* ORAR CON ELEVANGELIO. (Lc. 24. 13-35)

· DOMINGO 3º DE PASCUA –A- MAYO 4 de 2014

* Dos discípulos de Jesús, que no pertenecían al grupo de los doce (lo dice el nombre de uno de ellos, Cleofás), salen de Jerusalén y se dirigen a la aldea de Emaus, el primer día de la semana cuando ya ha resucitado su Maestro. Aunque ellos que algo han oído, no se lo crean., se ponen en camino, huyendo de la ciudad, y tal vez temerosos por ser del grupo de Jesús. De repente se les une un viajero, es el mismo Jesús. Se cumple lo dicho en Mt. 18,20: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

* No caminan en silencio, llevan una conversación muy animada. Es tan vivo el recuerdo que les ha dejado la convivencia con Jesús que enseguida, se lo empiezan a contar al viajero, pero claro, sólo de su Pasión y su Muerte… cuando acaban ellos, Jesús les empieza a explicar las Escrituras (La Hª del Pueblo elegido). A ellos mientras hablaba Jesús, cuentan, se les encendía el corazón…

* Cuando llegaron a Emaús era ya el atardecer. Ellos acogedores le insisten que se quede con ellos y que ya seguiría el viaje al día siguiente.

* Le piden que sea El que presida la cena, como huésped distinguido. Algo les decía el corazón.
Y como era costumbre Jesús, tomó el pan para repartirlo: “Tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio” Lc. 24,30. En ese momento, reconocieron a Jesús. Y todo cambia. Jesús desaparece, pero ellos ya han recuperado la fe y la esperanza.

* La experiencia del encuentro con Jesús los lanza de nuevo al camino, se despierta en ellos la “misión que Jesús les había encomendado”. No importa la oscuridad de la noche. Se ha borrado en ellos el pesimismo de antes. Ahora marchan gozosos. Les urge contar a los demás la rica experiencia que han vivido. Tienen que volver a la comunidad y decirles a todos que Jesús ha Resucitado.
Aquello es una fiesta que hoy tiene que seguir felizmente, porque hasta nosotros llegan aquellos mensajes: “Hemos visto al Señor”. “Hemos comido y bebido con El”. ¡“Ha Resucitado”!.
Emaús nos enseña que a Jesús le interesan nuestros problemas, que se hace el encontradizo y se deja invitar, y que le interesan los problemas de todos.
* Si dejamos que nos hable Jesús y lo invitamos a nuestras comunidades, reuniones, grupos, seguramente tendríamos que cambiar mucho. ¿No os parece?
* ¿No tendremos que correr como ellos, a vivir lo aprendido de Jesús, a ser testigos de ese encuentro personal con Cristo, a comunicarlo con alegría allí donde estemos o donde lo necesiten?

* Los discípulos reconocieron a Cristo al partir el pan en la mesa. Pues este relato lo vivimos siempre en la Celebración de la Eucaristía: Nos habla (En La Liturgia de la Palabra). Se nos muestra glorioso en la consagración del Pan y vino y se Parte y Reparte como alimento para nuestro camino. Que sepamos dar gracias y vivirlo.

· ORACIÓN
Nada mejor que en el silencio del atardecer, hacer la Oración con el canto ya conocido:

Dejando calar las palabras en nuestro interior, haciendo de ellas vida.
Recordando el “encuentro” en el camino de Emaús… En la cena…

Quédate, Señor, quédate conmigo, quédate, soy un peregrino. Quédate, Señor largo es el camino, de tu Pascua y de tu luz seré testigo, de tu pan y tu vino, mendigo; de tu pan y tu vino, mendigo, ¡Quédate, Señor!

¡Oh Señor!, mi Señor. Tú renuevas mi amor y me llamas tu amigo, a tu lado, mi camino se orienta contigo, Señor, para ser tu testigo.

Emaús, preparada la cena, los ojos despiertan, ven la Luz; Emaús, el camino es posada, las brasas son llamas con Jesús; anochece en Emaús y amanece la Esperanza con Jesús.

¡Quédate, Señor, con nosotros! ¡Quédate!
* * * * * * *
Quédate, Señor, que se hace tarde, que el camino es largo y el cansancio grande.
Quédate a decirnos tus vivas Palabras, que aquietan la mente y encienden el alma.
Pártenos el Pan de tu compañía; ábrenos los ojos de la fe dormida.
Quédate y renueva valores y sueños; danos tu alegría y paz de nuevo.
Condúcenos al mundo, a la historia, para ver tu rostro en los rostros de cada día.
Quédate, Señor, que se hace tarde, que el camino es largo y el cansancio grande.
¡Quédate, Señor!. AMÉN
ZURIÑE

SEGUIMOS ORANDO

QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO

Que, si ahora todo es luz,

sin ti y cuando te vayas, volverá a ser oscuridad.

Que, si ahora veo tu grandeza,

sin Ti y cuando te vayas, sólo tocaré mi pobreza.

QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO

Porque, mis dudas con tu Palabra,

se convierten en seguras respuestas.

Porque, mi camino huidizo y pesaroso,

se transforma en un sendero de esperanza,

en un grito a tu presencia real y resucitada.

QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO

Que, contigo y por Tï,

merece la pena aguardar y esperar.

Que, contigo y por Ti,

no hay gran cruz sino fuerza para hacerle frente.

Que, contigo y por Ti,

la sonrisa vuelve a mi rostro

y el corazón recupera su vivo palpitar

QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO

Porque, contigo, mi camino es esperanza.

Porque, contigo, amanece la ilusión.

Porque, contigo, siento al cielo más cerca.

Porque, contigo, veo a más hermanos

y siento que tengo menos enemigos.

Porque, contigo, desaparece el desencanto

y brota la firme fe de quien sabe que Tú, Señor,

eres principio y final de todo.

ZURIÑE . (De Benito P.)