Ayer presenté una reflexión bastante prolija sobre desencanto e iglesia neocons. Con razón me han dicho que era demasiada materia para un post. Por eso la re-sumo, para ofrecerla de un modo más conciso, por si alguien sigue interesado en el tema (como el barquero admirado de la imagen, ahora a solas ante la gran luna).
La era de los desencantos
1. Desencanto político: los cambios políticos de los últimos años, que tanto prometían, parecen habernos dejado casi donde estábamos; las utopías (neoliberales y marxistas) han perdido incidencia. Por eso nos cuesta creer en la política. Parece que la sociedad de estabiliza en una especie de dominio de los poderes fácticos (dinero, ansia de dominio, grupos partidistas) sin que haya un deseo eficaz de transformación social en profundidad, al servicio del hombre.
2. Desencanto religioso: las esperanzas de transformación religiosa y eclesial ligadas al Vaticano II parece que no se han cumplido. Mucha gente ha dejado y sigue dejando la religión, o por lo menos la iglesia organizada, por simple cansancio o desinterés. La religión aparece sin fuerza (no hay profetas verdaderos); en otros casos aparece ligada al sistema como institución que quiere defender sin más sus propios privilegios; en otros casos se la mira como un “jardín mágico” donde quedan pequeños restos de humanidad que ya ha sido superada por los cambios de los tiempos. Hay una “reserva religiosa” muerta y sin sentido en medio de un mundo sin religión.