El Papa Francisco relevará a Müller al frente de Doctrina de la Fe

Jesús Bastante).- Era una de las «sorpresas» del verano que auguraban algunos vaticanistas, y parece que va camino de cumplirse. Este viernes, el Papa Francisco recibió, en una audiencia que se prolongó más de lo previsto (Bergoglio pidió disculpas al Instituto Italo-Americano), al prefecto de Doctrina de la Fe, Gerhard Müller, cuyo mandato expira este domingo, y en el que, según distintas fuentes, no continuará.  Leer mas….

 

Omella, sobre el conflicto catalán: «Unos no han escuchado a los otros» «

«El Papa nos dice que hay periferias dentro de todas las ciudades, las grandes y las no tan grandes». El nuevo cardenal de Barcelona, Juan José Omella, opina que el conflicto político entre Cataluña y España «quizás ha llegado a la situación actual porque unos no han escuchado a los otros». En su primera entrevista como cardenal, concedida a Radio Estel y Catalunya Cristiana, el nuevo purpurado defiende «las buenas relaciones entre pueblos» y recomienda «hacer un esfuerzo para escuchar al otro, desde un lado y desde el otro«.  Leer mas….

 

«EL AMAR DE DIOS NO ES RELACIÓN, NO HAY DISTINCIÓN ENTRE OBJETO Y SUJETO», Fray Marcos

Mt 10, 37-42

Hace años empleaba yo, en el comentario a este evangelio, palabras como estas: exigencia, radicalidad, renuncia. Hoy considero que ese lenguaje es inadecuado. Jesús no nos pide que renunciemos a nada, sino que elijamos lo mejor. Si elegimos bien, alcanzaremos la plenitud de humanidad, dentro de nuestras posibilidades. El evangelio de hoy propone, en fórmulas concisas, varios temas esenciales para el seguimiento de Jesús. Todos tienen mucho más alcance del que podemos sospechar a primera vista. No podemos tratarlos todos. Vamos a detenernos en el primero y diremos algo sobre otros.

El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. Sería interminable recordar la cantidad de tonterías que se han dicho sobre al amor a la familia y el amor a Dios. El amor a Dios no puede entrar nunca en conflicto con el amor a las criaturas, mucho menos con el amor a una madre, a un padre o a un hijo. Como siempre, el error parte de la idea de un Dios separado, Señor y Dueño que plantea sus propias exigencias frente a otras instancias que requieren las suyas.

Ese Dios es un ídolo, y todos los ídolos llevan al hombre a la esclavitud, no a la libertad de ser él mismo. Hay que tener mucho cuidado al hablar del amor a Dios o a Cristo. En el evangelio de Juan está muy claro: “Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros como yo os he amado”. Creer que puedo amar directamente a Dios es una quimera. Solo puedo amar a Dios, amando a los demás, amándome a mí mismo como Dios manda. Jesús no pudo decir: tienes que amarme a mí más que a tu Hijo.

El evangelio nos habla siempre del amor al “próximo”. Lo cual quiere decir que el amor en abstracto es otra quimera. No existe más amor que el que llega a un ser concreto. Ahora bien, lo más próximo a cada ser humano son los miembros de su propia familia. La advertencia del evangelio está encaminada a hacernos ver que desplegar a tope esos impulsos instintivos, no garantiza el más mínimo grado de calidad humana. Pero sería un error aún mayor el creer que pueden estar en contra de mi humanidad. Aquí está la clave para descubrir por qué se ha tergiversado el evangelio, haciéndole decir lo que no dice.

El evangelio quiere decir, que el amor a los hijos o a los padres puede ser un egoísmo camuflado que busca la seguridad material o afectiva del ego, sin tener en cuenta a los demás. El “amor” familiar se convierte entonces en un obstáculo para un crecimiento verdaderamente humano. Ese “amor” no es verdadero amor, sino egoísmo amplificado. No es bueno para el que ama con ese amor, pero tampoco es bueno para el que es amado de esa manera. El amor surge cuando el instinto es elevado a categoría humana.

Lo instintivo no va contra la persona, más que cuando el hombre utiliza su mente para potenciar su ser biológico a costa de lo humano. El hombre puede poner como objetivo de su existencia el despliegue exclusivo de su animalidad, cercenando así sus posibilidades humanas. Esto es degradarse en su ser especifico humano. Cuando estamos en esa dinámica y, además, queremos meter a los demás en ella, estamos “amando” mal, y ese “amor” se convierte en veneno. Esto es lo que quiere evitar el evangelio. Nada que no sea humano puede ser evangélico. No amar a los hijos o a los padres no sería humano.

Un verdadero amor nunca puede oponerse a otro amor auténtico. Cuando un marido se encuentra atrapado entre el amor a su madre y el amor a su esposa, algo no está funcionando bien. Habrá que analizar bien la situación, porque uno de esos amores (o los dos) está viciado. Si el “amor a Dios” está en contradicción con el amor al padre o a la madre, o no tiene idea de los que es amar a Dios o no tiene idea de lo que es amar al hombre. Sería la hora de ir al psiquiatra. ¡A cuántos hemos metido por el camino de la esquizofrenia, haciéndoles creer que, lo que Dios les pedía, era que odiara a sus padres!

El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mí, la encontrará. Ya hemos dicho alguna vez que en griego hay tres palabras que nosotros traducimos por vida, “Zoe”, “bios” y “psiques”. El texto no dice zoe ni bios, sino psiques. No se trata, pues, de la vida biológica, sino de la vida psicológica, es decir, del hombre capaz de relaciones interpersonales. En ningún caso se trataría de dejarse matar, sino de poner tu humanidad al servicio de los demás. Esto no sería “perder”, sino “ganar” humanidad. Quien pretenda reservar para sí mismo su persona (ego) está malogrando su propia existencia, porque pasará por ella sin desplegar su verdadera humanidad.

No quiero terminar sin decir una palabra sobre la gratuidad. El ofrecer “un vaso de agua fresca” a un desconocido que tiene sed, puede ser la manifestación de una profunda humanidad. El dar “sin esperar nada a cambio” es el fundamento de una relación verdaderamente humana. En nuestra sociedad de consumo nos estamos alejando cada vez más de esta postura. No hay absolutamente nada que no tenga un precio, todo se compra y se vende. Nuestra sociedad está montada de tal manera sobre el “toma y da acá”, que dejaría de funcionar si de repente la sacáramos de esa dinámica.

La misma institución religiosa está montada como un gran negocio, en contra de lo que decía uno de estos domingos el evangelio: “Gratis habéis recibido, dad gratis”. Hoy todos estamos de acuerdo con Lutero, en su protesta contra bulas e indulgencias, pero seguimos cobrando un precio por decir una misa de difuntos. Es verdad que debemos insistir en la colaboración de todos para la buena marcha de la comunidad, pero no podemos convertir las celebraciones litúrgicas en instrumentos de recaudación.

La manera de hablar semita, por contrastes mientras más excluyentes mejor, nos puede jugar una mala pasada si entendemos las frases literalmente. Lo que es bueno para el cuerpo, es bueno también para el espíritu. La lucha maniquea que nos han inculcado no tiene nada que ver con la experiencia de Jesús.

El objetivo primero de todo ser vivo, es mantenerse en el ser. Tres mil ochocientos años de evolución han sido posibles gracias a esta norma absoluta. La misma evolución ha permitido al ser humano ir más allá y puede lograr esa misma meta conscientemente. Todo lo que le acerca a ese objetivo le puede causar satisfacción y en definitiva, felicidad. Por lo tanto la raíz última de todo acto bueno está en la misma biología, no es contrario a ella. Nada más falso que una lucha entre lo biológico y lo espiritual.

La trampa en la que puede caer el ser humano es que puede quedarse en el placer inmediato que le proporciona satisfacer las necesidades de su biología y perder de vista el bien total del individuo a más largo plazo. Ahí está la causa de tanto desajuste en la conducta humana. Debemos tomar conciencia de que lo que es malo a largo plazo, no puede ser bueno de ninguna de las maneras.

 

Meditación

El amor puramente teórico no tiene consistencia.
Un vaso de agua puede ser la manifestación más auténtica de amor.
No tiene importancia ninguna lo que hagas.
Lo que vale de veras es la actitud de entrega en lo que hagas.
El amor es anterior a cualquier manifestación del mismo,
pero siempre busca la forma de manifestarse.
Un amor puramente teórico es siempre engañoso.

 

Fray Marcos

 

 

MANIFIESTO POR LA LAICIDAD

(Actualización del documento del mismo nombre, publicado por Redes Cristianas en 2008)

Redes Cristianas apuesta decididamente por la independencia, respeto mutuo y colaboración entre el Estado y las confesiones religiosas y aboga por un Estado laico que supere el actual confesionalismo encubierto y por una Iglesia inspirada sólo por el Evangelio y no sometida a ningún tutelaje del Estado. Leer más

¿Es El CETA un acuerdo de libre comercio que solo tiene ventajas?

Juan Torres López
El diario

– Es una miserable impostura intelectual hacer creer que quienes critican el CETA son cuatro populistas sin razones, ni fundamento, enemigos del progreso ¡o incluso del comercio!

– Décimo artículo de la serie Desvelando mentiras, mitos y medias verdades económicas

Hace unas semanas escribí en esta serie de artículos sobre mitos y mentiras económicas uno dedicado a denunciar los que tienen que ver con las condiciones en que se desarrolla el comercio internacional de nuestros días ( Los mitos sobre el comercio internacional y las ventajas del librecambio). En él señalaba que los economistas y políticos neoliberales suelen responder a los economistas que critican el mito del libre cambio y el modo tan injusto en que funciona el comercio internacional actual con meras caricaturas, acusándolos de defender el proteccionismo o la autarquía. Leer más

Europa estima que algunas exenciones fiscales de la Iglesia «pueden constituir ayudas estatales prohibidas»

(J. Bastante/Agencias).- Algunas exenciones fiscales a la Iglesia católica en España «pueden constituir ayudas estatales prohibidas» si se dedican a actividades económicas o que no tengan que ver estrictamente con el culto. Así señala una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que se ha definido ante el conflicto entre los escolapios de Getafe y el Ayuntamiento de esta localidad.  Leer más…

 

LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA ANTE LA REALIDAD ECONÓMICA ACTUAL

Blog CJ Cristianisme i Justicia

Por Guillermo Casasnovas · Guillermo Casasnovas. Durante las últimas semanas ha tenido lugar en el Palau Macaya un seminario-debate de cuatro sesiones con el título “Realidad Económica y Desarrollo Humano Integral”, co-organizado por Justícia i Pau, Fundació Joan Maragall y Cristianisme i Justícia. El objetivo era poner sobre la mesa los retos que plantea el actual sistema económico y ver qué orientaciones o criterios nos da la Doctrina Social de la Iglesia para entender mejor y afrontar estos retos. Leer más

URTEKO 13. IGANDEA – DOMINGO 13º T. O., José A. Pagola

A (Mateo 10, 37-42)

FAMILIA EZ DA UKIEZINA – LA FAMILIA NO ES INTOCABLE

Sarritan, fededunek «familia» era abstraktuan harturik defenditu izan dugu; Ebanjelioaren arabera ulertu eta bizi izandako egitasmo familiar baten eduki zehatzaz gogoeta egitera gelditu gabe. Eta, halere, ez da aski familiaren balioa besterik gabe defenditzea; izan ere, familia era oso desberdinetan gauzatzen baita bizitza errealean.

Badira gizartearen zerbitzura irekiak diren familiak, eta badira beren probetxu propiora tolesturik bizi diren familiak. Badira egoismoan hezten dituzten familiak, eta solidaritatea irakasten duten familiak. Familia askatzaileak eta familia zapaltzaileak.

Jesusek fermuki defenditu ditu familia-erakundea eta ezkontzaren egonkortasuna. Eta zorrotz kritikatu ditu gurasoez axolatzen ez diren seme-alabak. Alabaina, familia ez da Jesusentzat gauza absolutu eta ukiezin bat. Ez da idolo bat. Bada familia baino goragoko eta lehenagoko den zerbait: Jainkoaren erreinua eta haren zuzentasuna.

Funtsezko gauza ez da haragizko familia, baizik guztion artean eraiki beharreko familia handi hori, Jesusen lankide izanik Aitaren erregetzari bideak urratzeko. Horregatik, egitasmo honetan Jesusi jarraitzeko geure familia oztopo bihurtzen bazaigu, haustura eskatuko du Jesusek eta familia-harreman horiek bertan behera uzteko. «Bere aita edo ama ni baino gehiago maite duena ez da nire duin. Bere alaba edo semea ni baino gehiago maite duena ez da nire duin».

Familiak gainerakoekin solidario eta anai-arreba izatea eragozten badu, eta Jainkoak gizon-emakumeen artean nahi duen zuzentasunaren alde lan egiten uzten ez badu, askatasun kritiko bat bizitzea eskatzen du Jesusek, jarrera horrek familian gatazkak eta tirabirak eragingo baditu ere.

Eta galdera: gure etxeak balio ebanjelikoen eskola al dira; adibidez, anai-arreba artekotasuna, erantzukizunez gizarte zuzenago bat bilatzea, soiltasuna, zerbitzua, otoitza, barkazioa? Ala, aitzitik, «ebanjelizazioaren» kontrako gune ote dira, egoismoaren, zuzengabekeriaren, konbentzialismoen, alienazioaren eta gure gizartea azal huts bihurtzeko transmisio-uhal ote dira?

Zer esan familia honetaz: semea edo alaba klase-egoismora, biziera itsatsi eta segurura, etekin handienaren idealera, gainerako guztiaz ahaztera norabidetzen duenaz? Semea edo alaba hezten ari ote gara benetan, soilik lehiaketarako eta aurkaritzarako motibatzen dugunean, zerbitzurako eta solidaritaterako motibatu ordez?

Hau al da katolikoek defenditu behar dugun familia? Familia honetan entzuterik izango ote dute Ebanjelioa belaunaldi berriek? Familia-mota hau ez ote dugu «bertan behera utzi» beharrekoa?, hain juxtu, Jesusek nahi duen bizi-egitasmoari leial izateko?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

13 Tiempo ordinario – A (Mateo 10,37-42)

Evangelio del 02 / Jul / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

LA FAMILIA NO ES INTOCABLE

Con frecuencia, los creyentes hemos defendido la «familia» en abstracto, sin detenernos a reflexionar sobre el contenido concreto de un proyecto familiar entendido y vivido desde el Evangelio. Y, sin embargo, no basta con defender el valor de la familia sin más, porque la familia puede plasmarse de maneras muy diversas en la realidad.

Hay familias abiertas al servicio de la sociedad y familias replegadas sobre sus propios intereses. Familias que educan en el egoísmo y familias que enseñan solidaridad. Familias liberadoras y familias opresoras.

Jesús ha defendido con firmeza la institución familiar y la estabilidad del matrimonio. Y ha criticado duramente a los hijos que se desentienden de sus padres. Pero la familia no es para Jesús algo absoluto e intocable. No es un ídolo. Hay algo que está por encima y es anterior: el reino de Dios y su justicia.

Lo decisivo no es la familia de carne, sino esa gran familia que hemos de construir entre todos sus hijos e hijas colaborando con Jesús en abrir caminos al reinado del Padre. Por eso, si la familia se convierte en obstáculo para seguir a Jesús en este proyecto, Jesús exigirá la ruptura y el abandono de esa relación familiar: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí. El que ama a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí».

Cuando la familia impide la solidaridad y fraternidad con los demás y no deja a sus miembros trabajar por la justicia querida por Dios entre los hombres, Jesús exige una libertad crítica, aunque ello traiga consigo conflictos y tensiones familiares.

¿Son nuestros hogares una escuela de valores evangélicos como la fraternidad, la búsqueda responsable de una sociedad más justa, la austeridad, el servicio, la oración, el perdón? ¿O son precisamente lugar de «desevangelización» y correa de transmisión de los egoísmos, injusticias, convencionalismos, alienaciones y superficialidad de nuestra sociedad?

¿Qué decir de la familia donde se orienta al hijo hacia un clasismo egoísta, una vida instalada y segura, un ideal del máximo lucro, olvidando todo lo demás? ¿Se está educando al hijo cuando lo estimulamos solo para la competencia y rivalidad, y no para el servicio y la solidaridad?

¿Es esta la familia que tenemos que defender los católicos? ¿Es esta la familia donde las nuevas generaciones pueden escuchar el Evangelio? ¿O es esta la familia que también hoy hemos de «abandonar», de alguna manera, para ser fieles al proyecto de vida querido por Jesús?

José Antonio Pagola

 


Domingo 2 de julio de 2017, 13º Ordinario. Koinonía

Mateo 10,37-42

El que no coge su cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros me recibe a mí

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

Las exigencias de la cruz cambian para cada generación de creyentes. En la época de Jesús existía la amenaza inminente de la muerte ignominiosa, bien fuera por la cruz, la espada o la lapidación. Los cristianos eran vistos como una amenaza para el imperio y, con frecuencia, se les acusaba falsamente de sedición. Con el tiempo, la pena capital fue cambiando de modalidad y sus cuerpos fueron quemados en locales públicos, o arrojados a leones, osos, tigres, toros y toda clase de fieras. Todas estos intentos de bloquear, anular o eliminar la novedad del evangelio fueron vanos porque la fuerza del cristianismo radica en la cruz de Cristo.

Los cristianos de los primeros siglos no anunciaban religiones de salvación, ni sanaciones individuales ni ritos de purificación. Aunque ellos anunciaran la universalización de la obra salvadora, curaran enfermos y tuvieran el símbolo del bautismo como rito de iniciación, lo que los hacía diferentes era su radical denuncia de la injusticia. Anunciar a un Mesías crucificado era, y es, ir en contra de todos los parámetros sociales, de las buenas costumbre e, incluso, de los preceptos de la religión. Ellos anunciaban como redentor a uno que el sistema lo había proscrito, condenado y sentenciado al escarnio público. El anuncio de un Mesías Crucificado era, en realidad, una denuncia vehemente de un sistema de creencias, valores e instituciones que habían hecho de la violencia, la mentira y la opresión los valores indiscutibles de la organización social. ¿Cómo iban a ver con buenos ojos las autoridades de Jerusalén, los gendarmes del imperio y el pueblo alienado que un individuo apoyado por un pequeño grupo de hombres y mujeres cuestionara directamente sus valores y anunciara que otra sociedad era posible? Imposible para la gente, pero no para Dios.

Las comunidades cristianas desde el inicio tuvieron conciencia de la magnitud de la tarea a la que se enfrentaban. La experiencia del resucitado les llevó rápidamente a descubrir que debían superar los límites de las comunidades palestinas y lanzarse a la misión universal; debían dar prioridad a la construcción de las comunidades y dejar a un lado la tentación de construirse edificios; debían enfocarse sobre los grupos excluidos y marginados y dejar de lado los centros de poder; debían asimismo retomar las opciones fundamentales de Jesús y hacerlas vida en todos los rincones del imperio. Por eso, las exigencias para seguir a Jesús se fueron formulando con una claridad y precisión asombrosas en cada comunidad. Los contenidos fundamentales se fueron adecuando a cada contexto histórico y cultural pero sin atenuar las características esenciales del mensaje.

Por tanto, no debe sorprendernos que Mateo nos diga con tanta ‘dureza’ las exigencias del seguimiento de Jesús. El evangelista retoma las tradiciones del evangelio y las actualiza de acuerdo con el lenguaje y necesidades de su comunidad. Sus palabras hieren, como el antiséptico sobre la eterna llaga, pero tienen una virtud medicinal: nos liberan de nuestros propios prejuicios y apegos.

Cuando Mateo nos dice que quien ama más a sus parientes que a Jesús no es digno de él, nos revela un problema de su comunidad. El pueblo judeocristiano, tiene una estima desmesurada por los de su propia sangre. Un afecto que fácilmente se convierte en apego paralizante. El texto usa en griego la palabra filia para denominar este afecto. Pero el proyecto de Jesús pide más: pide un amor enfocado hacia el prójimo, un amor que supere los lazos de sangre, el parentesco y la raza. Un amor como el que Dios nos tiene y que en griego se llama ágape. El cristiano que no sea capaz de trascender los estrechos limites de la familia, de la raza o de la nación, no está habilitado para experimentar y dar el amor solidario que propone el evangelio. Y por esa misma razón, el amor a Jesús no se reduce a la pura dimensión íntima, individual y privada. Amar a Jesús es amar lo que él amó, su proyecto, su ideal, su Utopía, el «Reinado de Dios», como él acostumbró a llamarla, con las palabras tradicionales de los profetas. Amar a Jesús es amar a las personas que él amó: pobres, marginados, excluidos, enfermos, abatidos, endemoniados, extranjeros. El amor de Jesús era tan grande que llegó a amar incluso a aquellos que se declararon sus enemigos. Un amor que hoy nos puede parecer desorbitado, desnaturalizado, extremo, pero que para nuestra dicha y quebranto es el amor con el que Dios nos ama. Un amor sin el cual no podemos llamarnos discípulos de Jesús.

Pablo simboliza muy bien la radicalidad del amor cristiano mediante la comparación entre la muerte y la inmersión bautismal. Ser cristiano es morir a todos los apegos irracionales hacia la propia familia, raza o nación, incluso es morir hacia un apego desordenado hacia sí mismo. La novedad cristiana se manifiesta en esa transformación sustancial de las relaciones humanas, en la resurrección a una vida nueva llena de afectos, proyectos y estilos de vida completamente volcados hacia la humanidad sufriente y marginada. Con Cristo morimos a una humanidad caduca y sin esperanza para resucitar en una nueva humanidad libre y generosa en la que el límite es el cielo, donde no hay límite.

Como cristianos debemos someter los férreos lazos de nuestros afectos al crisol del evangelio para liberarnos de aquellos que nos atan al viejo mundo y fortalecer aquellos que nos llevan hacia el Reino.