José María Castillo: «En la Iglesia, en los seminarios, en los centros de estudios teológicos, hay miedo, mucho miedo»

José Mª Castillo
Religión Digital

«¿Cómo hacemos presente el Evangelio en este tiempo que nos ha tocado vivir?»
«No hay sucesión a la gran generación de teólogos del Vaticano II»

(José María Castillo, teólogo).- Por ley de vida, la gran generación de teólogos, que hicieron posible la renovación teológica que llevó a cabo el concilio Vaticano II, está a punto de extinguirse del todo. Y en las décadas siguientes, por desgracia, no ha surgido una generación nueva que haya podido continuar la labor que los grandes teólogos del s. XX iniciaron. Leer más

José I. González Faus sj: «La postverdad es el último golpe de gracia dado a nuestra razón occidental»

José Ignacio González Faus).-  Esa postverdad que se ha puesto tan de moda, es menos nueva de lo que parece: Kant ya enseñó que nuestro conocimiento no accede a la realidad; pero lo dijo con palabrotas tan raras (como noúmeno y «Anschaungsvermögen»), que casi nadie se enteró.También Nietzsche habló de la no-verdad como condición de vida y de que la tarea del filósofo es «crear valores». Leer más

DOMINGO 7º DE PASCUA (A) (ASCENSIÓN), Fray Marcos

(Hch 1,1-11) Recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, Judea…

(Efe 1,17-23) Que el Dios del  Señor Jesucristo os dé espíritu de revelación.

(Mt 28,16-20) Haced discípulos de todos los pueblos, bautizándoles en nombre

Jesús, está fuera de tiempo y espacio. Entendida espacio-temporalmente la fiesta no tiene ningún sentido y entenderla simbólicamente es complicado.

Si hemos vislumbrado en alguna medida lo que nos decía Jn los dos domingos pasados, se nos hará muy cuesta arriba entender la fiesta de hoy y la de los tres domingos siguientes. La subida de Jesús al cielo, la venida del Espíritu, la Trinidad, la Eucaristía están presentadas por los textos litúrgicos como realidades externas que se dieron en otro tiempo. Entendiendo mal los textos, desenfocamos el verdadero sentido.

No podemos seguir utilizando un lenguaje que responde a una visión mítica de la realidad. Cuando se creía que Dios estaba en lo más alto, que el hombre estaba en el medio y que el demonio estaba en lo más bajo, el lenguaje utilizado se entendía perfectamente. De Jesús se dice expresamente: Bajó del cielo, se hizo hombre, descendió a los infiernos y volvió a subir. Nuestra manera de entender la realidad ha cambiado. Hoy no nos dice nada un cielo o un infierno como lugares de referencia.

Debemos entender la ascensión como parte del misterio pascual que es una única realidad. Ni la resurrección, ni la ascensión, ni el sentarse a la derecha del Padre, ni la glorificación, ni la venida del Espíritu, son hechos separados. Se trata de una realidad única que está sucediendo en este mismo instante, porque está fuera del tiempo y del espacio. Decir de Jesús después de muerto: a los tres días, a los ocho días, a los cuarenta días, a los cincuenta días, no tiene sentido ninguno. Hablar de Galilea o de Jerusalén, o decir que está sentado a la derecha de Dios, es absurdo literalmente.

Esto no quiere decir que sea una realidad inventada. Todo lo contrario, esa es la ÚNICA REALIDAD. Es lo que está sujeto al tiempo y al espacio la que no tiene consistencia. Esa realidad intangible ha tenido una repercusión real en la vida de los cristianos, y eso sí se puede descubrir a través de los sentidos. Esa realidad no temporal, es la que hay que descubrir para que tenga también en nosotros la misma eficacia transformadora. Si seguimos creyendo que es un acontecimiento que sucedió hace veinte siglos en un lugar y un tiempo determi­nado, ¿Qué puede significar para nosotros hoy?

Las realidades espirituales, por ser atemporales, pertenecen al hoy como al ayer, son tan nuestras como de Pedro o Juan. No han sucedido en el pasado, sino que están sucediendo en este instante. Son realidades que están afectando a  nuestra propia vida. Puedo vivirlas yo como las vivieron los apóstoles. Es más, el único objetivo del mensaje evangélico, es que todos lleguemos a vivirlas como las vivieron ellos.

La ascensión empezó en el pesebre y terminó en la cruz: Todo está cumplido. Ahí terminó la trayectoria humana de Jesús y sus posibilidades de crecer como criatura. Después de ese paso no existe el tiempo, por lo tanto, no puede suceder nada en él. Es todo como un chispazo que dura toda la eternidad. Él había llegado a la plenitud total en Dios. Por haberse despegado de todo lo que en él era transitorio y terreno, solo permaneció de él lo que había de Dios, y con Él se identificó absolutamente.

¿De verdad queremos ser cristianos? ¿Tenemos la intención de recorrer la misma senda, de alcanzar la misma plenitud, la misma meta? ¿Estamos dispuestos a dejarnos aniquilar en esa empresa, a aceptar que no quedará nada de lo que creo ser? Es duro, pero no puede haber otro camino. Si renuncio al don total de mí mismo, renuncio a alcanzar la meta. Como en  Jesús, ese don total solo será posible cuando descubra que Dios Espíritu se me ha dado totalmente, y está en mí para llevar a cabo esa obra de amor.

Tal vez nos conformemos con quedarnos pasmados mirando al cielo y esperando que él vuelva. Esa es la mejor manera de hacer polvo todo el quehacer de Jesús en esta tierra. La idea de que Dios o Jesús o el Espíritu pueden hacer, en un momento determinado, algo por mí, ha desvirtuado la religiosidad cristiana. Dios, Jesús y el Espíritu lo están haciendo todo por mí en todo instante. Yo soy el que tengo que hacer algo en un momento determinado para descubrir esa realidad y hacerla mía viviéndola.

El relato de Mt que acabamos de leer, es un prodigio de síntesis teológica. No hay en él ninguna alusión a la subida al cielo, ni a dejar de verlo. Consta simplemente, de una localización dada, una proclamación de poder y tres ideas básicas. Situar la escena en un monte, es una indicación suficiente de que lo que le interesa no es el lugar, sino el simbolismo. El monte significa el ámbito de lo divino, donde está Dios y donde quiere situar también a Jesús. Que lo sitúe en Galilea, tiene un significado muy importante. Judea había rechazado a Jesús y no era ya el lugar donde encontrarse con Dios.

Jesús no pudo decir que se le ha dado todo poder, porque después del bautismo rechazó el poder como una tentación. Este doble lenguaje nos ha despistado. No hay un poder bueno y otro malo. Todos son perversos. Se trata de expresar que ha alcanzado la plenitud absoluta por haberse identificado con Dios en el don total de sí mismo. Debemos tener en cuenta que la primera interpretación del misterio pascual, está formulada en términos de glorificación; antes incluso de hablar de resurrección.

El envío a predicar. También tiene un carácter absoluto “todos los pueblos”. El tema de la misión es crucial en todos los relatos pascuales. La primera comunidad intentan justificar lo que era ya práctica generalizada de los cristianos. El predicar el “Reino de Dios” no es un capricho de unos iluminados sino mandato expreso de Jesús. Todo cristiano tiene como primera obligación, llevar a los demás el mensaje de su Maestro.

Es muy importante es la particularidad de la enseñanza. No se trata de enseñar doctrinas ni ritos ni normas morales sino de instar a una manera de proceder. Esto está muy de acuerdo con la insistencia de los evangelios en las obras como manifestación de la presencia de Dios en Jesús, y como consecuencia de la adhesión a Jesús. Si tenemos en cuenta que el núcleo del evangelio es el amor, comprenderemos que en la práctica, el amor es lo primero que tiene que manifestarse en un cristiano.

Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Fue el tema del evangelio de los dos domingos pasados. Ya habían dejado claro que todo lo que hizo Jesús era obra del Padre o que era el Espíritu el que actuaba en él. Ahora sigue siendo Dios en sus tres dimensiones el que va a continuar la obra de salvación a través de sus seguidores. Recordar que Jesús habla de enviar al Espíritu, de quedarse él con nosotros, de que el Padre vendrá a cada uno. Esta manera de hablar puede hundirnos. Los tres “vendrán” a mi conciencia cuando me dé cuenta de que están ahí ya.

Meditación-contemplación

Celebramos la Ascensión, pero estará con nosotros siempre.

En esta contradicción (coan) está el secreto.

Ni se va ni se queda. Para Jesús resucitado no hay lugar ni tiempo.

En Dios, estoy fuera del tiempo y del espacio.

 

No puede haber Vida si no trascendemos el tiempo y el espacio.

Nuestra Vida “divina” es la misma ahora y siempre.

Contemplar, es salir del tiempo y del espacio.

Es identificarse con Dios que es eternidad.

 

Jaunaren Igokundea – La Ascensión del Señor -A- José A. Pagola

(Mateo 28,16-20)

Evangelio del 28 / May / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

IREKI HORIZONTEA – ABRIR EL HORIZONTE

Ongizaterik handiena berehala lortzeari bakarrik emanik eta nahikunde eta esperantza txikiek erakarririk gabiltzala, arriskua dugu, geure biziaren horizontea pobretzeko, betikotasunaren desioa galdurik. Aurrerapena ote da hori? Errore bat ote?

Badira bi gertaera, duela urte batzuez gero bizi dugun milurteko honetan, egiaztatzeko zail ez direnak. Alde batetik, haziz doa gizartean mundu berriago baten nahia eta gogoa. Ez dugu aski edozein gauza: mundu duinago, gizakoiago eta zoriontsuago baterantz jo beharra sentitzen dugu.

Bestetik, haziz doa desilusioa, eszeptizismoa eta ziurtasunik eza etorkizunari dagokionez. Zentzurik gabeko hainbesteko sufrimendua ageri da pertsonen eta herrien bizitzan, hainbat eta hainbat gatazka pozoitsu, hartarainoko abusuak Planetaren aurka, non ez baita gauza erraza gizakiagan uste izanik bizitzea.

Halaz guztiz, zientziaren eta teknologiaren garapena gaitz eta sufrimendu asko ari da askatzen. Etorkizunean, dudarik gabe, are arrakasta distiratsuagoak lortuko dira. Oraino ez gara gai sumatzeko gizakiak duen gaitasuna, ongizate fisiko, psikiko eta soziala garatzeko.

Baina ez litzateke jatorra izango beste hau ahaztea: garapen miresgarri honek gaitz batzuetatik bakarrik eta era mugatuan gaitu «salbatzen». Hain juxtu, gero eta giza aurrerapen handiagoaz gozatzen ari garen honetan ari gara argiago sumatzen ezen gizakiak ezin diola eman bere buruari antsiatzen eta bilatzen duen guztia.

Nork liberatuko gaitu zahartzetik, ezinbestean hil behar izatetik edota gaitzaren ahalmen ulertezinetik? Ez gaitu harritu behar ikusteak, jende asko hasia dela behar bat sentitzen: teknika ez den, zientzia ez den, doktrina ideologikoa ez den beste zerbaiten behar bat, alegia. Gizakiak ez dio amore  eman nahi izaera galkor eta hilkor honetan betiko hesiturik bizitzeari.

Alabaina, kristau gutxi baino gehiago ari da bizitzen lurrari soilik begira. Itxuraz, ez gara ausartzen geure begiak altxatzen eguneroko ondo-ondokoa dugun hura baino harago. Jaunaren Igokundearen kristau-jai honetan, zientifiko eta mistiko handia izan zen Teilhard de Chardin-en hitz hauek aipatu nahi nituzke: «Kristauok, Igokundeak hogei mende soil dituen honetan, zer egin duzue kristau-fedeaz?».

Galderen eta ziurtasunik ezaren artean, Jesusen ikasleok ibili gabiltza biziaren bila, konfiantza batek eta konbentzimendu bat eraginik. Biziak ixtera eta itzaltzera doala ematen duenean ere, Jainkoak hor dirau. Ontasun- eta Maitasun-misterio da errealitatearen azken misterioa. Biziari irekia den Atea da Jainkoa, inork ezin itxia.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Ascensión del Señor – A (Mateo 28,16-20)

Evangelio del 28 / May / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

ABRIR EL HORIZONTE

Ocupados solo en el logro inmediato de un mayor bienestar y atraídos por pequeñas aspiraciones y esperanzas, corremos el riesgo de empobrecer el horizonte de nuestra existencia perdiendo el anhelo de eternidad. ¿Es un progreso? ¿Es un error?

Hay dos hechos que no es difícil comprobar en este nuevo milenio en el que vivimos desde hace unos años. Por una parte está creciendo en la comunidad humana la expectativa y el deseo de un mundo mejor. No nos contentamos con cualquier cosa: necesitamos progresar hacia un mundo más digno, más humano y dichoso.

Por otra está creciendo al mismo tiempo el desencanto, el escepticismo y la incertidumbre ante el futuro. Hay tanto sufrimiento absurdo en la vida de las personas y de los pueblos, tantos conflictos envenenados, tales abusos contra el planeta, que no es fácil mantener la fe en el ser humano.

Es cierto que el desarrollo de la ciencia y la tecnología están logrando resolver muchos males y sufrimientos. En el futuro se lograrán, sin duda, éxitos todavía más espectaculares. Aún no somos capaces de intuir la capacidad que se encierra en el ser humano para desarrollar un bienestar físico, psíquico y social.

Pero no sería honesto olvidar que este desarrollo prodigioso nos va «salvando» solo de algunos males y solo de manera limitada. Ahora precisamente que disfrutamos cada vez más del progreso humano empezamos a percibir mejor que el ser humano no puede darse a sí mismo todo lo que anhela y busca.

¿Quién nos salvará del envejecimiento, de la muerte inevitable o del poder extraño del mal? No nos ha de sorprender que muchos comiencen a sentir la necesidad de algo que no es ni técnica ni ciencia, tampoco ideología o doctrina religiosa. El ser humano se resiste a vivir encerrado para siempre en esta condición caduca y mortal. Busca un horizonte, necesita una esperanza más definitiva.

No pocos cristianos viven hoy mirando exclusivamente a la tierra. Al parecer no nos atrevemos a levantar la mirada más allá de lo inmediato de cada día. En esta fiesta cristiana de la Ascensión del Señor quiero recordar unas palabras de aquel gran científico y místico que fue P. Teilhard de Chardin: «Cristianos a solo veinte siglos de la Ascensión. ¿Qué habéis hecho de la esperanza cristiana?».

En medio de interrogantes e incertidumbres, los seguidores de Jesús seguimos caminando por la vida trabajados por una confianza y una convicción. Cuando parece que la vida se cierra o se extingue, Dios permanece. El misterio último de la realidad es un misterio de amor salvador. Dios es una puerta abierta a la vida eterna. Nadie la puede cerrar.

José Antonio Pagola

 

Domingo 28 de mayo de 2017, Ascensión del Señor. Koinonía

Hechos de los apóstoles 1,1-11

Lo vieron levantarse

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.

Una vez que comían juntos, les recomendó: «No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.» Ellos lo rodearon preguntándole: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» Jesús contestó: «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo.»

Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.»

Mateo 28,16-20

Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, paro algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

El evangelio, final del relato de Mateo, vuelve a subrayar esa conexión. Comprende las circunstancias del último encuentro entre Jesús y sus discípulos (vv. 16-17) y las palabras finales del Señor a su comunidad (vv. 18-20).

Respecto a las circunstancias, el texto sitúa la escena en una montaña de la Galilea. Se produce en ella la teofanía del Resucitado que debe colocarse en relación con la montaña de la Tentación y con la montaña de la Transfiguración. Se anticipa, así el «Señorío» de Jesús, tema principal que se desprenden de las palabras que éste pronuncia. Por esto, es obvio que la elaboración del texto no corresponde a una sencilla narración histórica, lo que pasó, sino que tiene un objetivo teológico; no es imaginable que Jesús manifestara en ese «encuentro» preocupaciones por su propio «señorío».

Lejos del centro de la dirigencia religiosa, Jesús se encuentra con los Once. El número es el resultado de la sustracción de Judas de la cifra original de los Doce discípulos y significa la totalidad de los seguidores de Jesús que no defeccionaron. Todos ellos son beneficiarios de la experiencia del Resucitado.

Ante esa experiencia su actitud es una mezcla de adoración y de duda. Como Pedro ante el embate de las olas (cf Mt 14,23-33), la comunidad lleva en su seno estos dos sentimientos contradictorios. Ambos son los dos únicos textos de Mateo que combinan los verbos que se refieren a esos dos sentimientos.

Las palabras de Jesús se dirigen a fortalecer la fe comunitaria desde un encargo en que están implicados tres personajes: Jesús, el círculo de los discípulos y «todos los pueblos». Respecto a sí mismo, Jesús afirma que ha recibido «plena autoridad en el cielo y en la tierra» (v. 18). Para el evangelista, la autoridad ocupa un puesto importante en la presentación de Jesús. Éste, al inicio de su actividad, había rechazado la última propuesta del diablo en orden recibir «todos los reinos del mundo» (cf Mt 4,8-10), los discípulos habían visto actuante en Jesús el significado del poder divino, pero debían mantenerlo en secreto (cf Mt 16,28-17,9). Ahora es el momento de la proclamación de ese «señorío», recibido por Jesús del Padre. Es la visión/construcción de Mateo.

Los elementos que subrayan el universalismo son acumulados en este breve pasaje. Junto a «cielo y tierra» y la mención de los «pueblos» se da una significativa repetición del término «todo», «plena autoridad» (v. 18), «todos los pueblos» (v. 19), «todo lo que les mandé» (v. 19), «cada día» (v. 20). La obediencia al querer divino confiere a Jesús un señorío universal que se ejerce sobre toda realidad creada.

Este «relato de vocación» de la comunidad eclesial describe la transmisión que le hace Jesús de «todo su poder». Gracias a él pueden convocar a nuevos discípulos mediante el bautismo y la enseñanza. Por el bautismo, Jesús había iniciado el cumplimiento definitivo de la justicia del Reino (Mt 3,15), igualmente el bautismo cristiano injerta a cada bautizado en la misma dinámica. Junto al bautismo, el otro rasgo característico de la existencia cristiana es la «enseñanza». No se trata de una teoría que se deba proclamar, sino de la Buena Noticia del Reino frente a la cual todo creyente es un seguidor al que se le exige un comportamiento coherente. Se trata de «guardar todo lo que les mandé».

El mandato de Jesús compromete a toda la comunidad eclesial y la responsabiliza frente a todas las naciones. Aunque ya iniciado en el círculo de los discípulos, el señorío de Jesús no puede agotarse al interno de la vida de las comunidades cristianas. Para ello cuenta con la asistencia de su Señor: «Yo estaré con ustedes». Esta asistencia suministra el coraje necesario para superar todos los temores y tempestades y confiere un ámbito ilimitado para la actuación de la salvación.

Pero para ello, se exige de la Iglesia la misma obediencia de Jesús. Sólo en el rechazo del poder de dominio, en la obediencia filial al Padre, podrá realizar su tarea. Este «manifiesto» final del Señor Resucitado liga íntimamente la misión de la Iglesia al camino recorrido históricamente por Jesús de Nazaret, Hombre y Dios.

Para una luminosa explicación catequético-hermenéutica de la Ascensión ofrecemos este texto complementario, de Leonardo Boff, sobre la Ascensión, que sigue muy de cerca al exégeta católico Gerhard LOHFINK: http://servicioskoinonia.org/biblico/textos/ascension.htm Vale por sí mismo para construir toda una homilía, y se puede utilizar con mucho provecho para comentar/debatir en grupo de estudio, después de haberlo leído personalmente.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 130 de la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus), de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Sobre las nubes del cielo». Aquí puede ser recogido el guión, el audio y el comentario teológico:https://radialistas.net/article/130-sobre-las-nubes-del-cielo/

La serie «Otro Dios es posible» tiene el capítulo 57, titulado «¿Ascensión y asunción?», cuyo texto y audio puede ser encontrado en http://radialistas.net/article/57-ascension-y-asuncion/

 

 

 

 

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