Pazkoaldiko 3. igandea – C- José A. Pagola

GRUPOS DE JESÚS

(Joan 21,1-19)

EDOZEIN BATEK EZ DU BALIO – CUALQUIERA NO SIRVE

Aintzira-ertzean bereekin otordua egin ondoren, solasaldi bat hasi du Jesusek Pedrorekin. Arduraz landua da solasa; izan ere, kristau-elkartearentzat garrantzi handia duen zerbait gogoraztea du helburu: Jesusen jarraitzaileen artean, beronekiko maitasunez nabarmentzen dena da gai eta gauza gidari eta artzain izateko.

Ez da unerik izan zeinetan ez dion agertu Pedrok Jesusi atxikimendu osoa, beste guztiek baina sakonagoa. Alabaina, egiaren orduan bera izan da lehena berari uko egiten. Zer da, ordea, egiarik Pedroren atxikimendu horretan? Izan al daiteke Jesusen jarraitzaileen gidari eta artzain?

Bere «artaldea» gomendatu baino lehen, oinarrizko galdera egin dio Jesusek: «Maite al nauzu hauek baino gehiago?». Ez dio galdetu: «Indartsu sentitzen al zara? Ondo ezagutzen al duzu nire doktrina? Nireak gobernatzeko gai zarela uste al duzu? Ez. Jesusekiko maitasuna da gai egin duena haren jarraitzaileak animatzeko, norabidetzeko eta elikatzeko, Jesusek berak egiten zuen bezala.

Pedrok apal erantzun dio, eta bere burua beste inorekin konparatu gabe: «Zuk badakizu maite zaitudala». Baina Jesusek beste bi aldiz errepikatu dio bere galdera, kasu bakoitzean era zorrotzagoan: «Maite al nauzu? Maite al nauzu egiaz?». Haziz doa Pedroren segurtasun-eza. Kasu bakoitzean epelago ausartu da bere atxikimendua aldarrikatzen. Azkenean tristura nagusitu zaio. Ez daki jadanik zer erantzun: «Zuk dena dakizu».

Pedro maitasunaren garrantziaz jabetzen doan heinean, Jesus bere artaldea gomendatzen ari zaio, zaindu eta elikatu dezan, eta bere jarraitzaileei bizia komunikatu diezaien, txikienak eta premiatsuenak direnetatik hasita: «bildotsak».

Sarritan erlazionatzen dira hierarkak eta artzainak, soilik, aginpidez gobernatzeko duten gaitasuna kontuan harturik edota egia predikatzeko duten bermeari dagokionez. Halaz guztiz, badira Kristorekiko atxikimendu sendo, segur eta erabatekoak, baina, maitasunik gabeko izanik, inor gai egiten ez dutenak Jesusen jarraitzaileak zaindu eta gidatzeko.

Faktore gutxi dira Elizaren konbertsiorako erabakitzaileagoak hierarkak, gotzainak, apaizak eta gidari erlijiosoak Jesus maitatzera konbertitu direla ikustea baino. Gu geu gara Jesusen galdera entzun behar dugun lehenak: «Maite al nauzu hauek baino gehiago? Maite al dituzu nire bildotsak eta nire ardiak?».

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Pascua – C (Juan 21,1-19)

CUALQUIERA NO SIRVE

Después de comer con los suyos a la orilla del lago, Jesús inicia una conversación con Pedro. El diálogo ha sido trabajado cuidadosamente, pues tiene como objetivo recordar algo de gran importancia para la comunidad cristiana: entre los seguidores de Jesús, solo está capacitado para ser guía y pastor quien se distingue por su amor a él.

No ha habido ocasión en que Pedro no haya manifestado su adhesión absoluta a Jesús por encima de los demás. Sin embargo, en el momento de la verdad es el primero en negarlo. ¿Qué hay de verdad en su adhesión? ¿Puede ser guía y pastor de los seguidores de Jesús?

Antes de confiarle su «rebaño», Jesús le hace la pregunta fundamental: «¿Me amas más que estos?». No le pregunta: «¿Te sientes con fuerzas? ¿Conoces bien mi doctrina? ¿Te ves capacitado para gobernar a los míos?». No. Es el amor a Jesús lo que capacita para animar, orientar y alimentar a sus seguidores, como lo hacía él.

Pedro le responde con humildad y sin compararse con nadie: «Tú sabes que te quiero». Pero Jesús le repite dos veces más su pregunta, de manera cada vez más incisiva: «¿Me amas? ¿Me quieres de verdad?». La inseguridad de Pedro va creciendo. Cada vez se atreve menos a proclamar su adhesión. Al final se llena de tristeza. Ya no sabe qué responder: «Tú lo sabes todo».

A medida que Pedro va tomando conciencia de la importancia del amor, Jesús le va confiando su rebaño para que cuide, alimente y comunique vida a sus seguidores, empezando por los más pequeños y necesitados: los «corderos».

Con frecuencia se relaciona a jerarcas y pastores solo con la capacidad de gobernar con autoridad o de predicar con garantía la verdad. Sin embargo, hay adhesiones a Cristo, firmes, seguras y absolutas, que, vacías de amor, no capacitan para cuidar y guiar a los seguidores de Jesús.

Pocos factores son más decisivos para la conversión de la Iglesia que la conversión de los jerarcas, obispos, sacerdotes y dirigentes religiosos al amor a Jesús. Somos nosotros los primeros que hemos de escuchar su pregunta: «Me amas más que estos? ¿Amas a mis corderos y a mis ovejas?».

José Antonio Pagola

 

DOMINGO III DE PASCUA (C) Fray Marcos

El relato es fantástico y simbólico. Lo importante no pasa en Jesús, sino en nosotros.

Se trata de una vivencia interior que, o se tiene, y entones no hay que explicar nada, o no se tiene y entonces no hay manera de explicarla. Esta simple constatación es la clave para afrontar los textos. No hay ni palabras para expresar la vivencia, por eso usan símbolos.

El objeto de estos textos no es explicar ni convencer, sino invitar a la misma experiencia que hizo posible la absoluta seguridad de que Jesús estaba vivo. Descubriremos la fuerza arrolladora de esa Vida y podremos intuir la profundidad del cambio operado en ellos. Las autoridades religiosas y romanas pretendieron borrarle de la memoria de los vivos.

En el relato que hoy leemos, nada es lo que parece. Todo es mucho más de lo que parece. Responde a un esquema teológico definido, que se repite en todas las apariciones. No pretenden decirnos lo qué pasó, sino transmitirnos la experiencia de una comunidad. En aquella cultura, la manera de transmitir ideas era a través de relatos elaborados ad hoc.

 

Se manifestó (ephanerôsen) significa “surgir de la oscuridad”. “Al amanecer”, cuando se está pasando de la noche al día, los discípulos pasan de una visión terrena de Jesús a través de los sentidos, a una experiencia interna que les permite descubrir en él lo que no se puede ver ni oír ni tocar. Sigue el esquema que  se da en todas las apariciones.

1º Situación dada. Habían vuelto a su tarea habitual. Lo que les va a pasar, ni lo esperan ni lo buscan. Los discípulos están juntos, forman comunidad. No se hace alusión a los doce sino los siete, signo de plenitud. Misión universal de la nueva comunidad. La noche significa la ausencia de Jesús. Sin él, la misión es estéril. Con él todo es posible.

2º Se hace presente. Toma la iniciativa, sin que ellos lo esperen. La primera luz de la mañana es señal de la presencia de Jesús. Continúa el lenguaje simbólico. Jesús es la luz que permite trabajar y dar fruto. No los acompaña; su acción se ejerce por medio de los discípulos. Cuando siguen sus instrucciones, encuen­tran pesca y le descubren a él mismo.

3º Saludo. Una conversación que pretende acentuar la cercanía. “Muchachos» (paidion) diminutivo de (pais) = niño. Es el “chiquillo de la tienda”. Al darles ese nombre, está exigiéndoles una disponibilidad total. Él tiene ya pan y pescado. Ellos tienen que seguir buscando y compartiendo el alimento. Jesús sigue en la comunidad, pero sin actuar.

4º Lo reconocen. Solo uno lo descubre, el que está más identificado con Jesús. Reconoce al Señor en la abundancia de peces, es decir, en el fruto de la misión. Solo el que tiene experiencia del amor, sabe leer las señales. El éxito, es señal de la presencia del Señor. El fracaso delataba la ausencia del mismo. Juan Comunica su intuición a Pedro.

No ven primero a Jesús, sino fuego y la comida, las expresiones de su amor a ellos. El alimento que les da se distingue del que ellos logran por su indicación. Hay dos alimentos: uno es don gratuito aportado por Jesús, otro lo deben conseguir con el esfuerzo.

5º La misión. Hoy se personaliza en Pedro. Con su pregunta, Jesús enfrenta a Pedro con su actitud. Solo él lo había negado, solo él tenía que rectificar. Jesús usa el verbo “agapaô” = amar, unidad. Pedro contesta con “phileô” =querer, amistad. Al preguntarle por 3ª vez, pone en relación este episodio con las tres negaciones. Espera una rectificación total.

3º Domingo de Pascua-Koinonía

Hechos de los apóstoles 5, 27b-32. 40b-41

Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo

En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los apóstoles y les dijo: «¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.»

Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. la diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.»

Prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

Apocalipsis 5, 11-14

Digno es el Cordero degollado de recibir el poder y la riqueza

Yo, Juan, en la visión escuché la voz de muchos ángeles: eran millares y millones alrededor del trono y de los vivientes y de los ancianos, y decían con voz potente: «Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.»

Y oí a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar -todo lo que hay en ellos-, que decían: «Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.»

Y los cuatro vivientes respondían: «Amén.»

Y los ancianos se postraron rindiendo homenaje.

Juan 21, 1-19

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar.»

Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.»

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?»

Ellos contestaron: «No.»

Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»

La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.»

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger.»

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice: «Vamos, almorzad.»

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.» Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Él le dice: «Pastorea mis ovejas.» Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

En el pasaje de Hechos, los apóstoles son llamados a rendir cuentas ante el Sanedrín o Tribunal Supremo de los judíos. Hay que caer en la cuenta de lo que significaba la fe en la resurrección de Jesús en aquel contexto cultural-religioso en que se escribe los Hechos de los Apóstoles, esto es, el testimonio de que él continúa vivo y actuando no ya físicamente, sino a través de la comunidad que ha asumido con el coraje y la valentía de su Maestro el proyecto del Reino. La Resurrección carece de pruebas históricas, y el creyente no las necesita. La prueba más segura y contundente nos la da, precisamente, la comunidad misma de creyentes que se fue formando alrededor de la fe en la Resurrección y que da testimonio de ella a través de una experiencia vital que ha evolucionado desde una total ignorancia e incapacidad para comprender a Jesús, hasta un cambio tan radical que ya nadie teme dar testimonio de que Jesús está vivo y que su proyecto sigue adelante. Con una valentía increíble, aquellos que habían huido abandonando al Maestro en su prendimiento, recalcan ahora que seguirán predicando porque “hay que obedecer a Dios antes que a los humanos”. Esta situación se repetirá innumerables veces en la historia de la Iglesia, cuando la autenticidad del mensaje entre en conflicto con los intereses que se le oponen.

En el evangelio Jesús se presenta a los apóstoles junto al lago Tiberíades, en medio de la vida ordinaria a la que ellos estaban acostumbrados. Habían dejado de ser los pescadores de personas a que los había llamado Jesús, y tras el supuesto fracaso del Maestro habían vuelto a su oficio de siempre. Allí se les presenta Jesús y aprovecha lo que les es familiar. Y allí Dios les manifiesta su poder y su gloria, a través del símbolo de la pesca y de la comida.

El Resucitado los invita a tirar la red, que recogerá una pesca «milagrosa»; una red que es símbolo de la Iglesia y de la pesca multitudinaria que harían los seguidores de Jesús después de este encuentro, cuando vuelvan a tomar el rumbo que habían perdido.

El discípulo a quien el Señor más amaba le reconoce en el milagro de la abundancia de peces, y Pedro se siente nada delante de aquel que le encomendó una tarea especifica que dejó de cumplir.

El capítulo 21 del cuarto evangelio fue agregado posteriormente. Es claro que Jn 20,30-31 era la conclusión original. Y es interesante que el capítulo 21 esté centrado en la figura de Pedro. En todo el evangelio los grandes protagonistas habían sido “el discípulo amado”, los discípulos en general y especialmente las discípulas, y entre ellas la madre de Jesús y María Magdalena. La figura de Pedro tiene relieve secundario; más aun, aparece siempre contrapuesta y subordinada a la del “discípulo amado”. Para Juan lo más importante es ser discípulo/discípula. Ahora, en el capítulo 21, se afirma a Pedro como pastor a partir de la inquietante pregunta triple de Jesús resucitado: “Simón, ¿me amas?… Apacienta mis ovejas”. Pedro es reconocido como pastor porque ahora cumple la condición de buen discípulo. Durante la Pasión negó tres veces ser discípulo de Jesús. Ahora el Señor le pide una triple confesión de su sincero amor como discípulo.

Antes que jerárquica, la Iglesia es una comunidad de discípulos. En la tradición de los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) es una iglesia fundada y dirigida por los 12 apóstoles, llamados también comúnmente los 12 discípulos. El capítulo 21 de Juan expresa la armonización de las dos tradiciones: Pedro es reconocido como pastor, pero bajo la condición de que acepte su definición fundamental como discípulo. Una vez reconocido como pastor, Jesús le anuncia la clase de muerte con la que glorificaría a Dios: su crucifixión en Roma. Después el Señor le reiterará su consigna favorita: “sígueme”, es decir, lo urge formalmente a ser su discípulo.

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 129. El guión, el audio, y un comentario bíblico-teológico puede ser encontrado y recogido en el portal: https://radialistas.net/129-ciento-cincuenta-y-tres-peces-grandes/

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 31, que se titula «¿Dios hace milagros?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en https://radialistas.net/31-dios-hace-milagros/ Hay varios otros varios guiones con temas relacionados, que se prestan también a un debate-catequesis.

 

Francisco, a la hora de partir

Religión Digital

«Después de doce años, todavía es posible escuchar con emoción el nombre de Francisco como Papa y ver su figura contenida en el gesto, el vestido y las palabras en el primer encuentro con la multitud»

«Para quienes nada sabíamos del cardenal argentino, Bergoglio, aquella aparición tenía algo eléctrico, sin saber muy bien por qué»

«Y tomó el timón en medio de una tempestad que nosotros, abajo, apenas atisbábamos, apoyando una teología de la evangelización muy pegada a la historia cotidiana desde su reverso»

«En este recorrido vital de un anciano, 88 años de vida, llega la muerte. Hay varias reformas a medias, muchas. Veremos. Francisco ha mostrado que vivir la fe pasa por la vida justa de los últimos del mundo»

Después de doce años, todavía es posible escuchar con emoción el nombre de Francisco como Papa y ver su figura contenida en el gesto, el vestido y las palabras en el primer encuentro con la multitud. Para quienes nada sabíamos del cardenal argentino, Bergoglio, aquella aparición tenía algo eléctrico, sin saber muy bien por qué. No era lo mío la pasión ciega de un católico por el nuevo Papa, sino una intuición de que allí había un obispo distinto.

Francisco ha sido un Papa que accedió a la sede pontificia sustituyendo a Benedicto XVI, quien acababa de renunciar al primado para sorpresa de propios y extraños. Representaba, además, otra imagen de la Iglesia en varios sentidos: personales e institucionales, pastorales y expresivos…Leer más (José Ignacio Calleja)

Trump y Francisco: Dos modelos de cristianismo enfrentados

Religión Digital.

El encuentro del papa Francisco, un día antes de su fallecimiento, con el vicepresidente de los Estados Unidos JD Vance, católico practicante, el mensaje pascual de Francisco el domingo de resurrección y las políticas seguidas de Trump durante los tres meses de su segunda presidencia ponen de manifiesto con total nitidez dos modelos de cristianismo enfrentados: el de Francisco, identificado con las raíces evangélicas del movimiento de Jesús de Nazaret, y el de Trump, al servicio de sus interés, de los del Imperio y de los oligarcas tecnológicos, cuyo principal exponente es Elon Musk. Vance no encontró en su visita al Vaticano la legitimidad religiosa que esperaba ya que sus proyectos cristianos, morales, políticos, económicos y sociales están en las antípodas con los de Francisco…Leer más (Blog Juan J. Tamayo)

DOMINGO 2º DE PASCUA (C) Fray Marcos

(Jn 20,19-31)

 A Jesús lo descubrieron dentro de ellos, porque empezaron a vivir lo que él vivió.

Lo que los textos quieren expresar con la palabra resurrección, es la clave de todo el mensaje cristiano. Pero es algo mucho más profundo que la reanimación de un cadáver. Sin esa Vida que va más allá de la vida biológica, nada de lo que dice el evangelio tendría sentido. El relato fue la manera de trasmitir a los demás la vivencia pascual. Lo que quieren comunicar a otros es la experiencia de que seguía vivo porque ellos vivían lo que él vivió.

La cristología de resurrección no fue ni la única ni siquiera la primera forma de expresar la experiencia que de Jesús vivo tuvieron los discípulos después de su muerte. Hay por lo menos tres cristologías que se dieron antes o al mismo tiempo que hablar de la resurrec­ción de Jesús. La primera fue Jesús juez escatoló­gico que vendría a juzgar a todos.

Otra cristología es la de Jesús taumaturgo, que manifestaba con su poder la fuerza de Dios. Para ellos los milagros eran la clave que permitía la compren­sión de Jesús. Esta cristolo­gía es muy matizada ya en los mismos evangelios; seguramente, porque, en algún momento, tuvo excesiva influencia y se quería contrarrestar el carácter de magia que tenía.

Una tercera cristología, que tampoco se expresa con el término resurrección, es la que considera a Jesús como la Sabiduría de Dios. Sería el Maestro, que, conectando con la Sabiduría preexistente, nos enseña lo necesario para llegar a Dios. También tiene un trasfondo bíblico muy claro. En el AT se habla innumerables veces de la Sabiduría.

Ninguna de ellas hace referencia a la resurrección. La experiencia pascual fue interpretada como exaltación y glorificación del humillado, tomando como modelo el AT. Estas maneras de explicar su experiencia, fueros concentrándose en la cristología pascual, que encontró en la idea de resurrección el marco más adecuado para comunicar la vivencia pascual.

Ni las apariciones ni el sepulcro vacío fueron el origen de la primitiva fe. Estos relatos se habrían elaborado poco a poco como un intento de comunicar con imágenes muy vivas y que entraran por los ojos la experiencia pascual. Esa vivencia Fue fruto de un proceso interior en el que tuvo mucho que ver la comunidad reunida, como expresan los relatos.

En Jesús, al morir,  no pasó nada, pero en los discípulos se dio una transformación que les hizo cambiar la manera de entender a Jesús. Ese proceso de “iluminación” de los primeros discípulos se ha perdido. No solo sería importante para conocer lo que pasó en ellos, sino porque es ese mismo proceso el que tiene que realizarse en cada uno de nosotros.

La resurrección quiere expresar la idea de que su meta fue la Vida no la muerte. La misma Vida de Dios: Esto no supone la anulación de la “persona”, sino su máxima potenciación. Los relatos responden a un esquema judío que nos dan la clave de interpretación:

No dan ese paso alegremente, sino con dudas. Hoy la incredulidad se personaliza en Tomás. Tomás no era más incrédulo que los demás, insiste en la reticencia de uno para que quede claro lo difícil que fue a todos aceptara la nueva realidad que les desborda.

En todas las apariciones se repite un esquema muy concreto. Todo apunta a que la experiencia no es buscada, sino que se impone. a) Una situación de la vida real. b) Jesús se presenta sin esperarlo. c) Jesús les saluda. d) Hay reconocimiento e) Reciben una misión.

Pazkoaldiko 2. igandea – C José A. Pagola

GRUPOS DE JESÚS

(Joan 20,19-3)

ATEAK IREKI – ABRIR LAS PUERTAS

Joanen ebanjelioak marra ilunez deskribatzen du kristau-elkartearen egoera, beronen baitan Kristo berpiztua falta denean. Kristoren presentzia bizirik gabe, Eliza gizon-emakumeen talde bihurtu da: «etxe batean ateak itxirik bizi dena, juduen beldurrez».

«Ateak itxirik» direla, ezin entzun da kanpoan gertatzen dena. Ezin atzeman da Espirituak munduan ari duen egintza. Ez da sortzen inorekin topaketarik eta elkarrizketarako eremurik. Itzali egiten da gizakiarekiko konfiantza eta ugaldu errezeloak eta aurreiritziak. Baina elkarrizketarako gai ez den Eliza tragedia bat da; izan ere, Jesusen jarraitzaileok deituak gara Jainkoak gizakiarekin betidanik ari duen elkarrizketa eguneratzera.

«Beldurrak» gerarazi dezake ebanjelizazioa eta blokeatu gure energiarik hobenak. Beldurrak uko egitera eraman gaitzake eta gaitzestera. Beldurrez bizi garela, ezin maitatu dugu mundua. Baina, maite ez badugu, ez diogu begiratzen Jainkoak begiratzen dion bezala. Eta, Jainkoaren begiez begiratzen ez badiogu, nola hots egingo dugu Berri Ona?

Ateak itxirik bizi bagara, nork utziko du artegia, galdu den ardiaren bila joateko? Nor ausartuko da lepradun zokoratu bat ukitzen? Nor jarriko da mahaian bekatariekin edo prostituituekin batera? Nor hurbilduko da erlijioak ahaztuak dituenengana? Jesusen Jainkoaren bila ibili nahi dutenek ateak itxirik aurkituko gaituzte.

Gure lehen egitekoa Berpiztuari sartzen uztea da, beldurrez eraikitzen ditugun hainbat mugatan barna. Gure elizetako, taldeetako eta elkarteetako erdigunea bete dezala Jesusek. Bera bakarrik izan dadila gure biziaren, pozaren eta bakearen erdigune. Ez dezala hartu inork haren lekua. Ez dezala inork bere egin haren mezua. Ez dezala ezarri inork harena ez bezalako estilorik.

Jadanik ez dugu Elizan geure esku garai bateko botererik. Sakon sentitzen ditugu geure inguruan areriotasuna eta ukapena. Ahul gara. Inoiz baino behar handiagoa dugu Berpiztuaren hatsari garen guztia irekitzea, Espiritu Santuari harrera egiteko.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2 Pascua – C (Juan 20,19-32)

ABRIR LAS PUERTAS

El evangelio de Juan describe con trazos oscuros la situación de la comunidad cristiana cuando en su centro falta Cristo resucitado. Sin su presencia viva, la Iglesia se convierte en un grupo de hombres y mujeres que viven «en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos».

Con las «puertas cerradas» no se puede escuchar lo que sucede fuera. No es posible captar la acción del Espíritu en el mundo. No se abren espacios de encuentro y diálogo con nadie. Se apaga la confianza en el ser humano y crecen los recelos y prejuicios. Pero una Iglesia sin capacidad de dialogar es una tragedia, pues los seguidores de Jesús estamos llamados a actualizar hoy el eterno diálogo de Dios con el ser humano.

El «miedo» puede paralizar la evangelización y bloquear nuestras mejores energías. El miedo nos lleva a rechazar y condenar. Con miedo no es posible amar al mundo. Pero, si no lo amamos, no lo estamos mirando como lo mira Dios. Y, si no lo miramos con los ojos de Dios, ¿cómo comunicaremos su Buena Noticia?

Si vivimos con las puertas cerradas, ¿quién dejará el redil para buscar las ovejas perdidas? ¿Quién se atreverá a tocar a algún leproso excluido? ¿Quién se sentará a la mesa con pecadores o prostitutas? ¿Quién se acercará a los olvidados por la religión? Los que quieran buscar al Dios de Jesús nos encontrarán con las puertas cerradas.

Nuestra primera tarea es dejar entrar al Resucitado a través de tantas barreras que levantamos para defendernos del miedo. Que Jesús ocupe el centro de nuestras iglesias, grupos y comunidades. Que solo él sea fuente de vida, de alegría y de paz. Que nadie ocupe su lugar. Que nadie se apropie de su mensaje. Que nadie imponga un estilo diferente al suyo.

Ya no tenemos el poder de otros tiempos. Sentimos la hostilidad y el rechazo en nuestro entorno. Somos frágiles. Necesitamos más que nunca abrirnos al aliento del Resucitado para acoger su Espíritu Santo.

José Antonio Pagola

 

Domingo 2º de Pascua-Ciclo C- Koinonía

Hechos de los apóstoles 5, 12-16

Crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor

Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo.

Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor.

La gente sacaba los enfermos a la calle, y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno.

Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos se curaban.

Apocalipsis 1, 9-11a. 12-13. 17-19

Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos

Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la constancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios, y haber dado testimonio de Jesús.

Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente que decía: «Lo que veas escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete Iglesias de Asia.»

Me volví a ver quién me hablaba, y, al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho.

Al verlo, caí a sus pies como muerto.

Él puso la mano derecha sobre mí y dijo: «No temas: Yo soy el primero y el Último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo.

Escribe, pues, lo que veas: lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde.»

Juan 20, 19-31

A los ocho días, llegó Jesús

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»

Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

– «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»

Pero él les contesto: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás: «¡ Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

El libro de los Hechos, el Apocalipsis y el evangelio de Juan se escribieron casi por la misma época. La Iglesia de Jesús, formada por muchas y diferentes comunidades, estaba recogiendo las diversas tradiciones sobre Jesús histórico y cada comunidad las reelaboraba y contaba de acuerdo a las nuevas situaciones que estaban viviendo. Eran tiempos de grandes conflictos con el imperio romano y con los fariseos de Jamnia (norte de Jerusalén), donde radicó el único grupo oficial judío que sobrevivió a la destrucción del templo el año 70. Es en este momento cuando se fragua la bifurcación de caminos entre el judaísmo oficial y el judaísmo cristiano, o judíos que creían en el también judío Jesús. A posteriori, la teoría (la hermenéutica, la interpretación que tenemos que elaborar para tranquilizar nuestros corazones y nuestras mentes dándonos un sentido) ha dicho que es que Dios decidió abrir una nueva etapa histórica manifestando un misterio escondido desde siempre, y otras varias teologías. Los estudios históricos hoy están en capacidad de trazarnos ya, más o menos, las causas históricas e ideológicas que de hecho cristalizaron en la separación. Hoy, a la altura de estos tiempos en los que la historia y la arqueología nos permiten conocer casi con toda seguridad cómo fue de distinta aquella historia, no estamos obligados a historificar la teología; tenemos derecho a saber la verdad, y a reconocer la teología como teología, como creación hermenéutica, que aquellas generaciones de cristianos necesitaron para interpretar y recrear su historia, pero que nosotros, en una sociedad culta y científica –con otra epistemología– no necesitamos para interpretar-recrear la realidad, podemos aceptar la historia como fue, como hoy sí sabemos que fue.

Lo mismo nos pasa con respecto al «calendario» de la muerte de Jesús – Pascua – Pentecostés… Lucas se tomó la libertad de imaginar/crear un calendario, un cronograma, que podemos de decir que se sacó de la manga, o sea, de su creatividad y genialidad catequética. Tan bien hecha resultó, que fue la que se llevó el gato al agua, la que se impuso, no por a la fuerza, sino por lo bien hecha que estaba y lo catequéticamente práctica que resultaba. (Estamos en un caso semejante a lo de la bifurcación entre cristianismo y judaísmo: lo que teologizamos no es realmente lo que sucedió con respecto al judaísmo oficial de Jamnia, pero es lo que «se impuso» –tampoco por imposición, sino por practicidad teórica; como sabemos, esta separación, incluso abismo, entre la realidad histórica real y nuestra propia visión-interpretación histórica, es mucho más frecuente que lo que ordinariamente pensamos).

En efecto, veamos. Jesús entra y se coloca en medio de la comunidad. Sopla sobre ellos/as y dice que les envía el Espíritu Santo. Para la comunidad de Juan (en la que, con la que escribe), la Pascua de Resurrección y Pentecostés acontecieron el mismo día en que Jesús resucitó. No hay que esperar 50 días para Pentecostés.

Y en esa Pascua-Pentecostés «toda la comunidad» de discípulos y discípulas recibe la autoridad para perdonar los pecados. Esto corresponde a la tradición que también Mateo ha conservado en su evangelio (Mt 18,18) y que luego la Iglesia, en su proceso de clericalización (reinterpretación clerical ésta sí, impuesta con poder de coerción) fue perdiendo, pero que sí recuperaron las Iglesias Evangélicas con la Reforma Luterana, que significó un esfuerzo sincero por reconciliarse con la historia real. Entonces, en el siglo XVI todavía no era tan posible como lo es hoy, por el avance de la ciencia; Ello querría decir que el avance del conocimiento de la humanidad, nos obliga a reconciliarnos con la realidad histórica, que cada vez conocemos mejor, y nos obliga a tomar conciencia del carácter construido de nuestras interpretaciones teológicas; tradicionalmente ha sido posible convivir con creencias y elaboraciones míticas, pero cada vez se nos hace más necesario relegar las creencias y las interpretaciones al cajón de las curiosidades históricas –con frecuencia muy ricas e instructivas– para quedarnos con una visión digna de esta humanidad que vive en una sociedad de conocimiento.

En la segunda parte de este evangelio nos encontramos con el diálogo de Jesús y Tomás. Hace tres años, nuestro comentarista, en este mismo comentario a este evangelio, escribió:

«Ojos que no ven corazón que no siente», dice el refrán. Cuentan que cuando Yury Gagarin, el astronauta ruso, regresó de aquel primer paseo a las estrellas, dijo: “He andado por el cielo y no he visto a Dios”. Pobre Yury tan parecido a Tomás, que podría llamarse su mellizo».

Hoy no nos atrevemos a tratar así a Yury Gagarin, ni al llamado «ateísmo científico» que en esa anécdota él simboliza. Los cristianos hemos estado dos o tres siglos enfrentados al materialismo científico, irreconciliablemente enfrentados a su ateísmo. La Iglesia empeñada en la existencia de un Dios concebido como un Señor, creador, todopoderoso, que lee nuestras conciencias, providente, que todo lo supervisa y lo autoriza o no, que habita en el cielo, que dice, piensa, decide, se ofende, se arrepiente, perdona… Y el ateísmo científico negando la existencia de tal «Señor», de rostro y características tan antropomórficas… La fe –decíamos entonces– consiste en «creer lo que no se ve», someter nuestro entendimiento y aceptar las fórmulas de la fe de la Iglesia, aunque nos parezcan increíbles… Y se nos recordaba que tendríamos más mérito que Tomás el Apóstol, que sólo creyó cuando vio…

Se acabó aquel enfrentamiento injustificado, aquel diálogo de sordos en el que las dos partes sólo tenían media verdad. Tenía razón el ateísmo científico en rechazar una imagen tan cosificada (dios como un ser, como un ente) y tan antropomórfica de Dios. Reivindicaba una verdad que los cristianos no acababan de entender. Había que dar la razón a Gagarin: efectivamente, por allí no pudo ver a Dios porque ese dios-ente celestial… no existe –y si efectivamente lo hubiera visto, habría que decirle que no era Dios eso que habría visto–. La fe no consiste en imaginar o en aceptar la existencia de un Señor por encima de las nubes ni en las alturas espaciales por donde Gagarin paseó; allí efectivamente no hay nada. Podemos seguir sintiendo la presencia del Misterio, a la vez que no creemos en duendes, en espíritus ni en divinidades antropomórficas. La fe es otra cosa. No es sumisión irracional del pensamiento, ni aceptación obligada de fórmulas o dogmas, o relatos míticos. El valor ejemplar de Tomás el Apóstol metiendo sus dedos en las llagas de Jesús, decididamente, no sirve en directo como metáfora para interpretar la fe en la coyuntura actual del mundo, por mucho que la forcemos. Es necesario dar un salto hacia delante, un salto cualitativo, por el que Dios deja de ser considerado un ente, ni un Señor, ni un habitante de las alturas del cielo… y la fe deja de ser sumisión del entendimiento, humillación de la persona, renuncia a la visión de la ciencia. Se acabó el tiempo del enfrentamiento con la razón y con la ciencia. Es preciso actualizar nuestras ideas, porque, con frecuencia, al hablar de la fe seguimos repitiendo los mismos tópicos sobrepasados del «creer lo que no se ve», de renunciar a la seguridad de lo que vemos, de ofrecer «el obsequio de nuestra razón», de humillarnos ante Dios… El ateísmo científico es un problema del siglo XIX, la ciencia actual abandonó esa posición hace bastante tiempo. Seguir utilizando para hablar de la fe aquellas metáforas combativas, no sólo no nos hace bien, sino que es dañino.

Recomendamos dos libros, el de Roger LENAERS, «Aunque no haya un Dios ahí arriba», de la colección «Tiempo axial» (tiempoaxial.org), que tematiza muy bien todo esto, y también «Después de Dios», colectivo, de 6 autores/as, de la colección «Nuevo tiempo axial» (o pregunta a google directamente; es de dominio público en formato digital, y de impresión a demanda en papel).

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 128. El guión, el audio, y un comentario bíblico-teológico puede ser encontrado y recogido en el portal: https://radialistas.net/128-lo-que-hemos-visto-y-oido/ También ahí puede recogerse libremente el libro completo (en pdf) con todos los guiones y comentarios de los 144 episodios.

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Jorge Mario Bergoglio, el primer Papa jesuita, el primer pontífice latinoamericano, falleció este lunes de Pascua, a las 7,35 horas, de manera sorpresiva, después de participar en la bendición Urbi et Orbi. Aún se desconocen las causas de su final precipitado, toda vez que parecía recuperado de la neumonía bilateral que hizo que ingresara el pasado 14 de febrero…Leer más (Jesús Bastante)

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