Urteko 12. igandea –12 Tiempo Ordinario. -A- José A. Pagola

(Mateo 10,26-33)

Evangelio del 25 / Jun / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

GURE BELDURRAK – NUESTROS MIEDOS

Gure bihotza maitasun sendo batek edo fede irmo batek hartua ez denean, erraz gelditzen da gure bizitza geure beldurren mende. Batzuetan, izena, segurtasuna, erosotasuna edo ongizatea galtzeko beldurrak kentzen digu erabakiak hartzeko adorea. Ez gara ausartzen arriskatzera geure gizarte-egoera, geure dirua edo geure zoriontasun-apurra.

Beste batzuetan, onartuko ez ote gaituzten beldurrak zurruntzen gaitu. Bakarrik, jendearen adiskidetasunik gabe edo maitasunik gabe geldituko garen ahalbideak eragiten digu beldurra. Eguneroko bizitzari aurre eginbeharrak inoren hurbileko laguntzarik gabe.

Sarritan, geure kezka guztia jendearen aurrean ondo gelditzea izaten da. Barregarri geldituko ote garen, geure egiazko konbentzimenduak esan beharrean gertatu ote garen, geure fedearen testigantza egitea ere beldurgarri izaten dugu. Beldurra izan ohi diegu gainerakoen kritikei, esamesei eta ukoei. Ez dugu nahi izaten inork sailka gaitzan. Beste batzuetan etorkizunaren beldurra izaten da. Ez dugu argi ikusten geure geroa. Ez dugu segurtasunik ezertaz. Agian ez gara inortaz fidatzen. Beldurra ematen digu biharrari aurre egin behar izateak.

Beti izan da tentagarria fededunentzat erlijioan babesa bilatzea, geure beldurretik, ziurtasun-ezetik eta beldurretik liberatuko gaituen aterpe izango litzatekeelakoan. Alabaina, oker handia izango litzateke fedea helduleku erosotzat hartzea: adoregabeentzat, koldarrentzat eta izutientzat.

Jainkoagan jarritako konfiantzazko fedeak, zuzen ulertua denean, ez du eramaten fededuna problemen aurrean bere erantzukizunari ihes egitera. Ez dio eragiten gatazketatik ihes egitera, guztiz eroso bere bakardadean babesteko. Aitzitik, Jainkoaganako fedeak betetzen du bihotza indarrez eskuzabalago eta era arriskutsuagoan bizi ahal izateko. Aitagan ezarritako konfiantza biziak laguntzen dio edozeini koldarkeria eta beldurra gainditzen, Jainkoaren erreinua eta haren zuzentasuna ausartago eta askeago defenditzeko.

Fedeak ez du eragiten pertsona koldarrik; aitzitik, pertsona bipil eta ausartak sortzen ditu. Ez ditu hesitzen fededunak nor bere baitan, baizik eta eguneroko bizitza problematiko eta gatazkakora eragiten die. Ez die eragiten trikuarena egitera, alferkeriara eta erosotasunera joz, baizik eta konpromisora kilimatzen ditu.

Fededun batek Jesusen «Ez beldur izan» hitzak bihotzean benetan entzuten dituenean, ez du sentitzen konpromisoari iskin egiteko deirik; aitzitik, halakoei Jainkoaren indarrez aurre egiteko kilima sentitzen du.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

12 Tiempo ordinario – A (Mateo 10,26-33)

Evangelio del 25 / Jun / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

NUESTROS MIEDOS

Cuando nuestro corazón no está habitado por un amor fuerte o una fe firme, fácilmente queda nuestra vida a merced de nuestros miedos. A veces es el miedo a perder prestigio, seguridad, comodidad o bienestar lo que nos detiene al tomar las decisiones. No nos atrevemos a arriesgar nuestra posición social, nuestro dinero o nuestra pequeña felicidad.

Otras veces nos paraliza el miedo a no ser acogidos. Nos atemoriza la posibilidad de quedarnos solos, sin la amistad o el amor de las personas. Tener que enfrentarnos a la vida diaria sin la compañía cercana de nadie.

Con frecuencia vivimos preocupados solo de quedar bien. Nos da miedo hacer el ridículo, confesar nuestras verdaderas convicciones, dar testimonio de nuestra fe. Tememos las críticas, los comentarios y el rechazo de los demás. No queremos ser clasificados. Otras veces nos invade el temor al futuro. No vemos claro nuestro porvenir. No tenemos seguridad en nada. Quizá no confiamos en nadie. Nos da miedo enfrentarnos al mañana.

Siempre ha sido tentador para los creyentes buscar en la religión un refugio seguro que nos libere de nuestros miedos, incertidumbres y temores. Pero sería un error ver en la fe el agarradero fácil de los pusilánimes, los cobardes y asustadizos.

La fe confiada en Dios, cuando es bien entendida, no conduce al creyente a eludir su propia responsabilidad ante los problemas. No le lleva a huir de los conflictos para encerrarse cómodamente en el aislamiento. Al contrario, es la fe en Dios la que llena su corazón de fuerza para vivir con más generosidad y de manera más arriesgada. Es la confianza viva en el Padre la que le ayuda a superar cobardías y miedos para defender con más audacia y libertad el reino de Dios y su justicia.

La fe no crea hombres cobardes, sino personas resueltas y audaces. No encierra a los creyentes en sí mismos, sino que los abre más a la vida problemática y conflictiva de cada día. No los envuelve en la pereza y la comodidad, sino que los anima para el compromiso.

Cuando un creyente escucha de verdad en su corazón las palabras de Jesús: «No tengáis miedo», no se siente invitado a eludir sus compromisos, sino alentado por la fuerza de Dios para enfrentarse a ellos.

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 25 de junio de 2017, 12º Domingo Ordinario

Jr 20,10-13: Libró la vida del pobre de manos de los impíos
Salmo 68: Que me escuche tu gran bondad, Señor
Rom 5,12-15: El don no se puede comprar con la caída
Mt 10:26-33: No tengan miedo a los que matan el cuerpo

Mateo 10,26-33

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

El evangelio nos ha conservado algunos dichos o refranes con los que Jesús exhortaba a la comunidad de discípulos a no dejarse intimidar por las adversidades. Los discípulos, con frecuencia, veían la amenaza evidente que representaban los grupos armados, pero eran incapaces de descubrir el peligro encubierto en muchas personas e instituciones que alienaban y sometían ideológicamente a las personas.

Las comunidades cristianas primitivas tuvieron que afrontar la misma amenaza, que provenía de los ‘actores armados’ en conflicto. De una parte, las autoridades romanas con un despliegue enorme de fuerza militar y policial. De la otra parte, los fanáticos rebeldes dispuestos a eliminar al que no estuviera de acuerdo con ellos. En medio del ‘fuego cruzado’ estaba la comunidad cristiana con una propuesta alternativa de paz y justicia que no coincidía con ninguno de los dos bandos. Para los romanos, la justicia era, en gran medida, la aplicación universal de los principios que sostenían la legislación romana. El sometimiento a las duras condiciones de la ‘paz romana’ obligaba a las poblaciones de las colonias a pagar fuertes tributos, a incorporar en la propia religión el culto a los dioses imperiales y a destinar grandes masas de la población a la esclavitud y al servicio militar obligatorio. La comunidad cristiana luchaba por lugar un espacio para su propuesta en la sociedad: ellos querían una comunidad humana en la que fuera posible la solidaridad, el respeto por el otro, la distribución equitativa de los recursos. Sin embargo, en esta lucha estaban prácticamente solos. Los grupos rebeldes que se presentaban como la gran alternativa contra el imperio estaban regidos por la lógica de la violencia incontrolable, el sometimiento de los disidentes y por la imposición de la ideología del grupo. Estos grupos fanáticos veían a los cristianos como una amenaza para la identidad del grupo, por eso, con frecuencia los convertían en blanco de persecuciones y en ‘chivo expiatorio’ sobre el cual descargar toda su frustración, prepotencia e intolerancia.

Pero, Jesús ponía en guardia a toda la comunidad contra la creencia de que la única amenaza estaba representada por las armas de metal, piedra y madera. La amenaza mas grave provenía, con frecuencia, de las ideologías que estos grupos representaban. Tanto la ideología de legitimación del imperio romano como los ideales de venganza de los fanáticos rebeldes escondían todo su veneno. Cada grupo se presentaba como un defensor de la justicia, la paz y la libertad, pero evidentemente los hechos contradecían sus grandilocuentes discursos. Cada grupo perseguía sus intereses particulares ignorando los más mínimos principios éticos. El dilema para los cristianos era el de alinearse en uno u otro bando, creyendo que así se alcanzarían los ideales de justicia, paz y libertad que Jesús de Nazaret había propuesto con su ideal del reinado de Dios.

Este mismo problema lo afronta Pablo desde el punto de vista de la justificación por la ley. Las comunidades cristianas estaban deslumbradas por la creencia de que el cumplimiento estricto de los preceptos religiosos conducía inevitablemente a la salvación del individuo. Pero, Pablo denuncia esta falsa creencia al denunciar que el mero cumplimiento de la letra de la ley no conduce a la justicia. La ejecución de los deberes del culto, como las ofrendas, los baños rituales, los sacrificios, las peregrinaciones… no garantizan una auténtica experiencia de Dios. La reunión de grandes masas en los templos o en las sinagogas no son sin más expresión de un auténtico encuentro con el hermano. Los favores intercambiados entre parientes, colegas, coterráneos o correligionarios no constituyen genuina solidaridad. Pablo denuncia precisamente la incapacidad de los mecanismos habituales de la religión para brindar a la comunidad humana una auténtica experiencia de fraternidad, esperanza y comunión.

Pablo invita a la comunidad a no dejarse engañar por las artimañas de el legalismo, el ritualismo y la religión de masas. La justicia que nos une al Dios de la vida es un don para toda la comunidad. La auténtica religión es aquella que nos conduce del hermano hacia Dios, mediante la compasión, la misericordia y la solidaridad.

El cristiano que se ha comprometido con la causa del reino puede, entonces, hacer suyas las palabras del profeta Jeremías y clamar: «a ti, Señor, he encomendado mi causa». Pero no como expresión superflua de triunfalismo religioso ni como pura exaltación individualista de los bienes recibidos, sino como expresión de la única justicia posible: la vida plena del pobre. Porque, la vida plena es manifestación patente de que la lógica de la muerte no ha prevalecido. Si el pobre vive, vive por gracia de Dios y por la opción radical de las comunidades humanas que no se dejan sumir en la lógica legalizada de la barbarie. Por eso el profeta nos invita a alabar al Señor, porque Él ha salvado la vida del pobre.

Tanto la violencia, el afán de venganza, el imperialismo como el ritualismo, el legalismo y la alienación son armas ideológicas ocultas que conducen imperceptiblemente a la pequeña comunidad hacia la muerte. Estos son los enemigos que pueden matar no solo el cuerpo, sino también el alma y llevar a la gente a las inaplacables llamas del fanatismo. Si una comunidad no va a fondo en su conocimiento de la palabra de Jesús, si no descubre los peligros ocultos al interior de ella misma, si no es radical en su opción por la vida, es muy probable que termine creyendo que la paz es la ausencia de guerra y que la justicia es un asunto individual, negando así la gracia y la justicia como bien mayor.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 93 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Los que matan el cuerpo». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:http://untaljesus.net/texesp.php?id=1400093 Puede ser escuchado aquí:http://untaljesus.net/audios/cap93b.mp3

 

¿Recibe la Iglesia Católica 11.000 millones del Estado?

(Conferencia Episcopal Española).- La Iglesia no recibe dinero del Estado. El dinero de la casilla de la Renta es el 0,7% de los impuestos de aquellos que la marcan libremente. Estos datos son de acceso público, los notifica el Ministerio de Hacienda y se difunden desde la página de la Conferencia Episcopal y de Xtantos. En los últimos años el importe obtenido oscila en torno a los 250 millones de euros. Solo con hacer algunas búsquedas podemos encontrar informaciones falsas sobre miles de millones de euros, las cifras varían según la fuente, que la Iglesia recibe del Estado cada año.  Leer mas….

Nueva alerta en Ruanda

Luís Ángel Aguilar

La terca Iutopía

Sobre la situación en los Grandes Lagos africanos y la posible amenaza de crisis humanitaria.
En apenas dos meses -en agosto 2017- van a celebrarse nuevas elecciones en Ruanda y mucho nos tememos el peligro de una nueva crisis humanitaria, y de gran envergadura, si la comunidad internacional mira de nuevo para otro lado. Leer más

Religión y corrupción, tras el debate de la moción de investidura

José María Castillo
Religión Digital

  • «¿Cómo se explica que el partido político más cercano a la Iglesia (el PP) sea el partido más corrupto?»
  • «La relación entre la ‘Religión’ y el ‘Evangelio’ sigue siendo enormemente problemática»

Después del tan esperado y controvertido «debate de investidura», tensamente mantenido en el Parlamento español, el miércoles 14 de junio, es hora (lógicamente) de hacer el balance de lo sucedido. Leer más

¿Guerra de religión en Granada?

José Mª Castillo
Atrio

Si en Córdoba el conflicto religioso se centra en la mezquita-catedral, en Granada ha salido a la calle. La comunidad islámica celebró el Ramadán en plena plaza, frente a la Virgen del Triunfo, invitando a todos los granadinos. El conflicto está servido. José María lo cuenta y lo comenta. AD.

  • La religión no es una exhibición
  • Comunidades Cristianas Populares por la unidad y contra los actos de desagravio
  • Celebración del fin del Ramadán el pasado sábado en Granada Leer más

Antonio Piñero: «Jesús era político, y su religiosidad llevaba a unas implicaciones políticas»

Religión Digital

«Gracias a los Manuscritos del Mar Muerto estamos conociendo mejor el entorno de Jesús»
“Presenta ‘Gnosis, cristianismo primitivo y manuscritos del Mar Muerto’ (“

(Jesús Bastante).- «Jesús era político, y su religiosidad llevaba a unas implicaciones políticas». Es una de las conclusiones a las que llega el profesor Antonio Piñero en un nuevo libro titulado Gnosis, cristianismo primitivo y Manuscritos del Mar Muerto (Tritemio). Piñero nos visitó en RD para hablar de cómo estos rollos encontrados hace solo setenta años están cambiando nuestra visión acerca del entorno judío de la Iglesia primitiva. Leer más

«ÁGAPE, SACRAMENTO DE UNIDAD, SIGNO DE AMOR», Fray Marcos

FE ADULTA
Juan 6, 51-59

La eucaristía es una realidad muy profunda y compleja, que forma parte de la más antigua tradición. Tal vez sea la realidad cristiana más compleja y difícil de comprender y de explicar. Podíamos considerarla comoacción de gracias (eucaristía), Sacrificio, Presencia, Recuerdo (anamnesis), alimento, fiesta, unidad. Tiene tantos aspectos que es imposible abarcarlos todos en una homilía. Podemos quedarnos en la superficialidad del rito y perder así su verdadera riqueza. Lo que vamos a hacer es intentar superar muchas visiones raquíticas o erróneas sobre este sacramento.

1º.- La eucaristía no es magia. Claro que ningún cristiano aceptaría que al celebrar una eucaristía estamos haciendo magia. Pero si leemos la definición de magia de cualquier diccionario, descubriremos que le viene como anillo al dedo a lo que la inmensa mayoría de los cristianos pensamos de la eucaristía: Una persona revestida con ropajes especiales e investida de poderes divinos, realizando unos gestos y pronunciando unas palabras “mágicas”, obliga a Dios a producir un cambio sustancial en una realidad material. Cuando se piensa que en la consagración se produce un milagro, estamos hablando de magia.

2º.- No debemos confundir la eucaristía con la comunión. La comunión es solo la última parte del rito y tiene que estar siempre referida a la celebración de una eucaristía. Tanto la eucaristía sin comunión, como la comunión sin referencia a la eucaristía dejan al sacramento incompleto. Ir a misa y dejar de comulgar, es sencillamente un absurdo. Ir a misa con el único fin de comulgar, sin ninguna referencia a lo que significa el sacramento, es un autoengaño. Esta distinción entre eucaristía y comunión explica la diferencia de lenguaje entre los sinópticos y Jn en el discurso del pan de vida. Jn hace referencia al alimento, pero alimentarse lo identifica con, “el que cree en mí, el que viene a mí”.

3º.- En las palabras de la consagración, “cuerpo” no significa cuerpo; “sangre” no significa sangre. No se trata del sacramento de la carne y de la sangre físicas de Cristo.En la antropología judía, el hombre es una unidad indivisible, pero podemos descubrir en él cuatro aspectos: Hombre-carne, hombre-cuerpo, hombre-alma, hombre-espíritu. Hombre-cuerpo era el ser humano en cuanto sujeto de relaciones. Al decir: esto es mi cuerpo, está diciendo: esto soy yo,esto es mi persona. Para los judíos la sangre era la vida. No era solo símbolo de la vida. Era la vida misma. Cuando Jesús dice: “esto es mi sangre, que se derrama”, está diciendo que toda su vida está entregada a los demás.

4º.- La eucaristía no la celebra el sacerdote, sino la comunidad. El cura puede decir misa. Solo la comunidad puede hacer presente el don de sí mismo que Jesús significó en la última cena y que es lo que significa el sacramento. Es el sacramento del amor. No puede haber signo de amor en ausencia del otro. Por eso dice Mt: “donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. El clericalismo que otorga a los sacerdotes un poder divino para hacer un milagro, no tiene ningún apoyo en la Escritura.

5º.- La comunión no es un premio para los buenos “que están en gracia”, sino un remedio para los desgraciados que necesitamos descubrir el amor gratuito de Dios. Solo si me siento pecador estoy necesitado de celebrar el sacramento. Cuando más necesitamos el signo del amor de Dios es cuando nos sentimos separados de Él. Hemos llegado al absurdo de dejar de comulgar cuando más lo necesitábamos.

6º.- La realidad significada en el pan y el vino no es Jesús en sí mismo, sino Jesús como don. El don de sí mismo que ha manifestado durante toda su vida y que le ha llevado a su plenitud, identificándole con el Padre. Ese es el significado que yo tengo que descubrir. La eucaristía no es un producto más de consumo que me proporciona seguridades. Podemos oír misa sin que nos obligue a nada, pero no podemos celebrar la eucaristía impunemente. No se puede salir de misa como si no hubiera pasado nada. Si la celebración no cambia mi vida en nada, es que la he reducido a simple rito folclórico.

7º.- Haced esto, no se refiere a que perpetuemos un acto de culto. Jesús no dio importancia al culto. Jesús quiso decir que recordáramos el significado de lo que acaba de hacer. Esto soy yo que me parto y me reparto, que me dejo comer. Haced también vosotros esto. Entregad la propia vidaa los demás como he hecho yo.

8ª.- Los signos de la eucaristía no son el pan y el vino, sino el pan partido y el vino derramado. Durante siglos, se llamó a la eucaristía “la fracción del pan”. No se trata del pan como cosa, sino del gesto de partir y comer. Al partirse y dejarse comer, Jesús está haciendo presente a Dios, porque Dios es don infinito, entrega total a todos y siempre. Esto tenéis que ser vosotros. Si queréis ser cristianos tenéis que partiros, repartiros, dejaros comer, triturar, asimilar, desapare­cer en beneficio de los demás. Una comunión sin este compromi­so es una farsa, un garabato, como todo signo que no signifique nada.

Todavía es más tajante el signo del vino. Cuando Jesús dice: esto es mi sangre, está diciendo esta es mi vida que se está derramando, consumiendo, en beneficio de todos. Eso que los judíos tenían por la cosa más horrorosa, apropiarse de la vida (la sangre) de otro, eso es lo que pretende Jesús. Tenéis que hacer vuestra, mi propia vida. Nuestra vida solo será cristiana si se derrama, si se consume, en beneficio de los demás.

Celebrar la Eucaristía es comprometerse a ser para los demás. Todas las estructu­ras que están basadas en el interés personal o de grupo, no son cristianas. Una celebración de la Eucaristía compatible con nuestros egoísmos, con nuestro desprecio por los demás, con nuestros odios y rivalidades, con nuestros complejos de superioridad, sean personales o grupales, no tiene nada que ver con lo que Jesús quiso expresar en la última cena.

La eucaristía es un sacramento. Y los sacramentos ni son milagros ni son magia. Se produce un sacramento cuando el signo (algo que entra por los sentidos) nos conecta con una realidad trascendente que no podemos ver ni oír ni tocar. Esa realidad significada, es lo que nos debe interesar. La hacemos presente por medio del signo. No se puede hacer presente de otra manera. Las realidades trascendentes, ni se crean ni se destruyen; ni se traen ni se llevan; ni se ponen ni se quitan. Están siempre ahí. Son inmutables y eternas.

El ser humano no tiene que liberar o salvar su «ego», a partir de ejercicios de piedad sino liberarse del «ego», que es precisamente lo contrario. Solo cuando hayamos descubierto nuestro verdadero ser, descubriremos la falsedad de nuestro yo individual y egoísta que se cree independiente. Estamos hablando del sacramento del amor, del sacramento de la unidad. Si la celebración de la eucaristía no nos lleva a esa unidad, significa que es falsa.

 

Meditación

No se trata solo de comer, sino de asimilar lo comido.
Si como sin asimilar, se producirá indigestión.
Si comulgo y no me identifico con lo que fue Jesús, me engaño.
Si no llego a lo significado, no hay sacramento que valga.
Realizado el signo, que entra por los sentidos,
queda por hacer lo importante: descubrir y vivir lo significado.
La verdadera comunión no está en el signo
sino en vivir la unidad con Dios y con los demás, como hizo él.

 

Fray Marcos

 

 

Cáritas exige al Estado cinco medidas para proteger a las personas migrantes y refugiadas

(Cáritas).- Activistas de diez organizaciones han sostenido hoy en la Plaza de Ópera varias señales que simbolizan las dificultades por las que pasan las personas refugiadas durante sus viajes en búsqueda de protección, y han hecho un llamamiento común al Gobierno de España para que lleve a cabo de una vez por todas una serie de medidas mínimas urgentes que desbloqueen esta situación.  Leer mas….