• DOMINGO 4º. T.O.-A- FEBRERO 2 de 2014
• PRESENTACIÓN DE JESÚS EN EL TEMPLO
* Esta fiesta cierra el ciclo de Navidad, exactamente a los 40 días. A mediados del siglo V se celebraba ya con el nombre de “la fiesta de las luces” reúne varios nombres: Presentación de Jesús en el templo y Purificación de María.
Aunque es de carácter Cristológico, en ella se conmemora un acontecimiento muy importante en la vida de María: su purificación y la presentación de su Hijo al sacerdote en el templo. Es esta una fiesta de “la Luz”
Además se la conoce como “la candelaria”, se llama así, porque es costumbre de bendecir las candelas que se van a necesitar durante el año. Su sentido: que nunca falte en las casas la luz tanto física como espiritualmente. (Actualmente no se celebra este acto como antes).
* María (sin tener necesidad de ello) acude humildemente a cumplir la ley como cualquier otra mujer. Y María presenta con sur virginales brazos al mismo Hijo de Dios…
Además, hace la ofrenda de los pobres, dos tórtolas, y cuando la Sagrada Familia estaban dispuestos para marchar, se realizó el prodigio del ENCUENTRO con Simeón y luego con Ana.
* (Podemos descubrir, como la mujer, está muy presente, en los planes de Dios desde el antiguo Testamento. Y el valor de la familia donde las raíces cristianas arraigan.)
San Lucas nos cuenta con detalles aquel encuentro: Simeón, con el Niño en brazos proclama
“Ahora, Señor, ya puedes dejar irse en paz a tu siervo, porque han visto mis ojos al Salvador… al que has presentado ante todos los pueblos: LUZ PARA ALUMBRAR A LAS NACIONES y gloria de tu pueblo Israel
Y le dijo a la Madre “Mira, que este Niño está puesto para caída y levantamiento para muchos…
Y a Ti, una espada te traspasará el alma.”
* Ana, acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del Niño a todos lo mismo que Simeón… “Ahora”, hoy, también nosotros, podemos ver al Salvador y llevar su LUZ, hablar de El. Tenemos motivos para alabar y dar gracias. Pero a veces, no lo hacemos porque no nos dejamos guiar por el Espíritu; o no sabemos descubrir, en los signos normales y cotidianos, la presencia liberadora de Dios, o porque ya no esperamos la liberación. La fuerza, el impulso del Espíritu de Dios de Jesús la llevamos dentro, desde el bautismo. El mismo nos dice: “Yo soy la Luz del mundo el que me sigue no anda en tinieblas”. Simeón se dejó guiar por su Fuerza, por su Luz. (Tres veces en este corto Evangelio, nos habla Lucas, del Espíritu que impulsa, ilumina)
Por eso con la Luz, del Espíritu de Dios en nosotros
ORAMOS:
* (Primero es bueno reconstruir en el silencio la escena, tener poca luz en el lugar de oración).
* María con el Niño y José, llegan al templo…
Van a cumplir la ley, como toda mujer… Encuentro con Simeón…. Con Ana… Las otras madres…
Encendemos una lamparita… Llega la Luz… Encendemos todo…
Dejamos que el Espíritu de Jesús nos hable… (Música…)
Te adoramos, te damos gracias Padre Santo en este día en que tu Hijo Jesús fue llevado por María y José al templo para se presentado y proclamado como LUZ DE TODAS LAS NACIONES, por eso somos guiados por tu LUZ. Que esta LUZ nos penetre y transforme (Música…silencio)
Que tu Espíritu nos abra la mirada interior de nuestro corazón para que te sepamos reconocer como te reconocieron Ana y Simeón.
Que el Espíritu Santo nos haga comprender que la Luz que hemos visto y recibido debemos comunicarla y hacer posible que ilumine a otras personas. De nuestra fidelidad y entrega depende que tu LUZ llegue a todos los rincones del mundo, empezando por los cercanos, familia, amigos, compañeros de trabajo, grupos, comunidades y más…
Que María, Madre de Jesús y nuestra, mujer que creyó en la Palabra de Dios y que se dejó orientar por su Luz, nos ayude en nuestro caminar. Ella que nos trajo al Mesías, Salvador y Luz. AMÉN
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*SEGUIMOS ORANDO CON UNA REFLEXIÓN DE LAS BIENAVENTURANZAS
* Dichosos vosotros, que apostáis por lo invisible y lo poético, porque veréis más allá de todo.
* Dichosos vosotros que tendéis puentes de encuentro y abrís túneles de comunicación, porque facilitáis los encuentros y abrazos.
*Dichosos vosotros, que escucháis y esperáis en silencio, porque la impaciencia puede malograr vuestros planes.
* Dichosos cuando arrimáis el hombro y sois solidarios, porque se puede contar con vosotros.
* Dichosos vosotros, cuando lloráis de pena o de alegría porque todavía tenéis remedio.
* Dichosos vosotros si dais la mano y con ella os dais vosotros mismos.
* Dichosos si anteponéis el bien común a vuestros intereses particulares.
* Dichosos los limpios de corazón porque Dios está con ellos. AMÉN .
ZURIÑE