Lecturas:
Si 3, 2-6. 12-14
Sal 127, 1-5
Col 3, 12-21
Mt 2, 13-15. 19-23
PRIMERAS REFLEXIONES
El evangelio de Mateo presenta y ordena unos relatos sobre la infancia de Jesús unidos a las tradiciones fundacionales de Israel. Así, Jesús, desde el comienzo, simboliza, asume y resume toda la historia del pueblo de Dios. Nada de esto pretende ser histórico, y es traicionar al texto darle ese carácter. Son cinco relatos que se construyen en torno a otros tantos textos de la Escritura y que dejan duda sobre si los textos citados generan la narración o la narración ha hecho citar el texto. El último bloque ni deja precisar a qué texto concreto de la Escritura se refiere.
La familia, la emigración y la inmigración. Todo, bien candente y actual. No es fácil mantener la familia si es preciso emigrar, e intentar luego reagruparla. Imposible, con posturas reticentes y restrictivas sobre inmigración. Pero si hemos de mantener una mínima coherencia cristiana y queremos salvar la familia, habremos de estar abiertos a nuevas inmigraciones por esa causa. Nuestras familias, las de aquí, tropiezan con la atención a las personas mayores de la familia, que ahora viven mucho más. Exigen tiempo y atención y, sin culpa de nadie, las tensiones y diferencias familiares aumentan hasta la ruptura de muchas relaciones. Entre nosotros, lo más socorrido es recurrir a la ayuda de inmigrantes. Solución para ellos y para nosotros. De nuevo, la exigencia cristiana. Reconocer las cosas en su verdad, sin disimulo, y afrontarlas con todas sus consecuencias, desde luego las legales. Queda evidente que las “políticas de inmigración” en absoluto nos resultan ajenas o indiferentes. Estar al tanto y saber posicionarse en una realidad tan compleja será imprescindible a quienes celebran la importancia de la familia y quieren hacer de ella un instrumento más de mayor justicia. No hablemos de la familia, sino de nuestra familia concreta, su vida real, sus dificultades, sus nuevas y ya comunes formas de agrupación.
Algo que ya nadie recuerda: la familia, la casa, es banco de pruebas para comprobar si alguien sirve para obispo 1Tim 3, 4-5. Si no sabe llevar su casa, ¿cómo va a saber llevar la casa de la Iglesia? Es fantástico imaginar a los obispos peleándose la hora de regreso de los hijos a casa en el “finde”, para que luego lleguen cuando sea.
LOS TEXTOS Y SUS CONTEXTOS
La 1ª lec es del Siracida. El autor del texto lo firma y sabemos que se llama Jesús Ben Sira. El otro nombre con el que se conoce el escrito (Eclesiástico) hace alusión a su frecuente uso en la Iglesia. Su fecha de composición es el año 190 a C. Valora tanto las tradiciones de Israel que busca confrontarlas con las griegas. Su libro recoge esas tradiciones, con ideas optimistas y conservadoras. El cap. 3, el de los textos de hoy, desarrolla el mandato de la ley “honra a tu padre” (Ex 20, 12).
La 2ª, de la carta a los Col, resume las pautas de la conducta cristiana, en este caso, de la familia, que incluye esclavos con toda naturalidad (Col 3, 22). Parte de unos consejos muy universales que trata luego de concretar en las relaciones entre los miembros de la familia. ¿Es una propuesta específicamente cristiana o tomada de la moral ambiental la hace suya? Esa parte primera, más genérica, encierra valiosos consejos sobre la vida bautismal y sobre el culto. De éste dirá que toda vida cristiana lo es.
El Ev toma varias perícopas del cap 2º de Mt. La vida de Jesús, vinculada a la de Israel. Egipto, Belén, nombres referenciales. Éxodos, travesías, posesión de la tierra. Sueños y llamadas de Dios. También resonancias de persecución, peligros y muerte (más concretas en los textos que no se leen hoy de los magos y los inocentes).
PARA UNA POSIBLE HOMILÍA
Dios ha asumido en Navidad nuestra condición humana con todas sus consecuencias. Descubrimos hoy a Jesús con tantos perseguidos políticos, con exiliados y emigrantes, con campos de refugiados en torno. Traído y llevado más allá de las libertades, sin su voluntad o la de José, no escapa a la dureza de las condiciones de la vida o del corazón de los humanos. Entre tensiones, percances y desgracias, Jesús -José en su nombre- construye su propia realidad. ¿Con qué materiales cuenta en su propia construcción, cómo va a levantar su identidad humana? La voz de Dios y las Escrituras de su pueblo, la cercanía de José y de María, su propio vigor en crecimiento, y se va haciendo él mismo. Rodeado de circunstancias adversas, amenazantes incluso, comienza a intuir en torno odios e injusticias y decisiones que han de tomarse de noche. Sabe muy pronto del miedo y de la imposición de la realidad hasta terminar en un pueblo pequeño del que nada sabía. (Juan sí sabía que de ese pueblo no iba a salir nada bueno Jn 1, 46. Quizá por eso coloca en el letrero de su condena en la cruz el título de nazareno Jn 19, 19.)
Por encima de todo eso, el amor, que es el ceñidor de la unidad. Sean las circunstancias que fueren, el amor, el que hace crecer la unidad de la familia y del grupo y del pueblo. Lo aprende Jesús con sus padres hasta soñar en un cuerpo como imagen de la unión de sus seguidores. José, María y Jesús se enseñan unos a otros sin pretenderlo, se corrigen sin decirlo y seguro que cantan salmos, himnos y cánticos inspirados al Señor. Aprenden entre ellos que lo principal es ser agradecidos siempre. Entre el amor, el agradecimiento, la atención mutua surge Jesús, el renuevo total de la casa de David y de la raza humana toda. Con él, la vida en Nazaret, en casa, tejida de palabras y acciones, se celebra y vive como culto verdadero en espíritu y verdad al Padre que bien lo merece (2ª lec).
Ya tenemos al “nazareno” consagrado por entero a su misión ante Dios. Vive su vida como quien de él la ha recibido. Se siente enraizado en el pueblo del Éxodo y el destierro a Babilonia, en el pueblo interpelado por Dios y familiarizado con él. Sabe ya de odios, miedos, peligros y persecuciones. Vive y siente con los suyos el amor como lo más poderoso. Goza de paz a ratos, mecido en la ternura y el cariño de sus padres. Así se prepara y se construye, se levanta sobre sus pies el que es hijo del Altísimo, nacido de la virgen María, nombrado por José como radical salvador de la humanidad. Jesús, el nazareno, el Dios-con-nosotros, anunciado desde antiguo.
J. Javier Lizaur