“EL VERDADERO TESORO ESTÁ YA EN TU CAMPO” Domingo 17 T. O. (A), Fray Marcos

(1 Re 3,5-12) Por no haber pedido más vida ni riquezas, te concedo lo que pides
(Rom 8,28-30) Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien.
(Mt 13,44-52) Encuentra un tesoro o una perla, vende todo y  compra.

El verdadero tesoro está ya en tu campo. No podrás disfrutar de él si no lo descubres; y no lo descubrirás si lo buscas fuera de ti.

El evangelio de este domingo nos propone las tres últimas parábolas del capítulo 13 de Mt. comentaremos el tesoro y la perla, que tienen un mismo mensaje. Si descubrimos lo que más vale, daremos a nuestra voluntad un objeto claro, porque la voluntad no puede ser movida más que por el bien, y en el caso de dos bienes siempre será movida por el mayor. Lo que Dios es en mí,  es el tesoro. No se trata de un conocimiento discursivo o racional, sino de una experiencia en lo más hondo  de mi ser. Seguimos empeñados en descubrir a un Dios que está fuera, y que además nos da seguridades.

Menos mal que la comunidad de Mt no se atrevió a alegorizarlas. No lo tenía fácil. El mensaje es idéntico en las dos pero tiene matices significativos. Una diferencia es que en un caso, el encuentro es fortuito. Y en el otro, es consecuencia de una búsqueda. Otra es que en la primera se identifica el Reino con el tesoro, pero en la segunda se identifica con el comerciante que busca perlas. Puede ser una pista para descubrir que la comparación no es con uno ni con otro, sino que hay que buscarla en el conjunto del relato. Las dos opciones se hacen con un grado de incertidumbre. Los dos se arriesgan al dar el paso.

La parábola no juzga la moralidad de las acciones narradas; simplemente propone unos hechos para que nosotros nos traslademos a otro ámbito. En efecto, tanto el campesino, como el comerciante, obran de forma fraudulenta y por lo tanto injusta (aunque legal). Los dos se aprovechan de unos conocimientos privilegiados para engañar al vecino. No actúan por desprendimiento sino por egoísmo. “Renuncian” a unos vienes para conseguir más bienes. No es su objetivo vivir de otra manera, sino conseguir una vida material mejor. No da un ejemplo pero en el orden espiritual las cosas no funcionan así.

En estas dos parábolas vemos claro cómo no todo lo que dicen es aprovechable. Jesús en el evangelio advierte una y mil veces del peligro de las riquezas; no puede aquí invitarnos a conseguirlas en sumo grado. El mensaje es muy concreto. El punto de inflexión en las dos parábolas es el mismo: “vende todo lo que tiene y compra”. Sería sencillamente una locura. Si vende todo lo que tiene para comprar la perla, ¿qué comería al día siguiente? ¿Dónde viviría? Esa imposibilidad radical en el orden material, es precisamente lo que nos hace saltar a otro orden, en el que sí es posible. Ahí está la clave del mensaje.

Hay dos matices interesantes. El primero es el abismo que existe entre lo que tienen y lo que descubren. El segundo es la alegría que les produce el hallazgo. Yo la haría todavía más simple: Un campesino pobre, que solo tiene un pequeño campo, en el que cava cada vez más hondo, un día encuentra un tesoro. O un comerciante de perlas que un día descubre entre las que tiene almacenadas, una de inmenso valor. Evitaríamos así poner el énfasis en la venta de lo que tiene, que solo pretende indicar el valor de lo encontrado.  Todo lo contrario, se trata de un minucioso cálculo, que les lleva a la suprema ganancia.

No damos un paso en nuestra vida espiritual porque no hemos encontrado el tesoro entre los bienes que ya poseemos. Sin este descubrimiento, todo lo que hagamos por alcanzar una religiosidad auténtica, será pura programación y por lo tanto inútil. Nada vamos a conseguir si previamente no descubrimos el tesoro. Nuestra principal tarea será tomar conciencia de lo que somos. Si lo descubrimos, prácticamen­te está todo hecho. La parábola al revés, no funciona. El vender todo lo que tienes, antes de descubrir el tesoro, que es lo que siempre se nos ha propuesto, no es garantía ninguna de éxito.

Un ancestral relato nos ayudará: cuando los dioses crearon al hombre, pusieron en él algo de su divinidad, pero el hombre hizo un mal uso de esa divinidad y decidieron quitársela. Se reunieron en gran asamblea para ver donde podían esconder ese tesoro. Uno dijo: pongámoslo en la cima de la montaña más alta. Pero otro dijo: No, que terminará escalándola y dará con él. Otro dijo: lo pondremos en lo más hondo del océano. Alguien respondió: No, que terminará bajando y la descubrirá. Por fin dijo uno: ¡Ya sé dónde lo esconderemos! La pondremos en su corazón. Allí nunca lo buscará.

Tenemos que aclarar que el tesoro no es Jesús, como deja entender Pablo, y sobre todos los santos padres. Jesús descubrió la divinidad dentro de él. Éste es el principal dogma cristiano. “Yo y el Padre somos uno”. Tampoco la Escritura puede considerarse el tesoro. En muchas homilías, he visto estas interpretaciones de las parábolas. La Escritura es el mapa, que nos puede conducir al tesoro, pero no es el tesoro. Tampoco podemos presentar a la Iglesia como tesoro o perla. En todo caso, sería el campo donde tengo que cavar (a veces muy hondo) para encontrar el tesoro.

Jesús no pide más perfección sino más confianza, más alegría, más felicidad. Es bueno todo lo que produce felicidad en ti y en los demás. Solamente es negativa la alegría que se consigue a costa de las lágrimas de los demás. Cualquier renuncia que produzca sufrimiento, en ti o en otro, no puede ser evangélica. Fijaos que he dicho sufrimiento, no esfuerzo. Sin esfuerzo no puede haber progreso en humanidad, pero ese esfuerzo tiene que sumirme en la alegría de ser más. Lo que el evangelio valora no es el hecho de renunciar. Lo que me tiene que hacer feliz, es el conseguir mi plenitud.

El tesoro es el mismo Dios presente en cada uno de nosotros. Es la verdadera realidad que soy, y que son todas las demás criaturas. Lo que hay de Dios en mí es el fundamento de todos los valores. En cuanto las religiones olvidan esto, se convierten en ideologías esclavizantes. El tesoro, la perla no representan grandes valores  sino una realidad que está más allá de toda valoración. El que encuentra la perla preciosa, no desprecia las demás. Dios no se contrapone a ningún valor, sino que potencian el valor de todo. Presentar a Dios como contrario a otros valores, es la manera de hacerle ídolo.

Vivimos en una sociedad que funciona a base de engaños. Si fuésemos capaces de llamar a las cosas por su nombre, la sociedad quedaría colapsada. Si los políticos nos dijeran simplemente la verdad, ¿a quién votaríamos? Si los jefes religiosos dejaran de meter miedo con un dios justiciero, ¿cuántos seguirían creyendo? Si de la noche a la mañana todos nos convenciéramos de que ni el dinero ni la salud ni el poder ni el sexo ni la religión eran los valores supremos, nuestra sociedad quedaría paralizada.

Tener la referencia del valor supremo, me permite valorar en su justa medida todo lo demás. No se trata de despreciar lo demás, sino de tener claro lo que vale de veras. El “tesoro” nunca será incompatible con todos los demás valores que nos ayudan a ser más humanos. Es una constante tentación de las religiones ponernos en el brete de tener que elegir entre el bien y el mal. Radicalmente equivocado. Lo que hay que tener muy claro es cuales son las prioridades, dentro de los valores, y que valores son en realidad falsos.

Meditación

En tu propio campo tienes el único tesoro.

Si aún no te has dado cuenta,

es que lo has buscado en otro campo

o que no has ahondado lo suficiente.

Una vez descubierto lo que hay de Dios en ti,

todo lo demás es coser y cantar.

Si no experimentas al Dios vivo en el fondo de tu ser,

todos los esfuerzos por llegar, serán inútiles.

 

NUESTRA ÉTICA PARA NUESTROS TIEMPOS

José Aldunate
Atrio

Nuestro artículo tiene tres partes. La primera, expone la necesidad absoluta que tiene la humanidad de una ética que responda a nuestros tiempos. Esa necesidad la compulsaremos en tres ámbitos: en el mundial, en el latinoamericano y en el más reducido de nuestro Chile.
Una segunda parte buscará señalar las características de esta ética universal.
La tercera parte se pregunta de dónde surgirá esta ética. ¿Cuál es el papel que tendrían en esto las religiones y las iglesias? Y más particularmente ¿Cuál podría ser la contribución de la Iglesia Católica en la gestación y elaboración de esta ética? Leer más

«ERABAKIRIK GARRANTZIZKOENA – LA DECISIÓN MÁS IMPORTANTE», José A. Pagola

A (Mateo 13,44-52)

URTEKO 17. IGANDEA – 17º DOMINGO T. O.

Evangelio del 30 / Jul / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

ERABAKIRIK GARRANTZIZKOENA – LA DECISIÓN MÁS IMPORTANTE

Gaurko ebanjelioak Jesusen bi parabola labur bildu ditu, mezu bera dutenak. Kontakizun bietan, protagonistek altxor bana aurkitu dute: batak egundoko balioa duen altxorra; besteak kalkulaezineko balioa duen perla. Biek modu berean erreakzionatu dute: duten guztia pozik, zirt eta zart saldu, eta altxorraz nahiz perlaz jabetu. Jesusen arabera, erreakzio hori bera izan ohi dute Jainkoaren erreinua aurkitzen dutenak.

Ematen du, Jesus beldur dela jendeak interes desberdinez jarrai diezaion, alderik erakargarrien eta garrantzizkoenari erreparatu gabe: Aitaren egitasmo liluragarri honi alegia, gizadia mundu zuzenago, anai-arreba artekoago eta zoriontsuago baterantz gidatzean datzan honi, horrela Jainkoaren baitako behin betiko bere salbaziorantz gidatuz.

Zer esan genezake gaur, kristautasunaren hogei menderen ondoren? Nolatan bizi da hainbat eta hainbat kristau on bere praktika erlijiosoan hesiturik, hartan inolako «altxorrik» aurkitu ez duen ustean? Non dago gogo bero ezaren eta poz-faltaren hondo-hondoko sustraia gure Elizako eremu ez gutxitan? Gure jarduera ez baita gai Ebanjelioaren muinera tira egiteko gizon eta emakume askori, Elizatik urrunduz doazelarik, alabaina Jainkoari eta Jesusi uko egin gabe.

Kontzilioaren ondoren, Paulo VI.ak baieztapen bipil hau egin zuen: «Soilik, Jainkoaren erreinua da erabatekoa, absolutua. Gainerako guztia erlatiboa da». Urte batzuk geroxeago, honela baietsi zuen Joan Paulo II.ak: «Ez da Eliza bera bere helburu, zeren Jainkoaren erreinurantz baitago norabidetua, zeinen ernamuin, seinale eta tresna baita bera». Frantzisko aita santua ere errepikatzen ari zaigu: «Jainkoaren erreinua eraikitzea da Jesusen egitasmoa».

Hau baldin bada Elizaren fedea, nolatan dira gure artean kristau asko, Jesusek «Jainkoaren erreinua» deitzen duen egitasmo horretaz hitz egiten ere entzun ez dutenak? Nolatan ez dakite, Jesusen bizitza guztia arnastu zuen sugarra, Jesusen jardueraren izateko arrazoia eta haren jardueraren helburua, Aitaren egitasmo gizatartzailea hots egitea eta sustatzea izan zela: Jainkoaren erreinua eta haren zuzentasunaren bila ibiltzea, alegia?

Eliza ezin eraberritu da erro-errotik, Jainkoaren erreinuaren «altxorra» aurkitzen ez badu. Ez dira gauza bera bi hauek: batetik, kristauei dei egitea Jainkoaren lankide izatera mundua gizakoiago egiteko egitasmo handian eta, bestetik, Ebanjelioaren muina ahaztarazten diguten jarduera eta ohituretan zabarturik bizitzea.

Frantzisko aita santua esaten ari zaigu, «Jainkoaren erreinua galdegiten ari zaigula». Dei hau, Ebanjelioaren bihotzetik beretik ari zaigu. Adi entzun beharra dugu. Segur aski, Elizan eta geure kristau-elkarteetan hartu beharko genukeen erabakirik garrantzizkoena, hauxe da: Jainkoaren erreinuaren egitasmoa berreskuratzea pozik eta gogo beroz.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

7 Tiempo ordinario – A (Mateo 13,44-52)

Evangelio del 30 / Jul / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

LA DECISIÓN MÁS IMPORTANTE

El evangelio recoge dos breves parábolas de Jesús con un mismo mensaje. En ambos relatos, el protagonista descubre un tesoro enormemente valioso o una perla de valor incalculable. Y los dos reaccionan del mismo modo: venden con alegría y decisión lo que tienen y se hacen con el tesoro o la perla. Según Jesús, así reaccionan los que descubren el reino de Dios.

Al parecer, Jesús teme que la gente le siga por intereses diversos, sin descubrir lo más atractivo e importante: ese proyecto apasionante del Padre que consiste en conducir a la humanidad hacia un mundo más justo, fraterno y dichoso, encaminándolo así hacia su salvación definitiva en Dios.

¿Qué podemos decir hoy después de veinte siglos de cristianismo? ¿Por qué tantos cristianos buenos viven encerrados en su práctica religiosa con la sensación de no haber descubierto en ella ningún «tesoro»? ¿Dónde está la raíz última de esa falta de entusiasmo y alegría en no pocos ámbitos de nuestra Iglesia, incapaz de atraer hacia el núcleo del Evangelio a tantos hombres y mujeres que se van alejando de ella, sin renunciar por eso a Dios ni a Jesús?

Después del Concilio, Pablo VI hizo esta afirmación rotunda: «Solo el reino de Dios es absoluto. Todo lo demás es relativo». Años más tarde, Juan Pablo II lo reafirmó diciendo: «La Iglesia no es ella su propio fin, pues está orientada al reino de Dios, del cual es germen, signo e instrumento». El papa Francisco nos viene repitiendo: «El proyecto de Jesús es instaurar el reino de Dios».

Si esta es la fe de la Iglesia, ¿por qué hay cristianos que ni siquiera han oído hablar de ese proyecto que Jesús llamaba «reino de Dios»? ¿Por qué no saben que la pasión que animó toda la vida de Jesús, la razón de ser y el objetivo de toda su actuación, fue anunciar y promover ese proyecto humanizador del Padre: buscar el reino de Dios y su justicia?

La Iglesia no puede renovarse desde su raíz si no descubre el «tesoro» del reino de Dios. No es lo mismo llamar a los cristianos a colaborar con Dios en su gran proyecto de hacer un mundo más humano que vivir distraídos en prácticas y costumbres que nos hacen olvidar el verdadero núcleo del Evangelio.

El papa Francisco nos está diciendo que «el reino de Dios nos reclama». Este grito nos llega desde el corazón mismo del Evangelio. Lo hemos de escuchar. Seguramente, la decisión más importante que hemos de tomar hoy en la Iglesia y en nuestras comunidades cristianas es la de recuperar el proyecto del reino de Dios con alegría y entusiasmo.

José Antonio Pagola

 

 

DOMINGO 30 de julio de 2017, 17º T.O.; KOINONIA

1Re 3,5.7-12: Pediste discernimiento
Salmo 118:
¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!
Rom 8,28-30:
Nos predestinó a ser imagen de su Hijo
Mt 13,44-52:
Vende todo lo que tiene y compra el campo

Mateo 13,44-52

Vende todo lo que tiene y compra el campo

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

[El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?» Ellos le contestaron: «Sí.» Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»]

COMETARIO A  LOS TEXTOS:

Las lecturas de hoy son un llamado al cambio de actitudes relativas de nuestras prácticas, ante los valores profundos y absolutos que propone Jesús desde su propuesta del proyecto del Reino.

Hay que tener muy claro que la presentación de Salomón que hace el primer libro de los Reyes, pretende mostrar (bastante románticamente) lo que para el escritor sagrado representaba este rey “maravilloso” en la teoría, pero que en la práctica y por lo que consiguió en la historia del pueblo, no pasó a ser sino un rey más, que se aprovechó de su poder para explotar, esclavizar y manipular la conciencia débil del pueblo, y construir su reinado de gloria en la magnificencia literaria que se construyó en torno a su figura y su reinado.

Hay que saber diferenciar entre la estructura del reino que representa Salomón (la de la monarquía con sus estructuras económicas, políticas, militares y religiosas para manejar los hilos del poder) y la propuesta del Reino que presenta y enseña Jesús con sus palabras, pero sobre todo con su práctica de justicia y de igualdad.

(Puede ser interesante hacer una referencia a la historicidad de Salomón. La «nueva arqueología bíblica» ha sorprendido al mundo al comprobar que no existe ningún testimonio extrabíblico sobre Salomón… El famosísimo rey, gobernador de un inmenso imperio, al que acudieron a visitarle personajes lejanos debido a la fama que alcanzó su inteligencia –la lectura de hoy tiene mucho que ver con esa inteligencia–, no es citado en ninguna de las fuentes históricas de aquel tiempo; es decir: al margen de la Biblia –que como sabemos no es un documento histórico– no tenemos ninguna noticia de que Salomón haya existido realmente. Lo cual no invalida el mensaje espiritual que estos textos nos dan, pero sí nos exige tomarlos en ese sentido, sin confundirlos con relatos históricos. Sobre la «nueva arqueología bíblica, véase más abajo).

Si pasamos a Jesús, el descubrir el mensaje de Jesús y su Utopía, lo que él llamó «el Reinado de Dios», nos abre los horizontes hacia una nueva humanidad. Una vez que se ha descubierto el valor absoluto que tiene el Reino, es necesario tomar una posición, y frente a este descubrimiento ningún precio es demasiado alto, pues el Reino se convierte en el único valor absoluto para quien lo descubre.

El proyecto del «Reino de los cielos», según la expresión de Mateo, se convierte para muchas personas en una alegre pero exigente sorpresa, que en el caminar normal de la vida se produjo por medio de un encuentro afortunado que impregnó de una gran riqueza la existencia. Ese Reino trajo una exigencia, que genera al mismo tiempo inseguridad, pues se descubre que es necesario venderlo todo, despojarse de muchos «bienes» que atan, e ir al encuentro de la absoluta posesión del Reino, como su mayor riqueza. Quien ha descubierto desde su práctica concreta en la vida, los valores del Reino… encontró su mejor tesoro, la mejor perla que podía estar buscando extraviadamente en otros rincones.

Las dos parábolas iniciales (del tesoro escondido y de la perla) parece que se contrapusieran a la llamada e invitación de Jesús a dejar bienes y riquezas para seguirlo. En realidad, nos enseñan que el Reino es la mayor riqueza para el seguidor de Jesús: luego de sentir la llamada de Jesús y de descubrir esa Utopía, el camino se debe seguir con radicalidad y alegría, porque se ha encontrado algo por lo que merece la pena darlo todo, hasta la propia vida: el Reinado de Dios, el Buen Vivir, el mayor Bien (Ubi bonum, ibi Regnum), la transformación radical de nuestro mundo, con sus tantas y tantas estructuras injustas.

Para el seguidor de Jesús es necesario romper los esquemas de muchas estructuras que deshumanizan. Personas que esperan un cambio sin ponerse en búsqueda, pero se atan a su herencia legalista, que no les permite salir a encontrar nuevas posibilidades para su existencia o para la existencia de los demás. Estas parábolas se refieren a otras personas, que encuentran un sentido que creían perdido para sus vidas y se arriesgan al cambio y a la novedad, y se ponen en marcha hacia proyectos alternativos de hermandad solidaria entre los seres humanos.

Jesús concluye esta enseñanza preguntando si han entendido todo lo dicho por medio de la palabra, que había estado escondida, pero que ahora no deja de salir a la luz. Y presenta el modelo ideal del discípulo, capaz de entender el mensaje del Reino y sacar oportunamente lo viejo y lo nuevo del mensaje que ha recibido. La novedad del Reino viene por medio de la palabra, acumulada en la historia del propio pueblo por medio de sus valores, la cultura, el proyecto original en torno al cual se dio origen a Israel como pueblo, sus luchas y procesos en búsqueda de la justicia y su interpretación de la historia desde un Dios liberador, con su opción por los pobres. Esta oferta del Reino que propone Jesús es una realidad que quiere hombres y mujeres capaces de incorporar los propios valores del Reino a las nuevas realidades que Jesús puso en marcha a partir del anuncio y la práctica del Reino.

El evangelio de hoy no está incluido entre los capítulos de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL. Proponemos utilizar el capítulo 52, titulado «Las diez dracmas». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://radialistas.net/article/52-las-diez-dracmas/ Puede ser escuchado aquí: http://radioteca.net/media//uploads/audios/%25Y_%25m/052.mp3

O escójase otro capítulo adecuado, aquí: http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/?page=1

 

Cardenal Blázquez: «Tierra, techo y trabajo son esenciales para la dignidad de las personas»

(MMTC).- El presidente de la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Valladolid, el cardenal Ricardo Blázquez, ha emplazado al MMTC a seguir cerca de los trabajadores y las trabajadoras para que «sea escuchado el clamor» de los pobres, los desempleados y los precarios. En su intervención en la homilía, con una referencia obligada a la localidad que acoge la asamblea del MMTC, de la que es natural de la diócesis, y a las lecturas evangélicas del día, ha denunciado las situaciones degradantes de las relaciones laborales en todo el mundo. El cardenal ha pronunciado la homilía en la Eucaristía conmemorativa de los 50 años de evangelización en el mundo del trabajo del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC). Leer más….

 

LA CIENCIA ES SABIDURÍA; LOS CIENTÍFICOS A VECES SON DOGMÁTICOS (I y II)

Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

I.- El dogmatismo hace referencia a aquella actitud que asume determinadas opiniones como “verdades absolutas” y, por tanto, indiscutibles. De ese modo, se produce un sometimiento acrítico a ciertas creencias, formuladas frecuentemente de una manera simplista, que se suscriben de modo incuestionado.

En este sentido, el dogmatismo es lo opuesto al librepensamiento y, en último término, a la búsqueda honesta de la verdad. Suele hacer pie en necesidades (inconscientes) de la persona, como son la seguridad y la autoafirmación. Leer más

DOMINGO 16 T.O -A- «Acepta que hay cizaña en tu campo», Fray Marcos

(Sab 12, 13-19) Obrando así nos enseñas que el justo debe ser humano
(Rom 8, 26-27) El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad.
(Mt 13, 24-43) No la arranquéis, dejadlos crecer juntos hasta la siega.

Acepta que hay cizaña en tu campo. Y estarás preparado para aceptar al otro, aunque descubras también en él cizaña.

La parábola de la cizaña es una de las siete que Mt narra en el capítulo 13. Como decíamos el domingo pasado, se trata de un contexto artificial. Como todas las parábolas se trata de un relato anodino e inofensivo por sí mismo, pero que, descubriendo la intención del que la relata, puede llevarnos a una reflexión muy seria sobre la manera que tenemos de catalogar a las personas como buenos y malos. Mal entendida, puede dar pábulo a un maniqueísmo nefasto, que tergiversa el mensaje de Jesús. Bien y mal se encuentran inextricablemente unidos en cada uno de nosotros.

Empecemos por notar que el sembrador siembra buena semilla. La cizaña tiene un origen distinto. Este lenguaje debemos explicarlo. Según aquella mentalidad, hay un enemigo del hombre empeñado en que no alcance su plenitud. Pero la hipótesis del maniqueísmo es innecesaria. Durante milenios el hombre trató de buscar una respuesta coherente al interrogante que plantea la existencia del mal. Hoy sabemos que no tiene que venir ningún maligno a sembrar mala semilla. La limitación que nos acompaña como criaturas, da razón suficiente para explicar los fallos de toda vida humana.

La vida arrastra tres mil ochocientos millones de años de evolución que ha ido siempre en la dirección de asegurar la supervivencia del individuo y de su especie. A ese objetivo estaba orientado cualquier otro logro. Al aparecer la especie humana, descubre que hay un objetivo más valioso que el de la simple supervivencia. Al intentar caminar hacia esa nueva plenitud de ser que se le abre en el horizonte, el hombre tropieza con esa enorme inercia que le empuja al objetivo puramente egoísta. En cuanto se relaja un poco, aparece la fuerza que le arrastra en la dirección equivocada.

El objetivo de subsistencia individual y el nuevo horizonte de unidad que se le abre al ser humano no son contradictorios. En el noventa por ciento deben coincidir. Pero esa pequeña proporción que les diferencia no es fácil de apreciar. Como en el caso de la cizaña y el trigo, solo cuando llega la hora de dar fruto queda patente lo que los distingue. Es inútil todo intento de dilucidad teóricamente lo que es bueno o lo que es malo. La mayoría de las veces el hombre solo descubre lo bueno o lo malo después de innumerables errores en su intento por acertar en su caminar hacia la meta.

En el ser humano, el bien biológico individualista sería siempre bueno mientras no vaya contra el bien de los demás. Todo el esfuerzo que haga el ser humano por vivir mejor de lo que vive en una época determinada, sería estupendo si toda mejora alcanzara a todos los hombres, y no se consiguiera el bien de unos pocos a costa del mal de muchos. En el mundo que nos ha tocado vivir, podemos descubrir esa contradicción. El hombre, buscando su plenitud como individuo, arruina su plenitud como ser humano.

El punto de inflexión en la lógica del relato lo encontramos en las palabras del dueño del campo. “dejadlos crecer juntos hasta la siega”. Lo lógico sería que se ordenara arrancar la cizaña en cuanto se descubriera en el sembrado, para que no disminuyera la cosecha. Pero resulta que, contra toda lógica, el amo ordena a los criados que no arranquen la cizaña, sino que la dejen crecer con el trigo. Este quiebro, es el que debe hacernos pensar. No es que el dueño del campo se haya vuelto loco, es que el que relata la parábola quiere hacernos ver que otra visión de la realidad es posible.

No les deja crecer juntos porque el señor se siente generoso y perdona la vida a los malos. La única razón que el dueño aduce es “que podríais arrancar también el trigo”; precisamente por la dificultad de distinguirlos a simple vista. La primera lectura nos advierte que Dios obra con moderación porque todo lo puede. Jesús da un paso más y nos dice que Dios no tiene nada que perdonar. Nuestra posibilidad de fallar no le inquieta, en cambio a nosotros nos desconcierta. Dios no puede premiar ni castigar “a posteriori”, porque se ha dado a cada uno antes de que lleguemos a la existencia.

La respuesta del amo está fuera de toda lógica. Esto es lo que debería hacernos pensar. El trigo y la cizaña tienen que convivir a pesar de que son plantas antagónicas y lo que produce una, será siempre a costa de la otra. La cizaña perjudica al trigo, pero la realidad es que son inseparables. Aplicado al ser humano, la cosa se complica hasta el infinito, porque en cada uno de nosotros coexisten juntos cizaña y trigo. Nunca conseguiremos eliminar del todo nuestra cizaña. Solo tomando conciencia de esto, superaremos el puritanismo y podremos aceptar al otro con su cizaña.

Esta mezcla inextricable no es un defecto de fabricación, como se ha hecho creer con mucha frecuencia; por el contrario, se trata de nuestra misma naturaleza. Dejaríamos de ser humanos si anularan nuestra posibilidad de fallar. No solo es absurdo el considerar a uno bueno y a otro malo, sino que el solo pensar que una persona se pueda considerar perfecta, es descabellado. Querer arrancar la cizaña es una tentación, que demuestra la falta de confianza en uno mismo.

También hoy Jesús, a petición de sus discípulos, explica la parábola. Una vez más, no se trata de una explicación de Jesús, sino de un añadido de la primera comunidad, que convirtió las parábolas en alegorías para poder utilizarla como instrumento moralizante. En la explicación que el evangelio da de esta parábola, se ve con toda claridad la diferencia entre parábola y alegoría. Podemos apreciar cómo se desvía el acento desde la necesidad de convivir con el diferente a la insistencia en que los malos serán quemados, con la intención de que el miedo a ser chamuscados nos haga mejores

Si a través de veinte siglos, la Iglesia hubiera hecho caso de esta parábola, ¡cuántos atropellos se hubieran evitado! Tanto en la doctrina como en moral, se ha perseguido al que discrepaba de la oficialidad, solo por el afán de conservar la pureza legal, que tanto preocupa a los dirigentes. Se ha excomulgado, se ha desterrado, se ha quemado en la hoguera a miles de cristianos que eran bellísimas personas, aunque no coincidieran en todo con los cánones oficiales. Es patético, que a algunos de los que han sido sacrificados sin piedad, después se les haya declarado santos.

Aún tenemos pendiente un cambio en nuestra actitud ante el diferente. Hemos sido educados en el exclusivismo. Se nos ha enseñado a despreciar al diferente. Jesús sabía muy bien lo que decía a un pueblo judío que se creía elegido y superior a todos los demás. A pesar de la claridad del mensaje, muy pronto olvidaron los cristianos las enseñanzas de Jesús y reprodujeron el exclusivismo judío. Una sola frase resume esta actitud totalmente antievangélica: “fuera de la Iglesia no hay salvación”. Esta máxima (mínima) ha sido defendida todavía, por el último Catecismo de la Iglesia Católica.

Meditación

Por mucho que nos empeñemos en impedirlo,

la cizaña y el trigo van a seguir creciendo juntos.

Si descubres los fallos en los que tropiezas cada día,

Estarás en condiciones de aceptar a los demás con los suyos.

El objetivo del cristiano no es alcanzar la perfección,

sino aceptar al otro a pesar de sus fallos.