¿Dejas que tu dinero financie armas y contaminación?

Entrevista a Joan Antoni Melé, banquero ético (Triodos Bank)

Víctor – M. Amela, La vanguardia.

 

Al filo de la edad de jubilación, dejó su trabajo. Su conciencia no le dejó seguir ni un día más para cobrarla: se despidió del banco en que trabajaba y se fue a casa. Su esposa le respaldó, pese a la renuncia económica. Pero ganó paz interior. Decidió que sería banquero sin traicionar sus principios, y se implicó en la llamada banca ética: hoy es alto cargo de Triodos Bank (www.triodos.es), que sólo invierte en empresas que ayuden a mejorar la vida de las personas. Renuncia al beneficio rampante, evita los riesgos de la especulación y se va a la cama sabiendo que su dinero es útil a la sociedad. Lo explica en el libro Dinero y conciencia (Plataforma), subtitulado ¿A quién sirve mi dinero?

– Qué hace mi banco con mi dinero?

– Invierte en industria armamentística. Es una industria muy española, por otra parte.

 

– Tenemos fábricas, ¿no?

– De minas antipersona, luego de bombas de racimo… Pregunté a un banquero por qué invertíamos en armas, y me dijo: «Es que si no lo hacemos nosotros, lo harán otros». ¿Qué argumento es ese?

 

– Califíquelo.

– Supone anteponer la codicia a cualquier otro principio. Contraviene mi conciencia: por eso dimití del banco en el que trabajaba.

 

– ¿Qué banco era?

– Da igual, he sido bancario durante 30 años, y todos hacen lo mismo: compiten por maximizar sus beneficios y hacen barbaridades.

 

– ¿Qué barbaridades?

– Ingeniería financiera, especulación, economía de casino, fondos estructurados en los que ya no sabe en qué se invierte el dinero.

 

– Todo legal, sin embargo.

– Sí, y eres corresponsable si sólo buscas que tu banco te ofrezca unos euros más de rentabilidad… sin preguntarte cómo lo consigue.

 

– Explíquemelo usted.

– Acabas financiando explotación infantil, industrias contaminantes… Un amigo ecologista se manifestaba contra una industria contaminante. «¡Si estás financiándola con tu dinero, tu banco invierte ahí!», le dije.

 

– ¿Mi banco también?

– Eso le dije a los del 15-M: «Cuando parecíamos prósperos, ¿dónde estabais? ¿Por qué no ocupabais las plazas por los pobres del mundo?». Nos quejamos sólo cuando nos toca a nosotros. ¡Lo primero es cambiar uno!

 

– ¿Algún otro ejemplo?

– Si vas a una manifestación por la paz, ¿por qué dejas tu dinero en una caja o banco que acaba financiando armas o contaminación?

 

– ¿Me guardo el dinero en un calcetín?

– No, porque el dinero es la sangre del organismo social: muévelo para que alimente proyectos útiles a la sociedad.

 

– ¿Usted lo hace?

– Ahora trabajo en un banco que mete su dinero en escuelas e instituciones culturales, en empresas de energías renovables, en agricultura biodinámica, bioconstrucción, en proyectos de interés social. Ya no me traiciono.

 

– ¿Banca ética?

– Banca con principios. Los directivos cobramos un sueldo y punto. Los beneficios son para invertirlos, no para repartírnoslos nosotros. Nada de incentivos por resultados.

 

– Pero los incentivos estimulan, ¡no?

– Acaban estimulando a esos directivos a inventarse trucos para conseguir beneficios a toda costa, ¡y de ahí las barbaridades!

 

– Algunos banqueros han arruinado a sus bancos y se han retirado forrados.

– Acabemos ya con esa impunidad y exijámosles responsabilidades.

 

– ¿Damos dinero público a los bancos?

– Sólo si el Estado fiscaliza la gestión de ese dinero. O todo seguirá igual: ¡los bancos han seguido especulando con ese dinero de todos! Opino que dejar caer algún banco hubiese servido de escarmiento al resto.

 

– ¿Cuántos clientes tiene su banco?

– Ahora unos 60.000: se han duplicado en un año y se duplicarán el año que viene.

 

– ¿Cómo sé que su banco no especula?

– Cada céntimo se audita, cada inversión se pública en la web, nos obligamos a una transparencia radical. Analizamos al dedillo cada inversión, y las condicionamos.

 

– ¿A qué condiciones se refiere?

– Prestamos dinero a unas escuelas, pero exigimos que los menús del comedor de los niños fueran de alimentos ecológicos.

 

– Pero ustedes quieren ganar dinero.

– Hemos rechazado depósitos importantes porque dudábamos de su procedencia. Queremos tener la conciencia tranquila, beneficiar a la sociedad, y no ganar por ganar.

 

– ¿Es su banco tan solvente como otro?

– Nuestro «rating de solvencia» es de 14, superior al de los bancos grandes, que es de 8.

 

– ¿Y cómo lo consiguen?

– Es que no apostamos, no jugamos a la ruleta rusa: sólo invertimos en economía real y nada en economía especulativa. Eso hace mucho más segura cada inversión, y además las seguimos muy de cerca. Por todo esto nuestro índice de morosidad es muy bajo.

 

– ¿Qué pasaría si su banco fuera grande?

– Que nuestra sociedad cambiaría.

 

– ¿A partir de qué tamaño sucedería?

– Con dos millones de impositores, la sociedad sería otra: las personas estarían por delante de los números. La especulación es el cáncer de nuestro tiempo.

 

– ¿Cómo extirparlo?

– Crecer por crecer es destructivo. Es hora de cambiar la globalización de la economía por la globalización de la conciencia.

 

– ¿Y cómo se hace eso?

– Enseña a tus hijos que no se trata de ganar dinero, sino de ganar la vida. Sustituyamos consumo material por consumo espiritual.

 

– ¿Espiritual?

– Sí, llenemos la vida de amigos, conversaciones, libros… Prioricemos la cultura, el respeto al medio ambiente. ¡Demos sentido a todo lo que hagamos! Admiremos a los buenos por encima de los listos.

 

– No es fácil.

– Ya, pero que no nos pase que por pensar que podemos hacer poco, acabemos por no hacer nada.

 

– ¿Su prédica hará cambiar de prácticas a los demás bancos?

– No lo creo: que hagan lo que quieran, ¡pero será sin mi dinero!