Urteko 27. igandea – 27 Tiempo ordinario – A, José A. Pagola

Urteko 27. igandea – 27 Tiempo ordinario – A, José A. Pagola

A (Mateo 21,33-43)

Evangelio del 08 / Oct / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

KRISI ERLIJIOSOA – CRISIS RELIGIOSA

Jainkoak bere herri aukeratuarekin bizi izan duen historia adierazi nahi digu Jesusek «Mahasti-langileen» parabola honetan, ezaugarri alegoriko batzuez baliatuz. Historia tristea da. Jainkoak, hasieratik, maitasun osoaz zaindu zuen bere herri hori. Bere «mahasti kutuna» zuen. Herri eredugarri bihurtu nahi izan zuen, zuzentasunaren eta leialtasunaren eredu. «Argi handi» izango zen herri guztientzat.

Alabaina, herri horrek uko egin die eta hil egin ditu, bata bestearen ondoren, Jainkoak, bizitza zuzenago bateko fruituak jasotzeko asmoz, bidaltzen dizkion profetak. Azkenik, maitasun-keinu sinestezineko batean, bere Seme propioa bidali dio Jainkoak. Baina herri horretako agintariek garbitu egin dute Seme hori ere. Zer egin lezake Jainkoak, bere itxaropen guztiak hain itsu eta temati huts bihurtu dizkion herri horrekin?

Kontakizuna adi-adi entzuten ari den agintari erlijiosoek berez erantzun diote parabolaren hitz beretan: mahasti-jabeak ezin egin du beste ezer, mahasti-langile haiek hil, eta mahastia beste langile batzuei eman baizik. Espero ez duten konklusio hau atera du Jesusek berehala: «Horregatik diotsuet nik: Jainkoaren erreinua zuei kendu, eta uzta ekarraraziko dion beste herri bati emango zaio».

Komentariogileek eta predikariek sarritan interpretatu izan dute parabola hau, Kristau Eliza «Israel berritzat» emanez; hain zuzen, hirurogeita hamargarren urtean Jerusalem suntsitua izan zelarik, judu-herria munduan barna barreiatu zelako.

Alabaina, gutaz ere mintzo da parabola. Testua, jator irakurtzen  badugu, galdera larrik ari zaigu botatzen: Gure garai honetan ekoizten ari al gara Jainkoak bere herriagandik espero dituen «fruituak»?: zuzentasuna baztertuentzat, solidaritatea, gupida sufritzen ari denarentzat, barkazioa…

Jainkoak ez du zertan bedeinkatu kristautasun agor bat, espero dituen fruituak ematen ez dizkion bat. Jainkoak ez du zertan bat egin gure eskastasunarekin, gure inkoherentziekin, desbideratzeekin, leialtasun-faltarekin. Haren itxaropenari erantzuten ez badiogu, bere salbamen-egitasmoarentzat bide berriak urratzen jarraituko Jainkoak, zuzentasun-fruituak emango dituen beste jende batekin.

«Krisialdi erlijiosoaz» mintzo gara gu, «deskristautzeaz», «jarduera erlijiosoa uzteaz»… Ez ote da gertatzen Jainkoa beste bide bat prestatzen ari dela, Jainkoaren erreinuaren egitasmoari leialagoa izango den beste Eliza bat sortuko duena? Ez ote da beharrekoa krisialdiko hau, hain boteretsua ez den baina ebanjelikoagoa izango den beste Eliza bat sortzeko, hain ugaria ez baina mundua gizakoiago bihurtzeari emanagoa izango den beste Eliza bat sortzeko? Ez ote dira etorriko Jainkoari leialago izango diren beste belaunaldi berri batzuk?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

27 Tiempo ordinario – A (Mateo 21,33-43)

Evangelio del 08 / Oct / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

CRISIS RELIGIOSA

La parábola de los «viñadores homicidas» es un relato en el que Jesús va descubriendo con acentos alegóricos la historia de Dios con su pueblo elegido. Es una historia triste. Dios lo había cuidado desde el comienzo con todo su cariño. Era su «viña preferida». Esperaba hacer de ellos un pueblo ejemplar por su justicia y su fidelidad. Sería una «gran luz» para todos los pueblos.

Sin embargo, aquel pueblo fue rechazando y matando uno tras otro a los profetas que Dios les iba enviando para recoger los frutos de una vida más justa. Por último, en un gesto increíble de amor, les envió a su propio Hijo. Pero los dirigentes de aquel pueblo terminaron con él. ¿Qué puede hacer Dios con un pueblo que defrauda de manera tan ciega y obstinada sus expectativas?

Los dirigentes religiosos que están escuchando atentamente el relato responden espontáneamente en los mismos términos de la parábola: el señor de la viña no puede hacer otra cosa que dar muerte a aquellos labradores y poner su viña en manos de otros. Jesús saca rápidamente una conclusión que no esperan: «Por eso yo os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le entregará a un pueblo que produzca frutos».

Comentaristas y predicadores han interpretado con frecuencia la parábola de Jesús como la reafirmación de la Iglesia cristiana como el «nuevo Israel» después del pueblo judío, que, con la destrucción de Jerusalén el año 70, se ha dispersado por todo el mundo.

Sin embargo, la parábola está hablando también de nosotros. Una lectura honesta del texto nos obliga a hacernos graves preguntas: ¿estamos produciendo en nuestros tiempos «los frutos» que Dios espera de su pueblo: justicia para los excluidos, solidaridad, compasión hacia los que sufren, perdón…?

Dios no tiene por qué bendecir un cristianismo estéril del que no recibe los frutos que espera. No tiene por qué identificarse con nuestra mediocridad, nuestras incoherencias, desviaciones y poca fidelidad. Si no respondemos a sus expectativas, Dios seguirá abriendo caminos nuevos a su proyecto de salvación con otras gentes que produzcan frutos de justicia.

Nosotros hablamos de «crisis religiosa», «descristianización», «abandono de la práctica religiosa»… ¿No estará Dios preparando el camino que haga posible el nacimiento de una Iglesia menos poderosa, pero más evangélica; menos numerosa, pero más entregada a hacer un mundo más humano? ¿No vendrán nuevas generaciones más fieles a Dios que nosotros?

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 8 de octubre de 2017, Domingo 27º ordinario, Koinonía

Is 5,1-7: La viña del Señor es la casa de Israel
Salmo 79:
La viña del Señor es la casa de Israel
Flp 4,6-9:
El Dios de la paz estará con ustedes
Mt 21,33-43:
Arrendará la viña a otros

Mateo 21,33-43

Arrendará la viña a otros labradores

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.» Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS EVANGÉLICOS:

Algunos seguimos aferrados a un «servicio de la palabra» más apto para generaciones pasadas que para la sociedad actual. Pretendemos hacer oír una «palabra» alejada de la realidad que vivimos, expresada en un lenguaje teórico, con poco sabor de la vida y la problemática de la gente… La inculturación sigue siendo una «materia pendiente» para demasiados predicadores cristianos. Nos preguntamos cómo lograr que nuestro «servicio de la palabra» se inspire y se haga carne en compromisos concretos por la Vida, la Justicia y la Solidaridad concretas, tal como se viven en el día a día…

Miremos a los profetas, que pueden orientarnos en este sentido. Ellos siempre mantuvieron una actitud crítica frente a las instancias de poder y, simultáneamente, vivían en medio del pueblo. Isaías, por ejemplo, no duda en utilizar una vieja canción romántica, sobre una viña, para comunicar con eficacia su mensaje. No teme que lo tilden de coplero de amoríos, o que la gente piense que sus recursos didácticos no están a la altura requerida. Para Isaías lo importante era hacer captar al decadente reino de Judá los peligros evidentes de una política interna ejercida mediante el autoritarismo, la represión y el inmediatismo. Y la maestría de su «servicio de la palabra», comprometido y vital, accesible y a la vez profundo, quedó reflejado en la «Canción de la viña» que hoy escuchamos como primera lectura.

Ocurre otro tanto con la predicación de Jesús, como podemos ver en el evangelio de hoy. Jesús se vale del mismo tema de la viña para expresar su mensaje.

Muchos grupos fanáticos consideraban que la salvación de Israel era la única meta de la historia. Jesús cuestionó duramente esta manera de pensar, por superficial y excluyente. Por eso, muchos líderes sectarios, tanto de derecha como de izquierda, consideraron que Jesús era una amenaza.

Para Jesús el Reino de Dios estaba abierto a todos los seres humanos «de buena voluntad», o sea, todas las personas que tengan como valor primero de su vida el Amor y la Justicia. Porque, como dice esa maravillosa canción litúrgica (el salmo 71), el Reino es «Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gracia, Amor». Por eso es por lo que no eran importantes para Jesús las diferencias raciales, de género o de cualquier otro tipo: todas las personas «de buena voluntad», todas las que estén dispuestas a vivir la solidaridad fraterna, están invitadas. Y Jesús no sólo propuso esto como un ideal, sino que lo realizó con su práctica.

Esta manera de actuar y de pensar le acarreó agudos y profundos conflictos con los grupos religiosos y políticos de la época, incluso con sus propios discípulos. Para los hombres ortodoxos, esta apertura del Reino de Dios a los extranjeros, enfermos y pecadoras era absolutamente impensable. Más aún, ellos consideraban que fuera de Israel y de su particular religión no había salvación para nadie. Se consideraban «propietarios» del Reino de Dios.

Jesús los desafía abiertamente, y por medio de esa comparación con la viña, les muestra que la ortodoxia recalcitrante no conduce a la salvación. El profeta de Galilea se burla de las pretensiones privatizadoras de los ortodoxos, y les muestra que Dios entrega el Reino a aquellas comunidades que viven el amor y la justicia. El Reino no es propiedad privada de nadie ni de ningún grupo en particular. Nadie lo tiene asegurado a título de una raza o religión concreta.

Toda la vida y ministerio de Jesús es compromiso con la vida. Sus acciones y palabras convocan a todos a compartir su vida en la nueva realidad humana y mundana que la construcción del Reino va provocando: sus obras poderosas, su acogida hacia los excluidos, el anuncio de la utopía de Dios que abre nuevos horizontes de esperanza en el corazón de los pobres. Éstos y otros signos son manifestaciones de la voluntad del Padre que envía a Jesús para que los hijos e hijas «tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10) y que, por ello, invita a celebrar el retorno del hijo «que estaba muerto y ha vuelto a la vida» (cf. Lc 15,32).

Las denuncias de Jesús, por otra parte, nos indican que el mensajero del Dios de la Vida no puede permitir que el ser humano esté permanentemente torturado por experiencias de muerte. Queremos que nuestra vida y nuestro ministerio sean una confesión y un testimonio de nuestra fe en el Dios «que ama la vida» (Sab 11,26). Como seguidores de Jesús sabemos que esta vida se manifiesta y goza en plenitud cuando se pone totalmente al servicio del Reino (cf Mt 10,39).

Jesús, el Hijo del hombre, está dispuesto a dar su vida en rescate por todos (cf Mt 20,28). Nadie le quitó la vida; él la entregó libremente. De él hemos aprendido que ser buen pastor es desvivirse por el rebaño, dar la vida por los hermanos (cf Jn 10,11). En este momento debemos sumarnos a tantos cristianos y cristianas que en los últimos años han optado por servir a la vida, aun a riesgo de perder o complicar la suya propia. Al hacerlo, prolongamos la mejor tradición cristiana, confiados en la intercesión de nuestros hermanos y hermanas mártires.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 99 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «La viña del Señor». El audio, el guión y su comentario bíblico-teológico pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/article/99-la-vina-del-senor/

 

 

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Diario de Noticias

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