ORAR CON EL EVANGELIO: (Mt.15:21-28)

  • DOMINGO 20º. T.O-A– AGOSTO 17 de 2014.
  • La Palabra de Dios si La profundizamos cada semana, va transformando nuestro interior, como la tierra misma que se va haciendo más fructífera y más rica, cuando se trabaja.

A veces pensamos que las cosas que les pasan a los demás, como no son de los nuestros, o son de fuera, o inmigrantes, que no les duelen, que no sienten lo mismo que nosotros. Esa mentalidad estaba muy arraigada en el pueblo judío. Ellos eran los “buenos” y los demás “paganos repugnantes” que no creían en nada. Sin embargo hoy escuchamos al profeta Isaías decir: “A los extranjeros que se han dado al Señor… los traeré a mi monte santo. Los alegraré en mi casa de oración”… Dios quiere una “casa” sin fronteras, pero las personas nos empeñamos en poner límites, vallas, pinchos, etc…Pero que tengamos claro que ese no es el proyecto de Dios.

Hasta el mismo S. Pablo se dio cuenta y se convirtió en “apóstol de los gentiles”, después de encontrar un rechazo de los de su religión, de su misma raza.

Jesús, con su actitud hacia la mujer cananea nos da su ejemplo.

Mateo en el evangelio recoge la manera de pensar de aquella época: la salvación es solo para el pueblo judío, para el pueblo de Dios…  “Jesús es un gran pedagogo y sabe sacar lo mejor de aquella mujer y dejarse “convencer” por su súplica y por su gran humanidad. Y acaba alabando su fe, que es capaz de todo: “Mujer, que grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. Aquí tenemos a Jesús alabando la fe de una extranjera delante de sus discípulos. Nos imaginamos las caras que ellos pondrían. Y que gran lección para nosotros, para no quedarnos con lo exterior de las personas, sino ver que hay dentro, en su corazón. Seguro que encontraremos al mismo Dios que nosotros tenemos, al que llamamos Padre y que nos hace hermanos aunque las califiquemos de esta u otra raza, religión, color…

Que Jesús de Nazaret nos enseñe a vivir esta comunión con Dios y con los demás, sin fronteras ni barreras.

ORACIÓN

Todos Necesitamos un poco de la fe de la Cananea. Danos Jesús de Nazaret  un corazón capaz de descubrir tu presencia en los otros, aunque sean diferentes.

Danos una fe sólida y verdadera que nos ayudará a vencer los obstáculos.

Una fe, confiada que nos hará esperar contra toda esperanza.

Una fe insistente, como la de la Cananea que nos ayudará a ser pacientes y no desesperar.
Enséñanos a pensar en los otros.

Danos la gracia de entender que en cada instante, mientras nosotros vivimos una vida bastante tranquila ayudados por Ti, hay millones de seres humanos, que también son hijos tuyos y hermanos nuestros, que mueren de hambre, y mueren de frío, de guerras y enfermedad, sin haberlo merecido… Que sepamos gritarte como la cananea: “Ten compasión de ellos”.

¡Oh Dios, que todos los pueblos te alaben!

Que un día nos puedas decir:

¡QUE GRANDE ES VUESTRA FE!

AMÉN.

ZURIÑE