Séptimo domingo de Pascua. La Ascensión del Señor. Ciclo C. 16 de mayo de 2010

Lecturas
Hch 1, 1-11  
Sal 46, 2-3. 6-9  
Hb
9, 24-28; 10, 19-23  
Lc 24, 46-53
 

PRIMERAS REFLEXIONES

            Podemos hoy prestar cierta atención a nuestros esquemas mentales. Inseparables, incontrolables e imprescindibles, pero fruto de ideas anteriores a la ciencia y la crítica. Sólo citar, por la obviedad de su confusión, el de “abajo-arriba”. No existe tal ubicación espacial, más que para aclaraciones inmediatas y prácticas. Ni menos es aplicable a la Ascensión del Señor.

            Otro esquema común y con más pretensiones de realidad es el de “antes, ahora, después”. También recurrimos a él en nuestra presentación de la fiesta de hoy. Importantísimo para Lucas, el autor de Ev y Hch., pues Jesús es centro, y el resto, un antes y un después. Los capítulos 1-3 del Ev responden al antes, incluyendo al final una genealogía de Jesús. Del 4 al 24, Jesús y su subida (ascensión) a Jerusalén. El libro de los Hch, tras la ascensión de Jesús desde Jerusalén, el tiempo del Espíritu y la Iglesia. Toda la obra, centrada en Jerusalén y en su templo. Allí comienza el anuncio del Bautista –sin bendición final- y ahí concluye, con los apóstoles reunidos, tras la bendición final de Jesús. En Jerusalén les sorprende el Espíritu y de ahí parten -con muy diversos motivos- hasta alcanzar Roma, donde Pablo predica el reino y enseña lo que se refiere a Jesús con entera libertad (Hch 28, 31).

             Como estos escritos, toda la Escritura parece situar la salvación de Dios en unos lugares y tiempos determinados. El resto, oscuridad y confusión. (Similar a ‘un solo pueblo elegido, frente al resto de pueblos’.) Antes de Jesús, ¿no estaba Dios con su pueblo? O mejor, ¿no está en el mundo? Nos hemos de replantear las bases en ideas y expresiones de las que partimos respecto a Dios y su acción. Dios, por poco que lo pensemos, no puede atenerse a límites nuestros, señalados, inventados, por nosotros. Mientras suceden los relatos de la Biblia, el mundo existe y los humanos hacen cosas. ¿Dios, enteramente al margen, o reducido a los espacios y tiempos de Israel, y luego de la iglesia? Es un enorme avance religioso y humano, debido precisamente a Israel, colocar a Dios en la historia, hacerlo intervenir y jugar en ella. Así, Dios en la Biblia se muestra enterado e interesado, y hasta protagonista de cuanto sucede. Pero, ¿sólo respecto a Israel? La continuidad de hechos que decimos historia, y su espacio que decimos creación, nunca escapa a la acción de Dios, aunque no podamos precisarla. La ausencia de Jesús, marcada por la narración de la Ascensión, no es completa, pues queda su Espíritu y, en la 2ª lec, Hb nos dirá que está al tanto, intercede continuamente por nosotros. No hay rincón del mundo ni minuto de la historia al que no llegue Dios con su obra, que no es otra que salvar su creación. No vale decir que Dios vino al mundo en un momento histórico determinado, porque no estaba, ni que se va de él y ya no está. Todo eso es cierto si somos capaces de decirlo de otra manera que sea inteligible para el mundo y la cultura de hoy, para la globalización. Habremos de presentarlo de otra manera y con otro lenguaje. No hacerlo es renunciar a decir hoy nuestra fe. Mantener palabras y conceptos que nosotros mismos sabemos no son válidos no logrará sino desacreditarla por completo. Contemplando al Señor que “sube al cielo”, afirmamos que sigue aquí, vivo y real, por su Espíritu, por nosotros, por el clamor y el deseo, por su obra entregada. Que nada ni nadie escapa a su acción salvadora, ni si quiera los que nada cuentan. Que no hay otra historia sagrada que la que no lo parece, que no hay salvación fuera del mundo (Schillebeeckx). ¿Qué contenido real incluye hablar de un antes, un mientras y un después de la presencia histórica de Jesús de Nazaret? Un reto, y no aplazable, para proclamar algo en esta fiesta de la Ascensión. 

LOS TEXTOS Y SUS CONTEXTOS

            La 1ª lec y el ev recogen una misma narración en dos versiones del mismo autor y con intención de dar continuidad a una obra unida Ev y Hch. La 1ª lec recoge además el prólogo de esta segunda parte. (Es la misma lectura en los tres ciclos.) Coincidentes las dos, también se diferencian. Las dos toman algo de las instrucciones del Resucitado antes de su partida, en esos 40 días que concreta la 1ª lec, pero que el Ev más bien presenta como en un único día del Señor. En las dos hay que cumplir una misión, contando con el Espíritu y su fuerza. En las dos hay que permanecer y partir de Jerusalén. En Hch está más desarrollada la idea del reino, sus confusiones, su llegada definitiva, la incertidumbre sobre ese momento, y la tarea para el tiempo intermedio. En el Ev hay bendición y en Hch nube.

            Estas narraciones de la Ascensión son otra forma de decir, de desarrollar la “exaltación” de Jesús tras su muerte, otra forma de decir la resurrección. Del abandono de la cruz (que para Juan es ya “exaltación”) Dios arrebata al crucificado hasta colocarlo a su derecha, con su misma categoría.

            La 2ª lec del ciclo C es del texto de Hb. Este escrito pretende presentar a Jesús y su obra de distinta manera a como se ha hecho hasta ahora: Jesús de Nazaret, diferente y único verdadero sacerdote. Nada que ver con el sacerdocio anterior, salvo en la apariencia de las palabras. De otra tribu (Judá), otro culto, otro santuario, otro sacrificio. Él es templo y sacrificio: su cuerpo y su entera vida. En el santuario del cielo (que es cualquier sitio donde Jesús está) no nos abandona e intercede por nosotros hasta su segunda venida, en otra realidad diferente y nueva para salvación definitiva. 

PARA UNA POSIBLE HOMILÍA

            Hermanos todos, tenemos entrada libre (y barra libre, si permitís la vulgaridad) en el ámbito de Dios, en su casa cielo. Para eso ha muerto y ha resucitado Cristo Jesús, el Señor de nuestras vidas: vía libre hasta Dios para todos los que aún mantienen esa difícil esperanza. Ni el mundo, ni el cielo, ni Dios, están cerrados, impenetrables y oscuros. Todo es luz y todo está abierto. Llevamos muchos domingos de este tiempo pascual para convencernos de que nuestras ideas no son las de Dios. Sabemos que levanta al humillado, cura al malherido, libera al destinado, remueve las rocas, y da vida a los muertos. Tras estos domingos y las palabras en ellos recibidas de consolación y salvación del salvado de la muerte, estamos ciertos de tener un sitio preparado junto a Dios. Nos lo cuentan muy bonitamente las lecturas de hoy; nos lo fijan las palabras de nuestro saber, que es el credo, “subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso”. Y dentro de nosotros, en este tiempo pascual, la serena certeza de tener a Dios abierto y patente, a nuestra disposición, como lo ha estado para Jesús el crucificado.

            Vendrá de nuevo hasta nosotros, vendrá con toda la gloria, vendrá Dios entero en él y su presencia discernirá nuestra vida y nuestra historia. Todo luz, todo gloria, y gozo y plenitud. Con razón decía ser él el camino: ya ha llegado a Dios, la meta. Su camino es el auténtico y verdadero. Con razón decía que iba a prepararnos una habitación. Ya nos la tiene preparada, y deja abierta la puerta. Es una habitación a su lado y junto a Dios. Con razón se rompió el velo del templo a su muerte. Su carne desgarrada, destrozada y abierta no contiene otra cosa que Dios, actuando y resucitando. Con razón miramos al cielo embobados. Hasta allí ha llegado, y allí, sin templo ni luz alguna, nos aguarda en Dios que lo es todo. Con razón nos espabilan voces de ángeles para que miremos despacio a la tierra, pues de la tierra quiere hacer cielo partiendo del clamor de todos los que sufren.

            Hermanas y hermanos, dejemos libre el corazón para soñar y reír. Abramos nuestro interior para que manen la confianza y la paz. Dentro de todos, una tierna esperanza. Sólo esa emocionante y emocionada esperanza: Dios es fiel y cumplirá sus promesas. Como hoy en Cristo. A Cristo, puerta y pastor, camino y meta, servidor y señor, hombre y Dios, le pedimos no nos olvide jamás. Que interceda siempre por nosotros. Tú, Cristo Jesús, tú que estás a la derecha del Padre, tú que eres nuestro próximo destino.

             J. Javier Lizaur