Antonio Spadaro: «Los dos grandes signos del pontificado de Francisco son el discernimiento y la misericordia»

La conmovedora visita a Auschwitz y a los prófugos en la isla griega de Lesbos; la publicación de la Exhortación Apostólica postsinodal Amoris Laetitia sobre el amor en la familia; el histórico encuentro con el Patriarca Cirilo I de Moscú y la visita a Lund, una de las ciudades más antiguas y principales de Suecia, poco antes de que se cumplieran 500 años de la Reforma protestante, son algunos de los momentos fuertes que protagonizó el Papa Francisco durante el año 2016, el año de la Misericordia.

 

UN NUEVO ESTILO DE VIDA

José Mª Álvarez Rodríguez
Foro-Gaspar García Laviana

Ser ciudadanos ecológicos

En la encíclica LAUDATO SÌ el Papa Francisco hace una dramática invitación a la sociedad consumista a cambiar de estilo de vida. Nos pide que abramos los ojos y veamos el futuro catastrófico al que estamos abocados, si no ponemos coto a nuestros irracionales comportamientos que están produciendo heridas profundas a la Madre Tierra. Nuestro estilo de vida es insostenible: producimos demasiados desperdicios (algunos excesivamente peligrosos), estamos contaminando la atmósfera alterando el medio ambiente más allá de lo sostenible, lo que tiene como consecuencia el aumento de los desiertos, la subida del nivel del mar, catástrofes naturales más frecuentes producidas por lluvias y vientos, etc. Leer más

Casi cuatro millones de personas asistieron a los actos con el papa en 2016 en el Vaticano

LOS EVENTOS QUE MÁS GENTE CONGREGARON FUERON LOS REZOS DEL ÁNGELUS DE MIÉRCOLES Y DOMINGOS. Casi cuatro años después de su elección al solio pontificio, el Papa Francisco sigue siendo un imán para la gente. Sólo este año que termina lo visitaron en el Vaticano cuatro millones de personas. Sin contar las que lo siguieron en sus desplazamientos. Bergoglio, el Papa de la misericordia, es un imán para la gente, que descubre en él al hombre de Dios, defensor de los pobres y líder auténtico y creíble, que predica y da trigo. ESTADÍSTICAS EN ASCENSO: EN 2015 ASISTIERON A LOS ACTOS 3.210.860 PERSONAS.

 

LA ESTRELLA

José Arregi
DEIA

Amiga, amigo: ¡Feliz Navidad! O, si prefieres, feliz solsticio de invierno: la noche empieza a acortarse en nuestro hemisferio Norte, aunque sucede justo lo contrario en el hemisferio Sur. El Sol que muere, nace y muere y renace. Cuando unos lo vemos ascender en el cielo, otros lo ven descender, pero a todos los vivientes nos regala su energía, aliento vital, de día y de noche, de solsticio en solsticio y de equinoccio en equinoccio. Loado seas, hermano padre Sol con nuestra hermana madre Tierra. Leer más

EUROPA EMPIEZA A DAR ASCO

Juan Torres López, Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla
Fe Adulta

Los dirigentes europeos parecen empeñados en que no pase un día sin que las personas corrientes tengamos que sentir algo más que vergüenza de lo que hacen en materia económica (por no hablar de otras decisiones en temas incluso de mayor calado humano como el de los refugiados).

Se siente vergüenza cuando se empecinan en aplicar políticas que son un manifiesto fracaso pero se siente algo peor cuando se comprueba que no lo hacen por error sino como una farsa gigantesca para poder darles todavía más a los que ya lo tienen casi todo. Leer más

Domingo 1 de enero de 2017, Santa María Madre De Dios, Jornada Mundial de la Paz, Koinonia

Lucas 2,16-21

Encontraron a María y a José, y al niño. A los ocho días, le pusieron por nombre Jesús

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

COMENTARIOS LITÚRGICOS:

Litúrgicamente, hoy es la fiesta de «Santa María Madre de Dios»; es también la «octava de Navidad», y por tanto el recuerdo de «la circuncisión de Jesús», celebración judía que se celebraba al octavo día del nacimiento de los niños, y en la que se les imponía el nombre. Para nosotros, hombres y mujeres de hoy, esos tres componentes de la festividad litúrgica de hoy nos aparecen como muy lejanos, extraños, tal vez irrelevantes para nuestra vida… tanto por el lenguaje que en que son expresados, como por el «imaginario religioso» al que pertenecen…

Pero, por otra parte, hoy es también el primer día del año civil, «¡Año Nuevo!», y la Jornada Mundial por la Paz, celebración esta que, aunque originalmente procede una iniciativa eclesiástica católica, ha alcanzado una notable aceptación en la sociedad, gozando ya de un cierto estatuto civil.

Como se puede ver, pues, hay una buena distancia entre la conmemoración litúrgica y los motivos «modernos» de celebración. Esta distancia, que se repite en otras fechas, con bastante frecuencia, habla por sí misma de la necesidad de «actualizar» el calendario litúrgico, y, mientras esa tarea no sea acometida oficialmente por quien corresponde, será preciso que los agentes de pastoral tengan creatividad y audacia para reinterpretar el pasado, abandonar lo que está muerto, y recrear el espíritu y a veces la letra misma y los símbolos de las celebraciones.

Lc 2,16-21, en el lenguaje «intencionado» que por ser un género literario (“evangelio de la infancia”) utiliza con sus signos, Jesús no nace entre los grandes y poderosos del mundo sino, muy en la línea de Lucas, entre los pequeños y los humildes; como los pastores de Belén, que no son meras figuras decorativas de nuestros «belenes», pesebres o nacimientos, sino que eran, en los tiempos de Jesús, personas mal vistas, con fama de ladrones, de ignorantes y de incapaces de cumplir la ley religiosa judía. A ellos en primer lugar llaman los «ángeles» a saludar y a adorar al Salvador recién nacido. Ellos se convierten en pregoneros de las maravillas de Dios que habían podido ver y oír por sí mismos. Algo similar pasa con María y José: no eran una pareja de nobles ni de potentados, eran apenas un humilde matrimonio de artesanos, sin poder ni prestigio alguno. Pero María, la madre, «guardaba y meditaba estos acontecimientos en su corazón», y seguramente se alegraba y daba gracias a Dios por ellos, y estaba dispuesta a testimoniarlo delante de los demás, como lo hizo delante de Isabel, entonando el Magníficat.

Todo ello dentro de una composición teológica más elaborada de lo que su aparente ingenuidad pudiera insinuar. En todo caso, la simplicidad, la pobreza, la llaneza del relato y de lo relatado casan perfectamente con el espíritu de la Navidad.

La «maternidad divina de María», motivo oficial de la celebración litúrgica de hoy, y uno de los tres «dogmas» marianos -si se puede hablar así-, es una formulación que hace tiempo «chirría» en los oídos de quien la escucha desde una imagen de Dios adulta y crítica. Como ocurre con tantos otros «dogmas» y tradiciones tenidas como tales, el pueblo cristiano las ha amalgamado fantásticamente con los evangelios, llegando a pensar que provienen directamente del evangelio.

Pablo no conoció a Jesús, ni tampoco se encontró con María. El versículo Gál 4,4 que hoy leemos, es «todo lo que Pablo dice de María». Ni siquiera cita su nombre. En el cristianismo, la maternidad divina de María es, claramente, una construcción eclesial: ni los evangelios ni Pablo saben nada de ella, y no será formulada ni «declarada» hasta el siglo V.

En este contexto, es importante desempolvar y recordar la historia de tal «dogma», con la conocida «manipulación» del concilio de Éfeso, en el año 431, cuando Cirilo de Alejandría forzó y consiguió la votación antes de que llegaran los padres antioqueños, que representaban en el Concilio la opinión contraria. Se dice que el Pueblo cristiano acogió con entusiasmo esta declaración mariana, pero hay que añadir que se trata de los habitantes de Éfeso, la ciudad de la antigua «Gran Diosa Madre», la originaria diosa-virgen Artemisa, Diana… La fórmula de Éfeso, en cualquier caso, ha sido siempre tenida como sospechosa de concebir la filiación divina y la encarnación en términos «monofisitas», que hasta cosifican a Dios, como si se pudiera procrear a Dios y no más bien a un hombre en el que, en cuanto Hijo de Dios, Dios mismo se nos hace patente a la fe… (Nos estamos refiriendo a lo que dice Hans Küng, en Ser cristiano, Cristiandad, Madrid 1977, pág. 584ss).

El título «madre de Dios» no es bíblico, como es sabido. Para el evangelio María es siempre, nada más y nada menos que «la madre de Jesús», un título tan entrañable, real e histórico, que acabará sepultado y abandonado en la historia bajo un montón de otros títulos y advocaciones construidos eclesiásticamente. San Agustín (siglos IV y V) todavía no conoce himnos ni oraciones ni festividades marianas. El primer ejemplo de una invocación directa a María lo encontramos en el siglo V, en el himno latino Salve Sancta Parens.

La Edad Media europea dará rienda suelta a su imaginario teológico y devocional respecto de María. Mientras los primitivos Padres de la Iglesia todavía hablan de las posibles imperfecciones morales de María, en el siglo XII aparece la opinión de su exención del pecado, tanto del personal como del «original». En el mismo siglo XII aparece el Avemaría. El ángelus en el XIII. El rosario en el XIII-XIV. El mes de María y el mes del rosario en el XIX-XX. Los puntos culminantes de esta evolución serán la definición de la «inmaculada concepción de María» (1854, por Pío IX) y la definición de la «asunción de María en cuerpo y alma al cielo» (1950, por Pío XII). Momentos finales de este apogeo mariano son la «consagración del mundo al Corazón de María» en 1942 y 1954, por Pío XII.

Pero todo este marianismo remitió con sorprendente rapidez con el Concilio Vaticano II, que renunció a nuevos «dogmas» y desechó la anterior mariología «cristotípica» (característica de la escuela mariológica española preconciliar), dando paso a una comprensión mariológica mucho más sobria, bíblica e histórica, en la línea «eclesiotípica» (de la escuela alemana principalmente). Aunque la veneración a María (hyper-dulía), superior a la tributada a los santos (dulía), siempre fue distinguida teóricamente de la dada a Dios (latría), lo cierto es que en la religiosidad popular muchas veces María fungió como un verdadero «correlato femenino de la divinidad», y su condición de criatura, de discípula de Jesús y miembro de la Iglesia casi fueron olvidadas (en forma paralela a lo que ocurrió con Jesús respecto de su humanidad).

Hoy, la imagen conciliar de María que la Iglesia tiene es la de «la madre de Jesús», desmitificada, despojada de tantas adherencias fantásticas como se le habían puesto encima a lo largo de la historia: María es una cristiana, muy cercana a Jesús, una «discípula» suya, un destacado miembro de la Iglesia: la «madre de Jesús», en un título insustituible que le da el mismo evangelio, y a cuyo uso muchos creyentes vuelven en la actualidad, prefiriéndolo al creado en el siglo V. La Constitución dogmática Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, en su capítulo octavo (nn. 52-69) ofrece todavía la mejor síntesis de la mariología para nuestros tiempos. El Concilio Vaticano II nos sigue marcando el camino, también en mariología. A la hora de predicar sobre María, debemos remitirnos, necesariamente, a ese capítulo octavo de la Lumen Gentium.

Concluimos. Seguimos estando en tiempo de Navidad, tiempo en el que la ternura, el amor, la fraternidad, el cariño familiar… se nos hacen más palpables que nunca. La ternura de Dios hacia nosotros, que se expresó en el niño de Belén, inunda nuestra vida, en las luces de colores, los adornos navideños, los villancicos y las reuniones familiares. Todo ayuda a ello en este tiempo todavía de Navidad. Dejemos recalar estos sentimientos en nuestro corazón, para que perduren a lo largo de todo el año.

Al comenzar el año, al poner el pie por primera vez en este nuevo regalo que el Señor nos hace en nuestra vida, vamos a agradecerle con todo el corazón la alegría de vivir, la oportunidad maravillosa que nos da de seguir amando y siendo amados, y la capacidad que nos ha dado para cambiar y rectificar.

Otro enfoque válido y provechoso de la homilía podría orientarse hacia el tema de la Jornada Mundial de la Paz… así como hacia el hecho del Año Nuevo, que si bien es algo simplemente convencional, astronómicamente insignificante, tiene el valor simbólico inevitable y profundo de recordarnos el inexorable paso del tiempo…

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 135 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. En su página (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus) pueden recogerse el guión, un comentario excelente de los autores, y el audio.

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 19, que se titula «¿Madre de Dios?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en http://radialistas.net/category/otro-dios-es-posible/ Es importante consultar la información complementaria que la serie ofrece a esta entrevista nº 19.

 

 

 

El papa Francisco quiere un cambio. ¿La Iglesia también?

«No se trata de reformas hechas por Francisco. Se trata de reformas para la Iglesia»

Christoph Strack
Religión Digital

El papa ha transformado la Iglesia católica. Pero ¿en qué dirección? ¿Acaso la Iglesia lo sigue? Hoy, en ocasión del cumpleaños 80 del papa Francisco, quedan aún muchas preguntas abiertas, opina Christoph Strack. Leer más

«DIOS ES LA MADRE DE QUIEN DEPENDEMOS», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
Lc 2, 16-21

Es una fecha cargada de connotaciones profundamente humanas: La circuncisión e imposición del nombre a Jesús. La maternidad de María. El comienzo del año. El día de la paz. No me gusta tratar más de un tema en cada homilía, pero hoy tenemos que hacer una excepción. La fiesta quedaría incompleta si omitiéramos alguno de los aspectos. De todas formas, desde el punto de vista litúrgico, la más importante es la de María madre.

1º.- “María madre de Dios”. Es la fiesta más antigua de María en occidente. Pablo VI la recuperó y la colocó en este día de la octava de Navidad y primero del año. La maternidad de María es un dogma. Esto no nos tiene que asustar, porque lo que de verdad importa es la manera de entender hoy esa verdad. Fue definido en Éfeso en el 431. Pero no se trata de un dogma mariológico, sino cristológico. ¡Ya me hubiese gustado que en aquella época se hubieran interesado por la figura de una mujer como madre! La verdad es que, ni en los evangelios ni en los primeros escritos cristianos se preocuparon de María.

La mejor prueba de que en la definición de Éfeso no querían decir lo que después se entendió, es que tuvo que ser aclarada veinte años después por el concilio de Calcedonia (451). En este concilio se afirmó, que María era madre de Dios, pero «en cuanto a su humanidad». ¿Qué queremos decir cuando hablamos de la humanidad de Dios? Efectivamente, llamar a María “madre de Dios” porque fue la madre de Jesús, es violentar los conceptos. Jesús fue un ser humano que comenzó a existir en un momento determinado de la historia. El niño que lloraba y que mamaba, se meaba y se cagaba, no puede ser identificado sin más con Dios; está fuera del tiempo, no tiene ni principio ni fin.

Para entender el dogma de la «Theotokos» (la que pare a Dios), debemos tener en cuenta el contexto en que fue formulado. Era un intento de confirmar, que el fruto del parto de María fue una única persona: Jesús. Contra Nestóreo que afirmaba dos personas en Jesús, una humana que era Jesús, y una divina, la segunda de la trinidad. No debemos olvidar que el concilio de Éfeso lo promovió el mismo Nestóreo para condenar como hereje a Cirilo, que proclamaba una sola persona en Cristo. Faltó el canto de un duro, para que se saliera con la suya y condenaran como herejía lo que se definió como dogma.

Aunque no es lo que se definió, lo que se ha entendiendo del dogma, no deja de tener su importancia a la hora de pensar la realidad insondable de Dios. Que nos hayamos atrevido a dar una madre a Dios tiene unas connotaciones psicológicas incalculables. Manifiesta una necesidad de comprender a Dios desde nuestra realidad humana. Somos hijos de Dios y Él es a la vez Hijo de una mujer… Dios entrando en la dinámica humana y el hombre entrando en la dinámica divina. Llamar a María Madre es manifestar que es origen de algo tan importante como es la presencia de Dios en Jesús.

2º.-La circuncisión se hacía a los ocho días y era el rito religioso fundamental para el pueblo judío. Mucho más que el bautismo para nosotros. Implicaba ponerle un nombre, que en aquella época era muy importante y que en este caso, según el relato, no lo eligen ellos, sino que viene impuesto. Lo que significa el nombre “Jesús” (Dios salva) resume todo lo que fue su vida. La circuncisión suponía, además, la adhesión legal de la criatura al pueblo de Israel. Si era primogénito, como en el caso de Jesús, había que rescatarlo de la obligación de ofrecer al Señor todo primogénito, hombre o animal.

3º.-El comienzo del año supone traspasar una frontera. En el NT griego, encontramos dos palabras que traducimos por “tiempo”, pero que tienen un significado muy diferenciado. “Chronos” es el tiempo astronómico. Se refiere al paso de las horas, días y años… En principio, es lo que estamos celebrando hoy. “Kairos” sería el tiempo humano. Es el tiempo oportuno para hacer algo importante que atañe a la condición humana de cada uno. Éste es mucho más importante desde el punto de vista religioso. Se trata del tiempo que se me da a mí como oportunidad de crecer en el ser. Nadie debía traspasar la frontera de un nuevo año sin hacer una reflexión sobre sí mismo, y valorar como está haciendo uso de algo tan importante y tan efímero como el tiempo cronológico.

Sabemos que Dios es amor y que el don de sí mismo es total, absoluto y eterno. Nunca se podrá “arrepentir” de ser lo que es para nosotros. Pero ese don no es una imposición desde fuera. Si el hombre no lo descubre y lo acepta, no significará absolutamente nada para él. La aceptación de ese don que es Dios, tenemos que hacerla desde la más profunda humanidad. No es suficiente una vida animal y racional plena. Es necesaria una perspectiva humana que sólo se da más allá de lo biológico y lo racional. Para que Dios llegue a nosotros, tenemos que concebirlo y tenemos que darle a luz.

4º.-El día mundial de la paz. Tal vez sea una de las carencias que más afecta al ser humano de hoy, porque la ausencia de paz es la prueba palpable de una falta de humanidad a todos los niveles. Ahora bien, la reflexión que hacemos no puede quedarse en aspavientos y quejas sobre lo mal que está el mundo. No podemos descubrir lo que significa la paz, hablando de guerras y conflictos.

No son las contiendas internacionales, por muy dañinas que sean, las que impiden a los seres humanos alcanzar su plenitud. Los grandes conflictos internacionales los originamos nosotros con nuestras riñas y pendencias individuales. Si no hay paz a escala mundial, la culpa la tengo yo, que lucho a brazo partido por imponerme a los que están a mi alrededor. El egoísmo que impide la armonía en nuestras relaciones personales es el causante de las más feroces guerras a todos los niveles.

La paz no es una realidad que podamos buscar con un candil. La paz será siempre la consecuencia de unas relaciones verdaderamente humanas entre nosotros. Es muy deprimente que nos sigamos rigiendo por el proverbio latino: “si vis pacem parat vellum”. Si te preparas para la guerra, es que estás pensando en quedar por encima del otro para esclavizarlo. Si no existe una auténtica calidad humana no puede haber una verdadera paz, ni entre las personas ni entre las naciones.

El primer paso en la búsqueda de la paz, tengo que darlo yo caminando hacia mi interior. Si no he conseguido una armonía interior; si no descubro mi verdadero ser y lo asumo como la realidad fundamental en mí, ni tendré paz ni la puedo llevar a los demás. Este proceso de maduración personal es el fundamento de toda verdadera paz. Pero es también lo más difícil. Una auténtica paz interior se reflejaría en todas nuestras relaciones humanas, comenzando por las familiares y terminando por las internacionales.

¡Si recuperásemos el shalom judío! En esa palabra se encuentra resumido todo lo que intento deciros en estas líneas. Nuestra palabra “paz” tiene connotaciones exclusivamente negativas: ausencia de guerra, ausencia de conflictos, etc. Pero el shalom se refiere a realidades positivas. Decir shalom significaría un deseo de que Dios te conceda todo lo que necesitas para ser auténticamente tú, incluida la misma presencia de Dios en ti.

El ser humano auténtico es el que ha superado el egoísmo, es decir, ha dejado de pretender que todo, personas y cosas, giren en torno a él. Aprender a amar, preocuparse de los demás, entrar en armonía, no sólo con los demás sino con toda la creación es la auténtica preparación para la paz. El que ama no pelea por nada ni pretende nada de los demás, sino que está encantado de que todos saquen provecho de él.

Fray Marcos
Fe adulta

Meditación-contemplación

¡Convierte el Chronos en Kairos!
Esta es mi principal tarea como ser humano.
Tengo que aprovechar el “tiempo” que se me da.
Mi tiempo no puede ser sólo geológico o biológico.
Mi tiempo tiene que ser siempre “humano”
……………

El tiempo que dedico a mí mismo,
Puede ser el más humano y el más inhumano.
Conocerme mejor y crecer interiormente,
es el mejor camino para llegar a los demás.
………………

Sin interiorización no puede haber verdadera entrega a los demás.
Si descubro que todo lo que soy se debe a Otro,
será fácil que entre en la dinámica de unidad con los demás.
El Otro nos une a todos hasta identificarnos en el Uno.
……………………

 

Fray Marcos
FE ADULTA

 

 

 

Andre Maria Jainkoaren Ama – Santa María, Madre de Dios. José A. Pagola

– A (Lukas 2,16-21)

Evangelio del 01/Ene/2017
por Coordinador Grupos de Jesús

AMA – LA MADRE

Askorentzat gerta liteke harrigarri, urte zibilaren lehen eguna eta Andre Maria Jainkoaren Amaren festaburua Elizak egun berean ospatzea. Alabaina, esanguratsua da, Elizak, IV. mendeaz gero, Salbatzailearen jaiotza handikiro ospatu ondoren, urte berria Mariaren, Salbatzailearen eta gure Amaren, amatasun-babesean ospatu nahi izatea.

Gaur egungo kristauok galdegin beharra dugu zer egin dugun Mariaz azken urte hauetan; izan ere, segur aski pobretu egin dugu geure fedea Maria geure bizitzatik aparte utziz.

Dudarik gabe, geure bizipen erlijiosoa garbitzeko eta fede sendoago bat aurkitzeko gogoak eraginik, alde batera utzi ditugu gehiegikeria erlijioso batzuk, lekuz kanpoko debozio batzuk, ohitura azaleko eta oker batzuk.

Sasi-mariologia bat gainditzen saiatu gara, zeinetan, agian, Kristoren ordez Maria jartzen baikenuen eta Mariaren baitan jartzen baikenituen salbazioa, barkazioa eta erospena, dudarik gabe haren Semeari zor dizkiogun horiek.

Baldin eta gure jokabide guztia desbideratzeak zuzentzea eta Maria, Jesu Kristoren Ama eta Elizaren Ama denez, egiazko lekuan ezartzea izan bada, poztu egin beharko genuke eta berretsi geure jarrera.

Baina, horrela gertatu al da zehazki? Ez al gara ahaztu Mariaz, gehiegitxo? Ez al dugu zokoratu bihotzeko txoko ilun batean, balio gutxikotzat ematen ditugun gauza batzuen ondoan?

Maria alde batera uzteak, haren misioaz eta gure bizitzan izan beharko lukeen lekuaz gehiago sakondu gabe, ez du sekula aberastuko gure kristau-bizipena; aitzitik, pobretu egingo du. Segur aski, gehiegikeria handiak egin ditugu iraganean; orain, ordea, geure burua pobretzeko arriskua bizi dugu, geure bizitzatik Maria erabat baztertuz, Kristoren Ama da Maria.

Baina haren sabeletik jaio zen Kristo hari hazten joatea zegokion eta anai-arreba asko bere baitan hartzea, egun batean bere Hitzaz eta bere graziaz biziko ziren gizon-emakume asko bere baitan hartzea. Gaur egun, Maria ez da Jesusen Ama bakarrik. Kristo osoaren Ama da. Fededun guztien Ama.

On izango da, urte berria hastean, geure begiak Mariagana jasoz hastea. Ama baten arduraz eta samurtasunez izango dugu hura bidelagun egunez egun. Gure fedea eta gure esperantza zainduko ditu. Ez gaitezen ahaztu Mariaz urtean barna.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Santa María, Madre de Dios – A (Lucas 2,16-21)

Evangelio del 01/Ene/2017
por Coordinador Grupos de Jesús

LA MADRE

A muchos les puede extrañar que la Iglesia haga coincidir el primer día del nuevo año civil con la fiesta de Santa María, Madre de Dios. Y, sin embargo, es significativo que, desde el siglo IV, la Iglesia, después de celebrar solemnemente el nacimiento del Salvador, desee comenzar el año nuevo bajo la protección maternal de María, Madre del Salvador y Madre nuestra.

Los cristianos de hoy nos tenemos que preguntar qué hemos hecho de María estos últimos años, pues probablemente hayamos empobrecido nuestra fe eliminándola de manera inconsciente de nuestra vida.

Movidos, sin duda, por una voluntad sincera de purificar nuestra vivencia religiosa y encontrar una fe más solida, hemos abandonado excesos piadosos, devociones exageradas, costumbres superficiales y extraviadas. Hemos tratado de superar una falsa mariolatría en la que tal vez sustituíamos a Cristo por María y veíamos en ella la salvación, el perdón y la redención, que, en realidad, hemos de acoger de su Hijo.

Si todo ha sido corregir desviaciones y colocar a María en el lugar auténtico que le corresponde como Madre de Jesucristo y Madre de la Iglesia, nos tendríamos que alegrar y reafirmar en nuestra postura. Pero, ¿ha sido exactamente así? ¿No la hemos olvidado excesivamente? ¿No la hemos arrinconado en algún lugar oscuro del alma junto a las cosas que nos parecen de poca utilidad?

El abandono de María, sin ahondar más en su misión y en el lugar que ha de ocupar en nuestra vida, no enriquecerá jamás nuestra vivencia cristiana, sino que la empobrecerá. Probablemente hayamos cometido excesos de mariolatría en el pasado, pero ahora corremos el riesgo de empobrecernos con su ausencia casi total en nuestras vidas.

María es la Madre de Jesús. Pero aquel Cristo que nació de su seno estaba destinado a crecer e incorporar a numerosos hermanos, hombres y mujeres que vivirían un día de su Palabra y de su Espíritu. Hoy María no es solo Madre de Jesús. Es la Madre del Cristo total. Es la Madre de todos los creyentes.

Es bueno que, al comenzar un año nuevo, lo hagamos elevando nuestros ojos hacia María. Ella nos acompañará a lo largo de los días con cuidado y ternura de madre. Ella cuidará nuestra fe y nuestra esperanza. No la olvidemos a lo largo del año.

José Antonio Pagola