*ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.18.15-20)

  • DOMINGO XXIII. T.O. –A– SEPTIEMBRE  7 de 2014

*    Es difícil entender el evangelio y vivir la vida cristiana sin hacer referencia a la comunidad.

Las tres lecturas de la liturgia del día de hoy hablan de ella, sea con el amor al prójimo, con la necesidad de sabernos cuidar unos a otros llegando a la preocupación del hermano que se desvía en la vida, que peca. Y diciéndonos el mismo Jesús de Nazaret:
SI DOS O TRES SE REUNEN EN MI NOMBRE, YO ESTOY EN MEDIO DE ELLOS”.

  • Jesús, lo primero que hizo fue, formar grupo, hacer comunidad.
  • La fe no es sólo una experiencia que se vive individualmente, ni un proceso interior  sólo personal.  El verdadero creyente alimenta su fe en la comunidad, compartiendo con hombres y mujeres la misma esperanza en el Dios de Jesucristo.

Hoy, Jesús y s. Pablo, nos insisten en la corrección fraterna. Somos humanos, por eso en las familias, en los grupos, en las comunidades de reflexión, existen fricciones… La comunidad cristiana no es un grupo de perfectos, de santos, aunque los haya. Admite a pecadores y nadie debería  escandalizarse por ello. (Mc. 14,27-31; Mt.26,31-35;Lc.22,31´34; Jn.13,36-38). Y otros nos lo iluminan)

“Somos un pueblo que camina” casi siempre a paso lento, a veces tropezando y hasta cayendo, en ocasiones dando marcha atrás. Pero como comunidad queriendo mantener el Espíritu del Evangelio, el seguimiento de Jesús de Nazaret.  Todos cometemos fallos. Todos tenemos momentos malos y necesitamos poder empezar de nuevo, tener una nueva oportunidad. Jesús nos invita, sobre todo, a actuar con paciencia, acercándonos de manera personal y amistosa a quién está actuando de manera equivocada.  ¡Cuánto bien nos puede hacer a todos esa observación oportuna, ese apoyo sincero en el momento que nos hemos desorientado! Toda persona es capaz de salir de su cerrazón, de su pecado y volver a la razón y a la bondad. Pero necesitamos alguien que nos ame de verdad que nos invite a interrogarnos y nos contagie un deseo de verdad y generosidad.

  • Jesús ha venido a traer un nuevo tipo de relaciones, y nos llama a cada uno, a cada comunidad para ponerlas en práctica y extenderlas por todas partes: Relaciones de libertad, amabilidad, comprensión, desbloqueos, pero con amor. Relaciones de esperanza, de escucha, de perdón y a la vez si es necesario exigencia mutua. Cada uno podemos continuar esta lista contemplando  el vivir y actuar de Jesús de Nazaret.
  • La insistencia de Jesús en la ayuda al hermano que peca (y…¡todos pecamos!) y el amor al prójimo, nos dice que no debemos poner límite a la capacidad de amar, de perdonar, de ayudarnos.
    En la Eucaristía, centro de la vida cristiana, celebración de la comunidad, unidos confesamos  al comenzar nuestro pecado: “de pensamiento, palabra, obra y omisión” Todos, necesitamos CONVERSIÓN.
  • ORACIÓN

Jesús de Nazaret, haznos descubrir el valor de la comunidad, como lo vivieron tus discípulos, sabiendo que Tú nos acompañas…
Ayúdanos a descubrir y vivir que “donde hay dos o más reunidos en tu nombre”
Tú está en medio de ellos.
Aviva en nosotros, en la sociedad y en la Iglesia, los derechos humanos, ante el sufrimiento de los más débiles. A no desentendernos de los otros.

Reconocemos que, sin tu ayuda, no podemos superar  nuestra pequeñez.
Tú, a todos perdonas, porque eres amigo de la vida.

Te damos gracias, porque tú lo viviste así y en ti encontramos la motivación para aprender a amar y perdonar, para sentir como propias las alegrías y las dificultades de los demás.

Que el saber que estás en medio de nosotros, nos haga vivir mirando, pensando y haciendo el bien a todos, en especial, al que más lo necesite o se haya alejado de Ti.

Que vivamos el sentido de comunidad Eclesial, con fuerza y entrega, lo mismo  en las pequeñas comunidades que luego nos unimos en la Eucaristía para darte gracias, y renovar nuestra entrega.
Para todo esto, necesitamos la fuerza del Espíritu mediante la reflexión de la Palabra, la oración, el compromiso  y todo como decimos celebrándolo con alegría, unidos en la Eucaristía. AMÉN.  ZURIÑE