Correa se empeña en desacreditar a lí­deres indí­genas.

Manuel Castro
Encargado de relaciones internacionales de la Ecuarunari (Ecuador)
Entrevista de Ileana Almeida para HOY – 30/01/2011
 
 

Hace poco, el presidente Correa fue entrevistado por Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, quien, entre otros temas, le inquirió por la situación de conflicto dada entre el Gobierno y los indígenas. Manuel Castro, dirigente de Relaciones Internacionales de la Ecuarunari, comenta las respuestas presidenciales.


Ramonet manifestó que en Europa había preocupación por el distanciamiento del Régimen con la Conaie y Pachakutik. El presidente contestó que había que diferenciar entre cierta dirigencia indígena y el movimiento indígena.

 

Según nuestra práctica comunitaria, los dirigentes son elegidos de acuerdo a un sistema de elección propio. Como primer paso se realizan asambleas en las comunidades de base, en donde se recogen los distintos criterios que suscitan los candidatos; luego, estos son analizados, en una serie de asambleas sucesivas, por las comunidades de más alto nivel; finalmente, se examinan en una asamblea ampliada que por consenso elige a los dirigentes. No es lógico separar la dirigencia del movimiento, puesto que es el movimiento el que genera a sus dirigentes y líderes.

 

El presidente Correa afirmó que cuenta con el respaldo del movimiento indígena y puso como evidencia el resultado de las elecciones presidenciales de 2009 en la provincia de Imbabura, donde consiguió respaldo mayoritario. Él atribuye este triunfo al movimiento indígena.

 

Movimiento indígena y población indígena no es lo mismo. Si bien la población indígena en Imbabura es alta, no es la única. El movimiento indígena es autónomo y abarca a una gran parte de las poblaciones de todas las nacionalidades del país; se propone reivindicar los derechos de los pueblos originarios y plantea diseñar políticas públicas alternativas frente al sistema consumista que degrada y está agotando a la naturaleza. Por estas razones rescatamos de nuestros abuelos el concepto de Buen Vivir (Sumak Kawsay).

 

El mandatario afirmó que cierta dirigencia ha perdido la brújula. ¿Usted cree que es así?

 

Claro que no. Lo que ocurre es que el presidente Correa se empeña en desacreditar a los líderes indígenas, sin darse cuenta que la posición ético-política de los indígenas le daría a su Gobierno un verdadero sentido de cambio. El Gobierno actual persigue a los dirigentes indígenas y criminaliza su lucha. Sin embargo, no estamos separando ni excluyéndonos del Estado; queremos la inclusión en el Estado plurinacional, con nuestros propios derechos históricos y políticos.

 

El presidente también sostuvo que Europa tiene que desmitificar al movimiento indígena; que hay buenos indígenas, pero que también los hay corruptos.

 

No creo que en Europa se haya mitificado al movimiento indígena. Allá contamos con aliados solidarios, eso sí. También nos apoyan los defensores de los derechos humanos, los ecologistas, políticos de izquierda, académicos y científicos que buscan el equilibrio social y económico en todo el mundo.

 

Al referirse a la posición de la Conaie en defensa de su derecho a dirigir la educación bilingüe, el presidente expresó que la organización indígena persigue intereses corporativistas y reivindicó como un logro político de su Gobierno el que ahora la Dineib dependa del Ministerio de Educación.

 

La Conaie no tiene intereses corporativistas porque no es una empresa. Es una instancia donde se expresa la representación política de los pueblos y nacionalidades indígenas del país. Sobre la educación bilingüe, debo decir que los indígenas tenemos el derecho a dirigir nuestra propia educación, que queremos que se base en los modos de producir y reproducir los recursos naturales, de gobiernos comunitarios, de ejercer ciertas formas de poder comunitario, de enseñar nuestras lenguas ancestrales. ¿Acaso desde el Ministerio de Educación se pueden entender a cabalidad prácticas sociales y culturales como la minga, Maki Kunakuy, Ranti-Ranti? ¿El Ministerio está capacitado para traducir en una política plausible nuestros elementos culturales más profundos? Los indígenas, desde luego, no rechazamos de plano la cultura occidental, muchos de sus rasgos ya forman parte de nuestra cultura. Queremos y debemos tener políticas propias para la educación bilingüe, para la medicina ancestral, para la administración de justicia propia, para el cuidado del ambiente. Son derechos de los pueblos indígenas, aceptados por el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), por la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas del Mundo y por la Constitución ecuatoriana vigente. Sería interesante saber qué entiende el presidente Correa por Estado plurinacional y el Sumak Kawsay.

 

El mandatario considera que la Conaie y Pachakutik mantienen posiciones destructivas, que dicen no al petróleo, no a la minería, no al monocultivo. Y pregunta, ¿de dónde se va a obtener el dinero que se requiere para ejecutar tantas obras de beneficio social que son necesarias?

 

El Ecuador es un país territorialmente pequeño, y la extracción petrolera y minera dirigida antes que nada a lograr beneficios económicos inmediatos produce graves daños no solo a las regiones pobladas por indígenas, sino a una apreciable parte de las tierras cultivables y de las reservas ecológicas. ¿No nos estamos olvidando de lo que hizo la Texaco en nuestra Amazonía? Además, no estamos de acuerdo con el monocultivo porque esta práctica acarrea daños graves a la agricultura, como se ha comprobado en muchos países. De nuestras comunidades indígenas y campesinas salen los productos que alimentan a todos los ecuatorianos; por lo tanto, es nuestro deber cuidar y proteger la tierra. Debemos dejar en herencia a las presentes y futuras generaciones una naturaleza sana que garantice su Sumak Kawsay. Es sabido que la actividad económica mal manejada degrada y destruye a la naturaleza, contamina el agua, la tierra, el aire. Los indígenas, dirigentes o no, desde el seno de las organizaciones y desde el pensamiento de nuestra gente, tenemos alternativas válidas para oponernos a las políticas extractivas que significan "pan para hoy y hambre para mañana". En muchas ocasiones, hemos presentado propuestas al Gobierno y este ni siquiera ha aceptado el diálogo. Todos los ecuatorianos debemos pensar en el bien común. Se pueden mejorar las condiciones de la producción agrícola; se pueden establecer pequeñas empresas comunitarias de generación de ingresos y de exportación; se puede optar por un turismo sano y armónico con la naturaleza.