangelista es la proclamación de Juan, que se refiere a Jesús con una doble expresión: aquél a quien «no le desata las sandalias» y el que «bautiza con Espíritu Santo». ¿Qué significan estas palabras?

Con la primera de esas expresiones, Marcos presenta a Jesús como el esposo del nuevo pueblo, de la humanidad. El rito de «desatar la correa de las sandalias» –tal como narra el Libro del Deuteronomio 25,5-10- remite a la «ley del levirato» –del latín «levir«, cuñado-. Según esa ley, cuando moría un hombre casado sin haber dejado descendencia, su hermano debía desposar a la viuda; en el caso de que él se negara, ella, delante de los ancianos del pueblo, «le quitará la sandalia del pie y le escupirá en la cara» (Deut 25,9).

Con ese trasfondo, «no quitarle la sandalia» significa que Jesús está dispuesto a desposar al pueblo. De esta manera, Marcos lo presenta con una de sus imágenes preferidas –lo será también para el cuarto evangelio-: la de novio o esposo. Así como los profetas cantaban a Yhwh, que desposaba al pueblo por amor, Marcos muestra a Jesús como el nuevo esposo del nuevo pueblo.

Con la segunda expresión, se resume la misión de Jesús. Como he señalado antes, el bautismo con agua realizado por Juan era un gesto simbólico del nuevo nacimiento: del mismo modo que la persona se sumerge en el agua y sale de ella limpia, quien se bautizaba manifestaba su disposición a «morir» a lo viejo para «resucitar» a una vida nueva.

Pues bien, contraponiéndolo a esa imagen, de Jesús se afirma que «bautizará con Espíritu Santo». Bautizar con Espíritu Santo significa comunicar la misma vida divina. Y así queda bellamente definida su misión, que en el evangelio de Juan se recogerá con palabras similares: «He venido para que tengan vida, y vida en plenitud» (Juan 10,10). Vida divina es vida en plenitud.

Hablando con rigor, más que «comunicar» vida, lo que Jesús nos aporta es descubrirnos que, como él, somos Vida.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

Abendualdiko 2. Igandea-GEURE BEKATUAK AITORTU-CONFESAR NUESTROS PECADOS

José Antonio Pagola
Grupos de Jesús

GEURE BEKATUAK AITORTU

«Jainkoaren Seme Jesu Kristoren Berri Onaren Hasiera». Horra Markosen ebanjelioaren hasiera itzaltsu eta pozgarria. Baina, segidan, bat-batean eta besterik gabe, bere Mesias eta Jauna onartu ahal izateko herri guztiak beharrezkoa duen premiazko bihotz-berritzeaz hasi da.

Basamortuan profeta desberdin bat agertu da. «Jaunari bidea prestatzera» dator. Horixe du profeta hark Jesusi egin behar dion zerbitzu handia. Haren deia ez doakio lagun bakoitzaren kontzientziari soilik. Lagun bakoitzaren bihotz-berritze morala baino zerbait gehiago nahi du Joanek. «Jaunari bidea prestatzea» da kontua, bide jakin eta guztiz zehatza, Jesusek berak egingo duen bidea, jende askoren itxaropen konbentzionalei huts eginez.

Hunkigarria izan da herriaren erreakzioa. Ebanjelioaren arabera, Judea eta Jerusalem alde batera utzi, eta «basamortuko» bideari ekin dio, deika nabari duen ahotsa entzuteko. Jainkoarekiko, bere adiskide eta aliatu harekiko, antzinako bere leialtasuna gogorarazi dio basamortuak; batez ere, ordea, lekurik hobena da hura bihotz-berritzeko deia entzun ahal izateko.

Bizi duen egoeraz jabetu da han herria; kanbiatu beharra ekarri dio burura; bere bekatuak aitortu ditu han, bata besteari errua botatzen ibili gabe; salbazio-beharra sumatu du. Markosen arabera, «beren bekatuak aitortzen zituzten» eta Joanek «bataiatu egiten zituen».

Kristautasuna bizitzeko gure moduak behar duen konbertsioa ezin da inprobisatu. Barne-biltze eta barne-lan luzea eskatzen du. Urteak beharko dira, Elizan egia zinezkoago eta handiago egin dezagun arte, eta gure kristautasunaren erdigunean Jesu Kristo onartu ahal izateko beharrezkoa den konbertsioa barruntatu ahal dezagun arte.

Hau izan liteke gaur egun gure tentazioa: «basamortura» ez joan nahi izatea. Konbertsio-premiari izkina egitea. Aldatzera dei egiten digun ahots bati ere kasurik ez egitea. Edozein gauzarekin geure arreta zabartzea, geure beldurra ahantzi eta Jesu Kristoren egiari «bai» esateko geure adore-falta disimulatzeko.

Miresgarria da judu-herrian ageri den «bere bekatuak aitortu» delako irudi hori. Ez ote gara egungo kristauok kontzientzi azterketa kolektibo bat egin beharrean, maila guztietan, geure hutsegiteak eta bekatuak aitortzeko? Aitorpen hori gabe, daitekeena ote «Jaunari bidea prestatzea»?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2 Domingo de Adviento – B (Marcos 1,1-8)

por Coordinador Grupos de Jesús

CONFESAR NUESTROS PECADOS

«Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Este es el inicio solemne y gozoso del evangelio de Marcos. Pero, a continuación, de manera abrupta y sin advertencia alguna, comienza a hablar de la urgente conversión que necesita vivir todo el pueblo para acoger a su Mesías y Señor.

En el desierto aparece un profeta diferente. Viene a «preparar el camino del Señor». Este es su gran servicio a Jesús. Su llamada no se dirige solo a la conciencia individual de cada uno. Lo que busca Juan va más allá de la conversión moral de cada persona. Se trata de «preparar el camino del Señor», un camino concreto y bien definido, el camino que va a seguir Jesús defraudando las expectativas convencionales de muchos.

La reacción del pueblo es conmovedora. Según el evangelista, dejan Judea y Jerusalén y marchan al «desierto» para escuchar la voz que los llama. El desierto les recuerda su antigua fidelidad a Dios, su amigo y aliado, pero, sobre todo, es el mejor lugar para escuchar la llamada a la conversión.

Allí el pueblo toma conciencia de la situación en que viven; experimentan la necesidad de cambiar; reconocen sus pecados sin echarse las culpas unos a otros; sienten necesidad de salvación. Según Marcos, «confesaban sus pecados» y Juan «los bautizaba».

La conversión que necesita nuestro modo de vivir el cristianismo no se puede improvisar. Requiere un tiempo largo de recogimiento y trabajo interior. Pasarán años hasta que hagamos más verdad en la Iglesia y reconozcamos la conversión que necesitamos para acoger más fielmente a Jesucristo en el centro de nuestro cristianismo.

Esta puede ser hoy nuestra tentación. No ir al «desierto». Eludir la necesidad de conversión. No escuchar ninguna voz que nos invite a cambiar. Distraernos con cualquier cosa, para olvidar nuestros miedos y disimular nuestra falta de coraje para acoger la verdad de Jesucristo.

La imagen del pueblo judío «confesando sus pecados» es admirable. ¿No necesitamos los cristianos de hoy hacer un examen de conciencia colectivo, a todos los niveles, para reconocer nuestros errores y pecados? Sin este reconocimiento, ¿es posible «preparar el camino del Señor»?

José Antonio Pagola

¡Necesitamos diaconisas!

Desde el comienzo de nuestra Iglesia existieron junto a los primeros diáconos (Hch. 6, 1ss), las diaconizas. Fueron roles muy importante que jugaron las mujeres dentro del Plan de Salvación dentro del Pueblo de Dios. En éstos momentos URGE disponer dentro de nuestra Iglesia mujeres dignas que perfectamente pueden asumir el ministerio del DIACONADO y que de hecho lo ejercen “extraoficialmente”. Las VICARIAS son de hecho PÁRROCAS dentro de su territorio y ejercen la función diaconal a diario. Dirigen la CATEQUESIS, atienden a los enfermos y hasta se confiesan con ellas, y les llevan la comunión. Ellas celebran la PALABRA y reparten la comunión a los fieles. También podrían BAUTIZAR y presenciar MATRIMONIOS Y SANTIFICACIONES DE hogar. Ayudan a los necesitados, a las viudas y acogen a los huérfanos; en fin, hacen todo lo que les toca hacer a los “diáconos”. Entonces yo me pregunto: ¿Por qué no pueden ser ellas diaconizas de forma oficial? ¿Será el machismo clerical? Otro obstáculo que se les pone es que al ser “diaconizas” pasan al “estado clerical”.

Ante la pederastia clerical, breve decálogo

Blog de X. Pikaza
Religión Digital

Desde hace algunos años vuelve regularmente a de prensa (y por desgracia a la vida), el tema de la pederastia, especialmente en su vertiente clerical, aunque son infinitamente más los casos ocultos que los desvelados.

En este momento está en primera plana el asunto de una presunta “mafia” de pederastas curas de Granada (España), sacudiendo la conciencia clara o «farisea» de millones de personas. Es bueno que así sea, si sirve para orientar a la Iglesia y para «curar» (de formas distintas) no sólo a las víctimas, sino a los posibles pederastas.

El tema en general es muy complejo y no tengo gran autoridad para abordarlo, pues no soy médico, educador, psicólogo o juez…. Pero lo he vivido de cerca, desde hace mucho tiempo, he conocido muchos casos, y eso me permite opinar con libertad, desde una perspectiva cristiana (humana). Leer más

Ni estudian ni trabajan 60% de mil 800 millones de jóvenes en el mundo: ONU

500 millones de entre 10 y 24 años sobreviven con menos de dos dólares al día, según informe.
Ni estudian ni trabajan 60% de mil 800 millones de jóvenes en el mundo: ONU
500 millones de entre 10 y 24 años sobreviven con menos de dos dólares al día, según informe
Notimex. Periódico La Jornada, Naciones Unidas.
Sesenta por ciento de los mil 800 millones de jóvenes de entre 10 y 24 años en el mundo ni estudia ni trabaja, lo que supone que sus perspectivas de vida son sombrías y sus aportaciones al desarrollo serán limitadas, apuntó hoy la Organización de Naciones Unidas (ONU).

SEGUIR A JESÚS DESDE LAS VÍCTIMAS (COMUNICADO FINAL)

Procedentes de Andalucía y de otras partes del país, 350 personas hemos compartido esta XVII Semana Andaluza de Teología como espacio cristiano, vivo y comunitario, donde se estimula y celebra nuestra fe en Jesús de Nazaret y se refuerzan con entusiasmo nuestras esperanzas y compromisos por otra sociedad más justa y otra institución-Iglesia más evangélica.

Ante la crueldad y sinrazón del lucro insaciable de unas minorías, seguimos creyendo en la razón y justicia de los derechos de las víctimas. En estos dias nos hemos comunicado compromisos personales o locales, pequeños pero transformadores, germen de un modelo alternativo de vivir, de creer en la Sabiduría Divina y de seguir a Jesús. Compromisos que ponen en su eje la compasión solidaria con las víctimas heridas, expoliadas y excluidas. Leer más

MENSAJE UNIVERSAL DE JESUCRISTO

 

Fe Adulta

Mt 25, 31-46

Este pasaje del Evangelio de hoy es uno de los textos más luminosos y claros del mensaje de Jesús de Nazaret, que si todos los practicáramos de verdad el mundo sería mucho más feliz.

Jesús fue un hombre pobre, laico y comprometido con el pueblo oprimido de Galilea para hacer más llevadera y digna la vida de la gente. Era un hombre del pueblo, pertenecía al pueblo, vivía en y con el pueblo; quiso ser uno más entre los oprimidos del mundo: por eso se identificó con los hambrientos, sedientos, desnudos, enfermos, emigrantes y encarcelados. Leer más

Artículo 135: claudicación, símbolo y mito

Eloy Isorna,

ATRIO

I –  CLAUDICACIÓN

La modificación de ese artículo, desgraciadamente supuso una CLAUDICACIÓN ante el poder de los mercados y las presiones de determinados países de la U.E . Fue una especie de “chapuza legal de urgencia”. La modificación estableció jurídicamente un cambio en las preferencias de crédito de modo que se estableció que antes de cualquier otra obligación las Administraciones Públicas estaba obligadas a pagar sus deudas financieras, es decir a sus acreedores de capital.”

El pago de las deudas de los acreedores de capital obtuvieron así un privilegio, constitucionalmente consagrado, por delante del pago de las deudas por servicios (sanitarios, educativos etc. )  y cualesquiera otras necesidades de los ciudadanos. Leer más

1º DOMINGO DE ADVIENTO: «NO HAY QUE ESPERAR NADA SINO DESCUBRIR LO QUE YA TENEMOS», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Mc 13, 33-37

Estamos en el día de Año Nuevo de la liturgia. Comenzamos con el Adviento, que no es solamente un tiempo litúrgico, sino toda una filosofía de vida. Se trata de una actitud vital que tiene que atravesar toda nuestra existencia. No habremos entendido el mensaje de Jesús, si no nos obliga a vivir en constante Adviento. Lo importante no es recordar la primera venida de Jesús; eso es solo el pretexto para descubrir que ya está aquí. Mucho menos prepararnos para la última, que solo es una gran metáfora (mitología). Lo verdaderamente importante es descubrir que está viniendo en este instante.

Todo el AT está atravesado por la promesa y por la espera. Durante dieciocho siglos, el pueblo judío ha vivido esperando que Dios cumpliera sus promesas. Dios les va prometiendo lo que ellos, en cada momento más ansían. A Abrahán, descendencia; a los esclavos en Egipto, libertad; a los hambrientos en el desierto, una tierra que mana leche y miel; cuando han conquistado Canaán, una nación fuerte y poderosa; cuando están en el Exilio, volver a su tierra; cuando destruyen el templo, reconstruirlo; etc., etc. En el AT siempre les promete cosas terrenas porque es lo único que ellos esperan. Jesús promete algo muy distinto. «He venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

Esta trayectoria del pueblo judío debería hacernos reflexionar. ¿Se trata de un Dios que durante dieciocho siglos les puso la zanahoria delante de las narices o el palo en el trasero, para hacerles caminar según su voluntad? Sería ridículo. Dios nunca hace promesas para el futuro, porque ni tiene nada que dar ni tiene futuro. Las promesas de Dios, son hechas por los profetas, como una estratagema para ayudar al pueblo a soportar momentos de adversidad, que ellos interpretaban como castigo por sus pecados. Nada de los que anunciaron los profetas, se cumplió en Jesús. Gracias a Dios, porque todos los textos están encaminados hacia una salvación de seguridades materiales. Pero podemos entender aquellas imágenes como metáforas de la verdadera salvación.

La clave del relato evangélico está en la actitud de los criados. Nos quiere decir que Dios está siempre viniendo. Él es el que viene. La humanidad vive un constante adviento, pero no por culpa de un Dios cicatero que se complace en hacer rabiar a la gente obligándole a infinitas esperas antes de darle lo que ansía. Estamos todavía en Adviento, porque estamos dormidos o soñando con logros superficiales, y no hemos afrontado con la debida seriedad la existencia. Todo lo que espero de fuera, lo tengo ya dentro.

Vigilad. Para verno solo se necesita tener los ojos abiertos, se necesita también luz. No se trata de contrarrestar el repentino y nefasto ataque de un ladrón. Se trata de estar despiertopara afrontar la vida con una conciencia lúcida. Se trata de vivir a tope una vida que puede transcurrir sin pena ni gloria. Si consumes tu vida dormido, no pasa nada. Esto es lo que tendría que aterrarme; que pueda transcurrir tu existencia sin desplegar las posibilidades de plenitud que te han dado. La alternativa no es salvación o condenación. Nadie te va a condenar. La alternativa es o plenitud humana o simple animalidad.

Pues no sabéis cuándo en el ‘momento’. En griego hay dos palabras que traducimos al castellano por «tiempo»: «kairos» y «chronos». Chonos significa el tiempo astronómico, relacionado con el movimiento de los cuerpos celestes. Kairos sería el tiempo psicológico. Significa el momento oportuno para tomar una decisión por parte del hombre. Por no tener en cuenta esta sencilla distinción, se han hecho interpretaciones descabelladas de la Escritura. En el evangelio que acabamos de leer, se habla de kairos, es decir del tiempo oportuno. Naturalmente que el hombre, como criatura material, se encuentra siempre en el chronos, pero lo verdaderamente importante para él es descubrir el kairos.

El punto clave de nuestra reflexión debe ser: ¿esperamos nosotros esa misma salvación que esperaban los judíos? Si es así, también nosotros hemos caído en la trampa. Jesús no puede ser nuestro salvador. La mejor prueba de que los primeros cristianos, verdaderos judíos, no estaban en la auténtica dinámica para entender a Jesús, es que no respondió a sus expectativas y creyeron necesaria una nueva venida. Esta vez sí, nos salvará de verdad, porque vendrá con «poder y gloria». ¿No os parece un poco ridículo? La médula de su mensaje es que la salvación que Dios nos ofrece, está en la entrega y el don total.

En las primeras comunidades se acuñó una frase, repetida hasta la saciedad en la liturgia: «Maranatha» (ven Señor Jesús). Vivieron la contradicción de una escatología realizada y otra futura. «Ya, pero todavía no». «Ya», por parte de Dios, que nos ha dado ya todo lo que necesitamos para esa salvación. Si no fuera así, se convertiría en un tirano. «Todavía no», por nuestra parte, porque seguimos esperando una salvación a nuestra medida y no hemos descubierto el alcance de la verdadera salvación, que ya poseemos. Aquí radica el sentido del Adviento. Porque «todavía no» ha llegado la verdadera salvación, tenemos que tratar de adelantar el «ya». Eso nunca lo conseguiremos, si permanecemos dormimos.

¿Cómo podremos seguir luchando con todas nuestras fuerzas por un mayor consumismo y a la vez convencernos de que la felicidad está en otra parte? Creo que es una tarea imposible. Descubrir esa trampa, sería estar despiertos. El ser humano sigue esperando una salvación que le venga de fuera, sea material, sea espiritual. Pero resulta que la verdadera salvación está dentro de cada uno. En realidad Jesús nos dijo que no teníamos nada que esperar, que el Reino de Dios estaba ya dentro de nosotros. En este mismo instante está viniendo. Si estamos dormidos, seguiremos esperando.

La falta de encuentro se debe a que nuestras expectativas van en una dirección equivocada. Esperamos un Dios que llegue desde fuera. Esperamos actuaciones espectaculares por parte de Dios. Esperamos una salvación que se me conceda como un salvoconducto, y eso no funciona. Da lo mismo que la espere aquí o para el más allá. Lo que depende de mí no lo puede hacer Dios ni lo puede hacer otro ser humano. Esta es la causa de nuestro fracaso. Seguimos esperando que otro haga lo que solo yo puedo hacer.

También la religión me ofrece salvación, pero solo puede salvarme de las ataduras que ella misma me ha colocado. Ninguna institución puede darme lo que ella no tiene. Dios es la salvación y ya está en mí. Lo que de Dios hay en mí es mi verdadero ser. No tengo que conseguir nada ni cambiar nada en mi auténtico ser, simplemente tengo que despertar y dejar de potenciar mi falso yo. Tengo que dejar de creer que soy lo que no soy. Esta vivencia me descentrará de mí mismo y me proyectará hacia los demás. Me identificaré con todo y con todos. Mi falso ser, mi individualidad se desvanece. Esa experiencia de salvación transformaría radicalmente mi comportamiento con los demás y con las cosas.

El verdadero problema está en la división que encontramos en nuestro ser. En cada uno de nosotros hay dos fieras luchando a muerte: Una es mi verdadero ser que es amor, armonía y paz; otra es mi falso yo que es egoísmo, soberbia, odio y venganza. ¿Cuál de los dos vencerá? Muy sencillo y lógico. Vencerá aquella a quien tú mismo alimentes.

Como los judíos, seguimos esperando una tierra que mane leche y miel; es decir mayor bienestar material, más riquezas, más seguridades de todo tipo, poder consumir más… Seguimos pegados a lo caduco, a lo transitorio, a lo terreno. No necesitamos para nada la verdadera salvación o, a lo máximo, para un más allá. Si no sientes necesidad no habrá verdadero deseo, y sin deseo no hay esperanza. Hoy ni los creyentes ni los ateos esperamos nada más allá de los bienes materiales. Dios sigue esperando.

Meditación-contemplación

«Despierta tú que duermes, y Cristo será tu luz».
Para ver se necesita tener los ojos bien abiertos,
pero también se necesita una buena luz.
De estas dos realidades tienes que preocuparte.
………………

No se trata de los ojos del cuerpo, sino los del «alma».
Curiosamente, no se puede ver desde dentro
si no tienes los ojos del cuerpo cerrados
y la razón aparcada, para que no se ocupe de los asuntos terrenos.
………………

La luz que puede ayudarte sí puede venir de fuera de ti.
La experiencia interior de los demás,
puede ser la mejor luz que ilumine tu vida.
Para nosotros, la experiencia de Jesús, será la mejor guía.
…………………..

Fray Marcos