«EL OTRO LLEGA A TI COMO OLA» Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

Mt 5, 38-48

Sigue Mt en el sermón del monte, con la intención de armonizar el AT con la predicación de Jesús. Ante la lectura de este evangelio, uno se queda sin aliento. “No hagáis frente al que os agravia”. “Ama a tu enemigo y reza por él”. “Sed perfectos como vuestro padre celestial es perfecto”. Si repaso detenidamente estas exigencias, descubriré lo que me falta para cumplirlas como nos pide Jesús. Tal vez Nietzschetenía más razón de lo que pensamos, cuando decía: «Sólo hubo un cristiano y ese murió en la cruz.»

Sinceramente creo que la verdadera dimensión cristiana está aún por inaugurar. Hemos construido miles de templos; hemos llevado la cruz a todos los rincones del orbe; hemos elaborado sumas teológicas como para parar un tren; hemos creado leyes que regulan todos los ámbitos de nuestra existencia; pero el único principio esencialmente cristiano está olvidado y sin repercusión alguna en nuestra vida.

Está mandado: “ojo por ojo y diente por diente» Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. El ‘ojo por ojo’, fue un intento de superar el instinto de venganza que nos lleva a hacer el máximo daño posible al que me ha hecho algún daño. Tenemos asumido que la meta es la justicia, identificada con el ojo por ojo. Creo que la racionalidad y el jurisdicismo occidental nos impiden la comprensión del mensaje cristiano.

Reclamamos justicia, pero si examinamos esa justicia que exigimos, descubriremos con horror, que lo que intentamos todos, es hacer de la justicia un instrumento de venganza. Se utilizan las leyes para hacer todo el daño que se pueda al enemigo; eso sí, dentro de la legalidad y amparados por la sociedad. Los buenos abogados son aquellos que son capaces de ganar los pleitos cuando la razón está de parte del contrario.

Las frases tan concisas y profundas pueden entenderse mal. No nos dice Jesús que no debamos hacer frente a la injusticia. Contra la injusticia hay que luchar con todas la fuerzas. Tenemos obligación de defendernos cuando nos afecta personalmente, pero sobre todo, tenemos la obligación de defender a los demás de toda clase de injusticia. Lo que nos pide el evangelio es, que nunca debemos eliminar la injusticia con violencia.

Si utilizamos la violencia para eliminar una injusticia, estamos manifestando nuestra incapacidad de eliminarla humanamente. No convenceré al injusto si me empeño en demostrarle que me hace daño a mí o a otro. Pero si soy capaz de demostrarle que con su actitud se esta haciendo un daño irreparable a sí mismo, sin duda cambiaría de actitud.

Habéis oído que se dijo: “amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo» Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos. Hay que aclarar que para ellos el prójimo era el que pertenecía a su pueblo, a su raza, a su familia. El “enemigo” era siempre el extranjero, que atentaba real o potencialmente contra la seguridad el pueblo. Para poder subsistir, no tenían más remedio que defenderse de las agresiones. Jesús da un salto de gigante y podemos apreciar que la diferencia entre ambas propuestas es abismal.

¿Por qué tengo que amar al que me está haciendo la puñeta? El camino para la comprensión de esta norma, es largo y muy penoso. Tenemos que llegar a él, a través de un proceso de maduración, en el que debemos tomar conciencia de que todos somos una sola cosa, y que en realidad, no hay enemigo. En el fondo, el amor al enemigo no es más que una manifestación del verdadero amor, que por ir en contra del instinto de conservación, se ha convertido en la verdadera prueba de fuego del AMOR.

La dificultad mayor para comprender este amor, está en que confundimos amor con sentimiento. El amor evangélico no es instinto ni sentimiento. Por lo tanto no podemos espera que sea algo espontáneo. El verdadero amor, sea al enemigo o a un hijo, no es el instinto que nace de mi ser biológico. El amor de que estamos hablando es algo mucho más profundo y humano. Ni siquiera nuestra razón nos puede llevar a ese nivel.

Enemigo es el que tiene una actitud de animadversión, no el que la sufre. El enemigo no tiene por qué obtener una respuesta de la misma categoría que su acción. Alguien puede considerarse enemigo mío, pero yo puedo mantenerme sin ninguna agresividad hacia él. En ese caso, yo no convierto en enemigo al que me ataca. Si le constituyo en enemigo, he destrozado toda posibilidad de poder amarle.

Un ejemplo puede aclarar lo que quiero decir. En el mar siempre habrá olas, de mayor o menor tamaño, pero siempre estarán ahí. Al llegar al litoral, la misma ola puede encontrar la roca o puede encontrarse con la arena. ¡Qué diferencia! Contra la roca estalla en mil pedazos. Con la arena se encuentra suavemente y de manera imperceptible. Incluso si la ola es muy potente, en la arena rompe sobre sí misma y pierde su fiereza.

¿Necesitas explicación? Pues voy a dártela. Los enemigos van a estar siempre ahí. Pero la manera de encontrarte con ellos dependerá siempre de ti. Si eres roca el encuentro se manifestará estruendosamente y ambos se dañarán. Si eres playa todo su potencial queda anulado y llegara hasta ti con la mayor suavidad. Un detalle, la roca y la arena, están hechas de la misma materia, solo cambia su aspecto exterior.

Así seréis hijos de vuestro Padre… Aquí encontramos una de las mejores muestras de lo que se entendía por hijo en tiempo de Jesús. Hijo era el que salía al padre, el que era capaz de imitarle en todo. Viendo al hijo, uno podía adivinar quién era su padre. También podemos descubrir la idea de Dios que tenía Jesús. Un Dios que ama a todos por igual porque su amor no es la respuesta a unas actitudes o unas acciones sino anterior a toda acción humana. Dios me ama no porque yo sea bueno sino porque él es bueno.

En contra de lo que se nos ha repetido hasta la saciedad, Dios no ama a los buenos, sino que Él ama infinitamente a todos. De la misma manera, el amor que yo tengo a los demás, no puede estar originado ni condicionado por lo que el otro es o tiene, sino por la calidad de mi propio ser. El amor no es respuesta a las actuaciones o cualidades de un ser; su origen tiene que estar en mí, y solo afecta al otro como objetivo, como meta.

Si somos incapaces de amar al enemigo, podemos tener la certeza de que todo lo que nosotros hemos llamado amor, no tiene nada que ver con el evangelio, y por lo tanto del amor que nos ha exigido Jesús. El evangelio no es ciencia ni filosofía ni moral ni teología ni religión. El evangelio es un lenguaje vitalista. El evangelio no está encaminado a enriquecer la inteligencia sino a encauzar la vida.

Meditación-contemplación

No pretendas ir a nadie como ola agresiva.
Pero al que venga hacia ti con violencia,
acógele con suavidad y quedará frustrado en su actitud.

No se te ocurra intentar amar a otra persona,
si te acercas a ella considerándola enemiga.
Descubre, más bien, que no tienes ningún enemigo,
porque eso depende exclusivamente de ti.

Fray Marcos

 

 

VIVIR Y REPENSAR LA FE


Grupos cristianos de Navarra nos coordinamos para ofrecer, al que quiera participar, estas fórmulas de pensar, orar y actualizar nuestra fe. También de expresarla.

La fe, decimos los cristianos, no solo es un don, también es una conquista. A sus primeros amigos, Jesús les dio un método, un camino hacia la fe: ven y mira cómo vivo.Por eso el cristiano está, permanentemente, en ese ejercicio. Mirar, repensar cuál sería hoy el camino de una fe para nuestro mundo. Luego, seguirlo con todas sus consecuencias. LEER MÁS:   tríptico Leer más

La iglesia argentina rompe con los Boy Scouts por apoyar el matrimonio gay

El matrimonio homosexual está en el origen de las mayores polémicas de la Iglesia argentina. Por él se llegó al máximo nivel de tensión entre el papa Francisco, entonces arzobispo de Buenos Aires, y los Kirchner, que decidieron hacer de Argentina uno de los primeros países en legalizar las bodas gais. Ahora esa tensión ha llevado a una ruptura inédita en el mundo entre la Iglesia y los Boy Scouts, un movimiento siempre muy cercano al catolicismo.  Leer mas….

 

Urteko 7. igandea – A (Mateo 5,38-48), José A. Pagola

Evangelio del 19 / Feb / 2017
por Coordinador Grupos de Jesús

DEI ESKANDALAGARRI BAT – UNA LLAMADA ESCANDALOSA

Maitasunerako deia liluragarria izan ohi da beti. Segur aski, jende askok onartu zuen Jainkoa eta lagun hurkoa maitatzeko Jesusek egindako deia. Legearen sintesirik hobena zen dei hura. Baina imajina ez zutena izan zen, behin batean arerio edo etsaiak maitatzeko eskatuko ziela.

Alabaina, horixe eskatu zien Jesusek. Bibliako tradizioaren inolako sostengurik gabe, bere herriaren otoitza elikatzen zuten mendekuzko salmoetatik urrunduz, bere ingurunean arnasten zen gorrotozko giro orokorrari aurre egunez, ezin argiago hots egin zuen Jesusek dei hau: «Nik, ordea, hau diotsuet: Maitatu zeuen etsaiak, egin on gaitzesten zaituztenei eta otoitz egin izen txarra jartzen dizuetenei».

Eskandalagarria da Jesusen hizkuntza, eta harrigarria; baina bat dator Jainkoaz berak duen esperientziarekin. Aita ez da gogorra: maite ditu bere etsaiak berak ere, ez dabil inor nola galduko. Bere handitasun ez du jartzen mendekuan, baizik guztiak baldintzarik gabe maitatzean. Jainko horren seme edo alaba dela uste duenak, ez du munduan gorrotorik ereingo, ezta ere inor suntsituko.

Etsaia maitatzea ez da Jesusentzat bigarren mailako bat, ez da zuzentasun heroiko batera deituak liratekeen pertsonentzat. Dei horrekin, etsaiarekiko beste jarrera bat txertatu nahi du historian: errotik atera nahi du mundutik gorrotoa eta indarkeria suntsitzailea. Jainkoaren antzeko izan nahi duen batek ez du elikatuko inoren aurkako gorrotorik, baizik eta gizon-emakume guztien ona bilatuko du, etsaiena barne.

Etsaiarekiko maitasunaz mintzo denean, Jesus ez da ari, gaitza egiten digunarentzat gugan txera-, sinpatia- edo maitasun-sentimendua elikatzeko eskatzen. Etsaiak kalte egiten ahal digun etsai izaten jarraituko du, eta nekez aldatuko dira gure bihotzeko sentimenduak.

Etsaia maitatzeak hau esan nahi du lehenik eta behin: halakoari kalterik ez egitea, ez ibiltzea nola kalte egingo, ez desiratzea kalterik. Ez dugu harritu behar halakoarentzat maitasunik sentitzen ez badugu. Berezkoa du batek zauritua edo umiliatua sentitzea. Hau da kezkatzekoa: gorrotoa eta mendeku-egarria elikatzen jarraitzea.

Baina, jakina, kontua ez da gaitzik ez egitea bakarrik. Urrats batzuk aurrera egin genitzake, premian ikusten badugu on egiteko prest egoteraino. Ez dezagun ahaztu, gizakoiago garela barkatzen dugunean, ez eta mendekatzen garenean halakoaren zoritxarraz poztuz.

Ez da gauza erraza etsaiari zinez barkatzea. Zenbait inguruabarretan, gerta dakioke jende bati, izatez, ezinezko gauza izatea bere bihotza ukapenetik, gorrototik edo mendeku-egarritik liberatzea. Ez genuke juzgatu behar inor ere kanpotik. Jainkoak bakarrik ulertzen gaitu, hark bakarrik barkatzen digu baldintzarik gabe, baita barkatzeko gai ez garenean ere.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

7 Tiempo ordinario – A (Mateo 5,38-48)

Evangelio del 19 / Feb / 2017
por Coordinador Grupos de Jesús

UNA LLAMADA ESCANDALOSA

La llamada al amor es siempre atractiva. Seguramente, muchos acogían con agrado la llamada de Jesús a amar a Dios y al prójimo. Era la mejor síntesis de la Ley. Pero lo que no podían imaginar es que un día les hablara de amar a los enemigos.

Sin embargo, Jesús lo hizo. Sin respaldo alguno de la tradición bíblica, distanciándose de los salmos de venganza que alimentaban la oración de su pueblo, enfrentándose al clima general que respiraba en su entorno de odio hacia los enemigos, proclamó con claridad absoluta su llamada: «Yo, en cambio, os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen».

Su lenguaje es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse, sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios no ha de introducir en el mundo odio ni destrucción de nadie.

El amor al enemigo no es una enseñanza secundaria de Jesús dirigida a personas llamadas a una perfección heroica. Su llamada quiere introducir en la historia una actitud nueva ante el enemigo, porque quiere eliminar en el mundo el odio y la violencia destructora. Quien se parezca a Dios no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos, incluso el de sus enemigos.

Cuando Jesús habla del amor al enemigo no está pidiendo que alimentemos en nosotros sentimientos de afecto, simpatía o cariño hacia quien nos hace mal. El enemigo sigue siendo alguien del que podemos esperar daño, y difícilmente pueden cambiar los sentimientos de nuestro corazón.

Amar al enemigo significa, antes que nada, no hacerle mal, no buscar ni desear hacerle daño. No hemos de extrañarnos si no sentimos amor o afecto hacia él. Es natural que nos sintamos heridos o humillados. Nos hemos de preocupar cuando seguimos alimentando odio y sed de venganza.

Pero no se trata solo de no hacerle daño. Podemos dar más pasos hasta estar incluso dispuestos a hacerle el bien si lo encontramos necesitado. No hemos de olvidar que somos más humanos cuando perdonamos que cuando nos vengamos. Podemos incluso devolverle bien por mal.

El perdón sincero al enemigo no es fácil. En algunas circunstancias, a la persona se le puede hacer prácticamente imposible liberarse enseguida del rechazo, el odio o la sed de venganza. No hemos de juzgar a nadie desde fuera. Solo Dios nos comprende y perdona de manera incondicional, incluso cuando no somos capaces de perdonar.

José Antonio Pagola

 

 

 

Domingo 7º del T.O. – Ciclo A, Koinonia

Mateo 5,38-48

Amad a vuestros enemigos

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: «Ojo por ojo, diente por diente.» Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica; dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.

Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

Comentario Evangélico

Todos estamos llamados por Dios a ser santos, a ser perfectos, como el mismo Padre lo es; y el camino para llegar a la plena santidad es el amor: amor a Dios y a los hermanos, amor a los que sufren, amor a sí mismo, a la familia, amor a la naturaleza, al cosmos-caos entero.

Las tres lecturas de hoy podría considerarse que están centradas en el tema de la «santidad por el amor».

La primera lectura, un fragmento del «código de santidad» del libro del Levítico, presenta una imagen de santidad mediada por la responsabilidad con el prójimo; es decir, que el camino para llegar a Dios y lograr la santidad comienza con el respeto hacia la vida y la dignidad del otro. Este criterio es el centro de la Ley y los Profetas, el eje que determina nuestra verdadera relación con Dios, el elemento fundamental de la fe, ya que a través de la apertura a los demás es como ciertamente somos partícipes de la promesa de salvación dada por Dios a su pueblo.

Pablo, en la primera carta a los Corintios, considera al ser humano como templo de Dios y morada del Espíritu. Con ello está diciendo que cada persona es presencia concreta de Dios en la historia humana. Este templo del cual habla Pablo es la comunidad cristiana de Corinto, en donde la Palabra anunciada ha sido escuchada y ha surtido efecto. La intención, entonces, de Pablo es advertir a sus oyentes de los peligros que acechan ese templo y que amenazan con destruirlo; esos peligros se encarnan en aquellos que pretenden anular el mensaje de Cristo crucificado a través de discursos provenientes de la sabiduría humana, que rechazan la vinculación e identificación de Dios con la debilidad humana y la solidaridad de Dios con los marginados de la sociedad. El mensaje de Pablo es supremamente importante, pues comprende que el verdadero templo en donde habita Dios son las personas, es en la vida de la humanidad, en los hombres y mujeres de todo el mundo, sin distinción de raza, cultura o religión; de esta manera Pablo supera la reducción de la presencia viva de Dios a una construcción, a unas paredes o a un “lugar” específico de culto. Son las personas el lugar verdadero donde debemos dar culto a Dios; son las personas el lugar privilegiado en donde toda nuestra fe se debe expresar, especialmente con aquellos hombres y mujeres, que, siendo santuarios vivos de Dios, han sido profanados por la pobreza, la violencia y la injusticia social.

El elemento fundamental del proyecto cristiano es presentado en esta sección del evangelio de Mateo: el amor. Este amor propuesto por Jesús supera el mandamiento antiguo (Lv 19,18) que permite implícitamente el odio al enemigo. Lo supera porque es un amor que no se limita a un grupo reservado de personas, a los de mi grupo, o los de mi etnia, o a mis compatriotas, o a los que me aman, sino que alcanza a los enemigos, a los que parecerían no merecer mi amor, o incluso parecerían merecer mi desamor. Es un amor para todos, un amor universal, expresión propia del amor de Dios que es infinito, que no distingue entre buenos y malos. Ser perfecto, como Dios Padre lo es, significa vivir una experiencia de amor sin límites, es poder construir una sociedad distinta, no fundada en la ley antigua del Talión («ojo por ojo, diente por diente», que ya era una manera primitiva de limitar el mal de la venganza), sino en la justicia, la misericordia, la solidaridad, enmarcados todos estos valores en el Amor.

Como seres simbióticos que somos, que no podemos vivir nuestra vida aisladamente, sino que incluso para llegar a ser necesitamos de la convivencia, la compañía, el diálogo… la dimensión moral nos es de inevitable abordaje. No podemos convivir sin alimentar y suavizar continuamente los límites de nuestras relaciones. No hay sociedad humana sin moral, sin derecho, sin ley, sin normas de convivencia. Por su parte, la dimensión religiosa no podría no incluir esa dimensión esencial.

En el Primer Testamento vemos que la mayor parte de los mandamientos son negativos, marcando lo que no se puede hacer, los límites que no se deben traspasar. Es un primer estadio de la moral.

El Evangelio da un salto hacia adelante. Parecería no estar preocupado tanto por los límites cuanto por el «pozo sin fondo» que hay que llenar, la perfección del amor que hay que alcanzar, lo cual no se consigue simplemente evitando el mal, sino acometiendo el bien. Según el Evangelio, simplemente omitiendo el mal no estaríamos consiguiendo el bien moral supremo, la santidad, porque podríamos estar pecando «por omisión del bien». Y, como dice santo Tomás, el mandamiento del amor siempre resulta, de algún modo, «inasequible, pues nunca podemos dar cuenta plena de él, siempre se puede amar con más entrega, con más generosidad y más radicalidad. Es típica del Evangelio la propuesta del amor a los enemigos, el amor humanamente más inasequible y racionalmente más difícilmente justificable.

No obstante, la propuesta de esta liturgia de la palabra de una santidad a la que se accedería por el amor, casi como en un acceso privilegiado o casi único, habríamos de adicionarle alguna matización. A la santidad cristiana no se accede sólo por el amor práctico, por la práctica moral o ética. Es cierto que en la historia de las religiones el cristianismo se ha hecho famoso como la religión que más ha organizado la práctica del amor, y por el hecho de que su presencia va acompañada siempre con las «obras de caridad» (hospitales, escuelas, centros de promoción humana, atención a los pobres, a los excluidos…) que le son características. ¿Pero bastará el amor?

¿Y la dimensión espiritual? ¿La espiritualidad, la contemplación, la mística… dónde quedan?

Obviamente, no estamos ante una alternativa amor-caridad/espiritualidad-mística, y muchos grandes santos de la caridad han sido también grandes místicos. No se trata de una alternativa (o una cosa o la otra), sino de una conjunción necesaria: las dos cosas, una cosa y otra. Porque las dos se interpenetran perfectamente. De hecho, el santo también es un «contemplativus in caritate», vive la contemplación en el ejercicio de la caridad. La Espiritualidad de la liberación acuñó la famosa fórmula: «contemplativus in liberatione»… como un perfecto ensamblaje entre acción y contemplación, práctica moral y mística.

En realidad, cuando se vive la mística, la moral brota espontáneamente. Sin duda, el cristianismo está desafiado a cambiar su modo de acceder a lo moral, que no ha de ser ya tanto un acceso directo, «moralizante», insistiendo en los preceptos y sus amenazas o castigos, cuanto en un acceso indirecto, por la vía de la mística, de la experiencia mística que no debe dejae de ser la experiencia misma del amor.

El Concilio Vaticano II abrió un panorama hasta entonces inusitado, el de la «universal llamada a la santidad», una santidad que anteriormente muchos cristianos consideraban reservada a los «profesionales» de la santidad (los monjes, los religiosos, el clero…pero no el común de los fieles.

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 55, «Ojo por ojo, diente por diente», cuyo guión –con un comentario bíblico-teológico incluido- puede ser recogido aquí (https://radialistas.net/article/55-ojo-por-ojo-diente-por-diente/); ahí también puede ser escuchado.

 

 

¿QUÉ PUEDE APORTAR HOY EL MENSAJE DEL EVANGELIO EN NUESTRA CULTURA Y SOCIEDAD?

SANTIAGO VILLAMAYOR

RESUMEN

La sociedad y la cultura actuales están determinadas por el avance tecnocientífico y la tensión entre el mercantilismo y los valores democráticos. La insólita propuesta de Jesús no se orienta tanto a una salvación religiosa y específica cuanto a un proyecto supra ético universal basado en una civilidad de amor desbordante que empieza por los más débiles. Esa es su trascendencia y su divinidad enterrada. Leer más

Dos tercios de los 800 conventos de clausura de nuestro país no tienen asegurado el futuro

España cierra un monasterio al mes. La falta de vocaciones y la ausencia de ingresos precipitan los cierres; algunos piden ayuda a bancos de alimentos. En los últimos diez años se ha pasado de 864 conventos femeninos a 779. Los masculinos, por su parte, han bajado de 38 a 35. “La situación de muchos conventos femeninos es muy alarmante y preocupante. Hay falta de vocaciones y se están suprimiendo muchas comunidades. Por lo menos más de una al mes en España”, alerta el sacerdote claretiano Eleuterio López, director de Claune, instituto pontificio dedicado a solventar las carencias materiales y formativas de los conventos españoles.   Leer mas….

 

Pronunciamiento de las Comunidades Esclesiales de Base ante la avalancha de Trump

Con el Evangelio en el corazón, decimos claramente NO a Trump y a su gobierno. “Fui Forastero, Migrante, y no me recibiste” (Mateo 25, 43). Cuando vemos y escuchamos lo que Trump está diciendo y ordenando contra los Migrantes, nos indigna y lo vemos como totalmente contrario a la vida y mensaje de Jesús. A Jesús se le estremecían las entrañas y sentía profundamente en el corazón cuando veía el dolor del Pueblo, sus sufrimientos, su hambre, su abandono y tanta injusticia que padecía.   Leer mas….

 

Éxito total del I Encuentro Iberoamericano de Teología

He compartido una semana con más de 45 teólogas y teólogos de América Latina, USA, Quebéc y España en el I Encuentro Iberoamericano de Teología. Una experiencia de profunda comunión, de gran profundidad intelectual y humana, en un ambiente de cordialidad y amistad, de intercambio y de unidad en la diversidad. Por eso, los organizadores quisieron denominarlo I Encuentro (no Congreso) Iberoamericano de Teología.   Leer mas….

 

 

Trump visto desde la ética y el evangelio

Editorial Redes Cristianas

Ya durante la campaña nos habíamos horrorizado por el atrevimiento e inmoralidad de sus provocaciones: nos parecía extraño que un candidato a presidente pudiera afirmar que “puedo disparar a alguien en plena Quinta Avenida y no perdería votos”, que nunca había pagado impuestos, sus afirmaciones xenófobas, su defensa de la tortura, su misoginia, el desprecio hacia México. Leer más