¿Vida eterna?

Gonzalo Haya

ATRIO

He recibido de un amigo este correo en el que expone con toda sinceridad la confusión intelectual sobre la vida eterna y al mismo tiempo la esperanza que mantiene. Transcribo aquí sus palabras y añado el comentario que me han suscitado, porque creo que muchos de nosotros nos hemos planteado semejantes preguntas.

“Después de los cambios que hemos ido recorriendo en la concepción de nuestra fe y sobre todo en lo que pueda ser una nueva concepción de la vida eterna nos encontramos la mayoría de nosotros sin saber lo que podrá ser lo que llamamos cielo o vida eterna. En Spong he encontrado una posible aproximación que por lo menos a mí me sirve de referencia y os la quiero comunicar a vosotros por si también os puede ayudar a recomprender dicha realidad.

El ser de Jesús tocaba, abría y revelaba la Base del Ser. Cuando mi ser está exaltado por el amor, llamado a otra nueva realidad del amor, cuando se introduce a través del amor a una libertad ilimitada, entonces creo que he tocado lo que es atemporal, eterno, verdadero. Mi confianza en la vida eterna, la vida más allá de los límites de la finitud y de la muerte, se encuentra en esa experiencia, y la puerta a esa experiencia todavía es aquel que, para mí, lo ha encarnado, Jesús, al que llamo Cristo. En la comunidad de personas que se constituyen como discípulos de ese Jesús, todavía experimento, más que en cualquier otro lado, el llamado de este Cristo a vivir, a amar y a ser. Para mí eso es lo que quiere decir vivir “en Cristo”, una frase que Pablo usaba constantemente. Así que mi esperanza y mi puerta hacia la vida que es trascendente y eterna está localizada en este punto. Me mantengo aquí, convencido de que hay algo real más allá de mi último límite. Así que acojo esta visión y vivo con esta esperanza”.

Ésta es mi respuesta.

Estimado amigo, en la práctica he llegado a la misma conclusión que presentas. La vivencia del amor es nuestro punto de contacto con la Realidad, con Dios, con la Vida definitiva. Contacto profundo o superficial según la calidad de ese amor. Explicar en qué consiste ese contacto rebasa nuestra posibilidades. Estamos del lado de lo limitado -de lo contingente- y no tenemos categorías para comprender lo absoluto e ilimitado. Cualquier lenguaje que usemos para hablar de la eternidad -del después de la muerte- es erróneo si lo miramos desde el lado de lo eterno, pero necesario y el menos engañoso desde nuestro lenguaje humano. Lo que importa es intensificar la vivencia de ese amor en nuestra vida diaria.

El problema está en la explicación teórica. La gran esperanza cristiana puede expresarse en aquello del salmo “no permitirás que el justo vea la corrupción”. Si creemos en Dios –algo muy razonable, aunque no demostrable- no sería justo que la vida de Jesús o la de Gandhi acabaran en su asesinato; menos aún que la vida de las niñas esclavas sexuales o de millones de indigentes y enfermos acaben con su muerte. Jesús y Gandhi pudieron experimentar en sus vidas la plenitud del amor, pera esas niñas y esos indigentes no fueron educados de modo que pudieran experimentar esa plenitud.

Respecto a la vida definitiva –o eterna- tenemos una certeza en contradicción con un lenguaje erróneo. Quizás la solución sea declararse agnósticos. Un amigo me dijo que él se declara agnóstico cristiano; Díez Alegría dijo una vez que se consideraba un agnóstico positivo porque creía en la esperanza; Rahner dijo que se consideraba cristiano “pero no a tiempo completo”. Estas paradojas, expresadas por cristianos muy comprometidos, nos indican que nuestra inteligencia espiritual percibe algo que racionalmente parece contradictorio.

La reflexión sobre la realidad última se topa necesariamente con el Misterio. Algunos han tachado toda reflexión como consecuencia del dualismo de nuestra mente, y proponen una realidad no dualista; sin embargo creo que no logran superar un dualismo, al menos entre la apariencia que vivimos y la realidad que somos. El problema de lo uno y lo múltiple es muy antiguo en la filosofía occidental. Platón empleó un lenguaje simbólico –no argumentos racionales- en el mito de la caverna.

Con la inteligencia racional llegamos al agnosticismo, pero con la inteligencia espiritual –inteligencia emocional, valorativa, la razón sensible- percibimos valores como justicia, gratuidad, amor, compasión, entrega, esperanza, que contradicen nuestro egoísmo instintivo. Sin esos valores caeríamos en la ley del más fuerte, la ley de la selva. Como Díez Alegría y como tú “creo en la esperanza”, aunque no tengo un lenguaje apropiado para expresarlo.

 

 

One thought on “¿Vida eterna?

  1. creo que el mundo no solo ha perdido la esperanza, sino también la propia definición de esperanza. cuando nos confrontamos con la palabra esperanza, tiene varias significaciones. Por una parte estaría la esperanza humana y por otra la esperanza cristiana. la esperanza humana necesita una referencia situada en su propia mente, en aquello que conoce y sin embargo la esperanza cristiana es la confianza en algo que la mente no puede conocer. Lo que Cristo revela es un nuevo mundo donde reina el amor y no el pecado. En este mundo si miramos la historia de la humanidad de manera colectiva, como si fuera la vida de una persona vemos que aunque haya amor, el amor no reina, hay guerras y seguirá habiendo guerras, hay desigualdad y seguirá habiendo desigualdad, hay egoísmo y seguirá habiendo egoísmo. A nivel personal uno puede liberarse del egoísmo, pero a nivel colectivo parece ser que no. Y aunque esa persona se liberé, las consecuencias del los pecados cometidos, la huellas parecen perduran. Asi que podemos decir que la esperanza cristiana tiene dos puertas que el ser humano desconoce. por una parte la puerta de la salvación estaba cerrada y no podemos ver que estaba cerrada. Por otra Cristo la abrió y tampoco podemos ver que esta abierta.
    Conclusión, si el ser humano que comete errores y pecados tiene la posibilidad de amar y de conocer el amor, entonces este mundo puede haber sido creado por un Dios de amor. Porque cuando vivo el amor aunque sea brevemente, abro la puerta de la fé. Si la criatura puede amar, que es la posibilidad mas alta de la vida consciente, entonces puede existir la posibilidad de un creador que su principio sea el amor.
    Cristo lo dijo mucho mejor. «si vosotros que sois malos sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuanto mas vuestro padre que esta en los cielos».

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