Atrio
Publicamos el sábado pasado el texto completo de la Relatio que servirá de base para discusión sinodal que tendrá lugar el otoño de 2015. Y el domingo Gonzalo Haya invitaba a los atrieros a comentarla e incluso a redactar un documento alternativo. Hoy Honorio, tras leer el documento hace su aportación. Que otros sigan comentando número a número o en conjunto.
1. Estamos ante un Sínodo en el que tienen voz y voto exclusivamente jerarcas de Obispos para arriba.
Solo unos pocos laicos tienen quizá voz, pero no voto. ¿Qué valoración hace este Sínodo del tan cacareado “Sensus fidelium”? Mi respuesta es: cero.
Habida cuenta de que el tema es la familia, ¿qué rol juegan en el Sínodo los cristianos que viven en matrimonio? Mi respuesta es: puede que haya habido un diálogo previo entre los obispos y sus fieles, pero desde el punto de vista de participación en los debates o votación de los textos del Sínodo, la participación es cero.
Solo cuenta la visión del patrimonio religioso y del evangelio que tienen unos centenares de jerarcas profesionales de la religión, célibes, hombres exclusivamente, cuya experiencia de la vida familiar es también igual a cero.
Con la excepción de algunos Obispos de rito oriental, quizá casados…que podrían aportar algo de su experiencia matrimonial. (Mirar número 54 del texto). Tal vez habría sido interesante dialogar con los obispos de la Iglesia ortodoxa que no está en comunión con Roma, pero no creo que se haya llegado a ese diálogo.
El texto elaborado por el sínodo valora en un lugar la aportación que podrían hacer los matrimonios cristianos a la pastoral familiar. Pero solo los considera como simples correas de transmisión, no como elaboradores de pensamiento, de doctrina, y de propuestas pastorales. Lo cual entraña una evidente contradicción e instrumentalización. Como aquel pintor que decía: “Tú sostenme el cuadro, que yo daré las pinceladas”.
Pero si se trata de las mujeres, las “reinas” del hogar, la ausencia y el silencio clama al cielo. Evidentemente, todos estos elementos recortan y reducen al mínimo la posible riqueza del mensaje de este Sínodo… No solo la riqueza, también estas ausencias aumentan el riesgo de error y desviación del mensaje del evangelio relativo a la familia y de la pastoral que ha de transmitir ese mensaje.
2. El mensaje del Sínodo emplea un doble lenguaje un tanto contradictorio.
Porque mientras intenta dirigirse a todo el género humano en un afán de diálogo y apertura, hay momentos en que se cierra en un mensaje “hacia dentro” de la iglesia católica. Momentos, muy numerosos, en que destaca que la Iglesia católica es la única depositaria de toda la verdad, y se siente superior a todas las otras confesiones religiosas cristianas y religiones. Momentos en que proclama que solo a través de la fe católica y el matrimonio católico se puede alcanzar una familia perfecta. Momentos en los que asegura que la gracia de Dios solo desciende sobre las familias que han sido bendecidas en el sacramento del matrimonio. Con unas distinciones entre matrimonios “ad experimentum”, a tiempo definido, sin papeles o con papeles, y otras mil fórmulas en uso, que yo creo que no vale la pena subrayar…Y que son producto de situaciones culturales y económicas más o menos lógicas y previsibles.
El caso es que la salvación que nos ha llegado por medio de Cristo es universal, por aquello de que “Dios quiere que todos los seres humanos se salven”, y se manifiesta de formas a veces difíciles de entender a todo ser humano, de acuerdo con el mensaje de la Epifanía.
Es decir, que cabría admitir que por el hecho de “confesar” la fe católica y contraer matrimonio a través del sacramento bendecido por un sacerdote católico, los casados y su familia comparten el gozo de una profesión EXPLICITA de la fe y una adhesión EXPLICITA a la persona de Jesús. Y lo de que reciban por ello más gracia y ayuda de Dios que los demás, como mínimo habría que matizarlo. Pero creo que en el documento no se matiza en absoluto..
El recorrido histórico en el que se explica la evolución del matrimonio antes y después de Moisés, hasta la llegada de Cristo, con el toque clásico del “pecado original” se antoja quizá un tanto “desfasado” Se me ocurre que sería más correcto, a partir de la “voluntad salvífica universal de Dios y de la salvación de Jesús a todos los seres humanos” afirmar que la salvación de Jesús alcanzó a toda la humanidad de antes y después de la era cristiana, tanto a los creyentes como a los no creyentes. ¡Y punto!
3. El ejército de laicos que trabajan en la pastoral de la familia se encuadra en una estructura jerárquica de la iglesia cuyas dotes pedagógicas quizá dejan mucho que desear.
El documento sinodal pasa por alto todas aquellas conductas de los pastores y educadores en la pastoral de la familia que deben considerarse quizá como una rémora y una contraeducación en la familia.
Por ejemplo, la pederastia bastante extendida entre los sacerdotes comprometidos con el celibato. Por ejemplo, las infidelidades de los pastores que han prometido el celibato de por vida y viven en concubinato con esta o aquella mujer, con este o aquel hombre.
Problemas que podrían tener un origen hasta sistémico, dado que la iglesia se ha dotado a sí misma de una estructura en la que el poder y la enseñanza quedan reservadas a los que se comprometen con el celibato de por vida. Dado que en la estructura de la iglesia la mujer no tiene ningún acceso a puestos de poder.
En esta estructura de desequilibrios, ¿no debería la Iglesia católica confesar sus errores y limitaciones, y comprometerse a corregirlos? ¿No debería intentar arrojar por la borda tanto lastre y peso muerto que le impide evangelizar y le resta credibilidad? Lo cual la capacitaría para ser verdaderamente madre y maestra de la humanidad en un clima de respeto y diálogo y servicio con relación a todos los seres humanos, a todas las religiones, a todos los pueblos del mundo.
4. El texto elaborado por el Sínodo hace alusiones escasas a las fórmulas familiares de otras civilizaciones ajenas a la cultura occidental.
Además tiene establecidas fórmulas jurídicas para definir la estructura de la familia, en las que saltando por encima de la opinión o deseos del sujeto afectado le impide el acceso a la formación de una familia y al disfrute de la sexualidad y de la vida en pareja. ¿Acaso puede coexistir un clima de leyes e imposiciones con el espíritu del evangelio basado en la libertad y la conciencia del individuo, en la vocación de felicidad y disfrute de los placeres del sexo, del amor y de la fecundidad que nos ha sido concedida por el mismo Dios?
Quizá me equivoco, pero creo que habría que suprimir o redefinir los tribunales de índole matrimonial. Tanto más que han tenido hasta ahora una trayectoria de altas finanzas y precios exorbitados y puro entretenimiento de ricachones, inaccesible para las fortunas poco pudientes…Ya por aquel entonces Jesús expulsó a latigazos a los mercaderes del templo…Resulta quizá chocante que los tribunales y el Derecho canónico persigan y debatan tan al detalle las posibles desviaciones en la moral matrimonial (¡que no en la moral sexual!) y pasen por alto los delitos relativos al séptimo mandamiento, especialmente en las prácticas del sistema financiero y la corrupción política. ¿Tal vez la fijación en lo matrimonial refleja una cierta obsesión morbosa?…
Cabría quizá sugerir que la iglesia arbitre una pastoral para encaminar a las “solteronas” condenadas a vestir santos hacia una vida en pareja? ¿Qué pedagogía tenemos para abrir a los seres humanos que empiezan la carrera de la vida el paisaje del sexo y del amor y la familia que se avecina, y prepararlos para hacerle frente? ¿Por qué la iglesia se dota de un personal célibe que tiene que contar con una intendencia de “amas de cura” que deben renunciar a tener una vida propia y una experiencia del amor y de la procreación para servir a un jerarca célibe?
Cabría además una pastoral específica para situaciones de viudedad, tanto para ellos como para ellas. El crecimiento de la tercera edad en número y en longevidad, y la convivencia a través de los hogares de jubilados, les permite trenzar relaciones de pareja que hasta ahora apenas llegan a nada concreto. Más bien la pastoral ensalzaba el estado de viudedad “sin esperanza”. Hoy, quizá convendría cambiar de enfoque, habida cuenta del papel del sexo y del amor conyugal en los destinos del Creador.
¿Por qué los divorciados, culpables o no culpables de la ruptura de su primer matrimonio no pueden acceder a una nueva experiencia matrimonial? ¿Hasta qué punto la virtud de la castidad es definida de forma correcta, o más bien como una fórmula para amargar y atormentar la vida de los creyentes? Parece sobrenadar este siglo XXI la vieja herejía maniquea de un dios que solo se siente feliz viendo a los humanos cargados con una pesada cruz, malviviendo en este valle de lágrimas, negándose a sí mismos, atormentados por la tendencia de la carne hacia la corrupción…”el ángel de Satanás que me azota” que decía San Pablo…
Por supuesto que esta sociedad vive en un clima de hedonismo enfermizo, sobreexcitado por la publicidad, la pornografía, la informática, el desnudismo, etc. etc. Pero todo no es obra del diablo y Lucifer: el hambre de felicidad y disfrute de la vida nos viene directamente del Dios que nos creó, dotados de un sexo abrasador, de un corazón propenso al enamoramiento, de un instinto procreador impetuoso…
5. Curioso: los párrafos y las opiniones que marcan un nuevo ritmo, un mayor “aggiornamento” de la doctrina sobre la familia y el matrimonio, registran un número mayor de votos negativos.
Lo cual podría significar dos cosas: o bien que un número equis de padres sinodales se mantiene de espaldas a los signos de los tiempos, o tal vez que el Sínodo no ha acertado con la tecla correcta para expresar y precisar el sentido de su mensaje. Tal vez el Sínodo se ha pasado en el recuerdo y puesta en relieve de los mensajes sobre la familia heredados de un pasado reciente, por ejemplo la Humanae Vitae, que no fueron precisamente afortunados ni muy bien recibidos por el pueblo fiel…
6. Una última reflexión: el párrafo marcado con el número 60 hace alusión a la educación religiosa y a los colegios de la iglesia.
Haría bien el documento en reconocer y pedir perdón por el fuerte tufo clasista y aristocrático de todos los centros de enseñanza gestionados por entidades católicas, y en elogiar los valores de la enseñanza pública con relación al acercamiento y sentimiento de igualdad y respeto mutuo entre todos los ciudadanos, inculcados desde la cuna hasta la universidad. Es lamentable, la educación religiosa al uso, en vez de integrarnos a la sociedad como levadura o como luz que alumbra desde la azotea, como semilla de trigo, se empeña tercamente en apartarnos y segregarnos de los pecadores, de la chusma, de la plebe… !Qué manía la de Jesús en comer con publicanos y pecadores y revolverse con el pueblo llano!
7. El tema de la natalidad y del aborto se trata en el texto sinodal quizá con una cierta superficialidad y con no mucha atención.
Hay una evolución radical en el tratamiento médico y terapéutico de la fecundidad, en el tema de vientres de alquiler o fecundación in vitro, en la planificación de la natalidad por parte de los gobiernos y de la misma ONU. Es evidente que la natalidad está en función, o debería estar, de las posibilidades de supervivencia y de los recursos económicos de las familias, de los países de los que tratamos. Desgraciadamente, la natalidad más alta se da allí donde la miseria es mayor. La pastoral familiar debeería tener en cuenta todos esos datos, y sobre todo, aspecto que no se tiene tan en cuenta, ajustar el nivel de natalidad y de fecundidad a las justas aspiraciones de la madre y de la pareja a disfrutar de la vida en alguna medida a precisar.
8. Dicho esto, en buena parte negativo y crítico, justo es reconocer que hay elementos muy valiosos en el texto elaborado por el Sínodo.
Los señalo por el número que se les asigna en el texto: 33, 34 y 35; 42 ; 46 y 47; 54 y 59.
Se alude “de pasada” a las celebraciones del matrimonio católico fastuosas yde tirar la casa por la ventana. El fenómeno es común a las primeras comuniones. Uno diría que, con los tiempos que vivimos, la celebración de los sacramentos de la iglesia católica debería ser hecha en un tono de austeridad y sencillez, de manera que no hiciese difícil o imposible a los católicos pobres el decidirse a casarse por la iglesia, por aquello de que “no se pueden permitir tantos gastos”.
Muy acertada la sugerencia de que opinen sobre el tema las firmas de Atrio. Por mi parte sugeriría que el Sínodo debería invitar a asistir a él a muchas de las mujeres que escribís aquí. Creo que podríais aportar muchísimo. Por supuesto, sin menospreciar las posibles aportaciones de firmas masculinas de Atrio… Solo que quizá ya hay demasiados hombres en el Sínodo de la familia… Y de la familia, confieso que las mujeres saben mucho más que nosotros, que tenemos tendencia a escaquearnos y escurrir el bulto.
